Miguel angel arquitecto



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El mismo Dios en La creación de los astros aparece igualmente barbado y señalando con un dedo, rodeado de ángeles, pero con la expresión del rostro claramente huraña, si no airada… También se hacen notar, habitualmente, las imágenes de los profetas (por ejemplo, Zacarías, de perfil y leyendo un libro) y naturalmente las de las sibilas -conexión con el mundo clásico, que procedía de Virgilio y de la Edad Media-, destacando la Sibila Délfica, que mira a otra parte mientras sostiene en las manos un rollo de pergamino, o la Sibila Cumana, de perfil y absorta en la lectura de un gran libro.

La sibila de Cumas es una mujer mayor, si no vieja, de brazos fornidos. Es bien sabido el lado hombruno que poseen casi todas las (no muchas) mujeres pintadas por Buonarroti que, claramente, prefería pintar hombres. Se ha hecho notar, asimismo, que muchas de estas figuras planas, pintadas en un techo, tienen (y en la Sibila Cumana es muy evidente) una cierta propensión al relieve -a la sensación de relieve- muy propia de quien nunca dejó de considerarse a sí mismo mucho más escultor que pintor…



Otras imágenes más pequeñas son también destacables, como la de un joven David a punto de cercenar la cabeza de un Goliat tendido… O El castigo de Amán, una de las figuras -en escorzo manierista- que permanece desnuda… El conjunto resultó absolutamente soberbio y sabemos del asombro de muchos cardenales y autoridades palaciegas cuando vieron por vez primera la bóveda en octubre de 1512. Si Miguel Ángel ya era un maestro antes de la Sixtina, después pasó a tener un estatus profesional aún superior. Pero tenemos amplias noticias de que respiró al acabar tan ingente trabajo deseoso de retornar a la escultura.
Tendrían que pasar muchos años para que otro papa pensara completar la Sixtina (la capilla donde se desarrollan los cónclaves para elegir a un nuevo romano pontífice) pintando algo nuevo en la pared del altar. Se dice que la idea de que esa pared fuera decorada con la solemne escena de un Juicio Final data de 1533 y del papa Clemente VII, que murió sin que se concretara el proyecto. Tendría que llegar Julio III para que retomara el asunto (que también le gustaba) y pensara en un Miguel Ángel que ya no era joven y que estaba adornado por todas las contradicciones del genio. El proyecto se firmó en abril de 1535, y a fines de ese año estaba construido el andamiaje y listo el boceto principal (que es el que se pintó), aunque lógicamente existieron otros.

La escena central es la que da sentido al conjunto. Un Cristo en majestad, a cuyo lado está la Virgen y algunos santos, declara con el brazo alzado que los bienaventurados irán con él a la Gloria, mientras que los precitos y condenados caerán para siempre al infierno. Por ello el total de la pintura (sobre esta escena central) crea dos bloques multitudinarios que ascienden -los de la izquierda- y descienden -los de la derecha- en cuyo fondo -como otra concesión pagana, propia del mundo que había vivido Miguel Ángel- está Caronte en su barca dando con un remo a los condenados…


Muchas figuras no son conocidas, y en el original todas (sin excepción) estaban desnudas, bien porque salían de sus tumbas, bien porque adquirían ya sus cuerpos gloriosos… Siempre se ha creído que santa Ana -la madre de la Virgen- está representada con los rasgos de la poetisa Vittoria Colonna, gran amiga de Miguel Ángel y mujer de hondas preocupaciones religiosas reformistas… San Bartolomé vivo tendría el rostro del Aretino, escritor licencioso que había atacado al pintor, que por eso sostiene la piel del san Bartolomé mártir, en la cual se ha autorretratado, con sabio hacer, el propio Miguel Ángel, como víctima… Quizá san Sebastián nos dé el rostro del gran amado de Miguel Ángel, Cavalieri…
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