Luciano de crescenzo



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JENÓFANES


Jenófanes178 era un rapsoda y un cantautor: su repertorio comprendía los poemas homéricos y unas sátiras, llamadas silloi, compuestas por él mismo para tomarles el pelo a los colegas. Siempre que había una fiesta, un simposio, al primero que invitaban era a él, y casi siempre, al final del banquete, alguien le pedía una canción. «Jenó», le decían, «cántanos lo de cuando Agamenón le robó la esclava a Aquiles». Así, a fuerza de declamar siempre los mismos episodios, le cogió manía a Homero y desde ese momento empezó a decir pestes de él. Para los griegos, en cambio, Homero lo era todo: los muchachos tenían que conocerlo de cabo a rabo y sólo entonces podían decir que habían terminado la escuela obligatoria. Alcinoo, por poner un ejemplo, afirmó que los Dioses habían decretado la destrucción de Troya sólo para darle a Homero «un argumento para cantar a la posteridad».179

Jenófanes era un moralista, pero también tenía sentido del humor, que es como decir un vicio y una virtud. Nada le parecía bien: aparte de con Homero la tomó con Hesíodo, Tales, Pitágoras, Epiménides y con cualquiera que hubiese sido más famoso que él. Una vez incluso se quejó de los deportistas: «No es justo», dijo, «que un hábil púgil, que un valiente atleta en el pentatlón, en la lucha o en la velocidad de las piernas, reciba más honores y riquezas que quien enseña sabiduría, porque ésta, a mi parecer, vale más que la fuerza física de los hombres y de los caballos»180. ¡Y pensar que en aquella época los campeones no tenían aún patrocinadores!

Respecto a su humorismo tengo mis dudas: será que han pasado veinticinco siglos, pero no me parece que fuera nada del otro mundo. Cierta vez, uno que le contaba que había visto anguilas que vivían en agua caliente, él le respondió: «Eso quiere decir que las tendremos que cocer en agua fría.»181 ¡Bah! ¿Quién sabe si dentro de dos mil quinientos años los fragmentos de mi Así habló Bellavista no serán examinados por los estudiosos con la misma atención?

Jenófanes, hijo de Dexio o de Ortomeno, para no variar nació también en la costa jónica, en Colofón. Si en lo que se refiere a la paternidad no tenemos ninguna certeza, aún menos clara está su fecha de nacimiento: unos dicen que fue contemporáneo de Anaximandro182 (que nació en el 610) y otros que de Gerón183 (tirano de Gela en el 470). Para contentar a todos, tendría que haber vivido más de cien años y quién sabe si no lo consiguió. Lo que sabemos con certeza es lo que nos dice él mismo en una elegía: «Son sesenta y siete los años que llevo empujando errante mi afán por la tierra helénica y esto desde cuando ya habían pasado veinticinco años desde mi nacimiento.»184 Ahora es fácil hacer cuentas: 67 + 25 = 92, añadamos algún añito más y ya estamos en cien. Más interesante es notar que empezó «a empujar el afán» con veinticinco años. Si hacemos coincidir esta fecha con la del exilio, y teniendo en cuenta que la invasión de los medos es del 540, fijamos finalmente la fecha hacia el 565 a.C.

Parece ser que de niño no tuvo maestros. La noticia que nos llega de que fue discípulo de Anaximandro185 nos parece muy improbable, a menos que Anaximandro, además de filósofo, fuese también baby-sitter.

Jenófanes se puso a discutir con todo el mundo en cuanto tuvo uso de razón. Colofón, en la primera mitad del siglo VI, estaba gobernada por una oligarquía, llamada de los mil caballeros, y pertenecía a un territorio controlado por el pueblo de los lidios, la cosa más normal en aquellos tiempos. Sin embargo, al joven Jenófanes la débil dominación lidia no le hacía ninguna gracia: decía que los soldados de Creso eran unos play-boys y que, por su culpa, las costumbres de sus conciudadanos se habían relajado. De que cambiara su opinión sobre los lidios se encargó el general Arpago, jefe militar de los medos, soldado de vieja estampa y terror de toda la costa jónica. El filósofo comprendió de inmediato que con las nuevas tropas de ocupación no venía al caso ponerse a declamar sátiras y decidió largarse con viento fresco.

Le pasó de todo: fue capturado y vendido como esclavo por piratas, fue rescatado por los pitagóricos Parmenisco y Orestades,186 enterró a sus hijos con sus propias manos,187 vivió en Zancle (Mesina), en Catania,188 en Malta, en Siracusa,189 en Agrigento y en Lípari,190 donde quedó impresionado por la erupción del volcán (¿qué volcán? Probablemente confundió Estrómboli con Lípari). Tras dar muchas vueltas, terminó en Elea y allí, por fin, decidió detenerse para colocar la primera piedra de la escuela eleática.

Murió viejo y pobre, pero tan pobre que un día confesó que «no podía mantener ni siquiera dos esclavos».191

Además de los silloi y de las elegías, escribió una obra en hexámetros titulada La naturaleza y otros dos poemas en verso de tema histórico: La fundación de Colofón y La colonización de Elea.

Algunas historias de la filosofía clasifican a Jenófanes como el primero, en orden temporal, de los filósofos eleáticos. Ahora bien, de que vivió en Elea no hay dudas, y que era más viejo que Parménides es un hecho incuestionable, pero que por estas dos circunstancias se le considere también el fundador de la escuela eleática nos parece un poquito arriesgado. Puede que «el poeta humorista de Colofón»192 no fuese ni siquiera un filósofo, sino sólo un teólogo nacido por equivocación siete siglos antes de tiempo. De todas formas, confirmamos que fue el primero que acuñó el eslogan «El Uno es Todo», que en cierta manera anuncia el pensamiento de Parménides.

La idea central de Jenófanes es que a Dios no se le puede confundir con esas caricaturas que Homero y Hesíodo difundieron en sus poemas.193 «Ellos han atribuido a los Dioses», decía, «todo aquello que para los hombres es motivo de deshonra y censura: robar, cometer adulterio y engañarse recíprocamente».194 Dios en cambio es una entidad superior, es Todo y es Único. Pero cuidado: al decir Único no debemos pensar en un Dios como nos los imaginamos nosotros, gente de fe cristiana inclinada al monoteísmo, sino en una visión panteística del mundo, tipo Tales para entendernos, en la que cada cosa es Dios y el conjunto de las cosas forma un Todo Único de carácter divino. Los hombres ignorantes, por el contrario, tienden a imaginarse a los Dioses como muchos supermanes hechos a su propia imagen y semejanza: «Los etíopes los ven romos y negros, los tracios con los ojos cerúleos y el cabello rojo»195 y «si los bueyes, los caballos y los leones tuviesen manos, pintarían a sus Dioses parecidos a bueyes, caballos y leones, y harían sus cuerpos como son los de ellos».196

Lo primero que hay que decir, asegura Jenófanes, hablando de Dios es que no podemos afirmar que Él nació, ya que lo perfecto no puede nacer de lo imperfecto: por lo tanto, Dios es ingenerado y eterno. Tampoco pueden los Dioses ser una multitud porque, si así fuera, unos serían superiores y otros inferiores, y no se puede concebir la idea de un Dios inferior. No podrían ser tampoco iguales, ya que lo igual, al no ser por definición mejor que los otros, se opondría al primer requisito de la divinidad que es la de ser suprema. En conclusión: Dios es Único, Omnipotente y Esférico, y como tal no es ni infinito ni limitado.

Aristóteles no está de acuerdo con la esfericidad del Dios de Jenófanes. Para él, «admitir que Dios es esférico es como ponerle límites».197 Para resolver el problema y contentar a todos, habrá que esperar a Einstein y su teoría del espacio curvo de cuatro dimensiones, que es limitado e ilimitado a la vez. Pero temo alejarme demasiado del tratamiento coloquial que prometí al principio, por lo que paso a otra cosa y dejo las reflexiones de arriba como estímulo para la fantasía del que lee.

Si con la intuición del Uno Jenófanes anticipa las teorías de Parménides, en la física enlaza sobre todo con los filósofos de Mileto. El mundo, para él, viene de la tierra y volverá a la tierra.198 Sin embargo, actualmente está hecho de tierra y de agua y, en las soluciones intermedias, de barro. Para probar las incursiones de uno de estos elementos en la zona del otro, el filósofo cita los fósiles de peces, plantas y conchas que él halló en las canteras de Siracusa.199 Por último, es extraordinaria su hipótesis según la cual la tierra, bajo nuestros pies, sería infinita,200 no flotante sobre el agua, como afirmaba Tales, ni suspendida en el vacío como decía Anaximandro.

El mejor Jenófanes, a mi juicio, es el que se dedica a la poesía. Leamos juntos una de sus elegías y trasladémonos con el pensamiento a un simposio del siglo quinto antes de Cristo.201


...el cráter está ahí, repleto de alegría, y ya hay más vino en los vasos, y dice que nunca faltará, dulce como la miel, oloroso de flores; en medio el incienso emana su sagrado efluvio; hay agua fresca, dulce y limpia; aquí al lado están los blancos panes y la suntuosa mesa oprimida por el peso del queso y de la rubia miel; el centro del altar está completamente cubierto de flores y toda la casa resuena con el canto y con el alborozo. Ante todo, como hombres de bien, hemos de elevar cánticos a Dios con píos relatos y palabras puras. Pero una vez que se ha libado y se ha implorado el poder obrar con justicia no es un exceso pecaminoso beber lo suficiente para que quien no es demasiado viejo pueda volver a casa sin la ayuda de un esclavo...

XII


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