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1.3.2 Edvard Munch
Estaba caminando por un camino ambos amigos. Se puso el sol. Sentí un ataque de melancolía. De pronto el cielo se puso rojo como la sangre. Me detuve y me apoye en una barandilla muerto de cansancio y mire las nubes llameantes que colgaban como sangre, como una espada sobre el fiordo azul-negro y la ciudad. Mis amigos continuaron caminando. Me quede allí temblando de miedo y sentí que un grito agudo interminable penetraba la naturaleza.
(Edvard Munch; 1863-1944)
Edvard Munch pasó su infancia y adolescencia en la capital de Noruega, que por entonces se llamaba Cristianía. Cuando Munch tenía sólo cinco años, murió su madre de tuberculosis. De la misma enfermedad moriría su hermana Sophie a los quince años de edad, en 1877. Munch estuvo enfermo con frecuencia. Enfermedad, muerte y dolor son motivos frecuentes en su obra.

En 1885 realiza un corto viaje de estudios a París. Ese mismo año empieza la obra que abriría el camino del éxito al pintor noruego: Niña enferma. Durante muchos meses lucha contra el motivo para hallar una expresión válida de su dolorosa vivencia personal. El resultado fue radical; la crítica, en parte, demoledora. Munch renunciaba a la perspectiva y la forma plástica, logrando una fórmula de composición casi icónica. La ruda textura de la superficie muestra todas las huellas de un laborioso proceso creador.



Figura 5: Pintura de Munch. La niña enferma, 1885-1886. Disponible en: http://www.fisterra.com/human/3arte/pintura/pintores/munch/images/1_La_nina_enferma_1885_Oslo_Munch.jpg

En la figura 6: se puede apreciar unas de las primeras obras del Munch. Aquí el pintor rememora, nueve años más tarde, la muerte de su hermana Sophie, cuando el artista tenía trece años. La niña enferma es la primera obra consecuentemente subjetiva de Munch: el sufrimiento personal se vuelve forma y textura. En ella encontramos los inicios de una pintura directamente autobiográfica. En el cuadro encontramos una joven pelirroja cuyo rostro esta vuelto hacia la derecha, está sostenida por un enorme almohadón y esta cubierta por una manta. Su mano izquierda parece ir al encuentro de la mujer sentada junto a ella, muy agobiada. La niña no mira a nadie, ni a nada. La niña esta físicamente presente, sin embargo está en un estado incorpóreo e ingrávido. Entre otros objetos hay uno apenas visible y sin embargo cargado de sugerencias: La ventana. “Yo, que llegué enfermo al mundo (en un medio enfermo), yo, para quien la juventud fue un cuarto de enfermo; la vida una ventana resplandeciente, bañada de sol…” ( Munch, cit por Shneede, La niña enferma, pag 28).

Munch caracteriza a la ventana como una metáfora de la vida, Sin embargo en La niña enferma, no permite la visión hacía afuera. Niega de este modo la esperanza de la vida.

Amor y angustia son polos magnéticos del arte de Munch. En Atardecer (1888), introduce por primera vez el erótico drama triangular, de momento en forma discreta y realista. Inger en la playa (1989) muestra el talento del pintor para la descripción lírica de un estado de ánimo, acorde con la corriente neorromántica del arte pictórico noruego.

En 1889 se produjo un cambio sustancial en la obra de Munch, dado que en esa fecha llega a París mediante una beca de estudio que le otorga el gobierno noruego. Tras pasar por el estudio de un pintor academicista realiza obras de corte impresionista, pero insatisfecho por la limitaciones que el Impresionismo le impone en 1981 da un giro rotundo a su trabajo tras conocer obras de de artistas como Whisder, Bocklin, Gaugin y Van Gogh. Este conjunto de influencias se plasma en un importante ciclo de pinturas que Munch denominó "El friso de la 'Vida": obras como Melancolía, La enredadera roja, La 'Voz y, sobre todo, El grito, expresan, con un lenguaje nuevo, sus experiencias personales sobre el amor, la enfermedad, la muerte y la propia naturaleza.


En torno al cambio de siglo, el pintor abandona los trazos sinuosos que envuelven amplias superficies de colores planos, para adoptar un modo mucho más expresionista de pinceladas anchas y muy largas, que subrayan un uso cada vez más arbitrario del color.

Figura 6: Pintura de Munch. “El Grito” .1893. Disponible en: http://www.alu.ua.es/r/rlt6/opiniones_grito_munch.JPG

En la figura 5, puede apreciarse una de las obras más reconocidas de Munch: El grito. Cuando creó esta obra estaba en Berlín. La obra se ha convertido, según los críticos, en un símbolo de la enajenación del hombre moderno. En el cuadro el personaje central se encuentra apoyado en la baranda del un puente con su poca completamente abierta, el rostro entre las manos y una completa expresión de angustia. El cuadro es un perfecta manifestación de conflicto y tensión. En este cuadro se puede apreciar la simplificación de la forma humana heredada de Gaugin, y es uso de las pinceladas mucho más expresivas heredadas del arte de Van Gogh. El empleo de los colores, violentos, arqueados en agresivas bandas de color, es puramente simbólico. Las formas se retuercen y los colores son completamente arbitrarios, tan sólo intentan expresar el sentimiento del autor y no una verdad racional.

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