Notas y comentarios El lenguaje háptico de las piedras



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Notas y comentarios

El lenguaje háptico de las piedras

J. C. Chicote, V. López-Acevedo, J. Goñi



RESUMEN:

La Geología proporciona recursos idóneos para el desarrollo de la percepción háptica, puesto que el tacto resulta esencial para apreciar las características de minerales, rocas y fósiles, así como para su reconocimiento y percepción. Partiendo de la base de que el sistema háptico debe ser ejercitado, y de que el sistema perceptivo se desarrolla en la medida en que se incrementa la práctica consciente, los autores proponen una serie de acciones de escrutinio táctil que convierten el proceso de identificación de las propiedades de los minerales en una auténtica experiencia háptica. Estas consideraciones son igualmente de aplicación a la exploración táctil de obras de arte escultóricas, en función de los materiales utilizados, así como a la optimización de reproducciones tales como maquetas u objetos de dimensiones reducidas.

PALABRAS CLAVE:

Percepción táctil. Percepción háptica. Reconocimiento de objetos tridimensionales. Propiedades hápticas de los minerales.

ABSTRACT:

The haptic language of stones. Geology is an ideal discipline for developing haptic perception, for touch is essential to understanding and recognising minerals, rocks and fossils and their characteristics. Further to the principle that the haptic system should be exercised and that perceptual development grows with conscious practice, the authors propose a series of tactile examination exercises that make the identification of mineral properties a veritable haptic experience. Their observations are applicable to the tactile exploration of sculptures, depending on the materials used, and the optimisation of scale models and similar object reproductions.

KEY WORDS:

Tactile perception. Haptic perception. Recognition of three-dimensional objects. Haptic properties of minerals.

  1. Introducción

Hay determinados materiales geológicos ―minerales, rocas y fósiles―, comúnmente denominados «piedras», con una gran riqueza de cualidades hápticas, que van desde la percepción del fino tacto y las formas redondeadas del canto rodado de los ríos a la «emoción» de acariciar la delicada anatomía de un caballito del diablo que vivió hace más de 300 millones de años. Más conocido, desde este punto de vista, es el campo del arte, que también ofrece una variedad casi infinita de posibilidades en este sentido.

En este trabajo se proponen una serie de experiencias tangibles con diversos materiales geológicos y obras artísticas, partiendo siempre del principio de que el sistema háptico debe ser ejercitado y que, en la medida en que se incremente la práctica consciente de lo que se toca, se desarrolla el propio sistema perceptivo, asumiendo, además, lo contrario como cierto. Es decir, se parte del principio de «aprender tocando», siempre en un marco y contexto definido, y de que tanto los aspectos emocionales como el propio placer de sentir estos materiales retroalimentan el círculo de aprendizaje.

Actualmente, la creación en numerosos museos y salas de exposiciones de itinerarios constituidos por objetos con la etiqueta «se puede tocar», ofrece un panorama más rico de experiencias táctiles. Por otro lado, la irrupción de las denominadas impresoras 3D, que permiten hacer tangible un diseño gráfico, dan la oportunidad de realizar maquetas y objetos tridimensionales que permitan su interiorización por el canal háptico.

El artículo consta de tres secciones. Después de esta introducción, se enmarcan las disciplinas y los conceptos en los que se fundamenta el trabajo, para describir a continuación las experiencias realizadas sobre esta base. Por último, la sección cuarta concluye resaltando las ideas principales.



  1. Marco de análisis

Con el fin de contextualizar las experiencias y disponer de los conceptos clave que nos sitúen frente a los diferentes objetos físicos que se van a manejar, se describen el fundamento científico y las disciplinas involucradas en el proceso de reconocimiento de los materiales. El canal de información en que se basa la presente contribución es la percepción háptica, que proviene de la combinación del tacto activo (sensaciones de presión, vibración, temperatura) y la información procedente del sistema cinestésico (relativo a la posición y movimiento). Por otro lado, en cuanto al objeto táctil, dos son los saberes que nos ocupan: por un lado, la Geología, en particular, la Mineralogía y la Paleontología; en segundo lugar, el propio arte.

    1. La percepción háptica

El marco de estudio está definido por las dos principales dimensiones de las experiencias hápticas: la identificación de las cualidades de un objeto tridimensional y el reconocimiento de la forma espacial (Ballesteros, 1999). Sin embargo, más allá del simple reconocimiento, se enfatizan el disfrute de la cultura y el conocimiento inherente a cada objeto.

El proceso habitual del escrutinio táctil de los objetos tridimensionales consta de dos fases (Ballesteros, 1999): tantear el conjunto o la globalidad del elemento y, en segundo lugar, delimitar el contorno exterior. Los movimientos exploratorios indagan en detalles y sutilezas que cobran sentido en el contexto y marco general previamente establecido.



    1. Minerales, rocas y fósiles

Un mineral es un sólido con una composición química definida y con una estructura interna formada por átomos, iones o moléculas, ordenados periódicamente. La Mineralogía se ocupa del estudio de los minerales. Se trata de una ciencia bien consolidada que dispone de numerosas herramientas para avanzar en el conocimiento de estos materiales. Una de estas técnicas, denominada de visu (Astilleros, López-Andrés, Viedma y Vindel, 2013), resalta de manera especial las propiedades hápticas de los minerales.

El reconocimiento de visu de minerales se basa en la observación directa de sus propiedades físicas macroscópicas. Es la técnica más antigua que, pese a haber sido superada en cuanto a fiabilidad y precisión por los avances tecnológicos que se han ido desarrollando, proporciona la información básica necesaria para afrontar, desde el inicio, la identificación mineralógica. Se sigue aplicando en el campo, a pie de mina o entre coleccionistas, ya que proporciona información rápida y precisa que no requiere de ninguna instrumentación especial. En este punto, merece la pena resaltar que algunas propiedades son aprehensibles únicamente por el canal háptico, como son el peso vinculado a la densidad, el tipo de rotura, o el propio tacto ―suave, frío, etc.― del mineral.

Las rocas están constituidas en su mayoría por agregados de minerales, iguales (monominerales) o diferentes (las más comunes). La identificación de visu de las rocas es, en general, mucho más compleja que en el caso de los minerales. Sin embargo, tienen algunas características que permiten su reconocimiento háptico.

Los fósiles son restos de organismos que vivieron en tiempos pretéritos y que se han conservado en el transcurso de los tiempos geológicos. Para que esto ocurra, dichos organismos han tenido que sufrir una serie de transformaciones químicas para reemplazar sus partes orgánicas, generalmente esqueletos o caparazones, por minerales que puedan permanecer en el tiempo. La Paleontología es la ciencia que estudia los fósiles bajo todos sus aspectos, buscando especialmente su ordenación en el tiempo para tener certezas sobre la edad de los seres vivos que poblaron la Tierra desde sus orígenes. Algunos de estos restos presentan características claramente reconocibles mediante el escrutinio táctil.



    1. El arte

La escultura es la manifestación artística por excelencia que permite la comunicación háptica (Hoyas, 2005). Tocar una escultura puede llegar a trasmitir una inquietud entre el creador y la persona que la contempla en un modo abierto. La variación del propio sistema o posición del observador introduce la perspectiva, resaltando diferentes representaciones mentales en función del modo de aproximación y exploración.

Las experiencias táctiles vistas desde el enfoque de la accesibilidad universal son relativamente frecuentes y numerosas, si bien, en su mayoría, son exposiciones temporales. Permitir a los observadores tocar, teniendo en cuenta que entre ellos hay personas con ceguera, supone expandir la propia experiencia estética. En una exposición temporal, Jörn y Ernst (1993) subrayan la forma de superar la «timidez para tocar» en aquellos cuerpos que nos cuestionan nuestra propia educación y entran, de alguna manera, en la esfera privada, evidenciando el papel radicalmente diferente de este sistema perceptivo frente al visual.

En Arquitectura también hay propuestas que sugieren sobrepasar de alguna manera el paradigma visual dominante: «oculocentrismo», según Pérez (2013), superando la mirada y convirtiendo en actor al observador.


  1. Experiencias

En este apartado se exponen e ilustran las experiencias realizadas en el marco descrito.

    1. El lenguaje háptico de los minerales

Para el reconocimiento de visu de los minerales, se consideran una serie de propiedades: organolépticas (olor, sabor, sonido y tacto), dependientes del estado de agregación (tenacidad, dureza, hábito, sistema cristalino, fractura y exfoliación), dependientes de los campos (electricidad, magnetismo y densidad) y dependientes de la luz (color, raya, brillo, transparencia y luminiscencia) (Argüello, 2013). A continuación, se describen aquellas propiedades que pueden constituir verdaderas experiencias hápticas.

Densidad. Es la relación existente entre peso y volumen. Hay minerales ligeros, cuya densidad es inferior a 2,5 g/cm3, y pesados, si es superior a 4 g/cm3. Esta cualidad se detecta de manera directa al levantar o sujetar la pieza entre las manos.

Sorprende la levedad de la sepiolita cuando se sujeta entre las manos, ya que su densidad es de 2 g/cm3. Es fácil comprobar esto al tomar un puñado de la arena que se emplea para las «camas» de gato, que son de este mismo material. En sentido contrario, están otros minerales, como la goethita o galena, que contienen hierro y plomo, respectivamente, y que también sorprenden cuando se las tiene entre las manos por su elevado peso en relación al tamaño (v. Foto 1).



Foto 1. Bomba volcánica. Del tamaño y la forma de un huevo de avestruz, tiene un peso de 2,269 kg. Esta relación peso-volumen indicaría una alta densidad, que podría explicarse por un alto contenido en minerales de hierro (v. 3.2). Campos de Calatrava. Museo de la Geología. UCM.



Forma cristalina. Depende del ordenamiento interno de los átomos que componen el mineral. Solo se manifiesta a nivel macroscópico cuando se dan las condiciones termodinámicas de cristalización adecuadas (presión, temperatura…).

La forma cúbica que habitualmente muestran los ejemplares de pirita es un fiel reflejo de su orden microscópico, al igual que sucede con algunos ejemplares de cuarzo, rematados por pirámides de tres o seis caras que también responden a su ordenamiento cristalino (v. Foto 2).



Foto 2. Cubo de pirita. La ordenación de los átomos en la estructura interna de la pirita se refleja fielmente en su forma externa. Dpto. de Cristalografía y Mineralogía. Facultad de Ciencias Geológicas. UCM.

Para estudiar estas formas, se utilizan habitualmente los «sólidos cristalinos», fabricados en madera u otros materiales, que reproducen las morfologías de los minerales de manera idealizada y de un tamaño abarcable con la mano, ya que, los minerales naturales a menudo están incompletos y/o son demasiado pequeños como para facilitar su reconocimiento (López-Acevedo, Chicote y Goñi, 2011).


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