Nuestras decisiones. De eso se habla o no se habla!!! En los libros no están las respuestas



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Nuestras decisiones. De eso se habla o no se habla!!!

En los libros no están las respuestas

O simplemente ¡Auxilio sexto año!

Marcela
En el mes de Mayo comencé mi primer residencia en una escuela del distrito de Avellaneda, ubicada sobre una arteria céntrica de la ciudad.

En el Instituto se procedió por sorteo para ubicarnos en el primer o bien en el segundo ciclo de EGB. Por sorteo me tocó primer año, sin embargo accedí a cambiar por sexto ya que ninguna de mis compañeras quería tomar de entrada un curso con chicos grandes, y a mí realmente me daba lo mismo. A esta altura deseo aclarar que por mi forma espontánea de ser tiendo a reaccionar muy rápido, resolviendo los problemas que se presentan. Hoy podría preguntarme si realmente me daba lo mismo, si llegué a pensarlo O si como dicen los adolescentes simplemente me mandé.

Durante el período en el cual di clases, me sentí muy cómoda, iba a la escuela con muchas ganas ¡ Por fin estaba haciendo lo que me gustaba y para lo cual me había estado preparando desde la secundaria! ( ya que hice el Bachillerato con orientación Docente en el E.N.S.P.A). Sin embargo debo reconocer que viví dos situaciones totalmente inesperadas o sea situaciones que se dieron por fuera de lo que creía iba a encontrar en la escuela, para las cuales no estaba preparada, me “sorprendieron” sin experiencia, sin marco teórico, sin ocurrencias pensadas. Creo que ningún libro me había prevenido de esto, o yo no lo leí. Al escribir esta narración tomo conciencia de que estoy dando a entender que en nuestro trabajo pueden ocurrir cosas peligrosas para la estabilidad de nuestra persona.

( y ahora que tengo que escribir estas experiencias me vuelvo a plantear si las resolví, más aún surge la odiosa palabra de si las resolví correctamente, lo recto, la rectitud docente, el imaginario social en el que el docente es castigado si no hace lo correcto, y si lo hace también porque pudo hacer otra cosa, ¡!!!que superyo tiránico nos espera en el ejercicio profesional!!!!).

Una de ellas fue durante una clase de Ciencias Sociales. Tenía todo preparado, había reservado el mapa con anticipación (ya que en una buena clase no puede faltar un mapa), también preparé láminas y ni que decir de las actividades...ya estaban listas hacía una semana (todo bien preparadito y planificado, nada se me iba a escapar!!!).

En cuanto a mí, estaba segura de los contenidos a enseñar, tenía buen humor, ganas de trabajar y de demostrarles a los alumnos y a mí misma que Sociales no es aburrida.( era aburrida para mi cuando era alumna de la escuela primaria?)

Cuando estoy dando la clase (lo más participativamente posible, tratando de aplicar una “buena” didáctica, obvio lo recto, lo correcto) un grupito de varones (por supuesto los del fondo!!) se estaban pasando una hoja a escondidas y con caras de picarones. ¿Lo correcto era no dejarlo pasar?

Por supuesto, la disciplina antes que nada, no desviar la atención del tema. Tomando coraje me acerqué y como era de esperarse nadie tenía nada y nadie sabía nada de la hoja (a todo esto la clase se detuvo y sentí que aproximadamente cien ojos estaban atentos a la situación).

Entonces entra en escena una niña que dice: _ Seño, él tiene una foto de una mina desnuda. , ante lo cual yo actuando un personaje de superada, haciéndome la NO SORPRENDIDA, casi a dos metros del piso en cuanto a contacto con lo que pasaba, le dije: - ¿me dejas ver la foto? y el “nene”, que era más alto que yo, con vergüenza me la mostró; era una hoja de revista con una foto de PAMPITA desnuda en un caballo, ante lo cual dije sin pensar:


  • ¡Qué divina que es, tiene un cuerpo perfecto! ... ¿Sabes qué? guardala porque este no es el momento de mirarla, ni la escuela es el lugar, en todo caso si quieren ver la foto lo hacen cuando salen de la escuela.



Y así fue, la guardaron (todos se reían) y continuamos la clase. Creo que ellos pensaron que no me afectó, o mejor dicho que eso fue lo que mostré, cuando en realidad la situación me asustó, y ahora al escribir me voy dando cuenta que cuando me asusto lo que muestro en una situación de presión, como era esa, es un aspecto mío totalmente desvinculado del susto.
No hubo más interrupciones (al menos de ese tipo) durante las clases siguientes.

Pero una tarde cuando estábamos formados para irnos a casa, ( que interesante cómo lo digo, yo también estaba formada, formada cómo, formada como docente, decente, diciente) algo agotada, tal vez los alumnos también, la docente de turno gritaba pidiendo silencio. El timbre tocaba constantemente tratando de llamar la atención ( en fin una tarde igual que cualquier otra), en eso una alumna me grita desde su lugar en la fila: _ Seño, me está apoyando!! (guau, otro balde de agua fría). El alumno aludido respondió: - Callate nena que te voy a apoyar a vos, si so ma fea!! , y comenzaron a discutir entre ellos con pequeños empujoncitos.

Esta vez, tomé otra decisión, me acerqué y les dije: _ escúchenme.... no se dan cuenta que están pidiendo silencio, y que todos nos queremos ir ¡ La cortan ya!. O sea actué ignorando la situación.

Pero algo aprendí, y es que debo prepararme para encarar estos desafíos de los alumnos de sexto año, las cuestiones del crecimiento humano en la edad del desarrollo de los caracteres sexuales.

Las hormonas que se entretejen con lo personal, donde se ubican en la escuela? En qué momentos se puede generar un espacio donde atender y entender detrás de Pampita y del apoyar, qué anda pasando por ellos, qué tiene que ver el tema que estoy dando con Pampita, será por las curvas y el mapa con sus bahías, penínsulas y los significados inconscientes que evocan? Qué se yo?

El cuerpo seguirá siendo el excluido de la escuela, reprimido en su expresión, sin una opción para que el lenguaje recupere las vivencias, necesidad de información, de nominación de experiencias emocionales que comienzan a transitar?

Nos preguntamos si la escuela no tiene la brillante oportunidad de lograr que donde hubo acto, actuación, impulsividad, haya luego palabras que coloquen los temas en su dimensión sociocultural, dando lugar a que se genere un entramado que permita contener lo que nos sucede, que no es lo mismo que reprimir.
Docente autora: Marcela …….

Localidad: Avellaneda

Coordinador CAIE: Analía Ricci

ISFD Nº 1


El duelo en la residencia


Mariana Klimasauskas
Quiero comentarles mi experiencia personal durante mi residencia que realicé en dos rotaciones de tres semanas cada una, la primera entre los meses de abril y mayo, y la segunda entre los meses de agosto y septiembre del corriente año en una escuela del partido de Avellaneda.

Mi primera rotación fue en primer ciclo y en seguida logré una excelente relación con la docente y el grupo de alumnos del cual obtuve una muy buena aceptación de la didáctica y recursos utilizados por mi para enseñar los temas elegidos por la maestra.

Con la docente me sentí identificada desde el primer momento especialmente con su forma de trabajo, su responsabilidad y prolijidad frente al mismo.



En mi segunda rotación (segundo ciclo) consciente e inconscientemente comencé comparando al grupo nuevo con el de la rotación anterior, especialmente porque debí enfrentar problemas de disciplina y tuve que fijar pautas para mantener un clima propicio para que se genere el binomio enseñanza-aprendizaje y resaltar los valores de convivencia.

En este ciclo trabajé con dos docentes y la relación comenzó a ser más fluida y enriquecedora luego de la primer semana, lo mismo sucedió con el grupo-clase.

Las relaciones mejoraron luego de este período gracias a los consejos que recibí en el taller de Cuidado de la salud mental del docente (que se realiza una vez por semana en mi instituto) de parte de mi profesora y compañeras.

Me aconsejaron que efectuara mi duelo entre el grupo de mi primera rotación y el de la segunda, comprendí que hay que cerrar etapas y despedir grupos, tarea tan usual todos los años para los docentes y que ya comenzaba a experimentar.

Durante las dos últimas semanas de mi rotación final me sentí muy cómoda con ambas docentes y aprendí mucho de cada una de ellas. También aprendí y reflexioné acerca de lo entrecruzadas que son las relaciones humanas y medité acerca de mi actitud frente al conflicto (evadir, enfrentar, etc.)
Docente autora: Mariana Klimasauskas

Localidad: Avellaneda

Coordinador CAIE: Analía Ricci

ISFD Nº 1

Lucas

Flaherty
Lucas es un niño de 9 años que cursa su 3º año en el turno tarde y los viernes por la mañana, concurre a apoyo escolar ( realizado por alumnos de 1º año del profesorado para EGB, bajo mi coordinación).



El viernes 21 de junio, según relatan mis alumnas, a las 9 hs llegó a la escuela acompañado por su hermana quien, prácticamente, lo empujó para que entrara y, sin decir nada ella se fue.

Durante las dos horas trabajó con dificultad. Hacia el final de la jornada, entro al aula en la que estaban trabajando, Lucas está gritando e intenta escaparse. Como no lo dejo salir, se siente en el piso y gritando muy fuerte comienza a dar vueltas y a patear.

Tira el cesto de basura y la desparrama, tirándola hacia arriba. Cuando logro calmarlo, lo siento en mi falda y comienza a reírse. De golpe vuelve a gritar y al estirar con fuerza los brazos para atrás, me golpea fuerte en la cabeza……

En ese momento siento que mi columna cruje y un fuerte dolor me comenzó en el cuello…. Y en ese mismo momento entra la hermana y se van. Cuando me levanto noto que estoy mareada por el golpe.

Más tarde, como sigo mareada, voy al médico quien me explica que el golpe me afectó las cervicales y me receta medicamentos para ello. ¿Dónde estuvo el error, la dificultad, cómo cuidarnos?
Docente autora: Flaherty

Localidad: Avellaneda

Coordinador CAIE: Analía Ricci

ISFD Nº 1


Gritar o no gritar

Marcela Paura

Mi paso por la residencia en la primera rotación terminó dejándome sin voz. Al concluir la tercera semana estaba totalmente afónica.


En esta primera rotación estuve en un cuarto año, en el contexto de un grupo cuya docente titular había renunciado. Los motivos, lo que trascendió fue que...
En el transcurso de la semana de observación experimenté cierto malestar porque la docente se desempeñaba con el grupo de una manera casi angustiosa, apelaba a gritos malas caras. En una oportunidad les hizo el siguiente comentario: “”yo con ustedes no voy ni a la esquina”, esto fue dicho cuando surgió la posibilidad de que el grupo hiciera una visita a Temaikén.

El grupo de alumnos era numeroso, 40 chicos, de ellos 6 eran repetidores, el nivel en cuanto a los conocimientos era bastante bajo, solo unos pocos respondían al modelo del buen alumno, es decir cumplían con las consignas, traían material, se dirigían de buenos modos al docente y a sus compañeros, etc. En general se agredían verbal y físicamente

Sentí que era una suerte y posiblemente algo más que suerte, que la docente que llegó en reemplazo de la titular lograra conectarse con el grupo, los trataba de otra manera y en lo personal me rescató de la primer impresión que relaté, esa docente me hizo sentir cómoda, me ayudó a trabajar con el grupo.

Cuando comento en el taller de los viernes, lo poco que me quedaba de voz, ya había concluido la residencia.

Recuerdo la frase de Isabel "SE TE SUBIERON TODOS ACÀ" (señalando la garganta) y sí lo sentí como muy probable dada mi inexperiencia, mis nervios, la sensación de impotencia, el tema de tener que dar los contenidos en un clima que no era el más propicio. Todo colaboró para que terminara levantando la voz, me tensioné muchísimo casi sin darme cuenta y mi cuerpo estaba reflejando lo que me pasaba por dentro. ¿Por qué me terminaba pareciendo a la maestra renunciante?
En el año y con la ayuda de la reflexión grupal en el taller aprendí que una cosa es la teoría (yo me considero una alumna que se hace responsable de estudiar) y otra la práctica, que una cosa es lo que uno desea hacer y otra la que le “sale hacer”, que hay cosas que se aprenden haciendo y que es muy bueno poder comentar con otros lo que nos pasa.

A muchas de nosotras nos pasaba lo mismo, entonces eso tranquilizaba, ya que hasta ese momento uno hasta podía tener la impresión de que era una cosa muy personal, algo así como incompetencia para ser maestro.


Lo que conversábamos y nos consultábamos en el taller lo puse en práctica en la segunda parte de la residencia. De todas formar ese grupo de alumnos, tenía otras características, yo ya estaba dispuesta a cuidarme, y cuando veía que los chicos no se callaban en lugar de gritar, me callaba, una vez, otra vez y ellos al verme así hacían silencio.

Descubrí que me cuesta más callarme que gritar, pero bueno, eso es algo que lo tengo que modificar yo.

Docente autora: Marcela Paura

Localidad: Avellaneda

Coordinador CAIE: Analía Ricci

ISFD Nº 1

Sin título

Miriam Esther Palmiotti


¡Tardes eran las de antes! en la escuela especial de discapacidad intelectual donde comencé, hace ya 22 años, en el cargo de Fonoaudióloga. Cada tarde abocada a mi tarea específica (censo foniátrico, evaluación del lenguaje, atención individual , taller de estimulación del lenguaje, charlas con docentes, con madres, etc, etc.) y desde lo vincular compartir momentos agradables con los compañeros de equipo, donde las risas siempre estaban presentes.

Las nuevas tardes, la de los últimos años, han cambiado. Pues son constantes, día a día, los emergentes que necesitan de una rápida respuesta y por los cuáles, muchas veces, debo dejar de lado mis tareas específicas para más tarde o mañana.

La tarde del último viernes me disponía a evaluar fonoaudiológicamente a una alumna, cuando irrumpe en el gabinete una docente con Axel, un niño de 14 años, con una historia de abuso, hecho por el cual vivía en un hogar sustituto y que a raíz de la nueva ley del menor fue restituido a su casa materna.

Axel levantándose la manga de su guardapolvo sucio y sin botones, me dice “mi mamá me pegó con la manguera, mirá” y veo un inmenso hematoma de variados y desagradables colores. “Yo me porté mal, le rompí los anteojos a Carlitos, pero fue sin querer. Me duele mi brazo” agregó Axel. Y a mi me dolió el alma. Axel siguió “en el hogar no me pegaban. Me parece que necesito un Psicólogo ¿no?”

¿Qué decirle? Si la mezcla de angustia y de impotencia hizo que las palabras se ahoguen en mi garganta. Y aún hoy, mientras escribo, sólo brotan lágrimas mudas.

La de Axel es una historia más de las tantas que suceden a diario en la escuela y me dejan ese sabor amargo difícil de quitar.

Ale de 9 años (con una historia de abuso y maltrato), tiene sus ojitos inflamados, un poco rojos. Su mamá no la lleva al médico a pesar de insistir bastante con este pedido desde la escuela ¿será conjuntivitis? La Asistente Social lleva a Ale, acompañada por su mamá a la pediatra. “Esto no es conjuntivitis, parece un golpe…” dijo la doctora. En ese instante la nena, sin decir palabra, mira a la madre. “No se golpeó” aclara la madre.

Julio de 10 años de edad, proviene de un hogar donde el presente año se registro un hecho de violencia (el niño contó como su madre atacó con un cuchillo a su padre durante una discusión). Se pelea con un compañero y es llevado al gabinete. Hablamos con él para intentar reflexionar acerca de lo sucedido. Al no encontrar respuesta positiva, le entregamos una citación para su madre, la cual rompe en el momento. Llorando y a los gritos repite “a mi mamá no”. Se le dice que se citará a sus padres telefónicamente. Comienza a patear la puerta tan fuerte, que los golpes retumban en toda la escuela. Lo tratamos de calmar, pero grita furioso “fue muy mala idea llamar a mi mamá”. “Ahora no voy a mi casa”…

Pedro, de 10 años, es muy agresivo con sus pares. Una mañana (porque las mañanas tampoco son las de antes) se peleó con un niño. Dio patadas y golpes de puños que no solo recibió el otro niño sino también los docentes que intentaban separarlos. Es llevado al gabinete llorando, se lo ve angustiado, desbordado, se hace difícil calmarlo. Cuando por fin se tranquiliza comenta que la noche anterior no durmió porque la policía fue a su casa a buscar a su tío, que se había escapado de la cárcel y estaba escondido allí.

Y como si fuera poco, también llega información de ex alumnos. Nos enteramos que uno de ellos falleció cuando intentó robar un auto; que otro está en estado vegetativo por los golpes que recibió en una pelea. ¿quién podría haber evitado estos finales tan tristes?

Si la institución familia es un significante social que imprime marcas imborrables en la constitución de la subjetividad. Y en el camino que recorren los niños hacia esa constitución cobra gran importancia la función docente y la institución escolar como primer referente social fuera de la familia. Me pregunto ¿con que marcas llegan los niños a la escuela? ¿sabe el docente como actuar ante hechos de violencia?¿qué es lo mejor para el niño? ¿qué sentimientos surgen en el docente?

Se que es necesario adaptarse a los nuevos tiempos y aceptar el cambio, pero me niego a aceptar la violencia, a aceptar el sufrimiento de niños y jóvenes, a ver como ellos aceptan estos hechos con total naturalidad, aunque ¿tienen otra opción? ¿será la escuela la otra opción? Pero… ¿cómo?

Evidentemente, tardes eran las de antes. Los cambios sociales de estos últimos años se reflejan en las conductas de los niños. Tendremos que encontrar un nuevo rumbo tanto para el bien de nuestros niños como para el nuestro propio.

Creo que en algún punto los sentimientos de Axel y los míos se encuentran… Me parece que necesito un psicólogo ¿no?


Docente autora: Miriam Esther Palmiotti

Localidad: Avellaneda

Coordinador CAIE: Analía Ricci

ISFD Nº 1

Una forma de violencia: La integración

Analía Castosa


El año pasado trabajé en un Jardín privado en ambos turnos (en este Jardín me encuentro trabajando desde el año 2003 hasta la actualidad)

En el turno de la mañana tenía 14 alumnos, entre los cuales se encontraba un alumno, al que llamaré F, el cual estaba realizando permanencia en sala por no haber alcanzado los objetivos previstos para el nivel inicial. Este nene al nacer había padecido de falta de oxigenación al cerebro, razón por la cual éste órgano se vio muy afectado. Fue operado por presentar pie equino ( a los 4 años) y cuando yo lo conocí ya no tenía ningún problema motor: podía subir y bajar escaleras y desplazarse como cualquier nene de su edad. Estuvo durante mucho tiempo “fuertemente” medicado, con drogas que lo dejaban “dopado” tal fue el término que utilizaban sus padres motivo que los llevó a consultar a otros profesionales de la medicina alternativa (holística, flores de Bach..) sin abandonar el tratamiento convencional pero reduciendo las dosis.


Volviendo a mi labor como docente de F, él me conocía porque durante su primer año en sala de 5 yo era la preceptora, aunque tenía una relación distante. Él venía con sus mismos compañeros desde los tres años y con la misma docente en sala de 4 y 5 años. Según las maestras él se había integrado al grupo y sentido parte del mismo recién al final de sus 4 años. Sus papás me contaron que él les preguntaba por qué tenía que volver al Jardín y no cambiar de escuela como sus amigos (aunque no usaba el término “primaria”) aunque estaba “contento” por esto. Yo me encontré con unos papás (sobre todo la mamá) muy angustiados y confundidos, que no podían sostener a F ya que se encontraban sumergidos en esta angustia. El papá mostraba entereza, pero la mamá solía llorar en las entrevistas conmigo y decir que era consciente de que “era la última oportunidad de F para ir a una escuela común y que si no lo lograba ella no sabía cómo iba a afrontar esa situación”.

En cuanto a F, logró enseguida hacer un buen vínculo conmigo, en cambio no podía soportar ver a su maestra anterior, Laura, la cual se desempeñaba como vice- directora en el Jardín. Ella fue un apoyo muy grande para mi, ya que conocía muy bien a F y podía relatarme las experiencia anteriores de él y compararlas con las actuales.

F solía empujarla o pedirle a los gritos que se vaya de la sala, hasta que comenzamos a poner en palabras nosotras lo que él le quería decir: por qué no estoy más con vos y mis otros amigos? Por qué tengo que seguir estando yo acá?...y otras cosas. Logramos que al menos conversara con ella y hasta llegó él mismo a hacerle preguntas sobre el pasado.

F no podía integrarse, a pesar de que los nenes (por suerte un grupo reducido) trataban de ayudarlo para que él se sintiera parte del grupo. Ellos sabían por mí que F tenía un problema que no lo hacía diferente sino especial, que le costaba un poquito más aprender pero que tenia el mismo corazón lleno de amor que nosotros; mostraron ser muy comprensivos con F.

Todo se complicó cuando él se desconectó por completo del lugar físico, el ámbito de pertenencia y de sostén afectivo. Esto fue cerca del comienzo antes de que se cumpliera el primer mes de clases. La situación de la familia no ayudó para nada en cuanto a la contención y el apoyo. F comenzó a tener conductas agresivas iguales a las que manifestaba en sala de 3 años ( regresión? ) decía cosas incoherentes que provocaban la risa de sus pares o las “miradas raras” tiraba objetos o hacía cualquier cosa que moleste a los demás (como desarmar juegos o actividades). Los primeros días si bien no participaba ni creaba sus propios espacios de juego, permanecía callado, observando y sólo en ocasiones decía una o dos palabras sobre el tema, que hacían pensar que F estaba ahí, conectado.

Son muchas las cosas por contar, puedo enumerar una enorme cantidad de situaciones que hacían pensar que la permanencia de F en la sala ya no sólo no era posible, sino peligrosa. A fines de Abril comenzó a venir Débora, una psicopedagoga (no maestra especial) que lo conocía a F de la Fundación que lo asistía desde pequeño, en la cual se realizaba todo un trabajo interdisciplinario, con el cual, a esta altura los papás estaban bastante desconformes (luego pude notar que ellos depositaron demasiadas esperanzas en este lugar y sus profesionales, esperando una solución mágica para su problema).

Débora había comenzado a trabajar con F, en Noviembre del año anterior, concurriendo dos veces por semana durante dos horas. Ella también estaba sorprendida del retroceso de F, de que los logros a nivel cognitivo no se expresaran. Llegó a decirme que sintió que todo el esfuerzo y lo que se trabajó estaba perdido y que fue en vano.

No pudo ayudarme demasiado en mi labor, no recibí consejos de ella como profesional, solo solía decirme que no me angustie y que “estaba haciendo las cosas bien”.

Yo me sentí angustiada solo en un primer principio, luego supe que no lo iba a poder ayudar así. Recién estaba cursando algunas materias de segundo año de la carera de discapacidad auditiva y tenía muy poco conocimiento al respecto sobre cómo llevar adelante una clase con un nene integrado. Creo que tampoco fui consciente del peligro que significaba F para sus compañeros, hasta que luego de muchas situaciones similares, le pegó con un bloque de construcción (de madera) en la cabeza de una nena, provocando su sangrado. También tiró un mobiliario e chapa (más alto que yo) lleno de materiales, pero en esa ocasión nadie se lastimó. Estas conductas reiteradas, inmanejables y desbordantes ocurrían previamente al receso por vacaciones de invierno: todos (familia, docentes y hasta F) sabíamos que ya F no podía permanecer mas en el Jardín, que él lo estaba pidiendo a gritos.

Luego del receso F continuó viniendo. Se encontraba peor que antes, ya decía con palabras que no quería venir…los papás “evitaban” traerlo y retirarlo, por el miedo que les generaba enfrentarse con tal situación. Yo fui a hablar con la directora, a contarle que me parecía que era una situación que no daba para más, que nadie escuchaba lo que F necesitaba y quería y que iba a habar con los papás para darles mi opinión. Ella lo autorizó y los cité para comunicarles con detalles cada una de las situaciones que habían ido ocurriendo en el último tiempo (las cuales se las contaba “muy por arriba” por orden de la vicedirectora que me pedía que no sumara más angustia a lo papás que ya sabían sobre los comportamientos).

Como Facu no concurría a una escuela especial yo no recibí desde el estado apoyo de una maestra integradora.

Para finalizar, le pido perdón por las opiniones personales sobre ciertas actitudes de F o sus padres, si bien no soy una profesional de psicología, tengo mis opiniones personales al respecto, las cuales le quiero hacer llegar.



  • Creo que F se sintió muy enojado por regresar al Jardín y este enojo no era hacia mi o sus nuevos compañeros (a los cuales creo que nuca sintió como tales) sino por la angustia que le generaba estar en el mismo espacio pero en condiciones diferentes a las deseadas.

  • Sobre el vínculo conmigo, yo estuve siempre muy segura de que mi accionar era el correcto (es decir de que estaba haciendo las cosas lo mejor posible dentro de mis conocimientos); tal vez permití bastante en un primer momento para que él se amoldara a la situación y se re- organizará. La angustia de la primera instancia se convirtió en seguridad cuando F recurría a mi y podía expresar sus sentimientos y pensamientos tales como: “Seño yo te quiero” ; “ mi mamá llora seño porque no es como vos”; “ quiero que vengas conmigo a casa para que mi mamá no llore”, etc., etc.… Aunque muy al final experimenté temor (no miedo) de que dañara a algún compañero o a él mismo.

  • Lo dicho anteriormente me hacía pensar en la “enfermedad de la familia”, que no podía soportar la angustia, sostener a F, comprender sus necesidades emocionales: depositaban en él expectativas poco realistas. Por eso la necesidad de buscar “otros” que cumplieran con su función (la Fundación, el Jardín, yo misma). Me han llegado a decir “vos sos tan dulce que vas a poder llegar al corazón de F”, “Sabemos que este año F va poder lograrlo porque vos sos una gran persona” y otras frases. Siempre demostraron un gran respeto y afecto hacia mi y confiaban “demasiado” en mis determinaciones y en lo que yo les decía, lo que no ayudo mucho en el trabajo conjunto (familia- escuela).

  • Lo principal para remarcar creo que es que F estaba expresando constantemente con sus actitudes que no quería estar en ese lugar, que no lo sentía ya como ámbito de pertenencia…y nadie lo escuchaba, por eso sus manifestaciones violentas se potenciaron. Además era muy consciente de la situación de desesperanza y angustia que había en su casa.

Docente autora: Analía Castosa

Localidad: Avellaneda

Coordinador CAIE: Analía Ricci

ISFD Nº 1

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