Neohumanismo y republicanismo en luc ferry



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Neohumanismo y republicanismo en Luc Ferry. Mario Germán Gil Claros.

Revista Lindaraja



2009




NEOHUMANISMO Y REPUBLICANISMO

EN LUC FERRY
Dr. Mario Germán Gil Claros

Resumen

Luc Ferry plantea un conocimiento sobre el hombre y el humanismo, desde una reflexión y postura crítica, la cual recoge en gran medida los aportes de la Ilustración y de la modernidad. Hablar de humanismo en este filosofo, es discutir y confrontar lo que el hombre ha sido y es en momentos clave de su historia. Es el humanismo de los derechos, de la libertad y del espíritu republicano.


Por tanto, lo que caracteriza al humanismo de Ferry es su amplia postura de diálogo con el pensamiento contemporáneo, el cual percibe al Otro para comprendernos en un ámbito de libertad política. Es el estilo de vida que se elige como característica de este humanismo.

Palabras clave: Humanismo, republicano, derechos, naturaleza humana, razón.

NEOHUMANISM AND REPUBLICANISM

IN LUC FERRY

ABSTRACT:
Luc Ferry proposes a knowledge on men and humanism, from a reflexive and critical point of view, which gathers the contributions of illustration and modernity. Talking about humanism and this philosopher, means to discuss and face what the man has been and is during key monets of his history. It is the humanism of rights, freedom, and republican spirit.
Therefore, Ferry’s humanism is characterized by his wide position of dialog with the contemporary thinking, which understands the Other in order to understand ourselves in a political freedom scope. It is the lifestyle that is chosen as a characteristic of this humanism.

KEY WORDS: Humanism, republican, rights, human nature, reason.

***
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA


Luc Ferry plantea en sus distintos libros un conocimiento sobre el hombre y el humanismo, desde una reflexión y postura critica, la cual recoge en gran medida los aportes de la Ilustración y de la modernidad. Hablar de humanismo en este filosofo, es discutir y confrontar lo que el hombre ha sido y es en momentos clave de su historia. Luc Ferry se caracteriza por confrontar estos momentos centrales de la humanidad. Así, en el libro escrito con Alain Renaut: Heidegger y los modernos; 1 se caracteriza por la polémica en torno al humanismo y al antihumanismo moderno, que divide al hombre en auténtico e inauténtico, en los elegidos y no elegidos; postura de pensamiento que se ha de reflejar en una dinámica social de exclusión del Otro, como ser marginal o inexistente. En esta dirección, hay indiferencia en vez de solidaridad, exterminio en vez de resistencia. Es el sacrificio del hombre moderno en nombre de él mismo. Esto último pretende un esencialismo natural e histórico, contrario a toda etiqueta o código de reducción humana. “En suma, si la noción de humanismo tiene un sentido, es precisamente este: lo propio del hombre es no tener algo propio, la definición del hombre es no tener definición, su esencia es no tener una esencia. Las cosas y seguramente también los animales son lo que son; sólo el hombre no es nada: para él es imposible, sin caer en la ‘mala fe’, coincidir con una identidad, ya sea natural, ya sea familiar, ya sea social”.2 El hombre no puede quedar sometido a la mera violencia, a la exclusión o al marginamiento particular; al contrario, lo característico de él es su universalidad, es lo propio que comparte con los demás, es la inmensidad de poder trascender (Kant) y navegar con plena libertad, en el que el Otro está en mi perspectiva. “Para decirlo más claramente: todo hombre corre incesantemente el riesgo de confundirse con determinaciones particulares, puede concebirse como perteneciente a una nación particular, a un sexo, a una etnia o a un grupo, a un rol, a una función, y puede ser, pues ‘nacionalista’, ‘sexista’, ‘racista’, ‘corporativista’, pero también puede (y allí está la humanitas del hombre) trascender estas definiciones para ponerse en comunicación en el prójimo (universalidad)”.3 Precisamente, la gravedad de un humanismo a secas, descansa en su postura abstracta, que no nos dice nada en concreto; ha un humanismo de asumirse en su pertenencia, en la que el otro como ser de carne y hueso juega un papel real en su realización terrenal. “Hay que decirlo y repetirlo: los dos momentos que definen el humanismo están indisolublemente ligados. Afirmar que lo propio del hombre es la nada implica sostener que puede sustraerse a todo particularismo (y apuntar a la universalidad). Decir que el hombre apunta a lo universal es afirmar que es nada, que nunca se confunde íntegramente con ninguna identidad particular, con ningún ser particular. La problemática de la comunicación con el prójimo, de la intersubjetividad, se revela así inseparable de la problemática del humanismo como existencialismo”.4 La puesta que se teje en esta reflexión es la de un humanismo democrático, el cual abordaremos en el transcurso de estas lecturas.

Ahora bien, el individuo moderno es aquel que desde una posición autónoma lucha contra todo aquello que represente heteronomía, contra cualquier tipo de imposición arbitraria, sea religiosa, doctrinaria, política o filosófica. Este tipo de individuo moderno es el que cuestiona cualquier tipo de comunitarismo, el cual lo califica como un ser fragmentado y sin norte. Es el individuo que erosiona pasados y contradicciones; en esencia, es el sujeto moderno, el que además ha interiorizado la lucha por la democracia, por la libertad, parejo por la lucha de los derechos, como se ha visto en los últimos años.5 Este tipo de sujeto convive, paradójicamente, no en un pasado, no en un futuro, sino en el presente, en el que cultiva de manera baudeleriana y quizá hegeliana, el encanto que de él se puede lograr, no sin antes recrearlo a su manera, en el afán de perfeccionarse. Así, podemos decir que por inhumano que sea el hombre en sus pensamientos y acciones, más radicalmente es humano; las cosas a las cuales él le da su empeño, modelación y acabado, son también muy humanas en su intención y resultado, como lo es la cultura, pues todo lo que cae en su mirada, cae bajo la inclusión con rostro humano, lo natural queda preso en esta lógica, pierde su naturalidad para tomar rostro humano, reflejado en un rostro cuya característica contemporánea es la manipulación genética, en el afán de lograr vida eterna. Es la mirada la que se desplaza de nuevo a la naturaleza, lo cual implica dos posiciones: una ecológica, cuyo centro vital de preocupación es la preservación del entorno y la otra científica, que facilita un mejor modo de vida para la especie humana.


DE LA NATURALEZA HUMANA


Las últimas líneas del texto ¿Que es el hombre? Nos señala una nueva mirada materialista de lo que es el ser humano y su estrecha relación con un humanismo democrático-republicano. Así visto, el hombre no ha dejado de ser un ser más de la naturaleza, con características especiales que le han permitido ciertas ventajas sobre los otros seres naturales, pero, a la vez, es aquel que toma distancia frente a ella a través de la libertad, la cual da fundamento a lo humano. Así se evita quedar reducido a un mero código o determinismo, permitiendo poder maniobrar sobre sí mismo, sobre su condición natural. “Me gustaría dar aquí la vuelta, en forma de paradoja, a la opinión general del materialismo: no es por el hecho de tener una historia, social o natural, por lo que el hombre no es libre, sino que, por el contrario, por el hecho de ser libre es por lo que accede a la auténtica historicidad, la que nos aleja del reino de la naturaleza para hacernos entrar en el de la cultura”.6 Aquí estaría la genialidad del humanismo contemporáneo, a diferencia de las llamadas ciencias humanas, con toda la crítica que le merece. Para Ferry: “Un Humanismo abstracto, como correctamente lo denominaba Claude Lefort, puesto que nos invita, en efecto, a hacer abstracción de las determinaciones materiales teniendo en consideración el derecho y la ética”.7 Es el humanismo de los derechos, de la libertad y del espíritu republicano.
Esta idea de hombre se encuentra ligada a la educación, en el esfuerzo que el educando imprime para lograr lo que pretende, constituyéndose este arrojo y dedicación en motor formativo del espíritu, en el que el merito brilla por sí mismo en este aprendizaje. La igualdad, la superación, la dedicación, son rasgos esenciales de las filosofías de la libertad. En términos de pensamiento utilitarista, el esfuerzo se transforma en la búsqueda del placer, como hoy lo determina la sociedad de consumo. Lo que pretende son los beneficios corporales y mentales en la consecución del bienestar. Es decir, no se busca ser el primero, sino estar bien, en forma, pasarla bien, a partir de la defensa del individualismo. Nos encontramos ante el hombre de la razón que está por encima de la naturaleza, tal como se puede apreciar en el pensamiento kantiano. Es aquel que escapa a todo determinismo, ya sea natural o histórico, lo cual nos quiere decir que el hombre como ser racional es universal; apunta en sus acciones al bien común en la superación de sus posturas egoístas, tal como lo dejan ver las filosofías de la libertad, como las de Rousseau, Marx, Kant y los liberales, entre otros. Estas filosofías de la libertad, del humanismo racional universal, se caracterizan porque la fuente de su inspiración es el sujeto social y moderno.
HUMANISMO REPUBLICANO
Ya de entrada vemos que el espíritu del humanismo republicano se da en los ideales modernos de la Ilustración, y del pensamiento kantiano, con las banderas de la libertad, la igualdad, la democracia, la autonomía moral y el bien común, que van a influir en lo que serían unas humanidades y unas pedagogías modernas.
El humanismo republicano no parte del talento en el aprendizaje, es decir, en la idea del mejor espíritu aristócrata, al contrario, democráticamente considera a todos en el proceso formativo como seres capaces de lograr lo que se proponen en su formación. Son aquellos que se superan a sí mismos en un contexto universal, en el que es respetado y tenido en cuenta, tal como debería ser el diseño del currículo escolar moderno. Como todos sabemos, el libro pedagógico que recoge este pensamiento es El Emilio de Rousseau, que destaca en el espíritu de superación y de humanidad al educando. Este esfuerzo se manifiesta porque Emilio va directamente a los hechos, a las cosas, como lo dice Luc Ferry, en vez de una educación abstracta. En este sentido, Ferry nos habla de los “Métodos activos” resumidos en los siguientes puntos:

  1. Dejar en libertad al niño. El juego es primordial. Es la anarquía política.

  2. Fomentar el adiestramiento. Es el absolutismo político.

  3. Cultivar el espíritu del trabajo. Es el ejercicio democrático de la ciudadanía.

A la anarquía del juego y al absolutismo del adiestramiento sucede así la ciudadanía del trabajo: el ciudadano es el que es libre cuando vota la ley, y, sin embargo, está coaccionado por esa misma ley desde el momento en que la ha aprobado-donde encontramos los dos momentos, libertad y disciplina, actividad y pasividad, que el trabajo reconcilia en sí”.8 Es aquel capaz de transformarse y transformar al mundo en la configuración de la primacía humana. “Es en el hombre, en su razón y en su libertad que constituyen su dignidad, en el que hay que basar los principios del respeto al otro, no en la divinidad”.9 Es el hombre moral cuyas raíces y prácticas las encontramos en la Ilustración o, como lo diría Ferry, en los principios plasmados en 1789. Es el hombre político, el de la revolución, el de la solidaridad, el de la razón, la cual encuentra en todos los fenómenos o hechos tanto naturales como culturales una explicación racional. A la vez es aquel capaz de distanciarse y de relacionarse intencionalmente, pues su libertad así lo establece; parejo a la idea de los derechos humanos.
En clara defensa del humanismo universal, Ferry dice: “En ellos reside toda la problemática del humanismo abstracto (totalmente olvidado por el utilitarismo) que quiere que un ser humano sea respetable independientemente de sus pertenencias comunitarias a una lengua, una nación, una raza, una religión, etcétera. Creado en China, un niño pequeño europeo se convierte en chino por su lengua, sus costumbres, incluso sus gustos y, recíprocamente, el niño chino adoptado se convierte fácilmente en alemán, italiano o francés. ¿Y un Bonovo no sigue siendo en cualquier parte, esencialmente un Bonovo, como si la naturaleza y no la cultura dictara la práctica totalidad de sus comportamientos?”10 Posición filosófica enfrascada en la defensa del humanismo universal kantiano, que se diferencia de las posiciones utilitaristas y del determinismo materialista. Esta es la posición que los defensores de los derechos humanos y de la libertad, toman como efectiva valoración universal. Hay en esta visión de derechos una profunda preocupación por el Otro como fin en sí mismo, una sensibilidad por su condición, por su cultura, por el ecosistema. En esta dirección, la humanidad se vuelve un fin en sí misma. De nuevo Ferry, retomando la reflexión sartreana: “lo que da su dignidad al ser humano en general es el hecho de que, a diferencia de los objetos o los animales, es un animal fundamentalmente libre, que trasciende a todas las etiquetas que pretendan colgársele. Su valor no consiste en su pertenencia a una comunidad sexual, étnica, nacional, lingüística o cultural, sino por el contrario en el hecho de que es capaz de elevarse por encima de todas esas raíces posibles para participar en la humanidad en general11Es clara la defensa de la Ilustración y de sus principios filosóficos que deja entrever Ferry, en especial en su vertiente kantiana. El humanismo republicano apunta, como todo buen humanismo moderno, al Otro en su realización. En este aspecto, su fortaleza en la historia, la educación, la cultura y la política, hacen la libertad humana. “En el fondo, podría decirse que lo propio del hombre no es solamente la consciencia de sí mismo, sino el compartir experiencias con otros humanos ‘la intersujetividad’.”12 En últimas, es lo que hace que el humanismo, las humanidades y la escuela sean lo que son; en franca crítica al sociobiologismo.13
La apuesta de Ferry al humanismo, es para una mayor sensibilidad en los asuntos del hombre a partir de posturas éticas, que impliquen una metafísica en sus asuntos diarios. Por ejemplo, en política, “las imágenes de Ruanda”, vistas por un europeo desde su hogar. La tragedia que implicó para miles de familias negras al ser asesinadas brutalmente y que la comunidad internacional no hiciera prácticamente nada ante este drama salvaje de un olvidado país africano, en el que se pone en cuestión al hombre mismo por medio de dichas imágenes que han marcado el comportamiento humano a través de toda su historia. Quizá es rescatar para el hombre lo que le compete en lo sagrado, no hay demonio, pero existe lo diabólico en muchas acciones humanas. Entonces, la soledad y lo diabólico de la vida moderna se da en su aceptación, fruto del alejamiento de lo sagrado como guía de nuestras acciones. “En El hombre-dios definía lo sagrado a partir de una reflexión de Nietzsche, como aquello por lo cual, llegado el caso, podríamos sacrificar nuestra vida”.14 En esta dirección, viene la propuesta de Ferry: Los valores amparados ante el riesgo de la vida, escapan de nuestras manos y toman trascendentalidad, no se pueden atrapar en la existencia. Es jugar a Dios, conservando su poder al ser desplazada o declarada su muerte. “Valores que resultan trascendentales, por tanto, e incluso de alguna manera absolutos, ya que no son relativos a tal o cual contexto particular: por mucho que lo intente, no veo cómo la cuestión de saber si está mal o bien torturar a un niño podría depender de tomar en consideración las consecuencias más o menos beneficiosas de semejante accion”.15 Es pues que, lo sagrado en la figura del hombre-Dios en su acción trascendental, es aquello que no se puede profanar por el mismo hombre. “Sagrado es ese límite que no puede franquearse (aunque desde luego siempre se puede hacer) sin entrar en la esfera del mal absoluto”.16 Tres palabras clave en el humanismo laico republicano de Ferry: Libertad, trascendencia y autonomía. Las tres, como hemos visto, hijas de la Ilustración, hijas de Rousseau y de Kant, que en el caso de Ferry, es una forma (Ilusoria) de comprendernos a sí mismos (materia). Así la definición de humanismo y libertad podría rezar de la siguiente forma: “Que lo humano es exceso o no es humano”.17 En el que la figura del hombre moderno asume el papel de Dios, como se ha podido apreciar en Feuerbach y Nietzsche. En este sentido, la libertad se asume como una liberación del estado natural y de los miedos.18 Agregaríamos también, un permanente ejercicio por distanciarse de los efectos del poder, en la consolidación del sentido humano de la vida, antepuesto a la desilusión o a los antihumanismos que critica Ferry.
El humanismo trascendental, afirma el sentido de todo aquello que hemos expuesto de la herencia Rousseauniana-Kantiana-Ilustración. El sentido es el lazo de unión humana, en el que la vida nos empuja a ello, en especial cuando somos nosotros mismos y no otros los auxiliadores, en la que debemos enfrentar dicha situación de orientación humana. Es el cuido de sí mismo lo que caracteriza a este tipo de reflexión sobre el hombre y no un mero remoquete de cientificidad. En esta dirección, la novedad de la modernidad está en el hombre mismo, el cual se piensa a sí mismo. “Los valores fundamentales de los modernos, pese a lo que se pueda decir, no son verdaderamente nada originales… ni muy modernos. Lo nuevo, en cambio, es que están pensados a partir del hombre y no deducidos de una revelación que lo precediera y lo englobara. Lo nuevo, sin duda, es que la indefinible trascendencia de la que dan testimonio estos valores se descubre también en el corazón del ser humano y puede así armonizar con el principio de los principios constitutivos del humanismo moderno: el del rechazo de los argumentos de autoridad”19 Este rechazo del principio de autoridad, es lo que ha caracterizado al espíritu del hombre moderno, resumido en la máxima kantiana de pensar por sí mismo. Este principio de lucha atraviesa no sólo la academia, la espiritualidad, también lo político y lo social, en el que la libertad de sí mismo está en juego. Claro está, no se está negando ningún principio de relación, de comportamiento y de acuerdo con la exterioridad, con el Otro. “Vayamos más lejos: El principio moderno del rechazo de los argumentos de autoridad anula tan poco la dependencia respecto de la alteridad que incluso la afirma más que cualquier otro principio”.20 Esto último nos conduce a decir lo siguiente: entre más afirmo mi alteridad, más afirmo mi autonomía.
Ferry parte de una concepción del hombre bajo el principio de la inmanencia-trascendencia, de ahí su polémica contra el materialismo presente, al cual acusa de dejar atrapado al hombre en una mera materialidad, pero metafísico en su comportamiento. “No obstante, no puedo hacer abstracción del hecho de que mis contenidos de conciencia se refieren, desde mi fuero interno, a objetos que parecen exteriores a mí. Cuando abro los ojos hacia el mundo, se me parece de forma indiscutible como no creado por mi propia conciencia. Tengo pues, en mí (inmanencia), el sentimiento apremiante de <> (trascendencia)”21 Refiriéndose a la fenomenológica, en la que se piensa y descubre la trascendencia, sin abandonar la inmanencia, es decir de lo que soy. Lo que se da en este aspecto de lo humano, es trascender ante el Otro, el que tiene rostro y me permite reconocerlo en su sentido y en su intención. Lo cual nos obliga a descubrirnos y enriquecernos en lo que somos; modernamente en la razón, la libertad y la dignidad. Nos abocamos a un humanismo profundamente terrenal a pesar de su espíritu sagrado.
Tanto lo terrenal como lo sagrado en Ferry, pasan por la elaboración de la idea de un humanismo trascendental, fiel a lo que es en su vida terrenal y al espíritu sagrado de su mirada. En otras palabras, lo que se da es un humanismo metafísico sin religión, en el que la libertad va a ser determinante en su trascendencia, en la capacidad de poder distanciarse de lo religioso y de poder desprenderse de lo material.22 En consecuencia, se puede decir que el humanismo de espíritu republicano y laico de Ferry, no se puede apreciar debajo el manto tradicional de la mirada positivista de las ciencias humanas, al contrario, se diría que simplemente hay que llamarlo por su nombre: Humanismo trascendental, cuyas fuentes filosóficas son bien conocidas. En esta reflexión republicana, inscrita en la corriente de las filosofías de la libertad, distinguidas porque no hay sujeción a término alguno, sea histórico (historicismo) o material (biologismo). Al contrario, la libertad no está determinada por un asiento biológico, está ligada, mas no determinada, por un espíritu kantiano de responsabilidad. “Porque la dignidad del ser humano es una base moral y no material”23Este humanismo trascendental está cargado de razón, en función de lo que hemos sido, herederos de una cultura. En este sentido, el hombre se construye a sí mismo y se proyecta más allá de lo inmediato, es más, la dignidad humana se da a partir de la razón y la libertad en el que el Otro es respetado24 y valorado a través de los derechos tanto sociales como económicos y políticos. Para Ferry la dignidad, como se aprecia en Maritain, ya no es monopolio del cristianismo, en el que se incluye el respeto a la persona y el cuido del Otro, constituyéndose en principios centrales del humanismo moderno de corte laico, sin negar el diálogo con la espiritualidad. Nos hallamos ante una vida profundamente terrenal en sus aspiraciones, en el que la ciencia y la tecnología nos lo han hecho saber, en la que los límites de lo sagrado del hombre se ha franqueado y situado en una encrucijada, en la que la sabiduría ha quedado rebasada por los hechos que ponen en entredicho la condición y existencia humana. Hoy es urgente replantear esta situación, sin rechazar lo que hemos logrado en el campo de lo científico, mucho menos aquello que reporta bienestar a millones de seres humanos. Para Ferry, es volver al hombre su espíritu sagrado sin abandonar este mundo con sus derechos. En el fondo del problema, se encuentran la libertad y la moral, que nos invitan en su constitución a ser libres o esclavos espirituales; en esta dirección, la moral juega un papel central al indicarnos qué es lo que debemos de hacer en determinadas circunstancias; es una cuestión práctica de comportamiento, a diferencia de la ética, que es un asunto de reflexión, de saber cómo lograr lo que deseamos, cómo lograr nuestros propósitos, cómo darle un mejor sentido a nuestra vida, en el que la educación juega un rol primordial en la formación del sujeto educando.
El hombre moderno precisa para ser libre, ser educado, El Emilio de Rousseau es el emblema del humanismo moderno, es aquel que además de formarse en la cultura y la política universal, escapa a todo determinismo; su característica es la virtud, acción desinteresada y universalismo como lo propone Ferry; en este último aspecto, se marca el interés por el Otro. “Libertad, virtud de la acción desinteresada, preocupación por el interés general: esas son las tres palabras clave que definen las morales del deber; del <> justamente, porque nos ordenan una resistencia, e incluso un combate contra la naturalidad o la animalidad que hay en nosotros”.25 En esencia, esto es lo que caracteriza el humanismo moderno, cuya lúdica se inscribe en actos desprendidos de lo natural y sobrenatural. Este tipo de humanismo alentó todas las consignas políticas y filosóficas que dieron rostro no sólo al siglo XIX sino al siglo XX, con las consecuencias que trajo a la condición humana en la búsqueda de su propio sentido terrenal de existencia, en la cual la mayoría de las veces es de orden individual, que a pesar de su radical posición de diferenciación, se concibe una voluntad subjetiva que busca establecer una enunciación y una relación con el Otro y con lo universal. “De manera recíproca, propondré el axioma siguiente: No existe ningún sentido posible donde no hay sujeto al que, siquiera por analogía, se presta una cierta forma de libertad, una capacidad de intencionalidad”. (…) “Lo que aquí importa es esto: no hay sentido sin intención, no hay sentido sin relación con la libertad, no hay sentido, por lo tanto, sin un sujeto que establece comunicación con otro sujeto. He aquí, en pocas palabras, los ingredientes constitutivos del sentido, sus <>. Primero y ante todo es necesaria la intersubjetividad. Esta define su propio espacio, y todo lo que la niega engendra el no sentido o reduce el sentido a una pura ilusion”.26
El sentido en el humanismo laico, se da a partir de la intersubjetividad, en la comprensión y el vínculo que se establece con el Otro; vínculo que puede tener diferentes intenciones como el amor, la amistad política, entre otros. En otras palabras, siguiendo a Ferry, hay un querer comprender educativo. “El problema crucial de la educación es cómo emanciparse de las situaciones originarias para entrar en relación con los otros, en otras palabras, ¿cómo utilizar su libertad para que, en lugar de separarnos del mundo común de los hombres (como podría ocurrir al hacerse egoísta o diabólica), nos preparase, por el contrario, a un acceso más amplio? Eso es lo que también se llama <<s’élever>> (‘elevarse’, ‘educarse’), en donde a buen seguro resuena <<élève>> (‘alumno’)”.27Aquí está el sentido humanista de la educación: trascender desde lo particular a lo universal, kantianamente, la humanidad como fin último, libre de cualquier intromisión que le impida ser libre. “Resulta evidente que es la cultura clásica, la de las humanidades, la que ha cambiado de estatuto, en el momento mismo en que se separaba de la religión”.28 Hoy profundizada en la polémica con las ciencias.
Una educación humanista, sin ser reaccionaria, debe asumir una postura ante el presente, ante el contexto en el que se mueve, debe ser consciente de la crisis que viven la escuela y las humanidades en el currículo escolar. Esto último obliga a trazar un rumbo de lo que significa lo humano en sí mismo, en el escenario de lo político, en la idea de un humanismo político, ligado a la vida, que para Luc Ferry parte de los derechos “reconocidos” por todos y “encarnan la fundación de los valores de la vida común en y sobre el ser humano”.29 Bajo la mirada de Luc Ferry, las humanidades se reconocen a sí mismas como una, despojada de cualquier metafísica religiosa, tal como lo argumenta el pensamiento republicano, en la que el hombre toma las banderas trascendentales de lo religioso y lo terrenaliza y se constituye en el principio y fin de todo propósito; es el que busca en sí mismo una vida buena, virtuosa, principio central del espíritu republicano de una sociedad civil. En otras palabras, el humanismo moderno para Luc Ferry, es la laicización de la vida; es el individuo que por sí solo o autónomamente logra realizarse. Precisamente, en la humanidad está el Otro, con el cual me relaciono y me cultivo universalmente.
Retomando la idea del humanismo republicano, éste sobresale porque los idearios cristianos sobre el hombre son secularizados, terrenalizados, sin abandonar su espíritu sagrado y metafísico. En últimas, se conservan tenuemente lazos entre el ideario cristiano y el ideario republicano. Obviamente con sus diferencias ya anunciadas en el presente escrito, destacadas en el libro El hombre Dios. O el sentido de la vida, en el que se destaca el diálogo entre humanismo y espiritualidad, en el que brillan la libertad y la autonomía, en el que el hombre se convierte sin recursos “metafísicos” religiosos en el centro espiritual y de autoridad. “La modernidad no es rechazo de la trascendencia, sino el reajuste de esta última a las condiciones de su acuerdo con el principio de rechazo del argumento de autoridad: la preocupación por la alteridad, que tan fuertemente se afirma en la filosofía contemporánea, tiende así a adoptar la forma de una <>”.30 No se abandona desde un humanismo republicano lo sagrado, lo agnóstico, lo metafísico, en el que lo religioso toma cuerpo en las instituciones, las cuales ocupan el lugar de Dios. En este sentido, quien entra a ser divinizado es el pueblo con todas las consecuencias y sacrificios que exige. Es lo que todo humanista republicano diría: La humanización de lo divino. Lema de la filosofía del hombre. El hombre-Dios es el centro de los debates. La metafísica, planteada como trascendencia, ya no sería vertical, sino horizontal, pues está el Otro ante mí, de frente. “Sin duda porque el largo proceso por el cual lo divino se va retirando de nuestro universo social y político está unido a una divinización del hombre que nos lleva hacia nuevas formas de espiritualidad”.31Es una trascendencia que parte del hombre que se mira a sí mismo y a la existencia, es un ir y venir, un mirar interior y un mirar exterior. En consecuencia, lo sagrado se humaniza por el espíritu moderno, en el que se asume al Otro en su sufrimiento y dignidad.
En el Humanismo republicano se conjugan lo sagrado y lo terrenal: “La unidad cristiana y la filosofía de los derechos del hombre”.32 (…) “Por mucho que le deba al cristianismo, el deber de asistencia humanitaria pertenece al espacio abierto por el nacimiento, con la revolución francesa, de un universo laico que, precisamente porque rompe con las tradiciones particulares, pretende alcanzar el cosmopolitismo. Una nueva religión, la de la humanidad, acaba de nacer”.33 Es decir, los orígenes de este humanismo visto con los ojos republicanos, se da en la filosofía de Rousseau, la Ilustración y en la revolución francesa. “El humanismo cuyo rostro he intentado hasta aquí bosquejar arraiga en una tradición de pensamiento muy distinta. Su relación con la religión cristiana es más matizada, ya que no rechaza ni lo sagrado, ni la trascendencia, aun cuando se niega a concebirlos en el modo dogmático de lo teológico-ético”.34Esta mirada filosófica hacia el sujeto moderno, se alimenta de las fuentes de Rousseau, de Kant, así como de algunos filósofos del siglo XX. De ahí su postura metafísica o trascendental. “La verdadera línea divisoria en el seno del humanismo moderno pasa entre su interpretación materialista y su vertiente espiritualista. Y me parece que la segunda debe asumir cierta recuperación del vocabulario, y con él del mensaje de la religión cristiana”.35 En otras palabras, este tipo de humanismo públicamente no cree, pero en su intimidad sí. Este humanismo descansa en la ilusión de un más allá enraizado en el más acá. Posición en la que el hombre queda reducido a lo meramente natural, en la idea de un humanismo republicano que pretende una vida buena y realizada, tal como se puede ver en el libro ¿Qué es una vida realizada?36, en el que se destaca un profundo elogio a la vida humana a partir de su trascendencia. “Nada impide pensar que existen otras formas de espiritualidad, otras representaciones del sentido de la vida compatibles con dicha lucidez de la que, en efecto, no podemos ni debemos renegar. Ése sería, en el fondo, el programa de un <
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