Método Irracional en Arquitectura



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MÉTODO IRRACIONAL EN ARQUITECTURA

Raúl Vergara Roa















ARQUITECTO

MÉTODO IRRACIONAL EN ARQUITECTURA



Raúl Vergara Roa

Lo siguiente se enmarca en la prosecución de un trabajo literario sin ninguna meta ni prefijación. El lector no espere de lo que acontezca en su hermenéutica literaria una consecución de verdades contrastadas por un pensamiento riguroso, creo que la mejor manera de leer este trabajo es tal y cual se lee un folleto publicitario, se mira un comercial de televisión o se escucha la conversación con un extraño, sin esperar nada a cambio ni pretender obtener un beneficio utilitario para su construcción mental. No obstante tengo la certeza que esto que advierto es en vano ya que los fenómenos interpretativos y de intención de significado y sentido siguen sus propias fuerzas en cada compleja subjetividad.

El título sobre el cual se enmarca este artículo abre desde ya una pregunta, ¿el concepto de método se sitúa solo en el ámbito de lo racional?, ¿solo la razón puede ser metódica?, y de aquí puedo decir que la arquitectura no es racional, o al menos no es solo eso, si es irracionalidad creo que es un tema posible de ser abordado.

El Estado Actual del Mundo


Hablar de arquitectura hoy es hablar de fenómenos dispersos, especialidades, discursos inquebrantables. Fenómenos dispersos revelados por la complejidad de la disciplina, lo cual demanda del trabajo del hacer y del idear arquitectura un trabajo mental que reflexiona por diversidad de especialidades, muchas de las cuales afloran como subespecialidades dentro de una especialidad, esto atribuible al legado del racional iluminismo, productor y reproductor de una epistemología y una taxonomía de las ciencias economicista del ser humano integral y de una fé ciega en el ser humano como cuerpo productivo. Esto posibilita la concurrencia de discursos inquebrantables sostenidos en el conocimiento disciplinado, especializado y referido a fenómenos contrastables con la realidad del pensamiento fuerte1, riguroso en su método, desdeñante de su propia realidad interpretativa, ya sea de datos, de constructos, de variables, o de cualquier componente de la investigación metodológicamente “correcta”. Romper el círculo temático al que nos dirige esta conformación epistemológica, esta razón de ser y de construir conocimiento por parte del pensamiento, demanda un esfuerzo súper pragmatista, rebosante de un materialismo filosófico, lleno de rigurosidad metodológica, carente de cualquier componente interpretativo dentro de su reflexión, que permita concluír solo desde lo medido cualitativa o cuantitativamente, sin necesariamente pasar por ejemplo por las “Tecnologías del Yo” abordadas por Michel Foucault en su libro homólogo2. Simultáneamente la fisura de este círculo temático nos obliga al esfuerzo ultra espiritual, interpretativo, sensible, subconsciente, consciente de la preexistencia de la existencia de un consciente y un inconsciente social que nos demanda una responsabilidad sensitiva con el mundo cultural y social. Finalmente concluir en el comienzo de la búsqueda de la espiritualidad de un pragmatismo sublime.

Hablar hoy de arquitectura requiere situarse en posiciones pertinentes, reales y contradictorias. Pertinentes por cuanto deben situarse en un territorio del conocimiento llamado Arquitectura, territorio que aún no se funda, aún más, se mantiene incubado dentro de una cáscara presionada por saberes con lenguajes construídos que no permiten la eclosión de un lenguaje propio, necesario para lograr el desenvolvimiento del saber Arquitectura o área del conocimiento llamado Arquitectura3. Posiciones reales por cuanto ya no cabe en la arquitectura el tratamiento de fenómenos de difícil comprensión, son prescindibles, y aún más, innecesarios, lo necesario y pertinentes son los fenómenos de fácil y cercana comprensión para un público ávido de una estética de la inmediatez, de la cercanía de su lenguaje para lo cual es imprescindible la preocupación por lo tangible, lo visual, lo cercano, lo fácil, a veces, como lo plantea Robert Venturi, “la estética de lo feo”. Posiciones contradictorias ya que solo contrastando el pensamiento deveniente del razonamiento, con lo real, podemos situarnos en el lugar indicado, que normalmente es más abierto que las conclusiones estrechas del pensamiento racional. En otras palabras, la arquitectura siempre es menos que la potencial arquitectura. La creación siempre abre al pensamiento y el pensar arquitectónico obedece a estas lógicas, las del pensamiento deveniente de una razón pura hasta el pensamiento más demencial, en el cual cabe la pregunta de si existe irracionalidad y método.

Aceptar la contradicción es un paso clave, así como aceptar la realidad más dura, la que existe en todas partes, menos en quien lee.

Ya no existe el camino para definir una arquitectura, son todos a la vez, sin exclusión ni súper inclusión. Adentrarse en esto es casi inocuo, pero a su vez puede transformarse en contra cultural.

Comenzar a hablar de arquitectura en base a eufemismos remitentes y pertinentes es como girar a la rueda mil veces. Es por esto que el hablar de arquitectura no debe pretender un giro, ni una enmienda, ni menos una construcción de un relato. Solo debe pregonar la existencia de fenómenos.

Hablar de arquitectura debe consagrar al hombre mágico. Debe aprobar la existencia del chamanismo arquitectónico. A través de esto, la figura del teórico se reconfigura, reorientando su función hacia la de estratega y futurólogo que pregona el advenimiento de la fe, fe que permite al estado actual del mundo inclinarse a recoger los despojos de su realidad, y tan solo seguir viviéndola.

Es tan amargo lo que aquí se dice que se torna de un dulzor desconocido, como el niño enfermo que vive gracias a su jarabe de mal sabor, se acostumbra y termina en un hábito.

Hablar de arquitectura hoy es dar un paso en falso en medio del terreno liso. Ya no hay sentido, y por lo mismo es el máximo de los sentidos. Se le debe un esfuerzo dadaísta, situacionista, surrealista, pero por encima de esto el mayor esfuerzo pragmatista que exista en la mente del hombre híper racional.

Se deben una serie de operaciones de transformación de la realidad más agobiante, sin esperar transformarla, solo inter formarla. Aquí cabría citar a la reflexión a Frederick Nietzsche y las tres transformaciones a las que alude en su relato “Así habló Zaratustra”, como método de transformación del espíritu, entendiendo que este es una parte de la realidad.

Ya no hay cabida para un discurso, es obsoleto, inofensivo, a-fensivo, impertinente. Ya no prescriben las referencias, la híper información rebasa al cuerpo continente (Baudellaire “la sociedad de la información”). La gran pertinencia, la gran prescripción para el mundo es la construcción megalítica de un cuerpo coherente, funcional y una estecia a-construible, pero posible de existir en el subjetivo presente, habitante del mundo.

Ya no es necesario hablar de arquitectura, así como es súper necesario hacerla. Por esto es proscrito escribirla, y sus teóricos merecen un castigo inquisidor, pero de suceder, el mundo cae en su freno de sentido sin sentido, desacelera y se corrompe, comienzan a desviarse sus instituciones y los actores intercambian papeles en su inconsciencia (Prólogo de Ludovico Quaroni al libro de Maurice Cerassi, sobré los teóricos). Por esto se hace necesario hablar de arquitectura, gracias al sentido del sin sentido, gracias a la visión pragmatista y a su vez al romanticismo exacerbado.

El fin de las confusiones se acerca, y de aquí deviene las mayores preguntas. Para hablar de arquitectura se debe acotar metodológicamente los constructos preexistentes.


Método


Existe una operación simple para ordenar el fenómeno arquitectónico. El de entender las grandes zonas del conocimiento del área o especialidad. Por supuesto se debe aclarar que cualquier área temática se puede especializar siendo divisible hasta el infinito (taxonomía de las ciencias de Heguel). Esto nos sumerge nuevamente en la confusión, contradicción, tautología, imbricación y una fenomenología contemporánea.

Entonces se a de reconocer de antemano lo conflictual del caso de dicha taxonomía derivada de las temáticas.

La teoría arquitectónica como cimiento fundacional de la retórica de la arquitectura posibilita el reconocimiento de los hechos, su comprensión, explicitación y objetivos que no se pueden definir, ya que son potenciales dentro de su metodología, lo que provoca decir que la teoría no posee límites dentro de las unidades de análisis que manipula. Es decir, la teoría en ningún caso es otra cosa que teoría, aunque suene obvio, y sus unidades de análisis no son otras que los cuerpos arquitectónicos, (así como el Estructuralismo Saussuriano, dentro de la lingüística, estudia las unidades lingüísticas, el método de análisis de unidades arquitectónicas corresponde a una semiótica arquitectónica, aún carente de método, por la carencia de método en la Semiología) sea la escala que sea en la que aparezcan dentro del lugar llamado mundo.

La proyección arquitectónica no pretende ser más que el acto por el cual se hace el cuerpo arquitectónico y es también una técnica con métodos rigurosamente explicitados, y a su vez un arte carente de cualquier ligazón a un mundo, un lugar, un cuerpo u objeto material definible. Es un área de la arquitectura que merece toda la atención metodológica y a su vez toda libertad para su explosión técnica.

Teoría y Proyección son mega áreas dispuestas en el mundo arquitectónico para dialogar y pretender ser uno, no obstante son dos temáticas escindidas entre si.

Unidades de Análisis


Teoría y Proyección se hermanan en relación a sus fenómenos observados, y esto podría desmentir tantas aseveraciones que pretenden desligar las responsabilidades de cada área temática. Las dos áreas requieren de conocer los factores que las hace definir su objetivo.

No obstante la teoría puede requerir conocer fenómenos no pertinentes a la proyección, así también a la inversa.

La teoría necesita conocer los factores ambientales como fenómenos que dilucidan los resultados a los que promueve. La proyección requiere de este factor para hacer corpóreas las soluciones pertinentes. Y ahora la contradicción; la teoría estudia las problemáticas proyectivas así como la proyectiva hace para sí los develamientos entregados por la teoría.

Es entonces inocuo y naif hacer escisiones entre grandes temáticas o áreas de la arquitectura. Tal es la contradicción que se puede decir que existe construcción de arquitectura cuando se habla de ella. Es más, tan solo escribir su fenomenología es construirla.

Ante tal contradicho es cuando se aspira al relato híper pragmático y establecer como práctica de razonamiento taxonómico la súper función que contiene cada área, con el severo riesgo de caer en las verdades ciegas y parapléjicas que no constituyen construcciones nuevas, tan solo calman las ansiedades de momento.

Es entonces el lugar para aplicar las creaciones humanas. Es el momento de hibridizár conceptos y descifrar su contenido tal como un buen traductor de escrituras nuevas. No es el momento de interpretaciones sofisticadas, pero si, el lugar para mecanizaciones orgánicas de ideas.

Teorías Proyectivas y Proyectos Teóricos enuncian solamente lo obvio, la creación de nuevas especializaciones. Pero decir aquello es quedarse en la caricatura o interpretación liviana del concepto y las palabras.

Teoría Proyectiva anuncia el advenimiento de la fe, y la fe solamente deviene luego de presentar los milagros, una teofanía arquitectónica.

Comprender que el teórico proyecta arquitectura ideática es lo mismo a decir que el proyecto teórico concretiza una arquitectura de la idea.

Entonces en la hibridez se mantiene el sentido y reflorece el pragmatismo, ya que siguen figurando los conceptos diferenciables de la concreción y la conceptualización creadora. Pero claramente nacen reconfiguraciones del mundo temático. Se reorientan actividades y se justifican otras. Las esencias se mantienen, el mundo no se desploma y el advenimiento de la fe reaparece, tal cual un hombre se adentra a revolucionar el mundo.


La urbanística y el método


La urbanística construye la estecia del lugar ciudad en base a instrumentos metodológicos de la práctica racionalista.

Es en base a esta práctica que se consigue obrar lugares de confluencia equilibrada de poderes. El lugar se somete desde la disciplina rigurosa a la disciplina habitable.

Es en base a los instrumentos de la planificación u ordenamiento desde donde las macro decisiones alcanzan niveles sublimes de aglutinación de fenómenos.

Hacer al habitante un ser urbanizado, ordenado y planificado es el ideal para toda clase de poder pro civilidad y pro cultural.

Para producir ciudadanos con participación y conciencia cívica, interés político, empatía productiva, etcétera, es necesario conglomerarlos y no dispersarlos, conglomerarlos entre ciudadanos en un lugar ciudad.

A su vez es necesario disciplinarlos desde principios básicos de control y producción, para lo cual se les ordena, dentro del territorio.

Es entonces que los lugares son físicos, pero a su vez son virtuales con relación a los poderes de los relatos culturales que los envuelven, limitan y aglomeran. Por lo tanto los no lugares caben en los territorios físicos, existen cómo fenómenos, pero son conglomerados con orden, un código, una procedencia y una precedencia, y son tan virtuales como los fenómenos que aglutinan conglomerados.

Dicha ciudadanía urbanizada, ordenada, disciplinada, perteneciente a un territorio-lugar-ciudad necesita de un sentido, sentido deveniente de los impulsos políticos, con rumbos sociales y económicos que precipitan al habitante hacia un camino posible de recorrer, planificado y con objetivos claros.

La planeación del territorio no permite orientar el sentido del habitante. Planificación no alcanza para significación y sentido. Planificación, como otras tantas especialidades de la arquitectura, delega en esta última la utopía del sentido y el significado.

La arquitectura no es la encargada de dar sentido al ciudadano. A caso sería la política por la cercanía del concepto con la definición de hombre participante de ella.

La política ya no posee instrumentos para dar sentido a lo humano.

La religión, la magia, el arte, los mitos, la poesía, construyen sentido, esa es y será su tarea. Pero ya no está en sus facultades hacerlo. La pérdida de sentido y significado se han materializado en la razón humana, y nacen las medidas postizas de los hibridismos de mercados con sentido social, arte intertextual, magia seriada y envasada, etcétera. Proliferan las posturas condescendientes y dóciles del mal menor al momento de enfrentar el espacio urbano, demarcando la estética de la estética ya demarcada. Todas como medidas inocuas, prescritas, sumisas, que postergan el sentido como objetivo en el ciudadano. No existe medida proveniente de la racionalidad que cumpla esta tarea dentro del estado actual del mundo.

Métodos irracionales de magia, fe y religión están proscritos por ser conducentes a un caos institucional, conducentes a una perdida de civilidad y una vuelta a la vida de aldea productiva a través de gobiernos comunitarios, sin un poder central. Un caos institucional atribuible a la incapacidad de sustentación en el tiempo, no así la de gesta, donde posee por definición la capacidad de incluir y propulsar cambios.

El sentido de lo urbano necesitaría de un propulsor irracional, y de un sostenedor racional. Un acoplamiento de métodos, ya que la propulsión reorienta las enmiendas de rumbo dentro de métodos falibles y perfectibles. El acoplamiento permitiría dar lenguaje a lo irracional y comprometerlo con el raciocinio lógico y comprensible para la humanidad ávida de pragmatismo en esta área. Determinar el rol o la función de métodos inusuales de la construcción de mundo.


Responsabilidades y Obligaciones


Si lo que se quiere es una responsabilidad, lo que se debe, es por supuesto, una obligación. Se debe responder por los deseos impuestos, quizá no por las obligaciones, pues ahí están. Es patético el curso de lo obligatorio a lo deseado. Es patético el poeta que escribe por nostalgia. Que tristeza ver como se malgasta tiempo y dinero en fabricar una arquitectura de espectáculos visuales, cuando de las obligaciones nadie se hace responsable ni responde. Por el contrario, se prefiere y es mejor visto dar solución a expresiones teóricas plasmadas consecuentemente en la tectónica, y así crear monumentos o iglesias abstractas.

La arquitectura no existe, no es más que una invención compleja de ideas contradictorias y contradichas por si misma. Desde que se analiza el monumento y la iglesia se cree que existe algo de un significado sublime llamado arquitectura, lo cual en realidad se llama cultura.

Si comenzamos desde esta premisa entendemos nuestra tarea. Una eminentemente obligatoria, repleta de ética normativa, procesos técnicos y de gestión vinculante del territorio social.

Es esta manera de entender la generadora de estéticas autómatas. Sin vanidades ni fuerzas motrices subjetivas, solo actos, realidades, obligaciones, verdades presentes, solo un aquí y ahora, sano y claro, imperturbable. Lo contrario cae en el acto quejumbroso, dialéctico, irresponsable, interpretativo, etcétera.

Pero admitir que la nostalgia es parte del hombre es necesario, cae dentro de las obligaciones. No obstante es necesario acotarlas, y su costo yace en el terreno proyectual del tema a abordar. Entonces se debe diseñar el método de la temática. Método inexistente porque pareciera dominado por el mundo subjetivo. Pero lo que aparece no es el ser, es solo otra condición de este. Dicha condición es dable cambiar, entendiendo que dicha escisión pudiese no existir. Siendo ésta una forma de expresar algo obvio, una serie de vicios y pecados cosechados después de varios miles de años de siembra.

Nostalgia dentro de una Teoría de la Arquitectura


El derrumbe dice relación con la simplicidad. Simplicidad de decir “la arquitectura no existe”.

¿Qué sucede con los diálogos semióticos de los cuerpos edilicios y el hombre?, ¿Dónde se ubica la hermenéutica edificatoria perteneciente a las culturas?. “La arquitectura no existe” es un axioma lleno de vacíos. La arquitectura existe en la medida que existe en los imaginarios sociales de las culturas. La arquitectura del especialista es distinta a la del ser común. Su culturización está especializada, y es allí donde yace en plenitud.

“Solo existe lo que se puede lenguajear” es otro aforismo que pretende acotar el mundo a un sistema racionalizado de entendimiento. Lamentablemente lo lenguajeable es determinado por lo conocido, lo que se sabe, y es sabido que lo desconocido es amplio, solo basta con adentrarse en el conocimiento del universo, su forma, composición y límites conocidos.

Relatar Lo Irracional. Matar lo Racional


No puede existir Poesía después de Auschwitz

Tehodor Adorno

Auschwitz demuestra que la realidad no es racional”



Jean François Lyotard

No existe tal escisión, es tan solo una discusión temática plagada de amores e ideologías, como por ejemplo las políticas. Pero no se sostiene, no es coherente con lo real. La coherencia está dada por la capacidad de enunciar lo que se cree inexplicable, y callar lo obvio para dejarlo retozar en la quietud del campo híper subjetivo.

Lo que digo tiene relación con el rebasamiento y la reordenación de los relatos que explican la realidad. Transformar lo fenomenológico en algo híper subjetivo, y al mismo tiempo, las pulsiones mentales, en un relato lógico. La lógica posee una poiesis, desde un cuerpo hacia lo abstracto, y luego a otro cuerpo. Lo híper subjetivo es definible, cuantificable, relatable en términos de la lógica, ya que todos construyen un círculo. El círculo de la creación de mundo, el círculo poético. La razón palpita como la locura. La locura es la razón no dada.

El Asunto


Situándose dentro de un territorio mensurable por los sentidos, nos sumergimos en un territorio temático. Temático: institucional, histórico, social cultural, morfológico, crítico, político, económico, estético, o cualquier poética de mundo.

Es este territorio temático el que se debe develar. Quitar la serie de velos que lo cubren, y una vez descubierto, jerarquizarlo y tomarlo como motricidad de la tectónica.

Esto es una crítica a las posturas que definen la metodología proyectiva como una disciplina carente de idea y llena de técnica, o una idea materializada por la técnica.

En lo propuesto como territorio temático a develar, o “asunto”, desaparece la figura del arquitecto propulsor e impulsor de una idea fuerza, el arquitecto como gestor poético, el arquitecto fundante, el arquitecto solucionador de problemas y necesidades.

Acá solo queda como salida la certera explicitación del asunto, las otras soluciones siempre resultan postizas.

El asunto también se devela desde la ausencia de paradigmas, desde un territorio mudo y ciego. Es solo ahí donde se vuelve al origen: la poesía, el mito y la magia. Pero también la praxis y las necesidades. Estas categorías van amalgamadas y se reconocen dentro de una poética perfecta, despojadas de imágenes poéticas, solo es un acto nuevo.





1 A diferencia del pensamiento débil de Gianni Vattimo.

“Como ‘pensamiento fuerte’ (o metafísico) Vattimo concibe un pensamiento que habla en nombre de la verdad, de la unidad y de la totalidad, (es decir, un tipo de pensamiento ilusorio tendiente a establecer “fundaciones” absolutas del conocer y del actuar). Como ‘pensamiento débil’ (o postmetafísico) él concibe un tipo de pensamiento que rechaza las categorías fuertes y las legitimaciones omnicomprensivas, es decir, un tipo de razón que, junto a la razón-dominio de la tradición, ha renunciado a una “fundación única, última, normativa” (“El pensamiento débil”)”.

Fuente: www.filosofico.net/vattimospagn.html - El Pensamiento de Vattimo


2 Las Tecnologías del Yo son aquellas que "permiten a los individuos efectuar, solos o con ayuda de otros, cierto número de operaciones sobre su cuerpo y su alma, sus pensamientos, sus conductas, su manera de ser; es decir, transformarse con el fin de alcanzar cierto estado de felicidad, de pureza, de sabiduría, de perfección o de inmortalidad".

M. Foucault, Le souci de soi, Gallimard, París, 1984, (trad. esp.    Siglo XXI, México, 1987)



3 “No hace mucho el arquitecto Peter Eisenman justificaba el principio de una arquitectura que funcionaria como una segunda lengua. Esta idea sugiere una condición negativa, a saber, que le faltaría a la arquitectura ese "valor original e incluso moral" que se recibe directamente de la lengua materna. Significa, también, que la arquitectura ocuparía un segundo lugar en relación con los estratos del pensamiento y de la cultura, más originales y menos profundos que esta. La arquitectura se fundamentaría sobre otras disciplinas, vendría segunda después de la filosofía, la ciencia, la literatura, el arte y la tecnología... Ahora bien, hoy día todas las lenguas del mundo, todas las disciplinas, todas las formaciones sociales parecen ser aspiradas por esta condición de secundarias y por ese contacto obligado con "las otras. "¿Hemos entrado en un mundo definitivamente anglosajón?, pregunta Rem Koolhaas. Está claro que el inglés se convierte en nuestra principal herramienta de pensamiento y ello tiene casi tanta importancia como el trabajo personal que efectuamos en tanto que diseñador o arquitecto". Esta mutación provoca frustraciones profundas de consecuencias difíciles de imaginar, al mismo tiempo es crisol de una extraordinaria emancipación de los procesos de transmisión de la cultura y de la producción de los saberes”.

Mutaciones, (Rem Koolhaas Project on the city, Stefano Boeri Multiplicity, Sanford Kwinter, Nadia Tazi, Hans Ulrich Obrist), 2001, pg., 278







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