P. ÁNgel peña o. A. R. ¿Eres realmente libre? Lima perú ¿Eres realmente libre? Nihil Obstat



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P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.


¿ERES REALMENTE LIBRE?


LIMA - PERÚ

¿ERES REALMENTE LIBRE?

Nihil Obstat

P. Ignacio Reinares

Vicario Provincial

Agustino Recoleto

Imprimatur

Mons. José Carmelo Martínez

Obispo de Cajamarca

P. Ángel Peña O.A.R.

LIMA – PERÚ

2007

ÍNDICE GENERAL


INTRODUCCIÓN



PRIMERA PARTE: LA VERDADERA LIBERTAD


Libertad. Libertad y democracia.

Libertad y comunismo. El relativismo.

La tolerancia. Libertad y responsabilidad.

Amor y libertad.



SEGUNDA PARTE: LIBERTAD ENCADENADA


La libertad encadenada. a) Videojuegos.

b) Internet. c) Discotecas. d) Dibujos animados.

e) Televisión y videos. f) Juegos de azar. g) Dinero.

h) Música rock. i) Pornografía. j) Odio.

Esclavos liberados. Vidas ejemplares.

TERCERA PARTE: JESÚS NOS DA LA LIBERTAD


Vale la pena vivir. Amar en libertad. La alegría de ser buenos.

Jesús es el camino. Dios te habla.

Reflexiones. Libertad conquistada.

CONCLUSIÓN

BIBLIOGRAFÍA

¿ERES REALMENTE LIBRE?
INTRODUCCIÓN

El tema de la libertad es muy amplio, pero no queremos meternos en cuestiones filosóficas, que harían el libro muy abstracto. Queremos solamente trazar algunas pinceladas sobre el tema concreto de la libertad en el hombre común y corriente de nuestros días. Hay muchos que creen ser libres, porque hacen lo que quieren, pero ¿es eso verdadera libertad? ¿Es libre el drogadicto que no puede dejar la droga? ¿Es libre el que solamente busca placeres y comodidades, sin cumplir sus obligaciones de cada día?


Hay muchas cosas que se pueden decir sobre la libertad; pero, especialmente, nos referiremos a la libertad del corazón. A esa libertad que nada ni nadie nos puede quitar, aunque nos encierren en una cárcel. Un hombre puede ser verdaderamente libre, aunque le quiten algunos de sus fundamentales derechos humanos como el derecho de opinar o de practicar su religión.
Y tú, ¿eres realmente libre? ¿Libre de tus egoísmos y de tus envidias? ¿Libre de rencores o pasiones? Solamente Cristo te puede hacer verdaderamente libre. Solamente en Él encontrarás la verdadera libertad del espíritu. Jesucristo cuenta contigo para ayudar a tus hermanos para que sean libres de cualquier esclavitud, que los pueda empequeñecer y hacer menos humanos y menos felices. ¿Qué has hecho hasta ahora?
Dedico este libro a todos los que tienen el corazón inquieto y buscan la verdad, la libertad auténtica y la felicidad. Jesús les enseñará el único camino para conseguirlo: el camino del amor. El verdadero amor nos lleva a la libertad y a la felicidad, mientras que el egoísmo nos lleva a la esclavitud de las pasiones y a la infelicidad. ¿Cuál escoges?
No olvides que Jesús te ama y te necesita, y espera tu respuesta de amor.
La más grande desgracia que le puede suceder a un

hombre es no ser útil para nadie y que su vida no sirva

para nada

(Raúl Follereau)



PRIMERA PARTE
LA VERDADERA LIBERTAD
En esta primera parte, vamos a ver en qué consiste la verdadera libertad para aclarar conceptos, pues muchos creen que libertad es hacer siempre y en todas partes lo que desean, de acuerdo a sus gustos y caprichos. Pero libertad es algo más grande y más profundo. Libertad es la capacidad de amar, pues sólo amando de verdad encontraremos el sentido de nuestra vida y podremos ser felices, pues Dios nos ha creado por amor y para amar.


LA LIBERTAD

En la cultura moderna aparece la libertad como el derecho básico y fundamental de todo ser humano. Pero ¿qué es la libertad? ¿Qué es lo que queremos decir en realidad, cuando exaltamos la libertad y la colocamos en el peldaño más alto de nuestra escala de valores? Marx expresó su deseo de libertad así: hacer hoy esto, mañana aquello, ir de caza por la mañana, de pesca después de comer, dedicarse a la cría del ganado por la tarde, discutir después de la cena, según las ganas que tenga en aquel momento1.


Para la mayoría de la gente común y corriente, libertad es algo parecido a lo que dijo Marx; lo entiende como un derecho a hacer todo lo que desee en cada momento y no tener que hacer lo que no le gusta. Según esta mentalidad, libertad sería la voluntad de hacer o dejar de hacer cada uno lo que crea conveniente en cada instante. Pero entonces, ¿qué ocurre cuando mi libertad choca con la libertad de los demás? ¿Acaso mi deseo de hacer algo o dejar de hacerlo es mejor que el de los otros? ¿Puedo cantar en plena calle a las tres de la mañana, sin respetar el deseo de dormir de los demás? ¿Puedo violar algunas normas sociales establecidas, porque no me gustan? ¿Puedo dejar de cumplir las leyes, porque no estoy de acuerdo?
Quien entienda la libertad como una liberación de las normas y leyes, está equivocado. Siempre debe haber leyes y normas en una sociedad civilizada. La libertad absoluta es una utopía, que destruye la persona y la sociedad, pues sería el reino de la irresponsabilidad y de la anarquía, sin orden ni concierto. Debe haber un mínimo de normas establecidas para todos y hay que garantizar un mínimo de derechos a todos los ciudadanos. Derechos, que no sean producto de acuerdos, sino que estén basados en la misma naturaleza humana y que sean universales para todos los hombres sin excepción.
En la declaración universal de los derechos humanos de la ONU de 1948 se dice que estos derechos pertenecen al hombre por naturaleza y que los Estados no los dan sino que los reconocen. Sin embargo, al no hacer referencia a Dios, esos derechos pueden no ser reconocidos por quienes consideran que el Estado, o la mayoría, puede quitárselos a quienes no actúan en bien del mismo Estado o de las mayorías del país. De esta manera, los regímenes nazi y comunistas no han tenido inconveniente en eliminar estos derechos de las personas por un fin superior. Y los que tanto hablaban de libertad, crearon los sistemas de esclavitud más grandes de la historia, con millones de muertos.
La verdadera libertad debe estar basada en Dios, autor de la naturaleza humana. Él nos pedirá a todos cuentas de nuestros actos. Por eso, dice el Catecismo de la Iglesia católica que la libertad alcanza su perfección, cuando está ordenada a Dios, el supremo bien (Cat 1744).
Dios ha creado la naturaleza humana y nosotros llevamos la dignidad en nuestro ser humano, nadie puede conceder o eliminar los derechos humanos. Provienen de Dios, porque somos sus hijos. Y estos derechos no se pueden suprimir, aunque el ser humano esté limitado o disminuido por enfermedades físicas o sicológicas. Sus derechos son inviolables e inalienables. Nadie, ni siquiera el Estado, puede modificarlos o eliminarlos, pues tales derechos provienen directamente del mismo Dios. Pero los que no creen en Dios, ¡qué fácilmente los pasarán por alto y aceptarán el aborto; o la eutanasia, como hizo Hitler con los enfermos terminales, porque eran económicamente inútiles! Por todo ello, podemos decir, con la fuerza de la verdad, que la libertad, para ser auténtica, debe estar basada en la verdad del ser humano como hijo de Dios. El Papa Juan Pablo II decía: No hay libertad fuera o contra la verdad. Por eso, la defensa categórica de las exigencias absolutamente irrenunciables de la dignidad personal del hombre, debe considerarse camino y condición para la existencia misma de la libertad (Encíclica Veritatis splendor Nº 96).


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