Neohumanismo y republicanismo en luc ferry



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>, de esa filosofía que he denominado con la expresión <>”.37Humanismo cargado de dignidad kantiana, de derechos, de solidaridad y de espíritu republicano ilustrado, en el que el hombre se constituye en el centro de todas las actividades, incluso de aquellas que escapan a su control como lo es el universo abierto en el que habitamos. Así, el humanismo del que hablamos, por más que hable de un discurso científico, conserva en sus entrañas la simiente del pensamiento judío cristiano que arrastra la cultura occidental. En el fondo es la situación de precariedad espiritual que vive el hombre contemporáneo. “Ésa es también la razón por la que el conocimiento de uno mismo como ser libre pasa a ser prioritario en el cristianismo”.38Ante este panorama, se presentan dos apreciaciones: la primera, las sociedades de control y de comunicación, podríamos decir las sociedades virtuales o de burbujas, que invaden la intimidad y a la vez la controlan. La segunda, la vida misma sujeta a manipulaciones biotecnológicas, quedando amarradas al capricho de unas biopolíticas que manipulan en cierto momento la vida misma. Es decir, un discurso sobre el hombre, sobre el humanismo, sobre las humanidades, pasa por estas apreciaciones y sus derivaciones de corte existencial. La polémica está planteada y el mismo Ferry entra en ella. “En este aspecto, la posibilidad del relato es mucho más esencial que la del propio lenguaje, con la cual tan a menudo se la confunde de manera simplista. Pues el relato entraña la existencia de un mundo común, propio del hombre. Y en ese mundo, el lenguaje, el arte, la educación, la religión, el amor y el odio no deben ser identificados con sus análogos animales, como sugiere la tendencia contemporánea del cientificismo: educación no es aprendizaje, cultura no es costumbres, brutalidad no es maldad, apego no es amor, gen egoísta no es sacrificio; estas confusiones ordinarias del discurso biológico contemporáneo muestran que el concepto de mundo común, cuyo signo es la posibilidad del relato, es falaz”.39En este discurso intervienen ideas cristianas, ideas trascendentales o a priori de orden filosófico, como las históricas en la conformación del hombre-dios, unidas a problemas cotidianos como la libertad y la felicidad, en la consecución de una buena vida.
Por tanto, lo que caracteriza al humanismo de Ferry, es su amplia postura de diálogo con el pensamiento contemporáneo, el cual percibe al Otro para comprendernos en un ámbito de libertad política. Es decir, una singularidad de la existencia a través de la universalidad con el Otro. “Al distanciarme de mí mismo para comprender al prójimo, al ampliar el campo de mis experiencias, me singularizo, puesto que supero lo particular de mi condición individual originaria para acceder, si no a la universalidad, al menos a una consideración cada vez más vasta y rica de las posibilidades que ofrece toda la humanidad”.40La riqueza de este humanismo radica en mi propia realización, en apropiarme de aquello que él me hace sentir pleno, a gusto, en la elección puntual que hacemos, sin renunciar a lo que somos y a lo que deseamos. Es el estilo de vida que se elige como característica de este humanismo. “Si existe una verdad de lo que Nietzsche designa como <>, es la siguiente: la vida más ampliada es también la más singular, la más rica e intensa, la que hace coincidir armónicamente en sí -según el deseo de Nietzsche- la mayor diversidad posible de experiencias que ensanchan nuestro punto de vista sobre la humanidad. Por tanto, la felicidad auténtica, o más modestamente, las mayores alegrías que puedan vivirse en la existencia, no pueden radicar únicamente en la ausencia de turbación o pasión”41Es un estilo de vida reflejado en el descanso, en la serenidad, que llega a conocer a los demás, en aquel que logra el dominio de sí mismo.
NATURALEZA, RAZÓN Y POLÍTICA
Respecto a este tema: naturaleza, razón y política, podemos decir algunas ideas no muy extensas. El neohumanismo republicano aquí estudiado, desplaza su mirada filosófica hacia aquello que no es tenido en cuenta, como la naturaleza en su conjunto, ignorada por una filosofía racionalista e instrumental hacia el entorno. Esta nueva postura hacia los problemas de la naturaleza, en especial la humana, implica un nuevo discurso hacia estos asuntos, en especial el humanismo pregonado por Ferry. “Podría resultar, en efecto, que la separación de hombre y naturaleza a través de la cual el humanismo moderno llegó a atribuir únicamente al primero la cualidad de persona moral y jurídica no haya sido más que un paréntesis, que se está cerrando ahora”.42Tal como vemos hoy con los derechos de los animales, trabajados fuertemente por filósofos como Peter Singer con su propuesta de Liberación animal. Que por cierto como toda propuesta no está exenta de discusión y de objeción. A este panorama se agregan los tratados internacionales de protección de la naturaleza en su conjunto y las acciones de grupos ecologistas que pretenden por vías concretas defender especies en vías de extinción. “En unos tiempos en los que las referencias éticas son más fluctuantes e indeterminadas que nunca, permite que se perfile la promesa inesperada del arraigo por fin objetivo y fiable de un nuevo ideal moral: la pureza recupera sus derechos, pero estos últimos ya no se fundamentan en una creencia religiosa o <>. Pretenden estar <>, <> por los datos más incuestionables de una ciencia nueva, la ecología, la cual, aun siendo global como lo era la filosofía, no por ello deja de ser tan indubitable como las ciencias positivas sobre las que se basa de modo permanente”.43Este tipo de humanismo se caracteriza por la inclusión del Otro, el respeto por la naturaleza, un mejor modo de vida en plena armonía con lo natural.
Ahora bien, si la modernidad brilla por el desarraigo y por el excesivo individualismo de corte liberal y metafísico; Ferry apunta a un espíritu de reforma en el sujeto contemporáneo, la cual en cierta forma es recogida por movimientos ecologistas con posiciones democráticas, que defiende la naturaleza a la vez que no renuncia a la vida citadina como a los aportes que la ciencia trae para la humanidad. Es decir, no nos podemos abstraer de lo que el hombre ha logrado hasta el momento, no se puede volver a las cavernas. “No es injustificado objetar que ningún hombre puede pretender abstraerse del todo de la comunidad histórica y cultural a la que pertenece, que el universalismo abstracto, por tanto, no es creíble, ni tan siquiera deseable: ¿cómo íbamos a poder no estar apegados de algún modo a los que los románticos llamaban Heimatsgefühl, a ese lugar, a esa época a esa tradición en que podemos experimentar el sentimiento de encontrarnos por fin en casa (bei sich)? Es una objeción que no puede descartarse sin dificultad. Así que hay que precisar”.43 No sin antes agregar lo que dice Ferry, que, lo que marca la diferencia respecto a la animalidad, es la humanidad. En consecuencia, la reflexión es que el hombre descubra su esencia, lo que él es en el mundo por él construido. “Si, por el contrario, tomamos el criterio de la libertad, no es insensato admitir que tengamos que respetar la humanidad, incluso en aquellos seres que ya no manifiestan de ella más que indicios residuales. Por ello se sigue tratando con consideración a un gran hombre por lo que fue en el pasado, incluso cuando los achaques de la edad le han despojado desde hace mucho de las cualidades que hicieron de él un artista, un intelectual o un hombre político de excepción. Por las mismas razones, deberíamos situar la protección de las obras de cultura por encima de los modos de vida naturales de los animales, pese a que, feliz evidencia, ambas no se excluyen mutuamente. Pues la preferencia ética otorgada al reino antinatural por encima de lo natural no nos exime de reflexionar y, en lo posible, de hacer justicia a la especificidad equívoca de la animalidad”.45 Por tanto, el humanismo de corte republicano se caracteriza en la defensa de la naturaleza. No sobra decir que es un humanismo inspirado en posturas filosóficas como las de Rousseau, Kant y el mismo Fichte; el cual no se encuentra exento de críticas por ecologistas radicales, que cuestionan dicho humanismo moderno, causante, según su apreciación desde Descartes, de la destrucción del entorno natural. Así, el humanismo republicano concibe al sujeto autónomo, autor de sus normas y leyes, en el que la naturaleza tiene cabida de manera reflexiva y respetuosa; en un ser que no se encuentra determinado por la naturaleza en su manera de vivir. “Pues a diferencia del animal, que está absolutamente sometido al código natural del instinto propio de su especie mucho más que a su individualidad, los seres humanos tienen la posibilidad de emanciparse, incluso de sublevarse contra su propia naturaleza”46 Aparece la libertad y el pensamiento sustraídos de las cosas, que en el caso de Ferry es lo que da autenticidad humana, lo que el hombre es en su cultura, sociedad, política, economía, ética, etc. “Nada hay tan poco natural como el reino del derecho, de igual modo como nada hay tan poco natural como la historia de las civilizaciones: tanto uno como otra son algo desconocido para las plantas y los animales”.47Lo que pretende decir Ferry, es que el humanismo republicano es una propuesta de una ecología democrática, que en su caso se compagina con una sociedad laica, reformista, reflexiva y con sentido para el sujeto con mayoría de edad y con intencionalidad; por lo tanto con espíritu de libertad. “Este individualismo democrático y autenticitario es el mismo que reaparece en la voluntad de preservar el medio ambiente. Pues sobre este telón de fondo ideológico se desarrolla el <>, la voluntad de encontrarse <>”48 y prosigue: “la tarea ética que se nos impone, si aún es permitido utilizar este término sin verse tachado inmediatamente de “moralista”, es entonces la crítica interna: analizar la realidad de estas sociedades en nombre de sus propios principios, en nombre de las promesas que hacen pero no cumplen”.49
El planteamiento de Ferry es un cuestionamiento que nos hacemos a sí mismos a partir de lo que tenemos, hemos construido y hemos de transformar y dar sentido como sujetos modernos, que es la postura que se destaca en el texto Filosofía política, en polémica contra Leo Strauss. “Como lo percibirá el lector, el punto de vista aquí adoptado desea ser resueltamente “moderno”. Lo que no significa para nada que desconozca la distancia irreversible que nos separa del siglo de las luces. Una toma de posición en favor de los Modernos -en favor de una cierta concepción de la racionalidad y de la igualdad democráticas- ya no puede efectuarse ingenuamente sin mediación”.50 En esencia, lo que venimos planteando en torno al pensamiento humanista de Ferry, es partir de la modernidad, pero actualizándola, remozándola, en lo que sería un neo republicanismo, en franca polémica con aquellas posiciones que rechazan o cuestionan los resultados del espíritu de la modernidad.
En la postura crítica hacia la modernidad, Ferry destaca en Heidegger lo siguiente:

  1. La racionalidad sistemática. En la que se da razón de cada ente.

  2. La metafísica de la subjetividad. El sujeto es el fundamento para el ser ahí. Es decir, es el modelo.

  3. La dominación planetaria de la técnica. El hombre es el amo y poseedor de la naturaleza.

  4. El totalitarismo socio-económico-político. El ente se desgasta en el cálculo.


Digamos que son las críticas que Ferry realiza a aquellos que pretenden rescatar y volver a una filosofía antigua, que en Leo Strauss se refleja en la defensa y actualidad de la filosofía clásica griega. Según Ferry, leyendo a Heidegger, los anteriores puntos destacan las características de la modernidad en su esencia. En otras palabras, el sujeto hace una representación, una imagen del mundo, una concepción del mundo. El hombre entra a ocupar el lugar central en el universo. Quizá uno de los reproches al espíritu de la modernidad se da en el olvido o distanciamiento de lo sagrado. Ello necesariamente invita a la objeción de la misma aparición del pensamiento filosófico moderno que toma distancia frente a lo religioso, frente a una explicación del mundo desde una teología, en la que el libre uso del pensar queda empeñado con dicha postura religiosa, que piensa al hombre desde lo universal y no desde lo individual, desde la comunidad y no desde la sociedad, desde el ser y no desde lo antropológico. Aquí salta la respuesta de Luc Ferry de su humanismo moderno, en el que lo político y lo filosófico son determinantes, ya que para él la característica del mundo antiguo, en lo que respecta a lo político, es antidemocrático o desigual, debido a la mirada jerárquica que se tiene del mundo, en el que cada quien ocupa un lugar determinado en la estructura social, tal como se puede apreciar en Platón. Es pues que la decisión a favor de un humanismo de espíritu republicano, se apoya en la modernidad, en el que “los derechos del hombre son una invención puramente moderna, ligada a la instauración de la subjetividad, como postura de fundamento, y en el universo griego no encontraríamos de ellos la menor huella”.51En el que la modernidad tiene la capacidad y virtud de criticarse a sí misma, sin que implique su autodestrucción. “En otros términos: se trata de mostrar cómo la razón, la libertad de la voluntad y la igualdad (entendida aquí en su sentido, tocquevilliano y por tanto, como antítesis de la desigualdad cósmica de la filosofía clásica) pueden interpretarse de tal modo que, al limitarse, se libran de su devenir metafísico-historicista”.52Es el interrogante de la tradición filosófica francesa. “La verdadera diferencia entre las filosofías modernas de la libertad y el pensamiento clásico no consiste, pues, como lo sugiere L. Strauss, en el hecho de que las primeras habrían abolido, de cualquier manera, la trascendencia del ideal, sino antes bien, en que producen una definición del ideal que sea compatible con un pensamiento auténtico de la humanidad del hombre (libertad). Por tanto, es lícito pensar que, según las mismas normas que son las de L. Strauss, esas filosofías de la libertad, en la medida en que atribuyen una significación ética a la trascendencia del ideal, poseen todas las cualidades requeridas para fundar un pensamiento político a la vez no historicista y no positivista”.53 Según esta afirmación, se puede abordar así las filosofías modernas de la libertad. Esto último nos lleva a una postura filosófica que nos invita pensar nuestro pensar; por ende la vida misma. Es decir, el esfuerzo se centra en poder pensar nuestro presente, tal como se deja entrever en el segundo volumen Filosofía política. El sistema de las filosofías de la historia.54 En pleno interés por escudriñar lo que es y nos dice el presente, que para Ferry se encuentra ligado a la historia, a diferencia de ciertas posturas metafísicas que de una u otra forma la niegan, al darle a la filosofía solamente una función interrogativa y no histórica.55La cuestión está en una ontología ética e histórica, en permanente cuestionamiento de la realidad, de la actualidad. Tal es el caso de las humanidades que se van elevando progresivamente hacia el dominio de lo que es propiamente lo ético, es decir, hacia la esfera de los fines objetivos o universales. “Tal es en efecto la verdadera significación de la célebre distinción que efectúa Kant entre la habilidad (que consiste únicamente en la consideración de los medios que permiten alcanzar fines exclusivamente particulares a un sujeto dado), la prudencia (que apunta ya a fines más generales, como la salud, que pueden considerarse como comunes a la especie humana en tanto que especie biológica), y la moralidad propiamente dicha, que reside en el hecho de proponerse fines universal e incondicionalmente válidos (por ejemplo: no tratar nunca a otra persona sólo como medio)”.56En palabras de Ferry sería conservar lo ético en lo político sin caer en posiciones cuestionadoras de la modernidad, como se puede ver respecto a Leo Strauss. “Leo Strauss. Preguntándose por las condiciones de posibilidad de la filosofía política, en efecto Strauss llega a la doble conclusión, por una parte, de que la supervivencia de la filosofía política pasa por una crítica del historicismo (cosa que se nos concederá), pero por otra parte, que no podría operarse sino por un retorno al pensamiento “clásico” (antiguo), ya que todas las filosofías políticas modernas coinciden ineludiblemente en la producción de un historicismo radical”.57Quizá un historicismo donde todo se encuentra determinado, gracias una racionalidad que explica todo y donde el azar no tiene cabida, siendo su principal característica metafísica. En este sentido, el hombre se encuentra atrapado en una estructura teleológica de la cual no escapa cual si fuera su destino. “La historia tiene entonces tres momentos: el momento del en sí, en que el conjunto de la evolución está contenido en capullo; el momento del despliegue, del desenvolvimiento, lo que Hegel denomina el estar – ahí, es decir la evolución histórica propiamente dicha, en la cual se desenvuelven realmente en el tiempo los acontecimientos; y finalmente el momento del retorno a la unidad, de recogimiento, que reproduce el origen, el en – sí, pero tras de haber explicitado, desplegado todo cuanto se hallaba sólo en estado de germen (lo que Hegel llama el para – sí). Esta última etapa señala entonces el fin de la historia universal y, en este caso, para Hegel, la aparición del Estado moderno”.58 Es el presente ante el cual el hombre expone su libertad, a la vez que sus dificultades y encrucijadas, a partir de una tesis racional que explica y fundamenta la existencia y se proyecta hacia el futuro, en hombres y mujeres dueños de sus destinos, es decir, en términos kantianos y fichteanos, autónomos, profundamente espirituales, que rompen con toda visión y postura dogmática. “Porque ese progreso de la cultura se debe en realidad a la libertad del hombre, y si ha habido “astucia”, más bien se trataría de una “astucia” de la libertad”.59 Es el individuo que evita ser tachado a partir de cualquier dogmatismo, en especial, aquel en que el Estado es visto como el fin último de la humanidad. En esta dirección, Luc Ferry asume el humanismo de Fichte, sobre todo en lo que respecta al campo de la intersubjetividad, en el que el Otro es un ser percibido en su reconocimiento como ser libre y razonable, reflejado en unos derechos y una democracia republicana para nuestra actualidad, tal como se puede apreciar en el tercer volumen de Filosofía política III. De los derechos del hombre a la idea republicana.60
Es claro, para una polémica de los derechos del hombre, que se deben tener en cuenta dos aspectos:

  1. El desgaste de los derechos humanos y su reactivación así como su relación con la política.

  2. Los derechos humanos pueden en gran medida inspirar una política democrática.

Estos dos aspectos vienen caracterizados por la discusión en torno a la efectividad de los derechos humanos, alrededor de lo que sería un humanismo jurídico. “Ya no se trata, tan sólo, de declararse una vez más “por” los derechos del hombre: el consenso que ha reaparecido en torno de la referencia de esos principios es una experiencia sobre la que nadie piensa regresar en adelante, según parece; a pesar de todo, se aclaran ciertas inquietudes o determinadas decepciones acerca del alcance político de la retórica de los derechos del hombre. Se trata, en cambio, de preguntar por el objeto mismo de este consenso: porque, si no se toma ahora como materia de un problema la referencia de los derechos del hombre, se corre el gran riesgo de ver que ese movimiento de regreso cae en el atolladero de la ideología, o aun –de acuerdo con un gesto cuyo esbozo acabamos de percibir-, reniega en grados diversos”.61 Esto último destaca la postura del espíritu republicano en torno a los derechos humanos, en ir al meollo del asunto sin ambigüedades, para así lograr una relación con la idea de humanismo jurídico y poder llegar a una idea de lo político, que es la misma democracia, como se deja planteado en este tercer volumen. En consecuencia, no se pueden dejar a un lado los derechos en aras de un ideal mejor que al final termina en un engendro político.
Ante todo, el republicanismo de Luc Ferry, brilla por la defensa moderna de los derechos del hombre sin ningún tipo de duda a través de un humanismo jurídico. “Para que el discurso de los derechos del hombre ejerza su función crítica acerca de la positividad, acerca del poder establecido, es evidente sin duda que estos derechos deben pensarse en relación con una esencia abstracta del hombre, y que esta idea indeterminada del hombre en su calidad de hombre pueda constituir un valor superior a todas las determinaciones que hayan impreso en el hombre la época, la categoría social o la sujeción nacional. Valorizar “al hombre sin determinarlo”, que es lo que define precisamente al humanismo moderno, “idea aparentemente irrisoria” sin la que, no obstante, “desparecería la democracia” y que “toda la crítica inspirada por el marxismo y también la conservadora” se ha apresurado a denunciar”.62En este sentido, la legitimidad de dichos derechos se da en el espíritu de la subjetividad moderna, de la individualidad, la cual se ampara en el discurso de la libertad, mas no a través de los hechos, objeto de polémica y conflicto en las sociedades liberales, ya que nadie estaría dispuesto a renunciar a la libertad, pues renunciar a ella es renunciar a la condición humana, a la dignidad humana, siguiendo a Ferry, a Kant y al mismo Rousseau, que por medio del contrato social y la voluntad general, toman en cuenta a todos los miembros de la sociedad y no a una fracción especial. Se puede aventurar en decir que la verdadera raíz de la modernidad la encontramos tanto en Rousseau como en Kant, al abrir un nuevo mundo de posibilidades para el hombre en su libertad, en su aparición antropológica y filosófica, en el que la conciencia de dicho sujeto es primordial en el momento de construir su radical individualidad.
Finalmente, este humanismo moderno abre la mirada en varios aspectos: se mira a sí mismo, es decir, no es parte homogénea de un colectivo social o comunitario, no depende de alguien sobrenatural, ama la libertad, toma conciencia política de la actualidad, a la vez que cultiva una mirada universal de la cultura de los pueblos. En consecuencia: “el ‘republicanismo’ es, desde luego y ante todo, la voluntad de recoger y enriquecer ‘la herencia de los derechos del hombre’ ”.63 Lo cual nos conduce a decir que: “Los verdaderos derechos del hombre son los derechos del ciudadano, como derechos políticos para participar en el poder, esencialmente por medio del sufragio universal; derechos-participación que, por medio del sufragio universal; derechos-participación que, por una parte, suponen a los derechos – libertades y, por otra parte, garantizan con su ejercicio mismo el considerar las exigencias de la solidaridad o de la fraternidad”.64

Bibliografía
Ferry, Luc y Renaut, Alain Heidegger y los modernos. Paidós. Buenos Aires. Argentina. 2001.

Ferry, Luc y Didier Vincent, Jean. ¿Qué es el hombre? Taurus. Madrid. España. 2001.

Ferry, Luc. El hombre Dios o el sentido de la vida. Tusquets. Barcelona, España 1997.

Ferry, Luc. ¿Qué es una vida realizada? Paidós. Barcelona, España. 2003.

Ferry, Luc. El nuevo orden ecológico. El árbol, el animal y el hombre. Tusquet. Barcelona, España. 1994.

Luc, Ferry. Las tres épocas de la filosofía moderna. En Ideas y valores. Bogotá. # 89 agosto de 1992.

Luc. Ferry. Filosofía política. I. El derecho: la nueva querella de los antiguos y los modernos. F. C. E. México. 1997.

Luc, Ferry. Filosofía política. II. El sistema de las filosofías de la historia. F.C.E. México. 1997.

Ferry, Luc y Renaut, Alain. Filosofía política III. De los derechos del hombre a la idea republicana. F. C. E. México. 1997.

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