Los fundamentos ontologicos de la dignidad humana



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LOS FUNDAMENTOS ONTOLOGICOS DE LA DIGNIDAD HUMANA*

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Tomamos, como punto de partida de estas reflexiones, el conocido texto de Santo Tomás:

«Persona significat quamdam naturam cum quodam modo existendi. Natura autem, quam persona in sua significatione includit, est omnium naturam dignissima, scilicet natura intellectualis secundum genus suum. Similiter etiam modus existendi, quem importat persona, est dignissimus, ut scilicet aliquid sit per se existens»1.

Apenas si se podría expresar con menos palabras los fundamentos últimos de la dignidad humana. Nuestra labor consistirá en desarrollar brevemente, dentro de los límites de esta comunicación, las ideas anotadas en dicho texto, especialmente lo referente a las bases ontológicas.

Previamente hemos de hacer notar que, ni en este texto ni en otros similares o paralelos2, trata Santo Tomás sobre la dignidad de la persona humana ex professo o in recto; sino que el tema se encuadra en otra problemática: la de ver si el nombre de «Persona» es aplicable a Dios, tal y como se hace en las fórmulas dogmáticas de los símbolos y de los Concilios.

Para decidir sobre este problema, Tomás de Aquino se ve obligado a llevar a cabo previamente un análisis hermenéutico del nombre de “Persona», tanto en cuanto a su significado, como en cuanto a su uso lingüístico. Y en ese contexto, en el que, indirectamente, diríamos, aparece claramente el tema de la dignidad de la persona humana.


Santo Tomás aplica aquí, como en otros muchos casos, una clásica


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distinción: la distinción entre el modo de significar y el origen de la palabra («id a quo numen imponitur»), de una parte; y de otra, la realidad significada por el nombre («id cui numen imponitur»). En virtud de ello, hay que admitir que, si atendemos al origen de la palabra «persona» o a su manera de significación, es claro que no puede atribuirse a Dios. Pero si nos fijamos en aquello a lo cual se aplica tal palabra, según el uso lingüístico, entonces es aplicable también al Ser Divino3. Siempre, naturalmente, que se tenga en cuenta el sentido de eminencia e infinitud con que tal aplicación debe hacerse cuando se trata de la Divinidad.

En efecto, lo que por medio de tal nombre queremos significar es algo que se refiere a la dignidad y a la perfección de un ser: «Persona» significa «quandam naturam cum quodam modo existendi». Por parte de la naturaleza, la persona incluye en su significación lo más excelente («omnium naturarum dignissima»), es decir, la naturaleza intelectual, de modo general; es decir, cualquier naturaleza intelectual. Y por parte del modo de existir, se trata también del modo más digno («est dignissimus»), ya que expresa el ser «per se existens».

Por ahora, vamos a dejar de lado lo que corresponde a la naturaleza intelectual y nos vamos a centrar, de acuerdo con el título de esta comunicación, en lo que corresponde al modo de existir. Es común designar a tal modo de existir con el nombre de «subsistencia” Por ello, a voces se dice que la persona es el individuo subsistente en una naturaleza racional: «subsistens in rationali natura»4.

Sin embargo, conocida es la divergencia de los autores, tanto antes como después de Santo Tomás, e incluso dentro de la misma escuela tomista, a la hora de señalar el sentido preciso o el concepto del vocablo «subsistencia” Y también la dificultad de precisar el sentido exacto de este vocablo en relación a otros de abolengo metafísico, tales como «esencia» y «substancia». Lo cierto es que el mismo Tomás se ve en la obligación de hacer una exégesis lingüística de estos conceptos, antes de llegar a precisar el sentido del nombre de «persona»5 . Hace ya algunos años llamamos la atención sobre el análisis hermenéutico que Santo Tomás, joven aún, llevó a cabo acerca de estas nociones; centrando nuestro estudio en un texto, que parece haber pasado un tanto desapercibido. Me refiero a: I Sent., d. 23, q. 1, a. 16. La amplitud y finura del análisis, que Tomás lleva a cabo en dicho texto es verdaderamente notable. El hecho de que

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se atreva, siendo aún joven, a proponer una explicación personal, debiendo rechazar las opiniones de otros autores, maestros probablemente contemporáneos suyos, es una garantía de su rigor intelectual. Los resultados de dicho análisis no parecen haber sido desmentidos en textos posteriores similares7. Es lástima, sin embargo, que no tengamos todavía una edición crítica de dicho texto, y que las ediciones actuales (por ejemplo, la de Mandonnet) sean altamente sospechosas en algunos textos.

Al exponer su opinión personal en dicho texto, Santo Tomás comienza estudiando los actos correspondientes: esse, subsistere, substare, por ser lo más cercano a nuestra captación intelectual. Ahora bien, en todo ente finito, el acto es un acto de alguien o de algo; ya que no es un acto puro. Pero el ser‑de es todavía impreciso y ambiguo: se ha de distinguir entre ser‑de ut quo, y ser‑de ut quod. Ser‑de‑algo ut quo, significa que ese algo se entiende como principio radical y determinativo; significa que ese algo se toma en abstracto y como parte: es aquello por lo cual o según lo cual a tal ser corresponde tal acto. Y así tenemos que a esse corresponde la «esencia», al subsistere corresponde la «subsistencia», y al substare corresponde la «substancia». En cambio, ser de algo ut quod, significa que ese algo se toma en concreto, como un totum: es aquello que tiene o posee intrínsecamente tal acto. Y así tenemos que a esse corresponde el concreto «ens», a subsistere corresponde el concreto «subsistens» y a substare corresponde el concreto «substans» o también «substancia”

Un ejemplo nos aclararía esto. Tenemos: intelligere, intelligentia, intelligens. Siendo «intelligere» el acto de entender, tal acto pertenece ut quo a la inteligentia, que es aquello por lo cual se determina dicho acto; y pertenece ut quod al «intelligens», que es quien tiene o se constituye por dicho acto.

Esquematizando el anterior análisis tomista, nos daría como resultado este triple nivel lingüístico:

—el de los actos: esse, subsistere, substare;

—el de los nombres ut quo, o en abstracto: essentia, subsistentia, substantia;

—el de los nombres ut quod (en concreto): ens, subsistens, substans.

En adelante nos vamos a limitar únicamente a lo que se refiere propiamente a la subsistencia, siguiendo las pautas de este análisis. Aunque teniendo también en cuenta otros textos posteriores.

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a) El acto de subsistir (subsistere)



Para Santo Tomás, el «subsistere» o acto de subsistir se halla en el horizonte del esse o acto de ser. No es, por tanto, un acto formal, sino un acto existencial. Diríamos que no es una estructura, sino una función. Pero una función a nivel ontológico, trascendental; no simplemente categorial.

El «subsistere» tomista conlleva, pues, toda la problemática y toda la riqueza del actus essendi. No es un simple estado de la esencia, ni el mero hecho existencial, fáctico, de encontrarse algo fuera de sus causas, no es un mero fenómeno. Es acto, y, como tal, una perfección última en la línea del ser; raíz a su vez de todas las demás perfecciones del ser:

«Hoc quod dico esse est inter omnia perfectissimum... est actualitas omnium actuum, et propter hoc etiam est perfectio omnium perfectionum»8 .

Es algo que pertenece al ens, no como un simple predicado extrínseco, sino como lo más íntimo del ser, en cuanto tal:

«est illud quod est magis intimum et profundius inest, cum sit formale respectu omnium quae in re sant»9.

La relación entre el esse y el subsistere aparece como relación entre lo común e indeterminado y lo determinado. El subsistere expresa un modo particular del esse: «ut specialem existendi modum determinans»10 . No es, sin embargo, una determinación de tipo especificativo, como se dice en el mismo lugar («licet non ut species»), ya que no es algo de orden formal; y porque el esse no es un género, sino un trascendental, que se divide en modos analógicamente diversos, no en subgéneros o en especies11.

El subsistere es, pues, un modus essendi, que viene caracterizado normalmente como un per se esse: «quod per se existit et non in alio»12. O como dice en otro texto: «esse commune quoddam est, et non determinat

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aliquem modum essendi; subsistere autem dicit determinatum modum essendi, prout scilicet aliquid est ens per se, non in alio»13.

Incluso se arriesga una etimología: subsistere significa propiamente estar bajo el propio ser con independencia de otro: «subsistere dicitur aliquid inquantum est sub esse suo»14.

Tenemos, pues, que el subsistere es un acto de orden existencial, una modalidad del esse, caracterizada por la independencia y la autosuficiencia existencial: «illa enim subsistere dicimus, quae non in alio, sed in se existunt»15.

b) La «subsistentia» como principio radical de subsistir («ut quo»)

El nombre de «subsistentia» es un nombre abstracto; aunque a veces se utiliza en el uso lingüístico también en concreto para designar al subsistente (ut quod). Pero tomada en sentido abstracto (ut quo), tiene el sentido de parte y de principio radical. Se trata de un principio determinativo y formal; no de una cualidad separada, como podrían entenderlo los platónicos, sino como algo intrínseco al subsistente. Como tal, se halla propiamente en la línea de la esencia, ya que toda determinación formal pertenece al orden de las esencias. La esencia, en efecto, es aquello (quo) por lo cual el «ens» adquiere un determinado modo de ser: «secundum quod per eam et in ea ens habet esse»16.

En este caso, la subsistencia está significando propiamente un principio algo que radicalmente hace a la esencia apta para subsistir, es la exigencia radical de subsistir o de existir en sí. No es un acto existencial, sino la determinación u ordenación intrínseca y exigitiva de la esencia hacia tal acto.

Ahora bien, ¿qué puede ser, dentro de la esencia o de los principios esenciales, aquello que la torna apta y hasta exige el acto de existir per se? La respuesta de Santo Tomás es clara y puede parecer sorprendente: es la misma forma substancial. Tal es su doctrina en el citado texto del Comentario a las Sentencias17 17. y con más claridad, si cabe, lo dice también

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en la Summa: «materia est principium substandi et forma est principium subsistendi»18 .

Por lo demás, esta doctrina es totalmente concorde con su concepción acerca de la forma:

1) La forma es la base de las determinaciones específicas de la esencia; como la materia es la raíz de las determinaciones numéricas en los entes materiales;

2) La forma es «per quam res habet esse»19; es el principio formal del ser, «formale principium essendi»20. Es la forma la que da el «esse substantiale»21; en los compuestos de materia y forma, que son subsistentes, eso procede radicalmente de la forma: «acquiritur ex forma illi composito esse absolutum per se»22;

3) Además, la forma da el ser de modo inmediato, no por algo sobreañadido: «Primus effectus formae est esse»23; «Forma per seipsam facit rem esse in acta, nec dat esse per aliquod medium»24;

4) La forma da el complemento último en la línea de la esencia, terminándola de modo completo: «Dicitur forma esse principium essendi, quia est complementum substantiae»25; «quaelibet forma substantialis facit ens completum in genere substantiae»26. De ello se sigue lógicamente que toda determinación posterior a la forma substancial es algo adventicio, accidental.

En conclusión, según Santo Tomás, una naturaleza o esencia está ordenada, exige el actus subsistendi o el per se esse justamente por razón de la forma substancial. La forma es el principio radical de esa autosuficiencia existencial. Pero no es todavía el acto, ni se comporta ut totum, sino que es el principium quo, el principio exigitivo de dicho acto.

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c) El subsistente (subsistentia ut quod)

Finalmente, el término «subsistentia», aunque tiene forma abstracta, se usa frecuentemente con significación de lo concreto, para expresar lo subsistente: es la subsistentia ut quod. Sucede como cuando decimos, por ejemplo, «fulano es la sabiduría viviente», en lugar de «es un sabio».

El subsistens en este sentido suele denominarse también suppositum. Y compete a todo individuo substancial, que posea plena autonomía existencial. Si bien, como es sabido, el término de “suppositum” hace referencia más bien a su condición de soporte o fundamento en que se apoyan las determinaciones accidentales.

El subsistens posee, pues, los caracteres siguientes:

1 ) Es algo concreto, ya que significa ut quod. Expresa, pues, algo real existente; no formalidades abstractas.

2) Es algo individualizado. Es el «individuum in genere substantiae»27; «Illud autem quod est subsistens in natura, est aliquod individuum et singulare”28. En efecto, en la naturaleza sólo existen los individuos.

3) Es una totalidad, algo completo. La misma significación de «subsistentia ut quod» implica esa totalidad, por contraposición a la subsistentia ut quo, que expresa algo parcial.

Como un totum que es, incluye dentro de sí mismo: la substancialidad o esencia substancial, la individuación y el acto de subsistir, por el cual se denomina propiamente «subsistens»: «Ens enim subsistens est quod habet esse, tamquam eius quod est»29.

4) Es algo incomunicable, excluyendo una triple incomunicabilidad: la del universal al particular, ya que es algo individual; la de la parte al todo, ya que es una totalidad, y la de asumible por otro, ya que está terminado en sí mismo y todo lo que pueda advenir será algo accidental.

5) Es un todo autónomo o autosuficiente, ya que, por una parte no necesita apoyarse en otro para existir (aspecto negativo); pero, sobre todo, porque «subsistir» significa per se esse, poseer la existencia en sí y por sí.

Ello no significa evidentemente que no pueda ser un ens causado, ya que per se esse no es lo mismo que a se esse; subsistencia no es «aseidad».

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Esta se refiere a la autonomía de origen, aquélla a la autosuficiencia en el ejercicio de la existencia.

Un tal suppositam recibe también el nombre de «hypóstasis». Santo Tomás hace notar que el nombre de «hypóstasis», si bien significa propiamente, en su sentido etimológico, el fundamento o soporte de las determinaciones accidentales, sin embargo, en su uso lingüístico se reserva para expresar lo subsistente en una naturaleza espiritual. Coincide, en este sentido, con el nombre de «Persona», que entre los latinos se reserva para significar el «suppositum subsistens in natura rationali»30. De ella se dice que es lo más perfecto que hay en la naturaleza: «perfectissimum in tota natura»31, Esto nos vuelve al tema principal de esta comunicación sobre la dignidad de la persona.



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Recogiendo ahora los resultados del análisis procedente, vemos cómo la dignidad de la persona queda plenamente justificada y garantizada a nivel ontológico.

En efecto, la dignidad de un ser es algo que se funda en su excelencia o perfección. Y esta perfección es doble: una que dimana de la nobleza o excelencia de su naturaleza. Y en este sentido la nobleza de un ser que posee una naturaleza espiritual es evidentemente de un orden superior. Otra perfección consiste en la autosuficiencia e independencia existencial con respecto a otros seres. Podríamos añadir una tercera forma de perfección, que se adquiere mediante la operación con respecto al fin; pero ésta es de orden accidental, no substantiva; de modo que se funda en la perfección substancial, y es, además, contingente, aunque pueda ser, sin embargo, muy importante.

Reduciéndonos ahora a la perfección substantiva, ésta se expresa adecuadamente por medio de la «subsistencia”. Ahora bien, la subsistencia, como hemos visto, puede expresar: o bien el acto mismo de subsistir, o bien el principio radical de subsistir. Por ambas partes advertimos que se trata siempre de un acto, que en la filosofía tomista, después de Aristóteles, es sinónimo de perfección.

Como principio radical, la subsistencia se refiere a la forma substan­cial, que es el acto último en la línea de la naturaleza o esencia. Es, pues, la perfección máxima en este orden. Para Tomás de Aquino la forma subs­tancial es «una cierta semejanza del primer principio, que es acto puro»32; o como dice en otro lugar, «divina similitudo participata in rebus»33.

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Por otra parte, la subsistencia, como acto existencial, expresa el modo más perfecto de existir, el per se esse, el existir en sí y por sí. Es, pues, también la forma o el modo más elevado en la línea del actus essendi.

La subsistencia, como acto existencial, es la perfección última «in linea entis»; y, como tal, es la determinación última en esa misma línea. Por ello, el subsistens es necesariamente algo individual, algo indiviso, algo concluso y terminado. Es, por ello mismo, un totum, una totalidad, algo completo, coronado por la unidad trascendental del esse per se. Es un ens per se, esto es, plenamente autosuficiente en su realidad existencial. Lo cual, como autoposesión de sí mismo, será la raíz ontológica y el fundamento de su autonomía operativa; es algo sui juris.

Digamos, para terminar, que en la filosofía moderna, en que se ha evaporado la idea de substancialidad y de cosa‑en‑sí; en que la existencia sólo puede entenderse como un simple fenómeno, como algo fáctico y no con la densidad de un actus essendi, es filosóficamente imposible llegar a una fundamentación objetiva y radical de la dignidad de la persona humana. Por mucho que se hable de autoconciencia v de libertad, estos términos, vaciados de su fundamento ontológico, quedan reducidos a simples posiciones o suposiciones, más o menos arbitrarias. Por el contrario, la doctrina tomista nos muestra el camino seguro para garantizar objetivamente la dignidad del hombre y su grandeza en medio del fluir inconsistente de los fenómenos.

LORENZO V1CENTE BURGOA




1* Publicado en Studium (Madrid) 1982(22)139-147
“Persona significa una cierta naturaleza con un cierto modo de existir. La naturaleza que la persona incluye en su significación, es la más digna de todas las naturalezas, a saber, la naturaleza intelectual según su género. De forma similar, el modo de existir, que implica la persona, es el más digno, esto es, que sea un ser por sí” (Pot. Q. 9, a. 3)

2 Especialmente: Summa Theol., I, q. 29, a. 2.

3 Cfr. I, q. 29, a. 3, 3m.

4 I, q. 29, a. 3c.

5 I, q. 29, a. 3c, et passim.

6 Cfr. L. DE GUZMÁN VICENTE, De notione subsistentiae apud sanctum Thomam en «Divus Thomas» (Piacenza), 71 (1968), pp. 397-422; 72 (1969), pp.

7 Por ejemplo: I, q. 29, a. 2; Pot, q. 9, a. 2; cfr. nuestro estudio (nota anterior): 71 (1968), pp. 415-422.

8 Pot., q. 7, a. 2, 9m; cfr. I, q. 4, a. 1, 3m, etc.

9 I, q. 8, a. 1.

10 Pot., q. 9, a. 2, 6m.

11 Cfr. ibidem.

12 I, q. 29, a. 2c.

13 I Sent., d. 23, q. 1, a. 1.

14 Ib. ad 3m.

15 I, q. 29, a. 2.

16 De ente, c. 1, n. 3.

17 Cfr. I Sent, d. 23, q. 1, a. lc. Ver nuestro estudio (nota 6), especialmente páginas 408-409.

18 I, q. 29, a. 2, 5m, cfr. C. Gent., II, 54, In III Sent., d. 6, q. 2, a. 2.

19 De div. nomin., c. 4, lec. 5, n. 349.

20 De Verit., q. 21, a. 4, 6m; C. Gent., II, 54, etc.

21 In I Sent., d. 17, q. 1, a. 1.

22 In III Sent., d. 6, q. 2, a. 2, lm; C. Gent., II, 68, etc.

23 I q. 42, a. 1, lm.

24 I, q. 76, a. 7c.

25 C. Gent., II, 54.

26 C. Gent., II, 58.

27 Pot., q. 9, a. 2c.

28 Quodl. IX, q. 2, a. 1c.

29 In III Sent., d. 6, q. 2, a. 2.

30 Cfr. In I Sent., d. 23, q. 1, a. 1, 4m; I, q. 29, a. 3, 2m et 3m.

31 I, q. 29, a. 3.

32 In I Sent., d. 8, q. 5, a. 2, 5m

33 C. Gent., III, c. 97; cfr. De div. nomin., c. 4, lec. 5, n 349.











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