Los nombres del padre



Descargar 1,68 Mb.
Página14/31
Fecha de conversión18.07.2017
Tamaño1,68 Mb.
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   31


Ha hecho como una torsión moebiana. Entonces, ahora sí tenemos algo que ha atravesado cierto límite, pero en el proceso de atravesar ese límite se ha transformado. En este caso se ha invertido: lo que era AB pasa a ser BA; o sea, se invierte el sentido. Con lo cual, Lacan está proponiendo que vamos a trabajar el advenimiento del deseo en el mundo humano partiendo de los datos mínimos con los que podemos contar seguro, sin introducir ningún mito psicoanalítico, que son: un niño que nace y llora, alguna persona que se encarga de su crianza y una dialéctica humana inscripta como demanda. O sea, que el niño y ese otro participan de un mundo humano donde hay palabra y entonces vínculos entre las personas sostenidos por las modalidades de esas palabras.

Lacan dice que no es cierto que el adulto destete al niño, sino que el niño desea destetarse. El niño se desteta, dice, se separa, se desprende del seno. Vamos a trabajar cómo es posible de ser concebido. Si en el nivel argumentativo en el que estamos yo no veo ningún inconveniente en que hagamos un análisis de lo que en ciencias sociales tiende a ser llamado fenomenológico. O sea, ¿qué de los pibes recién nacidos, efectivamente, tiene que ver con todo esto? En este caso yo no veo problema para que lo hagamos. O sea, que nos preguntamos: ¿Es cierto que los chicos quieren destetarse? O es como dice Freud que los chicos padecen pasivamente la privación causada por el destete inducido pro la cultura. Privación, frustración, agresión. Si por esta privación el niño se siente frustrado, entonces no quería eso. ¿Estamos de acuerdo?. No vamos a hablar de nosotros cuando éramos niños porque no nos acordamos, los que tengan hijos de sus hijos, sobrinos, hijos de amigos. De eso vamos a hablar. Tampoco desesperemos si una vez nos vamos a ver las escenas hogareñas a ver lo que sucede en ellas. Sabemos que cuando hacemos eso estamos sacando una pata afuera del campo del psicoanálisis, pero cuando vamos a estudiar lingüística o matemática también hacemos eso. No es dramático si uno está advertido de que uno ya no está en el campo si no que ha atravesado un límite.

Mí impresión es que no es cierto, no se verifica, que haya deseo de separación. Mi impresión es que se verifica que en los niños hay aceptación gustosa del seno alimenticio provisto por el otro y también rechazo. No sé si ustedes estuvieron en contacto con algún niño lactante. ¿Era Winnicott el que decía que el ‘sí’ era consecuencia de la reacción instintiva de mover la cabeza al estímulo de costado que el niño va a la búsqueda? Yo no digo que eso no exista. Lo que yo digo es que nos quedemos con lo más llamativo y son los gestos, regularmente observables, del niño rechazando el alimento. Me da la impresión, que el problema que tenemos ahí es cómo lo explicamos. O sea, un niño que tiene hambre, su madre con el olor que él conoce le ofrece el seno con la leche y el niño lo agarra. Se acabó la experiencia. No hay pregunta no hay nada. Es como cuando en matemática uno se encuentra con un caso trivial, no se puede hacer nada. El problema son los casos de rechazo. No los niños que se caracterizan por convertirse en casos de rechazo. Si no lo que se observa en todo niño cuando rechaza. No sé si lo habrán visto. Las madres empiezan a decir: “No, lo que pasa es que estaba pasado de hambre.”

Intervención: No.

¿No? ¿Nunca has visto un niño que rechace el pecho?

Intervención: No, únicamente cuando empiezan a incorporar la comida. Entonces, bueno, lógico.

¿Por qué lógico? Ese lógico es lo que yo te propongo dudar.

Intervención: Porque si a ahora la leche la reemplazaste por comida, aunque después lo pongas al pecho no va a comer.

¿Por qué?

Intervención: Porque ya está satisfecho.

No, digo ¿por qué el niño no toma el pecho? Vos le das puré de calabaza, todo bien. Igual vos no te olvidás la primera reacción del niño al puré de calabaza, ¿no? Esa carita de asco que pone. ¿Por qué después no toma el pecho? Digo, no va con el Yo purificado de placer de Freud. Para Freud toda esta dialéctica se mueve con que hay un deseo que quiere y que la cultura te quita. El malestar en la cultura. Lo primero que te quita, para los seres humanos mamíferos, es el pecho. Primera gran pérdida que te deja ya privado de una parte de sí. Lo que Lacan dice es: Se observa en los niños, más allá de cualquier principio cultural, que el niño en muchos de sus gestos rechaza el pecho, no lo toma, quita la cabeza, cierra la boca. Es cuando Lacan empieza a decir que lo que él observa como llamativo- entiendan que es a donde el psicoanalista va a mirar, nosotros entramos donde la cosa no va- lo que él denomina como anorexia, la anorexia mental. Lo que adviene en la etapa oral. Lacan dice que, llamativamente, en la crianza de los niños se observa, en algunos con más fiereza, en otros con menos, en algunos regularmente a la hora de las brujas (a las 7 de la tarde), en otros a la mitad de la noche, en otros a la mañana, en otros solamente en un período, un momento en donde el niño rechaza el pecho. Y Lacan dice que lo que adviene, para ser observado por el psicoanalista y registrado como primer movimiento, es ese rechazo del pecho. Porque en que el niño hambriento tome no hay (...) ahí. Un niño está hambriento, le dan el pecho y lo toma, he ahí ¿qué? Nada. Lo increíble es que se verifica regularmente, con una vez alcanza. Con un sueño es suficiente para decir hay inconsciente. No hace falta que el paciente sueñe durante los años de análisis todas las semanas un sueño. Lo que Lacan propone es que ese rechazo es el esbozo del advenimiento del deseo. El deseo que él va a llamar deseo de separación o deseo de destete. Pueden poner en lo oral una modalidad, pero todavía entre comillas, de deseo que es deseo de destete, deseo de separación o deseo de desprendimiento.

¿Cuál es su lógica? Lacan va a proponer que el niño llora, ese llanto convoca al adulto encargado de su crianza, que entra a la escena mediante un: “Déjate alimentar”. Podríamos reducirlo un poquito más y decir un: “Tómalo”. Entonces, el deseo no tiene otro margen de advenimiento que decir que no a ese demanda. Con lo cual, observen ustedes, que la inversión esta que yo les propongo necesariamente tiene que ser un “no”. El deseo no puede advenir de otra manera si es un más allá de la demanda. La única que hay es: “Tómalo”. ¿Vieron las mamás metiéndole la teta en la boca del bebé? Y a veces, no sé si lo habrán visto, la manito de la mamá que maneja la cara del bebé tiene cierta fuerza.

Sin agregar ningún mito explicativo psicoanalítico, ¿cuál sería la posibilidad de margen desiderativo aquí? Si el deseo es un más allá de la demanda que implique cierta, por más mínima que sea, transformación. Con lo cual, para Lacan, el advenimiento del deseo tiene que ser con un “no”. O sea: “Tómalo” “No”. Un rechazo del seno materno. Es claro que quizás no sea inicial, el día del nacimiento, pero cuando ya el chico coordina el movimiento de su cabeza, o la capacidad para cerrar su boca o seguir llorando, etc.

Si esto es así, si tenemos llanto del niño, no es anda, no se inscribe, no es humano todavía. El asunto es que ha despertado una reacción del otro como si el llanto hubiese sido demanda. El otro que está encargado de la crianza, responde al llanto como si fuese demanda. Pero toda esa tramitación es del otro, no es del niño. Para el niño su llanto no es demanda. ¿Me siguen en esta psicología infantil? El primer advenimiento de la demanda es cuando viene el otro y le enchufa un ‘tetazo’, imagínense el pobre bebé, y ¡bum! “Tómalo”, se lo mete en la boca.

Cambio de cinta.

De pronto, cada tanto, aparece esa teta en la boca. Para Lacan el primer advenimiento del deseo es, a eso, decirle que no. El problema es que el seno, así planteado, no constituye el objeto a. No tiene el requerimiento mínimo para convertirse en objeto a. Lacan dice:

Pero el seno no es propiamente hablando objeto a ya que le falta su plena relación, lazo, al Otro”

O sea, aún no está enlazado al Otro ese pecho porque aún el niño no ha convocado al Otro. Y así Lacan dice que, efectivamente, Winnicott tenía razón al poner a trabajar a esta altura, la designación objeto transicional. El objeto oral es transicional entre el objeto de la necesidad y el objeto a. No es objeto de la necesidad y no es aún, cabalmente, objeto a, según la teoría de Lacan. Ese sería el primer movimiento.

En el segundo, en el nivel anal, para Lacan sí aparece cabalmente el objeto a. En el nivel anal es función del objeto a. Les leo la cita de Lacan y después la pensamos juntos:

Función del objeto a: ‘subjetivación’, aquello en lo cual y por lo cual el sujeto es requerido ante todo por el Otro a manifestarse como sujeto, como sujeto de pleno derecho.”

Tenemos aquí que, de vuelta, la demanda es una demanda que parte del otro, que para el caso de la analidad es: “Entrega tu producto”. Podríamos decir: “Dalo”. Entonces, si teníamos en el primer nivel un deseo de rechazo, aquí nos vamos a encontrar, si la demanda es “Dalo”, y hace falta una inversión respecto al “Dalo”, vamos atener un deseo de retener. Pero nada vinculado al goce del recto y del ano. No es por la satisfacción que el bolo fecal produce en el recto. No hacemos entrar esa categoría. Lo seguimos trabajando en la relación sujeto-Otro, Demanda-deseo. Nada más. El objeto a advendrá como un producto de esa dialéctica. Y no agregamos ninguna otra condición.

Ahora, ¿por qué esta demanda, la demanda vinculada al control de esfínteres, es una demanda es hecha al sujeto como sujeto?, ¿Por qué implica manifestarse como sujeto? Si enseñaron a controlar esfínteres a algún niño, o vieron como se hace, habrán visto que no es sencillamente “Dalo”. En realidad, “Dalo” es ridículo. Es como decirle a alguien: “Cagá”. En el mundo humano las cosas ridículas se realizan igual. No digo que no exista la escena donde alguien graciosamente toque el timbre de otro y le diga: “Cagá”. No digo que eso no suceda. Lo que digo es que en la enseñanza de control de esfínteres no funciona así. ¿Cómo funciona? Piensen en una mamá con su niñito.

Intervención: En donde sí y en donde no.

¿Así se le enseña? ¿Vas al baño y le decís: “Acá cagas” y vas al comedor y le decís: “Acá no cagas”?

Intervención: La madre se lo pide.



¿Pero es la única condición?, ¿Cuál es la otra? El niño tiene que decir cuando. Ese es el asunto. “Dámelo cuando tú tengas necesidad”. Porque el control de esfínteres, ¿qué es? Regular la necesidad a la vida social. O sea, estás en el colectivo, acabás de subir, pagaste el boleto, es medio tarde y el nene te dice: ”¡Ay! Tengo ganas de ir al baño”. ¿Uno que le dice? “Me hubieses avisado antes”. Los niños, en general, son tan b... como los adultos no dicen nada. Pero hubiese sido muy simpático si el niño dice: “Pero yo ahora tengo ganas, antes no tenía”. En general, los niños son tan buenos que la dejan pasar, no nos hacen esa chanza. Porque en realidad, lo que se intenta hacer es una economía, pero es una economía que necesita inscribir la “necesidad”. Con lo cual, es una demanda pero no es una demanda que se pueda saltear que se le está demandando algo a alguien en función del otro, pero que requiere de ese alguien que haga un procesamiento interno vinculado a esa demanda, que con el hambre no se puede hacer. ¿Le dirían a alguien: “No tengas hambre”? Es ridículo. A nivel oral esto no puede advenir. Con lo cual, observen ustedes, que es la entrada a la dialéctica es la demanda del Otro, el comienzo. No así el llanto como era en el primer movimiento. Directamente es la entrada del Otro. No hay límite para esto. O sea, depende siempre de los padres, de los adultos encargados de la crianza, ver cuál es el buen momento. Porque habrá niños que dejan de pillarse a la noche, pero no por eso son niños que demandan el control de esfínteres de sí. El control de esfínteres es una demanda del Otro, pero es una demanda subjetivizante porque es: “Tienes que darlo cuando advenga en vos las ganas”. Hay que regular, entonces, el darlo y las ganas. Lacan dice que la inversión del deseo va a ser un deseo de retener. Con lo cual, observen ustedes, que del lado izquierdo ya se produce otra nueva inversión. No sé si la vieron:

¿Ven cómo se produce la inversión? Porque es una lógica dialéctica, entonces en cada paso, vamos a ir viendo, que se produce una inversión. No solo se produce una inversión de la demanda para que advenga el deseo, sino que en cada paso se tiene que producir una inversión. Si no se produjese esa inversión, ¿qué habría de paso? Si esto fuese así:



Sería una continuidad absoluta. No tendríamos oportunidad de marcar los cortes. El corte es, entonces, cuando adviene la inversión entre el deseo de expulsar al deseo de retener.

Dado que es requerido el registro subjetivo, Lacan propone:

Tiene que dar lo que es, esa entrada de lo que él es como sujeto no puede ser sino como resto, como irreductible resto en relación al sello simbólico”.

Entonces, lo que Lacan va a proponer es que la demanda del control de esfínteres es una demanda que hace a un requerimiento al registro subjetivo. Y entonces, eso que se le pide al niño que entregue, en la demanda del Otro no está el contenido de: “Entrégame eso que eres tú”. Eso no está, aunque la madre le diga: “Eres una mierda”. No tiene nada que ver. ¿Cómo le decían a Barreda?

Intervención: “Conchita”.



Supongan que una madre llama (debe estar lleno de madres) a su hijo: “¿A ver ‘mierdita’? Hacé caca mierdita.” ¿No puede suceder que haya una madre que diga así? Pero no tiene que ver con esto, no es con el contenido de la demanda, por la forma de decir caca. Porque siempre se confunde mucho la dimensión de resto con la que se trabaja a nivel anal en la teoría de Lacan, con la designación de “,mierda” como basura, lo execrable en el mundo humano. No se trata del contenido de designación. De hecho, les advierto, que para los niños la caca es lo más maravilloso que hay. Así que no es en esa dimensión. Lo que Lacan está diciendo es que la demanda del control de esfínteres es una demanda que exige que el niño de algo que implica la condición subjetiva. Lo que Lacan propone es que, como el niño a nivel simbólico ya se encontró con el efecto del sello simbólico, se va a producir la equiparación entre lo que el niño es como consecuencia del sello simbólico a ese resto que vale como tal porque lo inscribe a él en la demanda del Otro. O sea, se articula que el niño ya está enfrentado al efecto del sello simbólico. ¿Cuál es el efecto que deja el sello simbólico? Que hay un resto, si ustedes quieren, en el pasaje del nene a yo. Vieron que muchas veces coincide la etapa del control de esfínteres con el pasaje de esta designación. O sea, el niño se designa a sí mismo en tercera persona y luego el niño se designa en primera persona. Un niño aprendiendo a controlar esfínteres, puede decirle a la mamá: “El nene quiere caca”. Piensen ustedes en el pasaje de “el nene” a “yo”. “Mami quiero caca”. El problema es que nosotros, en castellano, la dialéctica se nos disuelve un poquito porque la buena forma de hablar en castellano, hace no presentar los pronombres personales. El nene le dice a la mamá: “Quiero caca”, no le dice: “Yo quiero caca”, pero lo que está en juego es el “yo”. Lo que pasa que en el decir, en la forma coloquial, tiende a no decirse. ¿Por qué? Porque cuando el niño se empieza a designar como “yo”, él ya ha inscripto una pérdida de sí. Porque cuando él se designa “yo” y sus congéneres se designan “yo”, él se da cuenta que ya “yo” no es cabalmente él. Porque si “yo” fuese cabalmente él, ningún otro niño podría llamarse “yo” también. No por nada es lo último que se aprende del sistema básico de toda lengua con pronombres personales. Se acuerdan que el artículo de Jacobson dice que lo último que se aprende es lo primero que se pierde. Justamente, porque es el elemento simbólico por excelencia. Si ustedes lo quieren ver de otra manera –a mí me parece que esta es la mejor manera- piénsenlo en la fórmula de Lacan: “El niño se dé cuenta de su propia cuenta”. Mamá y papá tuvieron tres hijos, pero yo tengo dos hermanos: Carlos, Roberto y yo. Cuando adviene el “y yo”, el “yo” implica una pérdida. En la designación más estricta que yo hago de mí, ahí hay una pérdida. ¿Entienden la pérdida? Que categóricamente que lo que me designa, ya no me designa plenamente. No pierdan de vista que toda persona humana hablante se designa como “yo”. No hay nada que sea menos “yo” para mí mismo que lo que “yo” me puede dar. ¿Ven el resto de la inclusión del niño en el mundo simbólico? Lacan dice que se articula su condición de resto, cuando adviene plenamente en el mundo simbólico, piénsenlo como “yo”, a lo que se le exige que entregue, como “Dalo”, como demanda –que no es la misma demanda que: “Déjate alimentar”- que es “Dalo cuando necesites”. Con lo cual, Lacan propone que el resto de lo simbólico se articula a ese objeto que se le exige al niño que entregue como registro subjetivo. O sea, son dos dimensiones del registro subjetivo a pérdida. ¿Entienden por qué? La primera por la demanda del Otro y la segunda por un hecho del lenguaje. Con lo cual, ese objeto, el objeto anal, pasa a ser un representante cabal del resto de la pérdida del mundo simbólico.

Tiene que dar lo que es, esa entrada de lo que él es como sujeto no puede ser sino como resto, como irreductible resto en relación al sello simbólico.”

Y para que ustedes tengan la fórmula del deseo que yo estoy utilizando todo el tiempo, aquí en la clase del Seminario X, la número 25 que es la que estoy comentando, Lacan agrega:

El deseo se vuelve contra la función que introduce al objeto a como tal.”

Es esa inversión que yo les proponía. O sea, la única forma que el deseo puede advenir es en contrariedad con aquello que lo introduce. Con lo cual nos encontramos con:

El deseo de retener. Deseo en tanto que determinado por el primer objeto característicamente cesible.”

Con lo cual para Lacan, la dimensión más elemental y la primera que caracteriza al objeto en el mundo humano como objeto a es que sea un objeto cesible. O sea, que sea algo que participa de la demanda del Otro y que el sujeto entrega de sí. Una cita para que lo escuchen bien:

Resto precario y sin duda entregado, porque soy para siempre el objeto cesible...”

Para Lacan queda fijado que el ser del sujeto, entonces, va a coincidir con ese resto. Y ese resto se caracteriza no por su condición de “mierda” sino por cesible. ¿Entienden lo que quiere decir cesible? Que participa de la dialéctica intersubjetiva entre: demanda, deseo o goce del Otro en el que uno queda inscripto en el mundo humano.

Resto precario y sin duda entregado, porque soy para siempre el objeto cesible, como hoy en día cualquiera sabe: el objeto de intercambio. Y ese objeto es el principio que me hace desear, que me hace deseante de una falta que no es una falta del sujeto, sino un no presentarse hecho al goce que se sitúa en el nivel del Otro.”

Aquí Lacan plantea, directamente, la cuestión del goce del Otro. Nosotros lo vamos a dejar planteado para articular. Pero entonces, lo primero, se trata de que soy –mi condición de ser- pasa por resto. O sea, hay una maniobra que deja un resto. Ese resto es operable, tiene estatuto de objeto. Lacan va a proponer que hagamos coincidir, en esta concepción, el resto de mí que no entra en lo simbólico. Podríamos escribirlo así:




Compartir con tus amigos:
1   ...   10   11   12   13   14   15   16   17   ...   31


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2019
enviar mensaje

    Página principal