Los sagrados manuscritos del jaguar blanco



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LOS SAGRADOS MANUSCRITOS

DEL JAGUAR BLANCO
La semilla de una nación
Novela





Nuestra fuerza es el espíritu. Acaso, en el mundo de hoy, alguien considere que es una fuerza pequeña. Pero es la única fuerza nuestra, y tenemos que usarla.”



Rubén Bonifaz Nuño.

Para todos los que están en la cotidiana batalla florida.

Los que siguen el camino de los Venerables Maestros toltecas.

Los que luchan sin miedo y sin ambición, sin esperar recompensa.

Los que trabajan de adentro hacia afuera por la descolonización mental y espiritual.

Para los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos.

G. Marín.

INDICE.


  1. La carta misteriosa”………………………… 4

  2. La Huella en el tiempo”. ……………………11

  3. El tiempo del no tiempo”. …………………15

  4. En el Ombligo de la Tierra”. ……………… 20

  5. El secreto de los seres conscientes”. ….. 28

  6. La sabiduría perene”. ……………………… 37

  7. La fusión de los vórtices de fuego”. ……. 48

  8. El inicio del fin”. ……………………………. 57

  9. Los Padres Fundadores”. ………………… 68

  10. La Batalla Final”. …………………………… 84

Colofón. ……………………………………... 98

C Derechos reservados Guillermo Marín Ruiz

www. toltecayotl.org

Educáyotl A.C. Educar para el futuro con la sabiduría del pasado.

Oaxaca, México. 2014.

I. CAPÍTULO. “La carta misteriosa”.

Me sentí muy asombrado al recibir desde Yucatán una carta por servicio de mensajería urgente. Era extraño, aunque tengo amigos en la península, no esperaba que nadie de ellos me escribiera.

Venía en sobre membretado, como ya casi no los hay y estaba escrita a mano con caligrafía palmer. Resaltaba la tinta sepia sobre el fino papel de algodón. Leí mi nombre con extrañeza: Sr. Fernando de Ita. El remitente era Anatolio Rivadeneira Rondón. Abrí la carta con mucho cuidado, como si fuera una pieza de museo, algo en mi corazón, como una punzada, me avisó que esa carta traería un vuelco dramático y definitivo a mi vida.

Desde niño me gustó la lectura, ya más adelante me dio por escribir, lo sentía como una pasión en mí ser. Recuerdo mucho a Teresa Zaga, amiga de mis padres, desde niño la admiré porque era una Señora muy grande y culta, en su casa, que se ubicaba muy cerca de los Viveros de Coyoacán, había una biblioteca, que recuerdo como un espacio mágico, lleno de libros, cromos, fotografías, mapas que me llevaron desde entonces a lugares distantes en el tiempo. Ella me permitía husmear en todo lo que contenía ese lugar, ahí fue donde me sedujeron los libros.

En esa biblioteca tomé la decisión de estudiar letras y desde muy joven empecé mi trabajo como periodista en un diario nacional, donde aprendí el oficio. Más adelante me fui de corresponsal de guerra a Centroamérica, en la década de los ochenta, y también en el levantamiento de los indígenas mayas en Chiapas en 1984, donde seguí muy de cerca los conflictos de las comunidades indígenas y campesinas, originados por los despojos y abusos de las empresas transnacionales, especialmente las mineras canadienses. Y pese a lograr obtener una buena posición y trabajo me sentía vacío. Los logros sociales y materiales no me hacían pleno. Algo en lo más hondo me decía que la vida es más profunda y que las metas son intangibles, que los bienes materiales y la sociedad son circunstancias, ese vacío ya empezaba a asfixiarme y no tenía claro exactamente a qué se debía.

Empecé a leer la carta que iniciaba con un: “Estimado Señor Fernando de Ita, sé que estoy viviendo mis últimos días, motivo por el cual me atrevo a escribirle, mi nombre es Anatolio Rivadeneira Rondón, pertenezco a una familia que tiene muchos siglos de vivir en Yucatán. Le resultará extraña mi carta, pero después de mucho cavilar decidí que Usted es la persona indicada para conocer mis orígenes, es muy importante lo que quiero decirle, es preciso que una persona como Usted, dedicada al periodismo y comprometido con nuestro país sepa de “los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco” de los cuales soy heredero. Mi familia los ha poseído desde el inicio de la Colonia y es imperativo darle a conocer su contenido, para que no se pierda en el olvido este legado, ya que como le comento, sé que en pocos días moriré.

Es muy importante que llegue a más tardar en tres días y que me regale diez días de su atención para entregarle el secreto de mi vida y de mi familia. Desafortunadamente no hay tiempo posible que perder. Usted puede declinar mi llamado y yo lo entenderé y así quedará relevado de cualquier responsabilidad. Sólo le ruego que destruya esta carta y no le mencione a nadie su contenido. Si acepta el desafío, le aseguro que no se arrepentirá y mis ancestros y su servidor, le quedaremos eternamente agradecidos.”

Al terminar de leer la carta la guardé dentro de un cajón de mi escritorio y me senté en un sillón de mi estudio. Sentí que una corriente eléctrica corría por todo mi cuerpo, tenía la boca seca y fue necesario respirar profundamente en varias ocasiones, porque sentí que les faltaba aire a mis pulmones. Volví a leer la escueta carta una y otra vez, como para entender mejor lo que decía. Me llamaban con urgencia de Yucatán para darme una información al parecer importante.

Era una situación que rebasaba los límites de mi intuición, como periodista sabía que estaba frente a “una historia”. Sin embargo, había algo especial que me movía a aceptar, aunque también albergaba cierto temor. Presentí que era algo que había estado esperando, que mitigaría ese vacío y esa desolación de la plana cotidianeidad existencial. Pero al mismo tiempo, por la experiencia profesional, sé que existe mucha gente que trata de llamar la atención usando a un periodista. Nunca había oído hablar de “Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco”, así que tomé el teléfono y contacte a un amigo, experto en estos menesteres y quedé de verme con él al día siguiente.

A las once de la mañana en punto, me recibió el licenciado Antonio Velasco Piña, con quien mantengo una amistad cordial desde que le hice la primera entrevista en 1979, cuando publicó la novela “Tlacaélel, el azteca entre los aztecas”.

Le mostré la carta, la cual leyó con interés y antes de hablar guardó un largo silencio, parecía ausente, decidí romper el silencio y pregunté,

-Maestro qué opina Usted sobre el contenido de la carta. Pregunté con cautela.

- Verá Usted, ya había escuchado sobre esos misteriosos manuscritos, pero pensé que eran producto de la fantasía, del imaginario colectivo –contestó con voz pausada.

- Cree Usted que valga la pena ir a Mérida –pregunté.

-Yo creo que su intuición como periodista, le debe de dar la respuesta. En la historia de México, como en la de todos los países, existen muchas lagunas, verdades que descubrir y mentiras que desenmascarar. Pero ésta, parece una buena historia.

La visita al maestro Velasco Piña me animó a tomar una decisión, que además era urgente en la medida que me quedaban dos días para llegar a Mérida, considerando el plazo que el señor Rivadeneira me había dado. Esa noche le di vueltas y más vueltas a la historia de los dichosos manuscritos.

Volaba sobre el Golfo de México, una inmensa masa azul, brumosa y confusa, fundía el mar con el cielo. El monótono zumbido de la cabina hermética del avión me adormecía.

Al aterrizar, se abrió la compuerta del avión y entró el aire caliente y húmedo de Mérida. Salí del aeropuerto y tomé un taxi que me llevó directamente a la casa de Don Anatolio Rivadeneira.

Se ubicaba al principio del majestuoso Paseo Montejo, la casa era una pequeño chalet de finales del siglo XIX, estilo francés, se encontraba en pésimo estado, casi a punto de caerse podrida por la humedad, el tiempo y la falta de mantenimiento. Al llegar, crucé una pequeña verja de metal, que se encontraba abierta, pasé junto a unos inmensos y sombríos árboles y llamé a la puerta con una pesada mano de león hecha en bronce, adosada al viejo portón.

Un hombre de baja estatura y cabeza prominente que parecía no tener cuello, abrió la puerta.

-Busco a don Anatolio Rivadeneira, dije con voz firme y amable. Asintió con la cabeza y me dijo con voz grave.

-Sígame por favor, lo llevo a su aposento para que se instale. Lo estábamos esperando.

Todo indicaba en el interior, que había sido una casa muy bella y elegante, pero estaba totalmente abandonada, sin el mínimo mantenimiento. Las paredes habían perdido sus colores originales que la humedad había cambiado por otros que iban desde los muy claros hasta el casi negro característico de la humedad. Los techos eran muy altos y los plafones habían tenido decoraciones que debieron ser muy bellas. Los muebles todos en madera de caoba, eran antiguos y se encontraban bien conservados. Me sentí impresionado al ver los pisos de mosaicos con diseños muy complicados en múltiples colores. La casa era fresca y bien ventilada.

Con mucha parsimonia, mi guía me dijo al abrir la puerta de una habitación.

-Esta es la habitación que se le ha asignado. Mi nombre es Caralampio Pech y estoy a sus órdenes en todo lo que Usted necesite. Cuando escuche la campana, sus alimentos estarán servidos en el comedor. Don Anatolio lo recibirá a partir de las siete de la noche en la biblioteca, mientras dure su estancia en esta casa.

La recámara era muy amplia, tenía un baño con tina. Los techos eran muy altos, al centro del techo colgaba un ventilador. Contaba con un inmenso ropero, un perchero, y una mesa con lámpara para escribir, una escupidera y una anacrónica bacinica. La cama estaba cubierta por un mosquitero, se veía muy antigua. Un pequeño balcón con un ventanal con puerta clausurada por el tiempo, dejaba entrar la luz.

Todo sucedió como Caralampio lo indicó. Comí en un comedor con una mesa para doce comensales, en medio, una araña de cristal colgaba del techo. A las siete de la noche, tocaron a mi puerta y Caralampio me condujo a un extremo de la casa donde estaba la puerta de la biblioteca.

Al abrir la puerta, lo primero que percibí fue el tufo de libros viejos y una atmósfera viciada, con muy poca luz. Sentado en un gran sillón estaba un anciano de tez blanca, casi calvo, de manos largas y finos dedos. Usaba gruesos lentes con estructura de carey.

-Disculpe que no me levante a recibirlo, -dijo, el señor Rivadeneira- pero hay muchas cosas que a esta edad ya no puedo hacer. Tome asiento por favor.

-Le agradezco profundamente que haya respondido a mi invitación. Si la razón de mi llamado no fuera tan importante, no lo habría molestado. No tengo tiempo, ni mucho menos energía para contestarle muchas preguntas que usted, con justa razón debe tener, y que merecen una respuesta. No podremos detenernos en minucias intrascendentes, lo importante es que el destino nos haya puesto frente a frente. Lo que sí le puedo decir, es que no se arrepentirá y que su vida cambiará totalmente. Tendremos diez entrevistas y al final usted será el poseedor de “Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco”.

Primero debe usted saber que soy el último descendiente de un linaje ancestral. Mi familia ha sido depositaria de un tesoro cultural muy importante para la nación mexicana. De generación en generación, hemos guardado celosamente unos antiguos manuscritos que datan del inicio de la Colonia. Existe una “señal”, según la profecía, que dice que los manuscritos deberán ser dados a conocer a la luz pública, “cuando el sol agote su largo camino”. Como la profecía se trasmitió de manera oral, sufrió, -creo yo-, algunas deformaciones o imprecisiones. Se hizo de esta manera porque a finales del siglo XVIII, los manuscritos casi se deshacían por el clima y el tiempo. El punto es que en mí, se acaba el linaje de la familia Rivadeneira y no acertamos a saber, cuál era la señal precisa de la metáfora. Por otra parte, presiento que estoy a punto de morir y ya no hay tiempo. Seguramente mi abuelo tenía razón cuando decía que los manuscritos se deberían revelar cuando finalizara “La Cuenta Larga” del antiguo calendario maya. Eso fue hace dos años, dudé y no me atreví, ahora, no tengo opción, me estoy muriendo.

-En este punto Fernando, ¿Puedo llamarlo así, verdad? –asentí sin abrir la boca- no importa sí fue la señal el fin de la Cuenta Larga, por razones que no le puedo explicar ahora, usted ha sido el elegido para recibir los manuscritos. En este momento, no le serviría de nada, el preguntarse por qué usted, y quién y por qué se le escogió. En la vida no se puede estar dudando si se es o no se es, la cuestión verdadera es que en la vida, se es, o no se fue… nunca jamás.

-Me voy a permitir darte algunas instrucciones, que de no haber inconveniente, te agradeceré siga al pie de la letra. Tendremos diez entrevistas. Iniciaremos a las siete de la noche, -la noche es mi compañera y me da más fuerzas-, terminaremos cuando tengamos que terminar. Le relataré lo que contenían los manuscritos, porque por el tiempo y la humedad los papeles se deshicieron poco a poco y mi familia los aprendió de memoria para transmitirlos de generación en generación. Por esta razón le tengo que contar la historia, porque yo soy el manuscrito y está a punto de “desintegrarse”, no hay tiempo.

II.- CAPÍTULO.La Huella en el tiempo”.

Pasé todo el día escribiendo y rescribiendo mis notas. Tenía muchas preguntas qué hacerle a don Anatolio. La historia me había embelesado y había algo que intuía, pero que no alcanzaba a comprender con claridad. Quería saber quién escribió los manuscritos y para qué. Cuál era la razón de guardarlos en secreto tantos años. Esperaba con ansias que llegara la hora acorada para la primera entrevista.

A las siete en punto escuché en la puerta el llamado de Caralampio, quien con mucha parsimonia me condujo a la biblioteca.

-Buenas noches, -dijo don Anatolio-, espero que nuestra modesta hospitalidad sea de su agrado. Disculpe el abandono de la casa, pero al igual que la familia que la ocupó desde hace muchos años, está llegando a su fin. La casa se construyó a finales del siglo XIX y su construcción fue la pasión de mi abuelo. Básicamente es su diseño y cada habitación guarda muchos recuerdos y sentimientos. Debe usted saber que la casa fue el corazón de la familia Rivadeneira.

Mi anfitrión había mandado colocar una pequeña mesa y una silla, en frente de su sillón. Sobre la mesa había una lámpara que permitía escribir con comodidad, pero que mantenía la penumbra de la habitación.

Don Anatolio rompió el silencio y dijo:

-Vamos a empezar por el principio. La historia que te voy a relatar, como ya te dije, es la que estaba en los manuscritos, porque estos ya se perdieron hace muchos años deshechos por el tiempo. El texto fue escrito entre 1534 y 1536, de puño y letra del propio Gonzalo Guerrero, el marinero español que naufragó en las costas de Chetumal en 1511 durante una travesía de Panamá a Cuba, cuando fueron azotados por un huracán en el Caribe que los hizo naufragar. Será el propio Gonzalo Guerrero quien contará su historia.

Don Anatolio guardó un largo silencio y de manera histriónica empezó a hablar pausadamente, como si estuviera poseído por un espíritu ancestral que usara su cuerpo regresando de ultratumba para dar su testimonio.

“Soy un hombre de mar, nací en el Puerto de Palos de la Frontera en Huelva, del otro lado de la mar océano, y quiero dejar testimonio de los hecho que Dios, por su divina gracia, mandó que yo viviera en estas antiguas tierras del Anáhuac, y de las cuales los hombres de Castilla han querido borrar toda memoria de su grandeza.

Esta no sólo es mi historia, es la historia de cómo los seres humanos de remotos lugares y culturas diferentes pueden encontrarse y vivir en paz. Es el testimonio de que existen otras formas de vivir, y que el oro, el comercio y la guerra, no es lo único por lo que se pude luchar en la vida. Que Dios es muy grande y misericordioso y que está en todas partes y a todos asiste. Jesucristo, Mahoma o Kukulcán, o como lo quieran llamar los seres humanos.

Todo comenzó una noche antes del naufragio. Había sido un día con mucho trabajo. El capitán nos mandó a reacomodar y amarrar la carga en las bodegas, porque el mar se empezaba a picar. Viajábamos en la nao llamada La Santa María de Barca y zarpamos de Santa María la Antigua del Darién con dirección a la Habana, era el año de 1511.

En la cubierta se escuchaban las pláticas a gritos y risotadas de los hombres que venían de “un rescate de oro”, de tierra adentro. Cada uno contaba su mejor historia llena de exageraciones y sangre. Es tan injusto lo que hacen estos asesinos, arrasan por completo las aldeas de pacíficos indios, los aterrorizan y los matan como moscas, por placer. Los toman prisioneros para venderlos como esclavos y se dedican a hurgar hasta en el último rincón en busca de oro, plata y perlas, para al final quemar las aldeas. Torturan a los prisioneros para que confiesen dónde están escondidos los supuestos tesoros. Y traen con ellos, indios que entienden la lengua de los torturados, para gozar más sus felonías. Los torturados, no entienden de riquezas o tesoros y mueren aterrorizados de manera miserable, sin comprender cabalmente su tragedia.

En ocasiones, me acuerdo de mi lejana tierra, casi perdida en el olvido. Una tierra dura, seca y magra, que apenas da para comer. Donde por siglos hemos sido ferozmente explotados por los nobles y los curas, por moros y judíos o hasta por los castellanos, todos, como garrapatas, se hinchan del aldeano, por eso me hice marinero. “Lo que la tierra no te dé, que el mar te lo cumpla”, dijo mi padre cuando le informé que me iba a embarcar cuando apenas era un mozo. Mucha gente se vino para acá por hambre, y la codicia los convirtió en bestias.

Los vientos huracanados me sacaron de mis pensamientos. Las velas se desgarraban, los mástiles se rompían y el mar se encabritaba. La tarde de repente se convirtió en una oscura noche. Las nubes negras cubrieron totalmente al sol. La tripulación corría a cumplir con sus deberes, unos achicaban desesperadamente, mientras otros trataban inútilmente de salvar las velas, mientras que los pasajeros, -entre ellos algunas mujeres-, daban gritos mientras se les salían los ojos de las orbitas por el pánico. El viento rugía, el agua inundaba todo el barco y la madera crujía a punto de quebrarse. Me di cuenta que el naufragio eran inminente, se había perdido el control de la nave y en medio de la tormenta íbamos al garete.

No sé cómo sucedió, pero después de que la nave se hizo pedazos estaba en un batel junto a otros sobrevivientes. Me encomendé a Dios y en medio de la noche la tormenta nos devoró.

Era muy de mañana cuando el golpeteo monótono de una cadena que chocaba contra el casco del batel me despertó. Habíamos sobrevivido veintidós hombres y tres mujeres, eso es todo lo que quedó de la nao. Pasamos muchos días a la deriva. La sed, el hambre y las quemaduras por el ardiente sol parecían el preámbulo de nuestra inminente muerte.

Arrastrado por las corrientes, el batel se acercó a las costas de Chetumal. En la agónica travesía murieron casi todos, durante ésta, bebimos nuestra propia orina, comimos pedazos crudos de carne humana. Los tiburones escoltaron el batel prestos y vigorosos para disputarse violentamente los cadáveres que echamos uno a uno al mar. Cuando los seres humanos llegan a estos horizontes, se pierde la vergüenza y casi, la condición humana.

Por el designio de Dios nuestro Señor, solo llegamos a tierra ocho sobrevivientes. Dos mujeres y seis hombres. Una doncella de compañía de una pudiente mujer, esposa de un alférez real que murió al desbaratarse la nave. Una prostituta que iba a Cuba a buscar mejor fortuna, cuatro aventureros que habían estado “rescatando oro”, un cura y yo, Gonzalo Guerrero, el único marinero.”



III.- CAPÍTULO. “El tiempo del no tiempo”.

Pasé el día reflexionado sobre lo que había aprendido de la historia y organizando mis notas. Poco se conoce la historia antigua de México. Y lo poco que mencionan los libros de texto es sobre los mexicas, de su poderío, de cómo dominaban todo México, que hacían sacrificios humanos, que eran politeístas y que fueron vencidos por un puñado de valientes conquistadores.

Me acuerdo que leí en la década de los años ochenta un libro titulado “Gonzalo Guerrero”, del escritor Eugenio Aguirre. Su vida se me hizo como la de un “Robinson Crusoe”, porque en general, poco se habla en el sistema educativo nacional sobre este personaje. De modo que me sorprendió mucho que el autor de “Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco” fuera el marinero que naufragó en las costas de Quintana Roo.

Por la mañana, fui a tomar una cerveza a los portales del centro. Visité la Casa del conquistador Francisco de Montejo, y me sorprendió, que en la fachada estén labrados dos conquistadores con sendas picas, posados sobre las cabezas de cuatro indígenas mayas, símbolo de lo que ha acontecido en estas tierras a través del tiempo, recordé entonces un fragmento del Chilam Balam de Chumayel que dice: Los Dzules sólo habían venido a castrar al Sol! Y los hijos de sus hijos quedaron entre nosotros, que sólo recibimos su amargura”.

Caminé frente a la inmensa Catedral, que más semeja una fortaleza que una iglesia. Cuando observo estos edificios en todo mi país, percibo el miedo que le tenían los españoles a los conquistados. Visité el fascinante mercado, lleno de olores, colores, texturas, culturas y rostros tan diversos. Queda claro que en la península sigue vivo el sistema de castas colonial. Por la tarde regresé ansioso a mi cita con don Anatolio, la casa de don Anatolio está en la primera calle del paseo Montejo.

Cumplí puntualmente con todo el ritual, saludé a don Anatolio, quien se mostraba impasible, como un ministro antes de iniciar la ceremonia. Acomodé mis cosas sobre la mesa y cuando advirtió que ya estaba listo, comenzó su discurso.

“La marea nos arrojó sobre la playa, ahí fuimos asistidos por unos nativos, porque ya no teníamos fuerzas ni para caminar. Nos cargaron y nos llevaron a una pequeña aldea de pescadores que estaba muy cerca de la costa.

Inmediatamente nos ofrecieron agua y nos curaron las heridas, especialmente las llagas que nos habían provocado los inclementes rayos del sol. Después nos dejaron dormir en una gran palapa, que era la casa común que había en el centro de la población. Una palapa rectangular en donde solo había postes y hamacas, al fondo, en una pared lateral se encontraba un extraño altar. Dormimos todo el día y toda la noche. Por la mañana unas mujeres nos trajeron alimentos y posteriormente llegaron las autoridades de la comunidad.

Con señas nos hicieron entender que debíamos esperar a que llegaran autoridades superiores y que mientras tanto descansáramos. Un grupo de niños curiosos eran “nuestros guardianes”. Por la tarde las dos mujeres y el cura rezaban y los cuatro aventureros empezaron a discutir qué se debía de hacer. El más joven de los hombres se dirigió al altar y tomó de una caja hecha de palma, perlas y coral que ahí estaban guardados.

Los niños le avisaron a los adultos, de modo que en instantes la habitación estaba llena de gente. Dos hombres empezaron a registrar al ladrón y éste sacó de entre sus ropas un puñal e hirió a los hombres que lo registraban. Después de un conato de violencia, en el que los nativos sometieron al agresor y se llevaron a los heridos, nos ataron a todos a los troncos centrales de la palapa.

Dos días después llegó a la comunidad un contingente de guerreros y nos llevaron a una pequeña ciudad en dónde seríamos sometidos a un juicio.

Nos alojaron en una habitación construida a cal y canto, que sólo tenía una puerta. Posteriormente llegó un funcionario con un hombre que sabía un poco de castellano. Los pueblos mayas sabían perfectamente lo que estaba sucediendo en sus tierras desde 1492. La comunicación en el Cem Anáhuac y en el Caribe, era permanente y constante desde decenas de siglos atrás.

Se sabía que los castellanos habían exterminado a todos los habitantes de las islas del Caribe. Conocían perfectamente los “métodos” de exterminio y saqueo. La presencia y las actividades de los castellanos eran conocidas en casi todos los territorios de tierra adentro. En esos 19 años los avistamientos, las refriegas y los naufragios eran comunes, nada que sorprendiera o ignoraran nuestros captores.

Gracias a los traductores indígenas que habían escapado del cautiverio de los castellanos en las islas de mar adentro, pero que habían aprendido un poco su lengua, fuimos interrogados cada uno por separado, de modo que se enteraron quiénes éramos y qué hacíamos. Estaríamos en cautiverio hasta el día de la asamblea, donde se decidiría qué hacer con nosotros.

Al cumplirse la fecha, en un gran ceremonial se presentaron las más altas autoridades del lugar, así como la mayoría del pueblo, se inició el juicio. Un hombre de alta potestad relató todas las atrocidades que se habían cometido desde la llegada a sus tierras por los invasores. Posteriormente, la autoridad de la comunidad de pescadores que nos rescató describió todo lo que había sucedido, incluyendo el robo y las lesiones causadas a su gente.

La autoridad preguntó, qué se debía de hacer con nuestras vidas. En la asamblea podían hablar todos, pero solo decidían los que habían servido con eficiencia a la comunidad. Después de horas de escucharse, proponer y debatir, finalmente llegaron a la conclusión que sería el consejo supremo en pleno quien daría la última palabra a las propuestas sugeridas por la asamblea.

Esperamos cinco días más y finalmente se nos comunicó la sentencia. Los cuatro aventureros serían ejecutados por todos los asesinatos cometidos desde el inicio de la invasión. Las dos mujeres, el cura y yo, seríamos vendidos como esclavos para pagar simbólicamente lo que los castellanos se habían robado en el mismo periodo. Nos perdonaron la vida porque no éramos gente de espada y cuchillo.

Veinte días después del juicio, fuimos llevados al mercado para vendernos en una subasta pública. El lugar era muy amplio y muy bien organizado. No usaban la moneda, ahí todas las transacciones se hacían por trueque, lo que producía un murmullo muy melodioso y sonoro al acordar los intercambios.

Los cuatro prisioneros fuimos conducidos a un patio interior y ahí, un reducido grupo de compradores realizó la compra con las autoridades correspondientes. En breve tiempo cada uno fuimos comprados por separado. Tiempo después supe que las dos mujeres murieron muy pronto, porque no soportaron el trabajo pesado como mujeres de servicio doméstico. El cura se ganó el respeto de la gente, porque se mantuvo fiel a sus votos y no rehuía el trabajo pesado. A mí, me compró un hombre muy extraño y poderoso que vivía al Norte, en medio de la selva.

A la mañana siguiente salí con un grupo de hombres hacia el interior de la selva. Caminamos diez días hasta llegar a unas construcciones muy impresionantes. No era una ciudad habitada, más bien, parecía un inmenso monasterio. Uno de los hombres que me custodiaba sabía un poco de castellano y me dijo que él era el responsable de enseñarme a hablar su lengua. Que el hombre que me había comprado era un gran sabio y que todos los que vivían en ese recinto eran estudiantes de un antiguo conocimiento. Que más tarde el hombre sabio hablaría conmigo. Me asignaron una pequeña habitación en un gran edificio rectangular que estaba profusamente decorado en su exterior con grecas y figuras complicadas, en ese momento no entendía nada de esa decoración. La habitación tenía una especie de cama de piedra, una hamaca y unos canastos tejidos en palma con diversos objetos y textiles.

Así fue como inició mi aprendizaje de la lengua. Mi maestro era un hombre maduro que sabía hablar un poco el castellano, aunque siempre me hablaba en lengua maya. Tenía dos sesiones al día, muy de mañana, cuando el ambiente todavía era fresco y por la tarde, cuando el sol estaba bajando. Nunca en mi vida había tenido un maestro y nadie me había enseñado nada, en mi tierra no había escuelas para los vasallos. Durante el día me invitaban a realizar actividades manuales para satisfacer las necesidades de vida. Poco a poco, fui entendiendo la forma de vida de la gente de esta tierra. Gente muy tranquila y ceremoniosa.

Así pasaron cuatro meses hasta que aprendí a entender y hacerme entender en la lengua maya. No sé si fue la necesidad o el método, pero se me facilitó mucho y avancé velozmente en poco tiempo. Esperaba con inquietud el encuentro con el hombre sabio que me compró.”



IV. CAPÍTULO. “En el Ombligo de la Tierra”.

Toda la noche soñé con la historia que me había relatado don Anatolio. No fue un sueño continuo, ni una pesadilla. Más bien, se repetían las imágenes, una y otra, a gran velocidad, los pasajes qué más me impresionaron tomaron rostro y casi escuchaba sus voces.

Desperté un poco angustiado. Tal vez confuso o abrumado. El olor del café llegó hasta mi aposento, y después de entrar por mi nariz, me levantó y me llevó al gran comedor, en donde estaba dispuesto mi exquisito desayuno. Nunca supe si había una cocinera o era el propio Caralampio quien preparaba los alimentos, lo cierto es que siempre me parecieron muy sabrosos y con excelente sazón.

Pasé el día elaborando mis notas y consultando varios textos históricos sobre la conquista de Yucatán y la cultura maya así como de la historia antigua de México. Me estaba involucrando tanto en los relatos de don Anatolio, que se estaba convirtiendo en un asunto personal, más allá, de la nota periodística. Algo profundo y vital se movía en mi interior.

Me sentía muy cómodo en mi habitación a pesar de ser tan austera. A pesar de que la casa parecía abandonada por falta de mantenimiento, no era un lugar desagradable. Por el contrario, algo inexplicable me pasaba, me sentía acompañado, como si me observaran, pero sin sentirme amenazado, por el contrario. La casa tenía una energía muy cálida y amigable, especialmente las paredes, parecía que tenían vida propia y me observaban con atención todos mis movimientos.

Como siempre a las siete en punto, Caralampio tocó discretamente a la puerta. Todo estaba dispuesto, don Anatolio callado esperaba a que acomodara mis cosas sobre la mesa. Cuando terminé, le dije a don Anatolio.

–Tengo algunas preguntas que me gustaría hacerle para entender mejor la historia. -Adelante, contestó.

-En general, la Historia Oficial, es decir, los textos escritos por los españoles, ponen a los mayas como gente primitiva y a los europeos como gente civilizada en el descubrimiento de “un nuevo mundo”. En la historia que usted me está relatando, pareciera que sucedió al revés. Por ejemplo, la historia dice que a Gonzalo y a Gerónimo no los mataron los mayas porque estaban tatuados y eso, según dicen, para los mayas significaba que eran importantes y que podían pedir rescate por ellos. ¿Usted también lo considera así?

Se hizo un gran silencio y después de que don Anatolio se dio cuenta que no preguntaría más, me contestó con una voz cansada.

-En la historia de la humanidad, la historia siempre la han escrito los vencedores – dijo don Anatolio arrastrando la voz- ¿Qué, no te enseñó tu maestro de primaria el libro de texto de historia en el que se habla de “La Batalla de la Noche Triste”, cuando los mexicas vencieron a los españoles matando a la mitad de los invasores? Las “fuentes” escritas por los europeos durante la colonia y en todas las épocas, tratan por todos los medios de hacer pasar la invasión y el holocausto posterior, como un glorioso hecho de armas y un gran logro civilizatorio para Occidente. La civilización contra la barbarie, la iglesia contra la herejía. Ningún pueblo del Anáhuac usaba la moneda, incluidos los mayas… cómo entonces iban a pedir rescate, sería en dólares o en euros, -dijo con sarcasmo-. Esta es una de las tantas mentiras de los textos oficiales, y vienen del mundo europeo, en donde sí se pedían rescates entre moros y cristianos.

Don Anatolio calló y un pesado silencio se apoderó de la oscura habitación. No me atreví a hablar. Inexplicablemente me sentí culpable de lo sucedido hacía cinco siglos y de mi ignorancia.

-Solo eso pudo tratar de ocultar el crimen de lesa humanidad que ocurrió, no sólo en México, sino en todo el continente, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego. -Siguió diciendo don Anatolio, con voz suave-. Debes de saber que el Capitalismo va a surgir en la Europa paupérrima de finales de la Edad Media, justamente cuando se “lograron capitalizar” a través de la explotación de la mano de obra esclava y la depredación y saqueo de los, -al parecer-, inagotables recursos naturales del continente. Con este robo Europa se hizo rica y los Mercaderes iniciaron la conquista del planeta.

-Los mayas poseían una ancestral cultura muy elevada y refinada, de eso no queda la menor duda. Y debo decirte que no eran solo los mayas. Desde el principio de la invasión, los colonizadores han “estudiado” a los pueblos y culturas invadidas, por “sus diferencias”, no por sus semejanzas. Así que los conocimientos de los mayas eran los mismos conocimientos de todos los pueblos del Cem Anáhuac. No es la cuenta del tiempo maya o el “Calendario Azteca”, es la sabiduría compartida y recreada por más de treinta siglos por una sola civilización, con muchas culturas diferentes en tiempo y espacio, pero todas unidas por una misma matriz filosófico cultural.

Esa sencilla y simple verdad calló como un misil dentro de mi corazón y averió sensiblemente mi concepción colonizada de la “Historia Oficial”. Ahora era don Anatolio el que esperaba que terminara mi catatónico silencio y me pudiera reponer.

Pasaron unos minutos y don Anatolio, empezó a relatar los memorizados manuscritos con un matiz diferente en su voz. En verdad, parecía como si don Anatolio fuera poseído por una fuerza o energía que ya empezaba a sentirse en la habitación. Así que continuó diciendo:

-Llegó el día en que debía de conocer al hombre sabio que me compró en Chetumal. Dos días antes, dejé de tener clases y me pidieron que estuviera en una habitación oscura, que estaba bajo tierra, en los cimientos de una pirámide. A pesar de no tener luz o ventilación aparente, el lugar se encontraba lleno de aire puro y estaba fresco. En el cuarto pequeño había una piedra rectangular, como de medio cuerpo de altura y un poco más larga que un hombre. Las bases de la piedra estaban profusamente labradas al igual que las cuatro paredes.

En determinado momento llegó por mí un hombre que estaba totalmente pintado de negro y blanco, sobre la piel se advertían las formas de los huesos teñidos con los pigmentos, como si fuera un esqueleto. Llevaba un pequeño incensario y una lámpara de tenue luz. Me pidió que lo siguiera y empezamos a caminar por unos complicados pasillos subterráneos, compartiendo el espacio con pequeños canales laterales que llevaban agua, lo que producía por la acústica un sonido muy melodioso del agua, y al final, empezamos a bajar por unas escaleras hasta llegar a un salón que estaba iluminado con pequeñas antorchas.

Me indicó que me sentara en un petate en el centro de la habitación y el hombre de la lámpara se retiró en seguida.

-Espera a que se abra tu corazón y se despierte tu entendimiento, dijo antes de partir. Pasó entonces un largo tiempo, hasta que de pronto escuché con claridad una voz dulce que me dijo.

-Bienvenido al inframundo, aquí, en el corazón de nuestra amada Madre Tierra. -La voz parecía que salía de las cuatro paredes y debido a la penumbra no ubicaba en dónde estaba la persona que me hablaba. Poco a poco empecé a percibir la silueta de un hombre sentado con las piernas cruzadas, sobre una loza de piedra a manera de estrado.

-Mi nombre es Jaguar de la Noche, soy el responsable de este recinto. El ser humano está rodeado de enigmas, -continuó hablando con voz dulce-, en el centro de un mundo misterioso, pero solo el “Verdadero Hombre”, puede escuchar a su corazón y los sonidos del mundo, para conocer los designios de “Aquél por quien se vive, el que es Noche Viento, el que está Aquí y allá, en todas partes al mismo tiempo”. Cada uno de sus hijos tiene una sagrada misión en la vida, porque Él, ha depositado en cada uno de nosotros una fracción de su infinito amor.

-Has de saber, que en estas milenarias tierras se han guardado los secretos de la humanidad. No es el único lugar. Existen varios “ombligos del mundo” sobre el inmenso vientre de nuestra Madre Tierra y todos están conectados entre sí, con lo mejor de los pueblos que conforman “este ombligo”, el del Cem Anáhuac, los hijos más conscientes y amorosos tenemos la responsabilidad de preservar los secretos del Universo y mantener el dialogo con nuestra Madre y sus hermanos del cosmos.

La vida humana en la Tierra, como todo, se encuentra sujeta a poderosos y misteriosos ciclos. Como el día y la noche, como el agua que baja convertida en lluvia y sube transformada en vapor. Así los humanos, vivimos ciclos cósmicos regidos e integrados por las fuerzas del Universo. Hasta ahora, hemos vivido cuatro humanidades anteriores y estamos en la quinta. El momento del cenit luminoso de nuestro Sol ha pasado, ya hace mucho tiempo. Estamos en la tarde de este ciclo y como tiene que ser, entrará la noche. Y es justamente por esto que el destino cruzó nuestras vidas.

-Has de saber que los Viejos Abuelos dejaron dicho que antes de que terminara la tarde de nuestro Quinto Sol, aparecería en estas tierras un hombre muy importante para nuestro destino, y que ese hombre sería llamado “el Jaguar Blanco”, la señal que lo distinguiría, sería que llevaría en su corazón a la Serpiente Emplumada. Cuando llegué al mercado en Chetumal, vi que tenías tatuada en el pecho la cabeza de la serpiente con alas, entonces comprendí de inmediato, que eras “el hombre de la profecía, “el Jaguar Blanco”.

Lentamente me llevé la mano a mi pecho. Me encontraba atónito, efectivamente, yo tenía tatuada la cabeza de un dragón con alas en el pecho. Sentí que se me aflojaban las piernas y que el estómago se desprendía. En Sevilla un moro, que decía que había estado en tierras lejanas por donde sale el sol, había aprendido el oficio del tatuaje y poseía diseños misteriosos. En aquella ocasión, al ver el dibujo del dragón alado mi corazón empezó a latir con fuerza. Parecía que se me salía por la boca. Quedé fascinado e hice que el sarraceno me lo tatuara justo en el corazón.
-Debes de saber que en estas milenarias tierras existe un legado de sabiduría, que todos nuestros pueblos, han ido acumulando y perfeccionando. Esta sabiduría fruto de la experiencia de la vida, se inició desde que se descubrió el arte de la agricultura, como la amorosa relación con La Madre Querida y la maestría de la alimentación que implica la magia de transformar la energía vegetal en energía humana. Siguió con los misterios de la medicina, como la develación del equilibrio energético y el arte de la educación, como la formación de “rostros propios y corazones verdaderos” en nuestros niños, y finalmente, el portento de la organización comunitaria, la sublime sabiduría de “mandar obedeciendo”. Las matemáticas y la astronomía han sido nuestra especialidad porque es un lenguaje divino, perfecto y exacto por todos compartido. A través de sucesivas generaciones y en muchos pueblos, no solo los mayas, hemos ido perfeccionando, decantando y compartiendo estos conocimientos que nos han permitido satisfacer, los desafíos que presentan el mantenimiento de la vida, la familia, la comunidad y el Universo. Lo más trascendente, es encontrar el camino para llegar a reunirnos con “Aquél por quien se vive”. Me refiero al sutil campo de trascender la existencia material. Para nuestros Venerables Maestros Toltecas, esto sucede cuando el ser humano llega a su máximo logro existencial, al convertirse en un racismo de “luz consciente”, que regresa a la fuente primigenia de esa Luz. -Jaguar de la Noche guardó unos instantes silencio, cerró sus ojos y comenzó, con voz pausada a relatar un “canto sagrado”.

Y comprueba el ritmo



de la luz blanca exacta

midiendo el conocimiento

y lo más precioso que encierra.

Porque Él es quien puede

ver en la oscuridad y

posee suficiente poder

para saber como

se crea la luz.

Y sabe el secreto de la armonía

y de todo lo que vive,

porque Él es el Men

que conoce el sonido de la luz

y del sonido sagrado”.

-Hace ya mucho tiempo que esta sabiduría llegó a su nivel más elevado,- prosiguió- y como todo en el mundo y la vida, vino su momento de decadencia. Nuestros Venerables Maestros se vieron en la necesidad de partir, pero nos dejaron dicho que esta sabiduría regresaría de nuevo entre sus hijos. “Ese tiempo, no es este tiempo”. Sin embargo, esa sabiduría es la que ha guiado a la mayoría de los pueblos y se ha mantenido de dos maneras entre sus hijos. Sobre la tierra que pisan a través de los usos y costumbres ancestrales. Y bajo la tierra, en el mundo del Señor y Señora de la Muerte, el inframundo.

-Esta sabiduría nació, a través de miles de años, de la observación de la naturaleza y de la mecánica celeste. –añadió con voz suave y pausada-. Y sabiamente, los Venerables Maestros, nos la han dejado en metáforas, de modo que con sólo ser un observador consciente del mundo, se pueden retomar esos conocimientos.

-Este recinto, en el que has vivido un tiempo y aprendido nuestra lengua, se llama “El Recinto del Jaguar Negro”. Como te has dado cuenta, no es una ciudad, ni una escuela y a pesar de ser tan grande, vivimos relativamente muy poca gente en el lugar. Como este sitio, existen otros que aún realizan su ancestral misión, para lo que fueron creados, en el Cem Anáhuac, muchos otros más, fueron abandonados y destruidos por el tiempo y por la selva. Esto sucedió cuando nuestros venerables maestros partieron de la superficie del mundo.

Debes de saber que en el origen de los tiempos de la Toltecáyotl, la primera mujer y el primer hombre, “los señores de nuestra carnalidad”, creados por “Aquél por quien vivimos”, tuvieron cuatro hijos, los portadores de la energía creadora. Esta historia la cuentan todos los pueblos del Cem Anáhuac, con sus particulares variantes, pero en esencia, la metáfora es la misma. Cada uno de estos hijos tuvo su “nahual” que fue un jaguar. El del Norte se llamó Jaguar Negro, también conocido como el espejo humeante, el guardián de la memoria y el recuerdo. El segundo, el del Este, llamado Jaguar Rojo, el guardián de la conciencia. El tercero fue el del Sur, el Jaguar Azul, llamado el guardián de “la voluntad de poder”. Y finalmente, el cuarto, el del Oeste, el Jaguar Blanco llamado el guardián de la Serpiente Emplumada. Los cuatro jaguares son portadores de la energía creadora que siempre debe estar en sagrado equilibrio. De esta manera podemos entender la metáfora como la energía Madre representada en el Jaguar de fuego, el jaguar de viento, el jaguar de agua y el jaguar de tierra. Los cuatro jaguares o sus nahuales, actúan en el tlaltípac juntos y cercanos como los dedos de la mano, para crear el mundo en el que vivimos.

-Esta es la Casa del jaguar Negro, nuestra misión es mantener viva la sabiduría de la Serpiente Emplumada. Sabemos, porque así lo dejaron dicho nuestros Venerables Maestros, que vendrán tiempos difíciles, “la noche del tiempo oscuro” se aproxima –dijo impasible- y, seguramente tiene que ver con lo que tu gente está haciendo en las islas de mar adentro y en las costas. Se acerca “el tiempo del no tiempo”. Sabemos, desde años, que nos están esclavizando y masacrando. Una absurda locura por el oro les ha hecho perder la razón y el alma. Sabemos que pronto llegarán hasta nuestras tierras y antes de que eso suceda, nuestros linajes se protegerán en lugares a los que ustedes jamás podrán llegar y menos conocer.

-Como parte de estas profecías, sabíamos de la llegada del “Jaguar Blanco”. Nuestro deber es darte la sabiduría ancestral y desaparecer de esta realidad. Partiremos a lo inconmensurable. Honestamente, no sabemos cuál es tu misión específicamente. Eso, tú lo deberás descubrir a través de tu “Poder Personal”. Esa es tu Batalla Florida. Confiamos en que lograrás cumplir tu misión.

-Por ahora te pondré en manos de un hombre de conocimiento, el maestro más antiguo en el recinto, quien tendrá la delicada misión de entrenarte en el Camino de los Guerreros de la Muerte Florecida. Tendrás que confiar en él, más allá de lo que humanamente, se puede confiar, tu vida y tu cordura, literalmente estarán en sus manos.

Conocerás la sabiduría más elevada de los Sagrados Misterios de la Serpiente Emplumada. En general, esta información ha estado oculta, aún en los luminosos días de gloria del Cem Anáhuac. El pueblo, “el ala y la cola”, desconocen esta compleja sabiduría, que es el fruto más preciado de nuestra civilización.

Necesitarás empeñarte con el corazón encendido y con toda la pasión de tus entrañas en esta tarea, requerirás de toda la disciplina, tendrás que ser mortalmente responsable, usando todas tus capacidades, tanto conocidas como las que vas a descubrir. Deberá nacer en ti, un intento inflexible y absoluto, una confianza ciega en tu impecabilidad. Tendrás que reducir a la nada tu ser actual y construir, al mismo tiempo, a un guerrero impecable y humilde. Esa enorme tarea la tendrás que realizar en muy poco tiempo. Estoy seguro que lo lograrás, y cuando termines, nos volveremos a ver en esta habitación. A trabajar, que “el tiempo del no tiempo” está por llegar.



V. CAPÍTULO. “El secreto de los seres conscientes”.

A la mañana siguiente, cuando abrí los ojos en mi habitación, sentí claramente una mirada penetrante, -que tal vez fue la que me hizo despertar-, de un rostro que claramente se definía en la pared. Cuando pude despertarme totalmente y enfoqué mi atención en la pared, me dio la impresión que el rostro vertiginosamente “se escondió” atrás del muro, entre los colores difusos producidos por la humedad. Yo sentí que alguien me observaba cuando dormía.

Después de ducharme y vestirme, empecé a darle vueltas a lo dicho la noche anterior por don Anatolio. Me vi envuelto en profundas dudas y contradicciones sobre todas las notas que había tomado. Estaba confundido, me resultaba difícil, en principio, creer que los mayas tuvieran un conocimiento tan profundo del destino. La amenaza de la llegada de los europeos, realmente no requería ningún saber extraordinario. Era lógico, con la comunicación eficiente que tenían entre los pueblos y culturas. Siempre nos han hecho creer que aquí, antes de la invasión, existían pueblos aislados y fragmentados culturalmente, como un gran archipiélago inconexo, que los europeos unieron con la espada y la cruz. Pero al pensarlo bien, los mayas aparecen en todas partes del Anáhuac, sea en Cacaxtla, en Tlaxcala; Xochicalco en Morelos o en Daynzú en Oaxaca.

Me intrigaba “ese conocimiento milenario”. Hemos aceptado –por la colonización-, que nuestros antepasados no tuvieron un milenario conocimiento, que sólo tenían una sangrienta religión politeísta a diferencia de las civilizaciones de China e India, que son tan antiguas como la nuestra, y donde se reconoce ante todo, su filosofía. Sin embargo, pensándolo bien, existe una línea de pensamiento común y compartido entre todos los pueblos del Anáhuac, no solo en lo filosófico, calendárico, matemático, etc., sino en algo que es obvio y que extrañamente no reparamos en ello.

Todas las civilizaciones antiguas del mundo construyeron pirámides, sin aparentemente ponerse de acuerdo. Todas contaron con una sólida y sabía estructura de conocimientos que occidente llama “filosofía”, es decir, que todos los pueblos amaron la vida y la sabiduría, y buscaron desentrañar sus secretos y misterios. Los chinos y los indios, -en China y en India-, que son pueblos tan antiguos como los nuestros, fundamentan -hasta la actualidad-, su existencia en sus milenarios conocimientos. Nosotros no lo hacemos. Más aún, los tratamos de destruir y menospreciar, como dice Enrique Krauze, solo es “un mítico pasado precolombino”.

Esperé con impaciencia el encuentro con don Anatolio por la noche. Al llamado discreto y puntual de Caralampio, me dirigí a la biblioteca. En el camino me sentí “observado”. No era un sentimiento negativo o que me inspirara miedo. Por el contrario, cada día la casa me parecía más familiar y acogedora la vieja casa, parecía como si tuviera vida propia.

Sentado en su gran sillón estaba mi anfitrión. Parecía una escultura en alabastro, sus facciones no semejaban en absoluto a los mayas. Cuando todo estaba listo para escucharlo, don Anatolio inició la conversación.

-La historia del marinero español que naufragó en las costas de lo que hoy es el estado de Quintana Roo, muchos mexicanos la desconocen, de hecho, a la gente común la han enseñado a no tener necesidad de conocer su pasado ancestral, vamos ni siquiera el pasado más reciente. El mexicano sufre de una “amnesia total”, un mal provocado a propósito para poder manipularlo y neutralizarlo. Por eso a muy poca gente le ha importado esta interesante historia que debería ser la base del supuesto país mestizo en el que vivimos. Mi familia ha guardado celosamente la historia todo este largo tiempo.

Supongo que mi abuelo y mi padre, “modificaron” de un castellano del siglo XVI al español del siglo XXI, en el que lo estoy relatando, ha cambiado la forma, pero no el fondo. Mi padre estaba totalmente convencido que el documento lo había escrito “de puño y letra”, Gonzalo Guerrero y desde niño me motivó, no sólo a aprenderlo, sino a estudiar la historia. Mi familia no es maya, pero a estas alturas tampoco es española, ni francesa o libanesa. Realmente no sabemos qué somos, pero eso no tiene importancia, de ello sólo se ocupa la gente ignorante y racista. Porque lo importante es, qué es lo que uno quiere ser. Ahí tiene usted al mexicano más universal, un indígena zapoteco, Benito Pablo Juárez García.

Y en ese sentido, mi abuelo le inculcó a mi padre y él a mí, un gran amor a la raíz ancestral de nuestra cultura y de nuestra identidad como país. Somos mestizos culturalmente, como la mayoría de los países del mundo, pero resulta indiscutible que la base o los cimientos de este valioso mestizaje vienen de los pueblos y culturas originarios. También, es indiscutible, que la gran mayoría del pueblo de México tiene, cultural y biológicamente en la cultura Madre, la base de su ser, su raíz más profunda.

El problema de este país, es que desde 1821, nunca se ha tomado en cuenta la herencia cultural de la civilización Madre y a sus descendientes sanguíneos y culturales. Las decisiones y el poder siempre han estado en manos de un puñado de gente que ve con desprecio o indiferencia a la civilización Madre y a sus descendientes. Durante todo el siglo XIX y más allá de la mitad del siglo XX, la gran mayoría del pueblo tuvo un origen indígena y campesino. Apenas en 1970, el setenta y cinco por ciento de la población de México vivía en el campo. Este flagelo de no tomar en cuenta a la mayoría de los habitantes del país, en el diseño y construcción de la patria, nos ha llevado a vivir la crisis actual. El origen de la crisis es de carácter histórico y cultural. Se ha excluido lo esencial y valioso de nuestra civilización Madre en la conformación del país. Debo de decirle que mi padre me envió a estudiar a Europa y como puede ver en mi biblioteca, me volví un autodidacta y especialista en la historia de México.

La explicación de don Anatolio le dio otro enfoque a la transmisión de los manuscritos. Justamente era esa aparente inconexión, entre quien estaba narrando una historia del siglo XVI y quién, supuestamente, la había escrito. Don Anatolio era un experto, con alta educación académica y sin embargo, crítico de la “Historia oficial”. La historia me empezó a atrapar con mayor fuerza.

Estaba ensimismado en mis pensamientos, cuando don Anatolio empezó a relatarme la historia de los manuscritos, parecía transformado en otra persona.

Y volvió a posesionarse de él, la voz del Jaguar Blanco y habló:

-Comenzó entonces una nueva etapa en mi formación en “El Recinto del Jaguar Negro”. Mi maestro se llamó Jaguar de Luz, todos los maestros tenían el título de “Jaguar” y un segundo nombre por su destino. No podría decir qué edad tenía, en momentos aparentaba ser muy anciano y en otros, ser un joven disfrazado de anciano. Su carácter era apacible, severo y firme, pero agradable y tierno. Gracias a la lengua, su enseñanza fue directa, aunque, llena de metáforas que no obstante lo poéticas eran claras y objetivas.

Lo primero que me dijo fue, que el objetivo de la ancestral enseñanza que me iba a trasmitir, se basaba en dos áreas. La primera tenía que ver con la parte intangible de mí ser, con las ideas que tenía de mí y del mundo en el que vivía. Un área muy compleja relacionada con la “percepción”. La segunda área tenía que ver con la parte tangible de mi ser, es decir, mi cuerpo y su meticulosa disciplina para encontrar una perfecta armonía entre lo que pensaba y lo que hacía. El objetivo era encontrar el perfecto equilibrio y armonía entre una y otra, para encontrar “la quietud y el balance interior”. Los Venerables Maestros metafóricamente a la primera la relacionaron con el quetzal y la segunda con la serpiente. Como el tatuaje que se ve en la parte izquierda de tu pecho. –Dijo, señalando con el dedo índice mi pecho.

La enseñanza en el campo de la serpiente se realizará a través de ejercicios y tareas que tendrás que cumplir, hasta que hayas logrado templar tu voluntad inflexible, y poner a punto tu cuerpo y tus sentidos. La enseñanza en el campo del quetzal será más abstracta y trabajaremos campos de percepción energética del mundo y de la vida.

El objetivo de la enseñanza del quetzal era que yo pudiera percibir la riqueza y diversidad de lo existente en mí alrededor. Que me diera cuenta que existían muchas realidades o “mundos” en este mundo o en esta “particular realidad”. Que el mundo estaba constituido, en su esencia más pequeña, en un inconmensurable universo de pequeñísimos filamentos de energía, que al agruparse constituían cargas energéticas. Que el ser humano era un conglomerado de esas cargas y que a su vez, podía “percibir” a un número limitado de esas cargas a las que llama “su mundo o realidad”, pero que coexistían otros campos que no podía percibir, constituyendo la totalidad de “su realidad”.

Lo maravilloso del ser humano, no solo consiste en que es energía, sino que, su mayor logro es que puede producir la energía más pura del Universo. El ser humano es un creador de energía. La misión que tenemos como humanidad es producirla, ya que a su vez, es alimento de otros conglomerados energéticos mucho más elevados y complejos. Así de sencillo y demoledor para el ego humano que se creé, de manera natural, la parte más elevada de la creación. Por esta razón el ser humano está directa y totalmente vinculado con el Universo, y por tal, la inmensa responsabilidad de mantener el equilibrio.

A lo largo del tiempo humano se han creado “los seis Ombligos de la Tierra”, donde los seres humanos y el planeta han armonizado sus energías para producir niveles de consciencia en un selecto grupo de personas que pueden llegar, por métodos muy complejos y casi imposibles de logar, a un nivel de consciencia mucho más desarrollado y pasar a otro nivel de percepción y acción energética.

Mi maestro me informó, que me sería dada, una parte muy limitada de la instrucción para lograr esos elevados estadios de consciencia. Que mi caso era muy especial, porque en general, las personas que se preparan en estos centros de estudio e investigación, eran seleccionadas desde que nacen. Esto, debido a su “conformación energética”, y que, durante la primera infancia, eran observados y si poseían las características indispensables, en la adolescencia ingresaban para dedicarse por completo a esta formación que terminaba, un instante, antes de perder la conciencia, el cual no era mi caso, ya que llegué adulto a estas tierras.

A los estudiantes de estas instituciones se les llamaba “Guerreros de la Muerte Florecida”. Porque, se preparaban para enfrentar, como inmaculados guerreros, al enemigo más difícil de vencer en la vida. Cuando se lograba vencer a este terrible enemigo, se lograba “florecer el corazón” y se daba como un alimento espiritual a la comunidad, “el alimento sagrado”. Se convertían en “frutos florecidos de la humanidad”. El enemigo a vencer era la parte oscura de cada ser humano, que se atrinchera en el ego. Esa parte que nos arrastra por medio de la ignorancia y la estupidez, a pasar por alto la oportunidad del “estar vivos y ser conscientes” y poder trascender.

Para desarrollar esa formación a lo largo de toda una vida se le llamó, “El camino del guerrero”. Para seguir ese camino se requiere “un ánimo”, una actitud. Eso es justamente lo que me enseñó mi Maestro Jaguar de Luz. Durante cuatro años en El Recinto del Jaguar Negro, aprendí a disciplinarme internamente, a hacerme responsable de todas las decisiones y actos que realizaba, a mantener la atención y la concentración total a cada minuto, en cada paso, en cada palabra, a mantener un intento inflexible en todo cuanto hacia y no perder la dirección de mis acciones. Aprendí a vivir en equilibrio y a utilizar eficientemente mi energía.

Pero sobre todo, aprendí a no esperar recompensa alguna por lo que hacía. El camino del guerrero se recorre sin miedo a perder o ambición a ganar. Nada es importante ante el ineludible encuentro con el Señor de la Muerte, de modo que lo único válido, en este tiempo tan corto de vida, es el poder de nuestras decisiones. En mi caso, era el aceptar la enseñanza humildemente y enfrentar mi destino, cualquiera que éste fuere.

Trabajé intensamente, durante cuatro años, los cuatro rumbos de la existencia, para encontrar el equilibrio. Tanto en el área de la razón o mundo concreto, como en su contraparte, el área de la intuición o mundo abstracto. Y con este par de opuestos complementarios, seguí con el segundo, encontrar el equilibrio entre la parte espiritual y la parte material. Finalmente se logró el equilibrio entre el quetzal y la serpiente y ésta, remontó el maravilloso vuelo a lo inconmensurable.

Jaguar de Luz me enseñó a través de muchos ejercicios y conversaciones, que lograr “el equilibrio”, era la parte básica del conocimiento milenario. Me explicó que esta sabiduría ancestral fue producida y recreada por todos los pueblos del Anáhuac a través de varios milenios, su nombre en la lengua náhuatl, -la lengua franca de la civilización-, es Toltecáyotl. Desde el inicio de los tiempos, cuando se inventó la milpa y el maíz, pasando por su momento más exaltado y luminoso, hasta su ocaso, en el que se vive hoy, esta sabiduría les enseñó el equilibrio justo y con medida, para satisfacer el sustento y la salud del cuerpo, la educación del rostro y el corazón, la organización y equilibrio en la comunidad, y con todos los pueblos del Anáhuac y los demás hermanos, los seres vivos con los que compartimos el mundo.

Fueron cuatro años muy intensos, llenos de fatiga, dolor, miedo, de mucho trabajo, práctica y ejercicios de sol a sol, pero también, con grandes satisfacciones al encontrar el “punto medio”, el equilibrio, el refrenamiento, explorar las increíbles capacidades desconocidas del cuerpo humano, la mente y la percepción.

En todo este tiempo también descubrí la forma de vida de los mayas, sus valores y principios, su humanidad bondadosa, basada en que por siglos, todos, sin importar su posición, por obligación se formaron en el sistema de educación pública durante su infancia y gran parte de su adolescencia. Ellos viven el concepto de “yo soy otro tú, tú eres otro yo” en la vida familiar y comunitaria. Su cultura jamás desarrolló un conocimiento para explotar a los seres humanos y la naturaleza, nunca inventaron armas ni su sociedad era guerrera, no permitían la propiedad privada, la iniciativa privada, ni usaban dinero, desarrollaron a profundidad la comunalidad y las decisiones de la comunidad se tomaban en asamblea y por consenso. Pero lo más interesante, es que el “propósito de vida de la comunidad, era de carácter espiritual.

Eso fue lo que más me impresionó, porque yo venía de una cultura de la individualidad, totalmente guerrera, en la que, desde el origen de nuestros tiempos, todo había sido guerras, saqueos y destrucción de ciudades y despojo de territorios y ganancias comerciales. De una religión ajena a mi cultura, creada por otro pueblo, y a la cual fuimos intolerantes. Con reyes y señores feudales explotadores y despiadados con sus pueblos. Con una iglesia intolerante, explotadora que basó su poder en el miedo y la ignorancia. Pero sobre todo, una cultura con una ambición desmedida por el oro, la riqueza material y el desprecio por la vida. Eso fue, lo que más me impresionó y me hizo ver a los mayas y su vida, como una oportunidad y un lugar muy valioso para vivir. Una forma diferente, aprendí a ver al ser humano como hermano, al igual que todos los seres vivos con los que compartimos este tiempo y este espacio. Entendí en lo más profundo de mi ser, el antiguo concepto maya de “ser igual y emparejarme” con todo ser vivo con el que comparto este tiempo y este espacio.

Finalmente llegó el término de mi preparación en el Recinto del Jaguar Negro. Mi maestro se despidió de una manera muy sencilla, deseándome mucha suerte en mi próxima responsabilidad. Sólo me pidió que dedicara un día a despedirme del recinto que me había albergado y dado lo mejor que poseía. “Recuerda que todo tiene vida, -me dijo Jaguar de Luz-, estos centenarios edificios han recibido la energía de miles de Guerreros de la Muerte Florecida que aquí se han formado. De modo que como guerrero impecable, tienes que agradecerles su hospitalidad y su energía”. De modo que me despedía agradeciendo a cada edificio su generosidad. En la noche, inexplicablemente me sentía “mucho más ligero” y con mucha energía y alegría interior.

A la mañana siguiente, me llevaron de nuevo a la cámara subterránea en donde me recibió el Venerable Maestro Jaguar de la Noche. Con su voz dulce y apacible de dijo, -“Seas de nuevo bienvenido al inframundo, donde todo termina y nace todo. Para nosotros la muerte es el inicio de la vida. No puede haber vida sin la muerte. Todo en el universo se constituye de un par de opuestos complementarios. “Aquél por quien se vive”, nos enseña esta importante verdad, justamente con lo más vital que es para nuestro pueblo el maíz, la base de nuestro alimento, la energía y la vida. El maíz nace y se desarrolla en la milpa, las manos amorosas del campesino lo llevan a su casa y lo protegen hasta que madure. Finalmente, el maíz tiene que morir y es “enterrado” en el seno de nuestra Madre Querida para poder “re-nacer”, para dar más vida. Todo es un conjunto interminable de “ciclos sin fin”.

Los guardianes del Recinto del Jaguar Negro te llevarán a Chetumal, porque aquí, tu breve ciclo ha terminado. En la ciudad te recibirá su dignatario, Viento del Mar, quién te permitirá incorporarte a la comunidad, mientras descubres el motivo de tu misión. Nosotros hemos cumplido con nuestra responsabilidad, ha sido un honor tenerte en este ancestral recinto de sabiduría.

El hombre se levantó, me abrazó de manera cálida y al mismo tiempo, vigorosa. Sentí, de alguna manera, que me trasmitía una poderosa corriente de energía.

VI. CAPÍTULO. La Sabiduría Perenne.

Esa noche salí muy tarde de la biblioteca, fue casi al amanecer que pude conciliar el sueño. Cada vez, después de la entrevista con don Anatolio quedaba más impresionando con la historia de los manuscritos. Era como si se moviera algo en mi interior que jamás imaginé existiera, sentía que era algo vital. Me levanté muy tarde al escuchar la pequeña campana del comedor, con la que Caralampio me anunciaba que la comida estaba lista. Como como siempre, comí solo en ese gran salón, con sus techos altos y descarapelados.

Seguía impactado con el “descubrimiento” de esa sabiduría ancestral. Cómo era posible que durante toda mi vida, y habiendo visitado las zonas arqueológicas más importantes del país, nunca me había cuestionado que debió existir lo que hoy llamamos “filosofía” para desarrollar un proyecto, tan amplio geográficamente y con tantas construcciones impresionantes. Porque resulta muy colonizado aceptar que esas mega construcciones fueron templos, palacios, fortalezas o ciudades en donde vivían “reyes, reinas y princesas” esclavizando a un pueblo ignorante y fanático, que hacían sacrificios humanos y adoraban al agua, al sol y al viento. Resulta verdaderamente incoherente, mal pensado y fantasioso el grotesco discurso eurocéntrico.

Lo que me acababa de contar don Anatolio, le da sentido al esfuerzo civilizatorio por construir tantos centros de estudio a lo largo de los siglos, que en general, independientemente de la cultura que los edificó, guardan características afines, como pirámides truncadas, patios cuadrados con cuatro habitaciones o cuatro pirámides, o patios rectangulares con edificios a sus costados, juegos de pelota, que ahora se sabe con base a las investigaciones del Instituto Politécnico Nacional, a través del ingeniero Felipe Lira Montes de Oca, que eran edificaciones para observar la mecánica celeste.

Y ese es el punto fundamental, cuando vamos a una zona arqueológica, vamos en busca de un civilización primitiva, guerrera e idolátrica, como nos describió Cortes en sus Cartas de Relación. Con altares chorreando sangre y feroces guerreros matándose unos a los otros. Jamás vamos en busca de la presencia espiritual que sigue presente en los vestigios materiales de un increíble y milenario proyecto civilizatorio sustentado en la transformación de la energía y la exploración de las inconcebibles capacidades humanas, gracias a la templanza espiritual y voluntad de poder interior que, durante por lo menos diez siglos, permitió el más elevado grado de desarrollo humano en la historia del planeta.

Entre los libros que había llevado al viaje estaban, Pensamiento y Religión en el México antiguo, de Laurette Séjourné; México Profundo una civilización negada, de Guillermo Bonfil Batalla; Olmecas: Esencia y Fundación, de Rubén Bonifaz Nuño; Aprender a Escuchar, de Carlos Lenkersdorf; e Historia Verdadera del México, Profundo de Guillermo Marín. Estos libros los había estado leyendo a través del tiempo, como lecturas aisladas e inconexas, especialmente por mi gusto por la lectura y por mi trabajo, en donde a lo largo de muchos años he ido entrevistando a escritores y haciendo comentarios de sus obras para el periódico.

Sin embargo, en mi inconsciente, estas lecturas se fueron integrando como una misteriosa red de conocimientos muy precisos que me permitieron de súbito, “armar el rompecabezas”. Cuando tomé los libros de mi estudio, sin pensar, los fui seleccionado casi en automático, y en la casa de don Anatolio, -al verlos encima de la mesa de trabajo-, me empecé a dar cuenta de su importancia. Las lecturas “se unieron” y me permitieron tener un ángulo diferente para percibir los Manuscritos Sagrados del Jaguar Blanco desde una visión descolonizada.

El puntual llamado de Caralampio me tomó cuando revisaba los libros y de inmediato tomé mis cosas y me dirigí a la biblioteca, seguí el caminar silencioso de mi guía, entre las misteriosas paredes que me observaban. Como en todos los encuentros, don Anatolio me recibió con una solemnidad histriónica, apoyada escenográficamente, por la vetusta biblioteca y la penumbra que la envolvía en una atmósfera misteriosa y solemne.

Después del cordial y discreto saludo, le comenté a don Anatolio la profunda impresión que me había dejado el asunto de la sabiduría ancestral de los mayas, y el por qué se ha mantenido en la clandestinidad, finalmente, quería saber si todavía existían personas que poseyeran y enseñaran estos conocimientos.

Don Anatolio cerró sus grandes ojos y acarició su escasa cabellera. Se me quedó mirando fijamente y después de unos minutos contestó.

-La sabiduría de los pueblos mayas sigue viva y presente de dos formas. En la vida cotidiana de los pueblos, en sus tradiciones, fiestas, usos y costumbres. Y por supuesto, en un muy reducido y selecto grupo de personas de conocimiento. Ellos se mueven en un mundo invisible para la modernidad, no quiere decir que no existan. Siempre han estado ahí, observando todo y nadie es capaz de verlos. Justamente por eso son invulnerables, ellos tienen el conocimiento, el tiempo de su parte y la libertad ilimitada de ser desconocidos para la gente común y la cultura dominante.

Pero como los mayas, todos los pueblos llamados indígenas, de México y del mundo mantienen el conocimiento y la sabiduría humana. Lo que sucede es que “la modernidad”, que inició en 1492, ha tratado de borrar toda “la tradición” e impone una visión del mundo, pero sólo del “mundo europeo” y a esa reducida visión del mundo le han catalogado como “universal”. De modo que lo que no es europeo, no es universal, pasando a ser solo “regional” y por tal, menor e insignificante. La modernidad ha implicado la negación de “lo propio” y la exaltación de “lo ajeno”, lo mismo en México, que en la India o en el Congo.

En esa limitada y eurocéntrica “universalidad”, la sabiduría ha sido excluida y se ha impuesto la ciencia como producto del avance de “lo universal/europeo”. Pero la ciencia, la sabiduría y la espiritualidad han formado armoniosamente la sabiduría ancestral del ser humano en la Tierra. En Egipto, Mesopotamia, China, India, el Tawantinsuyo en la Zona Andina, y el Cem Anáhuac, desde Nicaragua hasta el Norte de Estados Unidos, miles de años antes de la era han existido corrientes de pensamiento, en donde la sabiduría, la ciencia y la espiritualidad han ido integralmente de la mano en busca del más elevado estado de conciencia para trascender la dimensión material de la vida y del mundo.

Esa es la diferencia de la ciencia eurocéntrica que apenas inició en el Siglo XVII, con el objetivo de “conocer para explotar” económicamente los recursos y fenómenos naturales. La ciencia eurocéntrica se enfoca solo a la parte material o física del mundo y tiene una base pragmática, utilitarista y económica. Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, iniciaron un camino de deshumanización de la ciencia, en donde se excluyó la sabiduría con ayuda de la alta jerarquía religiosa. En menos de cuatro siglos la ciencia se ha convertido en el verdugo de la humanidad, porque está al servicio de los poderosos, sirviéndoles para oprimir, explotar y depredar a través de la tecnología, las armas, la industria, el comercio y la comunicación. Gracias a la ciencia moderna sin sabiduría, cientos de millones de personas viven en un estado de esclavitud, como nunca antes se había dado en la historia de la humanidad. A tal punto es este problema que la vida, no solo la humana, está en peligro, incluyendo al planeta mismo.

La sabiduría humana no se ha perdido, se requeriría la extinción total de los seres humanos para que desaparezca. La sabiduría y la espiritualidad, son los logros más importantes de la especie humana. Por alguna razón misteriosa, la sabiduría humana ha estado oculta en gran parte del planeta en los últimos siglos, pero eso, es algo temporal y está sujeta a ciclos en la historia de la humanidad. La espiritualidad ha sido suplantada por la religiosidad y en los tiempos modernos por la ciencia. Según los antiguos anahuacas, estamos viviendo el quinto ciclo de evolución y nos dejaron dicho que al terminar este ciclo, llegará el sexto y último, donde se alcanzará el equilibrio.

Lo sorprendente, -afirmó don Anatolio-, es que nuca hayamos reparado en la existencia de una sabiduría ancestral en el Anáhuac, que tuvo por lo menos tres y medio milenios de vida continua y productiva, que fue compartida de manera plural y diversa por múltiples pueblos y culturas en un amplio territorio, tal vez, la mitad del continente, y que, sigue viva en muchas formas en los pueblos y culturas indígenas y campesinos de lo que fue el Cem Anáhuac. El problema es que desde que pisaron los europeos las tierras del Anáhuac, muy pocas veces se trató de ver “al otro” como “igual y diferente”, solo se le subsumió en lo conocido y por ello nos confundieron con los habitantes de la India. Partiendo de la premisa de que nuestra civilización era producto del “demonio”, se le trató de destruir. Nunca ha habido una actitud seria y honrada conocer y aprender de la civilización Madre. Siempre se le ha visto como “inferior y atrasada”.

Esta es la razón por la cual, Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco, son tan importantes. Porque es el testimonio de un europeo que abrió su mente y su corazón a la cultura de la tierra que lo salvó y le dio la oportunidad de vivir la mejor parte de su vida. Que no sólo vio como iguales a los otros, sino que aprendió de ellos, y se enamoró y creó a la primera familia del continente entre un español y una anahuaca. Además del hecho de que de ese amor y de ese hogar, nacieron los primeros mestizos de lo que hoy es México. En sus manos estamos toda mi familia y el que le habla, depositando una verdad, que ha sido escondida vilmente durante cinco siglos, pero que es el momento de difundirla entre todos los mexicanos. Usted ha sido el escogido y ahora en usted está la responsabilidad. No se pregunte por qué fue usted el escogido, debe cuestionarse, el cómo lo va a lograr.”

Quedó la biblioteca en un largo silencio. No sé, si don Anatolio esperaba una contestación o era el preámbulo para iniciar el relato. Esperé prudentemente, me sentía abrumado.

-Caminamos diez días en la selva hasta llegar a Chetumal – empezó a hablar posesionándose de él, el Jaguar Blanco-. Mis guías y acompañantes eran más bien mis guardias protectores. Mi cuerpo y mi piel se habían adaptado totalmente al clima húmedo y caliente, así como a la selva. Gracias a la estancia en El Recinto del Jaguar Negro, mi cuerpo se había fortalecido y poseía una elasticidad felina. Mi mente estaba despierta y alerta, había logrado dejar de pensar en todo lo que se cruzara por mis ojos y mi mente había asumido una actitud de serpiente. Podía abstraerme en medio de una multitud o escuchar en una multitud el canto de grillo. El logro más difícil fue aprender a dejar de usar la mente, mantenerla como una serpiente, inmóvil y presta a lanzar el súbito ataque fulminante del pensamiento. Por fin dejé la mente de changuito, que está en todo y en nada al mismo tiempo. En síntesis, aprendía a dominar la mente y el cuerpo y dejar fluir hacia el espíritu.

Era el año de 1515 del calendario cristiano cuando llegué a Chetumal,-continuo don Anatolio, poseído- mis acompañantes me llevaron ante el responsable de la comunidad. En general, las congregaciones eran puntos administrativos y religiosos en donde vivía la gente encargada de las funciones de administrar e impartir justicia. La gente se organizaba a través de un clan familiar en un caserío distante de los centros administrativos y más cerca de sus milpas y trabajos agrícolas. De modo que no existían las ciudades como la de los cristianos o los moros. La gente vivía muy bien organizada pero dispersa en el campo, interconectada por excelentes caminos. De este modo varias familias se organizaban en torno a un responsable que se apoyaba en un consejo de ancianos de comprobada eficacia en el servicio a la comunidad. El jefe de familias, a su vez se coordinaba con varios similares a él, en este punto, existía un gran consejo compuesto de ancianos que habían sido eficaces jefes de familia y el consejo a su vez, escogía a dos jefes de familia para que actuaran coordinadamente como “el organizador” y el otro como “el administrador” del conjunto de clanes familiares de una región.

Todos los problemas de las familias se trataban en asamblea, fuera de carácter familiar o comunitario. Los responsables citaban a la asamblea, se ponían a consideración los problemas, la gente opinaba y se tenía que llegar a un consenso. De esta manera piramidal se tomaban las decisiones, grandes o pequeñas, en donde todos participaban, opinaban y tenían que llegar a consensos, de no ser así, se volvía a citar a otra asamblea.

Después de una espera de cuatro días, fui recibido en un gran salón por el responsable de la comunidad y su consejo de ancianos. El jefe de mis guardianes tomó la palabra e hizo un detallado relato de los hechos desde el naufragio hasta la presentación ante él. Finalmente a nombre de Jaguar de la Noche, se le solicitaba su ayuda para que encontrara la luz en mi camino en mi estancia en Chetumal.

Viento del Mar era un hombre sabio y prudente. A pesar de ser la máxima autoridad, era muy humilde y de un trato muy sencillo. Era muy respetado y admirado por la gente de Chetumal y sus confines. Me tomó en su custodia y me mandó a La Casa de los Guerreros, a capacitarme en la instrucción militar y a trabajar en las tareas para la comunidad, que en general consistían en la construcción y mantenimiento de edificios públicos, caminos y cenotes, así como el trabajo agrícola en los terrenos para el servicio y mantenimiento de los gastos del gobierno y los templos.

Poco a poco me fui integrando a la vida y al ritmo de la comunidad. Cada cinco días, por las tardes, iba a la casa de Viento del Mar, donde tenía largas pláticas sobre la forma de vivir de mi gente y la suya. Con mucha paciencia me explicaba los usos y las costumbres de su pueblo, y al mismo tiempo, preguntaba sobre la forma de vida de los cristianos. Se sorprendió cuando le conté que lo que estaba sucediendo en el Anáhuac, es decir, la invasión de los castellanos, lo mismo estaba sucediendo en mi tierra, en dónde los pueblos originarios fueron también sometidos a sangre y fuego, con la espada y la cruz, desde 1492 por los castellanos. Matando a las autoridades ancestrales e imponiendo nobles de Castilla. Que también perseguían a las personas que tenían, por siglos, la religión musulmana, arria o judía. Le expliqué a Viento del Mar que no era nada nuevo lo que los castellanos estaban haciendo en el Mayab. Una de las cosas que me costó más trabajo, fue explicarle lo que significaba el oro, el comercio y el atesoramiento de los cristianos. Como Viento del Mar se formó en El Recinto del Jaguar Negro y también había sido discípulo de Jaguar de Luz, nos permitía tener otro nivel de conversación, lo que además nos hacía sentir una velada hermandad.

En una de las visitas a la casa de Viento del Mar, me atendió su hija mayor, de nombre Agua Cristalina, en virtud de que su padre, por su alta responsabilidad, tuvo que salir de improviso. Desde el primer momento que la vi, algo profundo pasó en mí ser. Como un relámpago se activó todo mi cuerpo y me puse en estado de alerta. Más allá de su belleza, Agua Cristalina poseía una energía, que al contacto visual, me activaba un estado de conciencia muy especial. Supe en ese mismo instante, que ella, era “la mujer de mi vida”. Lo mismo le sucedió a Agua Cristalina. Los dos quedamos en silencio e inexplicablemente los dos empezamos a llorar, sin decir una palabra. Sabíamos que finalmente nos habíamos encontrado y que nuestro destino estaba sellado.

Nunca en mi vida había sentido tanta fuerza que arrollara mi corazón de esa manera, hasta desbordarlo. Había algo más grande y fuerte que la simple atracción entre un hombre y una mujer. Al tiempo, Viento del Mar se dio cuenta de lo que sucedía entre su hija y yo. Agua Cristalina siempre encontraba la manera de aparecer discretamente cuando visitaba a su padre, y sin cruzar palabra alguna, los tres sabíamos que existía algo muy grande, que era muy superior y que muy pronto nos iba a desbordar. Ante esa inmensa fuerza Agua Cristalina y yo, éramos como dos corchos en el mar en medio de una tormenta.

Los mayas poseían una educación muy diferente a la de los cristianos, en principio su religión, aunque sumamente estricta era muy tolerante, no existía el pecado original, la práctica era familiar y comunitaria, las relaciones entre el hombre y la mujer eran abiertas y de iguales. Otro aspecto muy importante era que la mujer poseía igualdad en la comunidad. Los niños eran muy queridos y eran el centro de la atención familiar y comunitaria. Los ancianos ocupaban un lugar preferencial.

La escuela era obligatoria y gratuita, no importaba el rango jerárquico, todos los niños, de cualquier familia tenían la obligación de estudiar en las escuelas, donde los preparaban según sus capacidades, disciplina y responsabilidad, para ser ciudadanos con una personalidad sustentada en valores éticos muy elevados y una moral fundamentada en estrictos principios donde el respeto, la honestidad y la solidaridad, eran la base de los valores comunitarios, haciendo especial énfasis en el servicio a la comunidad. Los ancianos ocupaban también un lugar muy importante. Eran muy queridos, apreciados y escuchados, tanto de manera familiar como en la comunidad, especialmente aquellos que habían servido con eficiencia.

Como no existía la propiedad privada y el dinero, además de que el estatus se ganaba en “el servicio a la comunidad”, las relaciones entre las personas y familias se daban en términos de comunidad y no de individualidad, de cooperación en vez de competitividad, de cordialidad en vez de rivalidad. La solidaridad y la conciencia comunitaria eran muy valoradas y desarrolladas. Esto creaba una atmósfera de igualdad y armonía que era un valladar para la natural torpeza y las siempre conflictivas relaciones humanas. No es que fuera una sociedad perfecta, sino que las condiciones generales reforzaban al individuo a buscar la virtud y la perfección, aunque como siempre, en la especie humana la inercia de la materia arrastra al ser humano a la estupidez existencial.

Cuando un miembro de la comunidad cometía un error o un delito, era juzgado por la asamblea si el error era menor, pero si era por un delito mayor, entonces era juzgado por un tribunal para tal efecto. En muy raras ocasiones el castigo era corporal o con prisión. En general los castigos consistían en reparar el daño y trabajo para las necesidades comunitarias. La reincidencia era severamente castigada hasta con el destierro definitivo o por un tiempo limitado. La comunidad asumía el error o el delito como propio, no de manera personal, porque cada individuo era responsabilidad de la comunidad por no haberlo educado de manera eficiente.

Mi vida en La Casa de las Águilas y los Jaguares era muy exigente y estricta. Todos los pueblos del Anáhuac desarrollaron una enseñanza a través de un linaje común, conocido como el de los “Magnos Artistas”, el cual, en el periodo de mayor esplendor creó un sistema de enseñanza que comenzaba con la selección de los candidatos desde que eran muy jóvenes a partir de su composición energética. En la primera parte de esta enseñanza, los candidatos eran llamados simbólicamente “cazadores”, porque cazaban conocimiento en las escuelas de formación. Cuando adquirían el conocimiento necesario y eran avalados por sus maestros, pasaban a ser “guerreros”, porque enfrentarían la lucha más difícil que un ser humano puede enfrentar con el “enemigo interior”, a esta lucha le llamaron “batalla florida”, sus armas eran el equilibrio y la sabiduría, metafóricamente llamadas “flor y canto”. Cuando esos guerreros después de muchos años de perfeccionamiento y trabajo interior, llegaban a poseer el control total de su ser, pasaban a ser Magnos Artistas, es decir, habían logrado crear la mejor obra de un maestro, la conciencia total.

Sin embargo, algo misterioso sucedió y esos Magnos Artistas, los Venerables Maestros del dominio interior se marcharon de este mundo porque había concluido su ciclo, pero dejaron dicho que regresarían al acabar el Quinto Sol. De esto, ya mucho tiempo ha transcurrido. Comenzó el declive y hoy estamos viviendo en el último periodo de este Sol. A través de los atados de años se han ido olvidando la sabiduría de los Magnos Artistas. Se quedó la forma, pero se perdió el fondo. La inercia de la materia pesó sobre las siguientes generaciones y los guerreros de hoy, defienden territorios que antes eran de todos. Las guerras floridas, ya no son contra el enemigo interior, ahora es entre hermanos y en la defensa de intereses y ambiciones de posesiones materiales.

La Casa de las Águilas y los Jaguares era un lugar en donde vivían un reducido grupo de guerreros que se había especializado en las artes militares. Además de ejercitarse diariamente, capacitaban regularmente a los hombres de los pequeños núcleos urbanos. Todos los que estuvieran en condiciones para la guerra, mujeres y hombres, jóvenes o maduros, tenían que dar “su servicio” cuando así se requiriera. Las comunidades estaban muy bien organizadas y funcionaban en “comunalidad”, todos los que tuvieran posibilidad, hombres o mujeres, participaban en los trabajos por el bien común, fuera en las construcciones de edificios públicos, caminos, en los trabajos agrícolas o la defensa y preservación de la comunidad.

La guerra para los mayas era diferente que para los cristianos. El objetivo no era matar o destruir, sino tomar prisioneros, imponer tributos y también era de carácter ritual. Las armas que usaban no eran mortales y las batallas generalmente se pactaban con lugar, fecha, duración y número de combatientes previamente acordado entre las partes. Podían terminar si una de los bandos lo solicitaba o las dos lo acordaban. En los últimos tiempos las guerras se habían incrementado.

Los mayas sabían de las luchas que se daban en el altiplano y las sierras del Sur. Habían repelido con éxito a los invasores, especialmente a los mexicas. También estaban perfectamente informados de las incursiones de los cristianos. Sabían que exterminaban pueblos enteros y que eran sanguinarios, arrasando a todo aquél que no se sujetara a su poder. Su ambición por el oro y robar, era conocida por los relatos de la gente que había logrado sobrevivir a sus ataques y había llegado a refugiarse a estas tierras. Se sabía que habían exterminado a todos los habitantes de las islas de mar adentro y se cuidaban de las incursiones que hacían los cristianos para tomar prisioneros para esclavizarlos.

Así pasó el tiempo en Chetumal, entre mi aprendizaje militar, las largas pláticas con Viento del Mar y la amistad que fue creciendo con Agua Cristalina. Aprendí a vivir y convivir en otra cultura muy diferente a la de los cristianos, los moros y los judíos. Aunque existían personas que me rechazaban por no ser maya, la gente en general era de temperamento dulce, apacible y amigable.



VII. CAPÍTULO. La fusión de los vórtices de fuego.

Los pájaros que producían una verdadera algarabía y que vivían en los frondosos árboles que rodeaban a la vetusta residencia, me despertaron muy temprano. La casa estaba ubicada en una esquina de modo que era muy visible y pese a su pésimo estado llamaba mucho la atención. No era su tamaño, porque relativamente era pequeña comparada con las mansiones del Paseo Montejo, tampoco era su belleza, pues era un chalet modesto arquitectónicamente, más bien era su “personalidad”. Las mañana eran frescas y transparente. Para mí, era la mejor hora del día, porque a medio día el calor era agobiante.

Después de desayunar, caminé al centro de la ciudad. Bajé hasta el inicio del majestuoso Paseo Montejo y tomé a la derecha la calle 47, doblé a la izquierda en la calle 60, caminé siete calles hasta llegar a la Plaza Grande de la Ciudad. Entré al Palacio de Gobierno a admirar los murales del Maestro Fernando Castro Pacheco y aprecié como el artista recrea la permanente lucha de los pueblos mayas por su libertad y autodeterminación en estos cinco siglos.

Me vino a la mente la lucha heroica de los insurgentes anahuacas mayas del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional EZLN durante los últimos 20 años, han sido una continuidad de la lucha de resistencia, desde el inicio de la invasión hasta nuestros días. Los pueblos tzeltal, tzotzil, tojolabal, chol, zoque y mame, siguen en la defensa de su autodeterminación como cultura milenaria y la de sus tierras y recursos naturales. Los insurgentes organizan y gobiernan alrededor de 250 mil personas en “Juntas de Buen Gobierno”, han logrado crear, sin ayuda del Estado, dos bancos para financiarse, proyectos agrícolas, tiendas comunitarias, bloqueras, panaderías, productos de la herbolaria y exportan café a Europa. Todo con base en la sabiduría ancestral comunitaria de sus “usos y costumbres”.

Después de contemplar los murales y disfrutar de la espléndida arquitectura del Palacio de Gobierno me fui al Mercado Lucas de Gálvez que se ubica en la parte trasera de la Catedral. Al ver el movimiento, escuchar la algarabía y oler los diversos olores del mercado, me puse a pensar cómo serían los famosos tianguis de nuestros ancestros. Hoy sabemos que se hacían cada cinco días, pero su sentido y objetivo debió ser muy diferente al concepto occidental del “mercar”. En principio, porque no existía la moneda y la propiedad privada, así como el ánimo de lucro, el atesorar y el consumir. El tianguis ancestralmente ha sido un lugar de encuentro e intercambio, no solo de mercancías, sino fundamentalmente humano. Al ver y sentir el mercado, me doy cuenta que no hemos cambiado mucho en realidad.

Ya era medio día, el sol estaba en lo alto, la caminata abrió mi apetito y despertó mi sed, así que me dirigí a un local llamado “La Ruina”, donde me había quedado de ver con el Dr. Felipe Chacón, amigo del D.F. que se vino a vivir a Mérida, para tomar una amarga y refrescante cerveza de barril oscura, con ella llegaron las botanas, unos sabrosos papadzules hechos con huevo duro y salsa de semilla de calabaza, kibis, tacos de cochinita, y de plato fuerte, ordené un relleno negro. La cocina yucateca, como en general, la de todo el país, se ha enriquecido con las apropiaciones culinarias de la migración que ha llegado a México. Cuando me di cuenta ya estaba por anochecer, me despedí con premura de Felipe y regresé a la casa de don Anatolio en un taxi, necesitaba preparar el material para nuestro encuentro.

Al preparar mis documentos para la entrevista me tropecé con un libro y empecé a hojearlo, era del Dr. Bonifaz Nuño y me detuvo un texto subrayado con amarillo que decía: “No guerreros ni comerciantes, sí agentes civilizadores, los olmecas cumplieron el destino que ellos mismos se asignaron. Lo cumplieron hasta donde en el espacio fueron capaces, y lo alargaron en el tiempo, construyendo lo que habría de ser el espinazo espiritual de nuestra antigua cultura.
El concepto de lo humano por ellos forjado, dio cimientos al perpetuo optimismo de los hombres que los sucedieron. Los herederos suyos, sean teotihuacanos, zapotecas, mayas, mixtecas, huastecas, totonacas, aztecas, lograron merced al impulso que de ellos recibieron, la inagotable proliferación de felices construcciones culturales cuyos vestigios todavía educan y deslumbran.
Teotihuacán, Tula, Xochicalco, Cacaxtla, El Tajín, Tikal, Palenque, Toniná, Uxmal, Monte Albán, Mitla, Malinalco, Chichén Itzá, Tenochtitlán, otras muchas ciudades análogas, dan testimonio de ese optimismo justificado y perdurable. Injuriosamente, los estudiosos hablan todavía de culturas primitivas, de totemismo, de adoración de la lluvia, de ritos sangrientos, y centran su atención en la guerra florida y los llamados sacrificios humanos de los aztecas, a fin de intentar legitimar el desprecio que les justifica nuestra explotación.”

Este es el punto, la colonización mental y cultural nos ha enseñado a vernos a nosotros mismos como nos describió Hernán Cortés, y esa “historia oficial”, se ha venido repitiendo metódicamente hasta la actualidad. –pensé- La idea es justificar el holocausto y el epistemicidio anahuaca del pasado, y disfrazar la exclusión y explotación actual de los pueblos originarios. El mexicano común es totalmente ajeno a la verdadera historia y cultura de nuestra civilización Madre. Necesitamos encontrar en el conocimiento del pasado ancestral una vía liberadora para construir un futuro “propio-nuestro”, justo, compartido, plural y humano.

Algo me estaba pasando, muchas vivencias, pláticas y lecturas de mi vida estaban integrándose en una visión diferente del pasado antiguo de México. Esto despertaba en lo más profundo de mí ser una creciente emoción, un estado de ánimo exaltado, como un volcán que estaba arrojando -desde sus primigenios adentros- sentimientos muy antiguos que siempre habían vivido en mí, pero se encontraban dormidos.

Cuando entré a la biblioteca tenía muchas ideas y preguntas en la cabeza que quería hacerle a don Anatolio. Como siempre, mi anfitrión me estaba esperando en su gran sillón, aguardó tranquilo a que ordenara mis cosas. Cuando alcé la mirada me encontré con un par de ojos que me veían con mucha fuerza, juraría que don Anatolio se había convertido en un búho atento cuya mirada penetraba en mi interior. De momento me turbé, y se me olvidaron todas las preguntas que tenía por hacerle. Sentí que su mirada “hurgaba mi interior”.

La atmósfera electrizada del encuentro se rompió con las palabras pausadas y directas de mi interlocutor.

-Veo que saliste todo el día, Mérida es una ciudad colonial no tanto por sus viejos edificios, sino por la mente de muchos de sus habitantes. Al igual que muchas ciudades del país, especialmente las que tienen una fuerte presencia indígena, las relaciones entre las personas son de carácter colonial, es decir, de sujeción, dominación y explotación. México es un país racista y clasista, pero en el Sur-sureste del país las condiciones son vergonzosamente inadmisibles. En Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas, Oaxaca, Puebla y Veracruz, sus autoridades económicas y políticas son de encomenderos y caciques de horca y cuchillo. La pobreza de estos estados no es por falta de recursos naturales, ni mucho menos humanos, se debe a la pobre, decadente y colonial visión del mundo y la vida, de muchos de esos hombres que llegaron a estas tierras como miserables emigrantes y se han acomodado y han recreado y perpetuado la “cultura colonial”. Este tipo de extranjeros, que siguen llegando son como la garrapata, viven de la sangre de sus víctimas.

-Mi padre fue un hombre visionario,-continuó diciendo don Anatolio- tal vez con la ayuda de mi abuelo, le dieron un giro muy valioso a Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco. El resultado de “ese giro” fui yo y la “actualización” del manuscrito, ya que en un principio se escribió en el castellano del siglo XVI, lo que finalmente memoricé fue la recreación de mí abuelo y mi padre. Ellos suponían, ante la pérdida material del texto, que lo valioso era el fondo y no la forma, expresamente para que fuera comprensible para la gente de nuestros días. Especialmente mi padre tuvo una visión muy avanzada y crítica para su tiempo en cuanto a la cultura colonial en la que nació y creció. Me educó, despertando en mí, una conciencia crítica y por eso me mandó a estudiar a Europa. Tengo decenas de cartas de aquellos tiempos. Él decía que sólo en el extranjero podría entender lo que era mi país, y que además, conocería en sus entrañas la miseria existencial del eurocentrismo, que a todos ven y tratan como inferiores. Especialmente mi padre se dedicó en cuerpo y alma a “trabajar” sobre la sabiduría ancestral a partir de que los manuscritos le abrieron los ojos a otra historia y otra realidad. Esta es la razón por la cual la riqueza familiar se vino a menos, mi padre estaba más ocupado de estudiar la historia que en acrecentar la riqueza de los Rivadeneira, y pues yo, seguí las huellas de mi padre y aquí me tienes, al final del camino, con la más alta responsabilidad que hemos asumido los Rivadeneira.

Hubo un largo silencio, y me atreví a hacer una pregunta.

-Don Anatolio, cuál es entonces la razón de que su padre no diera a conocer en vida los manuscritos.

-Como te dije, yo tuve una gran equivocación y por eso tú estás aquí. Mi abuelo estaba seguro que “la señal” para dar a conocer al pueblo los manuscritos era el final de la “Cuenta larga”. Eso fue el 21 de diciembre de 2012. Mi error fue dudar de la certeza de mi abuelo. Mi padre pensaba que sí no se daba en la fecha precisa, no tendría efecto el conocimiento acumulado, por eso esperó, pero la muerte lo alcanzó y me dejó la responsabilidad a mí. Estoy muriendo y tú eres la única oportunidad que tengo de cumplir con la centenaria responsabilidad de que este mensaje llegue a todos los ahora llamados “mexicanos”,…ya que no todos son “mexicas”.

Las palabras de don Anatolio calaron profundo sobre mí. Sentí como si cayera de súbito sobre mí una enorme y pesada lápida, con todos los muertos de la familia Rivadeneira. Se me secó la boca y me faltaba oxígeno. Abrí los ojos.

-No te aflijas Fernando, ante el destino los seres humanos somos como polvo al viento. Tenga la seguridad de que nosotros, los Rivadeneira, cumplimos con nuestra responsabilidad, yo tengo la seguridad que tú cumplirá con la tuya. Fuerzas muy grandes y desconocidas han hecho que los dos estemos aquí y ahora, solo tenemos que actuar en armonía con el destino. -Después de un gran silencio don Anatolio empezó lo que ya parecía un ritual, el relato del manuscrito.

-En las primeras batallas –dijo, posesionándose de la voz de Gonzalo Guerrero- que participé me di cuenta de que lo que había aprendido en las campañas de Granda y Nápoles en cuanto a la manera de hacer la guerra de los cristianos, podía ser muy útil entre los mayas. Primero aprendí a conocer las técnicas mayas de combate y luego empecé a proponer y practicar las técnicas cristianas, los resultados fueron muy exitosos, por lo que empezó mi ascenso en La Casa de las Águilas y los Jaguares.

Las vistas a la casa de Viento del Mar empezaron a ser más frecuentes, ahora a quien visitaba era a Agua Cristalina, con la anuencia de su padre. Finalmente no pudimos contener toda la energía que nos desbordaba, Agua Cristalina y yo decidimos unir nuestras vidas con la bendición de Viento del Mar. La ceremonia se llevó a cabo en la casa paterna. Los familiares y padrinos de Agua Cristalina tomaron la responsabilidad del evento, y por mi parte, mis hermanos de La Casa de las Águilas y los Jaguares. Después de la emotiva ceremonia en el templo de “El Dador de la vida, el Señor del movimiento y la medida”, en procesión nos dirigimos a la casa de Agua Cristalina, y en ella, se llevó a cabo la ceremonia familiar, en la que finalmente nos unieron simbólicamente al atar su hipil con mi tilma.

En una habitación vacía, que encalaron para la ceremonia, pusieron una estera en el centro, un incensario con copal encendido, flores olorosas en grandes jarrones, dos fuentes de luz y nos centraron en la estera. La familia y los amigos, especialmente la gente mayor, pasaban por separado a la habitación y ponía las manos sobre nuestras cabezas y nos daba consejos y recomendaciones para vivir en armonía como esposos.

El Consejo nos otorgó un solar para hacer nuestra casa y una parcela para cultivar nuestros alimentos y con la ayuda del clan familiar y los amigos construimos nuestra casa. Desde tiempos inmemoriales los mayas crearon una visión del mundo totalmente diferente a la de los cristianos, moros y judíos. Existía una percepción general de que la vida era sagrada, no solo la del ser humano, sino la vida en su totalidad. De modo que todo tenía vida y ésta era sagrada, fueran animales, insectos, plantas, piedras, objetos de barro o utensilios creados por la mano humana hasta montañas, ríos, astros y estrellas, todo en su mundo estaba vivo, por lo cual todos tenían “espíritu” y por eso, esencialmente todos eran “iguales”.

Esta percepción es básica para poder vivir con los mayas. La idea que existía un orden universal y que todo estaba interconectado en perfecta armonía con todo. Lo que más preocupaba a los mayas era el servir al bienestar de su comunidad y la noción de la trascendencia espiritual. Los mayas, como todos los pueblos del Anáhuac, eran sumamente espirituales a diferencia de los cristianos que aparentaban ser más religiosos. Con tantas luchas religiosas por siglos en la península entre arrios, judíos, cristianos y moros, hizo de las religiones motivo de luchas constantes, muerte y devastación.

No así en el Anáhuac, en donde existía una alta percepción espiritual de la vida, compartida por todos los pueblos, y manifiesta en una diversidad de representaciones culturales de aquella fuerza y conciencia inconmensurable, que era invisible, impalpable e innombrable, con sus múltiples manifestaciones o advocaciones de esa realidad. Los mayas le llaman Hunab Ku, pero los hermanos del altiplano que hablan náhuatl le decían Tloque Nahuaque. Esto favoreció, durante mucho tiempo, una exuberante pluralidad y tolerancia. Los mexicas, al final, fueron los que trasgredieron esta tolerancia con la sustitución de Quetzalcóatl por Huitzilopochtli.

Agua Cristalina y yo fuimos arrastrados por un huracán de pasión que estaba muy por encima del ámbito carnal. Una fuerza que estaba más allá de nuestra voluntad, que iba por delante de nuestra razón, no solo nos unía, sino que resultaba una verdadera fusión cuando nuestros cuerpos estaban totalmente acoplados en ritmo y pasión. Como dos vórtices de fuego convertidos en serpientes que salían de nuestras bocas, unidas en un beso total y profundo, penetrando al cuerpo del otro y regresando a través de nuestros sexos. Las dos serpientes de energía eran como corrientes de fuego que circulaban en sentidos opuestos entre nuestras bocas y sexos hasta estallar en una explosión energética, desprendiendo de nuestras entrañas la energía vital que se fundía en el bajo vientre de Agua Cristalina, para engendrar vida. Los opuestos complementarios se habían encontrado y se fundían para crear el inicio de un nuevo tiempo, un nuevo linaje de seres humanos sobre la Madre Tierra. Éramos el inicio de un nuevo ciclo.

Sabíamos los dos que lo que nos arrastraba no era la lujuria. Era en cambio, una ceremonia en la que nuestros cuerpos eran usados por El Dador de la Vida, para iniciar un nuevo linaje humano, producto de la fusión de millones de vidas que en Agua Cristalina y en mí, se encontraban, para conformar un solo destino. Era un ritual energético adosado de un profundo amor a la vida y una inmensa ternura que manaba por los poros de nuestra piel. Cuando abrazaba a Agua Cristalina sentía que abrazaba a todas las ceibas y cenotes, sus cabellos y su cuerpo producían un suave olor a selva nocturna y al cerrar los ojos veía la inmensidad de una noche estrellada. Ella era la Madre Tierra generosa que se abría para que depositara la semilla humana. Desde el primer encuentro estábamos totalmente conscientes de nuestra responsabilidad. Estábamos cerrando el fin de un largo ciclo y al mismo tiempo, creando el principio de una nueva eternidad.

Fuimos favorecidos por “Aquél por quien se vive” y en los siguientes tres años nos envió a tres piedritas preciosas en custodia, que fueron la alegría más grande de nuestro hogar y de nuestros corazones. Lucero de la Tarde fue la primera, Rayo de Luna fue la segunda y el varón se bautizó con el nombre de Serpiente Negra. Cada día me integraba más a la cultura y a la comunidad. Como eran tiempos de guerra, mis servicios fueron cada vez más útiles y me gané el respeto de las autoridades y la confianza de los guerreros, lo que me permitió por méritos del trabajo comunitario y defensa de la población, poder tatuar mi cuerpo y hacerme las perforaciones de orejas y nariz de acuerdo a la centenaria y rigurosa tradición guerrera, que se ganaba por méritos en campaña y servicio a la comunidad.

La familia crecía en armonía, los niños habían heredado lo mejor de sus padres. La dulzura de Zazil Há la tenían las niñas y el carácter fuerte de Serpiente Negra era la viva imagen de mi padre. Lucero de la tarde era casi una imagen de su madre, por su parte, Serpiente Negra era más parecido a mi familia, pero Rayo de Luna había tomado de las dos familias. Era una mezcla armoniosa de la fusión de dos pueblos, lo que le daba un carisma muy especial. Rápidamente los niños se ganaron el cariño de la comunidad, pero Rayo de Luna, era la consentida de todo el mundo.

Fueron los años dorados de mi vida en el Anáhuac, sin embargo, nubarrones oscuros asechaban en el horizonte. Las historias de los avistamientos de dos flotas de cristianos merodeando por las costas del Golfo y la península, dejando su estela de muerte, saqueo y secuestro, fueron llegando a Chetumal. El Consejo Supremo estaba muy preocupado, se sabía perfectamente toda la destrucción y muerte que estaban haciendo en las islas de mar adentro y en las tierras del Sur desde años atrás; y era indudable que pronto llegarían a estas tierras. Su codicia y su violencia totalmente incontrolada, “sin dios ni ley”, los hacía gente muy peligrosa y temida.

VIII. CAPÍTULO. El inicio del fin.

Abrí los ojos y me quedé mirando el techo durante largo tiempo. Las paredes de la habitación eran altas y su color que algún día fue azul claro, ahora era indefinido. Al verlas fijamente por tanto tiempo, me daba la impresión que la variación de tonos, por la humedad y el tiempo, creaban rostros. De modo que las paredes de toda la casa eran como pantallas donde según se observara, se podía ver diferentes rostros humanos. Me familiaricé tanto al observarlos, que empecé a fantasear, pensando que eran los espíritus de la familia Rivadeneira. Como si las almas de los antepasados de esta familia estuvieran habitando en las vetustas paredes de la casa, observándome misteriosamente desde el pasado. Más bien, como sí la casa misma fuera poseída por la energía de todas las generaciones de la familia Rivadeneira Rondo.

Las molduras hechas de yeso que estaban en la parte superior de la pared eran afrancesadas y en algunas partes se habían desmoronado. La casa en sus mejores días debió haber sido muy bonita, pero literalmente se venía abajo por el tiempo, el clima y la falta de mantenimiento. Sin embargo, a pesar del lamentable estado de la casa, se sentía que poseía una intensa energía, como si tuviera vida propia.

Pensaba que para venir a vivir a Mérida se necesitaba de un gran esfuerzo para aclimatarse. El calor, la humedad, la lluvia, el frío que provoca la humedad. Pensaba en el gran sacrificio que tuvieron que hacer los pueblos mayas a lo largo de miles de años para aclimatarse y realizar la proeza constructiva de las pirámides y las diversas edificaciones que por dondequiera se encuentran en la península, además, y fundamentalmente, la proeza intelectual y espiritual de su gran cultura, digna hija de la Civilización Madre.

Como dijo el famoso poeta Antonio Mediz Bolio “el yucateco es un pueblo que habla en español y piensa en maya”. Ese “pensamiento maya” sigue vivo y vigente, solo que está agazapado en “los lugares baldíos” de la vida cotidiana de las comunidades indígenas y campesinas, así como, en muchos espacios de la vida urbana y suburbana de los criollos y los mestizos.

Actualmente existen más de cinco millones de hablantes de las diversas variantes de la lengua maya, tanto en México como en Centro América. Los mayas ancestrales, aunque pertenecen a la misma matriz filosófica-cultural de la Civilización del Anáhuac, que abarca desde lo que hoy es Nicaragua hasta el Norte de los Estados Unidos y parte de Canadá, guardan grandes diferencias iconográficas con los demás pueblos y culturas.

Guillermo Bonfil Batalla, en 1987, cuando “no existían los indígenas” para el Estado mexicano, nos habló de la existencia de dos “Méxicos”: Uno profundo, pobre y mayoritario, que hunde su mestizaje cultural en la milenaria civilización del Cem Anáhuac; y el otro México, al que llamó “imaginario”, no porque no existiera, sino porque éste, teniendo el poder político, económico y cultural, jamás ha tomado en cuenta al “México profundo” para la construcción “del país”. De modo que el “mestizaje en México”, es solo un recurso demagógico del Estado criollo, que ha mantenido una política permanente de negación de la civilización ancestral Madre, que rechaza cualquier valor intelectual, moral y ético de los pueblos originarios. Folcloriza sus manifestaciones culturales y usa su Patrimonio Cultural Tangible como mercancía (artesanías) y como atractivo turístico (zonas arqueológicas).

Para la cultura dominante y su ideología criolla, México es un país mestizo culturalmente hablando, por “el encuentro de dos mundos”, pero se calla la invasión, el holocausto y el epistemicidio. La milenaria historia antigua del Anáhuac queda reducida a los mitos y fantasías hispánicos sobre la cultura mexica (1325-1521). Los cimientos ideológicos sustentan a Hernán Cortés como el héroe absoluto de la conquista y a la Malinche, como la heroína que le proporciona la información de la crisis política, cultural y religiosa por la que atravesaban los mexicas. La “familia mexicana” prototipo de la ideología criolla es el padre conquistador extranjero, la madre traidora y violada, y el hijo bastardo, traidor y fracasado.

El mestizaje del Estado criollo, ideológicamente es un arma que valida la injusticia, la exclusión y el racismo durante estos dos siglos de “vida independiente”. La negación del “otro”, permite impunemente robar, despojar y exterminar. Este “tipo de mestizaje” obliga al excluido y negado a traicionar y negarse a sí mismo, convirtiéndolo en un “colonizado-colonizador”, violento y despiadado con su propio pueblo, y al mismo tiempo, sumiso ante su explotador. La ignorancia de sí mismo, de su milenario pasado, lo condena a la pobreza y a la violencia. El “mestizaje cultural criollo” exalta “su raíz grecolatina y cristiana; pero al mismo tiempo niega y excluye los valores, principios y herencia de La Toltecáyotl y su pueblo heredero. Es un “falso mestizaje”, donde se impone y exagera una parte, y se niega y excluye a la otra. Me preguntaba cuál debería ser la importancia de revalorar simbólicamente la figura histórica de la primera familia mestiza de México. Estaba meditando sobre estas cuestiones, cuando discretamente se oyó la campanita que anunciaba que el desayuno estaba servido.

Después del desayuno me puse a ordenar mis notas, ya que don Anatolio me pidió que no usara grabadora porque se sentía incómodo, y además, profesionalmente a mí no me gusta usarla. El periodista debe “captar” todos los lenguajes en que le llega la información, no solo la voz del entrevistado, sino del entorno en el que se desarrolla la entrevista, y el uso de la grabadora no me permite estar alerta, concentrarme y “captar el ánimo y la esencia” del entrevistado, así como de su entorno.

Fue justamente una mente abierta y un espíritu libre de ideas colonizadas sobre “los otros”, los no europeos, lo que permitió a Séjurné publicar, en 1957, su maravilloso libro inspirado en la enseñanza de su Maestro Mircea Eliade. Y que al descubrir en Teotihuacán la figura luminosa de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, símbolo de la sabiduría para todos los pueblos y culturas del Cem Anáhuac, penetró en la sabiduría ancestral tolteca desde la arqueología, con respeto y honradez intelectual, guiada por la sabia enseñanza de su mentor.

En todo El Cem Anáhuac pero con diferentes nombres, la Serpiente Emplumada le da conciencia al ser humano de su potencial espiritual, y le enseña la sacralidad del mundo y la divinidad de su efímera existencia. Ya sea llamado Quetzalcóatl para los pueblos nahuas del Altiplano, Kukulkan para los mayas, Coo Dzahui para los mixtecos y para los zapotecas Xilabela. En esa línea civilizadora Séjurné escribe al respecto: “Así, lejos de implicar groseras creencias politeístas, el termino Teotihuacán evoca el concepto de la divinidad humana y señala que la ciudad de los dioses no era otra que el sitio donde la serpiente aprendía milagrosamente a volar; es decir, donde el individuo alcanzaba la categoría de ser celeste por la elevación interior.” […] “Por su parte, el hombre, por pertenecer a la vez a los abismos opacos y a los esplendores celestes, constituye el terreno de reencuentro fuera del cual los principios opuestos morirían en el aislamiento. Y por ser la efigie de la conciencia de esta dualidad creadora, la serpiente emplumada es el símbolo clave de la religión náhuatl.”

Todos los pueblos compartían la misma sabiduría tolteca, pero cada uno la expresaba en su lengua, su iconografía y su mitología propia. Es aquí donde radica la fuerza y el poder de la Civilización Madre, que se une en la diversidad y multiplica la fuerza de su potencial creador y civilizador en la unidad. Fenómeno cultural producto de un elevado grado de conciencia, sabiduría ancestral atesorada y sistematizada, además de una tolerancia y pluralidad, poco observada en la historia de la humanidad.

La llegada de los mosquitos al final de la tarde, me obligaron a retirarme a mi habitación. Empecé a prepararme para el próximo encuentro con don Anatolio. “Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco”, poco a poco me habían atrapado y estaban destapando compuertas de conocimiento que estaban clausuradas en mi interior, como afirma Guillermo Marín, “en el banco genético de información cultural”. Lecturas, conversaciones y sentimientos muy profundos que se habían dado a lo largo de mi vida, ahora se estaban convirtiendo en ideas muy claras sobre la identidad más antigua y primigenia. Las personas, las familias y los pueblos somos lo que recordamos. En cada uno de nosotros está “el recuerdo” desde que salimos de África y que en el Anáhuac hemos construido desde hace quince mil años nuestra Civilización Madre. En nuestro “banco genético de información cultural” está depositado toda la información desde “el primer día”. Lo que se requiere es tener clara conciencia de que podemos acceder a esa información. Lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo.

Cuando llegué a la biblioteca, aprecié el semblante de don Anatolio muy decaído. No me había dado cuenta, pero conforme iban pasando los días, don Anatolio se iba agotando. Hasta ese momento me di cuenta de que en verdad se estaba muriendo. Hacía un verdadero esfuerzo por mantener la claridad en la conversación. Me daba la impresión que cada día poseía menos energía. En tal circunstancia me atreví a sugerirle que esa noche pospusiéramos el encuentro. Me escuchó con una leve sonrisa en sus labios y me respondió.

–Fernando, entienda que me estoy muriendo y no tengo tiempo.

Me apenó mi torpeza y le dije que ya estaba listo para escucharlo. Cerró los ojos un buen rato, como para tomar fuerzas y comenzó su relato.

-En el Anáhuac existía una eficiente red de comunicación que conectaba los centros de conocimiento desde la parte Norte hasta la parte Sur del continente llamado en lengua náhuatl Ixachilan, especialmente en la época de esplendor de los grandes maestros. Teotihuacán y Tiahuanaco eran los centros generadores y de ahí se ramificaban las conexiones por valles, selvas, bosques y montañas. La base fundamental de esa información era las notaciones astronómicas que eran intercambiadas en la observación precisa, minuciosa y exacta del movimiento de los astros desde todo el continente. A la partida de los Venerables Maestros se perdió la comunicación continental, pero de alguna forma se mantenía la comunicación en las regiones.

Debido a esta comunicación se sabía perfectamente de la invasión, la destrucción y el genocidio que venían haciendo sistemáticamente los cristianos desde 1492 en las islas y las costas. Todo comenzó una tarde que llegó una nave castellana a Chetumal trayendo al cura Jerónimo de Aguilar para llevarme ante Hernán Cortés, quien me invitaba a sumarme a la expedición. Su intento de rescate me pareció un intento de secuestro, como los que venían haciendo. Me negué a sumarme a la expedición y le dije que no estaba dispuesto a participar con una banda de delincuentes y asesinos; y que siendo Jerónimo un hombre consagrado a Dios, no entendía cómo podía hacerse cómplice de semejantes criminales. Le dije a Jerónimo que él ya conocía la vida civilizada, pacífica y espiritual de los mayas, que le habían respetado la vida por ser un hombre dedicado Dios, a pesar de no ser Hunab Ku, y que esa tolerancia y civilidad no la iba a encontrar si regresaba a la vida salvaje y guerrera de los primitivos y fanáticos cristianos, que solo venían por oro, asesinando a mansalva y sin piedad para hacerse ricos a cualquier precio.

Jerónimo dudó, y en ese momento, Agua Cristalina lo amonestó y le dijo: que cómo se atrevía a venir a destruir nuestra familia y a dejar a sus hijos sin padre, que si era eso lo que predicaba su Dios. Jerónimo alcanzó a proponerme que me llevara a mi familia, pero le dije que si lo hacía, mis hijos que tanto amaba, terminarían como servidumbre de los cristianos, siempre despreciados y vejados. Tú has visto como tratan los cristianos a los naturales de estas tierras, como servidumbre o como trabajadores esclavos hasta su muerte. Eso no lo quiero para mi familia. Mis hijos nacieron del amor, del respeto y en la libertad, en el seno de una civilización educada con altos valores éticos y morales, y sólidos principios comunitarios y espirituales. No quiero condenarlos a vivir en la esclavitud, la ignorancia y el fanatismo religioso. El Mayab es ahora mi tierra, los mayas mi pueblo, Hunab Ku el que me da la vida y a quien me debo en armonía, ésta es mi familia y mi pueblo, y los defenderé hasta la muerte. Vete pues, y sigue el camino de tu vida, espero que no te ahogues en el mar de sangre que seguramente correrá bajo tus pasos.


A la mañana siguiente el Supremo Consejo llamó a sesión a todos los dirigentes y responsables de la región. Se comentó lo sucedido el día anterior, y Viento del Mar dijo que los cocomes, los tutul xiéues, los itzáes, los canules, los cheles y los cupules, que se debían preparar para enfrentar la invasión inminente de los Dzules, pero de manera coordinada con todos los pueblos de la península. Se enviaron mensajeros hasta los lugares más distantes y se convocó a un concilio para crear una estrategia conjunta de defensa con todos los pueblos mayas. En esa reunión, en su momento, tomé la palabra y como responsable de La Casa de las Águilas y los Jaguares de Chetumal, expuse las razones de los invasores y sus objetivos, así como sus tácticas de engaño, robo y exterminio. Finalmente propuse una estrategia para capacitar a todos los guerreros de la península en tácticas militares para vencer y rechazar a los cristianos. Después de cinco días de deliberación los dirigentes de los demás pueblos aceptaron la propuesta y empezamos a capacitar en las técnicas militares para combatir a los cristianos y coordinar a todos los guerreros del Mayab en un frente común.
Se designó un antiguo lugar que los Venerables Maestros hacía mucho tiempo habían abandonado, conocido como Labná “La Casa Vieja”, en el centro de la península, en donde se instaló un centro para recibir todas las informaciones que se tuvieran sobre los Dzules, de su ataques y saqueos en las comunidades costeras, así como los intentos por penetrar tierra adentro. A la Casa Vieja llegaban todas las noticias y desde ahí, a través de mensajeros, se informaba a todos los pueblos del Mayab.
Por esa razón supimos que en marzo de 1519, al ganar Cortés la “Batalla de Centla” en contra de los Chontales, el tlatuani Tabscoob le entregó a una esclava de nombre Malinalli Tenépatl “Hierba Muerta”, quien nació en la zona de Xicalango, por lo que su lengua madre era el náhuatl, pero que siendo una niña fue entregada como tributo de guerra a los Chontales que hablaban maya, de modo que ésta fue su segunda lengua. Cortés la usó como traductora y a través de Jerónimo de Aguilar, mi compañero de naufragio, crearon el puente entre el náhuatl-maya-castellano; poco después, Malinche que así la nombraron los cristianos, aprendió a hablar castellano y se volvió la consejera de Cortés, quien no daba un paso sino lo consultaba con Malinche.
La participación de esta mujer fue primordialmente definitiva en la derrota de los mexicas. Malinche le informó a Cortés lo que sucedía en ese momento en el Cem Anáhuac, especialmente la crisis religiosa y política que vivían los mexicas que habían transgredido la milenaria Toltecáyotl, minimizado la figura religiosa-filosófica de Quetzalcóatl e imponiendo a su dios tutelar Huichilopoztli. Ella le explicó a Cortés la trascendencia de la “Profecía del Regreso de Quetzalcóatl”, que justamente era en ese año de 1519. Le explicó el significado que tenía el haber cambiado la filosofía y religión espiritual representada por la “Serpiente Emplumada”, por la de Huitzilopochtli, el “Colibrí Zurdo”, que representaba la visión místico-guerrera del culto a la materia y la voluntad de poder. Los mexicas cambiaron la “Batalla Florida tolteca” que era una lucha espiritual al interior del guerrero de la muerte florecida, por la “Batalla Florida mexica”, que era una lucha contra sus vecinos para obtener prisioneros para sacrificar al Quinto Sol, y que éste, no se acabara según la profecía, así como los tributos para enriquecer a Tenochtitlán y su nobleza guerrera. Los mexicas empezaron a usar el cacao como instrumento de cambio, siendo que durante milenios no existió la moneda, dándole una importancia que no había tenido el comercio, así como al consumo de productos traídos a Tenochtitlán por medio de tributos. Se empezó a utilizar la propiedad privada, porque antes todo era comunitario, las escuelas pasaron a ser escuelas militares y en general la sociedad se militarizó y se materializó.
Todo esto había creado un malestar, tanto al interior de una parte de la dirigencia de la Triple Alianza, -especialmente Texcoco-, como entre los pueblos sometidos a cargas tributarias excesivas, como nunca se había dado en el Anáhuac. Las incursiones de Francisco Hernández en 1517 y de Juan de Grijalva en 1518, más la mítica fecha de “uno caña” en la profecía del regreso de Quetzalcóatl, que era justamente ese año, fueron utilizados por Cortés para asumirse como el “capitán de Quetzalcóatl”, y al rey de España como Quetzalcóatl, quien, -según él-, lo había enviado a restaurar la antigua enseñanza y restituir la importancia filosófica de la figura de la Serpiente Emplumada.
Cortés traicionó al responsable de la expedición ante la corona, el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, y a los socios que la financiaron, para lo cual creó el Ayuntamiento de La Villa Rica de la Vera Cruz, que le permitió deslindarse de la ley de Cuba, renunciar a ser capitán de Velázquez y autonombrarse capitán de la nueva expedición. Como varios expedicionarios no estaban de acuerdo en la ilegalidad cometida, decidieron regresar a Cuba y entregar a Cortés a la justicia, pero Cortés se les adelantó y ordenó barrenar todas las naves menos una, para imposibilitar su entrega a la autoridad; y en la mejor nave manda a Francisco de Montejo con el primer escrito al rey de España, para entablar la negociación directa con la corona, asegurando el “Quinto real” de lo robado para las arcas reales.
La expedición recibió un apoyo muy importante de los totonacas de Zempoala, porque le asignó un gran número de mujeres y hombres para que les abastecieran y prepararan sus alimentos. Asesorado por Malinche, Cortés negoció con los de Tlaxcala y se dirigió a Tenochtitlán. En el trayecto realizó la primera gran matanza en Cholula, de las muchas que haría, y pactó una alianza con Ixtlilxóchitl, el hijo del difunto Nezahualpilli, tlatuani de Texcoco. Ixtlilxóchitl estaba en guerra contra su tío Moctezuma, porque le había quitado la oportunidad de ser tlatuani de Texcoco. Ixtlilxóchitl era un experto y valeroso guerrero que tenía trescientos mil guerreros bajo sus órdenes. Él y sus hombres fueron los verdaderos artífices de la caída de Tenochtitlán.
Cortés fue recibido en Tenochtitlán por acuerdo del Tlatócan, en calidad de embajador y capitán de Quetzalcóatl. Moctezuma que “mandaba obedeciendo” al Tlatócan, le entregó a Cortés el mando de la Triple Alianza y de los señoríos tributarios en una sesión solemne. Pero días después le avisaron a Cortés que habían llegado a La Villa Rica de la Vera Cruz, Pánfilo de Narváez con mil quinientos hombres, enviados por el gobernador de Cuba para detener al prófugo de la justicia y someterlo a los tribunales. Pánfilo de Narváez envió a Tenochtitlán a unos enviados para pedir que se entregara el prófugo. Cortés negoció con los enviados, les prometió oro si la expedición para apresarlo se pasaba de su bando, cosa que logró debido a la ambición ya que durante todo el siglo XVI no existieron soldados ni en España y mucho menos en la invasión del Anáhuac. Todos eran filibusteros que se vendían al mejor postor.
Cortés dejó a Pedro de Alvarado al frente de la ciudad de Tenochtitlán y con cuatrocientos hombres fue a tomar preso a Pánfilo de Narváez. Los hombres de Narváez, de acuerdo a lo pactado, fingieron resistencia y Narváez perdió un ojo y la expedición. Cortés regresó a Tenochtitlán con mil novecientos hombres y fue quien ordenó la Matanza del Templo Mayor, con lo que se desencadenó la lucha. Los mexicas al ver como los castellanos mataban a cinco mil personas totalmente desarmadas que iban a realizar la ceremonia de Tóxcatl, y que eran la elite de su ciudad, tomaron las armas y sitiaron a los castellanos hasta que en una genial estrategia ideada por Ixtlilxóchitl, que en la madrugada atacó la ciudad por el lago con miles de canoas, mientras los castellanos huían por el lado opuesto y mandó a su hermano a los Valles de Otumba a proteger la retirada. Cortés en su locura pensó que eran enemigos y los atacó, los guerreros texcocanos retrocedieron hasta que se logró la comunicación, y juntos emprendieron el camino para refugiarse en Tlaxcala.
Finalmente, fue Ixtlilxóchitl el que comandó la batalla contra Tenochtitlán que duró ochenta días, donde los mexicas hicieron una defensa heroica, la ciudad cayó el 13 de agosto de 1521, después de feroces combates. Esta fecha no es el fin de la Conquista, sino por el contrario, es el inicio de la misma. Bajo los “usos y costumbres” de la Triple Alianza, los vencidos pasaron a formar parte de los filibusteros de Cortés, además de sus aliados tlaxcaltecas, texcocanos y demás pueblos del Valle de Anáhuac.
Poco tiempo después de la caída de Tenochtitlán comenzaron a salir las expediciones de un puñado de cristianos con miles de guerreros anahuacas a someter y conquistar los señoríos del Cem Anáhuac. La verdad es que fueron los guerreros anahuacas aliados de los cristianos los que llevaron la parte más sangrienta y pesada de la invasión española. Así, después de la caída de Tenochtitlán, los mexicas, ahora aliados de los cristianos, según los usos guerreros de los mexicas, junto con los xochimilcas, tlaxcaltecas y texcocanos, entre otros pueblos aliados de los cristianos, se convirtieron en los ejércitos conquistadores. Los guerreros eran los que cargaban todos los equipos y bastimentos, además de estar en la primera línea de combate.
A la Casa Vieja iban llegando las noticias de todo lo que hacían los cristianos y ahora sus aliados nahuas del Altiplano. En esos primeros años de la invasión del Anáhuac, los pueblos mayas se preparaban para el ineludible encuentro con estos belicosos extranjeros, que sin mediar ofensa alguna, llegaron a tomar lo que no era suyo, matar a diestra y siniestra, a destruir nuestra forma de vida, religión, gobierno, lengua, valores e imponer los suyos argumentado que eran los buenos y los nuestros los malos. Fue entonces que se empezó a oscurecer el Sol, los pájaros empezaron a dejar de cantar, las flores empezaron a perder sus aromas y colores.
En el Valle de Anáhuac, como maldición cayó sin tregua la Cocoliztli. La gente moría llena de granos purulentos y no había ninguna medicina para ellos. El inicio del fin se anunciaba y los Dzules, los devoradores del Sol se dirigían al Mayab.”

IX CAPÍTULO. Los Padres Fundadores.

Literalmente, en esas pocas horas antes de que saliera el sol no pude dormir. Ni siquiera lo intenté. En su lugar me puse a trabajar sobre las notas que había tomado de la narración de don Anatolio. La verdad, la versión de “Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco” habían sido “traducido” al “lenguaje moderno” por el abuelo y el padre de don Anatolio, más parecía el guión de una película de aventuras que un texto del Siglo XVI. Lo que más me impresionó, fue que los mayas estaban al tanto de las expediciones de los españoles y que, desde un principio en 1492, les fueron haciendo un seguimiento tan puntual como me refirió don Anatolio. Cuando uno lo piensa, se ve lógico. Lo que nos sucede a muchos mexicanos es que estamos muy prejuiciados por la ideología colonial y neocolonial, que nos impide ver, concebir y entender nuestra historia desde otra perspectiva que no sea la de la historia oficial de la SEP, la del discurso del gobierno y la de la cultura dominante, es decir, los medios masivos.

La visión de Gonzalo Guerrero de sí mismo, de los mayas, de los españoles, y lo que estaban haciendo me impresionó mucho. Nunca antes se me había ocurrido que “las fuentes históricas” de la conquista, son sólo una parte de la “realidad” y que los mayas debieron ver “otra realidad”, en la cual los españoles eran salvajes, asesinos e invasores, que llegaban a sus tierras a robar, matar y someter sin razón alguna. El discurso colonial es que lo que hicieron los españoles en América fue un acto heroico y civilizatorio, toda vez que la historia siempre la escriben los vencedores. Esta es la razón por la cual existe en la Ciudad de México, en la Avenida Reforma, un monumento a un genocida como Cristóbal Colón y en Coyoacán, un monumento a Hernán Cortés, llamado “monumento al mestizaje”. ¡Qué vergüenza!

Esto me recordó lo que escribió José Vasconcelos al respecto en el prólogo de su novela El Ulises Criollo: “En todo caso, la conclusión más optimista que se puede derivar de los hechos observados es que aún los mestizajes más contradictorios pueden resolverse benéficamente siempre que el factor espiritual contribuya a levantarlos. En efecto, la decadencia de los pueblos asiáticos es atribuible a su aislamiento, pero también, y sin duda, en primer término, al hecho de que no han sido cristianizados. Una religión como la cristiana hizo avanzar a los indios americanos, en pocas centurias, desde el canibalismo hasta la relativa civilización.” Esto fue escrito en 1935, por el creador de la SEP y Rector de la UNAM.

Pero a finales del mismo siglo XX, el propio Octavio Paz habiendo recibido el Premio Nobel de Literatura, escribe en su libro “Vislumbres de la India” (1995) : “No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y los portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandes trazos, todavía está en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Sí las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas.

Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que subrayar que sin ellos –quiero decir: sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país- no seríamos lo que somos. Seriamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas."
La colonización mental y cultural por el eurocentrismo, además de ser vergonzosa, nos ha privado de las mentes lúcidas que pudieran construir un mundo mejor al que destruyeron los colonizadores. Con sus grandes excepciones, los artistas e intelectuales mexicanos, sólo copian los modelos y corrientes del extranjero. Lo peor es que lo hacen mal y a destiempo, por lo cual los artistas e intelectuales europeos siempre los han despreciado.
La madrugada me hacía sentir mayor lucidez sobre lo ocurrido. Pensé que resulta inobjetable que los pueblos del Cem Anáhuac, independientemente de que fueran los mayas o los purépechas, todos formaban parte de una milenaria civilización y que para 1492, estaban mucho más avanzados que los europeos, como en el caso de la astronomía, las matemáticas, la botánica y la medicina, por citar sólo unas ciencias y poseían mejor calidad de vida, tanto en alimentación salud, educación y organización, que los europeos. Además que por la llamada Edad Media se vivió el más severo oscurantismo en Europa, el poco conocimiento que tenían los cristianos era gracias a la cultura árabe, que mantuvo vivo el conocimiento grecolatino y realizó grandes avances en las matemáticas, medicina, astronomía e ingeniería. El punto es que “la visión” colonial sobre la conquista, es la que se ha mantenido hasta nuestros días. La colonización cultural e intelectual nos hace suponer, -sin cuestionar-, que los españoles trajeron “la civilización” a los pueblos salvajes y primitivos, pero es hasta hace muy poco tiempo que este dogma se ha empezado a resquebrajar.

Resultan vergonzosos los textos que escribieron los conquistadores y misioneros, totalmente parciales, sin rigor científico, sin el menor humanismo y que en general, están escritos “a modo” para las autoridades, ya fueran para la corona, la iglesia o el escritor, y que sean tomados como “fuentes históricas” verídicas, ¡totalmente fidedignas! Es tanto como que dentro de cinco siglos se tomaran los informes presidenciales como una verdad histórica inobjetable. La más fiel y reciente imagen de este discurso colonizador está plasmado en el bodrio cinematográfico de Mel Gibson llamado “Apocalypto”.

Vergonzantes son estos textos y el cínico discurso colonizador, pero más inadmisible resulta la pasividad y la actitud totalmente acrítica del magisterio, los intelectuales, investigadores y artistas de México, que con sus muy pocas excepciones, se han mantenido indiferentes y sumisos ante la colonización mental y cultural que hemos sufrido durante estos cinco siglos. Lo que había escuchado de labios de don Anatolio, escrito por Gonzalo Guerrero y traducido al lenguaje moderno por su abuelo y su padre, me habían exaltado de una manera total. Una explosión interna empezó a arrojar antiguos sentimientos que estaban guardados en mi “banco genético de información cultural”. Como un volcán salían de mis genes fogonazos de coraje, dolor y al mismo tiempo de sublime emoción por saberme de otra manera, por conocer desde otra perspectiva a mis antepasados que metafóricamente eran Gonzalo y Zazil Há, ¡Padres del Mestizaje! Me pareció, en ese momento, una vileza hacer suponer al pueblo de México que Cortés y Malinche eran el símbolo del mestizaje, y que, nosotros, -el pueblo-, éramos –metafóricamente-, el hijo bastardo, frustrado y traidor, simbolizado con Martín Cortés, “el mestizo”, el excluido y despreciado por los españoles, el propio Cortés y su hermano, también llamado Martín Cortés, pero hijo reconocido de una española llamada Juana de Zúñiga.

La discreta campana de Caralampio, me llamó a desayunar rompiendo el río turbulento de mis pensamientos. Me di cuenta que estaba hambriento y muy cansado. La jornada había sido agotadora. Desayuné y caí en un profundo sueño en el que aparecían los personajes de los relatos de don Anatolio, como en un carrusel sin fin se proyectaban en las paredes de mi habitación.

El sonido de la lluvia me despertó. Había dormido ocho horas y la tarde se empapaba con la tormenta. No estaba totalmente repuesto porque estuve soñando con los relatos de don Anatolio. Algo me estaba pasando, pero pareciera que Gonzalo y Zazil Há estaban cobrando vida dentro de mí interior, no como fantasmas o seres de ultra tumba, sino más bien como poderosos sentimientos que siempre había estado habitando en lo más profundo de mi ser, y que con el relato de Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco, encontraban una fisura en mi blindada percepción colonizada del mundo, de la vida y la historia. Era como si dos inmensas placas tectónicas, que estuvieran durante cinco siglos en violenta y subterránea oposición y de pronto, de ellas por una fisura, empezaran a brotar el magma de la conciencia, que derrumba pesadas “construcciones mentales” e inmensos sentimientos, que a pesar de ser ajenos, se habían incorporado a mí ser.

Hasta ahora empezaba a cobrar conciencia de lo que me estaba sucediendo en mi interior, desde el primer día que escuché el mensaje de Gonzalo Guerrero. Esta lava que recorría mis adentros estaba modificando totalmente “mi paisaje interior”. Era un cataclismo mental, emocional y sobre todo, espiritual. Empezaba a ver y sentir a mi pueblo de otra manera. Yo mismo me sentía totalmente diferente. Todo el malestar interior que sentía antes de leer la carta de don Anatolio, había sido un preámbulo para recibir la información de los manuscritos. Ese malestar me preparó para abrir mi interior a otra posibilidad de entender el mundo. Mi vida en la Ciudad de México se había agotado y a pesar de los logros materiales, de los “éxitos profesionales” y de la comodidad existencial, en mi ser interior, existía una fuerza poderosa que me empujaba a buscar otra interpretación de la vida. No podía ser que toda la existencia humana se redujera solo a hacer dinero y comprar. No, por lo menos la mía, no.

Antes de que llegara la hora de mi cita con don Anatolio me puse a releer el texto “Historia Verdadera del México Profundo”, de Guillermo Marín. Un libro que me había regalado el profesor oaxaqueño Enedino Jiménez, poeta, luchador social y en su día, dirigente de la Sección XXII de la CENTE en Oaxaca, a quien conocí en uno de los encuentros de poetas oaxaqueños que organizaban las Casas de Cultura de Oaxaca y Juchitán, en la década de los años ochenta, con el inolvidable poeta y promotor cultural Macario Matus. Lo que me llama la atención de este libro es que hace un recorrido por los ocho mil años de historia, de lo que hoy es México, pero a través de una visión sustentada en la identidad cultural y el desarrollo humano de la Cultura Madre, citando a los historiadores, pero desde una perspectiva descolonizada.

Porque el punto es, que el trauma al que han sometido a los pueblos de México, no es el “de la conquista”, sino el de la pérdida de la memoria histórica. El supuesto trauma de la conquista es el ardid para hacer invisible la ostensible desmemoria del pueblo, que representa el arma fundamental para mantener el sistema neocolonial vigente. Porque como personas, como familia y como pueblo, “somos lo que recordamos”. Si no sabemos de dónde venimos, quiénes eran en verdad nuestros antepasados, cuáles sus logros, en dónde radica su grandeza, cuál era su sabiduría y su proyecto histórico civilizatorio. Y a esto, se le suma, una historia oficial tendenciosa, falsa y totalmente parcial, la resultante es un pueblo sin memoria histórica, sin identidad, lo que lo hace inseguro, débil y frágil, fácilmente presa de sus explotadores y depredadores. Este libro permite a través de la cita de historiadores e investigadores, tener otra visión del país al que el Dr. Guillermo Bonfil llamó, “El México Profundo”.

Llegó la hora y en cuanto tocó la puerta Caralampio, salí con mis cosas rumbo a la añosa biblioteca de la casa. En la penumbra y con el tufo a libros viejos me recibió don Anatolio. Dejó que acomodara mis cosas y que ajustara la lámpara de la mesa. Le hice saber con una seña que estaba listo, don Anatolio cerró sus ojos, se pasaron lentamente sus blancas manos sobre su escasa cabellera y finalmente las llevó a su regazo. Hasta ese momento me di cuenta que don Anatolio siempre vestía de color negro.

-La vida de mi familia ha sido afectada por la responsabilidad de poseer y preservar los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco- comenzó a decir casi en un susurro-. En los primeros tiempos, porque hubiera sido motivo de que la Santa Inquisición torturara y asesinara a mi familia, para después desposeerla de todos sus bienes y derechos. Posteriormente, porque en catorce generaciones, se mantuvo como la razón fundamental la preservación de los manuscritos, y esto le dio un giro muy diferente a mi familia. En el periodo Colonial, las instituciones reales, y en especial las diferentes instituciones de la Iglesia Católica, persiguieron todo vestigio de la civilización invadida. El criterio era que todo lo relacionado a la civilización del Anáhuac era demoniaco, especialmente su filosofía y su religión. En 1562, Fray Diego de Landa quema miles de códices mayas y hoy solo existen tres en el mundo, de los cuales, uno está en México. La destrucción, genocidio y epistemicidio, sustentaba y justificaba los crímenes, despojos e injusticias que hacían los europeos con los pueblos originarios, lo mismo fueran mayas, nahuas, quechuas o mapuches. Al negarles la condición humana, los pueblos invadidos perdían todo derecho sobre sí mismos, sus vidas, libertad y bienes materiales. Pasaban por derecho real y divino, a través de los enviados del Vaticano, a las despiadadas manos de los invasores.

Esta consigna del invasor-conquistador, de hacer creer inferior al conquistado, quitándole el derecho de ser hijo de su Dios, casi un animal salvaje e inconsciente, fue la divisa durante tres siglos de colonización, y se ha mantenido, -hipócritamente-, estos dos últimos en el neocolonialismo criollo. El asumir que los extranjeros tenían todos los derechos y los “naturales” ninguno, fue lo que permitió la desmesurada explotación y al parecer, la inagotable depredación, tanto de los pueblos originarios como de sus recursos naturales. La paupérrima Europa de finales de la Edad Media vio entrar a sus arcas reales cientos de toneladas de oro y plata que iniciaron el capitalismo, la “edad moderna”, la conquista del mundo y el eurocentrismo. La colonización comenzó en América, pero siguió en África y Asia. Españoles, portugueses, holandeses, ingleses, franceses y alemanes continuaron la invasión del mundo en pos de materias primas, mano de obra esclava y mercados, hasta entrado el siglo XX. Los europeos se dedicaron a invadir y colonizar todo el planeta para su beneficio, destruyendo las culturas, filosofías, conocimientos, religiones, valores y formas de vida ancestrales para “implantar la modernidad y la democracia”, que no es más que la visión materialista de la vida y el mundo en favor de “los dueños del dinero”. Resulta un verdadero suicidio lo que siguen haciendo ahora en pleno siglo XXI con el neoliberalismo y la globalización. Antes esto se hizo con carabelas y arcabuces, después con cañoneras y misiles, ahora con medios masivos de comunicación y bancos.

Por eso resultan tan importantes los manuscritos, porque en este momento tan crítico, no sólo de México, sino de gran parte del mundo, producido por los excesos de los adoradores del imperio al culto del “Becerro de Oro”, la humanidad tiene que voltear a ver el antiguo camino y retomarlo. Por más difícil que se vea, lo difícil no es hacerlo, sino imaginarlo. Los manuscritos pueden ser el detonante para que la gente despierte y se “conecte” con lo mejor de todos sus antepasados, tanto anahuacas como europeos. Porque la verdad es que somos hijos de los hijos de Zazil Há y Gonzalo Guerrero. Representamos, -todos-, esa familia por la cual Zazil Há le prometió a Gonzalo que se esforzaría para darles a sus hijos la mejor educación y los más altos valores para ser la semilla de una nueva nación. Una familia por la que Gonzalo Guerrero luchó y defendió hasta la misma muerte. Debemos de honrar con nuestros actos, frente a esta crisis, a nuestros padres fundadores.

Porque hoy mismo, ni los indígenas viven de acuerdo a su milenaria cultura, son mestizos culturalmente. Ni los extranjeros que han vivido por generaciones en el Anáhuac, viven de acuerdo a su cultura Madre. Hoy todos somos culturalmente mestizos y el símbolo de este maravilloso mestizaje es la familia de Zazil Há y Gonzalo Guerrero. Sus hijos somos todos y cada uno de nosotros, tomando más de una parte o de la otra, pero hemos creado algo diferente de los que nos dieron vida. Esto es la dialéctica de la cultura y de lo humano. Somos un pueblo totalmente diferente de aquellos que nos dieron la vida, pero tenemos lo mejor de las dos partes, aunque, descolonizadamente, la parte más antigua y profunda es la Cultura Madre del Cem Anáhuac.

-Veme a mi Fernando, mi “carrocería” es europea, pero mi “motor” es anahuaca. En aquella fotografía, -dijo, señalando a la pared-, puede ver a mi padre y a mi abuelo, su fenotipo era europeo, pero su corazón, apasionadamente maya. Fue mi padre el que más se apasionó con los manuscritos y fue él, quien me envió a vivir y estudiar a Europa. Tal vez por ello fue que tomé los manuscritos con mayor pasión que mi padre. Desde lejos se puede ver mucho mejor lo que está adentro. Mi padre se esmeró mucho en mi educación, pero a pesar de su edad y su época, asombrosamente fue un descolonizador de “tiempo completo”, razón por la cual, la economía familiar se vino abajo. Poco a poco la familia se fue desprendiendo de las haciendas henequeneras, las tierras y a mí me ha tocado desprenderme de las casas en la ciudad de Mérida, hasta llegar al punto que apenas tenemos para vivir Caralampio y yo, que más que un trabajador, es como mi “compañero de camino”. Cuando parta, él será el dueño de los pocos bienes que me quedan de la familia Rivadeneira Rondó.

-Aprovecho la oportunidad, -le dije a don Anatolio-, ya que usted menciona a su familia, me gustaría saber, cómo fue que los manuscritos llegaron a ustedes.

-Esa es una buena pregunta que yo quisiera responder, pero por desgracia, esa información está perdida en el tiempo –dijo con aire cansado-. Se sabe que los manuscritos estuvieron en manos mayas por algún tiempo, pero en aquella feroz y fanática persecución, lo más inteligente para esconderlos era ponerlos en manos de una familia europea pudiente. Es un verdadero misterio saber cómo se hizo este magistral cambio de manos indígenas a manos europeas. Los españoles, por ignorancia, incapacidad o miedo, jamás pudieron penetrar en los saberes ancestrales de los mayas. Este territorio siempre ha estado vedado para los “no mayas”. Los hombres y mujeres de conocimiento del Anáhuac se retiraron de “la superficie de la Tierra”, más de seis siglos antes de que los conquistadores pusieran su planta en el Mayab. Sin embargo, -te diré-, yo creo que los hombres de conocimiento maya indiscutiblemente tuvieron que ver con este asombroso cambio y pienso que durante todo este tiempo, ellos han estado velando y protegiendo este valioso patrimonio cultural desde el mundo del nahual. Qué, no te has dado cuenta.

La milenaria sabiduría a partir del colapso del periodo Clásico superior, que se dio a mitad del siglo IX, desapareció físicamente del Cem Anáhuac, pero se ha mantenido permanentemente ahí, donde nadie la ve, donde muy pocos, “apenas la sienten”. El hecho que la cultura dominante “no la vea” o la niegue, no quiere decir que no exista. Alrededor del año 850, en una generación fueron abandonados los centros de conocimiento de todo el Cem Anáhuac, algunos quemados, destruidos y cubiertos de tierra, otros quedaron en ruinas y fueron reutilizados por los pueblos posteriores como lugares sagrados o panteones. Los venerables maestros partieron, pero dejaron dicho que regresarían para restaurar el equilibrio y la armonía. Desde aquellos tiempos hasta la actualidad, en el subconsciente de los hijos de los hijos, siempre ha estado presente el regreso de la Serpiente Emplumada, que no es más que el conocimiento. Justamente por esta razón es que Cortés, aconsejado por Malinche, se asumió como el capitán de Quetzalcóatl y pudo hacer tanto daño como lo hizo. Primero venció con ayuda de los pueblos tlaxcaltecas y texcocanos a los mexicas, y posteriormente con unos y otros iniciaron la conquista de todo el territorio. El peso militar y económico de la conquista de lo que hoy es México, por lo menos durante la primera parte del siglo XVI, básicamente estuvo soportado por los pueblos anahuacas, especialmente los nahuas del Altiplano. Nos conquistamos a nosotros mismos. Nos dividieron y nos enfrentaron, nos quitaron la lengua, la memoria, los conocimientos, los espacios y nuestra ancestral espiritualidad, nos han hecho esclavos estos cinco siglos. Su arma fundamental ha sido la ignorancia de nosotros mismos. Por eso la importancia de los manuscritos, ¡tenemos que recuperar la memoria histórica Fernando!

Pero volviendo al punto, los venerables maestros de la sabiduría ancestral del Anáhuac, conocida en lengua náhuatl como Toltecáyotl, han estado presentes desde el año 850, aunque no los veamos, aunque no los conozcamos, pero han sido y siguen siendo “los guardianes ancestrales” de nuestros tesoros humanos. Guardianes muy poderosos, porque tienen la libertad de ser desconocidos para todos. No se ven, pero ahí están. Tal vez, creo yo, ellos fueron los artífices de este formidable enroque. Poner los manuscritos en las manos de una familia europea acomodada y en el corazón de la ciudad de Mérida, resulta una estrategia genial. Algo casi sobrenatural le debió haber pasado a la familia Rivadeneira para “convertirlos en depositarios responsables de este maravilloso legado”, escrito con el puño y letra de un español pero dictado con el corazón maya.

Personalmente creo que los Viejos Abuelos toltecas tienen “sembrado” todo el Anáhuac con tesoros de esta magnitud, que esperan el momento justo para su revelación exaltante. En la misma Ciudad de México, en Oaxaca, Puebla, Morelia; entre mestizos, mayas, nahuas, mixtecos, zapotecos, huicholes, yaquis y demás culturas, ahí están depositados estos tesoros en el corazón de los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos. Presiento que pronto empezarán a florecer estas bellas flores y estos “ricos cantos”, que como semillas del desierto, pueden pasar años y años, en espera de una tormenta y florecer de un día para otro después del esperado aguacero, en medio del desierto y la desolación humana. Así de maravillosos y misteriosos somos los seres humanos y sus milenarias culturas. Fernando, ¡qué importa cómo llegaron los documentos a nuestras manos! Lo importante es cómo trascenderlos y que cumplan su misión para la que fueron creados. -Don Anatolio pareció agotado por la emoción de sus propias palabras-.

Yo guardé un respetuoso silencio y don Anatolio cerró los ojos, como concentrándose.

-Quiero hacer un paréntesis, para explicarte el contexto en que se encontraba la invasión europea, y sea más fácil de comprender lo que le sucedió a Gonzalo Guerrero y su familia, además de la razón para escribir los manuscritos. -Dijo con mucha calma don Anatolio.

-La creación del Virreinato de la Nueva España empezaba a marcha forzada con el poder militar de los pueblos nahuas del Valle de Anáhuac, que rápidamente aprendieron los usos y costumbres guerreros de los españoles, desde el empleo de sus armas hasta el saqueo y el asesinato, poniéndolos al servicio de los intereses de los europeos. Pero también, empezó una lucha entre los conquistadores y la burocracia de la corona y de la iglesia. Los primeros se consideraban los indiscutibles amos y señores de las tierras y los hombres conquistados, pero el avance de la maquinaria colonial atentaba contra su poder casi ilimitado. Para 1528 se formó la primera Audiencia y Nuño de Guzmán se declaró enemigo de Hernán Cortés. Ante los conflictos de autoridad y poder, la corona creó la segunda Audiencia en 1531. Pero fue hasta 1535 cuando Carlos V nombra a Antonio de Mendoza primer Virrey de la Nueva España.

En 1526 el rey de España nombró a Francisco de Montejo, “Adelantado, Capitán, General, y Alguacil Mayor de Yucatán, Cozumel y Tabasco”. Montejo vendió todas sus posesiones en España, para financiar la expedición, y en compañía de su hijo y un sobrino inició la primera campaña en 1527, con un fracaso rotundo porque los pueblos mayas estaban preparados y los estaban esperando, gracias a la capacitación de Gonzalo Guerrero. La segunda campaña la inicia en 1530 con pobres resultados, los pueblos mayas se defendieron con heroísmo de la invasión y ocupación, aún los de Tabasco, donde Montejo fijó su cuartel general. Muchos de los filibusteros que acompañaban a Montejo lo abandonaron al ver la tenaz resistencia y se fueron a la invasión de Perú. Tal era la defensa maya que Montejo tuvo que pedir ayuda a la corona española en 1535. Todo el poder económico y militar se dispuso para acabar con la resistencia maya.

La nueva estrategia estaba sustentada primeramente en los asesinatos de Gonzalo Guerrero, su esposa e hijos. Los Montejo se comprometieron a enviar una expedición punitiva para “extirpar” el origen de la resistencia. La corona para ofrecer su ayuda lo puso como una condición, ya que no iba a tolerar que ningún español se pasara al bando de los invadidos y cundiera el ejemplo de Gonzalo Guerrero, fuera por nobles sentimientos o por interés personal o de algún reino europeo, que ya empezaba la codicia por las riquezas encontradas en las tierras invadidas. También, la iglesia católica no iba a permitir que los españoles tuvieran relaciones sexuales con animales, menos procrear con ellos y asumir a su religión demoniaca. Fue hasta 1550, en Valladolid, España, donde se da la llamada “Polémica de los naturales”, entre Fray Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda donde se “comprobó” que los anahuacas tenían alma, y en tal caso, no eran animales. Para los españoles católicos del siglo XVI, tener relaciones sexuales con animales estaba prohibido por el sexto mandamiento que dice: “no cometerás actos impuros”, es decir, no tendrás relaciones sexuales con animales. Pero fundamentalmente, para la corona española era un imperativo poner un castigo ejemplar, para que los españoles que pretendieran traicionarla en América, y procrearan hijos con indígenas. El Virreinato de la Nueva España era para los españoles y no serían tolerados los mestizos. Los indígenas, si eran hostiles a la colonización debían ser exterminados, y de someterse, deberían ser sirvientes y mano de obra esclava a cambio de cristianizarlos. Esta fue la condición que puso la corona para darles apoyo a Francisco de Montejo y sus socios, para la conquista de Yucatán. El ajusticiamiento de Gonzalo Guerrero, hoy se llamaría, un crimen de Estado. Tomado en cuenta todo lo anterior, los manuscritos dejados como un legado por Gonzalo Guerrero cobra otra dimensión. Gonzalo Guerrero no fue un traidor, lo que sucedió es que la cultura maya lo humanizó y civilizó.

Don Anatolio se quedó callado por un tiempo, como tomando fuerzas de su agotado cuerpo. Cerró los ojos y comenzó a relatar la penúltima parte de los Sagrados Manuscrito del Jaguar Blanco.

-La defensa de la península, al paso del tiempo, era más difícil de sostener, algunos pueblos mayas se hicieron aliados de los invasores para no ser arrasados, torturados y esclavizados. Seguían llegando los castellanos, no solo por el mar, sino también por la zona montañosa del mar poniente. Por los informantes supimos que los castellanos venían por mí y por mi familia. Era el año de 1535 y decidí darme por muerto, para que los cristianos no me buscaran más y pudiera proteger a mi familia. Era muy claro para mí, que la resistencia de los pueblos mayas era un mal ejemplo que podía cundir entre muchos pueblos del Anáhuac, especialmente porque ya se sabía de las derrotas que estaban sufriendo los españoles en el Norte y desde luego en el Mayab.

El Consejo Supremo decidió que mi familia y yo, nos escondiéramos en las selvas de “las tierras bajas del Sur”, durante un tiempo mientras pasaba la embestida de Montejo. Era un lugar en donde los invasores no podían penetrar, era un refugio natural. Se sabía que le habían puesto precio a nuestras cabezas, el objetivo era el exterminio ejemplar. Yo sabía que lo más importante, además de la defensa del Mayab, era preservar a mi familia, especialmente a mis amados hijos, que representaban el honorable principio de una estirpe que poblaría estas tierras. Tarde o temprano los españoles no exterminarían a sus propios hijos.

Los castellanos desde el inicio de la invasión dejaron hijos en las islas de mar adentro, pero éstos, eran sumados a la empresa de conquista y colonización en calidad de guías, informantes o sirvientes. Mis hijos no serían sirvientes de los españoles y verdugos de sus hermanos. Serán en cambio, el principio de un nuevo ciclo que cambiará la faz de estas tierras. El encuentro y el fruto florecido de lo mejor de las dos culturas en conflicto. Porque, no todos los españoles que llegan son asesinos y ladrones, ni todos los anahuacas son fieles a la tradición milenaria tolteca. Algunos individuos y pueblos, inmediatamente han tomado para sí, un lugar en la conquista y la colonización. Copian la actitud del depredador y explotador en un papel inferior de “vencido-vencedor” y se transforman en un pavoroso “colonizado-colonizador”. Como Malinche y los pueblos anahuacas aliados de los cristianos.

El fruto florecido del amor entre Agua Cristalina y yo, eran esas tres piedritas preciosas, esas plumitas de quetzal, que serían el inicio, la base y fundación, donde se mezclaron lo mejor de Agua Cristalina, su familia, su pueblo y su cultura, y las mías, las de mi familia, mi pueblo y mi cultura. Esa poderosa fuerza, esa maravillosa energía que nos atrajo y fundió en un solo ser a mi esposa y a mí, era un designio de “Aquel por quien se vive”, para terminar un ciclo e iniciar uno nuevo. El mestizaje era la única opción para trascender tanto sufrimiento, muerte y destrucción. Los mejores días de la sabiduría de los toltecas en el Anáhuac habían pasado hacía más de trece atados de años. El conocimiento estaba agotado y se requería una fuerte sacudida para entrar en el proceso de reiniciación de un nuevo ciclo cósmico. Todo parto conlleva dolor y sangre, pero produce una nueva vida. El mestizaje será el inicio de ese nuevo ciclo para el Anáhuac. Pero ese mestizaje tiene que ser producto de lo mejor de las dos partes que lo conforman. Un mestizaje luminoso y equilibrado, pleno de amor y encuentro, de respeto y valoración mutua. Lo mejor de las dos partes del mestizaje produce una tercera, mucho mejor y diferente a las dos que lo conformaron. Este es justamente el valor de este naciente mestizaje representado en mis hijos, mi esposa y yo.

Los Venerables Maestros del “El Recinto del Jaguar Negro” sabían que la sabiduría tolteca sistematizada y preservada en la Toltecáyotl, dejó dicho que los opuestos, -si se complementan en equilibrio-, forman un tercer elemento, totalmente diferente y profundamente mejorado y potenciado que los dos que lo produjeron. Es el caso del quetzal, símbolo del ave más hermosa que se eleva en busca de sabiduría celestial, y la serpiente, que repta sobre la tierra y representa la fuerza del mundo material. En esa unión de opuestos complementarios forman un tercero, mucho más importante y trascendente, me refiero al Quetzalcóatl en lengua náhuatl de los toltecas y en lengua maya Kukulcán. Alegoría que entraña un desafío el encarnarla, es decir, lograr el equilibrio entre el ave y la serpiente que habitan en cada uno de los seres humanos.

Mi familia, pero en especial mis amados hijos, serán el inicio de un nuevo linaje en esta sagrada tierra de la Serpiente Emplumada de “hombres y mujeres verdaderos”, que con sus rostros propios y sus corazones florecidos deberán crear una nueva alternativa para alcanzar la conciencia de la sacralidad de la vida a partir del desarrollo pleno de todas sus potencialidades. Los mestizos del Anáhuac, serán la suma mejorada de las dos culturas que les posibilitaron nacer.

Esta es la verdadera razón por la cual “El Señor del Cielo, el dador del movimiento y la medida” me envió al Anáhuac. Ahora lo entiendo, este desafío, es lo que le da razón y le da sentido a mi vida. Cada ser humano tiene una razón de vida, una misión, un camino que recorrer. Porque todos hemos sido creados por la misericordia y el amor de “Aquél por quien se vive”. Somos todos los seres vivos poseedores de una fracción de su infinito amor y por ello todos, somos y estamos iguales y en consecuencia somos parte de Él. Con un grupo de hombres y mujeres, tanto campesinos, como médicos y maestros para los hijos del grupo, así como con un grupo de guerreros de mi confianza y sus familias, iniciamos el camino, primero por mar y luego a lo más recóndito de las selvas del Sur. Las instrucciones de Consejo Supremo era crear un refugio seguro e impenetrable, y en él, fundar una pequeña comunidad autosuficiente para esperar que pasaran los tiempos difíciles del asedio y exterminio, donde pudieran crecer nuestros niños con seguridad y bienestar.

Después de un largo y penoso recorrido en la impenetrable selva virgen, encontramos una pequeña cordillera en la que se podía observar desde la cima de la montaña más alta cualquier incursión a gran distancia. Era el lugar ideal, había un manantial de agua y entre los cerros un pequeño valle para sembrar nuestros alimentos. Construimos las casas con bajareque y encontramos una cueva muy propicia para ser usada como refugio para toda la pequeña comunidad. Las instrucciones del Consejo Supremo eran de quedarnos ahí hasta que nos dieran la orden de regresar. Un mensajero llevó la confirmación de que se había cumplido con lo ordenado y el lugar en el que nos encontrábamos.”

X CAPÍTULO. La Batalla Final.

Desperté más temprano que de costumbre. Dos ideas empezaron a resonar en mi cabeza como un despertador y me hicieron despabilarme. Tenía que responder las preguntas que brotaban de esas ensoñaciones. La cuestión es, que el hecho de que los Manuscritos hayan pasado de manos mayas a manos europeas en pleno siglo XVI, era algo verdaderamente difícil de suceder, si no, imposible. Como dijo don Anatolio, “esa es una buena pregunta que yo quisiera responder, pero por desgracia, esa información está perdida en el tiempo”. No solamente en los tiempos de la Colonia, aun en pleno siglo XX se sabe de muchas historias que no se pueden explicar. Historias y personajes que tienen que ver con “esa sabiduría ancestral”, que se ha mantenido encubierta y totalmente inaccesible para la cultura dominante.

Esto me hizo recordar una entrevista que le hice a un “curandero” de Tula, Hidalgo, llamado Ángel Xochimapictli Texcocano, que apareció en el “Periódico Uno Más Uno” el 19 y 20 de marzo de 1979. En la entrevista, el hombre de conocimiento, me dijo entre otras cosas: En el México actual, “El indio que tú ves sobre la superficie de la tierra es el despojo del indio, su apariencia. El verdadero indio está escondido en el interior del mundo, pero no en una cueva, que es donde vive el tigre, sino en el corazón mismo de la tierra, nuestra madre querida…Ya lo único que tenemos que perder es nuestra vida, pero esa no es nuestra, de manera que tenemos que cuidarla para que nuestros hijos recuerden la grandeza de sus padres y obren en consecuencia… El indio que queda afuera, en la superficie del mundo, vive como esclavo y su vida vale tanto como la de un perro. Tú puedes ver a tanto indio acabado, el que perdió sus costumbres y con ellas el único refugio que tenían, como si fuera un trapo sucio, no vale nada… Hace muchos años que el indio perdió el derecho a ser dueño de la superficie de su tierra en el campo de batalla. Hoy, sería una estupidez pensar que puede recobrar ese derecho con el arco y con la flecha. Los que vinieron nos arrebataron, quizás para siempre, la superficie del mundo, pero esta derrota obligó al indio a penetrar en el interior de la Tierra, donde el blanco lo único que encuentra es petróleo… ya le dije, se destruyeron todos nuestros edificios, se acabaron todas nuestras instituciones. Hoy ya no hay escuelas, hay hombres que saben y riegan su saber entre sus hijos, para que el hombre antiguo se conserve en ellos y no se pierda la memoria de nuestros padres sobre la tierra”.

Me estremecí al recordar a don Ángel Xochimapictli. Existen muchos hombres y mujeres que poseen la sabiduría ancestral y que no son “visibles” para la cultura dominante. Ni la misma obra de Carlos Castaneda, que se basa en la enseñanza de la “Toltequidad”, -que según el autor, le transmitió un hombre de conocimiento yaqui- ha podido franquear los inmensos muros de la “academia”, para quedar solo en un relato exótico y psicodélico del movimiento del “new age”, sin mayor trascendencia. La destrucción del conocimiento que hicieron los castellanos en la península de las bibliotecas de los árabes en Sevilla y Granda, antes de la invasión al Anáhuac, lo vinieron a continuar con la quema de códices, asesinato de hombres y mujeres de conocimiento, así como con los maestros de las escuelas que inmediatamente prohibieron, para dejar a los conquistados sin educación y sin memoria. La Europa medieval se caracterizó por el exterminio de las personas de conocimiento, sus saberes y sus libros, así como el exterminio por razones religiosas. El poder del Vaticano y el fanatismo exacerbado se fundió con el oscurantismo y la ignorancia. La Iglesia Católica era la poseedora de la única verdad y la Santa Inquisición fue un mortífero instrumento que sembró el terror y la muerte, tanto en España como en América.

La otra idea que rondaba en mi cabeza, era la decisión de la corona española de asesinar a Gonzalo Guerrero y a su familia. En la historia oficial hispanista se relata como un hecho aislado, casual y “menor”, pero indiscutiblemente en su momento, la ordenada y sistematizada resistencia de los mayas debió inquietar mucho a los españoles y resulta, “razonable”, el empeño que tuvieron en perseguirlo y rastrearlo desde lo que hoy es Quintana Roo hasta Honduras en Centro América. Justamente en 1540 comenzó la gran rebelión en contra de la corona conocida como La Guerra del Mixtón que se dio en el Occidente del Virreinato y en la que tuvieron que intervenir más de cincuenta mil hombres por parte de los españoles y que estuvo a punto de perder la corona. Este conflicto fue la gota que derramó el vaso de muchas rebeliones en contra de la invasión que se dieron entre 1521 y 1550. Indiscutiblemente que los pueblos mayas fueron los primeros en enfrentar con éxito a los invasores, pero siempre ha existido un rosario de estallidos sociales y rebeliones de los pueblos indígenas en contra del gobierno Virreinal español y el Estado neocolonial de los criollos, en estos dos últimos siglos de ocupación.

El discurso de ayer y de hoy, sobre las rebeliones indígenas es totalmente parcial y malicioso. En el siglo XVI los españoles usaban el eufemismo “rescatar oro”, a la acción de ir a las comunidades indígenas a matar y destruir para robar oro. Por supuesto que ante la defensa violenta de los invadidos, los españoles le llamaron a la represión, “pacificación”. En nuestros días, al “rescate de los recursos naturales” por las empresas transnacionales, se le llama “desarrollo” y a los que protestan se les llama “transgresores de la paz social y enemigos del progreso”. Los pueblos indígenas han estado en total y permanente resistencia, solo que ignorada y silenciada por los medios masivos y por las armas. Tal vez la rebelión más importante en estos cinco siglos de invasión y ocupación es la del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, porque su rebelión se sustenta en la exigencia del cumplimiento estricto de la ley, el repudio a la violencia y el rechazo a buscar el poder o el cambio de sistema, como ellos dicen, “para todos todo, para nosotros nada”.

El discurso de don Anatolio, si bien, estaba cargado de emoción, tenía coherencia y lógica. Y es esto justamente lo que me conmovía. Los argumentos de don Anatolio, que según él, eran los de Gonzalo Guerrero “actualizados” por su padre y él mismo, me hacían sentir intelectualmente flácido y manipulado. Cómo es que nunca se me había ocurrido dudar o cuestionar el discurso de la historia oficial hispanista. Por qué acepté dócilmente la supuesta veracidad de las llamadas “fuentes históricas”. A final de cuentas, y viéndolos desde una perspectiva descolonizadora, en general, los escritos hispanistas sobre la conquista son “puras novelas de ficción”, basadas en mentiras exageradas para extender y recrear más mentiras. Todo lo que se escribió en ese tiempo, por los supuestos protagonistas, tenía un objetivo totalmente alejado de la verdad histórica y favorecía totalmente intereses de la corona, la iglesia y de quienes escribían, entonces, ¿cómo es posible que se tomen como verdaderas fuentes inobjetables? El ejemplo más patético es el prólogo del libro “Historia General de las cosas de la Nueva España” escrito por Fray Bernandino de Sahagún, en el que confiesa que escribió el libro como un manual para conocer “las enfermedades del espíritu y las idolatrías” y poder combatirlas y extirparlas mejor. ¿Cómo es posible que este escrito sea tomado como una fuente histórica confiable?

Por otra parte, cómo es posible que los ahora llamados mexicanos acepten todas esas mentiras que llaman “historia prehispánica”. Además de la supuesta conquista heroica de los españoles, ¿cómo es posible que en los libros de texto se enseñe a nuestra niñez que cuando los invadidos derrotaron a los invasores en 1520, a ese glorioso hecho histórico, se le llame “Batalla de la Noche Triste”? Cómo es posible que los maestros mexicanos sean tan indolentes y poco críticos en su ejercicio profesional, y voluntariamente se presten a ser el troquel con el que se coloniza la mente de la niñez mexicana. La defensa de la Matria y la descolonización se debería dar en el aula.

Todas estas ideas y juicios se agitaban en mi mente como un furioso huracán. Tenía toda la razón don Anatolio, los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco deberían darse a conocer de inmediato a toda la nación. La vida de Gonzalo Guerrero, Zazil Há, sus tres hijos y la familia Rivadeneira, trascenderían en la medida que esta visión de la importancia y valor de nuestro mestizaje se convirtiera en inicio de la recuperación plena de nuestra memoria histórica, nuestra identidad y nuestra autoestima, como personas, familias, pueblos y nación. La grandeza del mestizaje nos ha sido arrebatada desde el inicio por el conquistador-colonizador. En su lugar, nos impusieron el mito denigrante de ser hijos de un “asesino y una traidora”, por medio de una violación. Y nos han impuesto, subliminalmente, la figura de Martín Cortes, el hijo bastardo que también fue un traidor, apodado “el mestizo” por los propios españoles, para negar cualquier posibilidad de que nuestro luminoso origen mestizo tenga dignidad y grandeza.

Según lo dicho por don Anatolio, hoy sería la última “entrega” de los Manuscritos y de mi estancia en Mérida, que por cierto, se me había pasado rápidamente. Por lo tanto, después del desayuno salí a caminar, gracias a la invitación que me hizo el Ing. Manuel Rosado, conocedor de la cultura maya, quien me mostró con detalle el Paseo Montejo. La intención era despedirme de esta bella ciudad fundada sobre las ruinas de la ciudad maya llamada T´Hó ó Ichkansihó en 1542 y cuyos primeros edificios fueron construidos con las piedras de la antigua ciudad, también llamada “Cinco Cerros”. El Paseo Montejo es un fiel reflejo de este sincretismo criollo que se ha llamado “México” desde 1821. En el apogeo económico de la fibra del henequén creado sobre la explotación de los pueblos mayas, los ricos finqueros afrancesados quisieron hacer su “París chiquito” y copiaron los famosos Campos Elíseos de París. Es curioso y significativo, pero El Paseo Montejo contiene la mítica de una nación criolla totalmente colonizada. Con glorietas con monumentos que tratan de exaltar una mezcla cultural no asimilada y sí excluyente. El inicio del paseo se encuentra, el cuestionado, monumento a “los fundadores hispanos”, Francisco Montejo y su hijo, dos genocidas que inician los tiempos del terror para la cultura maya, cuando “los Dzules castraron al Sol”. Un monumento a La Patria hecho por el artista colombiano Rómulo Rozo, con extraños e inciertos matices mayas, donde los españoles están en posiciones erguidas y los mayas agachados o reclinados, pero que apuntan a un nacionalismo excluyente de la pluralidad indígena de la nación, especialmente a mediados del siglo XX. Otro monumento a Felipe Carillo Puerto líder revolucionario que en la segunda década del siglo XX, fue llamado “El Apóstol rojo de los mayas” y por consiguiente fusilado. El monumento a Justo Sierra O´Reilly, padre del educador porfirista Justo Sierra Méndez y que entre otras cosas, buscó el apoyo de Estados Unidos contra la Guerra de Castas. La última adquisición del Paseo fue la Glorieta de la Paz, también llamada “Glorieta 4 de julio”, futurista, no solo por su sugestivo segundo nombre, sino por el paso a desnivel que apunta al “progreso y la modernidad”. No podría faltar el monumento a Gonzalo Guerrero en un lugar marginal del Paseo, obra del artista zacatecano Raúl Ayala, en donde el español está erguido y Zazil Há, atrás de él y sentada en el piso. Por cierto, la obra escultórica no fue hecha para el Paseo Montejo, sino para Akumal, Qunitana Roo en 1974.

Al regresar a la casa de don Anatolio, después de un largo recorrido, pensaba que ahora, el Paseo Montejo está saturado de negocios de empresas transnacionales y que con eso se cierra el ciclo de la invasión-neocolonización.

Después de comer, me encontraba descansando de la caminata, cuando un llamado urgente a la puerta me despertó de una pequeña siesta que tomaba en el sopor de la tarde. Era Caralampio, quien con evidente angustia me comunicó que don Anatolio se había puesto muy mal, y que deseaba adelantar la reunión de trabajo. Le dije que si lo creía conveniente, podíamos posponerla para el día siguiente. Con los ojos húmedos Caralampio contestó que no sería posible, que don Anatolio estaba por partir de este mundo.

Rápidamente tomé mis cosas y me dirigí con Caralampio a la biblioteca. Caralampio me detuvo en la puerta y entró a la habitación. Poco después salieron cuatro hombres y una mujer, ostensiblemente indígenas mayas, y muy ceremoniosos me saludaron al salir. Iban con sus rostros serios y podría decir, tristes. Poco después salió Caralampio y me invitó a pasar. Pese a que las pesadas cortinas estaban cubriendo las dos ventanas, por la luz que se filtraba, pude ver con mayor claridad el espacio. Me llamó la atención que había muchas flores, veladoras y olía a incienso.

Don Anatolio estaba postrado en el gran sillón. Depositado como un frágil muñeco de trapo, su quebrantado cuerpo parecía una pequeña llama a punto de apagarse. Sus grandes ojos eran los que denotaban vida en ese gastado cuerpo. Caralampio lo acomodó con mucho cuidado, poniendo unas almohadas, para que tomara una posición más cómoda. Con voz apenas audible me dijo,

-Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco, están a punto de desaparecer de este mundo. Me estoy yendo Fernando, pero necesito acabar de trasmitirle la historia que nos legó Gonzalo Guerrero.

-Te agradezco tu confianza y tu interés en esta historia. Sé, que es difícil creer que Gonzalo Guerrero la haya escrito, y más aún, que ésta haya sobrevivido 478 años, primero en papel y después en la tradición oral de mi familia. La misión de Gonzalo, Zazil Há, sus hijos y mi familia se cumplirá, en la medida que la difundas entre los hijos de los hijos de la primera familia de mestizos del país. Te agradezco de antemano el esfuerzo de tu ardua tarea, sé que te enfrentarás con el feroz ataque de las mentes y corazones colonizados, así como con sus instituciones académicas, políticas y económicas, pero no se puede parar la marcha por la recuperación de nuestra memoria histórica y la dignidad de nuestro honroso mestizaje. Así como habrá gente que niegue cualquier versión que no se ajuste a la historia oficial hispanista neocolonial, también se encontrará en el camino con personas que están trabajando por la recuperación de la memoria ancestral, la sabiduría atesorada en la Toltecáyotl y por el florecimiento de nuestra milenaria civilización a partir del mestizaje consciente e integrador. No solo en las comunidades indígenas y campesinas, sino también en los núcleos urbanos. Personas que a través de la medicina tradicional, la danza, el arte popular, la agricultura y agricultura anahuaca, la arqueoastronomía y las matemáticas ancestrales, están despertando conciencias.

Agradeceré mucho que cuando partas de Mérida, te olvides de mi persona, como si nunca hubiera existido. Confío en que lograrás difundir el contenido de los manuscritos para que lleguen a los corazones receptivos de los descendientes de Zazil Ha y Gonzalo. Todo está preparado para mi partida, esta casa, Caralampio y mis restos, desaparecerán, seremos de nuevo polvo en el camino. -Me quedé un poco confundido por lo dicho por don Anatolio-. De manera automática abrí mi libreta de apuntes y con un gesto corporal, le hice saber que estaba listo a escuchar la última parte de los manuscritos.

Hubo un largo silencio, alcé la cara, y sentí la profunda mirada de don Anatolio, como un haz de luz, que penetraba no sólo mi cerebro a través de mis ojos, sino literalmente sentí que llegaba a lo más profundo de mi alma. No era una mirada pesada o atemorizante, por el contrario, era una mirada que se sentía como una luz viva y vibrante. Serena, amorosa, pero sobre todo, muy sabia. Me sentí paralizado, algo muy importante estaba sucediendo en mi cuerpo, pero no sabía exactamente qué era. Sentía como si una “recomposición” energética se diera en todas mis células. Don Anatolio, no solo me estaba haciendo “algo” con su mirada, sino que sentía que ese “algo” era muy importante aunque apenas perceptible. Ahora, cuando recuerdo ese momento, no logro aclarar cuanto tiempo transcurrió, bien pudo ser un instante o unos minutos, no lo sé. Solo tengo la certeza de que fue algo muy intenso, profundo e importante.

Don Anatolio cerró los ojos y se reclinó en las grandes almohadas. Respiró hondo y empezó a relatar la historia en primera persona, como si Gonzalo Guerrero hablara a través de él.

-Había transcurrido un buen tiempo desde nuestra llegada al refugio en las montañas. Ya estábamos por recoger la primera cosecha. Las familias vivíamos de acuerdo a la tradición y la vida comunitaria empezaba a florecer. Por mi parte, me puse de acuerdo con Agua Cristalina para escribir nuestra historia y que nuestros hijos no olvidaran la memoria de sus padres. Nuestros hijos no deberían perder la conciencia de su raíz y de su esencia, porque sin ella, estaban perdidos. Esa conciencia sería la poderosa fuerza que les permitiría vencer todas las adversidades del futuro. Entre las cosas que les habíamos quitado a los castellanos en una batalla que salieron derrotados, fue un gran legajo de hojas, plumas y tinta de un escribano de la corona. La misión de estos hombres, que no pertenecían a la expedición, era dar fe real de lo sucedido, y llevar la contabilidad del “Quinto Real”, es decir, de la quinta parte de los tesoros robados, que era lo que les cobraba la corona por otorgarles el permiso o concesión para “recatar oro”.

-Yo sabía que mi vida era un trofeo, -continuó don Anatolio, posesionado en la voz de Gonzalo Guerrero- un requerimiento para que Montejo siguiera recibiendo el apoyo de la corona, y una cuantiosa recompensa para sus esbirros, por la que harían hasta lo imposible por asesinarme. Mis días estaban contados y tenía que defender la vida de mi familia y la semilla que ellos representaban para el futuro del Anáhuac. Lo primero se basaba en la defensa militar, lo segundo implicaba concientizar a Agua Cristalina y a mis hijos de la sagrada misión que ellos tenían, y de lo que sus vidas representaban para el futuro de la nación. El Mestizaje es el comienzo de la nueva historia del Cem Anáhuac, su raíz y esencia es de nobleza, amor y equilibrio entre dos formas de percibir el mundo y la vida. Para ello, tenía que escribir un texto en el que se contara la verdad, para que las generaciones futuras conocieran la odisea del nacimiento del mestizaje.

-Estaba a punto de terminar los manuscritos –prosiguió don Anatolio- cuando un día llegó un mensajero con nuevas instrucciones del Consejo Supremo. Se sabía que Francisco de Montejo le había puesto precio a la vida de mi familia, y por supuesto a la mía, por ser el alma de la defensa en contra de la invasión. Las bajas entre los aventureros eran cuantiosas y no encontraban las grandes cantidades del oro y la plata que buscaban. Esto había influido entre muchos de los aventureros para sumarse a la expedición de Francisco Pizarro en el Sur del continente, y Montejo se había comprometido con la corona a exterminar la resistencia para no perder los derechos sobre estas tierras. Debido a lo anterior, me ordenaban organizar la resistencia en las costas de Ticamaya, dejando a mi familia y la comunidad en el refugio.

-Al día siguiente se organizó una ceremonia de despedida con todos los miembros de la comunidad. Les informé del estado de la persecución de los cristianos y las instrucciones del Consejo Supremo. El consejo de la comunidad designó al nuevo Nacon. Yo les pedí que se hicieran responsables de su altísima misión. Teníamos que entender que el Sol se estaba ocultando y que viviríamos en las tinieblas durante casi diez atados de años, pero que el Sol volvería a salir. Nuestros Viejos Abuelos nos enseñaron a contar. Nos enseñaron a medir el movimiento, el camino de la vida y de los astros. Los pájaros dejarán de cantar, el agua se ensuciará, viviremos una noche de maldad, se acabará el maíz y la tierra se amargará. Se perderá el rostro y el corazón, los changos regresarán, bajarán de los árboles y vivirán en nuestras casas.

-Serán tiempos difíciles. Nuestros templos e instituciones caerán, nos quedaremos sin sacerdotes ni maestros, sin luz y camino, se extraviará lo sagrado, se esconderá la sabiduría, se perderá la vergüenza. Los Dzules sólo han venido a castrar al Sol. Y los hijos de sus hijos se quedarán entre nosotros, de ellos sólo recibiremos su amargura, frustración e ignorancia. Justamente esa es la razón para defender la vida de los hijos de la Serpiente Emplumada y el Señor del Rayo y el Trueno. Jamás volveremos a ser los mismos, pero lucharemos hasta la última gota de sangre para no ser, como los castellanos quieren que seamos, sus esclavos. Tenemos que ser lo mejor del futuro, defendiendo en e­l presente, lo mejor de nuestro pasado.

A mis queridos hijos y a mí amada esposa, Agua Cristalina, a Lucero de la Tarde, Rayo de Luna y Serpiente Negra, les tocará mantener sobre todas las cosas su vida, que ahora ya no les pertenece, porque representa el nuevo linaje de estas tierras. La mejor mezcla de los opuestos. Ustedes mis amados hijos, son lo mejor de sus padres. Son el inicio de un nueva historia, orgullosamente deben mantener la conciencia de su elevada responsabilidad. Morirá su padre y morirá su madre, pero en ustedes, y en los hijos de sus hijos, nacerá la nueva historia. Representan en su mestizaje el potencial del Cem Anáhuac para el futuro.

-Cuando terminé de hablar hubo un gran silencio. Tomé entre mis manos los manuscritos, que era la historia del nacimiento del mestizaje y se los entregué a Agua Cristalina y le dije que los cuidara para el futuro, que eran, como nuestros hijos, el fruto de nuestro amor. Agua Cristalina los tomó y dijo en voz alta que las mujeres del Cem Anáhuac, a lo largo de la historia son las que han mantenido la costumbre y la tradición. Que me fuera a cumplir con mi misión, que ella cumpliría con la suya, como lo han hecho las madres y las abuelas a través del tiempo. A la mañana siguiente partí antes de que saliera el sol para cumplir con mi destino.

Don Anatolio quedó en silencio con los ojos cerrados, totalmente exhausto, parecía muerto. La oscuridad de la noche poco a poco se había filtrado a la habitación y la abarcaba en su totalidad, sólo la lámpara de la mesa y las veladoras daban un poco luz. No sabía qué hacer, estaba aturdido y desorientado. La partida de Gonzalo Guerrero también me había afectado. Unos instantes antes de que le preguntara a don Anatolio si estaba bien, el rompió el silencio con un estado de ánimo diferente. Como si fuera otra persona.

-Este es el relato de los Manuscritos Sagrados del Jaguar Blanco. –dijo con voz potente- Zazil Há, sus hijos y después sus descendientes, mantuvieron escondidos los manuscritos durante muchos años y muy probablemente, debido a la guerra de resistencia que terminó hasta 1697 y la feroz persecución de la Santa Inquisición, tal vez a finales del siglo XVI o principios del siglo XVII, los descendientes transfirieron los Manuscritos a mi familia, y con ellos, la responsabilidad de preservarlos hasta nuestros días.

-Te puedo decir que Gonzalo Guerrero se dirigió al Señorío de Ticamaya, en lo que hoy es Honduras, y se puso a las órdenes de su Nacon, Çiçumba. Planeó la estrategia de resistencia. Al correr la voz de la presencia de Gonzalo Guerrero, llegaron como buitres los filibusteros por la recompensa. Después de varias batallas victoriosas para los mayas. Se libró la batalla final en las márgenes del Río Ulúa. Guerrero había conformado un pequeño ejército de más de mil hombres muy bien entrenados y disciplinados que atacaban a los españoles por tierra y por agua. Los españoles eran comandados por el Capitán Lorenzo de Godoy. Al finalizar el día, Gonzalo Guerrero fue alcanzado por una flecha de ballesta. A pesar de estar atravesado en el vientre por la flecha, siguió dirigiendo el combate, hasta que nuevamente fue herido de un arcabuzazo y quedó tenido en la margen de la ribera del río.

-Lo más fuerte de la batalla –continuó don Anatolio- se dio en torno a Gonzalo Guerrero, que mortalmente herido no podía moverse. Los españoles cargaron sobre el valiente guerrero para tomarlo prisionero, con el fin de cobrar la recompensa, los mayas lo defendieron como a uno de los suyos. Cayó la noche, los españoles se retiraron sin lograr su propósito y los mayas cargaron el cuerpo de Gonzalo hasta su cuartel, quien alcanzó a llegar con vida. Sus últimas palabras fueron recomendaciones para que cuidaran de sus hijos y de su esposa. Pidió que no fueran a caer en manos de los españoles porque serían torturados y muertos. Los guerreros mayas decidieron rendirle honores y realizaron una ceremonia muy solemne y en la madrugada, depositaron el cuerpo sin vida de Gonzalo Guerrero en una canoa decorada con flores, braceros e incensarios quemado copal, y la encaminaron a la desembocadura del río custodiada por 50 canoas alumbradas con antorchas y llena de guerreros tocando sus tambores y caracoles marinos. Gonzalo Guerrero regresó al mar con todos los honores del pueblo que amó y defendió con su vida. Su semilla había sido plantada en buena tierra y sigue viva en el mestizaje, entre los hijos de sus hijos, esperando el momento luminoso para renacer.

La última sesión fue acompañada por una fuerte tormenta que no paró hasta la madrugada. Don Anatolio Rivandeneira parecía ya un cadáver.

-Hemos llegado al final de “Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco”, ahora conoces la verdad, -afirmó con voz muy baja-. Tu misión es dar a conocer la verdad sobre cómo nació nuestro pueblo. Tu desafío es dar a conocer la VERDAD. Esta nación, ya no es de españoles ni de indios. Esta nación está compuesta por la mezcla de muchos pueblos de todo el mundo, pero la semilla primigenia, la base y raíz más profunda es la indígena, misma que ha florecido con la fusión amorosa de todas las otras partes que la componen. Los hijos de Zazil Há son el fruto de ese encuentro amoroso, que en un abrazo energético se fundieron con la vocación para crear un nuevo pueblo, con lo mejor de cada uno. La historia que haz conocido es la de cómo se formó la primera familia mestiza. Esa es la semilla simbólica de nuestra nación. Como Zazil Há y Gonzalo Guerrero han habido muchos más uniones amorosas que violaciones, como la de Cortés a Malinche. Los hijos de los hijos de Zazil Ha y Gonzalo hoy pueblan nuestro país. Ya no hay “indígenas puros y mucho menos españoles puros”. El problema que hoy sufrimos, es el de la inmensa amnesia, la terrible ausencia de nosotros mismos, y del desmedido abuso explotador de unos cuantos contra la mayoría. Su misión es “re-cordar”, es decir, “re-hacer el pasado con el corazón”. Mis antepasados y yo hemos cumplido con preservar y entregar los manuscritos.

Un inmenso silencio envolvió la noche. Una misteriosa niebla azul empezó a invadir la habitación, en la penumbra parecía como si toda esta niebla saliera de los ojos de don Anatolio, que se habían quedado fijos, como mirando a la eternidad. No sé cuánto tiempo pasó, pero era de madrugada. Me acerqué lentamente a Don Anatolio que había estado totalmente inmóvil y callado, lo llamé y entornó sus ojos, y me pidió que me retirara a mi habitación.

Una inmensa pesadez me empezó a invadir. Parecía que mi cerebro y las extremidades de mi cuerpo se habían aletargado al máximo. Quinientos años se me habían venido encima de súbito. Casi me arrastré hasta mi habitación, alcancé a desplomarme en la cama y quedé profundamente dormido.

La luz del día luchaba por abrir mis ojos. El canto de los pájaros se introducía por mis oídos. El ruido de la ciudad se escuchaba con claridad. No podía abrir los ojos, solo sentía mi cuerpo tremendamente adolorido, como si me hubieran molido a golpes. Finalmente abrí un ojo y pude observar la habitación a ras del piso. En ese momento desperté y me di cuenta que estaba tirado en el piso de una habitación vacía y abandonada. Me incorporé y miré a mi alrededor, la habitación estaba totalmente vacía y solo mis pertenecías estaban en el piso, junto a pedazos de pared y yeso desprendido del techo.

Salí de la habitación, la casa estaba totalmente vacía y abandonada. Me dirigí a la biblioteca y casi tuve que tirar la puerta, porque estaban totalmente enmohecidas las bisagras, hacía mucho tiempo que esa puerta no se había abierto. Me asombré al ver el interior. Parte del techo se había desplomado y unas palomas se asustaron y salieron volando ruidosamente por el hueco del techo. Toda la casa estaba abandonada y vacía. Rápidamente me dirigí a recoger mis pertenecías y salí despavorido y desorientado de la casa en ruinas. De pronto pensé que me habría equivocado de casa y empecé a mirarla desde lo que fue el jardín, que ahora era una selva, casi impenetrable. Un anciano en la propiedad vecina, que hacía trabajo de jardinería me preguntó qué me pasaba. Todo desencajado y confundido le pregunté que si era la casa de don Anatolio Rivadeneira. El jardinero respondió que sí, pero que él había muerto hacía dos años y ese día iba a empezar a derrumbar la casa, para construir la gasolinera de un poderoso funcionario federal, que era el zar del negocio en la región y que por sus influencias, se había apropiado del terreno que había quedado intestado.



COLOFÓN.

Regresé a la Ciudad de México con mis apuntes, lleno de dudas y preguntas. Me sentía como una bomba que iba a explotar en cualquier momento. Algo, muy profundo y vital se había movido en el fondo de mí ser. No sabía a ciencia cierta qué me había pasado en esos diez días en la Ciudad de Mérida. No podía decir si todo había sido una alucinación o producto de mi imaginación. Desde que iba en el vuelo a la Ciudad de México me surgió la obsesión, llegar inmediatamente a mí casa a buscar la carta de don Anatolio, era el único testimonio de que todo lo sucedido no había sido una alucinación. Al llegar a la casa me dirigí con nerviosismo directamente a mi escritorio y al abrir el tercer cajón encontré la carta. El estómago se me fue al piso y sentí que iba a vomitar. Me relajé en el sillón y me quedé dormido.

Cuando desperté me dolía la cabeza y me dirigí al botiquín a buscar el frasco de las aspirinas. Tomé agua en abundancia y abrí mi maleta en busca de los apuntes tomados de las conversaciones con don Anatolio, todavía dudaba de que la historia fuera cierta. Cuando encontré las libretas las manos me temblaban. Ahí estaban las libretas con los mismos apuntes que había ido tomando de las entrevistas con don Anatolio. Además, recordaba con mucha claridad parte de las pláticas y los intensos momentos que pasamos juntos, como si fueran recuerdos de acciones vividas, pero la cordura me decía que no podía ser cierto. Sin embargo, sentía que cada encuentro con Don Anatolio había sido, una carga de profundidad, que una a una, estaban produciendo potentes implosiones en los cimientos de mis débiles estructuras de identidad. La “realidad”, a final de cuentas, es un pequeño puño de ideas que describen la percepción de cargas energéticas en movimiento, y la “vida”, no es más que un conjunto de recuerdos.

Sea como fuere, lo cierto es que tuve una experiencia muy intensa en esos diez días. Si fueron ciertas las vivencias o creadas por mi imaginación, no tenía importancia. Lo trascendente es que eso repercutió en la percepción que ahora tengo de mi identidad y de mi nación. Por una parte había una incontenible rabia. Me sentía engañado y frustrado. Me habían ocultado el origen de mi “ser original”, de la génesis primordial. Me habían mentido una y otra vez y de muchas maneras, para que no tuviera conciencia del potencial de mi identidad primigenia, me dejaron en la orfandad. No solo que despreciara lo español que hay en mí ser, sino que también, despreciara y desconociera el potencial de la grandeza indígena de mi Cultura Madre. Estaba muy enojado y molesto.

Pero al mismo tiempo, me sentía muy conmovido por haber recuperado la “totalidad que integra todo lo que conforma mi Ser”. Sentía vivos los corazones de Zazil Ha y Gonzalo que latían en mi pecho. Su amor, su conciencia y su heroísmo, su sacrificio para que yo fuera quien soy. Los dos dieron la vida para que yo existiera. El amor a sus hijos y a todos los hijos de sus hijos llegaba gracias a Don Anatolio y su familia, hasta mí, en pleno siglo XXI. Entendí que mueren los cuerpos pero los valores y los sentimientos viajan a través del pueblo y tarde o temprano nos alcanzan para re-nacer. El Espíritu no tiene ni espacio ni tiempo.

Tenía la urgente necesidad de compartir este inmenso tumulto que me haría explotar en mil pedazos si no lo hablaba con el Maestro Antonio Velasco.

Después de ordenar mis apuntes se los llevé a su despacho. Como era costumbre, el Maestro estaba de viaje dando una conferencia. Le dejé mis apuntes pidiéndole de favor me diera su opinión del increíble encuentro con Don Anatolio Rivadeneira y “Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco”.

A las pocas semanas llegó a mi puerta un sobre de mensajería. En el venían mis apuntes y una carta del Maestro.





México, D.F., a 21 de Noviembre de 2014.

Sr. Fernando de Ita

Presente.

Muy estimado amigo:

Terminé el día de hoy la lectura de las notas que tuvo la atención de hacerme llegar. A mi juicio, “Los Sagrados Manuscritos del Jaguar Blanco” pertenece al reducido grupo de textos cuya lectura propicia que sus lectores modifiquen su forma de pensar y valorar la historia y la realidad, generando reflexiones sobre su propia identidad.

Este es un trabajo de gran mérito por su originalidad y contenido histórico. Indiscutiblemente el matrimonio de Zazil Ha y Gonzalo Guerrero, así como el nacimiento de sus tres hijos en el seno de la cultura maya, marca el comienzo de una nueva etapa en el desarrollo civilizatorio de lo que será México. Pero este es un inicio armonioso, una unión basada en el amor y el respeto, no una conquista, no una colonización violenta que hereda una cicatriz de nacimiento a todos los hijos de Malinche y Cortés, lo que funda el mito histórico colonizador.

Considero importante y necesario revisar toda nuestra historia, especialmente el surgimiento de la cultura mestiza a través de una revisión crítica y descolonizada de este traumático y violento hecho. Ya se ha escrito la historia de parte de Europa, ahora se requiere conocer la otra versión, la nuestra. Y así reconocernos como herederos de dos culturas.

El mestizaje étnico y cultural nos ha enriquecido y actualmente los que vivimos en este país somos mestizos culturales. Por ello debemos conocer el verdadero origen del mestizaje para así potenciar el futuro de la nación.

El mensaje de Anatolio Rivadeneira se torna un desafío para todos los pueblos que hoy conforman México.

Le deseo mucha suerte. Le envío afectuoso saludo.



Lic. Antonio Velasco Piña.



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