Los dineros del "curro"



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EDITORIAL

LOS DINEROS DEL "CURRO"



Estamos en el año de los tres grandes acontecimientos que marcarán, según nuestros políticos, un hito histórico en la definitiva y decisiva incorporación de España a Europa.

Si lo analizamos desde el punto de vista educativo, a la capitalidad cultural de Madrid, EXPO en Sevilla y J.J.O.O. de Barcelona cabría añadir lo que desde hace ya más de un año se nos viene anunciando con insistencia: la puesta en marcha de la Reforma Educativa

Reforma que necesitaría en principio, según se decía, una cantidad próxima al billón de pesetas para su implantación y desarrollo.

La acomodación de nuestro sistema educativo en todos los niveles de enseñanza al llamado "sistema europeo" que se traducirá en una mayor cantidad de titulaciones nuevas a nivel universitario, así como una mejora en la calidad de la enseñanza en los niveles más bajos, con reducción de la ratio, mejores equipamientos escolares, mejor y más amplia

formación del profesorado y una incentivación del mismo en base a unos sexenios (que al final resultan engañosos), sería teóricamente, y bajo los presupuestos iniciales la perfecta bisagra que nos encardinaría con el viejo Continente en materia educativa.

Pero el Estado, en esta ocasión no ha sido precisamente previsor y sus cálculos, y ahora queda demostrado, no fueron ni son precisamente acertados ni cercanos siquiera a las demandas socio-culturales y educativas que la sociedad española exige y necesita.

Necesitaba lavarse la cara, ensuciada durante muchos años por una dictadura, y por tanto debía entrar en el "tren del progreso europeo "con la cabeza bien alta. Así se crea el gran "escaparate" español con los tres grandes acontecimientos a los que nos referimos, realizando un gasto que, solo hablando de la EXPO sevillana, roza el billón y medio de pesetas.

El Gobierno realiza una inversión económica que estamos comenzando a pagar todos y que además hace que otras necesidades más urgentes como la sanidad o, en el caso que nos preocupa, la educación, se vean desplazadas o aplazadas definitivamente a la espera de tiempos mejores que seguramente no veremos.

El caos económico provocado por esta macroinversión ha hecho que la Reforma no haya podido comenzar peor. ¿Quién y cómo explicará al profesorado que ya no hay más dinero para su reciclaje, que se acabaron los cursos y cursillos y que la ratio no se puede disminuir pues eso equivaldría a dar trabajo a más maestros? ¿Quién y cómo explicará que la Administración educativa andaluza por poner un ejemplo- tenía al finalizar el primer trimestre de este año mágico más de 4.000 millones de déficit? ¿Quién y cómo explicará la drástica reducción de plazas sacadas a concurso-oposición -1.200 para toda Andalucía-, amén de echar literalmente a la calle a muchos de nuestros compañeros interinos si alguien no lo remedia pronto?

¿Quién y de qué manera elevará el ánimo de unos asesores de Reforma a quienes la única moral que les queda es la derivada del posible compromiso individual consigo mismo y la oportunidad, quizás, de volver muy pronto a la escuela, decepcionados de cuanto esperaban al iniciar su labor?

La Colonización española que supuso el Descubrimiento de América se ha transformado en una nueva colonización, mucho más tecnificada ahora y ha hecho que ciudades como Sevilla -sede de la EXPO- vea, de cara al resto de Andalucía, aumentado su centralismo al haberse realizado la mayor parte de las obras de infraestructura urbana en torno a la misma y olvidando desafortunadamente a una buena parte del resto del territorio andaluz.

Queda, pues, la enseñanza relegada de nuevo a los últimos puestos. Los Centros públicos continuaremos sin recibir el dinero necesario para funcionamiento interno, las mínimas necesidades no son cubiertas y muchos Institutos de Enseñanza Media quizás lleven ya varios meses con sus puertas cerradas por falta de fondos económicos.

Habría que hacer mucha memoria para recordar un hecho así. Este es el precio que tenemos que pagar anticipada­mente. Y es justamente a un estamento como el educativo a quien de nuevo se sacrifica. Que ya no nos digan más que la educación interesa al Estado como servicio público....

Curro, el pájaro multicolor sobrevoló por las tierras del Sur y con sus extensas alas se llevó en un instante los fondos reservados para intentar conseguir una educación de mejor calidad, enmarcada en una nueva Reforma que, con esta perspectiva, tardará muchos años en ponerse a andar.

Ahora solo esperamos que, al menos, el pajarillo dejara algunas migajas con que la Administración educativa pueda pagar como mínimo nuestro "curro "diario.

POR UNA JORNADA QUE MEJORE LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA


Francisco Olvera López
En el debate sobre el modelo de jornada escolar, se olvida con fre­cuencia, un aspecto que a mi entender debe tener una importante influencia en la mejora de la calidad de la ense­ñanza. Me estoy refiriendo a la rela­ción que existe entre aquélla y la for­mación permanente del profesorado.

El desarrollo de la LOGSE junto a un proceso de homologación econó­mica ligada con la formación profesio­nal, son aspectos concretos e inmedia­tos que van a exigir del profesorado procesos de formación permanente. La administración por su parte deberá liberar importantes recursos humanos y materiales para que esta empresa colectiva fructifique. Es en este con­texto de reforma educativa, en el que un nuevo modelo de jornada escolar se hace necesario. Hasta ahora, la experi­mentación de la reforma educativa, se ha nutrido fundamentalmente de los sectores más innovadores y dinámicos del profesorado. La implantación y de­sarrollo de la misma, debe suponer la implicación de la inmensa mayoría de los enseñantes. Es decir, a una genera­lización de las reformas, debe acom­pañarle una generalización en la for­mación del profesorado. Esta partici­pación del profesorado, se hace im­prescindible, ya que ninguna reforma puede hacerse contra o sin la partici­pación de todos los implicados en la misma. El profesorado, qué duda cabe, es un elemento esencial en ella y de ahí la importancia de contar con su apoyo en las mejores condiciones.

Para que esto sea posible, se de­be continuar por el camino que dé satisfacción a tres aspectos: la homo­logación económica, la formación per­manente y el modelo de jornada esco­lar.

El reconocimiento social del pa­pel de los enseñantes va siendo afortu­nadamente, cada vez mayor. También los diagnósticos que lo sitúan como profesionales sometidos a altos nive­les de estrés y agotamiento.

La sociedad es, y debe ser exi­gente con su trabajo, pero también de­be facilitarle los recursos necesarios para que su importante tarea sea posi­ble. Ya se ha indicado, que contar con un profesor motivado y formado, es una necesidad y una garantía para el éxito de la reforma educativa. Es por tanto en esta tesis donde se incardina el modelo de la jornada escolar y su repercusión con la calidad de la ense­ñanza.

Un modelo de jornada que con­temple una reducción de las horas lec­tivas y agrupe convenientemente las mismas, puede ser un modelo que li­bere más tiempo para la preparación de las estrategias escolares, pero sobre todo para una generalización de la for­mación permanente del profesorado. Esta formación además de permanente debe estar contextualizada en la comu­nidad educativa y en los intereses pro­fesionales del profesorado, pero tam­bién debe propiciar una investigación didáctica que sea contrastada en los equipos pedagógicos de los centros.

Se apuesta por tanto por una for­mación que se realice dentro del hora­rio laboral de los profesores y prefe­rentemente en los centros de trabajo. Paralelamente a esta formación se de­ben fortalecer los aspectos organizati­vos y metodológicos de los centros mediante reuniones de los equipos de nivel y ciclo. Estas importantes tareas necesitan un tiempo no lectivo que la actual jornada escolar impide en buena medida.

Por lo expuesto brevemente aquí, la jornada de los profesores no debe contemplarse como simple re­agrupamiento horario, sino más bien como una importante ocasión para me­jorar la calidad de la enseñanza. No se trata de trabajar menos, sino de hacerlo con más calidad, y para ello se necesita un tiempo que convierta los volunta­rismos actuales en compromisos gene­ralizados dentro de una jornada lectiva continuada, la cual permita liberar los tiempos de formación y organización que las reformas educativas deman­dan.



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