Nombre: Kevin Jackson tigsi Villegas Introducción: ¿Para qué cts?



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Nombre: Kevin Jackson tigsi Villegas

Introducción: ¿Para qué CTS?

El desarrollo científico y tecnológico es una de los factores más influyentes

Sobre la sociedad contemporánea. La globalización mundial, polarizadora de la

Riqueza y el poder, sería impensable sin el avance de las fuerzas productivas que

la ciencia y la tecnología han hecho posibles.

Los poderes políticos y militares, la gestión empresarial, los medios de

Comunicación masiva, descansan sobre pilares científicos y tecnológicos.

También la vida del ciudadano común está notablemente influida por los

Avances tecno científicos.

La tecno ciencia es un asunto de la mayor importancia para la vida pública y, sin

embargo, por su carácter especializado y el lenguaje esotérico al que recurre, su

manejo suele estar en manos de grupos relativamente reducidos de expertos.

Los expertos, además, suelen serlo en campos muy específicos y pocas veces

tienen una visión global de una disciplina científica y menos aún de la ciencia en

su conjunto.

Los sistemas educativos, desde los niveles primarios hasta los posgrados, se

dedican a enseñar la ciencia, sus contenidos, métodos, lenguajes. Desde luego,

hay que saber de ciencia, pero – y es la tesis que defendemos- también debemos

esforzarnos por saber algo sobre la ciencia, en especial sobre sus

características culturales, sus rasgos epistemológicos, los conceptos éticos que

la envuelven y su metabolismo con la sociedad.

Investigar sobre la ciencia es un objetivo que comparten disciplinas muy

diversas como la Historia de la Ciencia, la Sociología de la Ciencia, la Filosofía

de la ciencia, todas de larga tradición. En las últimas décadas se ha producido

un incremento del interés por la tecnología y han proliferado también las

reflexiones históricas, sociológicas y filosóficas sobre ella, las que toman en

cuenta sus fuertes interacciones con la ciencia y con la sociedad.

Sobre todo a partir de los años 60 se han realizado diversos esfuerzos por

integrar los estudios sociales de la ciencia y la tecnología en una perspectiva

interdisciplinaria que ha recibido diversas denominaciones Science studies,

Ciencia de la ciencia, Cienciología (que tuvo un auge significativo en la URSS y

demás países socialistas europeos); Science and technology studies; Science, technology and society y otros. En idioma español se ha acuñado

preferentemente la noción de Estudios en Ciencia, tecnología y sociedad (CTS).

Alrededor de la Segunda Guerra Mundial los estudios sobre ciencia y tecnología

tuvieron un acelerado impulso en Estados Unidos, Reino Unido y otros países

industrializados. El tránsito a la Big Science (ejemplificado en los mega

proyectos dedicados a la bomba atómica y el radar) demostró que era necesario

crear personas aptas para la gestión de esos proyectos. Las universidades

norteamericanas, atentas al nuevo mercado, se incorporaron a la formación de

gestores en ciencia y tecnología.

Junto a esto en los años 60 se habían acumulado numerosas evidencias de que el

desarrollo científico y tecnológico podía traer consecuencias negativas a la

sociedad a través de su uso militar, el impacto ecológico u otras vías por lo cual

se fue afirmando una preocupación ética y política en relación con la ciencia y

la tecnología que marcó el carácter de los estudios sobre ellas. Se formó una

especie de consenso básico: “Si bien la ciencia y la tecnología nos proporcionan

numerosos y positivos beneficios, también traen consigo impactos negativos, de

los cuales algunos son imprevisibles, pero todos ellos reflejan los valores,

perspectivas y visiones de quienes están en condiciones de tomar decisiones

concernientes al conocimiento científico y tecnológico” (Cutcliffe, 1990, p.23).

Se hizo cada vez más claro que la ciencia y la tecnología son procesos sociales

profundamente marcados por la civilización donde han crecido; el desarrollo

científico y tecnológico requiere de una estimación cuidadosa de sus fuerzas

motrices e impactos, un conocimiento profundo de sus interrelaciones con la

sociedad.

Todo ello determinó un auge extraordinario de los estudios CTS y su

institucionalización creciente a través de programas de estudio e investigación

en numerosas universidades, sobre todo de los países desarrollados.

A los factores sociales aludidos se sumó la crisis teórica de aquellas

perspectivas de raíz positivista que ignoraban o subestimaban el papel de los

factores sociales en el desarrollo científico - técnico. El paradigma lógico

positivista proyectaba una imagen formalista y abstracta de la ciencia que a

mediados de los años 50 recibió una crítica severa en la obra de diferentes

autores, en particular de T.S. Kuhn cuyo libro La Estructura de las revoluciones

científicas aparecido en 1962 hizo evidente la crisis lógico positivista y la

necesidad de desarrollar una imagen social de la ciencia. Las discusiones que le siguieron marcaron considerablemente el rumbo de la reflexión filosófica,

sociológica e histórica de la ciencia en el pensamiento occidental.

En resumen, el impulso a los estudios CTS a partir de los años 60 debe

entenderse como una respuesta a los desafíos sociales e intelectuales que se han

hecho evidentes en la segunda mitad de este siglo.

La misión central de estos estudios ha sido definida así: "Exponer una

interpretación de la ciencia y la tecnología como procesos sociales, es decir,

como complejas empresas en las que los valores culturales, políticos y

económicos ayudan a configurar el proceso que, a su vez, incide sobre dichos

valores y sobre la sociedad que los mantiene" (Cutcliffe, 1990, pp.23-24).

Hoy en día los estudios CTS constituyen una importante área de trabajo en

investigación académica, política pública y educación. En este campo se trata

de entender los aspectos sociales del fenómeno científico y tecnológico, tanto en

lo que respecta a sus condicionantes sociales como en lo que atañe a sus

consecuencias sociales y ambientales. Su enfoque general es de carácter crítico

(respecto a las visiones clásicas de ciencia y tecnología donde sus dimensiones

sociales son ocultadas) e interdisciplinar, donde concurren disciplinas como la

Filosofía, la Historia, la Sociología de la Ciencia y la Tecnología, entre otras.

CTS define hoy un campo bien consolidado institucionalmente en universidades,

administraciones públicas y centros educativos de numerosos países

industrializados y también de algunos de América Latina (Brasil, Argentina,

México. Venezuela, Colombia y Uruguay).

En realidad el campo CTS es de una extraordinaria heterogeneidad teórica,

metodológica e ideológica. Digamos que el elemento que los enlaza es la

preocupación teórica por los nexos ciencia - tecnología - sociedad. Pero esas

preocupaciones se asumen desde muy diferentes posiciones teórico -

metodológicas y con muy variados propósitos.

Un elemento en común es la crítica a la concepción estándar que viene del

positivismo lógico y en general a lo que se ha dado en llamar una visión

tradicional de la ciencia, disociada de su enfoque social. Pero esa crítica no

conduce a compartir iguales posturas cosmovisivas, epistemológicas,

sociológicas, éticas, u otras.

El sentido que se le concede a estos estudios también es diverso: unos autores

parecen atribuirles sólo interés académico, otros le ven un lado práctico y

tratan de utilizarlos con fines variados: como recursos de crítica social, como vehículo de renovación de los sistemas educativos, como fundamentos de

políticas en ciencia y tecnología.

Desde luego que los temas de interés también son muy variados. No es

sorprendente que a unos les preocupe más el problema de la clonación y a

otros la dependencia tecnológica: todo depende desde qué sitio se aprecie la

fiesta de la sociedad tecnológica. 1

El trabajo que en Cuba desarrollamos en el campo CTS transcurre en

condiciones específicas que determinan sus orientaciones teóricas y prácticas.

Durante las últimas cuatro décadas el desarrollo de la cultura, la educación y la

ciencia ha constituido una prioridad fundamental del Estado cubano. Esto se ha

expresado no sólo en avances significativos en estos campos sino también en

una cierta mentalidad y estructura de valores entre los profesionales, en

particular los vinculados al campo científico - técnico, donde el sentido de

responsabilidad social se haya ampliamente extendido. Existe una percepción

ético política del trabajo científico que incluye la clara concepción de que el

mismo se realiza, sobre todo, para satisfacer las necesidades del desarrollo

social y la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos. Esa percepción es

compartida por los actores involucrados en los procesos científico tecnológicos

y de innovación y tiene sus raíces en las transformaciones sociales que el país

ha vivido y la ideología revolucionaria que lo ha conducido.

La educación en CTS persigue precisamente cultivar ese sentido de

responsabilidad social de los sectores vinculados al desarrollo científico

tecnológico y la innovación. En cuba no sólo hay conciencia del enorme desafío

científico y tecnológico que enfrenta el mundo subdesarrollado sino que se

vienen promoviendo estrategias en los campos de la economía, la educación y la

política científica y tecnológica que intentan ofrecer respuestas efectivas a ese

desafío. Todo eso, desde luego, necesita de marcos conceptuales renovados

dentro de los cuales los enfoques CTS pueden ser de utilidad.

Las ciencias sociales cubanas y en general la cultura del país se ha nutrido de

toda la tradición de pensamiento que tiene en Marx su figura más prominente y

fundadora. En el campo CTS es frecuente encontrar actitudes muy variadas

hacia el marxismo, desde su aceptación hasta su rechazo o ignorancia. Muchos

coinciden, sin embargo, en que dentro de sus estudios orientados a la

1

La diversidad del campo CTS hace difícil obtener visiones y conceptualizaciones de carácter panorámico que



ofrezcan una idea del conjunto de las tendencias que pueden ser incluidas en él. Una excelente introducción al

tema puede encontrarse en Ciencia, Tecnología y Sociedad. Una introducción al estudio social de la ciencia y la

tecnología de Marta González, José A. López Cerezo y José L. Luján (Tecnos, Madrid, 1996). elaboración de una teoría crítica del capitalismo Marx comprendió claramente

la relación de la ciencia y la tecnología con los procesos de acumulación y la

influencia decisiva que los rasgos de la formación económico social capitalista

ejercen sobre el desarrollo científico técnico.

Con ello, Marx y con él lo mejor de la tradición que le continúa están

indisolublemente vinculados al enfoque social de la ciencia y la tecnología.

Dentro de la matriz marxista los problemas de la ciencia y la tecnología se

examinan en relación con la problemática social más amplia que les da sentido,

en particular sus nexos con las variables económicas y políticas. Si en otros

países y culturas académicas, la introducción de los estudios CTS se ha

realizado en arduo debate con posturas que excluyen o subvaloran la

determinación social de la ciencia y la tecnología, los estudios CTS en Cuba se

nutren a la vez que enriquecen la tradición marxista incorporada a la cultura y

al pensamiento social.

Como se sabe el proyecto político y de desarrollo social que Cuba adelanta se

contrapone a las prácticas neoliberales extendidas en el planeta. No pocos

autores situados en el campo CTS comprenden que el "capitalismo salvaje" es

absolutamente insostenible como proyecto global y sostienen la necesidad de

presentarle alternativas conceptuales y prácticas. Mientras tanto, el orden

mundial vigente pretende su consolidación a través de lo que Jackes Chirac

llamó en su momento el "pensamiento único", en esencia una concepción de la

economía y la sociedad que nos invita cordialmente a aceptar el orden y las

tendencias actuales como los únicos posibles. Pieza clave de ese pensamiento es

toda una concepción de la competitividad sustentada en la innovación y el

dominio del nuevo paradigma tecnológico.

Para los países del sur el orden mundial actual y las tendencias que

desencadena aseguran la reproducción ampliada de la pobreza y un futuro

absolutamente incierto. El sur necesita generar políticas de desarrollo

diferentes a las que el "pensamiento único" glorifica y para ello requiere de

visiones y estrategias alternativas en el campo de la ciencia, la tecnología y la

innovación. La comprensión social de la ciencia y la tecnología puede contribuir

a ese esfuerzo.

Cuba también cuenta con una fuerte tradición de crítica y resistencia al orden

mundial actual y al "pensamiento único". El pensamiento político del

compañero Fidel Castro ha sido especialmente penetrante en la crítica al

"capitalismo realmente existente" y especialmente esclarecedor respecto a la

marginalidad creciente que las tendencias actuales reservan al tercer mundo. Ese pensamiento se articula coherentemente con el énfasis en el desarrollo de la

ciencia y la tecnología y la orientación de estas a la atención de necesidades

sociales relevantes.

Resumiendo pudiera decirse que los estudios CTS en Cuba pretenden participar

y fecundar tradiciones de teoría y pensamiento social, así como estrategias

educativas y científico tecnológicas que el país ha fomentado durante las últimas

décadas. En particular el problema de las interrelaciones entre ciencia,

tecnología, innovación y desarrollo social, con múltiples consecuencias en los

campos de la educación y la política científico - tecnológica, merece colocarse

en el centro de atención.

En la educación superior cubana los estudios CTS se han venido

institucionalizando sobre todo a través de cursos de licenciatura y posgrado. La

defensa de doctorados exige entre sus requisitos la realización de cursos y

exámenes de Problemas Sociales de la Ciencia. A través de programas de

maestría y doctorado se forman profesionales dedicados a los estudios CTS2

.

En 1994 el Grupo de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología publicó un



texto que durante estos años ha apoyado en alguna medida el trabajo docente

que se viene realizando.3

El libro que ponemos a consideración del lector persigue enriquecer la base

bibliográfica disponible. Es el resultado de varios años de trabajo, de

numerosos cursos ofrecidos y del intercambio con alumnos, especialistas y

amigos. Le anteceden varios libros y diversos artículos.

En él trato de fundamentar la idea según la cual la educación científica no

puede apoyarse en imágenes caducas de la ciencia y la tecnología y mediante la

discusión de la bibliografía disponible intento presentar imágenes alternativas,

más actualizadas. Para ello insisto en las interrelaciones de la ciencia y la

tecnología y del complejo que ellas constituyen (tecnociencia) con la sociedad,

desplazando las visiones más tradicionales, lineales y optimistas. También

argumento la complejidad epistemológica de la ciencia que obliga a repensar

concepciones simplificadas sobre la racionalidad, el método científico, la

objetividad y la verdad. Espero que la discusión sobre los aspectos

2

Desde 1997 fue fundada la maestría en Ciencia, tecnología y sociedad radicada en la Facultad de Filosofía e



Historia de la Universidad de La Habana.

3

Núñez, J; Pimentel, L. (coordinadores): Problemas Sociales de la Ciencia y la Tecnología, Editorial Félix



Varela, La Habana, 1994. institucionales, sociales y culturales propios del trabajo científico contribuyan a

enriquecer las imágenes de la tecnociencia que los canales educativos, formales

e informales, suelen transmitir.

Los temas que se tratan en el libro son extremadamente complejos. A nivel

internacional existe una tradición de casi ocho décadas de epistemología

profesional, las que han dejado un caudal extraordinario de estudios filosóficos

sobre la ciencia. La Filosofía de la Tecnología es más joven pero tiene ya unas

tres o cuatro décadas de constituida. La Sociología de la Ciencia data de la

década del 40 de este siglo y la Historia de la Ciencia, como quiera que se le

aprecie, tiene una tradición más que centenaria. Se trata de un caudal

inagotable de obras, autores, tendencias. A esto se suma que los estudios sobre

la ciencia van desde un culto acrítico al conocimiento y los expertos que los

portan, desde una desconexión total entre los aspectos cognoscitivos y

valorativos, hasta un relativismo e irracionalismo que terminan por confundir la

ciencia y la tecnología con los cultos oscurantistas y la magia.

En esta obra he tratado de lograr un enfoque de la tecnociencia que descansa en

el reconocimiento de su naturaleza social, a la par que se defienden los ideales

de rigor, objetividad y honestidad intelectual al margen de los cuales la ciencia

pierde todo sentido como fenómeno cultural.

Esta postura no sólo parece reflejar mejor la práctica real de la ciencia y la

tecnología sino que también parece más conveniente para sociedades que aún se

esfuerzan por incorporar la ciencia y la tecnología a los fundamentos de sus

culturas.

Aunque intenté tratar los temas abordados con el mayor rigor posible, el

objetivo didáctico que conduce este trabajo ha determinado la utilización de un

lenguaje lo más claro posible que espero no haya impuesto demasiados límites

al obligado rigor.

Cada uno de los ensayos puede ser leído por separado y en cualquier orden

aunque la secuencia en la que aparecen en el libro parece la más indicada.

El lector encontrará que algunos temas son retomados en más de un lugar y por

ello algunas ideas reiteradas. Fue imprescindible hacerlo así para garantizar la

Autonomía relativa de los diferentes ensayos.

Espero que este libro sea útil al lector cubano y eventualmente al de otros

Países. Desde ahora quedo atento a las sugerencias de todos

Tratando de conectar las dos Culturas.

bibliografía para discutir.

Voy a comenzar con una tesis que a primera vista puede parecer fuerte: los

practicantes de las ciencias técnicas, naturales y médicas, por diversas razones, y

aún sin saberlo, están tan necesitados de las ciencias sociales como de aquellas

disciplinas científicas y técnicas que pueblan los planes de estudio de pre y

posgrado en que se forman.

Esta afirmación, sin embargo, dista de ser obvia; tropieza con la percepción

cotidiana, casi unánimemente compartida por estudiantes, profesores y

especialistas, que acepta una “división del trabajo científico” que aísla no sólo

las ciencias naturales y técnicas de las sociales, sino también las diferentes

ciencias que constituyen esos campos, por ejemplo la Química de la Biología, la

Ciencia Química de la Ingeniería Química y de otro lado, la Filosofía de la

Sociología y ésta de la Psicología y así sucesivamente.

Esas separaciones están bien afirmadas en el orden institucional vigente: Se

estudian en carreras y posgrados separados, a veces situados en centros

universitarios diferentes.

La figura del especialista y las especializaciones científicas son un producto de la

modernidad. Hace menos de 300 años a los cultivadores del saber se les llamaba

Filósofos Naturales. En inglés la palabra “científico”, utilizada para designar una

profesión, no apareció sino hacia la década del 30 del siglo XIX. Incluso el título

de PhD que acreditaba la preparación académica para la investigación se traduce

literalmente como doctor en filosofía, lo que alude a persona de elevada

sabiduría. Sin embargo, lo cierto es que el desarrollo de las especialidades,

proceso indudable de la evolución del conocimiento y la práctica científica,

conduce con frecuencia a una ignorancia no desestimable de todo aquello en lo

que no se es especialista, perfil que, por lo demás, es cada vez más estrecho.

Surge así una paradoja: el desarrollo del conocimiento puede conducir a grandes

zonas de ignorancia y el especialista puede ser un gran conocedor de casi nada y

un ignorante de casi todo. Especialmente profundo es el abismo que separa las

ciencias sociales y las humanidades de las ciencias naturales, técnicas y médicas.

C.P. Snow (1977) en un trabajo ya clásico, Las Dos Culturas, denunciaba desde los años 50 la fractura introducida en la cultura contemporánea en dos territorios

distantes: ciencias a un lado y humanidades a otro. El resultado de esa escisión

es el empobrecimiento que experimentan los campos situados en uno y otro lado

de la brecha.

Opino que contra esto, necesitamos una mirada más humanista, más centrada en

el hombre, su felicidad y sus valores cuando analizamos la ciencia y la

tecnología y también un fundamento más científico y tecnológico cuando de

comprender al hombre y su vida espiritual se trata.

El corolario de este razonamiento es que hay que conectar ciencias y

humanidades. Sin embargo, el éxito de esa empresa dependerá en gran medida

del punto de partida del cual se parta para entender la ciencia y la tecnología. Si,

por ejemplo, por ciencia entendemos un conocimiento probado, expresado en

leyes inmutables y trasmitido en un lenguaje esotérico e hiperespecializado, es

difícil encontrar un camino fértil para la exploración humanística de la ciencia.

Mi punto de partida será otro. Según creo, la ciencia y la tecnología son, ante

todo, procesos sociales. Estimo que comprender esto es muy importante para la

educación de las personas en la llamada “sociedad del conocimiento”, "sociedad

tecnológica" o cualquier otra denominación, siempre simplificadora, que se

prefiera.

Para argumentar ese tema me colocaré en una perspectiva histórica. La

consideración de algunos casos particulares y las consecuentes generalizaciones

pueden ilustrar mi punto de vista.

Ciencia, tecnología y sociedad: claves para su comprensión histórica.

En el corazón de la civilización contemporánea está la moderna tecnología y esa

tecnología es ciencio intensiva. (Núñez, 1994). El desarrollo tecnológico está

alterándolo todo, desde lo económico y lo político hasta lo psicosocial, la vida

íntima de las personas, los patrones de consumo, la reproducción humana, la

extensión de la vida y sus límites con la muerte. La tecnología lo invade todo en

el mundo contemporáneo. Tal omnipresencia es un resultado histórico tras el

cual se revelan varios procesos sociales relevantes que explican el estatuto social

actual de la ciencia y la tecnología. Esos procesos sociales son:

1. La Revolución Científica de los siglos XVI y XVII que dio origen a la ciencia

moderna y desencadenó procesos de institucionalización y profesionalización de la práctica científica, así como desarrollos conceptuales y metodológicos

que tendrían notables efectos sobre la ciencia y su relación con la sociedad en

los tres siglos siguientes.

2. Las revoluciones industriales y los profundos cambios tecnológicos que las

acompañan. Cambios que conducen a una aproximación creciente con la

ciencia hasta confundirse ambos en la segunda mitad del Siglo XX a través de

la Revolución Científica y Tecnológica. El paradigma tecnológico que se

desenvuelve en las tres últimas décadas ha sido especialmente intensivo en el

consumo de conocimientos e impactante en términos de su alcance social.

3. El ascenso del capitalismo y su dominio planetario, afirmado luego de la

crisis del socialismo europeo. La consolidación de la ciencia moderna y del

capitalismo son dos procesos históricamente paralelos e interconectados

como se mostrará más adelante. La mundialización del capitalismo es un

proceso asociado no sólo a las fuerzas productivas y las relaciones de

producción que le proporcionan su fundamento, sino a las pautas de consumo

que él promueve y a los modelos de desarrollo que preconiza, a los cuales

atribuye una universalidad que sus apologetas consideran imposible de

contestar.

4. El surgimiento, afirmación y crisis del sistema mundial del socialismo. Tanto

por sus esfuerzos y éxitos en el campo de la ciencia y la tecnología, como por

las respuestas que sus avances demandaron del capitalismo en el contexto de

la guerra fría, la existencia del socialismo ha sido un hecho social

fundamental para explicar el desarrollo científico y tecnológico de este siglo.

5. La fractura planetaria entre países desarrollados y países subdesarrollados.

La riqueza mundial está sumamente concentrada en un grupo de países lo que

les proporciona un enorme poder en las relaciones internacionales. Ese poder

se apoya en el dominio de la ciencia y tecnología, aún más concentradas que

la riqueza. Esa polarización tiene consecuencias enormes para cualquier país

que intente desarrollar ciencia y tecnología.

Los procesos mencionados nos remiten a los acontecimientos europeos que

transcurren fundamentalmente entre los siglos XV y XIX. En ese plazo se

desenvuelven en Europa tres grandes procesos revolucionarios crecientemente

interconectados: La Revolución Burguesa, la Revolución Científica y la

Revolución Industrial (Furtado, 1979). Comentemos algunas de sus

consecuencias. El ascenso de la burguesía significó la promoción de una clase urgida de acelerar

el proceso de acumulación en las fuerzas productivas, generadora de la

racionalidad instrumental orientada a la acumulación y necesitada de borrar la

cultura y la ideología que cristalizó el medioevo.

Dos ejemplos pueden ilustrar este proceso. El primero es extraído de la

explicación que sobre la obra de Galileo ofrece Pierre Thuillier (1989). Según

éste, Galileo nació en un momento peculiar de la sociedad europea, donde se

destacaba la presencia de muchos banqueros, ingenieros, empresarios; Europa se

había vuelto realista, racionalista. A partir del siglo XIII, sobre todo XIV y XV,

de agrícola pasó a urbana e ingresó en el capitalismo. En ese proceso surgió una

clase que quería actuar sobre la naturaleza, confiaba en el hombre y veía el

mundo de modo nuevo; se producía un cambio de modo de producción, de

mentalidad y aparecían nuevos actores e intereses. Las personas dedicadas a

tareas prácticas adquirieron un papel muy importante. Leonardo da Vinci, por

ejemplo, era uno entre muchos artistas e ingenieros. A partir del siglo XVI junto

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