Organización de Estados Americanos La diversidad Cultural en el Desarrollo de las Américas



Descargar 220,87 Kb.
Página1/5
Fecha de conversión01.02.2017
Tamaño220,87 Kb.
  1   2   3   4   5



Organización de Estados Americanos
La diversidad Cultural en el Desarrollo de las Américas

Los pueblos indígenas y los estados nacionales en Hispanoamérica


Rodolfo Stavenhagen

El Colegio de México



Latinoamérica en el mundo multicultural


  1. En el mundo globalizado de hoy, la diversidad cultural está al orden del día. Se habla isistentemente de pluralismo cultural y multiculturalidad, de culturas híbridas y sincretismos culturales, del derecho a la diferencia y de las políticas culturales diseñadas para respetar la diversidad y promover el entendimiento mutuo entre culturas. La Declaración Universal sobre Diversidad Cultural, adoptada por la UNESCO en noviembre 2001, afirma que la diversidad cultural como realidad de nuestro mundo debe expresarse en las políticas de pluralismo cultural para la inclusión y participación de todos los ciudadanos.




  1. La economía no se queda atrás. Los consorcios fabricantes de artículos y servicios de consumo identifican --y crean—nichos culturales para sus productos y orientan su publicidad hacia estos mercados específicos para aumentar ventas y beneficios. La “diversidad cultural” es una estrategia para conquistar mercados. En Estados Unidos, por ejemplo, los afronorteamericanos y los “hispánicos” constituyen más que grupos o comunidades étnicas—ahora son categorías específicas de consumidores. En las grandes ciudades globales de nuestro continente, los barrios chinos, italianos, griegos, árabes, africanos, indios, mexicanos etc. son espacios de “identidades” mantenidas y construídas en base a tradiciones y prácticas culturales, relaciones sociales y mundos simbólicos diferenciados pero al mismo tiempo compartidos. Pero también son promovidos por los medios y las superempresas. Sin duda el mayor impacto sobre estas identidades lo han tenido las industrias culturales de audio y video (radio, TV, cine) que generan corrientes masivas de sonidos e imágenes, es decir mensajes, para todos los gustos y todas las particularidades. Si bien esta oferta proviene sobre todo de unas cuantas empresas altamente concentradas, su producción incorpora elementos de numerosas tradiciones culturales y étnicas, y sus destinatarios son igualmente heterogéneos y diversificados.




  1. La nueva importancia que se atribuye a la heterogeneidad cultural tiene consecuencias profundas para las políticas culturales y educativas, así como las económicas y comerciales. Hay quienes afirman que en este mundo globalizado vamos hacia la uniformización cultural por lo que estarían en juego las identidades nacionales de los países, y al peligrar estas peligraría también la soberanía nacional. ¿Qué importancia habremos de atribuir al pronóstico de que pronto habrá una sola cultura “universal”, que todos los países se están “americanizando”, que las distintas culturas nacionales tendrán que desaparecer irremediablemente, o que a final de cuentas lo cultural está subordinado nada más a las leyes de la demanda y la oferta del mercado? ¿O bien, por el contrario, qué significa la teoría muy de moda actualmente que el mundo está profundamente dividido por fracturas culturales y religiosas que conducen inevitablemente a un choque de civilizaciones? Ante estas previsiones se puede advertir, más bien, la coexistencia de múltiples tendencias y corrientes culturales que se entrecruzan y entrelazan en el escenario mundial. El fenómeno cultural tiene muchas vertientes, y para tener un panorma más claro de lo que está en juego será preciso analizarlo desde distintos ángulos. Los hechos culturales son complejos porque en ellos intervienen tanto las voluntades humanas individuales como los procesos colectivos y el peso de los fenómenos estructurales e históricos.




  1. Todo lo anterior no es ajeno al continente americano. Al despuntar el siglo XXI con su nuevo y preocupante tamiz de guerra de religiones y sus fundamentalismos excluyentes como parámetros para normar las relaciones internacionales (“Jihad vs. Cruzada”), lo cultural adquiere renovada relevancia. Ni los esencialismos irreductibles e irreconciliables ni la fusión amorfa de identidades y culturas corresponde a la realidad de nuestros días, y la región americana constituye a su manera un buen ejemplo de esta problemática contemporánea.




  1. Por razones de espacio limitaré mi discusión en los párrafos que siguen a la región conocida actualmente como Latinoamérica, especialmente la de habla hispana.


El pasado que nos acompaña


  1. Las primeras culturas del continente americano datan de unos 40,000 años y pertenecen a pueblos cazadores y recolectores nómadas, que migraron del norte hacia el sur en sucesivas oleadas migratorias que tuvieron su origen en las estepas asiáticas antes de atravesar el estrecho de Bering. Nada ha quedado de las teorías que alguna vez postulaban la originalidad de un "hombre americano". La unidad de la especie humana es un hecho científicamente irrefutable y los espacios americanos se fueron poblando a lo largo de decenas de miles de años como lo fueron también otras partes del mundo a partir de un origen común de la especie humana que probablemente se encuentra en Africa.




  1. La sedentarización de los pueblos nómadas ocurrió en estas tierras como en otras regiones, acompañada de avances tecnológicos en la agricultura, la construcción de edificios en piedra y tierra, el desarrollo de la alfarería, la cestería, los tejidos en telares, y probablemente una organización social ligada a la vida en asentamientos permanentes con manifestaciones religiosas y políticas de las que poco se sabe actualmente. Hace alrededor de cuatro mil años se fueron identificando ciertas áreas en las que ocurrió la primera gran revolución histórica de este continente, la domesticación de especies silvestres de plantas alimenticias. El maíz y el frijol en el norte y la papa y la quinoa en el sur fueron la base de complejos económico-alimenticios que siguen caracterizando en gran medida los modos de vida de las poblaciones sobre todo rurales de Mesoamérica y de la región andina respectivamente, y que constituyen un aporte original y permanente de los pueblos autóctonos americanos a la cultura humana. (La domesticación de una variedad de arroz ocurrió más tarde en algunas zonas de América del Norte). Cabe subrayar que hasta la fecha los complejos del maíz y de la papa siguen siendo el fundamento de la cultura de subsistencia de millones de campesinos, hecho que no pueden dejar de considerar los diversos programas de desarrollo agrícola y rural.




  1. En Mesoamérica y los Andes se desarrollaron posteriormente las "altas civilizaciones" (Incas, Mayas, Aztecas) caracterizadas por una economía diversificada, impresionantes centros urbanos y ceremoniales, una magnífica arquitectura monumental, variadas y ricas manifestaciones artísticas, una organización estatal centralizada, jerarquizada y teocrática, complejas religiones politeistas, el expansionismo militar, conocimientos técnicos y astronómicos altamente especializados; inicios de matemáticas y geometría, escritura jeroglífica, uso de moneda como medio de intercambio y de acumulación , joyería y orfebrería preciosas etc.




  1. El estado actual de nuestros conocimientos permite suponer que el desarrollo tecnológico, social y cultural de los pueblos autóctonos americanos ocurrió en forma autónoma, en aislamiento de procesos semejantes que tuvieron lugar en otras regiones del mundo. Sin embargo, no se excluyen posibles contactos marítimos entre Sudamérica y Polinesia que hubieran podido conducir a intercambios culturales, de cuya existencia son testimonio elementos de la cultura material así como lingüísticos. Es menos probable que las altas civilizaciones asiáticas hayan tenido influencia directa en el arte maya o inca, como propuisieron en el pasado algunos investigadores.




  1. A principios del siglo XVI, el Tahuantinsuyu ("Cuatro Regiones Unidas Entre Sí") se extendía a lo largo de la cordillera andina desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina y Chile. El estado inca, con sus dos históricos centros en Cuzco y Quito, y con numerosos centros secundarios, dominaba una compleja red de interrelaciones económicas entre zonas ecológicas diversas, en las que circulaban personas y bienes. La tecnología agrícola del cultivo en andenes (terrazas) permitió utilizar al máximo la difícil topografía de la cordillera andina. La prestación de servicios rotativos, conocida como mita, constituía la base del dominio de los curacas, vinculados a su vez por relaciones de reciprocidad a los señores incas. La agricultura, ganadería y pesca generaban excedentes que permitían el florecimiento de actividades artesanales y artísticas, políticas y religiosas. Los depósitos de alimentos, bajo control del estado, servían para redistribuir la riqueza y asegurar un mínimo de bienestar a toda la población. Con el quipu, los incas llevaban su contabilidad y registraban hechos históricos.




  1. Más al norte, en las tierras cálidas de Centroamérica se desarrolló a partir del siglo III de nuestra era la cultura maya, derivada de la de los olmecas, con sus centros ceremoniales, sistema contable, escritura ya prácticamente descifrada en la actualidad, escultura en madera, piedra y cerámica, así como el renombrado arte plumario. Tal vez con la intensiva agricultura de quema y roza en los bosques tropicales se fue agotando la capacidad de la tierra para mantener una creciente población. Tal vez los campesinos subordinados se rebelaron contra los sacerdotes dominantes de los centros ceremoniales. Acaso ocurrieron epidemias u otras catástrofes naturales.



  1. Los especialistas no tienen aún una respuesta satisfactoria, pero el hecho es que a partir del siglo IX, por razones no del todo esclarecidas, las grandes ciudades mayas del sur fueron abandonadas y con el tiempo el centro de la cultura maya se trasladó a la península de Yucatán, en donde se dio un segundo florecimiento maya. Aquí se construyeron ciudades monumentales conectadas entre sí por caminos de piedra cortados a través de la selva (sac’be); fue perfeccionado el calendario, la matemática y la escritura jeroglífica. En las tierras calcáreas yucatecas más áridas los suelos son pobres y la agricultura de "roza y quema" se practicaba sobre una ecología frágil. A finales del siglo diez los mayas habían sido conquistados por toltecas provenientes del centro de México, y en el XVI fueron diezmados por el conquistador español.




  1. En el altiplano central de México, la región del Anáhuac, encontró a su vez el mayor esplendor el estado azteca durante los dos siglos anteriores a su destrucción por los invasores españoles. La civilización mexica sintetizó e incorporó los logros anteriormente alcanzados por las demás culturas mesoamericanas. Su arquitectura y escultura monumental rivalizaban con la de los incas. El desarrollo urbano de Tenochtitlan, la ciudad fincada en un lago, superaba todo cuanto el urbanismo había alcanzado en otras partes del mundo en aquella época. La agricultura de chinampas, que aún se practica en la actualidad, había logrado altos rendimientos en la producción alimentaria. El calendario azteca era más exacto que el europeo. Los códices sagrados sintetizaban el conocimiento existente. La organización social estaba basada en la comunidad local de parentesco, el calpulli, núcleo de tenencia de la tierra y actividad económica (a semejanza del ayllu en el Tahuantinsuyu). La organización teocrática y militar del Anáhuac en sus últimas etapas, que lo condujeron a una rápida expansión territorial, subrayaron también su fragilidad política y aceleraron su caída ante el invasor español.




  1. En la periferia de los estados centralizados (llamados "imperios" por los observadores europeos), así como en los vastos espacios de Norteamérica, se consolidaron otras unidades políticas y sociales, menos estructuradas y con menor desarrollo tecnológico, pero también con asentamientos permanentes como en el suroeste de EE.UU.. En la cuenca del Caribe florecieron sociedades agrícolas aldeanas que no llegaron a desarrollar centros urbanos ni estructuras políticas centralizadas y jerarquizadas. En cambio, son conocidas por sus variadas obras artísticas en orfebrería, cestería y alfarería. Los pueblos indígenas de las Antillas, arawak y caribes, grupos de cazadores, recolectores, agricultores y pescadores, mantenían relaciones con los pueblos de la costa norte de Sudamérica y con América Central.




  1. Las costas del Pacífico dieron albergue a numerosas sociedades sedentarias que se extendieron en el sur hasta Tierra del Fuego y en el norte hasta Canadá. En las tierras bajas de la vertiente atlántica, en las llanuras y las pampas, los desiertos y los esteros, las estepas y las selvas tropicales de la cuenca amazónica, desde la Patagonia hasta el Orinoco, ocuparon el vasto espacio sudamericano innumerables pueblos con su identidad propia, diferenciados por la lengua, sus tradiciones y la especialización económica, pero participando en común de una herencia cultural muy antigua, propia de todos los pueblos autóctonos americanos y resultado de un desarrollo endógeno milenario al margen de otras corrientes culturales en otras partes del planeta.




  1. Poco se sabe de la cultura no material o espiritual de aquellos pueblos que poblaron el espacio americano, a excepción de lo que nos han transmitido algunos cronistas del siglo XVI, recopilaciones y crónicas que sin duda han sido mediatizadas por la ideología europea de la época de la conquista. Salvo los mayas y aztecas, los demás pueblos autóctonos eran ágrafos, y si bien existían pinturas conteniendo crónicas históricas, inscripciones en monumentos y esculturas de piedra, códices, tejidos y bordados con signos y símbolos, el legado "escrito" de aquellas culturas es frágil y la tradición oral, que subsiste en algunas partes hasta hoy día, se fue transformando a lo largo del tiempo. En todo caso, la escritura, en la medida en que existió, fue privilegio de los sacerdotes, pertenecientes a la casta dominante, y desapareció con ellos. Muchos documentos indígenas fueron destruidos por los inquisidores españoles en su afán de extirpar las idolatrías.




  1. Dos elementos resaltan de aquellas variadas manifestaciones culturales que por su vitalidad y persistencia se expresan incluso hoy día entre múltiples pueblos indígenas del continente, ya que subyacen a toda la cosmovisión indígena de América. En primer lugar, la concepción cíclica del tiempo, que hace compleja una visión lineal de la historia y a la vez condiciona la percepción del presente y del futuro. La visión no lineal del paso del tiempo contraviene la idea del “progreso” y complica las tareas de la modernizacion. En segundo lugar, es preciso subrayar la relación especial entre el ser humano y la naturaleza, particularmente la tierra. En el mundo andino, la figura de la pachamama, la madre tierra, domina la actividad de los hombres y sus relaciones con la naturaleza, los animales y los demás seres humanos. La tierra, madre y origen de todos los bienes humanos, es también elemento central de la cosmovisión maya y de otros pueblos autóctonos de América.



  1. La herencia cultural de estos pueblos se manifiesta hoy día a dos niveles. Por una parte, existen decenas de miles de sitios arqueológicos que son testimonio mudo de la pujanza de aquellas sociedades. Sitios que revelan desde primitivas aldeas y asentamientos cuyo origen se sitúa hace cuatro o seis milenios, hasta las monumentales ciudades de Macchu Pichu y Uxmal que existían en el siglo XVI y en algunos casos sobrevivieron -como Macchu Pichu- al primer embate de la conquista militar española. No fue sino hasta entrado el siglo XX que algunos gobiernos latinoamericanos asumieron sistemáticamente la exploración y el estudio de las antiguas culturas del continente a través de las exploraciones arqueológicas y los estudios etnohistóricos. Además de los numerosos restos que han sido saqueados o destruídos, existen muchos miles de sitios de las civilizaciones antiguas que no han sido aún explorados y cuyo estudio en el futuro aportará nuevas luces sobre la época precolombina.




  1. La investigación del pasado indígena no responde nada más a un afán científico o académico. En efecto, algunas naciones –como México—consideran la exploración, preservación y reconstrucción de las zonas arqueológicas como un objetivo de política cultural que fortalece la identidad nacional del país, el cual fue asumido por el Estado como tarea propia, aunque no necesariamente prioritaria, durante buena parte del siglo veinte. El reconocimiento de los valiosos aportes culturales de las antiguas civilizaciones indígenas refuerza los vínculos con el pasado histórico del país y procura superar simbólicamente el trauma de la conquista y la colonización a la vez que fortalece el discurso de una nación mestiza basada en el sincretismo de sus culturas originarias. Aunque no todos los países de la región latinoamericana encaran de la misma manera la interpretación de su pasado indígena, es notable el papel social y aún ideológico que ha podido jugar la investigación antropológica. La conservación y revaloración de ese patrimonio cultural es tarea urgente que debiera ser una prioridad de las políticas culturales en la región ya que las culturas prehispánicas constituyen un substrato común y compartido de la identidad americana.




  1. El otro nivel de expresión de las civilizaciones autóctonas se encuentra en las culturas indígenas vivas y contempóraneas de América: sus lenguas, ceremonias, fiestas, danzas, música, vestimenta, artes manuales, conocimientos médicos y farmacológicos, tecnología agrícola y de construcción, organización social y política de las comunidades, costumbre jurídica, filosofía, religión y cosmovisión. Es cierto que estas manifestaciones culturales ya no existen en estado "puro" y han sufrido numerosas transformaciones a lo largo de cinco siglos. Los elementos externos y foráneos apropiados por los pueblos indígenas fueron muchos, el proceso de transculturación ha sido amplio. Sin embargo, la presencia de las antiguas culturas de América a través de los diversos y numerosos pueblos indígenas contemporáneos, es mayor de lo que generalmente se admite. Pese a la ruptura dramática del siglo XVI, la América profunda late con vitalidad en el corazón del continente.


Ruptura y régimen colonial


  1. La conquista del Tahuantinsuyu y de Tenochtitlan a principios del siglo XVI marcó el inicio de la hegemonía del imperio español en el mundo occidental y al mismo tiempo anunció su próxima e inevitable decadencia. España fue el primer país en el mundo moderno que organizó y llegó a administrar durante tres siglos un vasto sistema colonial que operó en tres niveles: económico, político y cultural. Aunque posteriormente fuera desplazada por Holanda, Francia e Inglaterra como potencia mundial, la colonización ibérica (incluyendo, por supuesto, la portuguesa) marcó definitivamente la evolución histórica de América y del mundo y dejó su marca indeleble en la cultura de millones de personas.



  1. Las primeras tierras americanas a caer bajo dominio español fueron las islas del Caribe. Después de un breve auge económico colonial, durante el cual Cuba y Santo Domingo funcionaban también como centros de administración colonial, el núcleo del poderío español se trasladó a tierra firme y las Antillas revirtieron prácticamente a una economía de subsistencia sin mayor importancia para el sistema colonial. No fue sino hasta principios del siglo XVII que los holandeses, ingleses y franceses fueron capaces de quitar a España una parte considerable de sus colonias antillanas y de paso arrebatarle el control naval de la cuenca del Caribe. El impacto más duradero del dominio español sobre las islas del Caribe durante un siglo fue el exterminio casi total de los pueblos indígenas, a tal grado que hoy en día la población amerindia ha desaparecido casi por completo en las Antillas.




  1. Para obtener la mano de obra requerida por la economía de plantación de caña implantada en las Antillas, pronto fue suplida la escasez de trabajadores aborígenes con esclavos africanos. Durante más de doscientos años el sistema de plantación basado en mano de obra esclava caracterizó a las Antillas inglesas y holandesas, mientras que el Caribe hispánico ocupó una posición secundaria dentro de las estructuras del imperio español en las Américas. Pero con el tráfico de esclavos hacia Brasil, la presencia african se consolidó también en Tierra Firme.




  1. El imperio español se fortaleció a raíz de la destrucción militar de los estados azteca en el norte e inca en el sur y la paulatina absorción de los pueblos periféricos en las nuevas estructuras coloniales. Algunos de estos pueblos mantuvieron una vigorosa y permanente resistencia y nunca fueron derrotados por los ejércitos coloniales, como sucedió en el sur de Chile y Argentina y en la región amazónica. Sin embargo, muchos de estos pueblos perdieron su independencia o fueron exterminados más tarde, durante el siglo XIX, con el avance de los estados republicanos y de la economía capitalista. La conquista portuguesa del Brasil conllevó también la destrucción de los pueblos indígenas o su expulsión hacia zonas no codiciadas en ese entonces por el invasor. En las regiones costeras, ocupadas por el colonizador portugués y holandés, la falta de mano de obra indígena produjo, al igual que en el Caribe, la introducción masiva de esclavos africanos para las plantaciones de azúcar. En consecuencia, la composición demográfica y étnica del Brasil "útil" de la época colonial incluía europeos y africanos pero los indígenas, principalmente del pueblo tupí-guaraní, habían prácticamente desaparecido. En el sur brasileño, los bandeirantes tenían por misión esclavizar o exterminar a los indios y conquistar nuevas tierras para los colonos portugueses.




  1. Muy distintas fueron las consecuencias de la invasión española en la América nuclear, la de los estados estructurados y de las "altas" culturas. Después de la derrota militar de los estados autóctonos, los españoles no tardaron en establecer una administración colonial altamente centralizada en sustitución de las estructuras políticas preexistentes, logrando así un control prácticamente incontestado del sistema político-territorial tanto en el centro de Mexico como en el Peru. Los cambios no se hicieron esperar. Como consecuencia de la llegada de los ibéricos, durante el primer siglo después de la conquista la población disminuyó radicalmente, según algunos especialistas en un 80%. Las epidemias traídas por el conquistador diezmaron a la población, pero los cambios ecológicos impuestos por la nueva economía, la represión y los trabajos forzados hicieron lo suyo, a tal grado que el desplome demográfico en las Américas es considerado como el primer gran genocidio de la época moderna.




  1. La nueva economía colonial (ganadería, minería, agricultura comercial) produjo la desorganización de la economía de subsistencia de los pueblos indígenas, conduciendo a periódicas hambrunas. Los trabajos forzados a que fueron obligados los indios despoblaron a las poblaciones. La evangelización y la imposición de una religión extranjera destruyó los pilares ideológicos de las culturas indígenas. La apropiación y concentración de la tierra en manos del colonizador destruyó las bases ecológicas de las comunidades agrarias y transformó a los campesinos indígenas en mano de obra servil para el finquero, el hacendado o la Iglesia. En la época colonial se fue gestando y consolidando una estructura económica y social altamente jerarquizada y estratificada que se mantuvo durante más de trescientos años, y cuyas secuelas aún se advierten hacia fines del milenio. La cultura latinoamericana de hoy refleja muchos elementos de esta etapa.




  1. Grandes debates tuvieron lugar entre doctos teólogos y juristas acerca de los títulos de la Corona española para adueñarse de los vastos territorios americanos. Condicionados por su ya antigua lucha contra los "moros infieles" a quienes habían expulsado de la península ibérica, y en defensa de la Cristiandad, los Reyes Católicos se preocuparon por saber si los indios del Nuevo Mundo tenían alma; que si debían ser tratados como seres humanos, o tal vez como niños y en todo caso como menores e incapaces; que si había justas razones para hacerles la guerra y someterlos a su voluntad real, que si debían ser esclavizados y bajo cuáles circunstancias; que si su servidumbre era solamente legal o también "natural" por ser infieles y bárbaros. El neotomismo y la Contrarreforma que prevalecieron en España a partir del siglo XVI, proporcionaron la ideología necesaria para mantener un rígido sistema colonial en el cual las culturas indígenas fueron erradicadas como tales o bien transformadas para mejor servir al proyecto del colonizador. La doctrina jurídica de “terra nullius” justificó la desposesión de las tierras y recursos de los pueblos indios.




  1. Desde el comienzo de la colonización, hubo voces humanistas que vieron como una gran tragedia la "destrucción de las Indias" practicada por los colonizadores y que proclamaron el derecho de los indios no sólo a defenderse sino a existir como pueblos soberanos. Mientras que Bartolomé de las Casas defendía a los indios, sugería a los encomenderos el uso de la mano esclava africana. Por su parte, Francisco de Vitoria, quien negaba a los reyes de España el derecho “natural” de adueñarse de las tierras de los indios (pero sí justificaba que se les hiciera la “guerra justa” bajo determinadas circunstancias) es considerado el padre fundador del derecho internacional. Pero estas voces fueron acalladas, aunque sirvieron de base a lo que luego llegó a llamarse la "leyenda negra" de España en América . En lugar de esta se impuso una "leyenda blanca", la ideología que tendía a glorificar e idealizar la "obra civilizadora" de España en el Nuevo Mundo. La polémica se mantuvo durante toda la época colonial, y recrudeció en el siglo XIX entre historiadores, filósofos y políticos. Tantas pasiones levantó durante casi medio milenio que todavía hoy en día continúa la lucha ideológica entre "hispanistas" e "indigenistas". Durante la preparación de las actividades en torno al Quinto Centenario, mientras que algunos quisieron celebrar el “descubrimiento de América”, otros lo calificaron de “encubrimiento” (Leopoldo Zea), y las organizaciones indígenas hablaron de invasión europea, genocidio y 500 años de resistencia. Después de largos debates públicos y diversas reuniones internacionales, se acordó conmemorar el “Encuentro de Dos Mundos”, fórmula que no satisfizo ni a unos ni a otros pero que permitió a las Naciones Unidas y los países de la región marcar solemnemente la ocasión en 1992. La ONU proclamó 1993 como Año Internacional de los Pueblos Indígenas y lanzó la Década Internacional correspondiente (1995-2004).




  1. La estratificación económica y social de la Colonia produjo polarización cultural; por una parte la cultura de peninsulares, indianos y criollos, y por la otra, las diversas culturas populares de los grupos étnicos dominados (indígenas, negros, mestizos y las diversas "castas" resultado de múltiples mezclas raciales). La evangelización de los indios modificó profundamente su vida religiosa, pero la religión popular indígena llegó a ser un sincretismo del catolicismo y de las religiones prehispánicas. De hecho, se ha afirmado que los indígenas adoptaron los aspectos formales y superficiales del catolicismo colonial, por evidentes razones de autodefensa, y mantuvieron en el fondo sus prácticas autóctonas durante mucho tiempo. Este sincretismo se advierte en las ceremonias y ritos, las creencias, las formas del culto, así como en las leyendas y los mitos (entre ellos el del indio Juan Diego y el culto a la virgen de Guadalupe que se instaló en el Cerro del Tepeyac, lugar sagrado de la religión de los aztecas). Muchas prácticas antiguas de los indios fueron prohibidas y perseguidas por la Iglesia, pero se siguieron manteniendo en la clandestinidad, modificándose y adaptándose a las circunstancias, hasta nuestros días. Algo semejante aconteció en el Brasil con las religiones africanas que mantienen una gran vitalidad hasta el presente y que dan su identidad particular a la cultura popular brasileña (candomblé, macumba, capoeira).




  1. Al principio de la colonia, los misioneros católicos estudiaron las lenguas nativas y las utilizaron para fines de evangelización. Se publicaron cartillas, misales y diccionarios de las principales lenguas de los naturales, las que también se enseñaban en los colegios mayores a los que tenían acceso los descendientes de los antiguos gobernantes, como una "aristocracia" indígena transitoria al servicio del colonizador. En Paraguay, incluso, el guaraní llegó a ser el idioma vehicular nacional. Pero en 1770 un decreto de Carlos III prohibió definitivamente el uso de la lengua indígena en los asuntos civiles y religiosos, y estas fueron limitadas al ámbito cotidiano de las familias y las comunidades indias. Se acentuó así la polarización de la cultura en dos estratos sociales claramente definidos: los dominantes y los dominados.




  1. En muchas partes del continente la resistencia al colonizador no cesó nunca o sólo muy tardíamente. Después del desastre demográfico del siglo XVI, la población indígena fue reponiéndose poco a poco. En todo caso, siempre representaba la mayoría numérica. La tradición oral, los cultos religiosos clandestinos (reprimidos duramente por la Inquisición cuando eran descubiertos), la imagen de las ciudades otrora majestuosas y ahora en ruinas, mantuvieron vivo el recuerdo entre muchos pueblos indígenas de su libertad y su soberanía perdidas. Aunados a las injusticias, la opresión y la explotación coloniales, estos recuerdos eran campo fertil para la generación de mitos milenaristas y de ellos surgieron a lo largo de la Colonia los movimientos y las rebeliones restauradoras y mesiánicas que fueron una viva esperanza, lograron movilizar en ocasiones a decenas de miles de adeptos, e invariablemente fueron cruelmente reprimidos por el gobierno colonial. El más conocido e importante de estos movimientos fue el de Tupac Amaru en Peru, pero también hubo muchos otros de los que poco hablan las historias escritas por los vencedores.




  1. La cultura oficial durante la Colonia se expresó en la lengua del colonizador, las primeras imprentas en el continente, la música sacra, la incipiente literatura, la pintura religiosa, la majestuosa arquitectura civil y eclesiástica, las primeras universidades. En la conformación de las culturas latinoamericanas contemporáneas han desempeñado un papel importante diversas instituciones a través de sus políticas educativas, culturales y de comunicación. En los albores de la identidad latinoamericana (para distinguirla de las identidades étnicas de los pueblos indígenas en la época precolonial) jugó un papel primordial la Iglesia Católica a través de la conversión compulsoria de la población indígena y la destrucción física de las manifestaciones culturales indígenas (códices, templos, instituciones de enseñanza). La primera etapa del encuentro de dos mundos o “diálogo entre civilizaciones” consistió en el descabezamiento de las culturas indígenas por parte del invasor en nombre de la nueva religión universal. A partir de allí, la Iglesia como brazo espiritual de la Conquista elaboró un sólido sistema de educación y evangelización de las élites indígenas para incorporarlas a la nueva cultura dominante. Esta "cultura de conquista" (Foster) se diferenciaba de la cultura tradicional ibérica y se fue modificando al contacto con las culturas indígenas. Si bien en el campo religioso la transformación de las culturas indígenas fue profunda, en otros aspectos las modificaciones y adaptaciones fueron más lentas y difusas, y en muchos niveles las culturas indígenas desarrollaron mecanismos de resistencia y protección que permitieron conservar sus identidades, aunque cambiadas, hasta la época actual.


Independencia e identidad


  1. Hacia fines del siglo XVIII penetraron en América las ideas de la Ilustración europea, sobre todo del enciclopedismo francés y el liberalismo británico. A pesar de la censura y las prohibiciones impuestas por la Corona, algunos miembros de la élite criolla se hicieron eco de las ideas libertarias de la revolución burguesa en gestación allende los mares. La revolución francesa, las invasiones napoleónicas y las revoluciones en España, aceleraron la toma de conciencia política de los criollos de las colonias americanas, de cuyas filas surgieron algunos de los líderes insurgentes de la Independencia. Como ha sucedido tantas veces en la historia, las masas populares que se levantaron en armas al llamado de los libertadores no obtuvieron los frutos de la derrota del imperio español. Las clases dirigentes locales, supieron transformar pronto la independencia política en una victoria sobre las clases populares.




  1. A pesar de que Simón Bolívar, quien vio desvanecerse su sueño de la unidad americana, reconociera el papel de los indios y los negros en la conformación de la nueva nación hispanoamericana independiente, aquellos desaparecieron de los proyectos nacionales que surgieron de las luchas por la independencia. Esta fue apropiada por la oligarquía terrateniente y la naciente burguesía urbana criollas. Los españoles expulsados fueron pronto sustituídos por comerciantes ingleses, franceses y alemanes, quienes entre sus mercancías y capitales traían también sus modelos culturales europeos.




  1. La independencia política planteaba una tarea gigantesca a los nuevos gobernantes: cómo formar nuevas naciones, cómo integrar sociedades coherentes, cómo ser aceptados por las "naciones civilizadas" de la vieja Europa, cómo gobernar conjuntos de población heterogénea y dispersa en una vasta geografía hostil. La respuesta fue el desarrollo de una filosofía política nacionalista, de corte romanticista e idealista, que caracterizó el pensamiento político y los sistemas educativos de América Latina hasta el siglo XX.




  1. Los indígenas no aparecen, salvo excepcionalmente, en los discursos fundadores de las naciones latinoamericanas. La búsqueda ansiosa por la esencia nacional: la mexicanidad, la peruanidad, la argentinidad etc., tarea a la cual se han dedicado con ahinco filósofos, políticos, escritores, psicólogos y aún militares, por lo general excluía a los indígenas (como también a los negros, y posteriormente a judíos, chinos, japoneses y demás inmigrantes). Se ha pretendido, en América Latina, construir nuevas naciones sin los pueblos indios y a espaldas de ellos. De allí que los procesos de construcción nacional en esta parte del mundo, iniciados desde hace casi dos siglos, sigan sin concluir.




  1. Pronto fue planteada la necesidad de una segunda independencia, la "emancipación mental". Se argumentaba que América había heredado del imperio español formas de pensamiento retrógradas, medievales, oscurantistas de las que había que liberarse. Las nuevas naciones debían deshacerse del fardo de la Colonia y del oscurantismo religioso e ingresar de lleno al progreso y al mundo de los países civilizados, encabezados ahora por la nueva y dinámica nación norteamericana.. El pasado, decían algunos, estaba representado por el rudo mundo rural y formas tiránicas de gobierno, imbuídos de los valores retrógrados de la España católica y colonial, mientras que el futuro democrático y el progreso se concentraba en las ciudades modernas y libertarias. Nadie expresó esta polarización mejor que Domingo Faustino Sarmiento en Civilización y Barbarie, obra que tuvo gran influencia sobre generaciones de latinoamericanos.


Sociedades polarizadas, culturas fragmentadas


  1. Los “pensadores” hispanoamericanos se dieron a la tarea de inventar y construir sus culturas nacionales a partir de las ruinas del imperio español y en base a las micro-sociedades regionales y fragmentadas incluídas en las nuevas repúblicas que aún no constituían naciones acabadas e integradas. Los liberales y positivistas buscaron su inspiración en Estados Unidos y en Europa del norte; los conservadores y tradicionalistas seguían orientados hacia España y el legado colonial. Ambos sectores, sin embargo, tenían en común ser voceros de las clases dirigentes minoritarias quienes participaban de una visión elitista, restringida de la sociedad. La heterogeneidad étnica y cultural de las naciones latinoamericanas era considerada como un obstáculo a la integración nacional y al progreso. El derrumbe de la administración y economía coloniales había contribuído a la fragmentación y atomización de los espacios sociales; la reinserción al mercado mundial vendría años después, hacia fines del siglo XIX, con la expansión del capitalismo. A pesar de haber adoptado las instituciones políticas democráticas de Estados Unidos y Europa, las sociedades hispanoamericanas seguían siendo altamente estratificadas en lo económico y lo social. La oligarquía terrateniente afianzaba su poder a través de la concentración de la propiedad de la tierra, que se intensificó con los nuevos cultivos comerciales para la exportación y la explotación de la mano de obra rural. Las promesas y esperanzas libertadoras de las luchas por la independencia se habían desvanecido. En el nuevo régimen las clases populares, y sobre todo los pueblos indígenas, quedaron simplemente como “ciudadanos imaginarios”. El caudillismo y el clientelismo se instauraron como formas de dominio político y social, hasta llegar a ser un elemento permanente, todavía actual, de la cultura política de América Latina.




  1. La intelectualidad desesperaba de las contradicciones entre el "país formal" y el "país real". Pronto apareció la ideología racista que pretendía explicar la perenne inestabilidad y el atraso de las naciones por las características étnicas del estrato indígena de la población, mayoritario en muchas repúblicas. Liberales y conservadores coincidieron que los pueblos y las culturas indígenas que aún existían en América debían desaparecer, ya que el proyecto de nación que se fue gestando excluía a los pueblos indios. En los países del Cono Sur esta visión se transformó en campañas genocidas realizadas por los ejércitos al servicio de las oligarquías terratenientes. En otras regiones fueron impuestas la lengua y la cultura oficiales a través del sistema educativo religioso y la escuela oficial, se implantó el derecho positivo como único sistema jurídico, se desconocieron las autoridades políticas y las instituciones propias de las comunidades indígenas, así como sus territorios comunales. Al querer forzar un rápido proceso de asimilación e incorporación de estas a las nuevas naciones en gestación, se aceleró el proceso de destrucción de las culturas indígenas que aún quedaban. En la nueva cultura nacional inventada y elaborada por las élites urbanas no había lugar para las culturas de los pueblos originales, autóctonos de América.



  1. El proceso recibió también fuerte impulso por las políticas de inmigración europea promovida por algunos gobiernos, que coincidió con la expansión de la frontera agrícola y ganadera, y la introducción de nuevos cultivos comerciales como el café y el algodón para los mercados de ultramar. La inmigración extranjera también habría de servir para "blanquear" a las poblaciones locales, de acuerdo a las teorías racistas europeas de moda.




  1. En Brasil la estructura señorial y esclavócrata de la sociedad se había mantenido hasta fines del siglo XIX, Después de la abolición de la esclavitud, y ante la creciente demanda de mano de obra, también Brasil abrió sus puertas a la inmigración europea, transformándose paulatinamente en un país multiétnico, siempre en el marco de una sociedad altamente estratificada y patrimonial. La estructura social del Brasil rural fue captada por cronistas, novelistas y estudiosos. La importancia del sertão y sus movimientos sociales mesiánicos y milenaristas había sido subrayada en la ya clásica obra de Euclides da Cunha. Gilberto Freyre describió -y sin duda idealizó- la rígida estructura esclavista de las zonas cañeras en Casa Grande e Senzala. El propio Freyre acuñó el término de "lusotropicalismo" para referirse a la pretendida unidad cultural y espiritual de los países colonizados por Portugal en América y en Africa.



Surge América Latina


  1. Fue a mediados del siglo XIX que comenzó a ser utilizado el término de América Latina, originalmente inventado por un publicista francés al servicio de Napoleón III. En la medida que este concepto indicaba la supuesta unidad de los países de lenguas latinas y su distancia frente a la América anglosajona, surgió la necesidad de definir a Latinoamérica en el mundo y de afirmar la identidad propia de la región. El concepto tuvo su itinerario ideológico y político. Por una parte, se deslindó claramente de las tendencias panamericanistas que se fueron imponiendo a lo largo del siglo veinte bajo la orientación de EE.UU. y por la otra se apartó también de la ideología de la Hispanidad promovida con gran esfuerzo en una época por la España franquista, para adquirir eventualmente una personalidad propia que expresaba de alguna manera tendencias nacionalistas y antiimperialistas en la región.




  1. La originalidad del pensamiento y la acción revolucionaria de José Martí fue justamente el haber planteado por primera vez la necesidad de crear una cultura propia latinoamericana, de "nuestra América", que fuera nacionalista, continental y antiimperialista, planteamientos que marcaron un nuevo rumbo en el pensamiento político y social latinoamericano. En 1900, el uruguayo José Enrique Rodó electrizó a varias generaciones de jóvenes latinoamericanos al plantear en Ariel y otras obras un latinoamericanismo espiritual que se opondría no solamente al materialismo y utilitarismo de la América anglosajona, sino también a todas las hegemonías e ideologías extranjerizantes, descartadas como "nordomanía".




  1. La búsqueda de la identidad permea las obras culturales latinoamericanas en el siglo veinte, particularmente la literatura y otras ramas de la expresión artística. Los analistas y críticos de la novela y del ensayo, de las formas musicales, de la expresión pictórica y escultórica, subrayan una y otra vez este hilo conductor de la cultura latinoamericana contemporánea: la búsqueda de la identidad. Esta tarea se da tanto en el nivel propiamente nacional, como en el regional y continental. Por una parte, se explora la "esencia" de lo mexicano, lo peruano etc.; por la otra, se reafirma la unidad de América Latina más allá de las fronteras nacionales, y se proclama que el verdadero nacionalismo no está limitado por las fronteras políticas, sino que es también un nacionalismo regional latinoamericano.




  1. A partir del siglo diecinueve aparece en la cultura popular y la literatura de Argentina el personaje del gaucho, tal vez como primer tipo humano auténticamente americano de la literatura, idealizado, mitificado, portador de virtudes y de características que se dice expresan el alma nacional argentina. Posteriormente el tema de la población indígena capta la imaginación de numerosos novelistas latinoamericanos (Ciro Alegría, José María Arguedas en Perú, Jorge Icaza en Ecuador, Miguel Angel Asturias en Guatemala y Gregorio López y Fuentes y Francisco Rojas González en México), quienes desarrollan la narrativa indigenista.




  1. La revolución mexicana de 1910-1917 marcó profundamente el pensamiento latinoamericano. Las ideas que generó este movimiento social popular, agrario e indigenista, calificadas con el término “nacionalismo revolucionario”, se propagaron a otros países e hicieron eco en la constitución de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) de Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú, así como en la ideología de la revolución boliviana de 1952.




  1. En términos de objetivos programáticos, las revoluciones mexicana y boliviana, así como otros movimientos semejantes, plantearon dos grandes temáticas que estuvieron vigentes en América Latina durante buena parte del siglo veinte. Por una parte, la realidad campesina y el movimiento de la reforma agraria, tema que ha marcado profundamente el quehacer político e intelectual de numerosas naciones del continente. En segundo lugar, el indigenismo, esa gran corriente ideológico-cultural que ha marcado a los países indoamericanos, aquellos con fuerte población indígena, tanto en cuanto a políticas educativas y culturales, como en la creatividad intelectual misma.




  1. De la heterogeneidad étnica que ha marcado la conformación de las culturas latinoamericanas surgió el proceso de mestizaje biológico y cultural. El contacto entre los tres grandes troncos étnicos de la región (el europeo sobre todo en su vertiente ibérica y mediterránea, el indígena y el africano) ha resultado en la constitución de un nuevo grupo étnico, el de los mestizos, al que con frecuencia se le identifica con la personalidad actual y el nacionalismo latinoamericanos. Mestizaje significa no solamente cruzamiento entre hombres y mujeres de razas y culturas distintas, sino el surgimiento de tipos humanos y más importante aún, de culturas esencialmente diferentes bajo determinadas de sus raíces originales. A través de este proceso de mestizaje, se fue conformando una nueva cultura latinoamericana que no es ni propiamente europea ni indígena ni africana, sino que incluye elementos básicos de estos diversos orígenes pero es a la vez algo distinto.




  1. El sincretismo cultural representado por el mestizaje se manifiesta en todos los niveles del quehacer humano y social. Si los europeos aportaron la lengua y religión oficiales, las leyes, las armas y las instituciones políticas, los indígenas aportaron la tecnología agrícola, los hábitos alimenticios, las creencias populares, las artesanías; y los africanos su música y su religión popular. Sería ocioso confeccionar listas de elementos culturales aislados y atribuirlos a tal o cual origen, aunque para la historia cultural de un pueblo esto no carece de importancia. Lo importante es reconocer que si bien una cultura, la europea, se impuso a la indígena, y si bien los contingentes de población africana sufrieron un proceso de desculturización por la naturaleza misma de su migración involuntaria, el resultado de estos procesos ha sido la emergencia en América Latina de una nueva cultura sincrética que se alimenta de sus raíces europeas, indígenas y africanas pero que ha desarrollado elementos propios que la distinguen de sus antecesores.




  1. El segmento mestizo de la población que durante la Colonia y todavía a principios de la era republicana era despreciado y marginado, fue ahora considerado como elemento nuevo y dinámico de la sociedad, factor de establidiad en lo político y social, identificado con la "clase media" progresista y emprendedora, y transformado en símbolo de la nueva nacionalidad. Numerosas naciones de la región se perciben a si mismas como sociedades mestizas. El concepto mismo de nación se finca a veces en su composición mestiza. En cuanto al componente indígena, este es a veces rescatado del olvido y glorificado como otro de los pilares de la nacionalidad, aunque el indígena vivo y contemporáneo siga discriminado y marginado: la cruel y racista distinción entre “el indio vivo y el indio muerto”. Durante el siglo veinte se sostiene que la nueva cultura nacional es la síntesis de las dos culturas originarias --la hispánica y la indígena. La esencia de América Latina, como proclamara el filósofo mexicano José Vasconcelos en los años veinte, sería mestiza, una nueva "raza cósmica" a la cual el filósofo le auguraba toda clase de potencialidades.




  1. Pero al tiempo que avanza el mestizaje y se instala el “mito del mestizo”, en otro nivel el choque y los conflictos entre los distintos pueblos que han conformado a Latinoamérica dio lugar a lo largo de medio milenio a sociedades altamente segmentadas, fracturadas y estratificadas en donde siguen prevaleciendo la discriminación, el exclusivismo étnico, el racismo más o menos latente o manifiesto, el etnocentrismo, el desconocimiento, la desconfianza y el temor mutuos. La dialéctica del cambio social histórico ha dado simultáneamente un proceso de integración étnica y mestizaje por una parte y por la otra la segmentación y estratificación étnica y cultural de las sociedades latinoamericanas.




  1. Un sistema social asentado sobre estas bases resulta estable por largo tiempo pero no es inmutable. Además genera resistencias y fuerzas contrarias. La historia de Latinoamérica está salpicada de rebeliones populares, revoluciones y movimientos sociales que una y otra vez han puesto en entredicho los esquemas dominantes y han generado ideologías libertadoras y alternativas. Entre estas vale la pena mencionar a los movimientos milenaristas o mesiánicos, vinculados a creencias y representaciones populares, productores de utopías y de promesas frustradas mas siempre renovadas y recreadas.




  1. El pensamiento religioso no ha estado ajeno a estas preocupaciones. Relegado durante mucho tiempo como "escolástico" y dogmático e irrelevante a los problemas contemporáneos de la cultura latinoamericana, el pensamiento católico intentó en décadas recientes recuperar terreno en el quehacer cultural. Por una parte han surgido nuevas tareas misioneras, como la de "evangelizar la cultura"; por la otra se ha redescubierto la importancia de la religiosidad popular como fenómeno cultural y sociológico. Uno de los movimientos religiosos más significativos es la teología de la liberación, una corriente renovadora y liberadora del cristianismo tradicional, vinculada a las luchas sociales populares de América Latina. Una variante conocida como teología india tuvo fuerte influencia en los movimientos sociales en Chiapas que culminaron en el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en 1994. Por otra parte, la creciente actividad e importancia numérica de las iglesias evangélicas en países tradicionalmente católicos plantea retos al estudio del cambio cultural en la región, y no deja de tener importancia política en algunos países.


La cultura de la liberación en el Caribe


  1. En el Caribe la larga noche colonial, caracterizada por la economía de plantación de caña de azúcar basada en el trabajo esclavo, limitó todo desarrollo cultural significativo antes del siglo XIX. La independencia de Haití, primer país libre de América Latina, en el cual los antiguos esclavos negros decidieron asumir su propio destino, libera energías sociales que posteriormente repercutirán en todas las Antillas así como en América del Sur. A mediados del siglo XIX hay ya una gran efervescencia intelectual en Cuba que se canaliza posteriormente en la lucha antiimperialista, primero contra España y después Estados Unidos, la nueva potencia hegemónica. En Puerto Rico, Emeterio Betances levanta la bandera de la "antillanidad" desde los años sesentas de ese siglo.




  1. En las Antillas, la conciencia anticolonialista adquiere en el siglo veinte un matiz racial, como resultado de la discriminación y opresión de que son víctimas los pueblos antillanos de origen africano. El "garveyismo" plantea un retorno a Africa en los años veintes y su movimiento tiene gran influencia en la región así como en Estados Unidos. Posteriormente, surge el movimiento literario y político de la negritud, en el cual se mezclan factores ideológicos, culturales y raciales. y del cual forman parte figuras de la talla de Jacques Roumain y René Depestre (Haiti), Aimé Césaire (Guadeloupe), Walter Rodney (Guyana), Frantz Fanon (Trinidad), Nicolás Guillén (Cuba), y aún Léopoldo Sedar Senghor en el lejano Senegal. Este movimiento antillano a su vez inspirará años más tarde al black power movement en Estados Unidos. La lucha contra el colonialismo y por la dignidad humana se expresa también en las Antillas a través de nuevas formas culturales como el movimiento étnico-religioso de los Rastafari, surgido en Jamaica con inspiración etíope, y que se ha diseminado entre la población negra de Estados Unidos y Reino Unido así como en otras partes. En el campo de la música, el calypso y el reggae se transformaron en movimientos musicales de alcance universal, con su componente de protesta y crítica social y de orgullo étnico. En el Caribe, como en América Latina, la creatividad cultural (narrativa, poesía, música, artes plásticas) no puede desvincularse de los grandes problemas económicos y sociales que enfrentan las sociedades nacionales


La era de las inmigraciones


  1. El aporte cultural de los esclavos africanos ha sido fundamental an la región. Originarios de diversos pueblos del continente africano, transformados en mercancía, deshumanizados, desculturizados, su contribución a la economía colonial fue fundamental a lo largo de los siglos. La cultura negroamericana mantiene sus raíces africanas, y puede ser considerada como una de las múltiples culturas oprimidas, de resistencia, de nuestra América. Durante largo tiempo fue ignorada y menospreciada por los grupos dominantes y excluída de la cultura nacional oficial, pero en varios países han aparecido movimientos de revitalización de las identidades afrolatinoamericanas.




  1. A partir del siglo diecinueve la región recibió a millones de inmigrantes europeos (veinte millones sólo entre 1821 y 1932) a los que se agregaron también inmigrantes de países asiáticos y del medio oriente. Sus diversos aportes a la cultura latinoamericana han sido considerables y se enriquecieron con los de numerosos grupos de refugiados políticos durante el siglo veinte.




  1. En resúmen, las diversas corrientes migratorias que confluyeron en América Latina desde la época de la Colonia, han contribuido al proceso de mestizaje y a la conformación de una nueva cultura latinoamericana. Procesos de migración y mestizaje que se dieron bajo el signo de la violencia y del conflicto social y económico, y generalmente en el marco de estructuras sociales rígidas y jerarquizadas así como de sistemas políticos oligárquicos y autoritarios, pero que a pesar de todo ello contribuyeron al nacimiento de identidades culturales nuevas y distintas.


Los pueblos y las culturas indígenas


  1. El antropólogo brasileño Darcy Ribeiro nos habla de los distintos pueblos que hoy en día conforman la región latinoamericana. Por una parte menciona a los "pueblos testimonio", descendientes directos de las grandes civilizaciones prehispánicas, portadores todavía hoy en día de fuertes rasgos culturales indígenas. Si bien es cierto que hoy constituyen culturas profundamente transformadas por la conquista, la colonización, la evangelización, la asimilación lingüística y la subordinación al poder político estatal, los "pueblos testimonio" representan con su fuerte personalidad cultural una fuerza pujante que reclama el reconocimiento de sus derechos culturales y su legítimo lugar en la constelación cultural de América Latina.




  1. En segundo lugar Ribeiro señala a los "pueblos nuevos, surgidos de la conjunción, deculturación y fusión de matrices étnicas africanas, europeas e indígenas", que componen entidades étnicas distintas de sus matrices constitutivas, como un subproducto de proyectos coloniales europeos. Se trata por supuesto del Brasil y de la región del Caribe. Finalmente existen en América Latina los "pueblos trasplantados", correspondientes a las naciones modernas creadas por la migración de poblaciones provenientes de otros continentes, como son Argentina, Chile y Uruguay.




  1. Sin duda en la América hispana continental el elemento étnico más importante después del ibérico es el indígena. Pero, ¿quiénes son los indios y cuántos hay en Latinoamérica? Si bien los criterios usados en las definiciones varían de un país a otro y los datos censales son poco confiables, se estima que existen más de 400 grupos indígenas identificables, con una población total de más de cuarenta millones, que incluyen desde pequeñas tribus selváticas del Amazonas, numéricamente insignificantes y casi extintas, hasta las sociedades campesinas de los Andes, que suman varios millones de habitantes. México tiene la población indígena más numerosa de América Latina, alrededor de quince millones, que representan el 15% de la población total. En contraste, los indios de Guatemala y Bolivia constituyen la mayoría de la población nacional, y en Perú y Ecuador llegan casi a la mitad. En Brasil, los indígenas representan menos del medio porciento de la población total, pero como son los habitantes originales de la cuenca amazónica, han jugado un papel importante en la resistencia contra la depredación de sus territorios, exigiendo derechos territoriales y representación política, luchando por la preservación del medio ambiente amazónico y logrando su incorporación en la nueva constitución brasileña adoptada en 1988. En algunas regiones y en numerosísimos municipios los pueblos indígenas son mayoría absoluta de la población.



  1   2   3   4   5


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal