Nace el 8 de Julio de 1921, París



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Curriculum vitae

http://www.ugr.es/~pgomez/tc1/ftp/Morin_autor_00.htm

- Nace el 8 de Julio de 1921, París.


- Licenciado en Historia, Geografía y Derecho.
-Doctor Honoris Causa de: Universidad de Perugia (Ciencias Políticas), Universidad de Palermo (Psicología); Universidad de Ginebra (Sociología); Universidad de Bruselas.
- Laus Honoris Causa del Instituto Piaget (Lisboa).
- Colegiado de Honor del Consejo superior de Educación de Andalucía (España).
-Commandeur de l'Ordre des Arts et des lettres y Officier de la Legion d'honneur (República Francesa).
- Premio Europeo del ensayo Charles Veillon (1987).
- Premio Viareggio International (1989).
- Medalla de la Cámara de diputados de la República de Italiana (Comite Científico Internacional de la fundación Piu Manzu).
- Premio Media (Cultura) de la AsociaciOn de periodistas europeos (1992).
- Premio Internacional de Catalunya (España, 1994).
- Combatiente voluntario de la Resistencia durante la Segunda Guerra Mundial (1942 - 1944).
- Investigador en el CNRS (Centro Nacional para la Investigación Científica) 1950-1989.
-Director de la revista Arguments (1956 - 1962); Director de la revista Communications.
-Coodirector en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales del Centro de Estudios Transdisciplinarios (Sociología, Antropología, Política) 1973 - 1989.


Obras

El Método

1977: Naturaleza de la Naturaleza, Editorial Seuil; nueva edición 1981.


1980: La Vida de la Vida, Editorial Seuil; nueva edición de 1985.
1986: Conocimiento del conocimiento, Editorial Seuil, nueva edición 1991.
1991: Ideas, Editorial Seuil.

Complexus

1982: Ciencia con conciencia, Edit. Fayard; nueva edición 1990.


1984: Ciencia y conciencia de la Complejidad, edit. Aixen-provence.
1984: Sociología, Fayard, nueva edición 1994.
1990: Argumentos para un método, Seminario de Cersy (Francia) sobre la obra de Morin, Edit. Seuil.
1990: Introducción al pensamiento complejo, Edit ESF
1994: Complejidad humana, edit Flammarion.

Antropo-sociología

1951: El hombre y la muerte Edit Seuil, nueva edición 1977.


1956: El cine o el hombre imaginario, Edit. Minuit, nueva edición 1978.
1973:El paradigma perdido: La naturaleza humana, edit. Seuil; nueva edición 1979
1974: La unidad del hombre (con Miassimo Piatelli-Palmarini), edit. Seuil.

Siglo Veinte

1946: El año ceo de Alemania, Edit. La Ciudad Universal.


1957: Las starts; Edit Seuil, nueva edición 1972.
1962: El espíritu del tiempo edit. Grasset; nueva edición Biblio-ensayos 1984.
1975: El espiritu del tiempo, Necropsia (en colaboración con Irene Nahoum).
1967: Comuna de Francia; La metarmorfosis de Plozevet. Edit. Fayard.
1968: Mayo /68, La brecha (en colaboración con Castoriadis y Lefort; nueva edición seguida de veinte años después, De Complexe. 1988.
1969: Rumores de Orleans, edit. Seuil. Edición completa con La Rumeur d'Amiens, 1973. Nueva edición, coll. Points, 1982.
1981: Para salir del siglo Veinte, Edit. Nathan.
1982: La croyance astrologique moderne, (en colaboración), éd. l'Age d'Homme, Lausanne.
1983: De la naturaleza de la URSS, Edit. Fayard.
1984: New-york, ilustraciones de Karl Appel, Paris, Edit. Galilée
1984: El rosa y el negro, Edit. Galilée.
1987: Pensar Europa, Edit. Gallimard, nueva edición completa, 1990.
1992: Nuevo comienzo (en colaboración con Ceruti y Bocchi), Edit. Seuil.
1993: Tierra Patria, (en colaboración con Anne-Brigitte Kern), Edit. Seuil.
1996: Los Fratricidas (Yugoslavia/Bosnia 1991-1995), Edit. Arlea

Política

1965: Itroducción a una política del hombre, Edit. Seuil.


1997: Una política de civilización, con Samï Nair, Edit. Arlea

Vivencias

1959: Autocrítica, Edit. Seuil. Reediciones 1992 y 1994.


1969: En el corazón del tema, Edit Seuil.
1970: Diario de California, Edit. Seuil.
1981: Diario de un libro, Edit. Interediciones.
1989: Vidal y los suyos, edit. Seuil.
1994: Mis demonios, Edit. Stock.
1995: Un año Sísifo, diario de 1994, edit. Seuil
1996: Llorar, Amar, Reir, Comprender (Diario de 1995) Edit. Arlea en: " Intoducción al pensamiento complejo"
1997: Amor, Poesía, Sabiduría, edit. Seuil
Nota biográfica de Edgar Morin

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La de Edgar Morin es, sin duda una aventura intelectual. Extraña asociación la de estos dos terminos. Lo intelectual evoca a la razon, al orden, a lo cientifico y, bien estructurado, a lo sesudo y alejado del riesgo. Aventura, en cambio, es el nombre de la pasidn, del libre juego resistiendo la asfixia impuesta por las reglas, de lo impulsivo y espontaneo, de lo impredictible. La sintesis fertil, tensa pero creativa, de esos terminos es, no solamente un hilo conductor de la ya monumental obra teorica de Edgar Morin, sino tambien una cualidad de su trayectoria personal.

Su obra debe, en consecuencia, ser entendida no solo en terminos de su contenido sino del proceso productor. Es sobre ese proceso que Morin ha meditado muchas veces en un intento de adivinar la forma oculta de su busqueda, una busqueda que, como todos los destinos humanos, como lo pensaba Jorge Luis Borges, es una configuracion unica, disenada tal vez por los pasos que cada uno de nosotros urde en un laberinto incalculable, y condensable en una cifra secreta, un aleph, al que a veces creemos vislumbrar (como Einstein pensaba que pasa, ocasionalmente, con el sentido de lo humano) pero nunca logramos capturar plenamente.

En Morin su produccion teorica no es nunca un intento de ser un logro acabado, sino mas bien un proceso que, en su devenir mismo, marca un rumbo cognitivo en el que somos invitados a participar. Recorramos algunos aspectos de esa, su aventura intelectual.

Morin nace en Paris en 1921. Su educacion formal lo lleva a licenciarse en Historia y Derecho, pero sus estudios universitarios se interrumpen en 1942 cuando se une a la Resistencia, tras la invasion nazi de Francia. Su estilo de resistente no lo abandonara en el resto de su vida, expresandose tanto en su tendencia a no dejarse abarcar por discursos totalizantes, como en sus enfrentamientos con los establishments de disciplinas diversas que lo han visto siempre como ajeno, como extrano, al no poder aceptar su estilo transgresor de fronteras disciplinarias, de libre disposicion de conceptos para ser usados en contextos diferentes, de rigor acompanado, como queria Gregory Bateson, por una imaginacion al servicio de su praxis cotidiana de complejizacion de los discursos teoricos y las practicas en el campo de las ciencias sociales.

Al terminar la guerra se une al ejercito estacionado en la Alemania derrotada y, testigo de la hecatombe de ese imperio que habia pretendido persistir por mil anos, escribe su primer libro, editado en 1946 como L'An zero de l'Allemagne. Casi cuarenta anos despues, es interesante volver a ese texto primero, en el cual la atencion no se centra en lo que tanto los medios como la intelectualidad de la epoca consideraban central, sino en aspectos mas marginales para el interes del momento, como ser el futuro de esa tierra demonizada que seguia, sinembargo, siendo parte de Europa, la influencia de la catastrofe a multiples niveles en la cultura europea y mundial, el mapa mental que para alemanes y europeos iba a senalar la evolucion de las identidades nacionales. Al enfocar estos temas Morin muestra ya una inusual capacidad para ver a los procesos sociales en movimiento, para iluminar aspectos generalmente soslayados, cuestionar presuposiciones dadas por evidentes y entroncar sus observaciones con procesos pasados y aperturas hacia el futuro, incluyendo siempre las preocupaciones eticas como centrales para la observacion de procesos sociales, entendiendo que la ética tambien evoluciona, en si misma, como un proceso social.

[página 11]


Comienza luego su interes sobre el tema de la muerte desde una perspectiva multiple, que va de lo biologico a lo mitologico. La experiencia de la guerra, la resistencia y las imagenes del hundimiento aleman juegan, quizas, un papel en ese interes. Es este, tal vez, el primer ejercicio de articulacion de nociones provenientes de disciplinas diversas para abordar un tema que le permite establecer puentes entre lo humano a nivel biofisico con los niveles antropo-sociales y psico-mitologicos. Lo social se abre, por una parte, al cuerpo en su materialidad fisica y, por la otra, a lo imaginario en sus expresiones individuales (psicologicas en sentido tradicional) y sociales (mitologicas). En 1951 se publica EL hombre y la muerte, producto de esas meditaciones tempranas.

Es tambien en ese ano 1951 que Morin entra en el Centre National de la Recherche Scientifique como investigador. Los cinco anos siguientes los pasa estudiando lo que el denominara el hombre imaginario. La relacion, dificil de abarcar en terminos tradicionales, entre lo imaginario y lo real, que ya fuera centro de su interes en su estudio sobre la muerte, continua ahora siendo explorada en su aproximacion al mundo del cine. Tambien aqui, rompe las barreras que lo obligarian a utilizar solo discursos provenientes del mundo de las artes y se interesa por el cine desde una perspectiva multiple, no solo social y antropologica, sino tambien mitologica (el cine aparece aqui como una oportunidad para estudiar lo mitico en su hacerse ,como mitopoyesis, y no solo como producto terminado, aparentemente intemporal) y economico-cultural (como producto de consumo de una sociedad de masas). El cine o el hombre imaginario, publicado en 1956 lleva ya por subtitulo Ensayo de Antropologia, mostrando una conciencia temprana de que su indagacion supera ya, en su intencion aun a-metodica, las fronteras tradicionales que debieran restringir su pertinencia a ciertas tradiciones intelectuales y culturales.

La problematica abierta por esta intencion innovadora le plantea ciertas diflcultades metodologicas y lo comienza a lanzar en la direccion de una busqueda mucho mas abarcativa.

[página 12]


De su interes por el cine es tambien producto su obra Las stars, publicada en 1957. es en ese mismo ano que Morin funda la revista Arguments, donde esa discusion mas amplia a la que se ve llevado comienza a tomar lugar, a traves de articulos que muestran un hilo conductor en su iconoclastia, producto, en buena parte, del desencanto por los discursos hegemonicos, heredera del proceso que lo lleva a romper con el marxismo, un proceso parcialmente desencadenado por la reflexion, pero tambien por sus choques con una izquierda dogmatica, a la que no vacila en calificar de estalinista, en los medios intelectuales franceses. Su libro Autocritica, publicado en 1959, es testimonio del doloroso proceso personal de ruptura con el marxismo, asi como de meditaciones fecundas sobre el totalitarismo y,nuevamente, la estrechez de los discursos totalizadores.

Un cuidado especial por resistir los cantos de sirena de multiples revoluciones intelectuales y cientificas, que nunca lo encuentran como un seguidor ciego, sino como un entusiasta critico, va a ser la herencia perdurable de ese proceso. L'Esprit du temps, publicado en 1962, es quiza la ultima obra de su periodo temprano, donde todos sus intereses mayores se delinean, sin terminar de organizarse, en torno a la intencion de articular lo fisico con lo biologico y ambos con lo antropologico, psicologico y mitologico. Una particular capacidad para entender las condiciones de produccion de los discursos sociales como emergentes de cruces de caminos y fertilizaciones mutuas entre discursos de disciplinas diversas recorre ya sus trabajos tempranos.

[página 12-13]
Durante un periodo de enfermedad, en 1962 y 1963, Morin escribe Le vie du sujet (publicado en 1969), una continuacion, ahora mas consciente de si, de su intento de articular las ciencias del hombre y las de la naturaleza, a sabiendas ya de que su empresa tomaba proporciones rnayores a las que sus indagaciones tempranas hubieran podido hacer pensar, aunque llevaban ya en esa direccion. La necesidad de no salirse del ambito cientifico, pero tambien de incluir una vision critica y autocritica del mismo, se hace ya manifesta y aparece mas explicitamente en Introduction a une politique de l'homme, parte del manuscrito de los anos de enfermedad publicado en 1965.

[página 14]


El lector no encontrara a veces los eslabones intermedios que le permitieran ir desde las formulaciones, a veces abstractas de Edgar Morin, a su practica cotidiana. Le cabra a cada cual, desde el campo cotidiano de su quehacer, encontrar el modo de hacer jugar el pensamiento complejo para edificar una practica compleja, mas que para atarse a enunciados generales sobre la complejidad. El desafio de la complejidad es el de pensar complejamente como metodologia de accion cotidiana, cualesquiera sea el campo en el que desempenemos nuestro quehacer.

Vienen luego anos de estudio durante los cuales Morin entra en contacto con pensadores de disciplinas y teorias diversas quienes, en sus propios recorridos, habian tenido algunos intereses relacionados con los de Morin o habian desarrollado nociones que el encuentra utiles para su busqueda.

[página 15]
Entre 1968 y 1975, Jacques Robin lo invita a participar en su Grupo de los diez, un encuentro de vocacion multidisciplinaria, en busca de lenguajes novedosos que permitan trascender el saber asfixiado en compartimientos estancos. A traves de Jacques Monod llega al Salk Institute for Biological Studies donde, en 1969 y 1970, se interioriza de los nuevos horizontes en el carnpo de la Biologia molecular, la Genetica, la Etologia, y otros desarrollos en ciencias naturales, nutriendose asi de elementos que pasaran a integrar, mas solidamente, una concepcion viva de lo cultural que, al mismo tiempo, complejiza su vision de lo biologico. Alli tambien se acerca mas a la obra de Gregory Bateson, quien habia estado empenado ya en introducir la Teoria de Sistemas y la Cibernetica (disciplinas a las que Morin ya se habia acercado a traves de Jacques Sauvan y Henri Laborit) en el campo de lo social. Estas disciplinas compartian la vocacion transdisciplinar (un termino acunado por el) de Morin y, en especial la Cibernetica, habia generado un lenguaje que le permitia circular con soltura por los mundos fisico, biologico y cultural, mediante una redefinicion compleja de la nocion de informacion. El contacto con los ecologistas californianos fertiliza, aun mas, su vision etica de lo bio-fisico. Toda la experiencia estadounidense esta reflejada en DLarzo de California, publicado en 1970.

Alrededor de 1971 entra en contacto con multiples pensadores cuyas conceptualizaciones incorpora, de un modo siempre critico. Entre ellos Henri Atlan, Heinz von Foerster y Gottard Gunther, quienes habian trabajado sobre la nocion de auto-organizacion, una nocion que Morin encuentra fecunda para su articulacion de lo fisico, lo biologico y lo cultural. El contacto con la obra filosofica de Castoriadis y Serres, y la obra epistemologica de Popper y Kuhn, Lakatos y Feyerabend, estimulan tambien su pensamiento en relacion con el rol de la ciencia en esa aventura transdisciplinar cuyo metodo Morin esta dedicado a bosquejar.

Es durante esos anos que Morin participa tambien,de regreso en Francia de ia fundacion del Centre International d'Etudes Bioanthropologiques espacio-tiempo d'Anthropologie Fondamentale (CIEBAF) que, en 1974, se transformara en el Centre Royaumont pour une Science de 1'Homme. Buena parte de todos aquellos con quienes entrara en contacto en los anos anteriores participan del coloquio sobre L'unite de L'homme, del cual surge un texto publicado en 1974.

[página 16]


A partir de 1973 Edgar Morin comienza la etapa de plasmacion de El Método, una obra en proceso durante los ultimos veinte anos, de la cual ya se han publicado cuatro tomos: La naturaleza de la naturaleza (1977), La vida de la vida ( 1980), El conocimiento del conocimiento ( 1986), y Las Ideas (1991). El Método, lejos de ser una obra acabada, es un proceso en curso de busqueda de estrategias viables para un pensar complejo fisico- bioantropologico desde una perspectiva científico-filosófico-literaria, que permita una praxis etica en el campo tanto del conocimiento academico como de la praxis social.

[página 17]


En 1993, finalmente, aparece Tierra-Patria, un estudio macro-cultural sobre la planetarizacion de la experiencia humana a la luz retrospectiva del fin de la guerra fría.

El presente texto es una compilacion de ensayos y presentaciones realizadas entre 1976 y 1988, los anos durante los cuales su metodo comienza a cobrar forma como estructura articulada de conceptos. Es una introduccion ideal a la obra de este hombre cuya desmesurada curiosidad intelectual y pasion etica evocan aquel apelativo de genio numeroso que Ernesto Sabato dedicara a Leonardo.

El dialogo estimulador del pensamiento que Morin propone a todos los que, ya sea desde la catedra o los ambitos mas diversos de la practica social, desde las ciencias duras o blandas, desde el campo de la literatura o la religion, se interesen en desarrollar un modo complejo de pensar la experiencia humana, recuperando el asombro ante el milagro doble del conocimiento y del misterio, que asoma detras de toda filosofia, de toda ciencia, de toda religion, y que auna a la empresa humana en su aventura abierta hacia el descubrimiento de nosotros mismos, nuestros límites y nuestras posibilidades
Yo, Edgar Morin

¿Quién soy? Mi singularidad se disuelve en cuanto la examino y, finalmente, estoy convencido de que mi singularidad procede de una ausencia de singularidad. Incluso tengo en mí algo mimético que me impulsa a ser como los demás. En Italia me siento italiano y quisiera que los italianos me sintieran participante en su actividad. El otro día, hablando a un auditorio de la Champagne, me sentí achampanado. Ah, sí, quisiera ser como ellos. Adoro estar integrado y, sin embargo, no soy por completo ni de unos ni de otros. Podría ser de todas partes, pero no por ello me siento de ninguna parte, he arraigado aquí. No me distinguen el ejercicio de un talento singular ni la posesión de una verdad admirable. Me distingo por el uso no inhibido ni rígido de una máquina cerebral común y por mi permanente deseo de obedecer las reglas primeras de esta máquina cognoscitiva: reunir cualquier conocimiento separado, contextualizarlo, situar toda verdad parcial en el conjunto del que forma parte. Mi capacidad de análisis es media, mi capacidad de síntesis también, pero nunca utilizo la una sin la otra. No sufrí la profunda marca de una cultura familiar, ni la de las evidencias impuestas por la educación. Así pues, mi domesticación superficial, mi débil imprinting, me convirtieron en una muestra representativa de humanidad, animada por las aspiraciones y contradicciones antropológicas, literalmente un hombre cualquiera. Dudo mucho, creo mucho. Tengo la impresión de que tengo pocos prejuicios, me siento abierto a ideas que se contradicen mutuamente y me percibo interiormente libre. ¡Qué buena es esta libertad que compensa tantas cualidades ausentes!

Escribí en otra parte que yo estaba animado por lo que el tao denomina el espíritu del valle, «que recibe todas las aguas que en él se vierten». Pero no me veo como un valle majestuoso; me veo más bien como una abeja que se ha embriagado libando de mil flores para hacer, con todos los pólenes distintos, una sola y misma miel. Hoy, considerando retrospectivamente mi andadura, veo que la ausencia de cultura es la fuente de mi cultura. Mi vacío cultural originario aspiró el aire de la curiosidad, el saber, lo imaginario, la búsqueda de la verdad, la búsqueda del bien, la elaboración de mis propias normas. Fui edificado por aquello de lo que sentía sed. Mi apertura omnívora mantuvo mi autodidactismo, que a su vez mantuvo mi apertura omnívora. A través de mi autodidactismo me descubrí, descubrí mis verdades contrarias. Cosa paradójica: mi curiosidad, que me singulariza con respecto a los normalizados, satisfechos o resignados, es lo que me convierte en un ser poco singular y relativamente indeterminado.

Comencé así mi andadura autodidacta a partir de la novela popular, del cine, de la canción. He dicho autodidacta porque éstos no conocen jerarquía y compartimentación a priori, y efectúan su selección en función de necesidades tan profundas como inconscientes. Por esta andadura sin camino accederé por mis propios medios a la cultura de los cultos. No siento ese desdén cultural de los intelectuales nacidos en las clases altas de la sociedad y que jamás pasearon por los grandes bulevares populares; siguen pareciéndome atractivas las cancioncillas, las novelas no reconocidas como literarias, las películas que no son de filmoteca y, hoy, las series televisivas. Cuando, hacia 1960 declaré que me gustaba el western, en Florencia, ante un areópago de intelectuales de izquierda, Lucien Goldmann indignado, corrió a la tribuna para explicar que el western era la peor de las mixtificaciones capitalistas, destinada a adormecer la conciencia revolucionaria de la clase obrera, y logró con aquellas lúcidas palabras una tempestad de aplausos.

He conservado las curiosidades de la adolescencia, he seguido interrogándome sobre las cuestiones primarias. He estado siempre atenazado por la interrogación, nunca he dejado de reinterrogar. El juego antagonista de mis aspiraciones contradictorias, la curiosidad por cosas muy diversas suscitaron una dinámica ininterrumpida que animó, desde el interior, la formación y el desarrollo de mi cultura y, finalmente, de mi filosofía de la complejidad. He hecho estudios diversificados y he adquirido una policompetencia. He seguido aprendiendo, más allá de los estudios, en la dirección de mis curiosidades. Me he dejado interpelar por los acontecimientos y he cuestionado mi modo de pensar cada vez que el acontecimiento lo contradecía.

De los veinte a los treinta años tuve la suerte de haber asistido a la escuela de la vida y de haber respondido a las necesidades de mi espíritu. No he dejado de ser estudiante porque he sido investigador en el sentido pleno y existencial del término. Fui y he seguido siendo un estudiante que elige a sus educadores, y liba a la vez de la cultura universitaria y entre los autores ignorados o excluidos por esta cultura. En cierto sentido soy fruto de la cultura universitaria; en otro sentido mi indisciplinaridad y mi transdisciplinaridad hicieron que su alto mandarinato me condenara durante decenios. ¡Cuántos desdenes me ha valido, entre los educadores, mi deseo de educarme! Soy, sigo siendo estudiante siendo autor y porque soy autor.

Es muy difícil evitar el egocentrismo intelectual que consiste en considerarlo y juzgarlo todo colocándose, naturalmente, en el centro del mundo. El observador/concebidor debe incluirse en la observación y la concepción. El conocimiento necesita el auto-conocimiento.

También en mí, evidentemente, funciona la máquina mental de autojustificarme, pero me parece que mi latente sentimiento de culpabilidad y, sobre todo, mi auto-examen crítico, le ponen freno. Siento, como todo el mundo, resentimiento y rencor, pero el ejercicio autocrítico me ayuda, si no a superarlos, al menos a no permitir que me superen. El auto-examen no es sólo mi parachoques: me impide ocultarme en exceso, a mí mismo, mis negligencias, mis desfallecimientos, mis inconstancias, mis errores y mis estupideces...

Precisamente porque he querido establecer la comunicación, nunca he podido encerrarme en la sociología cerrada, la antropología cerrada, la filosofía cerrada o la ciencia cerrada. Así llegué naturalmente a ir y volver entre la cultura humanista y la cultura científica. Durante aquellos años no me forjé una verdadera cultura científica, es decir que pasara por los departamentos de ciencias de las universidades, y que respeta la compartimentación pluridisciplinar. He querido introducir la cultura humanista en la cultura científica, y la cultura científica en la cultura humanista, para establecer un diálogo que las modifique a ambas.

Es, pues, mi deseo, mi preocupación por ser culto, lo que me vale sarcasmos. Y sólo recientemente he comprendido que mi aberrante singularidad no es otra que mi mensaje universalista: hay que ser culto. Lo que hoy debiera significar «ser culto» no es permanecer encerrado en la propia especialización ni satisfacerse con ideas genéricas nunca sometidas a examen crítico porque no son conectables a conocimientos particulares y concretos. Es ser capaz de situar las informaciones y los saberes en el contexto que ilustra su sentido; es ser capaz de situarlos en la realidad global de la que forman parte, es ser capaz de ejercer un pensamiento que, como decía Pascal, alimenta los conocimientos de las partes con los conocimientos del todo, y los conocimientos del todo con los conocimientos de las partes. Es, por ello, ser capaz de anticipar, no de predecir, claro, sino de considerar las posibilidades, los riesgos y las oportunidades. La cultura es, en suma, lo que ayuda al espíritu a contextualizar, globalizar y anticipar.

Intento ser culto, interesándome no sólo por los grandes escritos de la literatura, por los problemas clave que tratan las ciencias, sino también por los mil detalles que tejen la vida cotidiana. Intento ser culto sobre los cambios en el orden del conocimiento. Hasta hace poco leía las revistas Science y Nature, sigo leyendo revistas científicas y no científicas, pequeños boletines, textos y artículos sobre los problemas del mundo, publicaciones diversas (como Time Magazine y sobre todo el poliscópico Courrier international); siempre vi y sigo viendo a gente de distintas competencias y opiniones opuestas, lo que me permite conocer y examinar continuamente la multiplicidad de los puntos de vista. Sigo libando en mil flores de las que me nutro, intento reunir lo esparcido, sparsa colligo pero leo mucho menos, abandono vastos jirones de la actualidad del saber, no puedo ya agitar mis pseudópodos en todas direcciones y, sin embargo, estoy siempre al límite de la dispersión. Cultivarse es una aventura peligrosa.

La dispersión es la amenaza permanente que gravita sobre mi apertura y mi búsqueda. Todavía hoy intento, día tras día, aprehender el mundo en su multiplicidad y su devenir. Quisiera detenerme, dejar de instruirme... Todo lo que leo dispersa mi reflexión y, al mismo tiempo, la estimula... Sin embargo estoy desbordado; los textos, artículos, libros que debo leer se amontonan, se esparcen, me ahogan... Pese a mi conciencia cada vez más aguda de lo inacabado y lo inacabable, sigo lanzando mis redes para pescar el océano.

Nunca dejé de ser un caminante. Mi vida ha sido y sigue siendo una vida móvil, errante, en meandros, impulsada por mis aspiraciones múltiples y antagónicas. He obedecido con continuidad a mis demonios, pero acontecimientos y azares han aportado discontinuidades, transportándome adonde ignoraba que debía ir, pero donde encontraba de nuevo mis demonios. He ido sin cesar de un medio a otro, he circulado por la sociedad, por las sociedades, me he negado a dejarme encerrar en la casta (intelectual, sobre todo). He sido fiel a la «concepción sintética de la vida».

Creí que mis «travesías del desierto» se alternaban con oasis, de hecho, los oasis del alma y del corazón me acompañaban en las travesías del desierto. He sufrido la alternancia travesía del desierto/oasis como un destino impuesto desde el exterior por las condiciones históricas en las que me he hallado. En cambio, de un modo muy interior, muy personal, he sido animado por los dos demonios contrarios de la dispersión y la reconcentración. Varias veces me he dispersado hasta desparramarme, pero, en mis períodos de reconcentración, he podido reunir o utilizar los materiales adquiridos en la dispersión. Y estos ciclos de travesía del desierto/oasis, de dispersión/reconcentración, de recomienzo, han constituido mi propia andadura.

No es el camino que yo me tracé, sino el que trazó mi caminar: Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.

No dejé de ser independiente, de estar al margen de cualquier partido, aunque participando cuando lo creo conveniente en las ligas, asociaciones o clubes. Nunca he hablado como experto o en nombre de una mítica autoridad sociológica, sino sólo en mi propio nombre. Siempre me he negado a la denuncia y a dejar al margen del debate a mis adversarios intelectuales. A menudo he permanecido solo porque no pienso de acuerdo con las alternativas y las evidencias de la casta intelectual.

Y yo soy racional, pero no entre los racionalistas; místico, pero no entre los místicos; tengo fe, pero no entre los creyentes en religión.

El aumento de la comercialización y el aumento de la selección provocan, sin duda, una disminución de la bio-diversidad intelectual. Sin embargo el sistema no puede prescindir de novedad, de originalidad, de invención, no puede evitar el riesgo cuando quiere beneficiarse de la suerte, y sigue criando en sus cuadras a jóvenes autores. En este mundillo me resulta cada vez más penosa la implacable crueldad de los matones intelectuales, promovidos por la selección darwiniana porque desean ferozmente cada vez más gloria y poder. Aunque no he buscado ni adoptado posiciones de control o de poder, aunque no me he integrado en una red, sin desearlo he hecho sombra a los insaciables que pretenden concentrar en su persona todos los rayos del sol. Sin embargo, gracias a mis amistades, he escapado a varias aniquilaciones.

Mi auto-ética depende, en cierto modo, de mi carácter, que es más bien bonachón. Sin haber intentado nunca adquirir poder, no he tenido que entregarme a los manejos e intrigas de ambiciosos y asesinos. Naturalmente no pongo zancadillas ni doy golpes bajos. No respeto la ley del hampa. Me siento vegetariano en un mundo carnívoro. Soy ciertamente capaz de malos pensamientos, pero no duran demasiado y basta con muy poco para apaciguarlos. El recuerdo de una fechoría cometida contra mí desaparece, en mí, al cabo de diez años, como si la prescripción se efectuara de un modo natural...

Mi horror por la exclusión procede sin duda de la experiencia judía, pero eso no basta; los mismos judíos o israelíes rechazan y excluyen a los árabes. Yo había universalizado ya mi aversión por todo lo que ofende, y el autor de Humillados y ofendidos había sabido hacerme aborrecer cualquier humillación infligida a otro, sea quien sea. Odio, pues, el odio, desprecio el desprecio, rechazo lo que rechaza. Jamás realicé ese primer gesto de exclusión que es negar la mano a quien la ofrece. Nunca he anatematizado, nunca he pedido la prohibición de una voz, de una idea, de una música. Así mismo, la prohibición de Wagner tras la declaración de guerra de 1939 en Francia, como esa misma prohibición en Israel, no sólo me parecen absurdas sino también portadoras de un germen repugnante. Para no permitir que la música se contaminara con algo distinto a ella misma, asistí al concierto dado por la Orquesta Filarmónica de Berlín, dirigida por Fürtwangler en Lyon, en 1942 o 1943, concierto que los resistentes habían decidido boicotear.

Siempre he concedido, naturalmente, la primacía a la amistad sobre los intereses, las relaciones y la ideología. No he roto con mis amigos que, a partir del pacifismo, se habían deslizado, habían derivado hacia la colaboración. La calidad de la persona me importa más que la calidad de sus ideas u opiniones. Como dice Lichtenberg, «regla de oro: no juzgar a los hombres por sus opiniones, sino por lo que sus opiniones hacen de ellos». Mi principio es que la amistad atraviesa las diferencias y las oposiciones políticas. Y porque creo en la amistad ésta es, para mí, trans-política, trans-clasista, trans-étnica y trans-racial.

Y he aquí, más fuertes que nunca, más complementarias que nunca en su antagonismo, mis cuatro polaridades: la duda, la fe, el misticismo, la racionalidad. Éste es el nudo de «mi» complejidad, complejidad que me ha preocupado siempre, hasta la emergencia del pensamiento complejo.

El pensamiento complejo no termina con el asombro. Todo me asombra, siempre, cada vez más. Estar aquí, vivir, morir, ver las caras por la calle, mirar mi gata que me mira... Todo es increíble... Mi conciencia se asombra de que yo sea un ser físico, una máquina, un autómata, un poseso, y se asombra de ser consciente entre tanta inconsciencia.

Estoy rodeado de misterio. Tengo la sensación de caminar en las tinieblas rodeado por galaxias de luciérnagas que, al mismo tiempo, me ocultan y me revelan la oscuridad de la noche.

¡Qué extraño es ser ángel...!

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