Migración y sistema de ciudades en américa latina una actualización de tendencias y efectos demográficos hasta la ronda de censos de la década 2010



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MIGRACIÓN Y SISTEMA DE CIUDADES EN AMÉRICA LATINA UNA ACTUALIZACIÓN DE TENDENCIAS Y EFECTOS DEMOGRÁFICOS HASTA LA RONDA DE CENSOS DE LA DÉCADA 2010
Abstract
Mediante la construcción de matrices de migración interna entre ciudades, entendiendo por ciudad a las localidades con más de 20 mil habitantes e incluyendo en la matriz a la población que no vive en ciudades en una única categoría denominada "resto", se pretende responder a dos grandes preguntas: a) como ha variado el atractivo de las ciudades, agrupadas en rangos de tamaño demográfico; b) como han variado los efectos de la migración sobre la composición de la población de las ciudades, agrupadas en rangos de tamaño demográfico. Para responder estas preguntas se tendrán en cuenta también algunos atributos socioeconómicos de las ciudades que pueden ser capturados con la información censal.
Para definir geográficamente las ciudades se usará la base de datos DEPUALC de CELADE (http://www.cepal.org/celade/depualc/). Para generar las matrices de migración, que serán de dos tipos, la tradicional de personas y una novedosa de indicadores de los flujos migratorios, se procesarán las bases de microdatos censales disponible en CELADE.
Los hallazgos del estudio serán informativos para discusiones académicas actuales sobre la evolución y el desarrollo de los sistemas de ciudades y su relación con la migración interna. También serán útiles para la discusión sobre políticas de ordenamiento territorial, de redistribución espacial de la población, de gobernanza de la urbanización y de desarrollo urbano en los países latinoamericanos.



  1. Introducción

La migración1 tiene varios efectos demográficos directos, entre los cuales sobresalen: i) el que ejerce sobre el crecimiento de la población (efecto crecimiento), que es el más tradicional y conocido de todos; ii) el que incide sobre la composición y las características de la población (efecto composición); iii) el que opera sobre la distribución de la población (efecto distribución); y iv) el que genera sobre la distribución en el territorio de los diferentes grupos sociales expuestos a migración (efecto segregación) (Bell & Salut, 2009; CEPAL, 2012; Rodríguez, 2013a). Cabe destacar que la migración no es el único causante de estos efectos, ya que también son producidos por los diferenciales territoriales del balance entre nacimientos y defunciones (crecimiento vegetativo o natural) y otros procesos, como la anexión de localidades. Cualquiera sea el caso, estimar el efecto específico y directo de la migración sobre el crecimiento, la composición, la distribución y la segregación territorial de la población es un aporte para la mejor comprensión del papel que desempeña la migración en las transformaciones demográficas a escala subnacional.



  1. Marco de referencia




    1. Urbanización, estructura de los sistemas de ciudades y migración

La urbanización puede basarse en sistemas de ciudades muy diferentes: desde la metrópolis única —es decir, un sistema altamente concentrado, primado en la jerga técnica, sea por tratarse de una ciudad-Estado o un país con una única ciudad, que coexiste con el resto rural— hasta la miríada de ciudades de distintos tamaños. A través de la historia de la humanidad, y también de la región, se han experimentado algunas de estas modalidades siendo regularmente objeto de debate tanto por sus determinantes como por sus consecuencias.


Respecto de las teorías, hasta el momento no hay teorías satisfactorias para entender porque la urbanización se expresa en modalidades diversas de sistemas de ciudades2, lo que sugiere un amplio y complejo elenco de factores determinantes y fuerzas modeladoras. También sugiere un elevado grado de dependencia de condiciones idiosincrásicas sea territoriales ―la geografía juega un papel inicial que puede tener ecos históricos duraderos, como lo revelan los hitos geográficos decisivos para la aparición y consolidación de las ciudades más globales de la actualidad3―, como políticas y culturales. Cualquiera sea el caso, en la actualidad hay una amplia gama empírica de sistemas de ciudades y sus indicadores de desempeño más elementales sugieren que varios de ellos, pese a sus diferencias, pueden tener funcionamiento similares (tanto satisfactorios como insatisfactorios).
Con todo, el grueso de la literatura actual apunta a que los sistema muy concentrados tienden a ser disfuncionales en casi todos los aspectos y a la postre conspiran contra el desarrollo de los países (Henderson, s/f), sobre todo cuando la concentración obedece a una ciudad que sobrepasa con creces al resto en población y capital en todas sus formas.
Justamente este tipo de sistemas de ciudades primados ha sido característico de América Latina. Aunque se ha subrayado el papel que tuvo la modalidad rentista, subordinada y altamente desigual que tuvo el capitalismo en la región como factor estructural decisivo para esta gran primacía de los sistemas urbanos, hay signos que sus bases pudieron ser incluso previas y tener vínculos con las modalidades de asentamiento y gobierno de las grandes civilizaciones prehispánicas y también la conquista basada en asentamientos donde se localizaba el poder político colonial (Gilbert, 1996; Singer, 1975; Elizaga 1975; Rodríguez, 2004..muchos otros).
Con todo, estas fuerzas han tenido altos y bajos y ciertamente es posible advertir una gama de niveles de primacía entre los países de la región así como fluctuaciones intertemporales dentro de ellos. Cualquiera sea el caso, en la actualidad la primacía parece coexistir con sistemas urbanos cada vez más nutridos (es decir con mayor cantidad de nodos o ciudades) y complejos, lo que abre, en teoría, puertas para procesos de competencia entre ciudades, diversificación territorial y en definitiva reducción de la primacía urbana. De alguna manera esta era la esperanza abiertas por razones teóricas y políticas a fines del siglo XX y respaldada en general por la evidencia disponible a principios del siglo XXI.

En términos teóricos la visión tradicional –llámese neoclásica en economía de la localización, homeostática en teoría de sistemas, evolucionista gradual en teoría del desarrollo (Rostow), funcionalistas/modernización en sociología del cambio (Parsons, Germani)― supone que las fuerzas desconcentradoras se impondrán en materia económica generando una redistribución de las fuerzas productivas tendiente a la convergencia territorial, lo que implicará una reducción de la pujanza económica de las grandes ciudades, reduciendo su atractivo y bajando los índices de primacía de los sistemas de ciudades. Ciertamente el grueso de la teoría económica neoclásica aplicada al espacio apunta a un proceso inevitable hacia el equilibrio territorial, que es incompatible con la alta primacía de los sistemas de ciudades. Cuervo y González, 1997 lo plantean de la siguiente manera: “hay algunas aproximaciones, como la economía neoclásica ortodoxa, que consideran la existencia de tendencias a la convergencia en las dinámixcas del desarrollo socioespacial y que prospectan la formación de un espacio homogéneo” (p.150).



En términos más específicos, son varios los enfoques conceptuales que anticipan una diversificación y una desconcentración de los sistemas de ciudades. Está la clásica hipótesis de Williamson que establece una relación de U invertida entre concentración y desarrollo económico. Está la de la autodenominada Nueva Geografía Económica (Fujita, Krugman & Venables, 2000) que formaliza la dinámica económica territorial en términos de un juego de fuerzas centrípetas y centrífugas, cuyo balance puede conducir a la dispersión geográfica de la producción (aunque también puede llevar hacia su concentración, incluso sostenible). Por otro lado, también está la tesis que resalta el desarrollo tecnológico y el cambio en el paradigma productivo ―el advenimiento del postfordismo con modalidades productivas más flexibles y dispersas a escala mundial― que también fomenta la relocalización y dispersión de las actividades económicas y la población (Amin, 2001). Está la que sugiere que las deseconomías de aglomeración y la competencia entre nodos del sistema de ciudades generan transiciones que implican desconcentración hacia ciudades medias y menores (Galetovic y Jordán, 2006; Henderson, 2003; Ingram, 1998) o la que levanta la contraurbanización como reacción a los problemas generados en las grandes ciudades mediante un retorno a ciudades más pequeñas e incluso al campo (Berg et al., 1982; Geyer & Kontuly, 1993; Pacione, 2009; United Nations, 2008; Greenwood, 1997; Hall, 1996).

Incluso la economía política, tan afín a la idea de concentración creciente del capital en todas sus formas y esferas, tiene visiones desconcentradoras como la de hay diferentes enfoques que plantean la desconcentración urbana. En particular la denominada “escuela de la división espacial del trabajo” subraya que la ciudad es el locus para la reproducción simple y ampliada de la fuerza de trabajo, con lo cual se reconoce de entrada la funcionalidad de la aglomeración de la misma para el capital y su rendimiento. Pero luego se desatan tensiones entre esta aglomeración y el rendimiento del capital. El desarrollo tecnológico y la misma aglomeración y su efecto en el poder de negociación de los trabajadores van incrementando el costo de vida urbano, el que presiona la ganancia del capital. Cuervo y González lo resumen de la siguiente manera: “El desarrollo tecnológico y la incesante búsqueda del capital por incrementar la productividad del trabajo y, por ende, su rentabilidad, pone en tensión una serie de contradicciones que ayudarán a comprender las características socioespaciales internas a la ciudad y externas a ella, es decir, en el ámbito del sistema urbano. Como tendencia general, el desarrollo tecnológico implica formas de funcionamiento más complejas, privilegiando su desarrollo en espacios con modos de vida más urbanos. De otro lado, esta tendencia tiende a provocar un incremento del costo de los modos de vida urbanos. Este crecimiento puede absorber parcial o totalmente las ganancias de productividad obtenidas por la introducción de las nuevas tecnologías. En estas condiciones, la heterogeneidad socioespacial, entendida como la existencia de sistemas urbanos con ciudades de diferentes características y muy diversos costos y calidades reproductivas, aparece entonces como un recurso aprovechado por el capital. Gracias al proceso de homogeneización técnica del espacio económico, el cual libera a la industria de sus más tradicionales restricciones de localización, el capital aprovecha la heterogeneidad socioespacial del sistema urbano para contrarrestar la inicial tendencia concentrativa espacial: desplaza alguan de sus funciones a espacios donde los modos de vida combinan formas mercantiles y no mercantiles de reproducción, aprovechando así el bajo costo salarial e incrementando su rentabilidad. De acuerdo con la lógica anteriormente descrita, tiende a constituirse una jerarquía socioespacial determinada por la existencia de diferentes modos de vida y de dispares costos salariales o de reproducción de la fuerza de trabajo. “El centro aparece como el espacio de origen del modo de producción dominante y en expansión, mientras que la periferia es la sede de los antiguos modos de producción, destruidos, donde no subsistieron más que elementos dispersos que el centro utilizará para su propio beneficio”(Aydalot, 1985:144) Esta aproximación teórica logra identificar los factores fundamentales que explican la estructura económica del sistema urbano en términos del tipo de jerarquías, las características particulares de la especialización y de la diversificación productiva de cada espacio y las tendencias generales a la concentración o desconcentración espacial de la actividad económica. Estos factores explicativos son, principalmente, los siguientes: el grado de integración técnico-económico de espacio social, las características fundamentales de la reproducción de la fuerza de trabajo y el grado de heterogeneidad socioespacial de estas condiciones de reproducción. Esta propuesta tiende a complementarse con lo desarrollado por la nueva economía urbana a través de los conceptos la diversidad cualitativa de las diferentes ciudades y abre pistas para entender más integralmente la articulación entre los diversos componentes del costo de urbanización: el tamaño de la ciudad, las externalidades, las características socioeconómicas de la ciudad y las formas particulares de integración de las distintas ciudades a través de los medios de transporte y de comunicación” (Cuervo y González, 1997; p.33).
Ciertamente esta descripción está en línea como los argumentos centrales de David Harvey en el sentido que la ciudad es el lugar más adecuado para la productividad, ganancia y acumulación capitalista, pero también es el espacio donde mejor se desenvuelven las resistencias y la reorganización política en torno a los derechos de los trabajadores y de los ciudadanos. Justamente entre las expresiones de estas luchas de los trabajadores y los ciudadanos están los aumentos y las restricciones a las empresas por incrementos salariales y otros costos de la mano de obra y reglas más estrictas y caras para el funcionamiento industrial. Habida cuenta de lo anterior, el capital en su insaciable búsqueda de ganancias crecientes comienza a diversificarse territorialmente y en particular a buscar localizaciones alternativas en ciudades secundarias. David Harvey, 2014, lo plantea de la siguiente manera: “Hay, sin embargo, límites a una centralización indefinida mediante la aglomeración. El exceso de población y la contaminación creciente, los costes administrativos y de mantenimiento (aumento de los tipos impositivos y de las tasas a los usuarios), etc., se cobran un peaje. El aumento local del coste de la vida induce demandas salariales que pueden acabar haciendo poco competitiva determinada región. Los trabajadores pueden organizarse mejor en sus luchas contra la explotación gracias a su concentración regional. Los precios del suelo y de los inmuebles aumentan a medida que la clase rentista aumenta su control sobre recursos cada vez más escasos. Las ciudades de Nueva York y San Francisco son lugares dinámicos pero de alto coste, mientras que Detroit y Pittsburgh no lo son ahora. Los trabajadores están mejor organizados ahora en Los Angeles que en Detroit, mientras que en la década de 1960 sucedía lo contrario. Cuando los costes locales aumentan rápidamente, los capitalistas buscan otros lugares en la economía global donde realizar sus actividades. Esto sucede particularmente cuando surgen nuevas combinaciones tecnológicas y productivas y se agudizan las luchas de los trabajadores. Desde finales de la década de 1960, por ejemplo, Silicon Valley fue desplazando poco a poco a Detroit como centro de la economía capitalista estadounidense, y de forma parecida Baviera desplazó al Ruhr en Alemania y Toscana a Turín en Italia, mientras que aparecían con gran pujanza nuevos competidores globales como Singapur, Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur y finalmente China, en la competencia global por la preeminencia en ciertas líneas de producción. Esos cambios generaron crisis de devaluación que reverberaron en otras regiones de la economía global. El «cinturón de óxido» del Medio Oeste, que en otro tiempo fue núcleo del capital industrial estadounidense, contrasta con el «cinturón soleado» en ascenso del sur y suroeste del país. Las crisis regionales de empleo y producción acostumbran a señalar momentos cruciales en los que el poder se desplaza en el seno de las fuerzas que generan el paisaje geográfico del capital; esto, a su vez, suele indicar un cambio radical en la evolución del propio capital” (Harvey, 2014, p. 153).
Finalmente, están los enfoques evolucionistas que plantean ciclos de crecimiento en los cuales se incluye la denominada “contraurbanización” como reacción a los problemas generados en las grandes ciudades, lo que implica un cambio en las jerarquías de crecimiento y atractivo el que pasa de ciudades grandes a intermedias y pequeñas. (Pacione, 2009; United Nations, 2008; Geyer y Kontuly, 1993; Berg y otros 1982). Hermanus Geyer y Thomas Kontuly (1993), por ejemplo, plantean un modelo que denominan “urbanización diferencial”. En él, la fase inicial del ciclo, denominada de concentración y primacía, se caracteriza porque la ciudad principal experimenta el mayor crecimiento poblacional en todo el país. La segunda fase, de polarización regresiva, se presenta cuando la disminución en la tasa de crecimiento poblacional de la ciudad primada se combina con un mayor crecimiento relativo de las ciudades intermedias, provocando una desconcentración territorial de la población. La tercera fase, de contraurbanización, ocurre cuando las pequeñas ciudades presentan el mayor dinamismo poblacional. Por último, en la cuarta fase, de neoconcentración, las grandes ciudades retoman el comando como las áreas urbanas con mayor crecimiento poblacional, pero estas urbes no necesariamente son las mismas que protagonizaron la primera fase. Según este modelo, el volumen y destino de los flujos migratorios constituyen la variable explicativa de la urbanización diferencial. Los movimientos migratorios (de la tipología rural-urbana) son los responsables de la fase de concentración y primacía. Posteriormente, el destino de la migración rural-urbana se diversifica, al tiempo de aparecer migración desde la ciudad primada hacia su corona regional de ciudades. La contraurbanización es efecto de la migración urbana-urbana, en especial desde centros más grandes a más pequeños, habiendo incluso migración de retorno. La neoconcentración significa un reacomodo en la geografía de la actividad económica, interviniendo ventajas competitivas relacionadas con la escala (Sobrino, 2006), que impulsan a la reorientación de los flujos migratorios hacia zonas urbanas con mejor desempeño económico; ciertamente los enfoques evolucionistas que incluyen esta etapa pueden tener una posición ambigua sobre la trayectoria de la concentración a largo plazo si tal neoconcentración puede darse como revitalización de las metrópolis venidas a menos antaño.
Un aporte específico de estos modelos tiene que ver con los vínculos que establecen entre el ciclo de las ciudades y la migración, en particular la interna. Entre la ciudades y la migración se establecen relaciones poderosas que cambian en el tiempo, pasando del fortalecimiento de las ciudades atractiva (inmigración apoya su dinamismo económico) a su debilitamiento (inmigración se asocia con la saturación de las capacidades físicas, económicas y sociales de las ciudades y termina por deteriorar las ciudades y generar emigración de grupos más calificados), para retornar en algún momento a un nuevo círculo de refuerzo mutuo. El modelo de Berg es ilustrativo al respecto. En este se plantean 4 fases –urbanización, suburbanización, contraurbanización, y reurbanización- cada una de las cuales reconoce relaciones distintas entre migración y ciudad. La primera se asocia con el desarrollo industrial y en ella el atractivo migratorio contribuye a densificar y masificar (proletarizar, si se quiere) la ciudad, en particular sus áreas centrales por la búsqueda de cercanía con el trabajo, sobre todo entre los obreros. La segunda se asocia al mejoramiento sostenido de las condiciones de vida, que promueve la migración, tanto endógena como exógena, hacia la periferia y la diversificación socioeconómica (aburguesamiento, si se quiere) de la ciudad. La tercera es la contraurbanización, en la cual se invierte el sentido de los flujos migratorios y las ciudades tienden a perder población, dinamismo económico e incluso liderazgo y capital humano. La cuarta, que está en discusión, es, la reurbanización donde el atractivo de la ciudad se recupera, pero actúa de manera mucho selectiva atrayendo jóvenes, personas sin hijos, e inmigrantes internos e internacionales de alta y baja calificación (Gans y otros, 2008).
Ahora bien, esta reversión ha sido cuestionada por varios enfoques. Uno de estos enfoques levanta la hipótesis de la “desconcentración concentrada” que plantea que la pérdida de gravitación demográfica (y también económica) del área metropolitana se debe a ganancia de su entorno, y por tanto se trata en realidad de una ampliación de la escala geográfica del área metropolitana (Campolina, 1994; CEPAL, 2012; Cunha, 2015; Cunha & Rodríguez, 2010; De Mattos, 2010; Sabatini, 1991). Otro esgrime la hipótesis de la ciudad-región y lo que habría en realidad no sería una pérdida de atractivo de la ciudad sino una ampliación de su escala en términos de una constitución plurinodal mediante la articulación con un conjunto de ciudades vecinas (Sassen, 2007). Otros reiteran la transitoriedad de la reversión por las inclemencias pasajeras que vivieron las grandes ciudades en las décadas finales del siglo XX (CEPAL, 2012; Rodríguez & Espinoza, 2012). También están los evolucionistas, como los enfoques de transición urbana o metropolitana, que incluyen una etapa final de reconcentración o recuperación metropolitana (Cunha, 2015; Pacione, 2009). Finalmente, cabe mencionar el enfoque de la ciudad global, que subrayó las nuevas funciones de las grandes ciudades en la economía globalizada (De Mattos, 2010; Sassen, 1991).


    1. Sistema de ciudades, migración desconcentración en América Latina

Habida cuenta de estos debates, no es extraño que actualmente haya serias dudas sobre las expectativas desconcentradoras abiertas en la región y que haya hipótesis en pugna, las que, en general, no se han cotejado con los datos disponibles de manera generalizada, es decir enfocando solo en un país y normalmente en unas pocas ciudades.


Una dimensión fundamental de este debate sobre la tendencia y el futuro de la concentración demográfica y económica de las grandes ciudades y sobre su gravitación en el desarrollo nacional, atañe a la migración. Su efecto crecimiento ya no puede darse por sentado teniendo presente la inflexión del atractivo de las grandes ciudades recién comentada. Y lo mismo acontece con su efecto composición. Cuando la inmigración a las grandes ciudades provenía principalmente de zonas rurales o de ciudades pequeñas y carenciadas, esta tenía una sobrerrepresentación de jóvenes en busca de trabajo y estudio, de mujeres en busca de opciones vitales y en particular laborales que eran escasas en sus lugares de origen, y de personas con escasa educación por la falta de opciones educativas en sus lugares de origen (Alberts, 1977; Camisa, 1972; Elizaga, 19790; Elizaga y Macisco, 1975). Por lo anterior, los efectos de composición de la migración tendían a ser predecibles ―aunque nunca se les haya estimado con precisión por falta de metodologías adecuadas―, más concretamente producían una feminización, rejuvenecimiento (no en el sentido demográfico de aumentar la población infantil sino en el literal de aumentar la proporción de jóvenes) y una reducción del nivel educativo de las grandes ciudades (Rodríguez, 2013a y 2013b). Pero el agotamiento de la migración desde el campo y el entramado más complejo y diverso del sistema de ciudades, hace que los flujos de inmigrantes y también de los emigrantes se comporten de una forma menos predecible, pudiendo tener efectos de composición diferentes a los del pasado, lo que se indagará empíricamente en este estudio.

Un punto importante de la discusión tiene que ver con los atractivos que tienen las ciudades según tramos de tamaño demográfico. La mayor parte de la discusión sobre la desconcentración demográfica tiene como fundamento a la desconcentración industrial, de manera tal que los afectados por ella serán en primer lugar, los trabajadores de dicho sector. Pero esta desconcentración industrial podría tener independencia de las desconcentración de otras actividades productivas, en línea con lo planteado por el enfoque de la ciudad global que subraya el pertinaz atractivo de las grandes ciudades para el sector servicios, y del quehacer intelectual, cultural y universitario, como lo sugieren Aroca & Atienza (2012). Debido a lo anterior, pueden producirse simultáneamente procesos de desconcentración de ciertas actividades y de la población asociadas a ella, con la continuidad o incluso la acentuación de la concentración de otras actividades económicas y su población.



    1. Teorías e hipótesis sobre la migración entre ciudades

Ahora bien, a diferencia del caso de la migración campo-ciudad, no existe un marco conceptual unificado que ayude a entender la migración interna entre ciudades. En gran medida esto se debe a que los dos principios explicativos de la migración campo-ciudad —uno “macro”, que corresponde a las desigualdades socioeconómicas territoriales, y otro “micro”, que corresponde a la racionalidad económica, en sentido amplio, de las decisiones migratorias para las personas— no operan de manera evidente y simple en el caso de la migración entre ciudades. Dado que en este caso la población se traslada de una ciudad a otra, un conjunto de factores diferenciadores de origen y destino presentes en la migración campo-ciudad se atenúan debido a la condición similar (urbana) de origen y destino. Por cierto, entre las ciudades hay disparidades socioeconómicas y de otros tipos que inducen decisiones migratorias. Pero las diferencias ya no derivan de grandes promedios estilizados, como ocurría en el diferencial entre ámbitos urbanos y rurales, sino de cotejos caso a caso (ciudad de origen comparada con las ciudades de destino, en principio n-1, siendo n el total de ciudades del sistema urbano). Esta complejidad no es desconocida en los estudios migratorios; de hecho, ha estado considerada en los modelos teóricos de la migración interregional desde que ésta comenzó a estudiarse empíricamente (Greenwood, 1997; Villa, 1991). Sin embargo, estos modelos normalmente han simplificado mucho esta complejidad, en virtud del carácter esencialmente laboral de la migración interregional, y se han concentrado en unos pocos parámetros de comparación vinculados a esta migración, típicamente ingresos y empleo (Aroca, 2004). Esto último tiene un alcance limitado en el caso de la migración entre ciudades, por cuanto los factores residenciales, educativos y de calidad de vida adquieren protagonismo y pueden moverse con autonomía, o incluso en sentido inverso, a los parámetros de ingresos y empleo.


Por lo anterior, un primer principio conceptual del marco de referencia de este trabajo, que atañe

a la migración entre ciudades, es que la diversidad interna dentro del flujo urbano-urbano amplía y complejiza los factores explicativos. Por ello, más que una teoría de la migración entre ciudades cabe trabajar con modelos conceptuales para diferentes tipos de migración entre ciudades. En ese sentido, cabe distinguir cuatro tipos de migración entre ciudades:


a) La laboral clásica que, a su vez, puede dividirse en expulsión y búsqueda de trabajo, siendo esta última más cercana a los enfoques de racionalidad económica y que también puede segmentarse en “contratada” y “no contratada” (Aroca, 2004). En la migración laboral entre ciudades la hipótesis es que el flujo tiende a ser desde ciudades con altos niveles de desempleo hacia ciudades con bajos niveles de desempleo.
b) La socioeconómica clásica, que se produce por la búsqueda de mejores condiciones de vida, esto es, servicios básicos; acceso a salud y a educación primaria y secundaria; disponibilidad de tecnología, redes sociales y otros medios de comunicación modernos; cobertura de protección social; y posibilidades de movilidad social ascendente. En general, está ligada con la anterior, toda vez que la disponibilidad de trabajo y los niveles de ingreso influyen decisivamente en las condiciones de vida. Sin embargo, puede independizarse en función de políticas públicas nacionales o incluso locales. A diferencia de lo que ocurre en el caso de la migración entre campo y ciudad, las diferencias entre ciudades en esta dimensión no suelen ser tan marcadas. En tal sentido, si atributos demográficos como la cantidad, la densidad, la estructura y el crecimiento de la población de la ciudad se vinculan sistemáticamente con las condiciones de vida, cabe esperar una relación entre el perfil demográfico de la ciudad y su atractivo migratorio. En cualquier caso, la hipótesis asociada a este tipo de migración entre ciudades es que los desplazamientos se dirigirán hacia las ciudades con mejores condiciones de vida (en principio, mayor cobertura de servicios y de equipamiento) o que, al menos, se originarán preferentemente en las ciudades con peores condiciones de vida.
c) La educativa, cuya motivación es la búsqueda de oportunidades de formación, normalmente

de tercer ciclo o superior, ya que en general todas las ciudades son capaces de ofrecer educación hasta la finalización del segundo ciclo (secundaria). En tal sentido, si atributos demográficos como la cantidad, la densidad, la estructura y el crecimiento de la población de la ciudad se vinculan sistemáticamente con la oferta educativa, cabe esperar una relación entre el perfil demográfico de la ciudad y su atractivo migratorio. La hipótesis, entonces, es que el diferencial en materia de oferta de educación terciaria (universitaria o técnica) es el relevante para este tipo de migración y los flujos serán selectivos por edad (población joven en edad universitaria) y se dirigirán desde ciudades con menores vacantes universitarias a ciudades con una mayor matrícula ofrecida.


d) La residencial, en la cual las fuerzas que activan la decisión migratoria atañen a la calidad de vida en general y a la calidad del hábitat en particular. Se trata de una modalidad muy significativa para la migración entre ciudades porque puede operar en un sentido inverso al de los determinantes de los otros tipos de migración. En particular, el dinamismo económico y el crecimiento impulsado por la inmigración que éste atrae puede generar externalidades. El diferencial de salarios también importa y debiera incluirse en la ecuación. Sin embargo, no se efectuará en este trabajo por la ausencia de datos sobre remuneraciones en la fuente usada (el censo) para la mayor parte de los países. En cualquier caso, de incluirse el salario en el análisis, la disparidad entre los promedios del origen y del destino puede tener poca relevancia para migrantes que se dirigen a sectores específicos de la economía de la ciudad de destino. Este argumento es válido también para el examen del diferencial de desempleo entre origen y destino.

Este tipo de migración corresponde a los conocidos procesos de suburbanización y es el mejor ejemplo de corrientes cuya lógica no puede ser descrita con los modelos conceptuales útiles para los otros tipos de migración. Ahora bien, dentro de este grupo es imprescindible hacer una distinción entre la migración que se desliga completamente del mercado de trabajo y aquella en que el inductor es la calidad de vida pero su materialización depende en parte del mercado de trabajo. El primer caso es típico de la migración post jubilación, cada vez más frecuente en los países desarrollados y aún incipiente es América Latina pero no inexistente, cuando las personas cuentan con un ingreso regular por pensión y se trasladan a lugares tranquilos y agradables a vivir con independencia de la demanda de empleo allí. El segundo caso es típico de la migración en la fase de crianza, en la cual los requerimientos respecto del hábitat se modifican y se hacen más difíciles de satisfacer en las ciudades (o zonas dentro de las ciudades) más grandes y/o densas, lo que impulsa a las familias a suburbanizarse o a trasladarse la ciudades más “vivibles” que cumplan con la condición de que haya empleo los trabajadores de la familia. Cualquiera sea el caso, la hipótesis respecto de esta migración es que las corrientes se dirigirán hacia las ciudades con mejores índices de calidad de vida y que sólo en el caso de la migración de jubilados estas ciudades pueden ser poco dinámicas en materia de empleo. Por cierto, si atributos

demográficos como la cantidad, la densidad, la estructura y el crecimiento de la población de

la ciudad se vinculan sistemáticamente con la calidad de vida, cabe esperar una relación entre

el perfil demográfico de la ciudad y su atractivo migratorio.
Probar empíricamente todas las hipótesis anteriores es una tarea que sobrepasa las posibilidades de este estudio, así como los tiempos y capacidades del autor. En este trabajo se iniciará la indagación empírica sobre el tema, considerando una base datos única elaborada mediante el procesamiento de más de 20 bases de microdatos censales. La hipótesis inicial es que hay una relación entre la cantidad de población de la ciudad y su atractivo migratorio, pero que tal relación no se origina por un eventual efecto gravitacional, sino en un conjunto de atributos que consideran las personas al migrar que se asocian al tamaño de la ciudad. Respecto del signo de la relación, hay fuerzas contrapuestas. Específicamente, las condiciones, costos y calidad de la vida teóricamente guardan vínculos disímiles con la envergadura demográfica de la ciudad. Por ello, el signo no es predecible conceptualmente, lo que obliga a recabar evidencia previa para precisar el signo esperado de la relación. En principio, se espera que sí hay una relación entre las condiciones de vida —cuya medición es, en principio, más sencilla con las fuentes de datos tradicionales— y el tamaño de la ciudad (lo que debe ser comprobado empíricamente), entonces esta relación se expresará en términos de atractivo migratorio. Si aquello no se verifica, entonces cabe indagar en la calidad de vida, cuya relación con el tamaño de la ciudad puede ser distinta o hasta opuesta a la que tienen las condiciones de vida. Tal indagación dependerá de la información de calidad de vida a escala de ciudad.
Como corolario las hipótesis son:


  1. La ciudades pequeñas carecen de atractivo migratorio debido a sus rezagos socioeconómicos respecto de las ciudades intermedias y grandes




  1. El campo y las localidades más pequeñas sigue siendo el segmento más expulsor del sistema, debido a sus desventajas relativas



  1. Las ciudades grandes siguen siendo atractivas por sus ventajas comparativas respecto del resto del sistema de ciudades



  1. Las ciudades más grandes o megápolis son expulsoras porque sus deseconomías y problemas superan sus ventajas para el promedio de la población




  1. Las ciudades grandes de todo tipo siguen siendo atractivas para los jóvenes por la oferta educativa, laboral y de pasatiempo que ofrecen






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