LingüÍstica “El signo ideológico y la filosofía del lenguaje”, de Voloshinov



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LINGÜÍSTICA

El signo ideológico y la filosofía del lenguaje”, de Voloshinov



(1929, Marxista, ruso)

CLASE

Plantea la relación sujeto/lenguaje. Dice que hay una especie de anillo sociológico, semántico, etc. que incidiría sobre la relación.

Se pregunta ¿El significado refleja la realidad o la conciencia, o variaciones sociales?

Lenguaje no refleja la realidad sino es resultado de un devenir histórico, semántico, etc. Un proceso.

Critica a 2 corrientes: subjetivismo individualista (romanticismo) y objetivismo abstractro (Saussure, estructuralismo)

Las críticas marcan posturas que sirven para cambiar el enfoque a ideas más recientes.

* Subj. Ind.: (postura idealista hegelsiana) Enfoque “estilístico” del lenguaje, que ha caído en el olvido en la actualidad. Voloshinov dice que primero la estilistica es una concepción de la lengua para estudiar la literatura. Los poemas están en el centro. Plantea que el lenguaje usado creativamente como en la literatura lo ven como su función central. Lo cotidiano no es importante. Lenguaje como encarnación del espíritu. El creador artístico plasma esa esencia espiritual en el lenguaje. Así, este es una creación individual del artista. Permite al poeta expresar el mundo interior.

Toman al habla individual como realidad última, y sólo como algo estilístico. Voloshinov dice que el habla individual se construye en el diálogo con otro y depende a quien se dirija cómo se arme. Determinado por espacios sociales, etc. Las palabras q usa el hablante no son suyas. Está determinado por la situación de producción. (contexto) Esto influye en nuestra subjetividad.

* Obj. Abstr.: “estructuralismo”, que es formalista. Se critica que deja de lado aspectos sociales, culturales, etc. Saussure estudia el lenguaje como un sistema cerrado. Voloshinov dice que esto es un fallo científico, ya que este sistema no existe es una creación abstracta para estudiar el lenguaje. Este existe en los usuarios que usan el lenguaje. Esto es indissociable de tramas culturales, etc.

Se apoya en una postura racionalista y mecanicista.

Dicen que el sistema de la lengua es independiente a los usuarios, al acto de habla. Estudian sólo la lengua y como una abstracción, algo inventado por los lingüistas. Voloshinov dice que lo real es el enunciado, no se trata sólo de conocer palabras y trocarlas, sino que el hablante y oyente deben “comprender”, por lo tanto el enunciado también esta dado por determinaciones socioculturales. Al igual que el código.

* 1960: movimiento para revisar los presupuestos estructurales. En este momento se utilizan las críticas que anteriormente había hecho Voloshinov.

Hoy se piensa en todos los usuarios de la lengua. La importancia de los discursos y actos de habla cotidianos.

Voloshinov llega a la conclusión de que la realidad del lenguaje no es el sistema linguistico ni el habla monologal, sino “el hecho social de la interacción verbal”. El lenguaje se realiza en un sentido amplio en el diálologo. Según este autor habría que estudfiar el lenguaje desde las formas y los tipos de interacciones verbales, en relación con la situación concreta (extraverbal). También habría que estudiar los géneros discursivos, todos, para ver como la ideología determina los discursos, los enunciados. Además dice que no se deben estudiar las oraciones de forma abstracta.

Interacción: el enunciado es una interacción: como el resto del as acciones que puede hacer una persona. Inter se refiere a que siempre una interacción es entre 2.

EL USO DEL LENGUAJE ES SOCIAL.


APUNTE

CAPÍTULO 1: DOS CORRIENTES DEL PENSAMIENTO EN LA FILOSOFÍA DEL LENGUAJE.

El autor en esta parte deja de lado los aspectos materiales de la existencia del lenguaje y se centra en la filosofía del lenguaje. Se pregunta ¿Qué es el lenguaje y la palabra?

Dice que primero es necesario identificar al objeto de estudio en la filosofía del lenguaje lo que no es fácil, porque al intentar delimitar el objeto de la investigación, reducirlo en dimensiones definidas y discernibles se pierde la verdadera esencia de lo que se está estudiando: su naturaleza semiótica e ideológica.

Si bien el lenguaje es estudiado como correspondiente a la física (sonido), a lo fisiológico (producción y recepción del sonido) y psicológico (sistema cognitivo). Falta el “alma” a este complejo.

¿Qué hay que agregar a este complejo ya elaborado? Ante todo hay que incluirlo en otro más amplio y comprensivo: en la esfera del “intercambio social organizado”. Para observar el fenómeno del lenguaje hay que colocarlo en la atmósfera social tanto al productos como al receptor del sonido, y al sonido mismo. Estos deben pertenecer a una misma comunidad lingüística y tomar contacto, abarcados por la situación social inmediata. Sólo sobre una base específica es posible el intercambio verbal.

Sin embargo, esto no ayuda a delimitar el objeto de investigación, sino que condujo a una complicación más. Porque el hecho de que tanto el medio social organizado en el cual incluimos nuestro complejo (lenguaje), como la situación social comunicativa inmediata representan ya una gran multitud de relaciones diversas, las cuales no tienen todas la misma importancia ni influencia en la constitución de la lengua.

Es necesario encontrar un denominador común, todo esto debe canalizarse hacia un solo centro.

¿Qué han hecho la filosofía del lenguaje y la lingüística en general para revolver este problema? ¿Qué hitos dejaron para orientarnos? Esto nos lleva a analizar las principales corrientes del pensamiento filosófico y lingüístico en los tiempos modernos.

Hay 2 corrientes básicas que intentan dar una solución a este problema, el de la identificación y delimitación del lenguaje como objeto específico de estudio.
* Corriente 1: Subjetivismo individualista.

Considera que la base del lenguaje es el acto de habla individual creativo. El origen del lenguaje está en la psiquis individual. Para esta orientación el lenguaje es un proceso continuo, una creatividad incesante. El lenguaje resulta análogo a la actividad estética.

El modo en que la primera corriente considera al lenguaje puede resumirse en 4 principios:


  1. El lenguaje es actividad, un proceso incesante de creación que se lleva a cabo en actos individuales de habla.

  2. Las leyes de la creatividad del lenguaje son las de la psicología individual.

  3. La creatividad del lenguaje es significativa, análoga al arte creativo.

  4. La lengua como producto terminado, como sistema estable, es algo así como una corteza inerte, que la lingüística convierte en una construcción abstracta en beneficio de la enseñanza práctica de la lengua como instrumento ya listo para usar.

El lenguaje fue reducido a explicaciones puramente psicológicas, sin llegar a percibir la regulación puramente sociológica, que es una propiedad de todos los signos y no puede reducirse a leyes de psicología individual.

En consecuencia se llegó al primer plano el factor ideológico significativo en el lenguaje. Se dice que el principal impulso para la creatividad lingüística es el gusto lingüístico, una variedad del gusto artístico.

Según la escuela de Vossler sólo es importante el sentido artístico de cualquier fenómeno lingüístico dado. Tal es la naturaleza de la concepción puramente estética del lenguaje, que ven al pensamiento lingüístico esencialmente como pensamiento poético; la verdad lingüística es verdad artística, es belleza significativa.

En este sentido, no ven a la lengua como un sistema elaborado, en el sentido de formas heredadas inmediatamente usables (fonéticas, gramaticales, etc.), sino que la manifestación fundamental es el acto de habla creativo individual. Ven a la producción del lenguaje como el rasgo vital, donde el acto de habla no consiste en formas gramaticales compartidas, estables y usables en todos los enunciados de la lengua, sino en la concretización estética y en la modificación de estas formas abstractas, lo cual individualiza y caracteriza de modo singular cualquier enunciado.

Para ellos lo que llega a ser un hecho gramatical solidificado ha sido alguna vez un hecho de estilo.

Representantes más contemporáneos agregaron que la palabra clave es expresión. Todo tipo de expresión en su raíz es artística. De aquí que el estudio de la expresión coincide con la estética.



* Corriente 2: Objetivismo abstracto.

El centro organizador de todos los fenómenos lingüísticos para esta corriente es un factor completamente distinto: ven al sistema lingüístico como sistema de las formas fonéticas, gramaticales y léxicas del lenguaje.

Si para la primera tendencia el lenguaje es un río de ininterrumpida corriente de actos de habla en el cual nada permanece fijo e idéntico a sí mismo, para la segunda el lenguaje es el arco iris estático tendido sobre ese río.

Cada acto creativo individual es idiosincrásica y singular, pero cada emisión contiene elementos idénticos a los de otras emisiones del mismo grupo lingüístico. Son precisamente estos factores (fonéticos, gramaticales, léxicos) que son idénticos y por lo tanto normativos para toda emisión. Son los que aseguran la unidad de una lengua y su comprensión por parte de todos los miembros e una comunidad determinada.

Lo que importa es la unidad normativa. Este es el factor que constituye la unidad del sistema, por ejemplo, de sonidos de una lengua, y que garantiza que una palabra será comprendida por todos los miembros de una comunidad lingüística. Se encuentra la misma normativa, tanto en los sonidos como los otros elementos del lenguaje.

Aquí se entiende el habla como un proceso individual condicionado por factores psicológicos y subjetivos, como algo que o puede estimarse con exactitud. Por eso, de forma contraria a la primera corriente, se centran en el sistema de la lengua. Desde el punto de vista de esta corriente la creatividad lingüística significativa que parte del hablante no debe tenerse en cuenta. Dicotomía entre lengua – habla.

Creen que el individuo recibe de su conformidad lingüística el sistema de la lengua completamente elaborado. Cualquier cambio en ese sistema se encuentra fuera del alcance de su conciencia individual. El habla se convierte en acto lingüístico sólo a través del sistema de la lengua ya fijado.

¿Cuál es la naturaleza del conjunto de leyes vigentes dentro del sistema de la lengua?

Son leyes no reductibles a ningún otro conjunto de leyes (ideológicas, artísticas o de cualquier tipo). Todas las formas de la lengua en un determinado momento, sincrónicamente, son un sistema ordenado con leyes específicamente lingüísticas.

El individuo debe aceptar y asimilar este sistema como es. Hay un solo criterio lingüístico: correcto versus incorrecto. Correcto significa la correspondencia de una cierta forma con el sistema normativo de la lengua. No les importa el gusto o estética lingüística.

Desde el punto de vista del individuo, la sistematicidad lingüística es arbitraria.

La lengua, como sistema de formas, es absolutamente independiente de los impulsos o actividades creativas, es decir, de una entidad social.

Este sistema inmutable sincrónicamente, no obstante cambia, evoluciona en el proceso de evolución histórica. Es decir, la lengua tiene su historia, y hay que ver cómo la comprende esta corriente.

Una característica “contradictoria” de esta tendencia de la filosofía del lenguaje es su aceptación de una especie de discontinuidad entre la historia de la lengua y el sistema de la lengua. Dicen que no hay nada común entre la lógica que gobierna el sistema de formas lingüísticas en un momento dado y la forma lógica del cambio histórico de esas formas.

Así, un cambio en uno de los miembros en el sistema crea un nuevo sistema. El sistema no se extiende o modifica, se convierte directamente en otro sistema. Se ve al proceso de cambio como un “accidente” sin importancia, porque para ellos este cambio es inintencional e inadvertido. En cada momento histórico sólo puede existir una sola norma lingüística.

Así, dicen que lo que da a la lengua unidad y significado es su dimensión sincrónica, anulándose o ignorándose la dimensión diacrónica. El estado actual de una lengua y la historia de una lengua no pueden comprenderse mutuamente.

Aquí llegamos a una diferencia fundamental entre las dos corrientes.

- Para la primera la verdadera esencia del lenguaje se revela precisamente en su historia, la lógica de la lengua no consiste en reproducir una forma normativamente idéntica sino en la continua renovación e individualización de esa forma por medio de la emisión estilísticamente irreproducible. La realidad de la lengua es su producción. Estos ven a la normativa como la “corteza inerte” del real proceso generativo del lenguaje.

- De forma contraria, la segunda corriente ve a esa “corteza inerte”, es decir, el sistema de formas idénticas, como lo que constituye la esencia del lenguaje. Y la historia, no es más que una serie de accidentes, donde si una violación de la norma no se siente como tal se convierte en la próxima norma lingüística generando un nuevo sistema estable.

La perspectiva de la segunda corriente puede condensarse en los siguientes principios básicos:



  1. La lengua es un sistema estable e inmutable de formas linguísticas normativamente idénticas que la conciencia individual encuentra ya elaborado y a la cual se le presenta como indiscutible.

  2. Las leyes del lenguaje son leyes específicamente lingüísticas, y se refieren a la conexión entre los signos lingüísticos dentro de determinado sistema lingüístico cerrado.

  3. Las conexiones específicamente lingüísticas no tienen nada en común con los valores ideológicos (artísticos, cognitivos u otros).

  4. Los actos individuales de habla son meras variaciones fortuitas o distorsiones de las formas normativas idénticas; pero estos actos individuales explican la mutabilidad históricas de las formas linguísticas. Mutabilidad que es para ellos en sí misma irracional y carente de sentido. No hay conexión entre el sistema de la lengua y su historia.

Esto parece representar la antítesis de los principios básicos de la otra corriente.

La historia de esta corriente está relacionada con el racionalismo y el mecanicismo. No les interesa la relación del signo con la realidad que refleja ni con el individuo que lo origina. Sólo la relación entre los signos dentro de un sistema cerrado ya admitido y autorizado. Sólo les interesa la lógica interna del sistema de signos en sí mismo, con total independencia de los significados ideológicos que dan contenido a los signos.

Cabe destacar que la superioridad del punto de vista del receptor sobre el del hablante ha sido un rasgo permanente de esta corriente.

La expresión más notable de esta corriente fue la de Saussure. El hizo una distinción de 3 aspectos del lenguaje: lenguaje, habla y lengua. Dice que la lengua y el habla son constituyentes del lenguaje, que es la suma total de todos los fenómenos (físicos, psicológicos y fisiológicos) involucrados en la realización de la actividad verbal.

Para Saussure el lenguaje no puede ser el objeto de estudio por la lingüística, porque carece de unidad interna y de validad como entidad autónoma. Es un compuesto heterogéneo.

¿Qué propone entonces?

Dice que hay que colocarse en el terreno de la lengua y tomarla como norma de odas las otras manifestaciones del lenguaje. La lengua le parece ser lo único susceptible de definición autónoma y es la que da un punto de apoyo satisfactorio para el espíritu.

¿Dónde ve la diferencia esencial entre lengua y lenguaje?

Dice que el lenguaje es multiforme y heteróclito, perteneciendo a diferentes dominios, físicos, fisiológicos y psíquicos, pertenece además al dominio individual y al dominio social; no se deja clasificar en ninguna categoría, porque no se sabe cómo desembrollar su unidad.

La lengua, por el contrario, es una totalidad y un principio de clasificación. En cuanto le damos el primer lugar entre los hechos del lenguaje introducimos un orden natural en un conjunto que no presta ninguna otra clasificación.

Saussure, entonces, sostiene que la lengua, como sistema de formas normativamente idénticas debe tomarse como punto de partida y que todas sus manifestaciones del lenguaje deben enfocarse desde el ángulo de estas formas estables y autónomas.

¿Y la diferencia entre lengua y habla?

En este sentido separa lo que es social de lo que es individual, y lo esencial de lo accesorio y más o menos accidental.

Así, la lingüística como la concibe Saussure, no puede tener el habla como objeto de estudio.

Además, es quien propone el estudio sincrónico de las relaciones entre signos que forman un sistema, tal como aparecen en la conciencia colectiva. La lingüística diacrónica dice que debería encargarse de las relaciones que unen términos sucesivos no percibidos por una misma conciencia colectiva, donde se reemplazan entre sí los términos. Algo accesorio, o secundario.

También se destaca en esta corriente la escuela sociológica de Durkheim. Dicen que la lengua es un fenómeno social pero no en cuanto proceso, sino en cuanto sistema estable de normas lingüísticas. Es decir, afirman que la naturaleza coercitiva de la lengua (como una imposición de un sistema estable que comparte una comunidad) es exterior a la conciencia individual.

ESTAS SON LAS CORRIENTES MÁS PODEROSAS, TODAS LAS DEMÁS DE ALGUNA FORMA SON COMBINACIONES O COMPROMISOS RESPECTO A LAS TENCIAS PRESENTADAS.

Al principio del capítulo se plateó el problema de la identificación y delimitación del lenguaje como objeto de estudio. En este sentido, estos fueron los hitos colocados en el camino para la solución del problema. Como resultado, nos enfrentamos a dos series de hitos que señalan direcciones opuestas.

¿Cuál es entonces el verdadero centro de la realidad lingüística, el denominador común? ¿Es el acto de habla individual o el sistema del lenguaje? ¿Y cuál es el verdadero modo de existencia de la lengua?
CAPÍTULO 2: LENGUA, HABLA Y ENUNCIADO. CRÍTICA A LA SEGUNDA CORRIENTE:

Ahora se pasa a someter estas corrientes a un cuidadoso análisis crítico, sólo después de esto estaremos en condiciones de responder a las preguntas recién planteadas.

* Análisis crítico de la segunda corriente, Objetivismo Abstracto:

El objetivismo abstracto no atribuye realidad material concreta al sistema de la lengua, si bien el sistema se expresa en objeto materiales (signos), en cuanto es sistema de forma normativamente idéntica tiene realidad sólo en su carácter de norma social.

Dicen que la lengua es un hecho objetivo exterior e independiente de cualquier conciencia individual. En realidad, representado como sistema de normas inmutables, idénticas a sí mismas, sólo puede ser percibido así por la conciencia individual, y desde el punto de vista de la conciencia.

Pero la lengua no puede ser pensada de forma disociada de la conciencia individual, si se intentara estudiar un “sistema inerte de normas” no descubriríamos más que la generación incesante de normas lingüísticas insertas en ningún lado y sin dársele ningún uso.

Además, el sistema sincrónico no corresponde a ningún momento real en el proceso histórico de transformación, es decir, no es una entidad real, sino una creación abstracta. Existe sólo desde el punto de vista de un hablante individual que pertenece a un grupo lingüístico particular en un momento histórico particular. Desde un punto de vista objetivo no existe en ningún momento real de la historia. Cualquier norma social sólo existe respecto a la conciencia subjetiva de los miembros de una comunidad particular.

Pero esto no carece de toda objetividad. Si consideramos la lengua como un sistema de normas inmutables e indiscutibles con existencia objetiva cometemos un error. Pero si afirmamos que la lengua, con respecto a la conciencia individual es un sistema de normas inmutables, que ese es el modo de existencia de la lengua para cada miembro de cualquier comunidad lingüística, se está expresando una relación totalmente objetiva. Pero decir que la lengua sólo aparece en la mente del hablante como un conjunto inerte de normas es otra cuestión.

EL HECHO ES QUE PUEDE ESTABLECERSE CIERTO TIPO DE RELACIÓN OBJETIVA.

Ahora debemos preguntarnos si la afirmación anterior es cierta. Pero tampoco. Ya que la conciencia subjetiva del hablante no opera de ningún modo con la lengua como un sistema de formas normativamente idénticas. Ese sistema no es más que una abstracción a la que se llegó con mucha dificultad y con una precisa concentración práctica y cognitiva de la atención.

* El sistema de la lengua es producto de la reflexión sobre la lengua, esta de ninguna manera la realiza la conciencia del hablante.

En efecto, la atención del hablante se concentra en relación con el enunciado concreto y particular que produce. El hablante no valora aquel aspecto de la forma que es invariable, sino que el hablante lo adapta de acuerdo al contexto.

Además, tanpoco adquiere identidad normativa desde el punto de vista de que el acto de habla está orientado al receptor, ya que la tarea de comprensión no consiste en reconocer la forma usada, sino en comprenderla en un contexto concreto en particular, en entender su significado en un enunciado particular. Se comprende su novedad y no se reconoce su identidad.

En suma, al hablante y oyente les interesa la lengua como conjunto de posibles contextos de uso para una forma lingüística en particular.

También se debe temer en cuenta que si la forma lingüística existe para el hablante sólo en el contexto de enunciados específicos, existe, por consiguiente, sólo en un contexto ideológico específico. Nunca decimos u oímos palabras, sino que algo verdadero o falso, bueno o malo, importante o intrascendente. “Las palabras siempre están llenas de contenido y de significados tomados de la conducta o de la ideología”.

Así, en la práctica, la lengua es inseparable de su contenido ideológico o conductual. Si se separa a la forma lingüística de esto, como hacen algunos representantes de la segunda corriente, entonces se trata al signo no como tal, sino como señal, como algo que hay que reconocer (no comprender).

¿Qué es el sistema de la lengua imaginado por el objetivismo abstracto? ¿Desde qué punto de vista este sistema puede considerarse necesario y productivo?

Evidentemente se obtiene por medio de la abstracción, y toda abstracción debe estar legitimada, justificada, por algún objetivo específico. En este sentido, este tipo de estudios pusieron su atención en las lenguas extranjeras muertas.

El filologismo es la inevitable marca distintiva de toda lingüística europea, diversas necesidades llevaron a centrarse a la lingüística sobre lenguas muertas y extranjeras. La lingüística hace su aparición allí donde aparece la necesidad filológica. Pero esto hace que carezca del alcance necesario para dominar el habla viva, que se produce efectiva y continuamente.

La lingüística tomó siempre como punto de partida la emisión monologal. Esto de por sí ya era una abstracción ya que cualquier habla es un elemento orientado a un receptor. Por eso, no se orientaron a una comprensión ideológica sino un tipo de comprensión pasiva.

Por esas razones, se estudió el lenguaje como lenguajes extraños, escritos, muertos y monologales alejados de cualquier tipo de situación comunicativa y contextos.

Además, esto influyó en la idea del signo lingüístico como señal reconocible y “descifrable”, y no como comprensible e ideológico.

Las siguientes premisas son a partir de los rasgos del conocimiento de la palabra extranjera que suscitaron al objetivismo abstracto, esto también es una síntesis de lo expuesto que completará algunos puntos cruciales:


  1. el facto de autoidentidad estable de las formas lingüísticas supera al de su mutabilidad.

  2. Lo abstracto tiene prioridad sobre lo concreto.

  3. La sistematización abstracta tiene prioridad sobre la realidad histórica.

  4. Las formas de los elementos tiene prioridad sobre la forma del conjunto.

  5. Reificación del elemento lingüístico asilado y desdén por la dinámica del lenguaje.

  6. Singularización del significado y acento en la palabra; desden por la viva multiplicidad del significado.

  7. Noción de lengua como artefacto listo para usar trasmitido de generación en generación.

  8. Incapacidad para conceptualizar el proceso generativo interno de una lengua.

SE CONSIDERAN ESTOS RASGOS DEL PENSAMIENTO DOMINADO POR LA PALABRA EXTRANJERA

1) El primer rasgo no necesita mayores comentarios. Hemos señalado que la comprensión de la propia lengua no consiste en el reconocimiento de elementos idénticos en el habla sino en la compresión de su nuevo significado contextual. El proceso de reconocimiento es vital en el proceso de desciframiento (lenguas muertas) y trasmisión de una lengua extraña (aprender otro idioma).

2) Resulta ya también muy claro. El enunciado monologal aislado es una abstracción. La concretización de una palabra sólo es posible mediante la inclusión del contexto histórico real.

3) El pensamiento sistemático que interpreta la lengua viva como si ya fuera terminada y perfecta ve con hostilidad cualquier tipo de innovación, la historia siempre aparece como una serie de transgresiones accidentales.

4) Al orientarse la lingüística hacia el habla monologal aislada, el estudio se realiza dentro de los límites del enunciado, en el territorio interno de este. Por lo tanto se ignoran todas las conexiones que quedan por fuera, como el contexto.

5) La forma lingüística se obtiene sólo por abstracción de la totalidad dinámica de la actuación lingüística, del habla. En este sentido estudian los elementos al interior de oraciones porque el enunciado como totalidad no existe para ellos, sólo los elementos del sistema, formas lingüísticas separadas, y a ellas les corresponde el cambio histórico.

Así, la dinámica del lenguaje no es percibida, ya que la historia sólo consistiría en formas lingüísticas separadas sometidas a cambios.

6) El significado de una palabra está determinado por su contexto, en realidad, hay tantos significados para una palabra como contextos para su uso (polisemanticidad). Sin embargo, la unidad de la palabra está asegurada, no sólo por la unidad de su composición fonética, sino también por ese factor de unidad que es común a todos sus significados. Sin embargo, el objetivismo abstracto percibe esta multiplicidad de sus significados como connotaciones ocasionales de un solo significado fijo. Lo importante para ellos es poder aislar la palabra y fijar el significado para poder compararla con otra equivalente de otra lengua.

7) De acuerdo con esta corriente la lengua se trasmite de generación en generación como un producto prefabricado. Esto convierte al lenguaje en algo externo a la corriente de comunicación verbal. Pero esto no sucede así, sino que la lengua dura como un continuo proceso de transformación, y no se recibe prefabricada, sino que son los sujetos que ingresan a esta corriente de comunicación.

8) Esta corriente, como vimos, es incapaz de juntar la existencia de la lengua de acuerdo a su dimensión sincrónica, abstracta, con la evolución de aquella. Así, el hablante no está en contacto consciente y activo con el proceso de evolución histórica, sino que sólo opera con un sistema de formas normativamente idénticas. Como proceso generativo sólo existe par el historiador de lenguas extrañas.



Solo resta resumir el análisis crítico de esta corriente.

El problema que planteamos al principio del primer capítulo, del modo de existencia real de los fenómenos lingüísticos como objeto de estudio específico y unificado, no fue bien resuelto por esta corriente.

La lengua como sistema de formas normativamente idénticas es una abstracción justificable en la teoría y en la práctica sólo desde un punto de vista de desciframiento y la enseñanza de una lengua extranjera.

Este sistema no puede servir de base para la comprensión y la explicación de los hechos lingüísticos tal como realmente existen y se producen. Este sistema nos aparta de la viva realidad dinámica de la lengua y sus funciones sociales.

El hecho de que se sustenten en una concepción racionalista y mecanicista del mundo los hace incapaces de una comprensión correcta de la historia, y la lengua es en definitiva un fenómeno puramente histórico.

La primera corriente tampoco soporta el examen crítico, como se verá en el próximo capítulo.

El objetivismo abstracto al tomar el sistema de la lengua y considerarlo como lo esencial desechó el acto de habla como algo individual, que es justamente lo esencial para el subjetivismo individualista.

Sin embargo, esta corriente también define este acto como algo individual y por lo tanto trata de explicarlo en función de la vida psíquica individual del hablante. Más exactamente, el habla o su producto, el enunciado, no puede en ninguna circunstancia ser considerado un fenómeno individual y no puede explicar desde la psicología individual del hablante. El enunciado es un fenómeno social.
* CAPÍTULO 3: INTERACCIÓN VERBAL. CRÍTICA A LA PRIMERA CORRIENTE:

* Análisis crítico de la primera corriente, Subjetivismo Individualista:

Si la otra corriente se asociaba al racionalismo y mecanicismo, podemos decir que esta se asocia el romanticismo. Este fue en gran parte una reacción contra la palabra extranjera y las categorías de pensamiento relacionadas a ella.

Los románticos fueron los primeros filólogos de la lengua vernácula (del propio idioma) como el medio por el cual se generaban la conciencia y las ideas.

Si bien no reestructuraron el modo de pensar el lenguaje, introdujeron nuevas categorías en ese pensamiento.

Sin embargo, esta corriente también tomó el habla monologal como realidad última y como punto de partida acerca del lenguaje. Pero lo abordaron desde el punto de vista de la persona que habla y se expresa.

Para ellos el habla monologal es también puramente individual, la expresión de una conciencia individual, de sus ambiciones, intenciones, gustos, impulsos, etc. Creen que la categoría de la expresión es más elevada y amplia en que puede incluirse el acto de habla.

¿Qué es la expresión?

Algo que, habiéndose formado y definido de alguna manera en la psiquis de un individuo, es objetivado exteriormente para otros con la ayuda de ciertos signos externos.

Hay por lo tanto 2 elementos en la expresión: eso interior que es expresable y su objetivación externa para otros (o uno mismo). Cualquier teoría de la expresión presupone estos dos elementos. Esto significa que la expresión es algo que existe primero en una forma y luego cambia a otra.

Ellos le dan primacía a la primer parte, ya que cualquier acto de objetivación (expresión) se produce de adentro hacia fuera. Sus orígenes son internos. Lo externo adquiere importancia sólo como vehículo de lo interno, expresión del espíritu. No es más que materia pasiva para ser manipulada por el elemento interno (se niega la misma expresión en pos de lo interior).

Según el subjetivismo individualista la comprensión, interpretación y explicación de un fenómeno ideológico también debería dirigirse hacia adentro; debería hacer un camino inverso al de la expresión.

Esta teoría de la expresión es fundamentalmente insostenible. El elemento vivencial expresable y su objetivación se crean a partir de la misma materia. La experiencia fuera de su corporización en signos no existe. No obstante la diferencia fundamenal entre elemento interno y externo no es válida.

Además, el centro organizador y formatino no se localiza internamente (en la materia de los signos internos) sino exteriormente. La experiencia no organiza la expresión, sino a la inversa, la expresión organiza la experiencia. Esta es lo que primero da a la experiencia su forma y especificidad de dirección.

La expresión-habla es determinada por las condiciones reales de un habla determinada, especialmente por su situación social inmediata.

El habla, se constituye entre 2 personas socialmente organizadas y en ausencia de un destinatario real, se presupone uno. La palabra siempre se orienta hacia un destinatario, uno con características concretas en la realidad (del mismo grupo social que el hablante o no, en situación superior o inferior, etc.) No puede existir algo así como un destinatario abstracto.

En la mayoría de los casos presuponemos cierta esfera social típica y estabilizada hacia la cual se orienta la creatividad ideológica de nuestra época y grupo social, suponemos como destinatario a un contemporáneo de nuestra literatura, nuestra ciencia, nuestros códigos morales y legales. El mundo interno de cada uno tiene su “auditorio social estabilizado”.

La orientación de la palabra hacia un destinatario tiene mucha importancia, permite ver a la palabra como un acto de dos caras. Está determinada por quien la emite y para quien es emitida. La palabra es el producto de la relación recíproca entre hablante y oyente, emisor y receptor.

¿Qué quiere decir ser hablante?

Si entendemos la producción de la palabra como signo entonces el problema de propiedad de la palabra se ve complicado. Aparte del hecho de que la palabra como signo es un préstamo que toma el hablante del repertorio social de signos disponibles, la manipulación realmente individual de este signo social en una emisión concreta está totalmente determinada por las relaciones sociales.

La individualización estilística de un enunciado, representa un reflejo de las interrelaciones sociales que constituyen la atmósfera en que se forma un enunciado. La situación social inmediata y el medio social más amplio determinan totalmente y desde adentro la estructura del enunciado “ocasional” que arma el hablante. No existe experiencia sin orientación social valorativa.

Con respecto al destinatario potencial, pueden distinguirse dos extremos entre los cuales puede aprehenderse y estructurarse ideológicamente una experiencia, con predominio de uno o de otro. La experiencia-yo y la experiencia nosotros.

La experiencia yo tiende hacia el exterminio de la estructuración ideológica, mientras que la experiencia nosotros permite diferentes grados y tipos de estructuración ideológica.

PITEO: el subjetivimo individualista es una tendencia en los estudios del lenguaje que, si bien aparece en Voloshinov, nosotros no vemos. Es el romanticismo. Este creía que hablar era una experiencia individual e interior, pensaba que hablar era efectuar un acto de creación interior. Algo así como sacar desde adentro las ideas y los pensamientos, y crear. 



La experiencia yo es aquella en la cual no habría incidencia de lo colectivo, es casi la experiencia instintiva. No podemos pensar que el ser humano haga algo sin ninguna experiencia de los colectivo y social (la experiencia nosotros), porque la construcción social siempre nos compromete, más o menos. 

La situación social determina qué término, qué metáfora, y qué forma puede desarrollarse en un enunciado que expresa algo (como el hambre en los ejemplo del autor), aparte del particular soporte entonacional de la propia experiencia.

La autoexperiencia individualista no pertenece a la experiencia del yo, sino que está completamente diferenciada y estructurada. El individualismo es una forma ideológica especial, de la experiencia nosotros de la clase burguesa. El tipo individualista de experiencia deriva de una orientación social inmutable y segura.

Esto quiere decir que la confianza individualista en sí mismo, el sentido del propio valor personal, no proviene de adentro, de las profundidades de la propia personalidad, sino del mundo exterior. La estructura de la personalidad consciente individual es tan social como lo es el tipo colectivo de experiencia. Pero en este tipo de experiencia nosotros individualista, reside una contradicción interna que tarde o temprano destruirá su estructura ideológica.

La personalidad del hablante, entonces, tomada desde adentro, resulta ser totalmente un producto de las interrelaciones sociales. No sólo su expresión externa, sino también su experiencia interna son territorio social.

Nuestro análisis arroja una nueva luz sobre el problema de la conciencia y la ideología que examinábamos antes.



La conciencia es una ficción. Es una construcción ideológica impropia creada por abstracción a partir de los hechos concretos de la expresión social. Pero la conciencia como expresión materializada de un signo, es concebida como hecho objetivo, y una tremenda fuerza social.

La conciencia, mientras todavía está en el interior de la cabeza de una persona consciente como palabra interna germen de la expresión, es una diminuta parte de la existencia, con actividad de poco alcance. Pero una vez que se ingresa al sistema de poder de la ciencia, el arte, la ética, la ley, etc. se convierte en fuerza real, capaz de ejercer incluso su influencia sobre las bases económicas de la vida social.

Desde el comienzo la experiencia se dirige hacia la expresión exterior plenamente realizada. La expresión realizada a su vez ejerce na poderosa influencia sobre la experiencia: comienza a unir la vida interior, dándole una expresión más definida y duradera.

Se podría decir que no es que la expresión se adapta a nuestro mundo interno (como dice el subj. Individualista). Sino que nuestro mundo interno se adapta a las potencialidades de nuestra expresión.

Para distinguir los sistemas de ideología establecidos en la sociedad, se denomina “ideología conductual” para la suma total de experiencias vitales y expresiones externas directamente relacionadas con ella. La ideología conductual es la atmósfera del lenguaje interno y externo no sistematizado ni fijado que dota de significado cada una de nuestras instancias de conducta y acción, y cada uno de nuestros estados “conscientes”.

Si consideramos la naturaleza social de la expresión y la experiencia, entonces podemos decir que el concepto de ideología conductual corresponde básicamente a la llamada “psicología social”. Sin embargo, también interesa el contenido ideológico, más allá de la psiquis y la conciencia, factores puramente sociológicos. Cabe agregar que el factor orgánico individual es irrelevante para esto.

Los sistemas ideológicos establecidos de ética social, ciencia, arte y religión son cristalizaciones de la ideología conductual, y estas a su vez, ejercen una poderosa influencia en la ideología conductual de los sujetos.

Hay varios estratos en la ideología conductual. Se definen por la escala social en la que se miden la experiencia y la expresión, o por las fuerzas sociales con respecto a las que deben orientarse directamente.

El mundo de una experiencia puede ser confuso; su orientación social puede ser fortuita y efímera, y característica sólo para un pequeño número de personas.

Una ideología que no pueda echar raíces y no tenga una expresión con una audiencia estable, con fundamento social, no tendrá las bases para su realización.

El estrato inferior de la ideología conductual, el más rápidamente cambiante, consiste en experiencias de esa clase. Los pensamientos vagos y sin desarrollar, las palabras vanas y accidentales que se nos cruzan en la mente.

Los estratos superiores de la ideología conductual directamente vinculados con los sistemas ideológicos, son más vitales serios y creativos. Las fuerzas sociales de surgimiento reciente encuentran su expresión ideológica en estos estratos superiores, antes que puedan dominar el campo de alguna ideología oficial organizada. En el proceso de esta lucha, estas nuevas corrientes ideológicas sufren la influencia de los sistemas ideológicos establecidos, y en cierta medida, incorporan formas, prácticas y criterios ya existentes.

Lo que comúnmente se llama individualidad creativa no es sino la expresión de la línea fundamental, establecida de la orientación social de una persona particular.

Así, el centro organizador de toda emisión, de toda experiencia, no está dentro sino afuera, en el medio social que circunda al ser individual.

El habla individual, a pesar de las pretensiones del objetivismo abstracto, de ninguna manera es un hecho individual no susceptible de análisis sociológico.

Sí tienen razón al afirmar que las hablas individuales son lo que constituye la realidad concreta y actual de la lengua, y que tienen efectivamente el valor creativo para la lengua.

Pero se equivocan al ignorar la natura social del habla y al intentar derivar el habla del mundo interno del hablante como expresión de ese mundo.

También tienen razón en que la forma lingüística y su contenido ideológico no son separables. Cada una de las palabras es ideológica y cada una de las aplicaciones de la lengua implica cambio ideológico. Pero se equivoca en cuanto deriva también este contenido de las condiciones de la psiquis individual.



En suma, se equivoca al tomar de partida al habla monologal, lo mismo que hace el objetivismo abstracto.

El problema de la interacción verbal fue plantead con claridad por Dietrich. Para él, la función de la lengua no es la expresión sino la comunicación. Y esto lo conduce a considerar el papel del destinatario o receptor. La condición mínima para una manifestación lingüística es doble, hablante y oyente.



Ahora estamos en situación de responder la pregunta planteada al final del primer capítulo.

La verdadera realidad del lenguaje no es el sistema abstracto de formas linguísticas, ni el habla monologal aislada, ni el acto psicofisiológico de su realización, sino el hecho social de la interacción verbal que se cumple en uno o más enunciados.

La interacción verbal es la realidad fundamental del lenguaje.

El diálogo, es una de las formas más importantes de la interacción verbal, pero en un sentido amplio, que no sólo abarca la comunicación verbal cara a cara, sino también la comunicación verbal de otro tipo. Incluso los libros, como actuación verbal impresa responden a algo, objetan algo, anticipan respuestas, etc.



Todo enunciado es sólo un momento en el proceso continuo de comunicación verbal. Pero esa comunicación verbal continua, a su vez, no es más que un momento en el proceso generativo continuo y totalmente inclusivo de un agregado social. En este sentido es esencial tener en cuenta la situación extraverbal (contexto), tanto la inmediata como la más general. La comunicación verbal no puede entenderse ni explicarse fuera de esta situación concreta.

El lenguaje adquiere vida y desarrollo histórico precisamente aquí, en la comunicación verbal concreta, y no en el abstracto sistema lingüístico de formas de la lengua, ni en la psiquis individual de los hablantes.

De todo ello se sigue que el orden para el estudio del lenguaje, con base metodológica, debería ser:

  1. Formas y tipos de interacción verbal en relación con sus condiciones concretas.

  2. Formas de enunciados particulares, de actuaciones lingüísticas particulares, como elementos de una interacción muy ligada, es decir, los géneros del desempeño lingüístico en la conducta humana y la creatividad ideológica determinados por la interacción verbal.

  3. Un nuevo examen sobre estas bases de las formas del a lengua en su presentación lingüística usual.

El verdadero proceso generativo del lenguaje: se genera en el cambio social; en éste se genera la comunicación y la interacción verbal; en ésta última se generan las formas de actuación lingüísticas; finalmente, este proceso generativo se refleja en el cambio de las formas de la lengua.

De lo dicho surge el problema del enunciado como un todo. Ya hemos señalado que esto no es abordado, pues su análisis no va más allá de los elementos que constituyen a los enunciados. Entretanto, los enunciados son las verdaderas unidades del flujo lingüístico. Para estudiar esto es necesario precisamente que no se aísle del flujo histórico de enunciados.

La totalidad se define por sus límites, y estos límites siguen la línea de contacto entre un enunciado dado y el medio verbal (constituido por otros enunciados) y el extraverbal.

La situación y los oyentes hacen que el lenguaje interno se realice en algún tipo de expresión específica exterior que está directamente incluida en un contexto ampliado por las acciones, la conducta o las respuestas verbales de otros participantes del enunciado.

En enunciados conductuales las formas más típicas son la pregunta, exclamación, orden y ruego. La verdadera estructura que adquirirán estos pequeños géneros conductuales se determina por el efecto que produce, sobre una palabra, su aparición frente al medio extraverbal y frene a otra palabra (las de las otras personas). La estructura del género estará de acuerdo con los rasgos únicos de las situaciones de conducta.

El género de conducta funciona como reflejo ideológico de su tipo, su estructura, su objetivo y composición social. El género de conducta es un hecho del medio social: de momentos de ocio, de fiesta, y de contacto social en el salón, en el taller, etc. Así, se mezcla con el medio social, que lo delimita y lo define en todos sus aspectos internos.

El análisis productivo de las formas de la totalidad del os enunciados como las verdaderas unidades de flujo del lenguaje sólo es posible si se considera el habla individual como un fenómeno puramente sociológico. La filosofía marxista del lenguaje debe resueltamente estimar el habla como el verdadero fenómeno del lenguaje y como una estructura socioideológica.

Resumen final del autor:

Tanto la tesis como la antitesis presentadas son igualmente refutables, puesto que son igualmente inadecuadas a la verdadera naturaleza del lenguaje. Por eso formula su propio conjunto de proposiciones desde su punto de vista:

1) La lengua como sistema estable de formas normativamente idénticas no es más que una abstracción científica, que no se adecua a la realidad concreta del lenguaje.

2) La lengua es un proceso generativo continuo realizado en la interacción socio-verbal de los hablantes.

3) Las leyes del proceso generativo de la lengua no son en absoluto las leyes de la psicología individual, pero no pueden divorciarse de la actividad de los hablantes. Son leyes sociológicas.

4) La creatividad lingüística no coincide con la creatividad artística ni ningún otro tipo de creatividad ideológica especializada. Pero a un mismo tiempo, la creatividad lingüística no puede entenderse separada de los significados y valores que contiene. El proceso genrativo de la lengua es histórico.



5) La estructura del habla es puramente sociológica. El habla, como tal, se produce entre hablantes. El acto lingüístico individual no existe.




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