Orgullo y humildad



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ORGULLO Y HUMILDAD

Tratado de la Naturaleza Humana - Ensayo para introducir el método del razonamiento experimental en los asuntos moralesi

María M. Lanatta

1. Introducción. Objetivo y Objeto de este trabajo.

2. La filosofía de David Hume

3. Ubicación del tema en estudio dentro del marco

analítico del Tratado.

4. Del Orgullo y la Humildad. Objeto, causas y

relaciones

5. Análisis de las Causas en particular.

6. Referencias bibliográficas

1. INTRODUCCIÓN. OBJETIVO Y OBJETO DE ESTE TRABAJO.
El objetivo del presente trabajo es cumplimentar la realización de un Informe de Lectura que la Cátedra I de Historia de la Psicología solicita a los alumnos que cursan la materia.

Según indicaciones de la Cátedra, el trabajo a realizar debe versar sobre un tema, problema o autor elegido entre los que se analizan en los Seminarios de Profundización que conforman la estructura de dictado de la materia.

En el Seminario dedicado a “Breve Historia del Yo”, conducido por el Profesor Pablo E. Pavesi, uno de los textos indicados como bibliografía primaria fue el “Tratado de la Naturaleza Humana” de David Hume (publicado en 1739) en algunos de sus aspectos relacionados con el tema, en especial:


  • Libro I, “Del entendimiento”, Parte IV, Secciones VI “De la Identidad Personal” y VII “Conclusión de este libro” y

  • Libro II, “De las Pasiones”, Parte I, “Del orgullo y la humildad”, Secciones I a VI.

Este último tema – Orgullo y humildad - es el que he elegido como objeto de estudio en esta oportunidad, motivo por el cual el Informe que se presenta seguidamente intenta dar cuenta de los enunciados y argumentos del autor al respecto.


Nota aclaratoria: cuando se hacen referencias textuales aparecen en cursiva y entre comillas; si las mismas reproducen un concepto o idea en su totalidad, se referencian con una numeración del tipo (x), y su ubicación en el texto original podrá encontrarse en Referencias Bibliográficas, al final del Informe.
2. LA FILOSOFÍA DE DAVID HUME.ii
David Hume (1711-1776), fue uno de los filósofos de mayor significación en Gran Bretaña, y su obra ha tenido y tiene aún una gran influencia en el ámbito filosófico. Sus obras principalesiii han influido en importantes exponentes de distintas ramas del saber – A. Smith, Kant, Darwin, Bentham, y otros – y lo señalan como un representante del naturalismo filosófico, empirista, escéptico moderado y ateo. Se lo reconoce actualmente como un precursor de la ciencia cognitiva.

Partidario de los razonamientos simples, se opone a todo sistema que no se fundamente en los hechos y la observación y que no argumente sobre la base de la experiencia directa. Crítico de las filosofías facilistas y obvias tanto como de las incisivas y abstrusas, critica también a los metafísicos, a quienes objeta que su conocimiento no es una ciencia y que conduce casi inevitablemente al error y la incertidumbre. Considera que cualquier hipótesis que pretenda llegar a descubrir los principios últimos de la naturaleza humana es presuntuosa y quimérica; y propone como “único fundamento sólido” para una ciencia de la naturaleza humana la experimentación cuidadosa y exacta y la observación de efectos tal como surgen de situaciones y circunstancias.

Además del Principio de la “copia” - las percepciones simples preceden siempre a las ideas simples correspondientes, y las ideas complejas se pueden descomponer en ideas simples – que es uno de los pilares de su sistema, Hume hace especial énfasis en el contenido cognitivo de las ideas involucradas: si un término no conduce a una idea, entonces es un término vacío de contenido (y no justifica que se lo considere, sin importar dónde se lo esté utilizando). Si, por el contrario conduce a una idea anexa, se podrá rastrear hacia atrás la impresión que la originó, que será siempre fuerte, sin ambigüedades.

Para evitar que las ideas simples lo conduzcan a un “atomismo ideático”, Hume introduce la asociación de ideas y sus principios, el tercero de los rasgos fundamentales de su empirismo. Considera que estos principios de conexión de ideas no son teóricos ni racionales, sino simplemente una operación natural de nuestra mente que experimentamos como sensación interna. Son los principios de causalidad, contigüidad y semejanza

Hume declara, entonces, que solamente cree en ideas, en tanto ellas siempre conducen, hacia atrás, a percepciones y éstas son, en última instancia, entidades originales.iv.
3. UBICACIÓN DEL TEMA EN ESTUDIO DENTRO DEL MARCO ANALÍTICO DEL TRATADO
El tema “Del Orgullo y la humildad” en el Tratado de la Naturaleza Humana, es abordado en la Parte Primera del Libro Segundo, que lleva el título “De las Pasiones”; la obra completa se conforma con una Advertencia, una Introducción, tres Libros - Libro Primero – Del Entendimiento; el ya mencionado Libro Segundo – De las Pasiones y Libro Tercero – De la Moral - y un Apéndice (en el que se aclaran o discuten algunas aseveraciones del texto y se completan o superan errores)
La ubicación del tema en estudio en el texto total constituye, per se, una definición conceptual interesante. En efecto, Hume define las percepciones humanas como comprendidas en dos categorías a las que llama impresiones, por una parte, e ideas, por otra, asimilándolas a “sentir y pensar” respectivamente: Creo que no será preciso emplear muchas palabras para explicar esta distinción. Cada uno por sí mismo podrá percibir fácilmente la diferencia entre sentir y pensar.” (1)

Si bien en un principio analiza que las ideas e impresiones parecen siempre corresponderse las unas a las otras, de inmediato corrige su aseveración primera, aceptando que esto no es así al tratarse de impresiones e ideas complejas (las que pueden ser divididas en partes más simples, por ejemplo “manzana” es una percepción compleja que puede dividirse en textura, color, aroma, etc.)

De todas formas, la metodología de análisis lo lleva a aceptar que la correspondencia es absoluta entre impresiones e ideas simples y que, como las complejas se forman de las simples, también se corresponderán absolutamente. Asimismo, queda demostrado que las percepciones simples preceden siempre a las ideas simples correspondientes, y que no es posible que suceda de otra forma, además de reconocer que podemos formar ideas secundarias a partir de las primarias, lo cual no invalida la regla de precedencia antes enunciada.

Hume otorga gran importancia a este principio de precedencia, señalando que aunque en su enunciado parezca muy simple, todos los filósofos se basan en él cuando afirman, por ejemplo, que las ideas de pasión y deseo no son innatas, pues tenemos experiencias anteriores de ello en nosotros mismos.

Siendo las impresiones precedentes a las ideas correspondientes, el autor comienza por analizarlas en primer término, procediendo a clasificarlas en impresiones de sensación e impresiones de reflexión. Las primeras “surgen en el alma”, por “causas desconocidas”, mientras que las segundas se derivan de nuestras ideas, en un orden recurrente, pues a las impresiones simples o de sensación, le siguen las ideas correspondientes, las que al volver a presentarse replican las impresiones y percepciones originarias, pudiendo entonces considerarse acertadamente como de reflexión. A su vez, estas impresiones de reflexión, guardadas en la memoria, pueden originar nuevas ideas, las que a su vez derivarían en nuevas impresiones de reflexión, y así continuar la secuencia.

Y como las impresiones por reflexión – pasiones, emociones, deseos – surgen, entonces, mayoritariamente de ideas, enuncia que será conveniente comenzar el análisis que se ha propuesto (el análisis de la naturaleza humana), por las ideas y no por las impresiones, como había sido su primera intención.v Es este análisis pormenorizado de la naturaleza, clasificación y relaciones de las ideas el que ocupa el Libro Primero, titulado Del Entendimiento, en el que el autor se aboca a conceptos tales como espacio y tiempo, conocimiento y probabilidad, las ideas abstractas, el sistema escéptico y otros sistemas de filosofía. En este último tramo de la Parte Cuarta del Libro Primero, y dentro del sistema escéptico, se incluye un análisis del concepto Yo que puede resultar de interés a los fines del tratamiento posterior del Orgullo y la humildad.

En la Sección VI “De la Identidad personal” Hume plantea que la idea del Yo constante e invariable durante toda nuestra vida debería derivar de una impresión que, como antecedencia, debería ser también invariable y constante. Como tal tipo de impresión no existe, se deduce que una idea correspondiente de ese tipo tampoco y, por lo tanto, no existe tal idea del Yo. Sin embargo, partiendo de la base de que las percepciones personales existen efectivamente y son muy variadas, la inquietud respecto a entender de qué forma se enlazan con el Yo es fundamental. Si se suprimiesen las percepciones – en el caso de la muerte, por ejemplo – se llegaría fácilmente a la concepción del “no ser perfecto”; en sentido inverso, entonces, Hume considera al hombre como un enlace o colección de diferentes percepciones que se suceden las unas a las otras con una rapidez inconcebible y que se hallan en un flujo y movimiento perpetuo”. (2)

Esto lleva a considerar la necesidad de entender la razón de la insistencia en pensar que tenemos una identidad invariable a lo largo de la vida, siendo que se trata solamente de una colección infinita de percepciones cambiantes. Para ello, Hume distingue entre identidad personal referida al pensamiento o imaginación, e identidad personal referida a las pasiones o interés por nosotros mismos.

La identidad atribuida al espíritu del hombre – su Yo – no puede prescindir de la existencia de multiplicidades de percepciones, distintas entre sí, separadas y constantes. No es posible, sin embargo, determinar en forma simple si la idea de identidad surge de algún lazo entre las percepciones que se van captando o .se trata solamente de las ideas que sobre esas percepciones se van formando en la imaginación. Como ya había probado anteriormente, el entendimiento no puede apreciar una conexión real entre objetos, sino puede hacer solamente asociación de las ideas de esas conexiones, de lo que se deduce que la identidad es “meramente una cualidad que les atribuimosvi a causa de la unión de sus ideas en la imaginación cuando reflexionamos sobre ellas”. (3) vii

En la imaginación, las ideas se unen por una de tres cualidades posibles: contigüidad, semejanza o causalidad; estas relaciones permiten producir una fácil transición entre ideas, por lo que se deduce que en la medida que el pensamiento progrese en forma continua y sin sobresaltos, podrá enlazarlas en una noción de identidad personal adecuada. Las relaciones en que se apoya el pensamiento para considerar la existencia sucesiva de una persona o espíritu, son las de semejanza y causalidad, y es la memoria la fuente que permite la realización constante de dichas relaciones, y de su extensión aún cuando los hechos concretos se hubieran olvidado (en razón de la extensión posible de la relación de causa-efecto)viii.


Ateniéndonos a lo que hemos desarrollado hasta aquí, en el estudio del Libro Primero, las pasiones – y por consiguiente el orgullo y la humildad – quedan definidas como impresiones de reflexión, surgidas generalmente de ideas, (las que a su vez surgen de otras ideas o de impresiones de sensación originales); por su parte, el Yo quedaría definido como el conjunto de percepciones en constante flujo y movimiento que el pensamiento relaciona apoyado en las cualidades de semejanza y causalidad de las ideas correspondientes, y según estas últimas se extraen de y almacenan en la memoria..
4. DEL ORGULLO Y LA HUMILDAD. OBJETO, CAUSAS Y RELACIONES
En efecto, la primera sección de la Primera Parte del Libro Segundo comienza por recapitular que existen impresiones e ideas, que las impresiones pueden ser de sensación u originales por una parte, y de reflexión o secundarias, por otra.; que estas últimas proceden de impresiones originales inmediatamente o por la interposición de la idea correspondiente, y que las pasiones corresponden a este segundo tipo.

El autor divide luego las impresiones reflexivas en tranquilas y violentas, reconociendo que no se trata de un criterio de división muy exacto; de todas formas, serán las emociones violentas o pasiones el objeto de análisis en lo que se continúa.

Las pasiones reconocen otra clasificación posible: serán pasiones directas, cuando surgen inmediatamente del bien o del mal, del placer o dolor (alegría, pena, miedo, seguridad), e indirectas cuando se combinan con otras cualidades (orgullo, humildad, ambición, envidia, amor, odio, malicia, generosidad).
El objeto del orgullo y la humildad es la serie de ideas e impresiones relacionadas de las cuales cada uno de nosotros tiene conciencia y recuerda, o sea su Yo. Se trata siempre de ideas referidas a nosotros mismos pues de no ser así no se despertarían pasiones, lo que plantea una necesaria deducción: si el objeto de ambas pasionesix es el mismo – Yo - y éstas son contrarias, el Yo no puede ser la causa (se compensarían en intensidad resultando en efecto nulo). Por lo tanto, debe existir algún otro requisito-causa que permita que surja uno u otra y en grado diferente en cada caso.

La primera idea que se presenta produce la pasión correspondiente, y esta pasión, no bien aparece, nos dirige a la idea de nosotros mismos. La primera es la causa, mientras la segunda es el objeto.

Las causas pueden ser muchas y muy variadas, y se encontrarán tanto en cualidades valuables de la mente, como del cuerpo o de los bienes que la persona posee. Una causa se compone de dos partes: la cualidad que causa la pasión y la cosa a la que es inherente la cualidad. Ambas partes son esenciales puesto que una sin la otra no producen efecto alguno. – no sentiré orgullo de mi casa si no es hermosa, ni tampoco si la casa hermosa es de otro y no mía; en este último caso, si su dueño me la muestra con orgullo, podré sentir placer derivado de tal hecho, u orgullo por ser yo, y no otra, la persona elegida para recorrer la casa.

Una vez definidos objeto y causa y características de esta última, interesa analizar qué es lo que determina cada uno de estos elementos y sus relaciones. En primer lugar, se establece que el orgullo y la humildad se dirigen hacia el Yo como su objeto, por un impulso primario u original; Hume considera aquí que a lo largo de los tiempos y en diferentes sociedades, la naturaleza humana ha dado valor a determinadas posesiones (poder, riqueza, belleza y mérito personal) y resulta inimaginable que no se vea afectada en forma directa por orgullo o vanidad, o permanezca totalmente indiferente ante ellas. Por su parte, las innumerables causas posibles del orgullo y la humildad no tienen cualidades distintivas cada una de ellas, sino que su eficacia en despertar estas pasiones depende de unas pocas circunstancias comunes a todas. Hume opina aquí que – como en la naturaleza - aunque los efectos sean muchos, los principios de los cuales se derivan son generalmente pocos y simples, y que esto es verdad, con más razón, en lo atinente a la mente humana. Se muestra crítico con la práctica de recurrir a una cualidad diferente para explicar cada operación diferente, concluyendo “Inventar sin escrúpulos un nuevo principio para cada nuevo fenómeno, en lugar de adaptarlo a lo ya existente, recargar nuestras hipótesis con una variedad de este tipo, es ciertamente prueba de que ninguno de esos principios es el apropiado, y que solamente intentamos, mediante una cantidad de falsedades, cubrir nuestra ignorancia acerca de la verdad” (4)

Hasta aquí se lleva establecido que:


  • Es por principios naturales que las distintas causas excitan el orgullo y la humildad, y

  • Que no es por un diferente principio que cada causa está adaptada a su pasión.

En la búsqueda de los aspectos comunes que resultan eficaces en las causas tan variadas, se analizan tres propiedades que influyen en las operaciones del entendimiento y las pasiones. Ellas son:

  • Asociación de ideas, por semejanza, contigüidad o causalidad

  • Asociación o atracción entre impresiones semejantes

  • Ambos tipos de asociación se ayudan y apoyan mutuamente, y la transición resulta más fácil cuando ambas confluyen sobre el mismo objeto.

¿Y cuál es la incidencia de estas relaciones en el orgullo y la humildad?

El análisis se realizará finalmente sobre las diversas causas del orgullo y la humildad, y en relación tanto a las cosas que detentan cualidades como a las cualidades mismas: al efecto, se adoptan dos supuestos:



  • La cualidad de una causa que produce orgullo, produce también placer, mientras que la cualidad que produce humildad, también provoca displacer.

  • Las cosas sobre las que estas cualidades se adhieren son, o bien parte de nosotros, o bien algo cercano a nosotros.

En cuanto a las pasiones en sí mismas, podemos ver que poseen dos cualidades originales:

  • El objeto está determinado por un instinto natural, original, y resulta imposible que la mente – por su propia constitución – se sitúe más allá del propio yo.

  • Excitan emociones peculiares en el alma, que constituyen su verdadera esencia – sensaciones placenteras en el orgullo, penosas en la humildad.

Se opera entonces un doble juego de relaciones simultáneas, que constituyen el sistema que explica estas pasiones en opinión del autor: la cualidad (la belleza, por ejemplo) que opera originando la pasión, produce separadamente una impresión (placer) que la asemeja, mientras que la cosa (la casa, por ejemplo) a la cual se adhiere la cualidad, se relaciona con el Yo (la casa es mi casa), .que es el objeto de la pasión Se sigue naturalmente que la causa – cosa y cualidad – habrá de originar inevitablemente la pasión respectiva.

Hume reconoce en este punto que el sistema, tal como queda expresado – “que todas las cosas agradables relacionadas con nosotros, por asociación de ideas e impresiones, producen orgullo, y las desagradables, humildad.” (5)amerita limitaciones.

En primer lugar, la pasión relacionada con el Yo, debe ser fuerte. No cualquier cosa relacionada con nosotros que sea placentera o displacentera, producirá orgullo o humildad (por ejemplo, concurrir a una linda fiesta puede originar alegría y disfrute, pero sólo el anfitrión estará orgulloso de ella). Se requiere algo más que una simple relación, se requiere una relación estrecha con nosotros.

La relación, además de estrecha debe ser, en segundo lugar, exclusiva para nosotros o para pocas personas más. De lo contrario, por valorable que sea la cualidad de la causa, si es ampliamente compartida por muchos, no resultará origen de orgullo (por efecto de la comparación con otros).

Asimismo, el placer o displacer tiene que resultar obvio, no sólo para nosotros sino para los otros. Y, en cuarto lugar, la causa inconstante o casual nos ofrece quizás algo de alegría o disfrute, pero no orgullo; debe tratarse de una causa duradera.

Por último, las reglas generalesx tienen una gran influencia sobre el orgullo y la humildad y sobre las demás pasiones; Las costumbres y las prácticas establecen principios y valores, y éstos harán posible una más fácil graduación de las pasiones.

Una última advertencia nos hace el autor, antes de cerrar este análisis de objeto, causas y relaciones del orgullo y la humildad, en el sentido de considerar que no siempre la persona que tiene más razones para estar orgullosa es la más feliz, ni la más desfavorecida, la más infeliz. Un mal real, aún cuando fuera algo lejano a nosotros, breve y poco evidente para los otros, poco significativo en el concierto general de las normas, nos haría infelices por igual, aunque no pudiera disminuir en mucho nuestro orgullo. La frase con que concluye este párrafo, algo enigmática, quizá el más real y el más sólido mal de la vida se hallará que es de esta clase”, supongo está referida a la cualidad de “mortal” aplicable a todo ser humano.

5. ANÁLISIS DE LAS CAUSAS EN PARTICULAR


  • El Vicio y la Virtud: Para probar el sistema de la doble relación que propone Hume hasta aquí, revisará seguidamente distintas causas, dando comienzo por el vicio y la virtud, a los que considera definitorios para probar la solidez de sus razonamientos.

La primera aseveración al respecto, constituye la base de todo el razonamiento: La virtud y el vicio, considerados como origen de los derechos y obligaciones morales, son inseparables de la satisfacción o el malestar que produce su sola contemplación, y como tales constituyen su naturaleza y esencia. Aceptando entonces que el placer y el dolor son las causas primarias de la virtud y el vicio, deduce fácilmente que deben ser entonces las causas de todos sus efectos, entre ellos, la humildad y el orgullo.

El orgullo y la humildad no surgen sólo de la virtud o el vicio, aunque estos sean indudablemente parte de todo sistema moral; pueden tener como causa todo aquello que se relacione con placer y dolor. Hume brinda aquí una definición de orgullo y humildad tal como lo entiende en el Tratado, en consideración a los “escolásticos” que podrían sentirse muy extrañados frente a un sistema que plantea que la virtud produce orgullo – pasión que para ellos es un vicio – y el vicio, humildad – que para ellos es una virtud, Con sus propias palabras por orgullo yo entiendo la impresión agradable que surge en el espíritu cuando el espectáculo de nuestra virtud, riqueza o poder nos permite estar satisfechos de nosotros mismos, y que entiendo por humildad la impresión opuesta”.(6)



Se propone entonces analizar otras impresiones de tal tipo – agradables o desagradables – bajo la óptica de su sistema, obviando eventuales problemas semánticos (en el texto “no disputar acerca de palabras”).


  • Belleza y fealdadxi: Podemos considerar que la belleza es un orden de construcción de partes (una forma) que produce, naturalmente, por hábito o por “capricho” (hoy podríamos decir “por acuerdo o convención social”), placer en el alma, y la fealdad, por el contrario, displacer. Placer y dolor, constituyen así la esencia de belleza y fealdad; cuando estas formas son apreciadas por el gusto o la sensación. Si esas formas pertenecen a nuestro propio cuerpo, su facultad de producir las sensaciones relacionadas operará a todos los efectos, entre los cuales el orgullo y la humildad son los más comunes. Reafirmando lo anterior, continúa: la belleza, tanto natural como moral, tienen la facultad de producir placer, y este placer es una causa real y efectiva de las pasiones. La belleza es, ciertamente, la misma cualidad cuando se aplica a nuestro cuerpo o a objetos externos o extraños a nosotros, y sólo se diferencia en el grado de proximidad de la relación (con nosotros o con algo externo a nosotros). Esta diferencia es la causa, precisamente, del orgullo que se despierta cuando la belleza es nuestra, y de que nos deje indiferente la belleza de algo externo a nosotros.

En cuanto a lo que se relaciona con nuestro cuerpo, el autor reconoce una objeción posible en el caso de salud/enfermedad; en efecto, expresa que no produce generalmente orgullo tener salud, aún cuando es placentero, sin duda, tanto como no produce humildad estar enfermo, a pesar de que es muy penoso. La objeción, explica, se salva si nos atenemos a las limitaciones que se habían reconocido para el sistema, específicamente la que se refiere a. la necesaria peculiaridad de la causa (una enfermedad no es sólo nuestra), por una parte, y a la continuidad requerida (una enfermedad es pasajera). Aunque la salud y la enfermedad se consideran, de alguna manera, independientes de nosotros, no es así estrictamente en el caso de una enfermedad permanente o en la vejez, pues el carácter de inevitable juega, en ese caso, como una cualidad que produce la pasión de la humildad.


  • Ventajas y desventajas externas: tal como venimos afirmando, la causa inmediata de nuestro orgullo, o humildad, está siempre en relación a cualidades de nuestro cuerpo o espíritu – que conforman nuestro Yo -, aunque en muchos casos, cuando se trata de los múltiples y variados objetos externos que pueden influir en nuestro orgullo o humildad, podemos perder de vista esta relación última que subyace a todas las demás; el Yo es, de todos modos y en última instancia, el objeto de estas pasiones, y sus causas están siempre en relación con él. En muchos casos parecería que la pasión va dirigida a los objetos externos – posesiones valiosas de distinto tipo, por ejemplo -, y sin embargo se origina orgullo en nosotros; allí encontraremos una relación particular, seguramente, siendo que las cosas externas, por su sola existencia, no producen esa pasión en nosotros. Debe existir una relación facilitada que permita la transición de esa idea a la idea de nosotros mismos, y aquí Hume hace notar que, si bien la semejanza, tanto como la contigüidad y la causalidad, es relación factible entre ideas, no basta por sí sola para producir orgullo: la cualidad debe estar presente, en alguna medida, en nosotros, y la relación de ideas es entre la característica ventajosa de lo otro y el hecho de poseer yo una similar (es una relación de causalidad: si la poseo, se produce el orgullo; si no la poseo, nada se influye en mí). También puede operar la contigüidad, como en el caso de sentirnos orgullosos por poseer nosotros cualidades de poca significación que el otro también posee; pero en este caso es sólo por contigüidad de ideas que las menos importantes nos provocan orgullo, pues las causas verdaderas de la pasión deben buscarse en las cualidades realmente significativas, nuestras y del otro.

Por el análisis de distintos casos posibles, Hume se dedica a comprobar en este punto que la relación entre ideas prueba, por experiencia, la relación entre impresiones. Por ejemplo, el orgullo que produce la belleza de la tierra natal: la idea de belleza produce placer, y esta sensación – el orgullo - existe porque se trata de la idea de mi tierra natal, es decir, se refiere al Yo, que es el objeto de la pasión provocada.


  • Propiedad y riquezas: El autor considera que la propiedad es la relación más estrechamente relacionada con el orgullo .pero resulta muy difícil su explicación sin hacer mención de la justicia. Esto sucede en función de la definición de propiedad, que enuncia como “relación entre una persona y un objeto de modo que permite a aquélla y prohíbe a otras la libre posesión y uso de algo sin violar las leyes de justicia y equidad moral” (7). La justicia – tanto si se la considera virtud natural como artificial – es la causa para que la propiedad otorgue libertades y ventajas al propietario, y como propiedad y propietario son ideas fácilmente relacionadas por contigüidad, esta relación, unida a la de las impresiones (placer por la propiedad, libertad y ventajas para el propietario), producirá los sentimientos o pasiones respectivos (orgullo o humildad, según se trate del incremento o disminución en cualidades – utilidad, belleza, originalidad, etc. - relacionadas a la cosa que es propia). Lo mismo que sucede con la propiedad, sucede con la facultadxii de adquirir la cosa que, por su cualidad, produce placer al poseerla, y por esta razón la riqueza influye en el orgullo o la humildad. La esencia de la riqueza consiste en su facultad de procurar placer, y esa facultad es, en esencia, la probabilidad y posibilidad de su ejercicio, lo que nos permite aún anticipar el placer que habrá de brindarnos.

El poder sobre otros y nuestra esclavitud operan en forma similar a la de la riqueza y la pobreza, produciendo vanidad o vergüenza respectivamente, aunque en este caso se aumenta la intensidad de la pasión por tratarse de otros seres (el análisis suponiendo autoridad sobre estatuas que pudieran responder a nuestras órdenes, es claramente demostrativo: no produciría tanta vanidad ejercer autoridad sobre estatuas “obedientes” como lo produciría hacerlo sobre personas).


  • Del amor a la gloria: Si bien se trata de una causa secundaria basada en la opinión de los otros, aun las causas primarias como la virtud, la riqueza o la belleza se empalidecen un tanto si no se cuenta con una buena “imagen”xiii entre los otros que nos resultan significativos. Hume destaca aquí la inclinación que poseemos a “simpatizar” con los otros, de tal manera que puede hasta llegar a producir dificultad para ejercer nuestro juicio propio si encontramos que no concuerda con el de otros cercanos a nosotros. Atribuye a esto la uniformidad de caracteres y formas de pensar en una misma sociedad, destacando además que muchas pasiones (odio, estima, amor, resentimiento, júbilo, melancolía, etc.) se experimentan más por “comunicación” que por nuestra propia inclinación natural.

Merece un párrafo particular el análisis de lo que Hume significa con el término “simpatía” que aquí utilizamos. Explica que, a pesar de la infinita diversidad, existe una semejanza en la estructura y composición de todos los seres humanos; esa semejanza contribuye a que seamos capaces de experimentar y concebir los sentimientos de otros y que, si además hay similaridades peculiares entre algunos o varios de ellos, se facilita la simpatía (no solo la semejanza, también contribuye la contigüidad – vecindad, parentesco sanguíneo, etc.)xiv. Una impresión de este tipo se intensifica cuanto mayor son la semejanza y contigüidad de sus ideas correspondientes, y puede resultar que se convierta en el verdadero sentimiento o pasión. Un ejemplo de cómo las ideas relacionadas influyen en las impresiones puede darse en nuestras enfermedades, pues dependen mucho más de nosotros mismos y de nuestras relaciones internas entre ideas, que ninguna otra de nuestras impresiones, razón por la que surgen naturalmente por la imaginación y por las ideas intensas que nos formamos de ellasxv.

Cuando simpatizamos con las pasiones de otro, esa impresión es vivida en nosotros primero como idea, y de ella surge la impresión correspondiente, tanto más fuerte cuanto más semejante y contigua nos resulte. En la afinidad existe una conversión de una idea en una impresión, y esta conversión surge por la relación de su objeto (la idea del otro) con mi propio Yo, idea siempre presente en mí. Cuando recibimos alabanza o censura de parte de otros nos producirán placer y orgullo o dolor y humildad, según el caso, y naturalmente aceptaremos esa opinión del otro, por afinidad (sus sentimientos están también en nosotros) y por razonamiento (consideramos su juicio como argumento válido para lo que afirman). Autoridad y simpatía influyen siempre en nuestras opiniones, particularmente cuando se trata de nuestro propio valor y naturaleza, objeto de las pasiones (orgullo o humildad, por caso). La gloria es agradable, y la satisfacción será mayor si el juicio proviene de alguien a quien estimamos o de quien valoramos mucho su capacidad de razonamiento, y más aun si esto sucede después de un largo e íntimo trato. La alabanza del otro debe referirse a una cualidad que consideramos poseer, pues de lo contrario el placer será pobre.

Analizando el caso de quien, por no poseer fortuna pero sí buen linaje, se aparta de su familia y amigos para establecerse entre extranjeros, o personas menos cercanas que no lo conocen, Hume explica que se trata así de disminuir la simpatía, pues el desprecio de personas relacionadas hiere más que el de extraños. Aun cuando existiera algún grado de contigüidad mínimo, la influencia de las ideas de ellos en sus propias ideas, será mucho menor, de la misma forma en que trataría de ocultar su buen linaje, para evitar el doble desprecio que esto conllevaría – su propia vergüenza en su pensamiento (no poseer fortuna a pesar del linaje) y la que experimentaría por afinidad con los otros.


  • Del orgullo y la humildad en los animales: Hume resume ahora lo que ha logrado probar hasta aquí, a saber:

    • Que es necesario que las causas de estas pasiones – orgullo y humildad – se relacionen con nosotros mismos, y produzcan placer o dolor independientemente de la pasión.

    • Producir placer o dolor es común a todas las causas posibles, por lo que se concluye que es la cualidad por la que actúan en estas pasiones

    • Las causas son, en realidad, la facultad de producir sensaciones agradables o desagradables, y las pasiones se derivan de esta facultad.

Para finalizar, entonces, se propone someter esta “anatomía del espíritu” a las mismas pruebas que realizan los anatomistas cuando, aceptando la similitud de estructuras y funciones entre hombres y animales, realizan pruebas en estos últimos y hacen extensivos sus resultados a los primeros. Los signos de orgullo y humildad entre los animales de “género noble”xvi son evidentes para el autor, se refieren generalmente a una cualidad que poseen y les da excelencia en su especie, y al hecho de obtener la aprobación de su dueño (no cualquier otra persona que lo alabe).

También operan las mismas causas en los animales que en los humanos, con la lógica salvedad que se refieren sólo a las que son del cuerpo, y no en el espíritu o los objetos externos. Sin embargo, la verdadera cuestión es, en opinión de Hume, saber si estas causas operan de la misma manera que en los seres humanos, pues de lo contrario, esto pondría en duda todo el andamiaje teórico armado hasta aquí..

Las tres relaciones de semejanza, contigüidad y causalidad actúan por igual en los animales y en los seres humanos, según Hume; lo ejemplifica con el caso del perro, que cuando encuentra un hueso, asocia por contigüidad la idea de que lo había ocultado allí, o que comienza a dar signos de nerviosismo cuando se acerca a un lugar donde lo maltrataron, aunque no exista el peligro real en ese momento (causalidad). (La semejanza no resulta tan fácilmente observable, pero constituye un elemento de la causalidad).

También actúan emociones enlazadas, como en los humanos: un perro cuando está triste se vuelve pendenciero o rabioso ante la menor incitación, por ejemplo, pasando de una emoción a la otra sin dificultad.

Concluye el autor declarando que estas causas actúan de la misma manera en todos los animales, agregando para reafirmar su Teoría: “Mi hipótesis es tan simple y supone una tan pequeña reflexión y juicio, que es aplicable a todo ser sensible, lo que no sólo debe ser admitido como una prueba convincente de su veracidad, sino que también, yo lo espero, constituirá una objeción a todo otro sistema”. (8)

5. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

HUME, David (1711-1776): Tratado de la Naturaleza Humanaensayo para introducir el método del razonamiento experimental en los asuntos morales (1739), edición digital, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999. Traducción: Vicente Viqueira. Edición digital basada en la edición de Madrid, Calpe, 1923


(1) Op.cit. Libro I, Del entendimiento, Parte I: De las ideas: su origen, composición y abstracción, Sección I: Del origen de nuestras ideas, primer párrafo
(2) Op.cit Libro I, Del entendimiento, Parte IV, Del Sistema Escéptico y de otros sistemas de filosofía, Sección VI, De la Identidad Personal, comienzo del cuarto párrafo.
(3) Op cit Ídem (2), 16º. párrafo
(4) Op cit Libro II, De las pasiones, Parte I, Del orgullo y la humildad, Sección III, De qué se derivan estos objetos y causas, 7º. Párrafo.
(5) Op cit Libro II, De las pasiones, Parte I, Del orgullo y la humildad, Sección VI, Limitaciones de este sistema, 1er. Párrafo.
(6) Op cit Libro II De las Pasiones, Parte I Del orgullo y la humildad, Sección VII, Del vicio y la virtud, 8º. Párrafo.
(7) Op cit Libro II De las Pasiones, Parte I, Del orgullo y la humildad, Sección X, De la propiedad y riquezas, 1er. Párrafo.
(8) Op cit Libro II De las Pasiones, Parte I, Del orgullo y la humildad, Sección XII, Del orgullo y la humildad en los animales, último párrafo, in fine


i Trabajo realizado en el marco del seminario “Breve historia del Yo”, dictado por el Dr. Pablo E. Pavesi. 2º cuatrimestre de 2009.

ii La fuente de referencia para esta breve reseña que sirve como marco al tratamiento posterior, es The Stanford Encyclopedia of Philosophy en http://plato.stanford.edu/entries/hume

iii A Treatise of Human Nature (1739-1740), Enquiries concerning Human Understanding (1748) y concerning the Principles of Morals (1751), Dialogues concerning Natural Religion (1779) (publicación póstuma)

iv Es claro que resulta pretencioso e irresponsable un resumen de este tipo frente a la innegable significación de una obra como la de David Hume. Estos breves comentarios sólo persiguen brindar un marco conceptual básico para el trabajo que aquí se presenta.

v Cabe destacar que, previamente, había dejado de lado el análisis de las impresiones de sensación por considerar que no constituyen el objeto de su trabajo, sino objeto de estudio de la anatomía y la filosofía.

vi …(a las percepciones)…

vii En el Apéndice del Tratado, se lee en el párrafo No. 20, Si las percepciones son existencias distintas, forman tan sólo un todo por hallarse enlazadas entre sí. Sin embargo, no pueden descubrirse por el entendimiento humano conexiones entre existencias distintas. Sólo sentimos un enlace o determinación del pensamiento a pasar de un objeto a otro. Se sigue, pues, que el pensamiento sólo siente la identidad personal cuando, reflexionando sobre la serie de las percepciones pasadas que componen el espíritu, siente las ideas de ellas como enlazadas entre sí e introduciéndose naturalmente las unas en las otras. Aunque esta conclusión parezca extraordinaria no debe sorprendernos. Los más de los filósofos parecen inclinarse a pensar que la identidad personal surge de la conciencia, y conciencia no es más que un pensamiento o una percepción reflexiva”.

viii El seguimiento de los razonamientos contenidos en el Tratado hasta este punto, contiene una contradicción u objeción importante señalada por diversos autores, y que resumida muy sucintamente podría resultar como sigue: si por una parte se considera inexistente una idea del Yo y se la reemplaza por una colección de percepciones, no resulta posible que luego existan pensamientos [que van enlazando fácilmente por relaciones de causalidad o semejanza las ideas de esas percepciones y que le permiten dar cuenta de una identidad], si no existe el Yo que anteriormente se había negado. Si bien la objeción es válida y merece tratamiento, excede el objeto de este trabajo, por lo que sólo mencionaremos aquí que ha sido tratada por numerosos autores y es posible encontrar un análisis de la misma y una propuesta de solución en “El yo como república. Identidad personal y bien público en Hume”, Pablo E Pavesi. Revista Latinoamericana de Filosofía. Vol. XXIV. No. 2 (Primavera 1998)

ix Orgullo - humildad

x Reglas sociales, de comportamientos, normas o leyes.

xi En este punto, como en tantos otros, el autor ha buscado demostrar su sistema de doble relación por varios caminos de razonamiento. En función de la extensión que nos es solicitada en este trabajo, he elegido sólo alguno de ellos para comentar aquí, intentando mostrar la forma y método de razonamiento “humeano”. Similar procedimiento se aplicó en los sucesivos parágrafos.

xii Facultad implica aquí una capacidad que se puede ejercer efectiva o probablemente, y siendo que la experiencia pasada nos demuestra que esto es posible.

xiii “reputación, carácter y nombre”, en el texto.

xiv “Afinidad” podría ser un término actual sinónimo, en mi opinión. En lo sucesivo, lo utilizaré en algún caso donde entiendo que resulta facilitador para la comprensión del texto.

xv Particularmente, me asombra esta reflexión realizada tan “naturalmente” en la época en que este Tratado se escribió (1736/8)

xvi Supongo se refiere a los “vertebrados superiores”








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