Montevideo, Uruguay; 28 de julio



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JOAQUIN TORRES GARCIA Y EL CONSTRUCTIVISMO UNIVERSAL. Clases

Joaquín Torres García (Montevideo, Uruguay; 28 de julio de 1874; 8 de agosto de 1949), artista plástico y teórico del arte uruguayo-catalán, fundador del universalismo constructivo.

Tras una difícil infancia por los vaivenes económicos y domiciliarios de su familia, y una formación principalmente autodidacta, en 1890 Torres García se fijó como objetivo el emigrar a fin de formarse como pintor, pues llegó a la conclusión de que esa formación no la había de recibir correctamente en la capital de Uruguay. Así pues, junto a toda su familia decidió viajar a Europa en junio de 1891, contando con diecisiete años. La familia del padre los llevó directamente a Mataró. Allí Torres García empezó a asistir de día a una academia local, en la que aprendió las bases del oficio, y de noche a clases de dibujo en una escuela nocturna de Artes y Oficios. En 1892, la familia decidió trasladarse a Barcelona en donde Torres García ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona.

Allí coincidió con pintores más tarde reconocidos cómo Mir, Sunyer, Canals y Nonell, todos ellos influidos por el impresionismo francés preponderante en aquel momento, y por los escritos de Zola. Con ellos salía a pintar por los suburbios de la ciudad imitando a los pintores de vanguardia de entonces, Monet, Sisley y Renoir. Como todas las clases eran nocturnas, decidió aprovechar la franja diurna ingresando en la Academia Baixas, la más reputada de entonces, por ser tan académica como la oficial de Bellas Artes.

En 1893 Torres García se matriculó en el Cercle Artístic de Sant Lluc, de talante católico, con el que estableció nexos profundos, siendo socio hasta el año 1898. Aquí conoció a Josep Pijoan, Eduardo Marquina, Pere Moles y Luis de Zulueta. A partir del año 1894 participó en las Exposiciones Generales de Bellas Artes, en la sección Extranjera, y al año siguiente empezó a colaborar con la librería tipográfica Católica hasta el año 1899. En 1897 expuso sus obras en la sala de exposiciones del periódico La Vanguardia, y participó en una exposición colectiva de los Socios del Círculo Artístico de Sant Lluc. En esa época Torres llegó no sólo a entablar amistad con pintores y escultores de la talla de Manolo Hugué, Pichot, los hermanos Oleguer y Sebastià Junyent, los hermanos Sunyer, Pablo Picasso, los hermanos Joan y Juli González, y Planella, sino también con músicos como Antoni Ribera.

En los años siguientes publicó varios dibujos en el periódico La Vanguardia con el nombre de Quim Torras y en las revistas Iris, Barcelona cómica y La Saeta.

Desde 1901 empezó a pintar al fresco, atraído por la atemporalidad que se desprendía de las obras antiguas realizadas con esta técnica, y entró en una dinámica de trabajo en grupo en la que se entremezclaban pintores, músicos, escultores y poetas, asistían a conferencias de carácter artístico en el Círculo de Sant Lluc, a conciertos de música clásica en el Liceo, a debates y charlas en Els Quatre Gats, en la sastrería Soler, etc. En mayo de 1903 publicó un artículo en la revista mensual Universitat Catalana titulado Augusta et Augusta, afirmando que la forma artística nunca copiará la realidad y defendiendo su idealista concepción del arte.

Empezó a trabajar en decoración, primero con Adrià Gual y más tarde en la remodelación que el arquitecto catalán Antoni Gaudí estaba realizando en la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca. Trabajaba en las dos primeras vidrieras laterales y el rosetón de la Capilla Real cuya construcción se llevaba a cabo en los talleres de las obras del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia en Barcelona. Esta colaboración se prolongó hasta 1905, aportando a Torres la visión del trabajo en grupo e interdisciplinar de Gaudí, así como la necesidad de considerar globalmente decoración y arquitectura.

En 1905 su obra evolucionó formalmente de manera ya muy evidente hacia lo que muchos críticos atacaron, el planismo, comúnmente nominado como "defectos de factura" (despreocupación porque la pintura fuese agradable a la vista, que las cualidades pictóricas fuesen halagadoras de los sentidos) y en 1906 emprendió un alejamiento de la superficialidad que subyacía en sus cuadros buscando entroncarla con la fuente de toda civilización, el arte griego. En 1907 empezó su labor docente en la escuela Mont d’Or en Sarrià, en la que introdujo además por primera vez en España el dibujo del natural. Contrajo matrimonio con Manolita Piña el 20 de agosto de 1909 en Barcelona.

El periodista argentino Roberto Payró le proporcionó el encargo de dos grandes paneles para la decoración del pabellón de Uruguay en la exposición Universal de 1910 en Bruselas en los que ubicó dos alegorías de la agricultura y la ganadería, de paso, visitó Florencia, Roma y París. Trabajó en el antiguo palacio de la Generalidad de Cataluña, que por aquel entonces había sido recientemente adquirido como sede de la Diputación provincial de Barcelona, elaboró unas vidrieras para los ventanales de la sala del Consell de la Mancomunitat, y la decoración mural del Salón de Sant Jordi, el proyecto mural de más envergadura e importancia que Torres-García acometió a lo largo de su vida.

En mayo de 1913 publicó su primer libro: Notes sobre Art. En Junio de 1913, comenzó la realización del primer fresco para el salón San Jorge, La Cataluña eterna. Al tiempo que terminaba el fresco, Torres García fundaba la Escuela de Decoración en Sarrià con un grupo de jóvenes discípulos, en un claro intento de fundar una escuela de muralistas y decoradores que intentasen poner en práctica sus teorías. En 1917 conoció al pintor uruguayo Rafael Barradas, personaje capital en su vida pues fue el catalizador de su evolución artística hacia la abstracción, constatándose en su trabajo un acercamiento al arte contemporáneo desde el prisma de la complementariedad con la tradición.

Al fallecer Prat de la Riba, se suspenden inmediatamente los trabajos de decoración en el Salón de Sant Jordi y su encargo. Acuciado por la escasez económica se lanzó a una nueva actividad, la fabricación de juguetes.

En 1920, Torres García partió con su familia en tren hacia París. Nunca volvió a Barcelona. Desde allí embarcaron en dirección a Nueva York. Ante la falta de ingresos, decidió volver a Europa, en concreto a Italia, para dedicarse de nuevo al negocio de los juguetes. En 1928 junto a Jean Hélion, Alfred Aberdam, Daura y Ernest Engel Rozier realizó la exposición "Cinq refusés par le jury du salón d’Automne". Entre el público, apareció Theo Van Doesburg que inicia una gran amistad y una extensa colaboración con Torres García.

Justo en esa época conoció a Michel Seuphor quien le presentó a Jean y Sophie Arp, a Adya y Otto Van Rees, a Luigi Russolo y a Georges Vantogerloo, siendo admitido muy pronto en las reuniones de este grupo que tenía a Mondrian a la cabeza. En estas reuniones se forjó el núcleo principal del futuro grupo Cercle et Carré, promotor de la primera exposición de arte constructivista y abstracto en 1930, y de una revista del grupo. Torres García aportó al constructivismo el orden y la lógica en la composición mediante reglas como el número áureo, y la inclusión de figuras simbólicas que representan al hombre, el saber, la ciencia y las ciudades.

En 1932 abandonó París por la crisis económica y se instaló en Madrid, en plena república, creando en 1933 el Grupo Constructivo, con el que expuso en el Salón de Otoño. El grupo escribió tres textos en los que se reflejaba el espíritu con el que nació el grupo, llamándolos Guiones, en ellos es apreciable la influencia constructiva de Torres García.

En 1934, un año y medio después de su llegada, decidió volver finalmente a Uruguay, a su Montevideo natal, donde fue recibido como integrante de la elite artística europea. Inmediatamente mostró sus teorías artísticas de vanguardia en un país anclado en el conservador gusto europeizado que impone el epíteto de calidad a todo aquello que es importado del viejo continente, convirtiéndose pronto en un personaje controvertido.

Creó la Sociedad de las Artes del Uruguay con el objetivo de integrar todas las artes y de actuar como nexo entre los artistas y el público. Se inauguró la primera retrospectiva de Torres García, en la que participó también Augusto, su hijo mayor, y empezó a impartir clases de historia del arte en la Escuela Taller de Artes Plásticas. Organizó una primera muestra de Arte en la que participaron artistas nacionales: Carmelo de Arzadun, Gilberto Bellini, José Cúneo Perinetti, Luis Mazzey, Bernabé Michelena, Zoma Baitler, Carlos Prevosti, Augusto Torres-García y él mismo, y extranjeros: Germán Cueto, Pere Daura, E. Engel, Glycka, Jean Helión, Luc Lafnet, Charles Logasa, O. Van Rees y Eduardo Yepes.

En 1934 Torres García fue nombrado profesor honorario de la Facultad de Arquitectura de Montevideo y en 1935 publicó su libro Estructura. Creó la Asociación de Arte Constructivo (AAC), impregnada del espíritu de un arte propiamente americano. En 1936 apareció el primer número de la revista Círculo y Cuadrado, como continuadora de Cercle et Carré, del que se publicaron siete números hasta 1938, y del que se publicó un último número extraordinario en diciembre de 1943, siendo el órgano publicitario de la AAC. Su lema es: Intransigencia total contra el naturalismo.

En 1938 Torres García empezó a mostrarse influido por el arte precolombino e indígena, como se puede apreciar en su obra Monumento Cósmico, yuxtaponiendo figuras como las que ya utilizaba en París, figuras que hacían referencia al hombre y a las ciudades con las propias de la tradición simbólica indígena de América del Sur.

Desde un punto de vista filosófico, Torres García recibió una fuerte influencia de las doctrina de la Teosofía de Helena Blavatsky y de la Antroposofía de Rudolf Steiner, al igual que otros artistas de la época como Piet Mondrian, Paul Klee y Vasili Kandinski. En 1932 se relacionó con la Sociedad Teosófica en Uruguay donde pronunció la conferencia "Geometría, creación, proporción".

En 1940 se editó el libro 500ª conferencia, editado por la AAC, en el que se recogen todas las conferencias impartidas por Torres García en Montevideo desde su llegada, y anuncia su fin. El desengaño con respecto a la creación de este grupo y su fracaso se constata en la publicación del manuscrito La ciudad sin nombre, en la que Torres García escribió reflejando su desilusión ante la situación que vivía.

Su desesperación por la dificultad de implantar el arte Constructivo en Uruguay, le llevó a proponer una vuelta a la figuración rescatando el uso del constructivismo y utilizando la simbología cultural propia del Indio Americano, creando en 1943 el Taller Torres García o Taller del Sur, compuesto por jóvenes artistas. Al año siguiente, Torres García y sus alumnos consiguieron el encargo para pintar murales constructivos en el pabellón Martirené del Hospital de Saint Bois, en las afueras de la capital. Se realizaron hasta un total de 35 murales, de los cuales Torres García ejecutó los siete mayores al tiempo que supervisaba los restantes. En el año 1944, le fue concedido el Premio Nacional de Pintura recibiendo un gran homenaje con participación de Pablo Picasso, Gregorio Marañón, Pablo Neruda, Lipschitz, Braque y Ozenfant, y publicó su particular teoría artística, llamada universalismo constructivo.

He dicho Escuela del Sur; porque en realidad, nuestro norte es el Sur. No debe haber norte, para nosotros, sino por oposición a nuestro Sur. Por eso ahora ponemos el mapa al revés, y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quieren en el resto del mundo. La punta de América, desde ahora, prolongándose, señala insistentemente el Sur, nuestro norte.

Joaquín Torres García. Universalismo Constructivo, Bs. As. : Poseidón, 1941.

En el año 1945 se publicó el primer número de la revista “Removedor”, órgano de lucha del Taller Torres-García, que sirvió como marco de respuesta a las críticas hacia sus trabajos y los de sus alumnos y como herramienta publicitaria.

Tras su muerte, ocurrida en Montevideo el 8 de agosto de 1949, el taller seguiría en funcionamiento, siendo dirigido por algunos de los alumnos más destacados, hasta su cierre definitivo en 1962 (aunque hay controversia con respecto de esa fecha). Por su parte, la última publicación oficial del Taller vio la luz en enero de 1961: se trató del tercer número de la revista Escuela del Sur (que había sustituido a Removedor, cuyo número 28 finales de julio-agosto de 1953).



Escritos

  • Estructura, Montevideo, 1935

  • De la tradición andina: Arte precolombino, Montevideo, Círculo y cuadrado, 1936

  • Manifiesto 2: Constructivo 100 %, Montevideo, Asociación de Arte Constructivo, 1938

  • La tradición del hombre abstracto (Doctrina constructivista). Montevideo, 1938

  • Historia de mi vida. Montevideo, 1939

  • Metafísica de la prehistoria indoamericana, Montevideo, Asociación de Arte Constructivo, 1939

  • Manifiesto 3, Montevideo, Asociación de Arte Constructivo, 1940

  • La ciudad sin nombre. Montevideo, Uruguay, Asociación de Arte Constructivo, 1942

  • Universalismo Constructivo, Montevideo, 1944

  • Con respecto a una futura creación literaria y dos poemas, Divertimento 1 y Divertimento 11, Montevideo, Revista Arturo, 1944

  • En defensa de las expresiones modernas del arte, Montevideo, 1944

  • Nueva escuela de arte de Uruguay. Montevideo, Asociación de Arte Constructivo, 1946

  • La regla abstracta. Montevideo, Asociación de Arte Constructivo, 1946

  • Lo aparente y lo concreto en el arte, Montevideo, 1948

  • La recuperación del objeto, Montevideo, 1948

Bibliografía

  • TORRES GARCÍA, J. (1969). La tradición del hombre abstracto (Doctrina constructivista). Montevideo: Editado por la comisión de Homenajes a Torres García (Ministerio de Educación y Cultura de la República Oriental del Uruguay) Edición facsimilar del original de 1938.



  • TORRES GARCÍA, J. (1984). Universalismo constructivo. Madrid: Ediciones Alianza Forma. Números 42 y 43.

  • GARCÍA PUIG, M. (1990). Joaquín Torres García y el Universalismo Constructivo: La enseñanza del arte en Uruguay. Madrid: Ediciones de cultura Hispánica. Colección Arte.


MARÍA LUISA BELLIDO GANT: JOAQUÍN TORRES GARCÍA, HACIA UN

ARTE CONSTRUCTIVISTA DE RAIZ AMERICANA, EN REVISTA DE

HUMANIDADES, SEPTIEMBRE. JAÉN, 2002.
"No hay tiempo, ni espacio, ni materia, no hay relaciones entre cosas, no hay separaciones. Fuera de toda patria está lo universal, lugar donde hay una sola cosa "arte, ciencia, religión" (Joaquín Torres García)
Notas biográficas.
Joaquín Torres García nació en Montevideo el 28 de julio de 1874. Los problemas económicos que padece su padre, el catalán Joaquín Torres Fradera, justifican que en 1891 se trasladara toda la familia a la localidad catalana de Mataró donde recibió sus primeras lecciones de pintura y dibujo con Josep Vinardell en la Escuela de Artes y Oficios. Al año siguiente se trasladó la familia a Barcelona donde se perfeccionó en la Escuela Oficial de Bellas Artes y asistió a los cursos de la Academia Baixas, donde se vincula con el "Cercle Artistic". En 1897 "La Vanguardia" le publica un dibujo que cosecha buenas críticas. En 1901 consigue publicar sus obras en la influyente revista "Pel & Ploma" y colabora con Antoni Gaudí en la Basílica de la Sagrada Familia y en la reforma de la catedral de Palma de Mallorca.
En 1908 realizó varias pinturas murales en Barcelona, destacando las del Ayuntamiento, la iglesia de la Divina Pastora en Sarrià y los lienzos para la capilla del Santísimo Sacramento de la iglesia de San Agustín, que se quemaron durante la Guerra Civil.
En 1910 viajó a Bruselas para decorar el pabellón uruguayo en la Exposición Universal con dos murales que representaban la ganadería y la agricultura y en 1912 se le encarga decorar el Salón de San Jorge de la Diputación Provincial de Barcelona marcado por la tradición helenística y las esencias mediterráneas.
En 1917 diseñó sus primeros juguetes de madera, actividad que no abandonará nunca, con partes movedizas e interesado en la utilización de materiales naturales y en la estructura de los objetos. Este interés de Torres García por los juguetes se entronca claramente con la nostalgia casi obsesiva de la civilización occidental, potenciada por el romanticismo, de "preservar o volver a encontrar la sensibilidad infantil" 1. Al respecto, el propio Torres García había expresado en 1916:
"El juguete puede ser un medio de educación, quizás no de los más importantes pero por excitar en tal alto grado el interés del niño, será un principio motor de primera fuerza, que puede y debe ser aprovechado. Por eso al construir juguetes debe procederse con gran cuidado… si el niño rompe un juguete, es en primer término para investigar, después para modificarle: conocimiento y creación. Démosle pues el juguete a trozos y que él haga lo que quiera. Así nos adaptaremos a su psicología" 2.
En 1918 formó parte del grupo "Courbet" junto a los artistas Francesc Domingo, Josep Llorens-Artigas, Joan Miró, Enric Ricart y Rafael Sala. Dos años después partió con destino a París y a Nueva York, ciudad ésta donde permaneció hasta 1922 creciendo su interés por los juguetes y donde consigue el encargo de "Artists Makers Toys" para viajar a Italia y encargar la fabricación en serie de juguetes. En Nueva York entabla amistad con Marcel Duchamp, Joseph Stella, Max Weber, entre otros.
A partir de 1926 se instala en París donde consigue un importante éxito tras la exposición de 34 obras en la Galería Marck que le permite conocer a Theo Van Doesburg que le pondrá en contacto con el neo-plasticismo y más tarde con Piet Mondrian. A partir de este contacto, su arte comienza a experimentar cambios decisivos, trabajando sobre estructuras constructivistas e incorporando lenguajes de signos. Hasta ese entonces su obra había seguido derroteros dentro de lo que Joan Sureda Pons llamó "pasión clásica" 3.
En los años parisinos formó un grupo y editó una revista con neoplasticistas y cubistas. Fundó "Cercle et Carré" (Círculo y Cuadrado) en el que participan Mondrian, Hans Arp, Luigi Russolo, Daura. En 1930, el grupo expone sus obras en la Galería 23 de París, "Premiere Exposition Internationale du Groupe Cercle et Carré" en la que participan, entre otros, Léger, Le Corbusier, Prampolini, Kandinsky, Baumeister, Mondrian y Pevsner. Esta exposición, de escasa repercusión en los medios periodísticos y de la crítica, sirvió para liberar a París de la excesiva presencia del Surrealismo y para plantear los principios fundamentales de la abstracción geométrica.
En 1932 se instala en Madrid, entusiasmado por la joven República Española, organizando un grupo de Arte Constructivo e impartiendo clases y conferencias. Dos años después vuelve a Montevideo, funda la Asociación de Arte Constructivo y edita, en 1936, la revista "Círculo y Cuadrado" (García, Puig, 1990) que es continuada por "Removedor" (1945) que se convierte en la publicación oficial del Taller Torres García.
En 1938 culmina su "Monumento Cósmico" del Parque Rodó y publica "La tradición del hombre abstracto", un manuscrito rotulado e ilustrado a mano, donde plantea que el Hombre Abstracto se encuentra al margen de todos los tiempos y representa las civilizaciones más admiradas por él, dentro de la esfera universal, que Torres García busca. Al año siguiente, publica "Metafísica de la prehistoria indoamericana" donde intenta vincular la tradición abstracta del arte precolombino con el arte moderno e "Historia de mi vida".
En 1944 abre el Taller Torres García formado por los artistas uruguayos Julio Alpuy, Gonzalo Fonseca, Francisco Matto, Manuel Pailós, José Gurvich, y los hijos del maestro, Augusto y Horacio Torres, que hicieron del Taller un lugar de experimentación para el constructivismo y la abstracción, no limitándose las creaciones artísticas a la pintura y a la escultura sino mostrando una amplitud de técnicas que incluyeron los textiles, la cerámica, los muebles y los diseños arquitectónicos. Con algunos de estos alumnos, decora el Pabellón Martirené de la Colonia Saint Bois con siete murales donde Torres-García articula la composición yuxtaponiendo símbolos y elementos reales. Ese mismo año publica en Buenos Aires su obra "Universalismo Constructivo", donde resume sus ideas sobre el arte plástico y obtiene el Gran Premio Nacional de Pintura del gobierno uruguayo.
En los últimos años de su vida compagina su faceta creativa con la publicación de numerosos escritos. En 1946 publica "Nueva Escuela de Arte del Uruguay. Pintura y arte constructivo. Contribución al arte de las tres Américas", en 1947 "Mística de la pintura", en 1948 "La recuperación del objeto" y "Lo aparente y lo concreto en el arte". El 8 de agosto de 1949 fallece en Montevideo.

El pensamiento estético y la Doctrina Constructiva de Torres García
"El arte de Torres García se compone de elementos puros; allí no hay ni complicaciones, ni trucos, ni confusiones. Es el plano, sobre todo, quien reina; el plano, sostenido por la línea, la cual por yuxtaposiciones confiere a la superficie plana una inscripción rítmica"

(Theo Van Doesburg)


"El arte de Torres García estaba motivado por un apasionado concepto místico-metafísico de la historia universal. Por eso, trataba de unir el Cubismo abstracto, la

pintura de su época, con los jeroglíficos primitivos y el arte ritualista" (Irving Sandler)
Torres García parte en sus planteamientos teóricos de la identificación entre arte y construcción. Según Garcia Puig (1990) Define el arte como "construir de acuerdo con una regla, a fin de llevar la obra a una unidad perfecta". Critica la pintura naturalista4 que copia la realidad y plantea la necesidad de un arte geométrico y abstracto, donde radica la universalidad del espíritu. A pesar de esta aseveración. Torres García también rehusa la pura abstracción y propone extraer la esencia de los elementos esquematizados, geometrizarlos, e incluirlos en casilleros ortogonales estructurados en armonía mediante la aplicación de rectángulos y cuadrados. Estos elementos pueden conservar la idea de la realidad, pero no copiarla, por ello no se debe partir de la naturaleza, sino de la geometría para evitar caer en lo decorativo. Torres García (1965) Intenta definir el arte constructivo, refiriéndose a él como "una síntesis, y no de las peores que se hayan hecho. Dentro de la geometría y la proporción, engarza los más altos valores humanos por su universalidad" (p.127). Y añade, en otro de sus escritos de 1944 (Torres García 1989) "No puede existir para mí, convicción mayor que ésta: primero la estructura, después la geometría, luego el signo, finalmente el espíritu, y siempre la geometría" (p.119).
De acuerdo con Oneti (1974) En los escritos de Torres García se observa una visión platónica del mundo. Cree en un orden universal unitario, regido por leyes armónicas que son las mismas que deben regir el arte. En su acto de crear se percibe una profunda religiosidad y espiritualidad. Intenta superar el plano de lo material para insertar su discurso en el plano universal, para lo cual necesita un lenguaje abstracto que le conducirá a la unidad como principio puro de todo.
Su arte constructivo, creado con un carácter universal, le hace intuir la existencia de un mundo más allá del real, de un mundo espiritual intangible. Intenta conjugar lo antiguo y lo moderno, lo clásico y lo actual. Busca a través del mundo moderno la tradición verdadera y para ello combina lo indígena con lo europeo. Su "Universalismo Constructivo" parte de los movimientos de vanguardia europeos y de los motivos de las culturas precolombinas. Estas fueron las bases para su ensayo final sobre el americanismo, lo que implicaba una reelaboración total de la cultura nacional. Aquí es donde se podría haber producido una contradicción, en tanto y cuanto Uruguay carecía de culturas precolombinas propias.
Pero para el artista, hablar de "sentimiento nacional" era prácticamente sinónimo de "emoción americana". Lejos, pues, de convertirse en un impedimento, este hecho posibilitó a Torres García estructurar sus celdas con símbolos provenientes

del patrimonio universal, pretérito y moderno, símbolos en su mayoría esquemáticos, provenientes muchos de ellos de corrientes ancestrales del esoterismo.
La influencia de Rudolf Steiner (La antroposofía) sobre los miembros de la Bauhaus (Kandinsky, Gropius, Klee, Itten), también se dejó sentir sobre Torres García. En su obra encontramos símbolos de la alquimia (sol, luna, cruz, serpiente, oro, plata, cobre, mercurio, hierro, estaño, triángulo, rueda celeste, pájaro, mujer-hombre), símbolos de la masonería (escuadra con péndulo, compás, manos, pentagramas), símbolos del cristianismo primitivo (cruz, serpiente, pez, corazón, árbol, flor), símbolos del pitagorismo (pentagrama, triángulo, cuadrado, templo, pentágono), símbolos de la cultura egipcia (espiral, serpiente, manos, sol, corazón), símbolos de la tradición hebraica (sello de Salomón, columna, corona, templo) y símbolos de las culturas indoamericanas (greca escalonada, serpiente, llama). También aparece el mandala tántrico y el yin y el yan. En las obras de Joaquín Torres García aparece en griego el nombre de ICTUS, que coincide con las iniciales de Cristo "pescador de hombres". También se permite hacer equivalencias, por ejemplo la serpiente tiene un origen alquímico, indoamericano y también aparece en las simbología del cristianismo primitivo.
Como se aprecia, en sus obras se conjuga, como él deseaba, un lenguaje vanguardista extraído de Europa con un repertorio de signos provenientes, no sólo de la cultura precolombina, sino de distintas culturas ancestrales. El constructivismo arraigó, no sólo en Uruguay con la figura de Torres García, sino también en Argentina durante los años cuarenta, y en Brasil y Venezuela en los cincuenta, siendo una de las piedras angulares, junto al arte del suizo Max Bill, del llamado Arte Concreto en el continente americano. En Argentina son deudores del

Constructivismo la Asociación Arte Concreto-Invención y Madí, surgidos ambos en 1946, aunque es la publicación de la revista Arturo5 14 en 1944 la que introduce las ideas de Torres-García.


En cuanto al taller Torres García, tras la muerte del maestro en 1949, continuó persiguiendo como objetivo principal la consolidación de su filosofía estética, en la

permanente búsqueda de una síntesis artística entre las culturas precolombinas, el

constructivismo de vanguardia y otras tendencias del arte moderno, rechazando los aspectos orientados a las modernas tecnologías occidentales y el industrialismo. El Taller se convirtió en singular terreno de experimentación para el constructivismo y la abstracción, no limitándose las creaciones artísticas a la pintura y a la escultura sino mostrando una amplitud de técnicas que incluyeron los textiles, la cerámica, los muebles y los diseños arquitectónicos, tal el camino señalado por Torres García, quien hoy ya es justamente considerado uno de los grandes artistas universales.
Rudolf Steiner (Donji Kraljevec, Imperio austríaco [hoy Croacia], 25 de febrero de 1861[1]Dornach, Suiza, 30 de marzo de 1925) fue un filósofo austriaco, erudito literario, educador, artista, autor teatral, pensador social y esoterista.[2] [3] [4]

Fue el fundador de la antroposofía, educación Waldorf, agricultura biodinámica, medicina antroposófica,[5] y la nueva forma artística de la euritmia.

Caracterizó a la antroposofía como:

La antroposofía es un sendero de conocimiento que quisiera conducir lo espiritual en el hombre a lo espiritual en el universo. Pueden ser antropósofos quienes sienten determinadas cuestiones sobre la esencia del hombre y del mundo como una necesidad tan vital como la que se siente cuando tenemos hambre y sed.

Rudolf Steiner.
Bibliografía

AA.VV.(1991): La Escuela del Sur. El taller Torres García y su legado. Madrid: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Ministerio de Cultura.


AA.VV.(1987): Seis maestros de la pintura uruguaya. Buenos Aires: Museo Nacional de Bellas Artes.
DUNCAN, Bárbara (1974): Joaquín Torres García. Cronología y catálogo de la colección familiar. Museo de Arte de la Universidad de Texas en Austin.
GARCIA PUIG, María (1990): Joaquín Torres García y el Universalismo Constructivo. La enseñanza del arte en Uruguay. Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica.
JARDI, Enric (1973): Torres García. Barcelona: Polígrafa.

ONETTI, J.C.(1974). Torres García en la soledad luminosa y fecunda de su vida, en Testamento artístico. Montevideo:

SUREDA PONS, Joan (1998): Torres García. Pasión clásica. Madrid: Akal.

TORRES GARCIA, J. (1974): Estructura. La Regla de Oro. Montevideo.

TORRES-GARCIA, J. (1965). La Recuperación del Objeto. 1965

TORRES GARCIA, J. (1969): Lo aparente y lo concreto en el arte. Montevideo: Centro Editor de América Latina.

TORRES GARCIA, J. (1944). Universalismo Constructivo.

TORRES GARCIA, J. (1974): Testamento artístico. Montevideo: Biblioteca de Marcha.

TORRES GARCIA, J. (1984): Universalismo Constructivo, 2 vol. Madrid: Alianza-Forma.
.- CONSTRUCTIVISMO: Con el término Constructivismo se designa una serie de tendencias artísticas rusas de vanguardia, cuyas características específicas se basan en el cubofuturismo y en la obra intelectual de Maiakovski, quien también colaboró en el manifiesto del suprematismo.

Este movimiento niega la estética burguesa y considera el arte como instrumento de la acción revolucionaria: la obra de arte se caracteriza por su utilidad; exaltación de la relación arte-industria y experimentación tecnológica de nuevos materiales.



El artista Vladimir Tatlin, en un movimiento paralelo al de Malevich, orientó sus experimentaciones hacia una práctica formal constructiva y hacia una pintura espacial, ordenando los elementos estéticos bajo criterios esencialmente matemáticos. Su influencia determinaría el nombre que tomó el estilo que la Revolución asumió como lenguaje visual de masas, tanto en diseño gráfico como en arquitectura simbólica y propagandística: el Constructivismo.

.- Concepto básico del constructivismo: Investigación metódica de la estructura funcional de la imagen en busca de una síntesis geométrica, perceptiva e ideal. Abandono definitivo de toda referencia a la realidad para buscar la supremacía de la forma pura y la geometría.



.- Vladímir Tatlin (1885-1953), 68 años. Pintor y escultor ruso. Aunque comenzó cultivando un estilo figurativo, sus trabajos posteriores son abstractos. Vivió en París en 1913, época en la que se inspiró en las construcciones tridimensionales de madera, papel, y otros materiales de Picasso. Tras su regreso a Rusia empezó a experimentar en la escultura con relieves abstractos, utilizando materiales industriales como vidrio, metal, alambre y madera. Este tipo de trabajos, realizados entre 1913 y 1917, abrieron el camino a la aparición del constructivismo. El interés de Tatlin en una escultura de espacio y movimiento, aplicando una tecnología propia de la ingeniería y la arquitectura, culminó en su maqueta para un enorme Monumento a la Tercera Internacional (1919-1920, Museos del Estado Ruso, San Petersburgo). Esta obra debía tener unos 400 m de alto y consistiría en una estructura espiral de metal volcada hacia un lado, conteniendo tres estructuras de vidrio (con formas de cilindro, cubo y cono, respectivamente) en cuyo interior se situarían espacios para conferencias; las tres unidades deberían dar vueltas lentamente a intervalos regulares. Nunca se construyó debido a una normativa posterior en la que el gobierno se pronunció contra el arte abstracto.


1 GUGON, E. (1996). La infancia del Arte, en Catálogo de la exposición La infancia del Arte. Arte de los niños y arte moderno en España. Museo de Teruel. P.9

2 TORRES GARCÍA, J. (1916). Joguines d’art. Barcelona: Galerías Dalmau.

3 SUREDA PONS, J. (1998). Torres García. Pasión Clásica. Madrid: Akal.

4 Incluye dentro de la pintura naturalista a los venecianos y a los españoles del siglo XVII y a las manifestaciones que se suceden después de Goya, que acaban en un arte fotográfico. Sólo valora la obra de El Greco y Velázquez, a los que considera los primeros modernos.

5 En la publicación Arturo tuvieron un papel destacado dos discípulos de Torres García Rod Rothfus y Carmelo Arden Quin ambos uruguayos pero radicados en Buenos Aires.


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