"Miró. Poesía y luz"



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"Miró. Poesía y luz"

“Mallorca es la poesía, es la luz", Miró, 1957


Los ventanales del nuevo taller de Joan Miró le conectaban con la luz, el cielo, la tierra, los árboles, las rocas y el mar de Mallorca. "Hasta que equilibré Montroig y Mallorca, cosa que no conseguí hasta ahora, no entré en la madurez", afirmaba Miró poco después de instalarse en la isla de manera definitiva. Mallorca al igual que Montroig (Tarragona) eran para el artista lugares primigenios, en los que el contacto directo con la tierra le permitía absorber su energía y germinar sus ideas. Al establecerse en Mallorca, Miró respondía al magnetismo de la tierra. Volvía a sus orígenes.

Miró nació en Barcelona, pero sus lazos familiares mallorquines, su madre Dolores Ferrà y sus abuelos maternos, siempre le ligaron a Mallorca. Con apenas 7 años, empezó a pasar parte del verano en Mallorca con su abuela materna. Desde su infancia, sintió la necesidad de dibujar. A los 13 años, esbozó edificios de Mallorca como La Lonja o el castillo de Bellver, paisajes con molinos y marinas. Por iniciativa de su padre, en 1907, Miró se matriculó en la Escuela de Comercio de Barcelona. Pero sus inquietudes iban por otros derroteros. Paralelamente, se formó en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja con sus maestros Modest Urgell y Josep Pascó. Entre 1912 y 1915, estudió en la Escola d'Art de Francesc de Galí, además, en 1913, se inscribió en clases de dibujo en el Círcol Artístic de Sant Lluc. Las primeras obras las creó con estilos prestados -impresionismo, fauvismo, futurismo o cubismo.

Tras sus años de formación en Barcelona, en 1920, Miró logró realizar su anhelado viaje a París que le reveló "un mundo nuevo". Mientras exploraba ese nuevo territorio, empezó a renunciar al realismo y la mimesis del mundo exterior. A partir de ese viaje, Miró combinó la “fermentación espiritual” de la capital francesa, con el sosiego del campo: "La estancia en París me ha abierto un mundo de ideas, y ahora con la tranquilidad excitante del campo me lanzo a trabajar apasionadamente [...] mi ideal, París y el campo de Cataluña (naturalmente, el de Mallorca también)". París supuso un punto de inflexión, en los años veinte, entró en contacto con el dadaísmo y luego con el surrealismo.

Los vínculos de Miró con Mallorca se reforzaron gracias a Pilar Juncosa, una mallorquina con la que contrajo matrimonio en 1929. La Guerra Civil Española impuso a Miró un exilio temporal en Francia (1936-1940). La II Guerra Mundial obligó a Miró a refugiarse en España, primero en Mallorca, luego en Montroig y Barcelona. En 1954, Miró decidió dejar su residencia habitual en Barcelona y trasladarse a vivir a Mallorca, donde había previsto erigir su ansiado taller, proyectado por su amigo, el arquitecto Josep Lluís Sert. En otoño de 1956, el nuevo estudio ya estaba construido, y Miró preparó su traslado a Palma. Tres años más tarde, el 9 de octubre de 1959, Miró comunicó a Sert la adquisición de Son Boter: "Acabo de adquirir 'Son Boter', la magnífica casa que estaba detrás de la nuestra. [...] Me servirá también para hacer telas y esculturas monumentales y así descongestionar el taller [...]." En efecto, esta casa del siglo XVIII se convirtió en taller de pintura y escultura.



La exposición " Miró. Poesía y luz " presenta obras creadas entre 1908 y 1981, pero se centra en la etapa en que Miró residió en Mallorca, entre 1956 y 1983. Es un período de independencia ilimitada. Su proceso creativo está ligado a la pulsión iconoclasta del dadaísmo, al lenguaje gestual del Expresionismo Abstracto, o al arte oriental. La intervención del azar implica el distanciamiento del artista para permitir la existencia de la obra por sí misma. Las obras, documentos y objetos de esta muestra -pintura, escultura, cerámica, dibujo, bocetos para escultura o arte público, dibujos y documentos vinculados a la música o el ballet, obra gráfica, muebles y objetos procedentes de sus estudios, y la maqueta del Taller Sert- informan sobre la fecundidad creadora de Miró, sobre sus métodos de trabajo y su entorno creativo. La heterogeneidad de medios de expresión, técnicas, materiales y proyectos testimonian su sed insaciable de indagación. Su ambición transgresora palpita en su lenguaje plástico –máculas, grafismos, salpicaduras, huellas, abrasiones, suturas, podas y clavos– y en su iconografía – paisajes desiertos o animados, mujeres de sexos cóncavos y senos erizados, un firmamento cuajado de astros, personajes híbridos, ojos, cabezas y pájaros ubicuos.
María Luisa Lax

Comisaria


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