Los nombres del padre


Intervención: ¿Sería un apostura equivalente respecto a la de los post freudianos?



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Intervención: ¿Sería un apostura equivalente respecto a la de los post freudianos?

La misma. Nosotros tenemos respecto a Lacan, la misma. Me parece que en eso hay bastante culpa de Lacan. Tiene un decir muy ambiguo respecto a su crítica a Freud. Y cuando lo hace categóricamente, como en el Seminario XVII cuando se anima, dice “El envés del psicoanálisis” y directamente empieza a disolver todos y cada uno de los conceptos erróneos. Pero ya nos tenía acostumbrados, después de veinte años de decir que él decía lo que Freud decía y que Freud decía lo que tenía que ser dicho y que fueron los post freudianos aquellos que desvirtuaron el decir de Freud. Y me parece que a partir de ahí se ha hipotecado y que para colmo hemos quedado a la saga de las ciencias sociales. Estamos totalmente atrasados. Tenemos metáforas de más de cien años de antigüedad.

Esa es mi posición personal, pero estoy convencido que jamás podríamos tener un trabajo que valga la pena, entre nosotros, así en un grupito, que valga la pena sobre el Nombre-del-Padre y los nombres del padre si no revisamos esas bases. O sea, podríamos hablar de cualquier cosa, podríamos hablar de la neurosis obsesiva sin que fuese necesario una revisión tan sustancial de los conceptos. Pero el Nombre-del-Padre... Si nosotros queremos trabajar algo del Nombre-del-Padre, no estamos disponibles a hacer esta revisión, todo lo que digamos, sepámoslo, va a ser piripipi, va a ser puro camelo.

Intervención: Si estamos a la saga, no sólo estamos a la saga de las respuestas de los problemas en ciencias sociales, sino que tampoco podemos leer los problemas que plantean las ciencias sociales. Estamos leyendo desde atrás (...) Vos suponés que dentro de 30, 40 o 50 años no va a haber padre (...) ¿Cuáles son, hoy día, las cuestiones que están planteando las ciencias sociales que el psicoanálisis todavía no se plantea?.

Primero un ejemplo: Ayer, una paciente que parece que tiene unas cicatrices muy feas por una operación quirúrgica en su panza, se animó a plantear en sesión (ella dice: me animo a plantear en sesión), algo que hace mucho tiempo está pensando y es en hacerse una cirugía estética para quitarse esas horribles marcas de su panza. Las tiene en una posición tal que, ella misma dice, que las puede ocultar perfectamente con la ropa. O sea, dice ella misma, que es para ella. Le rompe los pies tener esas cicatrices. No me dijo con mucho claridad, quizás verlas en el espejo, tener esas cicatrices. Y se pregunta en voz alta: “¿Será un actng?”. ¿De qué índole es esa pregunta? Tiene dos niveles. El primero es obvio, me estaba pidiendo autorización a mí para hacérselo, bajo el argumento del acting o del no acting. Me estaba pidiendo autorización a mí, que opinaba yo, que creía yo, si la dejaba, si no la dejaba, si la avalaba, si no la avalaba.
Intervención: También te involucra.

Obvio, sí en la decisión. Pero ¿qué quiere decir bajo las formas del acting?, ¿qué quiere decir acting en ese caso? Les cuento la historia porque quizás ustedes no la saben. Todas las operaciones de cirugía estética hace 25 años, en psicoanálisis fueron leídas como acting, todas: ponerse tetas, sacarse tetas, sacarse cicatrices, ponerse cicatrices.


Intervención: ¿Por qué?

Porque el psicoanálisis se inventó en una época donde eso no existía, tiene una novedad. Y como es una novedad que no estaba prevista por ningún texto de Freud, necesariamente era un acting. Somos una práctica ultra conservadora. Piercing... Si ustedes tuviesen un paciente que tiene 18 aros, fierritos de esos enchufados en los lugares más insólitos y, a mi gusto, los más incómodos en donde cómo se les puede ocurrir enchufarse un fierrito. En los lugares más increíblemente incómodos. ¿Se sorprenderían que algún colega lo piense como un caso de psicosis?. Les pregunto: ¿les sorprendería? Es lo más común. ¿Y saben por qué sería psicótico? Porque sería un jovato como yo que no se le ocurriría, ni en pedo, ponerse en el glande un pedazo de fierro con una tuerca. (risas)

Observan ustedes, que somos ultra conservadores, que no estamos, si quiera, preparados para los cambios de la moda, porque hoy piercing es moda. Moda que se la conoce hace cientos y cientos de años en otras culturas, no en la nuestra. ¿ no veían ustedes en el National Geographic a las negras con el cuello de madera, la oreja así...? pero claro, los negros hacen cada cosa... y más con el cuerpo porque los negros son del cuerpo los blancos somos de la cabeza. Con lo cual observen que, efectivamente, estamos quedados en una práctica ultra conservadora.

¿Hay aquí alguien del grupo de investigación de Apertura que esté trabajando los juegos virtuales? Un grupo de colegas de la misma sociedad donde yo participo, que son analistas de niños, están trabajando sobre si el psicoanálisis de niños se practica con juego, si habría que incluir o no, o qué decir de los juegos virtuales. O sea, si jugar o no con la computadora en sesión. Ya no con la cajita con plastilina, etc. Y entonces, como tienen una actitud un poquito racional, fueron a Internet y buscaron qué decían los psicoanalistas respecto al juego virtual. Bueno, directamente para los psicoanalistas lacanianos, es, cómo les podría decir, un nombre del diablo... sería el cuco el juego virtual. Y llegan a decir cosas como que lo virtual queda abolido lo simbólico por la preponderancia del imaginario. Ustedes saben que es absolutamente contrario. De los presentes los más jovatos: ¿cómo andan con los jueguitos electrónicos? Como el c... No aprendiste a andar y tu hijo ya te dice: “Perdiste papá”. Y vos decís: ‘¿Cómo que ya perdí?’, “Y sí, ¿no ves?” Siete muertes y vos no sabias ni como agarrar el mouse y que tenías que mirar y ya perdiste. ¿Por lo imaginario, o porque es un lenguaje que al cual no estamos preparados que tiene una presentación visual? Pero como yo les decía, el mouse y el movimiento en pantalla, es una ecuación simbólica pura no tiene nada de imaginario. Bueno, revisen artículos y van a ver que para los psicoanalistas es lo peor. Porque nos hemos quedado absolutamente a la saga de las ciencias sociales y, especialmente, de la evolución de la moda de los últimos años.

Habrán discutido con algún colega el problema de los transexuales... son psicóticos. Quien se saca un pene o se lo pone, lo mando para adentro o lo saca para afuera son psicóticos. Pero ¿entienden por qué es un psicótico? Porque como diría mi mamá: “¿a quién se lo ocurre?2 Tiene que estar loco un tipo que se le ocurra hacerse eso. Con lo cual, les advierto, estamos teniendo un problema gravísimo porque estamos trabajando sobre un sistema mítico, pregeniado en una época pasada a la cual nos hemos quedado absolutamente fijados y hemos perdido todo espíritu científico en nuestras discusiones. Y espíritu científico que, al menos, me parece que explica lo que de científico tiene: revisar las ideas, ponerlas en serie, preguntarse por qué y para qué uno las podría sostener, intentando hacer algo distinto que una entelequia. O sea, partiendo de la idea que no existe el superyó, que no hay nada que sea el superyó. De hecho, si lo es, ¿dónde estaría?, es un ente que está ¿dónde? En el aparato psíquico. Pero ¿hace falta que yo diga que el aparato psíquico fue creado en una época donde se venía de la herencia de Frankestein? Hoy ya no trabajamos más con esas metáforas.

Con lo, me da la impresión, que el problema es al menos grave, a mi entender. Y, por otra parte, me parece que se podría empezar a leer si el fracaso en la eficacia no tiene que ver con esto. O sea, que Freud encontró los problemas, respondió con un conjunto de respuestas, no importa cuáles, que en su momento tenían la virtud de ser sorprendentes tan sólo por ser nuevas. Nosotros, para colmo, hemos perdido absolutamente toda posibilidad, si perdemos la vía racional y científica de sorprender. ¿A quién sorprenden hoy ustedes, en Buenos Aires, diciéndole andá a ver a un psicoanalista? ¿A quién sorprenden diciendo ‘acuéstese en un diván’? Al revés, los pacientes vienen diciendo: “¿Cómo yo no...?” (Risas) “¿No vas a hacer psicoanálisis? No, como nunca me dijo que me acueste en el diván.” O sea, entiendan que estamos haciendo una práctica absolutamente ritualizada y como práctica ritualizada poco tendrá la virtud de producir un corte de la índole del advenimiento de lo nuevo para ese caso.


Intervención: ¿Esto no tiene que ver con lo que vos decías antes del campo unificado (...)? Me parece que el mito responde a dar una explicación... en todos los niveles. Responde, viniendo a llenar un con un relleno explicativo a ese campo que no es unificado. Con lo cual, cualquier cosa que aparezca produciendo la no-unificación del campo es un elemento que aparece disrruptivamente, pero que no se lo puede relacionar (...) Rápidamente, de les da una mitología (...) También la palabra acting puede ser un mito. Intentaría dar una explicación de algo que aparece como un (...) en el campo tradicional.
Claro, ahora, en función de eso hay que tener claro que siempre hay un punto, necesariamente, en donde la posibilidad de articular el saber va a fallar. Ahora, que falle, que haya una lógica del no todo que se impone, no nos obliga a dar una respuesta mítica a ese punto de fallo. Podemos tener una respuesta científica. Así que , respecto de la necesidad del mito, hay que distinguir si se trata del caso por caso o si se trata del psicoanálisis. En el caso por caso, esperamos, efectivamente, el mito individual del neurótico. O sea, que responda a ese punto del fracaso del saber mediante una creación mítica. Y habría que ver si el mito individual del neurótico no es elaborado por Lacan, en el progreso de su enseñanza, luego como el axioma fantasmático. O sea, un punto donde un texto tiene la virtud de ocultar la ausencia radical de texto. Otra cosa es decir que el psicoanálisis necesita mitos. Una cosa es decir que el sujeto en cuestión en la práctica analítica, responde a ese punto de ausencia de material mediante una producción mítica. Otra cosa es decir que el psicoanálisis requiera de mitos. Tenemos los mitos de Freud...
Intervención: (Inaudible)
Ven el problema, ¿no? Que mediante la creación del mito, uno puede estar velando la función que, justamente, el mito cumple en la estructura. Porque si el mito enuncia para todo... ¿entienden? Todo hombre desea c... a su madre. Justamente ahí tenemos una argumentación que mal nos llevaría al punto de no todo, ¿no?. Ahora Lacan también tiene algún mito inventado, por ejemplo, el mito de la laminilla. Pero habría que ver el estatuto científico que Lacan quiere darle al mito de la laminilla. Mi impresión, y me parece que alguna que otra vez lo dice, es que tiene absolutamente el valor de chiste. Porque bueno, no sé si ustedes saben, en qué radica el mito de la laminilla. Si uno quisiera cabalmente decir el mito de la laminilla en forma de mito, habría que decir así: Hubo una vez, un ser bidimensional que atacaba a los hombres y los mataba. Eso es el mito de la laminilla. Observen ustedes, que la sola postulación del mito de un ser bidimensional que causaba la muerte de los seres humanos ya implica... ¿Se acuerdan como era? Una ameba que se le metía en la cara a las personas y las mataba impidiendo que respiren, pero no pierdan de vista que era bidimensional. ¿Cómo podría haber un ser bidimensional que tenga la virtud de producir la asfixia? Bueno ese es el mito de Lacan. Con lo cual, me da la impresión, que tiene una función totalmente distinta de los mitos de Freud.
Intervención: (Inaudible)
Hay pocos autores que lo han leído ese problema. Uno de los que más se dedicó a leer ese problema es Lacan. Y Lacan dice, categóricamente, que sí. Más aún, intenta responder qué de Freud estuvo en juego en la creación de esos mitos que funcionaron como tapón de problemas en psicoanálisis. Es el problema del padre. Lacan dice que Freud nunca llegó al punto de poder analizar el vínculo con su padre, que careció de esa posibilidad de análisis agregado un problema y es que Freud, siendo judío, carecía, como todo judío de buena ley, de la reflexión teológica. O sea, Freud por judío, nunca se preguntó qué es dios. Faltó la pregunta de la teología.

La religión judía se caracteriza, como religión, más que por ser monoteísta, por la posición de fe. El judío es el que tiene fe, fe en dios. La fe en dios significa la erradicación de la pregunta. Un problema que se planteó en la historia del pueblo judío dos o tres veces de una manera terrible. La primera, con la segunda destrucción del templo, porque si el dios de los judíos existe, ¿cómo puede ser que haya permitido la segunda destrucción del templo? La primera no tanto, porque la primera vaya y pase, pero es la segunda. Y el holocausto. La pregunta de los judíos creyentes en los campos de exterminio fue: ¿cómo puede ser que dios permita esto? La respuesta, no sé si la conocen, de los judíos creyentes, fue que se aprovechó un párrafo de la Biblia que decía que dios dio vuelta su rostro. Pero habrán visto que apareció la pregunta. En la religión judía no hay pegunta teológica; con lo cual Freud, para colmo, careció, por motivos de su cultura, de aquellos elementos que le hubiesen permitido reflexionar qué es dios. Al no poder reflexionar qué es dios, ¿qué creyó que era?, ¿Qué es dios para Freud?


Intervención: El padre.
El enaltecimiento de la figura del padre. Y quizás no sea eso. Quizás la existencia de dios no responda al problema del enaltecimiento de la figura del padre. ¿Entienden que Lacan atacó el problema de la condición particular de Freud? Y la respuesta que dio es esa: que la mítica desarrollada por Freud e incluida por él en el psicoanálisis, estuvo determinada por su posición personal. Más aún, esta misma mítica y elaboración freudiana de estos problemas; o sea, vinculados a la concepción del padre, dice Lacan, es lo que hizo que el psicoanálisis no siguiese progresando en el sentido de articularse a las ciencias. ¿Por qué? Por la concepción que Freud dejó incrustada del padre, como condición neurótica, en el psicoanálisis, el psicoanálisis tendió a convertirse en una religión.
Intervención: Y no se ha preguntado por su padre.
Y como una religión, es como una religión judía, y como religión judía... No sé si ustedes saben que en “La proposición del 9 de Octubre del ‘67” hay dos textos, está la conferencia pública dictada por Lacan y está el escrito. Y en el escrito Lacan se asustó, reculó, y tachó un párrafo que sí esta en la conferencia. Y en la conferencia dice: la religión de los judíos debe ser quitada del seno del movimiento psicoanalítico y de las instituciones psicoanalíticas. ¿Por qué? Justamente por este problema, que en la religión de los judíos, respecto del padre, la posición es la fe (en hebreo emuná)
Intervención: ¿Respecto del padre?
Claro, sí. Y es por eso que Freud fue, en el movimiento psicoanalítico, el padre del psicoanálisis. Y es por eso que la posición psicoanalítica es no objetar los argumentos freudianos. ¿Ven que se produce un bucle? No solamente que deja el argumento paterno, sino que la posición que nos deja respecto del argumento paterno es ser considerado eso como legado del padre; y la religión judía se caracteriza por no poner en tela de juicio el legado del padre. Esa es la posición religiosa judía. No es tan importante, si ustedes quieren, el monoteísmo. Es más importante la cuestión de la fe. De hecho, la cuestión de la fe que, en el cristianismo no opera como tal. Porque desde que el cristianismo surge como religión, desde el mismo momento de su surgimiento, surge acompañado por la pregunta de la existencia de dios. Y, a partir de ahí, los padres de la iglesia se han dedicado a responder a la pregunta por la existencia. En la religión judía no existe pregunta por la existencia de dios. La posición judía es la (...) de la pregunta por la existencia. Para Lacan es tan importante (...) porque justamente no revisó, no pudo revisar la cuestión de la existencia de dios.

Esta es una problemática que se nos mete en el núcleo de nuestra discusión sobre el nombre del padre, que nosotros vamos a intentar retomarla desde los argumentos de la religión judía, Adonai, Yo soy, etc.



¿Leyeron el caso que vamos a discutir en Apertura? Viste que todo el tiempo el sujeto dice: “Soy” Habla como el dios de los judíos. Vamos a discutir un caso de un joven homosexual masculino, y todo el tiempo dice que él “es”, “ellos saben que yo soy”, “cuando me di cuenta que yo soy”, “cuando me di cuenta que yo era”, “porque yo soy”, “ellos rechazan lo que yo soy”. Todo el tiempo es el verbo ser. El problema que tiene el sujeto es con el verbo ser. No sé si ustedes saben que el dios de los judíos se presenta a sí mismo como soy, yo soy. Saben que así Moisés tiene que ir a Egipto a hablar: “Soy me dijo que venga...” Parece el chiste de Abbott y Costello cuando juegan el partido de béisbol: quien esta encuarta, donde esta en segundo (en las bases). Bueno, Moisés tenía que ir a decir eso: “Soy me ha dicho que yo venga...”
Intervención: Me parece interesante porque hasta ahora que, por lo menos hasta ahora lo que te vamos siguiendo de lo que vos venís desarrollando, cuando vos (...) de las condiciones para hablar del occidente, del sujeto de la época (...) Me parece que más trabajamos el sujeto de la ciencia y la lengua Indoeuropea y esta última, a mí me sorprende porque la daba como una obviedad, por lo menos a mí me pasaba. Religión judío-cristiana (..)
Por ejemplo, el argumento de San Anselmo...
Intervención: (Inaudible)
¿Ves? No te podés ni imaginar la pregunta. Lacan dice eso de Freud: que Freud ni se imaginó la pregunta por la existencia de dios, porque siendo judío y no habiéndose analizado del padre no podía saber ni a qué se refería. O sea, el velo, el engaño es pleno.
Intervención: (Inaudible)
La posición neurótica de Freud no llegó al punto de ser desplegada como para llegar a ese nivel de la pregunta. Sí se preguntó Freud, según Lacan, qué quiere una mujer, no se pudo pregunta, porque careció de analista, por ser judío estaba especialmente ciego al problema de qué es un padre. O sea, cierto nivel de la pregunta así, pero como sucede siempre en el análisis. Es decir, uno comienza siempre un análisis con una pregunta. La pregunta es ¿por qué padezco de lo que padezco? Pero esa pregunta tiene que adquirir cierta forma para que sea elaborado un análisis de la condición neurótica del sujeto. No para dejar de padecer, para dejar de padecer es mucho más fácil de producirlo que el análisis de la neurosis. Para que se produzca el análisis de la neurosis la pregunta tiene que adquirir cierta forma. Si vos querés, la puesta en forma de la demanda. Es, justamente, la puesta en forma de la pregunta. La pregunta delfín de análisis de Freud, Freud no se la pudo plantear y es: ¿qué es un padre? Y es por eso que dejó, en el terreno psicoanalítico, incrustado el problema del padre. Más aún, él quedó postulado como padre. Y todo el mundo lo llama a Freud el padre del psicoanálisis.
Intervención: Más allá del mito individual (...) El hecho de usar a Freud como padre, no implica que cualquier cosa hubiese quedado en ese lugar (...) O justo fue eso porque hablaba del padre.
No, es un análisis muy (...) el de Freud. Hay que tener una visión de la obra freudiana como conjunto y leerla desde una posición psicoanalítica. No es tan fácil hacerlo, yo no lo hago... Yo les cuento lo que leí que Lacan es capaz de hacer de esa obra, para mí es muy claro. Yo leí a Freud como lo leemos los argentinos... lo leí, lo releí, lo recontra leí, etc. De ahí a poder decir la posición del sujeto, que es lo que hace Lacan, hay que animarse a eso (risas).Un analista, como es Lacan, se lo propone, y produce algunas interpretaciones. Lacan dice no que cualquier cosa hubiese venido al punto ciego del psicoanálisis; si no que al punto ciego del psicoanálisis tuvo que venir necesariamente la cuestión del padre para Freud, porque si uno no analiza la cuestión del padre para Freud, su legado en psicoanálisis, necesariamente quedará el problema de un padre planteado ahí. Si vos querés, lo que nosotros nos encontramos es que, así como el padre de la horda es para todos nosotros, así Freud sería, más o menos, el padre del psicoanálisis. Pero si eso no se revisa, es justamente el punto neurótico por excelencia. Es por eso que insisto tanto en este comienzo que me está llevando una cantidad realmente sorprendente para mí mismo de con qué tipo de otro estamos trabajando nosotros. Es por eso que hoy, quedará para la próxima, no importa tendremos más reuniones...
Intervención: (Inaudible)
Pero ahí es donde uno tiene que ver que hacer con la letra. Si uno hace lo que dice Irene, tomar en serio el universitas literarum, dónde y cómo se debe formar un analista según lo indicó el propio Freud. Porque eso hace como un bucle increíble, en caer de vuelta sobre Freud y ver qué trabajo tiene (...) El estudio sobre las religiones que hizo Freud (...)
Cambio de cinta.
Intervención: (Inaudible)
Bueno, yo no sé qué se podría pensar. Pero, a mí me parece, que Lacan está diciendo que son de estopa, de materialidad distinta, la pulsión de muerte y el mito de la horda primitiva. Porque la diferencia de un mito a una sublimación es que la sublimación, en la obra de Lacan, es hacer algo con nada. Y la sublimación de cada uno es: de qué manera uno puso a trabajar la modalidad, el tipo, la connotación dela nada que lo incumbe en la condición particular. O sea, sería algo así como el punto de creación. Supuestamente, el psicoanálisis postula que todos estamos en condiciones de realizar una sublimación. En ese sentido, de vuelta hay que tener una distinción muy grande entre Freud y Lacan. Porque para la sublimación freudiana hay que tener éxito y reconocimiento social; para la sublimación lacaniana no. Si nosotros siguiésemos por la vía de la sublimación freudiana, vieron que para Freud tenemos que tener un retorno de satisfacción del otro sobre uno, porque Freud lo piensa con la misma estructura que el chiste. El problema con Freud, es que para la sublimación tenemos que ser artistas o como autores, reconocidos. Cosa que es un ridículo, en el sistema freudiano es un ridículo. Uno no tendría por qué poner en tela de juicio que “Las cuatro estaciones” de Vivaldi hayan sido la sublimación para ese sujeto, a pesar que nunca nadie las reconoció estando él en vida. Ese retorno como el chiste... no sé si ustedes saben que no lo tuvo. Murió fracasado y “Las cuatro estaciones” quedaron como horribles para su época, se presentaron en el teatro y desaparecieron a los tres días porque eran horribles.
Intervención: Como con todos los grandes innovadores.
No todos, pero muchísimos. Con lo cual, el sistema de sublimación de Freud es insostenible.
Intervención: (Inaudible)
Bueno, por eso te digo. En Lacan hay una teoría, cuando uno parte de nada hace una (...) de eso y arriba lo mismo. Una sublimación se produce cuando, partiendo de un punto de absoluto ex nihilo se produce una elaboración de eso que arriba a un ex nihilo de vuelta. Me da la impresión que el mito tiene una maniobra absolutamente contraria. Partiendo de un punto de vacío de material, lo que intenta es taparlo con material. Y la forma de operar del mito, este taponamiento de la dimensión estructural de la falta, para colmo en un bucle endiablado, siempre es con la estructura del origen. Lo que pasa que hubo en el origen... Y los mitos que postula Freud, para colmo también, son mitos de estructura del origen: Hubo en el origen un padre... Con lo cual, son modalidades de operar con lo que falta pero en el sentido contrario.
Intervención: Esa es una buena diferencia para establecer lo que es la fórmula del fantasma con el axioma fantasmático neurótico. Digo que esa diferencia entre sublimación y mito es una buena manera de diferenciar axioma fantasmático neurótico con el mito, y la fórmula del fantasma por el lado sublimatorio (...)
Claro, haciendo la salvedad que habitualmente esta olvidada por nosotros, que la fórmula del fantasma con la que nosotros nos encontramos en la clínica psicoanalítica de pacientes neuróticos, no es la fórmula del fantasma que conocemos desarrollada por Lacan. Nosotros no trabajamos con esto. Nosotros trabajamos con esto del lado de la histeria (fórmula en la pizarra) y con el esta del lado de la neurosis obsesiva (otra fórmula en la pizarra). Si ustedes observan, en ambos casos, tal como está dispuesto por Lacan en las clases sobre el significante fálico, en el Seminario VIII. Si ustedes revisan, en ambos casos (...) el sujeto en darse una fórmula en la cual se incluye a su posición respecto del objeto, una modalidad de operar con el objeto causa, se produce en la condición neurótica, la incorporación de la función del otro.

Cuando Lacan propone la operatoria con el fantasma en la clínica psicoanalítica, uno supone que con lo que debe operar es con esto (fórmula del fantasma). Con esto no hay que operar, esto es el arribo exitoso del análisis, siempre y cuando uno trabaje para eso (...) Lo que uno propone en la clínica psicoanalítica de neuróticos es que habitualmente ya sabe lo quiere el neurótico, no sabe qué quiere, no sabe si quiere del todo. Y es por la sustitución de esta fórmula a través de una intermediaria (sujeto barrado en relación con la demanda). Si ustedes quieren, histeria y obsesión son la consecuencia de la sustitución de las fórmulas. Y esta demanda, indudablemente, implica al otro. O sea, la vía de introducción de la función del otro en el fantasma de histeria y obsesión, es a partir que la maniobra neurótica es, fundamentalmente, la sustitución del objeto a por la demanda. Si ustedes quieren, en lo que preguntaba recién Mariano, en la misma lógica de la oposición de mito y sublimación. Esto implica una maniobra que pueda dar la sublimación (...) Y lo que pasa con los psicoanalistas es que habitualmente lo que dejamos inscripto es la demanda, por ejemplo, la demanda de Freud.




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