Los lugares de la memoria



Descargar 313,06 Kb.
Página1/6
Fecha de conversión05.05.2017
Tamaño313,06 Kb.
  1   2   3   4   5   6







LOS LUGARES DE LA MEMORIA
TRADUCCIÓN Y RESEÑA

Profesora Superior Elena Mohorade

TOMO I: LA RÉPUBLIQUE
NORA, Pierre (dir. ); Les Lieux de Mémoir, I; La République; París, Gallimard, 1984.
Presentación

por Pierre Nora

Este libro nació de un seminario que dicte durante tres años, de 1978 a 1981, en la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales. Me había parecido que la desaparición rápida de nuestra memoria nacional clamaba por un inventario de los lugares donde se había electivamente encarnado, y que por la voluntad de los hombres o el trabajo de los siglos, quedaron como los símbolos más notables: fiestas, emblemas, monumentos conmemoraciones, pero también elogios, diccionarios y museos.

¿Por que preferí un estudio de casos antes que generalidades sobre la memoria nacional? Los lugares de memoria parecen cortar por su existencia misma y su peso de evidencia, las ambigüedades que comportan al mismo tiempo la memoria, la nación, y la relación compleja entre ambas. Objetos, instrumentos o instituciones de la memoria eran precipitados químicamente puros.

Estos lugares había que entenderlos en todos los sentidos de la palabra, desde el mas material y W concreto, como los monumentos a los muertos y los Archivos Nacionales, al mas abstracto e intelectualmente construido, como la noción de linaje, de generación, o incluso de región y de ""hombre memoria"". Desde el alto lugar de sacralidad institucional, Reims o el Pantheon, al humilde manual de nuestras infancias; republicanas. Desde las crónicas de Saint Denis, en el siglo XIII, hasta el Trésor de la langue française, aún inacabado; pasando por el Louvre, La Marsellesa y la enciclopedia Larousse.

Encrucijadas, pues, atravesadas por dimensiones múltiples. Dimensión historiográfica, siempre presente, ya que historia de la historia, es la materia de la que se construye la historia, historia de sus instrumentos, de su producción y de sus procedimientos. Pero también dimensión etnográfica, ya que se trata en todo momento de desprendernos de nuestros hábitos familiares vividos en el calor de la tradición , de cartografiar nuestra propia geografía mental. Psicológica, ya que debemos postular la adecuación de lo individual a lo colectivo y transportar a tientas al campo social nociones –inconsciente, simbolización, censura transferencia– cuya definición en el plano individual no es ni clara, ni segura. Política también, y tal vez, sobre todo si entendemos por política un juego de fuerzas que transforman la realidad: la memoria en efecto es más un marco que un contenido, un desafío siempre disponible, un conjunto de estrategias, un estar-ahí que vale menos por lo que es que por lo que se hace con el. Tocamos aquí una dimensión literaria de los lugares de memoria, cuyo interés reposa en definitiva en el arte de la puesta en escena y el compromiso personal del historiador.

No haremos de este inmenso dominio el reconocimiento de la propiedad, ya que no comprende solo el culto de los muertos y el conjunto siempre mas dilatado del patrimonio, sino todos los elementos que comandan la economía del pasado en cl presente; y porque la memoria, en el sentido en el que la entendemos aquí, no se opone al olvido que esta engloba, y no se identifica con el recuerdo que supone. Mas que una exhaustividad imposible de alcanzar, cuentan aquí los tipos de temas retenidos, la calidad de la mirada, la elaboración de los objetos, la riqueza y la variedad de los acercamientos, y en definitiva, el equilibrio general de un conjunto vasto –cuatro volúmenes– en el cual aceptaron colaborar mas de sesenta de los historiadores mas calificados. La materia de Francia es inagotable.

Primero esta La República, con sus símbolos, sus monumentos, su pedagogía, su conmemoraciones, y los lugares ejemplares de su contra-memoria. Luego vendrá La Nación en dos volúmenes, articulados alrededor de los principales temas de los que está cargada su representación: la herencia lejana, los grandes momentos de transformación de su memoria historiográfica, las fronteras al interior de las cuales se definió su soberanía y su "Ser-juntos", la manera en la que, en artista o en sabio, se pudieron descifrar sus paisajes y sus espacios. Pero también los lugares donde se condenso mejor la idea que esta se hizo del rol del Estado, de su grandeza y de sus glorias, militares y civiles, de su patrimonio monumental y artístico, de su letras y de su lengua. En el cuarto volumen aparecerán para terminar Las Francia: Francia políticas, sociales, religiosas y regionales.

La República, la Nación, las Francia: de una a otras el recorrido se impuso lógicamente. De lo mas simple a lo mas complicado, del contenido al contenedor;, de lo mas fácil de fechar a lo menos fácil de identificar, de lo mas local a lo mas general, de lo mas reciente a lo mas lejano de lo mas político a lo mas carnal, de lo mas unitario a lo mas diversificado, de lo mas evidente a lo mas problemático.



Entre estas tres partes, sin embargo la progresión no es lineal. La República opera un redoblamiento de memoria, en la medida en que como régimen político que se volvió nuestra segunda naturaleza, no es un simple fragmento de nuestra memoria nacional, sino su redefinición sintética y su desenlace. La República se confunde prácticamente con su memoria es como el tema en el tema. Es por esto que pareció legítimo presentar la tradición central indivisible, sin estorbarse con las repúblicas múltiples que la componen. También es legítimo poner el acento sobre la tercera república, la verdadera sino la única para todos los franceses, particularmente sobre su periodo fundador, dotado de una verdadera estrategia de la memoria en detrimento de los otros dos objetivos: río arriba, el período revolucionario; río abajo, el que va desde el Front Populaire hasta la Resistencia. Aun es legítimo insistir sobre los instrumento de su pedagogía, dado que la República entera es un aprendizaje y su historia es la de un aculturación. Si la escuela, los manuales y los maestros fueron objeto de mucho estudio1 desde hace veinte anos, es desde hace muy poco tiempo que se ha estudiado La République au Village y el descenso de la política hacia las masas, para lanzarse luego en la imaginería y la alegoría republicana, en particular la de Marianne2*, muy recientemente se ha señalado e interés de un estudio de las fiestas republicanas, análogo al que fue "La Fiesta Revolucionaria aun mas recientemente se intentó una historia crítica de "La idea republicana"4 y pareció posible una síntesis de "La Vida Política bajo la Tercera República" concebida como una cultura; que la atención finalmente se ha centrado sobre "Las Exposiciones universales" y que una requisitoria global por la arqueología cultural de la República ha parecido necesaria6.
1 Para señalar solo el mas reciente, Enseigner l'histoire, des manuels a la memoire, textos reunidos y presentados por Henri Monior, Berna, Peter Lang , 1984.

2 Maurice AGULHON: La République au Village; París, Plon, 1970; del mismo modo que Marianne au Combat; París, Flammarion; 1979, al que debe seguir Marianne au pouvoir.

* La Marianne es el busto típico que simboliza a la República Francesa y que se encuentra en toda repartición oficial. N. de la T.

3 Charles REARIK; «Festivals in Modern France: The Experience of the Third Republic«»; en: Journal of Contemporary History, 12, 1977, pp. 435–460; Mona OZOUF: La Fête révolutionnaire, Parí, Gallimard, 1977.

4 Cloude NICOLET: L’Idée républicaine en France; París, Gallimard, 1982.
A los lugares incontestados, inevitables y desde ahora visitados de la memoria republicana, se buscó mezclar lugares menos evidentes, como el calendario revolucionario; o desconocidos, como esta biblioteca popular del Marais o el Diccionario de la pedagogía de Ferdinand Buisson. Son estos lugares sin gloria, poco frecuentados por la investigación y desaparecidos de circulación que dan mejor cuenta de lo que es a nuestros ojos el lugar de memoria y hacen sentir desde cerca su originalidad. Ya que por ampliar demasiado la noción, corremos el riesgo de resbalar subrepticiamente hacia la noción de lugar de identidad, vecina pero sin embargo diferente. Además de rededor de emblemas resplandecientes de reconocimiento colectivo, La Marsellesa, la bandera tricolor, hemos querido disponer también aquí los lugares modestos donde oscura pero demostrativamente se construyó la memoria de la República.

Con la Nación, no solamente se dilata el marco, sino que cambia el tema. Ya que no se podía pretender hacer el inventario completo del mobiliario nacional, fue limitándose a sus piezas más masivas: los lugares de memoria no son eso de lo que nos acordamos, sino allí donde la memoria trabaja; no la tradición misma, sino su laboratorio. Y no era cuestión de aislar los elementos constitutivos y determinantes de la identificación nacional: hubiera sido volver a la cronología, y en este país donde, según la esclarecedora fórmula de Bernard Guenée, "el Estado precedió a la Nación'", apuntar el proyector sobre tres momentos de intensa cristalización, los siglos XIV–XVI, el periodo revolucionario y la síntesis republicana, renunciando así a la autonomía del primer volumen.



De la nación –este fenómeno original de los tiempos modernos que una larga familiaridad nos impide considerar con ojos nuevos– hubo hasta aquí tres maneras de hablar: jurídica, histórica y sentimental. Todas ponen en relieve las especificidades nacionales pero sin poder interrogarse sobre ellas. La primera las elude por principio, la segunda las declina y la tercera se contenta con celebrarlas. A una inmensa literatura debemos, sobre la historia del sentimiento nacional en particular, indispensables referencias y un saber pletórico; que dejan la extraña impresión de una invencible tautología: se explica la nación por la nación, un aspecto de un hecho nacional a partir de otro aspecto, sin salir nunca del circulo tomando la cosa desde afuera, en su novedad su extranjeridad. La República debe a la política memorial de su fase de inauguración su fuerte personalidad. La nación, por el contrario se presenta históricamente como un dato, tan difícil de agarrar como el aire que respirarnos y que sin embargo nos hace vivir. A la antigüedad misma del hecho nacional, cuyo punto de partida no es directamente asignables y el recuerdo perdido ""en la noche de los tiempos"', debemos pensar simultáneamente '"nación'", hecho político y ""sociedad"", noción intelectual. La sociedad, sabemos su organización interior por una mirada exterior. La nación es, al mismo tiempo, interior a ella misma y exterior: lo espiritual pero en lo temporal, lo histórico pero en lo geográfico, lo ideológico pero en lo carnal, lo indefinido pero en lo delimitado, lo universal pero en lo particular, lo eterno pero en lo cronológico. La nación es asible sólo desde el exterior, en la generalidad del fenómeno, y desde el ,interior, en la singularidad múltiple de sus manifestaciones.
5 Jean Marie MAYEUR; La Vie politique sous la Troisième République, 1870–1940; París, Éd. du seuil, colección «Nouvelle Histoire de la France contemporaine», 1984.

6 Pascal ORY; Les Expositions universelles à Paris; París, Ramsay, 1982; «Hypothèses de travail en histoire culturelle: l’exemple de la France contemporaine»; en: Bulletin de la Société d’histoire moderne et contemporaine, 2, 1982, a completarse con el «État bibliographique» de la cuestión, publicado en 1981 en el número 2 del Bulletin du Centre d’histoire de la France contemporaine de Paris X.

7 Cf. en particular, con su bibliografía, la imponente meditación de Añphonse DUPRONT; «Du sentiment nacional» en La France et les Français, bajo la direccion de Michel FRANÇOIS, París, Gallimard, Enciclopédie de la Pléiade, 1972, pp. 1423–1475, que se completará con: Pierre CHAUNU; La France, histoire de la sensibilité des Français à la France; París, Robert Laffont, 1982, reedición, París, Hachette, «Pluriel».

8 Cf. Ferdinand LOT; La Frane des origines à la guerre de Cent Ans; París, Gallimard, 1948.

Esperando, entonces, el análisis de orden filosófico que, desde el exterior del hecho nacional, y pasando detrás de su decorado, nos explicaría claramente este misterio9, la tarea que asigna al historiador nuestro propio momento de la historia nacional es, prioritariamente, el análisis de los objetos más representativos de su tradición, tradición que reconocemos siempre como nuestra, pero que ya no podemos vivir como tal. Es esta mezcla de apego sentimental y de desapego critico lo que guió la elección y el plan de los dos volúmenes consagrados a la Nación, e inspiró el primer postigo bajo el signo de lo múltiple: las Francia.


Este plural no es coquetería. No rinde tributo solamente al estallido descentralizador, al conflicto de las concepciones posibles, a la diversidad de los componentes; expresa la confusión de una identidad que hoy se volvió dudosa.
Es allí que el muestreo se revelaba mas necesario; pero más delicado. Ya que el riesgo inherente al estudio de los lugares de memoria es por definición el de privilegiar lo marginal y minoritario como refugios naturales de memorias amenazadas. ¿Se trata, por ejemplo de las Francia religiosas? Si el museo del Desierto se impone como el lugar de la memoria protestante y del catolicismo por excelencia, por el contrario ¿cómo elegir un lugar de memoria único? ¿Y qué elegir del judaísmo, cuyo verdadero lugar de memoria no es otro que la memoria misma? Idéntica dificultad para las memorias sociales, en particular la de la burguesía, cuyas normas y valores, desbordando su tierra natal colonizaron desde hace dos siglos las representaciones populares y aristocráticas. Para paliar este inconveniente, hemos decidido entonces sobre-representar, siempre que el espacio lo permitiera, el numero de lugares de memoria mayoritarios, conscientes de no poder hacer mas que cruzar vistas desde lo alto y miradas oblicuas.
Sobre todo creímos que debíamos, a falta de una imposible captación fina de la pluralidad de los medios sociales, y globalizando las memorias burguesa, campesina, obrera; dividir el. acercamiento en dos: por un lado las memorias remanentes, como la huelga, el mercado, el bar, tomadas a través de esta "sociabilidad" tradicional que Maurice Agulhon hizo entrar en el dominio de la historia; por otro lado las memorias retomadas, ya sea por estas jóvenes instituciones de memoria que son los museos de Artes y Tradiciones populares, o bien por las clases medias, a través de los libros de razón, los albures de familia o el registro de un notario, estos lugares de memoria recientemente abiertos a la curiosidad de los historiadores.
El verdadero problema de este ultima parte no esta en la apertura indefinida del tema, sino en la elaboración suplementaria que esta exige de la noción misma de lugar de memoria. Esta necesidad nunca esta tan presente como abordando la política. A partir del momento en el que se excluyó la posibilidad de desplegar un abanico de las diferentes familias políticas –conservadoras, por ejemplo, liberales, progresistas y revolucionarias– era necesario buscar observatorios pertinentes. Menos los lugares que los nudos de memoria adonde vinieron a tomarse los hilos eternamente flotantes del recuerdo y del olvido; dicho de otro modo, las matrices de nuestra memoria política contemporánea, tales como la Revolución y sus proyecciones sobre el imaginario, Juana de Arco, perfil izquierdo y perfil derecho, la memoria. como lugar de poder político desde la Liberación, de Gaulle, percibido como un tótem de nuestras memorias. la generación, noción indispensable e ilusoria, o las metamorfosis contemporáneas de los lugares tradicionales de nuestro bagaje político. Lugar de memoria. se entiende aquí a segundo grado.
9 Marcel GAUCHET ya lo ha comenzado por medio de un largo comentario de la obra de Ernest KANTOROWITCZ, The King's Two Bodies; Princeton, 1957; «Des deux corps du roi au pouvoir sans corp»; en: Le Débat, números 14 y 15.

La historia que produce el estudio polifónico de estos lugares no se parece a ninguna: modesta, y sin embargo ambiciosa, tradicional al mismo tiempo que muy nueva. No es realmente una historia de Francia, sino entre memoria e historia, la exploración selectiva y sabia de nuestra herencia colectiva, que tiene su justificación mas verdadera en la emoción que despierta todavía en cada uno de nosotros, un resto de identificación vivida con estos símbolos en parte borrados. Una historia de las representaciones, profundamente diferente de la historia nacional positivista del ultimo siglo, en la que encuentra los centros de interés; y de la historia de las mentalidades de la que hereda, se instala en una verdad puramente simbólica.


Son este retorno y esta ruptura lo que hace su originalidad, una originalidad que sólo hace mas imperativa la fidelidad absoluta al principio de realidad, la voluntad confirmada de saber, según la famosa fórmula de Ranke, ""lo que realmente pasó"". Lo mas nuevo reclama lo más antiguo. Pocas épocas en nuestra historia han sido tan prisioneras de su memoria, pero igualmente pocas vivieron de manera tan problemática la coherencia del pasado nacional y su continuidad. Lo representativo, lo simbólico y lo interpretativo tienen sus hechos, su cronología y su erudición. Los objetos que se ofrecen a un estudio de la memoria son en un sentido y para la mayoría, los mismos que la historia más clásica y retardarais habría podido darse. Pero precisamente no se dio estos objetos. No por indiferencia o por olvido, sino porque eran por definición, cl reverso de esta historia, el ángulo muerto de su epistemología, su propia condición de posibilidad.
No nos excusaremos por su aparente trivialidad. Por mas evidentes que sean y por ser evidentes, son ampliamente desconocidos. Para tomar sólo el primer volumen, ¿la bandera tricolor? Estamos bastante sorprendidos de que nadie , recientemente, haya tenido la idea de estudiarla. La bandera roja tiene su historia, así como la blanca, así corno la negra. Pero para la que nos sirve de emblema, y la que cada. día da los colores a ver, o a mirar, prácticamente nada El único trabajo sobre el calendario revolucionario, no publicado, viene de un norteamericano. ¿La Marsellesa? Los únicos estudios advertidos aunque parciales, son de musicólogos de la guardia republicana. Los habitantes del Panteón no encontraron a su historiador. ¿La tipología de las intendencias? La de los monumentos a los muertos, presentes en cada comuna, nadie se ocupo por darla. ¿El centenario de la Revolución, el de la muerte de Víctor Hugo? Fue necesaria la perspectiva del bicentenario para que pareciera urgente mirar de cerca. Nadie había ahondado en el misterio y las razones del autor del Tour de la France, Bruno. Sobre el muro de los Federados poemas y canciones pero hasta el momento no historia. De casi cada uno de los artículos10 se podría decir lo mismo. Sin duda, muchos lugares importantes. faltan al llamado Pero cualquiera sea la pena que inspira su ausencia, hay que reconocer la utilidad de los que figuran aquí.
10 Una sola excepción, el estudio que Rosemonde SANSON consagró al 14–Juillet, fète et conscience nationale, 1789–1975, París, Flammarion, 1976. De la misma autora, se leerá también con interés «La fète de Jeanne d’arc en 1894», en: Revue h’histoire moderne et contemporaine, julio–setiembre de 1973.
Allí esta su mérito mas pequeño. Ya que, nos gustaría que independientemente de su vista de conjunto, estos ensayos sean leídos por ellos mismos, y que antes de pedirles cuentas nos de placer e interés el descubrirlos. Esta pesada maquinaria monográfica presenta problemas complejos: los limites exactos del lugar de memoria, la teoría de las conmemoraciones, los lazos de la memoria histórica y de la memoria colectiva, la relación entre las ideologías y la política, de la memoria y el poder, de !a República y de la Nación. Dejémoslo allí. La elección de los temas, aunque haya sido pacientemente meditada en función de la tipología necesaria, del estado científico de la cuestión, de la disponibilidad de competencias a tratar, conlleva algo de arbitrario. Aceptémoslo. Este complacer a nuestros imaginarios de predilección tiene, innegablemente, un riesgo de regresión intelectual y de retorno al galocentrismo que toda la historiografía contemporánea hizo el esfuerzo feliz de superar. Hay que saberlo. Pero por ahora olvidémoslo. Y para este puñado de ensayos, que pronto serán seguidos por otros, esperemos, para su frescura y felicidad encontrar primero una lectura inocente.


TOMO II: LA NATION
VOL. I.
NORA, Pierre (dir.); Les Lieux de Mémoire, II, La Nation, vol. I, París, Gallimard, 1988.
Presentación

por Pierre Nora

De La República a La Nación, no se cambia solamente de capítulo, sino también de registro y de tratamiento1.


La República era la forma acabada de la nación. Bajo esta idea ella se distinguía al mismo tiempo que se confundía con la nación. Se confundía por su voluntad explícita de absorber toda la herencia de la nación. Con riesgo de no producir sino una interpretación completamente orientada hacia la legitimación de la República. También con riesgo de hacer penetrar este mensaje en las masas por medio de una movilización integradora que ha asegurado, actualmente de manera bien conocida, de un lado las grandes ramas de la escuela del sufragio universal y del servicio militar obligatorio, del otro lado –y era el sujeto del primer tomo– la política deliberada de las fiestas, de las conmemoraciones, de los monumentos cívicos y de los gestos simbólicos. Pero de la idea nacional La República se distinguía radicalmente porque es fechable en sus comienzos, aprehensible en su proyecto así como.. en las etapas de su establecimiento. Es lo que había permitido focalizar el estudio en su centro –los principios en la III República–, para así elegir solo sus muestras mas representativas.
La Nación, por el contrario, impone una mirada totalmente distinta lo mismo que otro tipo de tratamiento sistemático y jerárquico. No es solamente que el marco cronológico sea infinitamente mas amplio, y aún sin fondo, ya que los orígenes nacionales son en sí mismos el punto central de un debate que constituye un lugar de memoria2. En todo caso, diez siglos, suponiendo que, para sacrificar la actualidad, queramos reconocer como de derecho la ascensión al trono de Hugues Capet, cuyo milenario casi coincide con la publicación de este libro3. No es solamente que los objetos representativos de nuestra mitología nacional sean infinitamente mas numerosos, incontables. Lo que pasa es que la Nación en si misma es por completo un representación. Ni un régimen, ni una política, ni una doctrina, ni una cultura, sino el marco de todas sus expresiones, una forma pura, la fórmula inmutable y cambiante de nuestra comunidad social, como por otra parte lo es de todas las comunidades sociales modernas. Indudablemente no ha dejado de evolucionar a lo largo del tiempo, pasible de todas las encarnaciones imaginables: fluctuante en los límites de su soberanía; diversa según los regímenes que asumen sus poderes, las formas de estado que reviste, las leyes y las costumbres que la regulan, las legitimidades que la reivindican, los sentimientos que inspira. Pero es estable en el marco de referencia que constituye, y en la forma política original de sociedad humana que representa en relación a las tribus, a los imperios, a las ciudades-estado y a las áreas religiosas, culturales e ideológicas. Herencia o proyecto, sueno o realidad, festejada o maldecida, la Nación esta ahí, es un dato. Al mismo tiempo histórica y jurídica, concreta y abstracta, hecha del sentimiento que se tiene para con ella y de la ley que padecemos. De la certeza de su unicidad y de su particularidad, pero también de su paridad y de la relación de sus ' fuerzas en el concierto, el mosaico, la sociedad o la organización de las otras naciones. Hecha del conocimiento que tenemos de ella, pero también de la experiencia más o menos feliz que le debemos, según las generaciones. De los sacrificios que ella impone o que se está listo a permitirle, de los beneficios que ella dispensa o niega. La nación-túnica, la nación-nosotros, la nación en nosotros. La forma de nuestro «ser-juntos», y para nosotros, franceses, no tiene inicio atribuible.
  1   2   3   4   5   6


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal