Matrimonio e famiglia



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PONTIFICIO ISTITUTO GIOVANNI PAOLO II

per studi su

MATRIMONIO E FAMIGLIA

Corso: MF 314


ETICA FILOSOFICA E TEOLOGIA

DELLA SESSUA­LITÀ UMANA.

Prof. J. LAFFITTE

( Apuntes de clase)

ROMA - 1997
PONTIFICIO ISTITUTO GIOVANNI PAOLO II

per studi su

MATRIMONIO E FAMIGLIA
Corso: MF 314

Etica filosófica e teología de la sexualidad humana.

Prof. J. LAFFITTE - 1997.


¡¡ OJO, VIGI­LAR QUE PUSE "HOM­BRE" CUAN­DO ERA NATURALEZA "HU­MA­NA"!!
ESQUEMA DEL CURSO
1. Masculino y femenino: dimensión ética de la polaridad sexual.

2. La verdad y el significado de la sexualidad.

3. La norma ética fundamental de la sexualidad humana.

4. Las dos realizaciones fundamentales de la sexualidad humana: matrimonio y virginidad consagrada.

4.1. Etica conyugal.

4.2. Etica de la virginidad consagrada.

5. Amor conyugal y procreación: principios generales.

INTRODUCCIÓN



Es necesario que empecemos aclarando los términos del título que tiene nuestro curso. El objeto del curso es la sexualidad humana. El término sexualidad se puede usar en dos sentidos distintos para significar la facultad sexual:

1. Como conjunto de los fenómenos biológicos, genéticos, psicológicos que permiten a personas sexuadas unirse sexualmente, hacer según el lenguaje bíblico una sola carne.

2. Se puede entender sexualidad como ejercicio de esta facultad, es decir, como acto sexual.

Hablamos de sexualidad humana para distinguir de la sexualidad como facultad animal. El animal más que facultad tiene un instinto sexual necesario para la reproducción de su especie. Por naturaleza (inscrita por el Creador) están determina­dos por el instinto a reproducirse.

El ejercicio de la sexualidad humana es sin embargo distinto. Los datos fisiológicos, estímulos, secreciones hormonales, etc., comunes a la especie animal no se reducen a un fenómeno instintivo. El acto sexual humano es un acto humano.

Este ser acto humano lo es en dos dimensiones. La primera es que es acto del hombre. La segunda es que es un acto específicamente humano, o sea, una elección, un acto que compromete no sólo la fisiología de varón y mujer sino también la voluntad. Existe un movimiento de la voluntad consecuente con una elección, juicio. La persona humana no está determinada a unirse sexualmente; si lo hace es por una elección personal. Hay una dimensión ética inscrita en la naturaleza humana.

El uso normal de la facultad es una elección del hombre también empujada por deseos fuertes, eligen, se unen voluntariamente en un modo no determinado absolutamente de la fisiología, aún con leyes biológicas inscritas en la naturaleza misma humana.

El acto sexual se expone al juicio ético en sentido que puede ser o no ser hecho en la forma debida. A nivel fisiológico nada distingue un acto sexual con amor entre dos esposos de uno con violencia, pero los dos actos sobre el plano ético no tienen nada en común.

Para juzgar el valor ético del ejercicio de la facultad sexual hacen falta criterios de juicio. ¿Cómo distinguir un acto sexual moralmente recto y uno deshonesto?. Para ello hace falta estudiar el valor inherente, intrínseco de la sexualidad. ¿En qué sentido la sexualidad es buena, es un bien?. Sólo le daremos respuesta cuando hayamos clarificado la bondad intrínseca de la sexualidad.
VALOR INTRÍNSECO DE LA SEXUALIDAD
La distinción precedente es racional. ¿La antropología y metafísica pueden enseñarnos criterios racionales de juicio?. La sexualidad es un dato común a todos los hombres. Por naturaleza cada ser humano es persona sexuada, o masculino o femenino. Existe desde el inicio pues un orden natural de la sexualidad. La declaración de la SCDF persona humana nos dice en el número 3: «No puede haber, por consiguiente, verdadera promoción de la dignidad del hombre sino en el respeto del orden esencial de su naturaleza».

Afirmamos la existencia de leyes constitutivas de la naturaleza humana, leyes cuya estructura es inmutable. Por ejemplo, el ser sexuado nace masculino o femenino. No existe un ser humano no sexuado. No hay naturaleza abstracta sin ver esto.

La ciencia filosófica no basta porque en una visión de fe queremos recibir la enseñanza de la liberación divina. El dato revelado, la interpretación auténtica del Magisterio de la Iglesia no da sólo una luz particular de las verdades racionales del orden ético, sino ofrece criterios específicos de juicio. El dato revelado ¿qué puede enseñarnos sobre la sexualidad, sobre el hombre?

1. La dimensión creada del hombre y su naturaleza, y por tanto su sexualidad. No se puede representar pues un hombre sin ver el hecho que es creado, en una visión de fe. Para la sexualidad la autocomprensión del hombre y mujer debe integrar esta visión de ser creado. Si he sido creado por Dios, he sido creado hombre o mujer por Dios.

2. El valor del cuerpo, en una visión de fe no es una materia biológica solamente, sino una dimensión de la persona llamada a la resurrección. El valor es más que el valor fisiológico porque participa al destino de la vida eterna (no estamos en ética filosófica de la sexualidad, sino ética teológica. Es una comprensión global).

3. Intención del Creador. No se puede descifrar la naturaleza y palabras mismas del Redentor.

Por ejemplo, el sacramento del matrimonio. En la fe, el matrimonio, como unión estable de varón y mujer en alianza, participa de otra realidad que es la Alianza de Dios con la Iglesia. El lugar del matrimonio entra en la intención del Creador para el ejercicio de la sexualidad. Dentro de él entra la vida espiritual, virtudes, etc. Todo lo que forma la vida cristiana no es indiferente a ningún campo privado de la vida. Un hombre en perspectiva sobrenatural [un creyente], no puede dejar un sector de su vida fuera del evento salvífico de Cristo.

Junto al orden natural de la sexualidad humana hay un orden cristiano. Por esto el objeto de nuestra reflexión es filosófico y teológico a la vez.

La revelación divina nos enseña que la sexualidad humana se puede realizar en dos modos fundamentales: a) el matrimonio, b) la consagración virginal por el reino. ¿Cómo los ponemos al mismo nivel?. Porque la sexualidad humana se realiza, no viene cortada de la personalidad. La consagración virginal es uno de los modos de realización de la sexualidad humana.
De la verdad de la persona humana a la verdad de su sexualidad
A.- La unidad substancial de la persona: unidad substancial cuerpo-alma.
Si partimos de la experiencia común vemos que estamos envueltos en una sucesión de operaciones que pueden ser físicas, psicológicas, morales, espirituales, etc.

Vivimos muchas experiencias distintas y a través de ellas tenemos conciencia de ser la misma persona que actúa (soy el mismo que esta mañana se levantó, desayunó, etc.).

Para entender la naturaleza de la sexualidad humana hay que afirmar desde el principio que: el ser humano es un sujeto sexuado, que existe en la condición masculina y/o femenina. El ser humano es una unidad substancial de cuerpo y alma. Esta verdad es a la vez una verdad metafísica y teológica.

Parece una evidencia, pero a menudo en la base de una comprensión errónea de la sexualidad humana existe una concepción materialista o espiritualista del hombre.

El materialismo se ve en forma práctica cuando aún no negando la existencia de un espíritu humano, rechaza para el análisis de datos humanos, los datos no visibles. La sexualidad humana se describe en términos sólo fisiológicos y biológicos (ej. La educación sexual en los libros de la escuela donde no se cita la palabra "amor").

El espiritualismo es el desprecio práctico de la sexualidad. La sexualidad se rechaza como obstáculo a la vida superior del espíritu. Hay un desprecio de la zona corpórea del hombre.

Ambos son dualismos incapaces de dar cuenta de la realidad de la naturaleza humana y traducir adecuadamente el dato de la sexualidad. Se debe precisar que la Iglesia misma ha debido afrontar el problema del dualismo cuando encontró la influencia de la filosofía griega y su antropología, caracterizada por la oposición entre el cuerpo y el alma. El Magisterio incluso interviene para afirmar la unidad substancial del cuerpo y alma:

- Condena de Orígenes en el 543 por el Sínodo de Constantinopla (DS 403).

- Conclusiones del Concilio de Viena en el 1312 declarando que «el alma racional o intelectiva es por sí misma y esencialmente la forma del cuerpo humano» (DS 902).

- En 1513 el Concilio Laterano V confirmó el Concilio de Viena y definió la individualidad e inmortalidad del alma.

El Magisterio no toma posición sobre una opción filosófica, pero cuando ésta es incompatible con una verdad de fe que el Magisterio debe defender, entonces éste puede hacer una declaración filosófica por sí misma como la de la "unión substancial".

La expresión unidad substancial significa que el cuerpo desde el inicio está por naturaleza unido al espíritu. Dicho de otra forma, no existe un espíritu humano antes de su unión al cuerpo (queda descalificada la reencarnación, etc.). No existen pues espíritus humanos puros antes de la unión con un cuerpo porque si representáse­mos el hombre como espíritu que viene a habitar un cuerpo, el hombre no sería unidad substancial sino espíritu unido a un cuerpo, como en la concepción platónica en que el alma es prisionera en el cuerpo.

El Vaticano II ha rechazado esto y defendido el hombre como unidad de alma y cuerpo, corporei et anima unus, homo (GS, 14). El texto quería mostrar el deber del hombre de considerar la dignidad del propio cuerpo. Por ser creado por Dios y destinado a la resurrección. El cuerpo exige respeto porque no es propiedad de la persona. Cada persona es su cuerpo. Esto no significa que desaparezca la esencial diferencia entre el cuerpo de esencia material. Para entender bien la unidad substancial es útil el lenguaje bíblico.

En la Sagrada Biblia, el AT lo expresa con la palabra basar, que es el cuerpo animado, el cuerpo de una persona que se mueve, se ve la vida. A la vez se usa nefes para describir la vida misma de la persona, su aliento, su alma. Hablamos del cuerpo o alma, el hombre bíblico aparece en su relación con Dios en su unidad substancial. El hombre usa su cuerpo para dar una expresión a su veneración, adoración de Dios, o sentimientos de penitencia o humillación (Job). Es Dios mismo que se rebela usando imágenes corporales, como por ejemplo su fidelidad se compara a la de un padre con sus hijos, o la del esposo con la esposa (Oseas, Cantar de los cantares, Isaías).

En toda la prospectiva bíblica el cuerpo no es la apariencia de una persona sino el modo en que una persona existe y se da a percibir (cuando la Biblia habla de la apariencia habla de ángeles, si bien con la apariencia de hombre).

La comprensión cuerpo-alma favoreció el uso de categorías aristotélicas según las cuales el alma es forma del cuerpo. Santo Tomás muestra que un alma que sería sólo el acto del cuerpo viviente no podría subsistir como sucedería en el alma animal.

El alma humana es una forma particular en el sentido que es el principio mismo de las operaciones del intelecto, no materiales, espirituales.

Santo Tomás en la I, art.5, q.75 habla de la esencia del alma, y para mostrar la substancialidad del alma distingue el acto intelectual de los actos de los órganos humanos. El cuerpo por un acto así (intelectual) no es necesario en el mismo modo, importante, en que un órgano es necesario. La inteligencia del hombre puede conocer todas las naturalezas corporales porque la inteligencia no posee en sí lo que pertenece a la naturaleza corporal.
28 de febrero de 1997
En el artículo 6 Tomás trata de la incorruptibilidad del alma. La muerte biológica es la corrupción del cuerpo pero no del alma, porque el alma tiene forma subsistente. Esta es la capacidad del alma, que es su forma, que conviene a su ser. No existe corrupción en sentido biológico en el alma.

En cada ser existe el deseo natural de existir y esto es una realidad metafísica, no psicológica, porque el deseo de existir pertenece a nuestra naturaleza humana. Cada ser inteligente, creatura espiritual tiene el deseo de existir siempre. ¿Cómo es posible?, porque es algo que pertenece a la naturaleza del hombre, y no puede ser algo vano, inútil. La distinción entre los dinamismos corporales y espirituales es esencial, necesaria. La unidad substancial cuerpo-alma no tiene el sentido de una confusión entre las distintas facultades. En la vida concreta el hombre experimenta tensiones entre los dinamismos físicos, psíquicos, espirituales, tensión que a veces puede ser patológica. Pero la naturaleza de los distintos dinamismos y la experiencia vivida implica que se armonicen, compenetren, según una cierta armonía, orden. Éste es dictado por la naturaleza personal del ser humano. Es el espíritu el que confiere al hombre su carácter específicamente personal ─entendemos aquí persona en el sentido que ésta individualidad viene integrada por el espíritu humano; no existe persona sin este espíritu─.

Hay una preeminencia de los dinamismos espirituales frente a otros dinamismos de forma que sea unificado el ser espiritual. Este proceso lo llamamos integración. La integración es la subordinación de las dimensiones corpóreas y psíquicas al dinamismo espiritual. Esta subordinación corresponde a la naturaleza misma de todos los dinamismos humanos, porque toda facultad se cumple en el modo justo en que viene integrada. Por ejemplo, la facultad sexual se subordina a nuestro dinamismo espiritual. Esto no es privar la facultad de la autonomía de sus leyes biológicas, sino que se plenifica en su subordinación al espíritu, a lo que somos por naturaleza: criaturas espirituales. Es importante entender esto, porque de su mala comprensión derivan dos errores. El primero viene de respetar absolutamente el dato fisiológico. La sexualidad aquí se ve sólo como un sector de la vida humana. El segundo viene de poner en primer lugar la dimensión espiritual y luego no integrar la naturaleza fisiológica, psicológica, emociones, etc. desembocando en un desastre cuando a la naturaleza no se le dan sus derechos.
B.- La integración
Hemos visto cómo la armonía del hombre está pues en la naturaleza espiritual, pero ¿cómo se hace esta integración?. La integración del fenómeno del amor humano presenta datos relevantes.

En el aspecto psicológico hay dos datos: la percepción y la emoción.

La percepción es el conjunto de reacciones sensoriales provocadas por objetos. Es un modo de conocimiento de las características de los objetos. Pero el conocimien­to no termina en los datos sensitivos porque queda con imágenes concretas de lo que he percibido.

La emoción hace al hombre sensible a un valor. La emoción es la reacción a los valores. Por ejemplo, el espectáculo del atardecer puede ocasionar en nosotros una emoción - emoción estética en este caso -; es una reacción al valor de la belleza. Los valores no son siempre materiales, existen también los espirituales. Para percibirlos, deben ser visibles, estar encarnados en la realidad. En nuestro ejemplo, el atardecer que provoca la emoción es el atardecer real, no el concepto de atardecer.

En nuestro tema, el amor humano nace del encuentro de dos personas. En su fase de percepción-emoción, de sensualidad ─reacción de los sentidos─ toma la forma de una reacción sensitiva delante al otro(a, delante de la persona del otro mediante su apariencia corpórea ─no es un concepto de persona, sino una persona real, concreta─. La reacción es emotiva también frente a los valores que se intuyen. Frente a todos los valores espirituales que imaginemos (sociabilidad, inteligencia, sensibilidad, etc.) [valores humanos].

Hay que distinguir estos dos dinamismos de la sexualidad. Ésta posee una orientación intrínseca y natural a considerar el cuerpo del otro como objeto posible, potencial, de gozo, placer. En la relación hombre-mujer esta sensualidad es un aspecto natural que debe encontrar su integración ─todas las patologías en la sexualidad se pueden resumir en la no-integración de un dato natural─. La sensualidad humana debe encontrar pues su ordenación, su integración, su subordinación ─en el sentido que hemos estado hablando─.

Esta integración, tratándose de varón - mujer, será posible sólo si no se reduce el otro a un objeto; no se reduce a su cuerpo, porque la persona no es un objeto de placer y gozo. El cuerpo, con toda su fuerza atractiva, conserva todo su valor si no se separa del conjunto de la persona. No existe en el hombre una sensualidad pura como en los animales. Hay en las más atroces perversiones un elemento espiritual comprometido, pero no existe sensualidad pura. Por esto, no se puede dar la última palabra sobre el sentido y facultad de la sexualidad humana sólo limitándose al dato biológico, fisiológico, psicológico, sino se debe ver en modo unificado.

En Amor y responsabilidad, explicando el proceso del enamoramiento y amor, escribe que lo que para la especie animal sería natural, para el hombre sería vivir bajo el nivel de su naturaleza1 ─éstas son categorías del personalismo filosófico─. El atractivo del fenómeno amoroso entre hombre-mujer se refiere al conjunto de la persona. Con esto estamos en el campo de la afectividad, en el campo de la realidad del sentimiento.

La afectividad es distinta en el hombre y en la mujer porque se expresan de forma propia. Pero el amor afectivo demora en/a cada uno alimentado de los sentidos internos ─imaginación y memoria─. En estos valores que decían que pueden causar una emoción, a menudo valores ideales se atribuyen al otro. Este es el lado subjetivo del amor. Su riqueza psicológica es el dar valores ideales al otro. Pero es a la vez un límite porque luego se conoce a la persona tal y como es realmente, con sus valores reales. Hay pues necesidad de una integración, que es posible sólo a través de la facultad espiritual de la voluntad. La voluntad sola es capaz de moverse hacia un valor, pero instruido por sí mismo y no sólo en cuanto pertenece a tal persona determinada.

Si uno descubre al otro un valor moral de honestidad, rectitud, etc. la voluntad que mueve la persona a dirigirse a este valor que ve en otra persona, se dirige a ella porque la honestidad es un bien en sí, aunque se ame este valor en una persona precisa y concreta ─pero a mí lo que me atrae es ese valor─. La voluntad es la única facultad capaz de moverse hacia el valor entendido por sí mismo.
LA DECISIÓN LIBRE COMO PROCESO DE REALIZACIÓN PERSONAL
La exigencia de una verdad moral
Debemos aclarar lo que caracteriza la voluntad y su relación con la libertad. Las facultades espirituales ─inteligencia y voluntad─ permite conocer verdades universales. Cuando deseamos algo, puede ser por motivos de utilidad ─necesito esto─ o por motivos de placer ─me gusta tener esto─ o motivos de reconocimiento de un valor de bondad ─reconozco la verdad del contenido de este libro o la calidad de una persona─. Más allá de los bienes útiles o placenteros hay valores que atraen por la verdad; el valor es la verdad que es el bien de la inteligencia, la calidad de una persona, el valor es el bien, y el bien es el objeto de la voluntad. Las dos cosas se hacen juntas porque para querer un bien primero se tiene que reconocer, identificar ─no se quiere algo que no se conoce─. También el deseo ─a simple nivel de deseo─ supone un conocimiento previo que es el sensible. Pero la voluntad es distinta porque el conocimiento que presupone es el conocimiento racional, la inteligencia. La inteligencia no es suficiente para determinar el movimiento de la voluntad. La inteligencia permite entender la distinción entre un bien particular (útil o placentero) y un bien universal. Pero la persona humana tiene el poder de elegir tal bien particular intravisto. Este es el dato de la libertad humana, el aspecto metafísico, que es que cada libertad humana tiene este poder, que posee el límite de la determinación delante a innumerables bienes posibles. Es pues necesario que la voluntad elija. Este su poder de elección es su autodeterminación, lo que significa que la voluntad se cumple, se determina con un acto ─esto vale para todos los dinamismos de la persona─. Este libre arbitrio ─primer grado de la libertad─ sería puro arbitrio si no fuese la esencial orientación de la libertad al bien. Sería puro arbitrario si no fuese la orientación intrínseca esencial de la libertad al bien. La libertad tiene un sentido, orientación. El compromiso de la voluntad no puede ser verdaderamente libre fuera de este fundamento en la verdad. El libre arbitrio dice Sto. Tomás no se mueve en el mismo modo hacia el bien o mal. Hacia el bien se mueve "por sí" y "naturalmente". Hacia el mal, cuando el libre arbitrio lo hace al modo de defecto1. No hay pues una libertad de indiferencia entre bien y mal. Cuando elegimos el bien lo hacemos en armonía con nuestra naturaleza, cuando elegimos el mal lo hacemos por modo de defecto, no es natural.
El don de sí y la libertad
La voluntad es la facultad integradora de todos los dinamismos envueltos en el amor humano. Cuando se habla de verdad del amor no explicamos el hecho sólo de la existencia de todos los fenómenos descritos, o sea, la realidad del deseo sexual o sentimientos afectivos ni la sinceridad de la intención, porque aquel conjunto de fenómenos describe una verdad subjetiva. Pero la realidad subjetiva del fenómeno del amor humano exige una integración que es posible sólo a través de una verdad objetiva. Entender esto es fundamental para saber cuándo un discurso sobre la sexualidad es compatible con la concepción de la sexualidad de la Iglesia, porque por ejemplo, cuando se habla de "verdad" en los medios de comunicación, se habla de algo que ya existe en la realidad. Esto un error en el plano filosófico. La verdad no se palpa, pero tiene una dimensión objetiva que implica la necesidad de un criterio.

La voluntad permite al hombre autodeterminarse (crecer continuamente); de integrar los dinamismos de su ser personal. El autodominio es posible del juicio intelectual que entiende la esencial distinción entre los bienes particulares y el bien en cuanto tal. Por ejemplo, en un encuentro entre novios, el bien particular es el placer de estar juntos, pero el bien en cuanto tal es porque "es debido", en las circunstancias debidas ─no cuando tengo que hacer otra cosa─. El autodominio es posible de este juicio practico que permite hacer la distinción. Pero no se reduce a este proceso intelectual. P.ej. yo puedo decir que es mejor trabajar en vez del placer de estar con la persona amada. La voluntad sólo permite a la persona de trascenderse a sí misma. Este movimiento de la voluntad se analiza en la razón de un criterio objetivo: el bien de la persona. A la persona conviene trabajar en tiempo de trabajo, y estar con la persona amada en el tiempo que le corresponde para estar con ella.
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