Los aspectos trascendentales del ente



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T. Alvira, Metafísica Apuntes de clase – Ontología-Fares

LOS ASPECTOS TRASCENDENTALES DEL ENTE

Después de haber estudiado los principios constitutivos de los entes en cuanto tales, sus distintos niveles de composición y su estructura interna, no queda agotada la Metafísica. Resta al menos por considerar algunos aspectos derivados de modo necesario del ente, que son sus propiedades trascendentales: unidad. Verdad, bondad y belleza: características que acompañan a cualquier ente en la misma medida en que es -al Creador y a las criaturas, a la sustancia y a los accidentes, al acto y a la potencia...- y que por eso merecen un puesto de honor dentro de la Metafísica.


Históricamente el tema de los trascendentales se configura en el ámbito de la filosofía escolástica en los inicios del siglo XIII. El primer tratamiento explícito se encuentra en la Summa de bono (1236) de Felipe el Canciller. La elaboración filosófica más acabada parece ser obra propia de Santo Tomás de Aquino. Ciertamente, Aristóteles al tratar de la unidad subrayó perfectamente su identidad metafísica con el ente. En el corpus aristotelicum queda también clara la trascendentalidad del verum y del bonum. Aunque no esté tan explícitamente formulada. Lo que falta es un tratamiento sistemático del tema.

1 Las nociones trascendentales y los predicamentos


A nuestro alrededor observamos una gran variedad de cosas: árboles, casas, libros, hombres. A primera vista, bastantes de ellas tienen poca relación entre si; y, sin embargo, todas ellas poseen algo en común: todas esas «son» de un modo u otro, todas son entes.

Como ya es sabido, la entidad de un objeto(el ser algo real) es lo primero que captamos al conocerlo. El ente es la primera realidad entendida por la inteligencia, aquello en lo que se resuelven los demás conocimientos. “Lo primero que concibe el entendimiento como lo mas conocido, y en lo que resuelve todos sus demás conceptos, es el ente. Por eso, es necesario que todos los demás conceptos del entendimiento se tomen por adición al ente”1.


Sin necesidad de formular explícitamente el concepto de ente cada vez que conocemos, percibimos cualquier realidad como algo que se refiere al ente- el hombre, el caballo, las plantas son modos de ser determinados. tipos de entes; la esencia y el acto de ser, la blancura, el tamaño y las restantes modificaciones de las sustancias, son principios constitutivos de los entes; los padres, en cuanto padres, causas de nuevos entes; los hijos, efecto de entes anteriores. Y así todo. Todo lo que nos rodea, o es un ente, o un aspecto o propiedad suyo.

Por eso, la noción de ente se halla incluida en todos nuestros conocimientos de modo similar a como la idea de vida ilumina todas las nociones del biólogo. No podemos conocer ninguna perfección que sea ajena al ente, pues fuera de él sólo hay lugar para la nada. Sin embargo. el hombre no agota en una sola noción la riquísima variedad de las cosas: no basta con decir “ser” sino que es preciso delimitar algo más: ser hombre, ser caballo, ser bueno etc. Nuestro progreso en el conocimiento de la realidad consistirá en ir determinando con el auxilio de la experiencia, las diversas clases de entes y en ir haciendo explicitas las características y propiedades de éste, de aquél o de todos Ios entes en general .



Por otra parte «nada puede añadirse como algo extraño a su naturaleza como una diferencia se añade al género, o el accidente al sujeto, porque cualquier naturaleza es esencialmente ente»2:. De ahí que las demás nociones no signifiquen algo ajeno al ente, sino un modo especial suyo o una propiedad; algo que la noción humana de ente no señala de modo explícito. El leopardo, por ejemplo, es un ente, una especie de ente; pero al pronunciar esa palabra aludimos a algo que nuestra concepción de ente no incluía de forma expresa; y lo mismo ocurre cuando decimos que una cosa es buena, verdadera, hermosa, etc. Ese avance en nuestro conocimiento del ente puede hacerse de dos modos:

a) Las nociones predicamentales son las que expresan un modo particular de ser: ser en si (sustancia), o en otro (accidentes); ser grande o pequeño (cantidad), rubio o moreno (cualidad), etc. Por eso, mientras ente puede predicarse de todo lo que es, las nociones predicamentales se refieren sólo a un género de cosas, con exclusión de otras que también son entes. Designan «un modo especial del ente, pues existen diversos grados de entidad, según los cuales se toman lo diversos modos de ser, y según estos modos de ser se enuncian los diferentes géneros de las cosas: la sustancia por ejemplo, no añade al ente alguna diferencia nueva respecto al carácter de ser del ente (la sustancia también es, es ente), sino que expresa un especial modo de ser: el ente por si (per se); y así sucede en los demás géneros»3.

Se trata, pues, de todas las nociones que significan alguna esencia de las cosas (hombre, león, caballo, blancura, etc.). Como es obvio, no son lo mismo que «ente», sino «modos de sen que se excluyen de manera recíproca: lo que es sustancia no es accidente; la cantidad no es cualidad, ni relación, ni alguna otra de las propiedades accidentales. Estos conceptos pueden llamarse predicamentales, porque se encuadran en los predicamentos o categorías, que son los géneros supremos en los que se divide la realidad creada.

b) Los conceptos trascendentales son los que designan aspectos que pertenecen al ente en cuanto tal: estas nociones expresan un modo que se sigue del ente en general, algo que conviene a todas las cosas (no únicamente a la sustancia, o a la cualidad, etc.): la bondad, la belleza, la unidad —que, como veremos, constituyen algunos de los trascendentales— se predican de todo aquello a lo que se puede aplicar el calificativo de ente: tiene la misma amplitud universal que esta noción. Por eso se llaman trascendentales: porque trascienden el ámbito de los predicamentos; por ejemplo, el bien no se restringe sólo a la sustancia, sino
que se encuentra en todos los demás géneros (las cualidades, la cantidad, las acciones, etc., en cuanto que son, son buenas)4.




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