Omne agens agit propter finem



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"OMNE AGENS AGIT PROPTER FINEM".

EL PRlNClPIO DE FINALIDAD EN SANTO TOMAS

DE AQUINO*

LORENZO DE GUZMAN VICENTE BURGOA, O.P,


"Sicut autem ens est primum quod cadit in apprehensione simpliciter, ita bonum est primum quod cadit in apprehensione practicae rationis, quae ordinatur ad opus: omne enim agens agit propter finem, qui habet rationem boni"(1-2, q. 94, a. 2c)

Tomamos como punto de partida de estas reflexiones el anterior texto de santo Tomás, uno entre tantos, en los que se formula el llamado "Principio de finalidad": "omne agens agit propter finem"1 . El particular interés de este texto radica en que, a través del mismo, se vincula y enlaza todo el orden práctico en un plano metafísico, enraizándolo en el bonum, y, en último término, en el ens. Con lo cual se enlazan también el orden practico y el especulativo o sapiencial. Por ello tal principio se presenta como base sólida y unitaria, no sólo del orden operativo —aunque tal sea el sentido formal del contexto—, sino también en un plano especulativo, como "principio" regulativo de nuestros conocimientos.


Que tal principio sea regulador del orden operativo humano, a través de la razón práctica y ello según la mente de santo Tomás, es algo que no necesita una larga demostración. La razón practica incluye también, de alguna manera, la voluntad o, más en general, la tendencia apetitiva. Y ésta tiene como punto de mira el bonum: "Bonum est quod omnia appetunt"2. Y decir que el bonum es punto de mira o término de la tendencia apetitiva equivale a decir que es fin. Por ello, el fin es, como advierte santo Tomás en múltiples ocasiones, principio primero del orden práctico3 .
Mas, por otra parte, el fin es la "causa causarum"4 ; la primera y principal entre las causas. Pero el juicio acerca de lo real, cuando se hace "per altissimas causas" y particularmente por medio de la "causa final", es justamente lo que entendemos por "sabiduría" o conocimiento sapiencial5 . Por ello nada tiene de especial que del "fin" y del "bonum" se derive uno de los principios o "dignitates" del conocimiento en general: el principio de finalidad.
En lo que sigue abordamos el llamado "principo de finalidad", no como regulador del orden práctico —lo que suele ser bastante evidente y comunmente admitido, al menos dentro del pensamiento tomista—; sino como principio especulativo, es decir, como uno de los judicia per se nota, regulador también del conocimiento teórico. Es aqui precisamente donde pueden presentarse dificultades y objeciones, que trataremos de exponer dentro de los límites de este trabajo.
En primer lugar, se presenta el problema acerca de la recta y más conveniente formulación de dicho principio. Y dentro de esto, cuáles son las fórmulas empleadas comúnmente por el mismo santo Tomás. En segundo lugar, es necesario determinar con toda precisión el sentido de este principio y de los términos que entran en el mismo: es decir, en qué sentido puede admitirse como un principio evidente y universal (per se notum). Esto lleva consigo el problema acerca de su posible carácter tautológico, al igual que sucede con otros principios primarios de la razón humana. En tercer lugar, se ha de tratar sobre el valor y el alcance del principio de finalidad, especialmente cuando se trata de hacer uso del mismo en el plano del conocimiento teórico. Pues parece que tal principio no puede aplicarse sin más al orden real o existencial, sino a través de ciertas condiciones o precisiones; lo que parece acontecer también con otros principios, como el principio general de causalidad.

1. Las fórmulas tomistas del principio de finalidad

En santo Tomas encontramos, no una, sino múltiples formulaciones del principio de finalidad. Ello parece obedecer a que unas veces se pone el acento en un aspecto o en un determinado elemento del principio y otras en otro, según lo requiera el contexto del problema, que se trata en cada caso.


a) Comencemos por las formulaciones que adquieren un sentido negativo o que acentúan el papel del agente: "Non in vanum agens aliquod operatur" 6; o también: "Agens non movet nisi ex intentione finis"7 . Y esto porque: "Si enim agens non esset determinatum ad aliquem effectum, non magis ageret hoc vel illud; ad hoc ergo quod determinatum effectum producat, necesse est quod determinetur ad aliquid certum, quod habet rationem finis"8.
En efecto, la indeterminación equivale aqui a indiferencia operativa. Ahora bien, lo que es indiferente para obrar o no obrar, para producir esto o aquello, se mantiene en un estado potencial. No ha pasado al acto. O sea, permanece en estado inactivo. Solamente un objetivo estimulante, que por lo mismo adquiere la categoría de fin, es capaz de sacarlo de tal indiferencia operativa.
b) Otras veces se pone el acento en la tendencia o apetito del fin: "Agens non movet, nisi ex intentione finis"9; o tambien: "Omne agens aliquo modo appetit finem"10 .
La tendencia al fin es uno de los elementos básicos del orden finalístico. La tendencia parece insertarse, como puente, entre el agente y el fin. Implica el fin, como término ad quem; e implica al agente como término a quo.
La tendencia brota del agente como expresión de su potencialidad, como preludio de una expansión de su ser. No se trata, pues, de una potencialidad puramente pasiva, sino de una potencialidad radicada en un sujeto, que ya está en acto de alguna manera, que ya existe. Mas tampoco es un acto perfecto y acabado, sino en tensión hacia una perfección ulterior. Asi la tendencia o apetito en general radica en el estado de limitación y de potencialidad del ser finito, que pugna por llegar a su pleno desarrollo, a su actuaciÓn completa. Ahora bien, un ente, que está en potencia, pero que no es pura potencia, sino acto inacabado, es un ente en situación de eambio, en peripecia transitiva; en una palabra, en movimiento, según la conocida definición aristotélica11. Por ello, la finalidad, como implicando tendencia, se inserta propiamente en el plano del ser finito y ereado, el ser eumpuesto de acto y potencia. Siendo la tendencia la expresión ontológica de esa tensión dialéctica entre su potencialidad y su actuación completa.
e) Es frecuente acentuar la idea de fin, en cuanto es el bonum, lo conveniente para el agente: "Omne agens agit quod est sibi conveniens; id autem ad quod tendit actio agentis dicitur causa finalis"12. O también la conocida y reiterada fórmula: "Omne agens agit propter bonum"13 .
La virtualidad causativa propia del fin deriva de su carácter de bonum et conveniens. Es esto lo que lo convierte en estímulo y en motivo, o motor de las operaciones. Y en esto se distingue la causa final de la causa agente; ésta realiza su acción causal por modo de impulsión, de producción, de acción "desde atrás", de fuerza creadora, etc. En cambio la causa final actúa por atracción, por comunicación de si misma, por difusión, actúa desde el futuro a través del deseo; actúa, pues, a través del amor que suscita. El bien es "quod omnia appetunt"14.
Por ello, en otra fórmula similar se dice: "Qmne agens agit secundam quod bonum intendit, quia finis movet agentem"15. Aqui se expresa tambien la primacía del bien, como causa, que influye y mueve a obrar incluso al agente.
d) A veces se pone de relieve la causalidad formal, que reviste el fin. Asi la fórmula: "Omne agens agit sibi simile"16, puede considerarse también como fórmula del principio de finalidad. Ciertamente que, in recto, está expresando la causalidad formal o de semejanza. Mas tampoco se trata de la forma intrínseca, en cuanto "informa" la materia, dándole el acto y el esse17 ; sino de la causa formal extrinseca o ejemplar, en cuanto es directiva de la actividad del agente; de lo cual resultará semejanza entre agente y efecto. La forma intrinseca, en cuanto acto, es principio efielente de la actividad del agente18. Pero en cuanto modelo, es punto de mira, ejemplar directivo de la acción y término especificativo de la misma: se convierte asi en causa final. Por ello el fin tiene dos funciones principales: ser motivo de la actividad y ser directivo de la acción.
e) Sin embargo, la fórmula más corriente y usual es, sin duda, la que nos ha servido de título: "Omne agens agit propter finam"19. O de modo todavia más premioso: "Omnia agentia necesse est agere propter finem"20.
Esta segunda formulación parece responder mejor al sentido de "principio necesario". Se trataría de una proposición modal de necessario, en que el modus afecta a la unión del predicado con el sujeto. No se ha de confundir con proposiciones que indican necesidad en la misma operación: es decir, no se afirma que "todo agente obra por un fin necesario"; sino que "obra por un fin necesariamente". Lo anterior sería una formulación determinística, totalmente ajena a santo Tomás, el cual admite la contingencia y la frustración en la consecución del fin. Se refiere, pues, a la necesaria conexión lógica entre los términos de la proposición: "agens" y "propter finem". Volveremos luego sobre esto.
Como puede observarse, cada una de estas diversas fórmulas pone de relieve algunos de los elementos básicos de toda actividad finalística: el agente y su actividad, la tendencia, el bonum, el fin... Por ello, todas estas fórmulas pueden reducirse a la citada en último lugar, que de alguna manera condensa en si todos esos elementos: "Omne agens agit propter finem". En esta fórmula se implica: el agente (agens), la actividad (agit), la tendencia (expresada en la partícula “propter"), el bonum y el fin (finem). Por ello la tomaremos en adelante como el modelo del principio de finalidad.
Por lo demás, esta doctrina, como es sabido, le viene a santo Tomás de Aristóteles. E1 fin es aquello "cuius gratia" o "cuius causa" se hace algo21 . Es, por ello, aquello hacia lo que tiende el ímpetu del agente: "Hoc dicimus esse finem in quod tendit impetus agentis"22. Entre el agente y el fin existe una cierta correspondencIa: el agente es el comienzo del movimiento (terminus a quo); el fin es término (ad quem) del mismo23.
2. Sentido preciso de la fórmula
¿Qué sentido ha de darse a los términos, para que esta fórmula sea un verdadero principio, es decir, una proposición evidente por sí misma (per se nota) y punto de partida de otras verdades?
Una proposición es evidente por si misma (per se nota) cuando la conexión entre el predicado y el sujeto es también de evidencia inmediata: es decir, no necesita de un medium demostrativo, sino que inmediatamente se aprehende en sí misma., y no depende de un conocimiento anterior24 .
Ahora bien, esto acontece en dos clases de proposiciones. Las que se refieren a hechos singulares, y que son conocidas por experiencia inmediata. Se llaman "positiones"25; o, como actualmente se dice, "proposiciones protocolares". En ellas se expresan acontecimientos o hechos simples de la realidad concreta, como el resultado de un experimento o una medida, etc. Son la base de las ciencias empíricas. Pero hay otras, que corresponden a juicios universales, en los cuales "praedicatum est de ratione subjecti": se llaman "principia", "dignitates" y "propositiones maximae"26. Son los primeros principios de la razón humana, o principios 1ógicos, que son los gérmenes de las ciencias, "semina scientiarum"27 .
Nos limitamos ahora a esta segunda clase de proposiciones per se notae. ¿Puede contarse entre ellas la propostción "omne agens agit propter finem"? ¿Cómo es evidente en sí misma?
La evidencia de tales proposiciones o principios depende de la conexión necesaria del predicado con el sujeto: "Quaelibet. propositio, cuius praedicatum est de ratione subiecti, est inmediata et per se nota, quantum est in se", repite santo Tomás28. Ahora bien, en una proposición "praedicatum est de ratione subiecti", cuando pertenece a la definición misma del sujeto29. Se trata, por tanto, de proposiciones, en las que el término "predicado" pertenece al sujeto, ya. como definición total del mismo, ya como parte intrínseca, ya como propiedad, que necesariamente se deriva del sujeto. El predicado pertenece al sujeto según algunos de los predicables o modi dicendi per se30

En el lenguaje de la filosofía moderna, tales proposiciones se llaman analíticas, ya que la conexión necesaria entre el predicado y el sujeto es conocida por simple análisis del mismo sujeto, en el cual está incluido de alguna manera el predicado. Para. Kant, tales proposiciones no añaden nada nuevo al conocimiento del sujeto31. Para los modernos 1ógico-matemáticos, tales proposiciones se denominan tautologías, ya que la conexión entre el predicado y el sujeto se verifica mediante una equivalencia o bicondicional; es decir, se funda, en último término, en la relación de identidad.


Tomemos ahora el principio de finalidad: "omne agens agit propter finem". Para que sea una proposición per se nota o evidente en sí misma, es necesario que el predicado "agit propter finem" pertenezca intrínseca y necesariamente al sujeto "agens". ¿Es esto así? ¿Podemos concluir del análisis de "agens", que todo agente obra necesariamente por un fin? A primera vista no aparece esto claramente.
Si entendemos por "agens" la causa agente, es decir, aquella que produce un determinado efecto (causa eficiente) nos encontramos con que existen efectos, que son simples resultados de fuerzas ciegas, o bien son acontecimientos que dependen de una.interferencia fortuita de varias causas; o bien, son resultados indirectos de una acción, que no estaban intentados en sí mismos ni por sí mismos: p. ej. el derrumbamiento de una casa por un terremoto; o la lluvia, como resultado de la presión atmosferica, temperatura, saturación, etc.; o el hallazgo fortuito de un tesoro, etc., etc . Son los efectos per accidens, preterintencionados, casuales, no intentados, contingentes, aleatorios, etc. Por consiguiente, para tales efectos no se podría afirmar que "omne agens" obra por un fin, ya que no han sido buscados como término de una intencionalidad, sino que acontecen de modo totalmente casual. Y que tales efectos existan y sean reconocidos como tales por santo Tomás, es algo claro, desde el momento en que no admite que todo acontezca de modo necesario32. Según esto, la proposición habría que reducirla a "aliquod agens agit propter finem".
Por otra parte, para "obrar por un fin", parece que se requiere que el fin sea conocido previamente como tal, ya que de lo contrario no se podría tender a él, no se podría "obrar con vistas a un fin". Mas no todos los agentes son agentes dotados de conocimiento, como está claro. Y menos aún de conocimiento reflejo, que capta el fin como fin, y no como simple término. Por tanto, el principio habría que reducirlo todavía más, es decir, reducirlo a los agentes conscientes, e incluso inteligentes.
Es claro que estas dos dificultades se han presentado constantemente en la historia del pensamiento, desde los presocráticos, hasta nuestros días, en contra de la validez universal del llamado "principio de finalidad". Veamos cómo las resuelve santo Tomás, comenzando por la. segunda; ello nos dará como resultado el sentido preciso de la fórmula de dicho principio.
a) En cuanto a la segunda dificultad, santo Tomás entiende que el "agere propter finem" sigue a la tendencia o appetitus del fin. Es, en efecto, esa tendencia, apetito o amor al fin, que se presenta como un bien, lo que mueve a obrar al agente, sacándolo de su potencialidad o indiferencia operativa.
Ahora bien, el tender a un fin no implica necesariamente el conocimiento previo del fin en aquello que tiende al fin. Distingue una doble tendencia: la natural (appetitus naturalis) y la consciente o elícita, subsecuente a un conocimiento. De ello se deriva un doble tipo de agente: el agens per naturam y el agens per intellectum:
"Agens per intellectum agit propter finem sicut determinans sibi finem; agens autem per naturam, licet agat propter finem, ut probatum est, non tamen determinat sibi finem, cum non cognoscat rationem finis, sed movetur in finem determinatum sibi ab alio"33 .
Así pues, el "impetus agentis" o tendencia natural no supone conocimiento, es una inclinación o propensión espontánea, que surge de la misma naturaleza o forma de los seres, en cuanto éstos tienden naturalmente a su propia perfección o bien. Por ello dice: “Appetitus naturalis non sequitur aliquam apprehensionem"34 . Un ejemplo frecuente es el de la flecha lanzada por el arquero, que tiende al blanco, como a su fin, dirigida por otro35.
Se ha de distinguir, pues, entre el hecho de tender a un fin, y el modo. El hecho de tender a un fin es común a todos los seres, ya sea por medio de la tendencia o "amor naturalis", ya sea por medio de la tendencia consciente. El modo, en cambio, es diferente; pues mientras los seres que carecen de conocimiento, tienden al fin por simple instinto o inclinación natural, los seres dotados de algún tipo de conciencia tienden al fin, además de por el apetito natural, por medio de la aprehensión del objeto conveniente. El principio de finalidad no se refiere, claro está, al modo de tender al fin, sino simplemente al hecho; y este hecho se muestra universalmente en todos los agentes.
b) En cuanto a la primera dificultad, se ha de tener presente la distinción fundamental entre el "agens per se" y el "agens per accidens"36.
Una causa agente se dice "causa per se" con respecto al efecto o efectos que intenta de suyo producir; es decir, con respecto a aquellos efectos, que son intentados directamente y que son proporcionados a dicha causa. Se dice, en cambio, "causa per accidens" con respecto a los efectos no intentados de suyo, sino que accidentalmente o de modo casual están conectados, ya sea con la misma causa agente, ya sea con el efecto producido per se37. Lo cual puede ocurrir de varias maneras. Unas veces se trata de condiciones, circunstancias o modalidades de la misma causa agente. Otras veces se trata de lo que ramueve los impedimentos de la acción (removens prohibens); otras, de efectos conseguidos al margen de la intención del agente, preterintencionados, pero que se hallan de alguna manera conectados con los efectos intentados directamente o per se; y otras, finalmente, de simples coincidencias fortuitas38.
Según esto, es claro que, tratándose de una causalidad accidental y de efectos preterintencionados o casuales, no puede hablarse de "agens" en sentido propio: tales efectos no responden al concepto propio de causalidad agente, sino que son meras conexiones accidentales. Santo Tomás llega a decir que tales efectos per accidens, en rigor, no tienen una causa (es decir, una causa per se, en sentido propio)39 .
De todo lo cual podemos concluir que cuando se habla de "agens", se ha de entender, no en sentido marginal o accidental, impropio; sino en su sentido propio, esto es, como agens per se. Ya que ser causa accidental de un efecto no pertenece propiamente al orden de la causalidad. Por ello, la simple contigüidad espacio-temporal entre dos objetos o fenómenos no es condición suficiente para hablar de causalidad en sentido propio. El "post hoc, ergo propter hoc" no es, para santo Tomás, en ningún caso un signo, ni una prueba de causalidad en sentido propio.
Por tanto, cuando se afirma que "omne agens agit propter finem", la palabra "agens" se ha de tomar en su sentido propio; es decir, del "agens per se", del agente que intenta de suyo producir un efecto determinado; y con respecto a tal efecto intentado; no con respecto a los otros efectos preterintencionados.

Por otra parte, es también claro que los llamados "efectos per accidens" no tienen lugar, sino en cuanto son como "accidentes" de los efectos per se o intentados por si mismos: p. ei., el hallazgo de un tesoro al arar la tierra. Por ello, si no hubiera causalidad per se —efectos intentados por si mismos - tampoco se producirían los efectos accidentales o marginales.



3. Evidencia del principio de finalidad. Su carácter tautológico.-
Hechas las anteriores precisiones, ya podemos tratar acerca de la evidencia propia del principio de finalidad. Tal principio podría reformularse así: "Omne agens (per se) agit propter finem".
Mas si el "agens per se" es el que intenta directamente producir un efecto determinado, es claro que tal efecto viene a constituirse en el fin propio o per se de la actividad de dicho agente. No sería ya algo preterintencionado o fortuito, sino algo definido y buscado, intentado como fin. Vemos entonces que el predicado "agere propter finem" se halla ya. incluido en la noción misma del sujeto "agens per se". Obtenemos asi la siguiente progresión de equivalencias:
Agens per se = agens ex intentione = agens propter bonum = agens propter finem.
Los términos intermedios entre “agens per se" y "agens propter finem" no son, en realidad, medios distintos de los extremos, sino que son real y conceptualmente idénticos con ellos. No hacen más que analizar lo que ya se encuentra en el sujeto. Así pues, el predicado no es más que la definición misma. del sujeto, ya que es propia y necesariamente "de ratione subiecti".
Como vimos anteriormente, cuando un predicado es "de ratione subiecti", entonces la proposición que forman es una proposición necesaria y evidente por si misma (per se nota). Es una evidencia intuitiva o inmediata, ya que, entendidos debidamente los términos de la misma, se comprueba su mutua identidad. Ello hace que tal proposición sea un principio lógico o principio del conocimiento.
Por ello, una tal proposición no admite propiamente una demostración en sentido estricto; ni tampoco la necesita, ya que no se necesita acudir a término medio alguno para ver la relación entre predicado y sujeto; se entiende de término medio que no sea realmente y noéticamente equivalente a los extremos.
Sin embargo, tales proposiciones admiten una mostración, en el sentido de análisis y clarificación de los términos. Y admitirían también una demostración indirecta o ad absurdum40. Tal demostración consistiría esencialmente en ver lo absurdo o los inconvenientes de la hipótesis contraria, o sea, de la negación de la proposición en cuestión. Tal procedimiento parece seguir este esquema 1ógico: "Si, si A entonces B; y no es el caso que B; entonces no A", que se denomina por los lógicos modus tollendo tollens41. 0 como decían los escolásticos: "a falsitate consequentis ad falsitatem antecedentis": si en una condicional el consecuente es falso (o imposible o absurdo), entonces ha de ser también falso el antecedente, que lo implica. Así, .si tomamos como condicionante la antítesis de una. proposición, y como condicionado los resultados 1ógicos derivados de la misma; y luego advertimos que tales resultados son absurdos o imposibles; en tal caso debemos proceder a negar tal antítesis, afirmando consecuentemente la tesis.
Tomás de Aquino ha tratado de mostrar la evidencia del principio de finalidad en varios lugares de sus obras, especialmente en Contra Gentes (III, 2), en donde toda una cascada de razonamientos se endereza a justificar dicho principio.
Unas veces se trata de mostrar la coherencia. del predicado con el sujeto, a hase de esclarecer los términos: "hoc dicimus esse finem in quod tendit impetus agentis...Omnis autem agentis impetus ad aliquid certum tendit...Oportet igitur quod omne agens intendat finem". (Ib. a). Tender a algo "certum" es tender a algo "definido", concreto y determinado; por tanto es tender a un fin.
Pero la mayoría de las veces se trata más bien de una demostración indirecta o per absurdum, mostrando los inconvenientes de la tesis negativa. Podríamos resumir toda la argumentación del modo siguiente:
Si el agente no obrara por un fin (hipótesis contradictoria), se seguirian los siguientes inconvenientes:
—Todo ocurriría como por casualidad: "ex actione agentis non magis sequeretur hoc quam illud, nisi a casu"42 .
—No habría actividad, ya que el "agens non movet nisi ex intentione finis"43 .
—Habría infinitos pasos o términos medios entre la acción del agente y el efecto, lo que requeriría acciones infinitas: "actiones in infinitum tenderent; quod quidem est impossibile, quia cum infinita non sit pertransire...." [Post. Analyt. I, 22, 2; 82b], agens agere non inciperet; nihil enim movetur ad id ad quod impossibile est pervenire"44 .
—No se podría hablar de fallos ("peccata"), ni en las obras de la naturaleza, ni en las del arte humano, ya que los fallos solamente tienen lugar "in his quae sunt propter finem": Son desviación de la rectitud, que marca una meta o fin. Pero tales fallos existen, tanto en la naturaleza ("ut patet in partubus monstruosis"), como en las artes..45.
—Todos los efectos serían indiferentes respecto de la causa agente: "Quod autem indifferenter se habet ad multa, non magis unum eorum operatur quam aliud; unde a contingente ad utrumlibet non sequitur aliquis effectus, nisi per aliquid determinetur ad unum. Impossibile igitur esset quod ageret"46.
Por tanto, la hipótesis negativa es inaceptable; por lo que hemos de estar a la tesis de que "todo agente obra por un fin".
Por tanto, el principio de finalidad muestra su evidencia, tanto positivamente —por medio de una recta exégesis de los términos—, como negativamente, por los absurdos que se siguen necesariamente de la hipótesis contraria.
Se trata, entonces, de una proposición de las llamadas "tautologias", ya que el predicado está incrustado necesariamente en la noción misma del sujeto. Y es, justamente por eso, por lo que es de evidencia inmediata, per se nota. Y si la conexión entre el predicado y el sujeto es necesaria, se sigue que es también un principio universal: ya que lo nceesario es, por definición, lo que no puede no ser47. Luego el cuantificador proposicional "todo", que es el signo de uníversalidad, se deriva también de esa conexión entre predicado y sujeto.
A alguno pudiera parecer extraña o inadecuada esta denominación de "tautología", que ciertamente no parece encontrarse en santo Tomás, al menos expressis verbis; aunque va inclusa en la idea de. toda proposición, cuyo predicado "est de ratione vel definitione subiecti", como vimos antes. Y ello por entender que, en tal caso, carecería de valor. Mas sobre esto volveremos en el apartado siguiente.
Mas no parece dudoso que todos esos juicios, considerados como principios primarios de la razón, sean verdaderas tautologias. En todos ellos el predicado "est de ratione subiecti" y ello de modo necesario. Veamoslo brevemente.
E1 principio de contradicción: “Impossibile est esse et non esse simul"48. O en su formulación más propia de la 1ógica: "Impossibile est simul affirmare et negare idem de eodem"49.

Tenemos las siguientes equivalencias:



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