Linda Alcoff



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  NOTAS

* Mi participación en el Semininario sobre la construcción cultural del género organizado en el Centro Pembroke de la Universidad de Brown (1984-1985) ha resultado inmensamente provechosa para la redacción de este artículo. Asimismo, debo expresar mi gratitud a Lynne Joyrich, Richard Schmitt, Denise Riley, Sandra Bartky, Naomi Scheman y a cuatro revisores anónimos, por los valiosos comentarios que me proporcionaron sobre una primera versión de este escrito.



 

1.- Podría pensarse que podemos dar con la solución a este problema de forma muy sencilla, simplemente definiendo a la mujer como alguien que tiene anatomía femenina. No obstante, queda por determinar qué trascendencia tiene –si es que tiene alguna– dicha anatomía, y, aún más, cuál es la relación entre la anatomía femenina y el concepto de la mujer. No hay que olvidar que el discurso imperante no incluye en la categoría de la mujer a cualquiera que posea anatomía femenina: a menudo se oye que las mujeres emprendedoras, que piensan en sí mismas o que tienen una posición social de poder no son mujeres “auténticas” o “verdaderas”. Por otra parte, no puede zanjarse el problema simplemente rechazando el concepto de “la mujer” y manteniendo la categoría de “las mujeres”. Si “las mujeres” existen, debe haber una base para tal categoría y un criterio que determine la inclusión en ella. Este criterio no tiene necesariamente que establecer como premisa una esencia universal y homogénea, pero debe existir en todo caso.  


  2.- Para profundizar en cómo conciben a la mujer Schopenhauer, Kant y prácticamente todos los grandes filósofos occidentales, así como para descubrir las contradicciones e incoherencias que encierran, véase la excelente antología de Linda Bell, Visions of Women (Clifton, N.J.: Humana Press, 1983).   3.- Puede encontrarse un interesante debate sobre si las feministas deberían siquiera intentar tal rebasamiento en Genieve Lloyd, The Man of Reason (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1984, 86-102).  
  4.- Algunas de las obras feministas que incluiría en este grupo pero que no podré comentar en este artículo son las siguientes: Elizabeth L. Berg, “The Third Woman”, Diacritics 12 (1982): 11-20; Lynne Joyrich, “Theory and Practice: The Project of Feminist Criticism”, manuscrito inédito (Brown University, 1984). Quizá algunos lectores piensen que la obra de Luce Irigaray defiende esta tercera vía, pero, en mi opinión, Luce Irigaray, al poner tanto énfasis en la anatomía femenina, raya en el esencialismo.  
  5.- A pesar de todo, Rich se ha distanciado últimamente de esta tendencia y, en realidad, comienza a orientarse hacia el concepto de la mujer por el que abogaré en este artículo (Adrienne Rich, “Notes toward a Politics of Location”, en su obra Blood, Bread, and Poetry [New York: Norton, 1986]).  
  6.- Mary Daly, Gyn/Ecology (Boston: Beacon, 1978), 355.  
  7.- Ibid., 60.  
  9.- Ibid., 365. La cursiva es mía.  
  10.- Adrienne Rich, On Lies, Secrets, and Silence (New York: Norton, 1979), 18. [Existe traducción castellana: Sobre mentiras, secretos y silencios, Barcelona, Icaria, 1983. Trad.: Margarita Dalton.]  
  11.- Adrienne Rich, Of Woman Born (New York: Bantam, 1977), 21. [Existe traducción castellana: Nacemos de mujer. La maternidad  
  12.- Ibid., 290 [Ibid., 401].  
  13.- Ibid., 21 [Ibid., 81].  
  14.- Ibid., 292 [Ibid., 402-403]. Tres páginas antes, Rich censura la opinión que sostiene que únicamente necesitamos liberar por el mundo la capacidad para la crianza de la mujer para solventar todos los problemas existentes, lo cual puede resultar incongruente con el fragmento anteriormente citado. No obstante, las dos opiniones son compatibles: Rich trata de enmendar el concepto de la mujer vigente en el patriarcado por el que se la vincula fundamentalmente a la crianza, con otro en el que la mujer es mucho más compleja y polifacética. Por lo tanto, su concepción esencialista de la mujer es mucho más abarcadora y elaborada que la del patriarcado.  
  15.- Véase Alice Echols, “The New Feminism of Yin and Yang”, en Powers of Desire: The Politics of Sexuality, eds. Ann Snitow, Christine Stansell y Sharon Thompson (New York: Monthly Review Press, 1983), 439-59, y “The Taming of the Id: Feminist Sexual Politics, 1968-83”, en Pleasure and Danger: Exploring Female Sexuality, ed. Carole S. Vance (Boston: Routledge & Kegan Paul, 1984), 50-72. Hester Eisenstein esboza de modo similar el feminismo cultural en su obra Contemporary Feminist Thought (Boston: G. K. Hall, 1983), especialmente en las páginas xxvii-xix y 105-45. Josephine Donovan ha encontrado antecedentes del feminismo cultural más reciente analizado por Echols y Eisenstein en las visiones matriarcales de feministas anteriores como Charlotte Perkins Gilman (Josephine Donovan, Feminist Theory: The Intellectual Traditions of American Feminism [New.......  
  16.- Echols, “The New Feminism of Yin and Yang”, 441.  
  17.- Ibid., 440.  
  18.- Cherríe Moraga, “From a Long Line of Vendidas: Chicanas and Feminism”, en Feminist Studies/Critical Sudies, ed. Teresa de Lauretis (Bloomington: Indiana University Press, 1996), 180.  
  19.- Véase asimismo Moraga, “From a Long Line of Vendidas”, 187, y Cherríe Moraga, “La Guera”, en This Bridge Called My Back: Writings by Radical Women of Color, ed. Cherríe Moraga y Gloria Anzaldúa (New York: Kitchen Table, 1983), 32-33; Barbara Smith, “Introduction”, en Home Girls: A Black Feminist Anthology, ed. Barbara Smith (New York: Kitchen Table, 1983), xix-lvi; “The Combahee River Collective… “Age, Race, Class and Sex: Women Redefining Difference”, en su obra Sister Outsider (Trumansburg, N.Y.: Crossing, 1984), 114-23; y Bell Hooks, Feminist Theory: From Margin to Center (Boston: South End, 1984). Todas estas obras rehúyen la tendencia al universalismo del feminismo cultural y señalan las diferencias perceptibles entre las mujeres, y entre los varones, contrarrestando así la fuerza de las tesis que defienden la existencia de una esencia sexuada abarcadora.  
  20.- De la extensa bibliografía sobre este tema, dos de las mejores obras por las que comenzar son: Anne Fausto-Sterling, Myths of Gender: Biological Theories about Women and Men (New York: Basic, 1986); y Sherrie Ortner y Harriet Whitehead, eds., Sexual M21  
  21.- Echols, “The New Feminism of Yin and Yang”, 440.  
  22.- El estudio en el que Hester Eisenstein aborda el feminismo cultural, aunque es crítico con él, tiene más en cuenta que Echols sus dos caras. Echols parece centrarse únicamente en los efectos de tinte reaccionario que ha producido el feminismo cultural, mientras que Eisenstein distingue en él una auto-afirmación terapéutica necesaria para contrarrestar el influjo de una cultura dominada por tendencias misóginas (véase Eisenstein [en la nota 15 que aparece anteriormente]).  
  23.- Michel Foucault, “Why Study Power: The Question of the Subject”, en Beyond Structuralism and Hermeneutics: Michel Foucault, ed. Hubert L. Dreyfus y Paul Rabinow, segunda edición (Chicago: University of Chicago Press, 1983), 212.  
  24.- Este término se vincula principalmente a Derrida, para quien se asocia específicamente a un proceso en el que se desenmarañan las metáforas hasta poder revelar la lógica subyacente, que generalmente corresponde a una simple oposición binaria del tipo varón/mujer, sujeto/objeto, cultura/naturaleza, etc. Derrida ha puesto de relieve que en esta clase de oposiciones, uno de los términos es siempre superior al otro, de modo que la diferencia en estado puro no se da sin que medie la dominación. El término “desconstrucción” ha pasado a englobar cualquier presentación de un concepto como ideológico o como una construcción cultural en lugar de concebirse como natural, o como un mero reflejo de la realidad. Véase Derrida, Of Grammatology, trad. G. Spivak (Baltimore: John Hopkins University Press, 1976); también resulta de interés Jonathan Culler, On Deconstruction (Ithaca, N.Y.: Cornell University Press, 1982. [Existe traducción castellana: Sobre la desconstrucción: teoría y crítica después del estructuralismo, Madrid, Cátedra, 1992. Trad.: Luis Cremades.]  
  25.- Michel Foucault, “Nietzsche, Genealogy, History”, en The Foucault Reader, ed. Paul Rabinow (New York: Pantheon, 1984), 83. [Existe traducción castellana en Microfísica del poder (Madrid: La Piqueta, 1978.]  
  26.- Este deseo es obvio en la obra de Michel Foucault, The Order of Things: An Archaeology of the Human Sciences (New York: Random House, 1973). [Existe traducción castellana: Las palabras y las cosas: una arqueología de las ciencias humanas, Madrid, Siglo Veintiuno, 1991. Trad.: Elsa Cecilia Frost.]  
  27.- Jacques Derrida, Spurs, trad. Barbara Harlow (Chicago: University of Chicago Press, 1978), 49. [Hay traducción española: Espolones. Los estilos de Nietzsche, Valencia, Pre-textos, 1981. Trad.: M. Arranz Lázaro, 34.]  
  28.- Ibid., 51 [Ibid., 34].  
  29.- Biddy Martín, “Feminism, Criticism, and Foucault”, New German Critique 27 (1982): 11.  
  30.- Julia Kristeva, “Woman Can Never Be Defined”, en New French Feminims, ed. Elaine Marks e Isabelle de Courtivron (New York: Schocken, 1981), 137 (la cursiva es mía).  
  31.- Julia Kristeva, “Oscillation between Power and Deniel”, en Marks y Courtivron, eds., 166.  
  32.- Martin, 16-17.  
  33.- Ibid., especialmente 21, 24 y 29.  
  34.- Véase Derrida, Spurs, especialmente 57 y 97.  
  35.- En sus últimos trabajos, Martin se aleja de esta posición para tomar una orientación positiva. En un artículo escrito en colaboración con Chandra Talpade Mohanty, Martin recalca “las limitaciones políticas de porfiar en la ‘indeterminación', que, implícita cuando no explícitamente, impide al propio crítico situarse en lo social, y, por consiguiente, también que éste tenga en cuenta el entorno institucional en el que se inscribe.” Martin y Mohanty intentan desarrollar una concepción positiva, aunque no por ello simplista, del sujeto, en la que tiene una perspectiva “múltiple y cambiante”. En este sentido, su análisis constituye una valiosa contribución al desarrollo de una concepción alternativa de la subjetividad; una concepción que, de hecho, no se distancia en lo sustancial de la que abordaré a continuación en este artículo (“Feminist Politics: What's Home Got to Do with It?” en Lauretis, ed. (véase la nota 18), 191-212, especialmente 194).  
  36.- Un magnífico intercambio de ideas que sobre este tema mantuvieron, convincente y lúcidamente, representantes de ambas posturas se editó en Diacritics (Peggy Kamuf, “Replacing Feminist Criticism”, Diacritics 12 [1982]: 42-47; y Nancy Miller, “The Text's Heroine: A Feminist Critic and Her Fictions”, Diacritics 12 [1982]: 48-53).  
  37.- Teresa de Lauretis, Alice Doesn't (Bloomington: Indiana University Press, 1984), 5 [Hay versión castellana: Alicia ya no. Feminismo, Semiótica y Cine, Madrid, Cátedra, 1992. Trad.: Silvia Iglesias Recuero, p. 15].  
  38.- Ibid., 5-6 [Ibid., 16].  
  39.- Ibid., 7 [Ibid., 18].  
  40.- Ibid., 8-9 [Ibid., 19-20].  
  41.- Ibid., 11 [Ibid., 22].  
  42.- Ibid., 159 [Ibid., 253].  
  43.- Ibid. 161 [Ibid., 255-256].  
  44.- Ibid. [Ibid., 256].  
  45.- Ibid., 182 [Ibid., 288]. Los textos principales en los que Lauretis fundamenta su explicación de las teorías de Lacan, Eco y Peirce son: Jacques Lacan, Ecrits (Paris: Seuil, 1966); Umberto Eco, A Theory of Semiotics (Blomington: Indiana University Pres, 1976), y The Role of the Reader: Explorations in the Semiotic of Texts (Bloomington: Indiana University Pres, 1979); y Charles Sanders Peirce, Collected Papers, vols. 1-8 (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1931-58).  
  46.- Lauretis, Alice doesn't (véase la nota 37), 182 [Alicia ya no, 289].  
  47.- Ibid., 186 [Ibid., 293] (la cursiva es mía).  
  48.- Lauretis, ed. (véase la nota 18), 8.  
  49.- Ibid., 9.  
  50.- Denise Riley, War in the Nursery: Theories of the Child and Mother (London: Virago, 1983), 2.  
  51.- Ibid., 6.  
  52.- Ibid., 2, 3.  
  53.- Ibid., 4.  
  54.- Puede encontrarse un análisis iluminador de la gravedad del problema que se plantea a los utilitarios en Jon Elster, “Sour Grapesæ Utilitarianism and the Genesis of Wants”, en Utilitarianism and Beyond, ed. Amartya Sen y Bernard Williams (Cambridge: Cambridge University Press, 1982), 219-38.  
  55.- Riley, 193-94.  
  56.- Ibid., 194.  
  57.- Ibid., 194-95.  
  58.- Mis ideas sobre la dimensión y el enfoque adecuados para la metafísica (como una empresa conceptual que debe determinarse parcialmente con métodos pragmáticos) están basadas en la tradición de las últimas obras de Rudolf Carnap y Ludwig Wittgenstein, entre otros. Véase Rudolf Carnap, “Empiricism, Semantics, and Ontology” y “On the Character of Philosophical Problemas”, ambos en The Linguistic Turn, ed. R. Rorty (Chicago: University of Chicago Press, 1967) [Existe traducción castellana: El giro lingüístico: dificultades metafilosóficas de la filosofía lingüística, Barcelona, Paidós, 1990. Trad.: Gabriel Bello] y Ludwig Wittgenstein, Philosophical Investigations, trans. G. E. M. Anscombe (New York: Macmillan, 1958) [Existe traducción castellana: Investigaciones filosóficas, Barcelona, Crítica, 1988. Trad.: Alfonso García Suárez y Ulises Moulines].  
  59.- Aquí me refiero especialmente a Husserl y a Freud, con quienes estoy en desacuerdo porque ambos tienen un planteamiento más metafísico de lo que admitirían sus defensores. Además, apenas coincido con sus proposiciones metafísicas. Para explicar mi argumentación con todo detalle necesitaría extenderme más de lo que corresponde en este artículo.  
  60.- Véase, por ejemplo, Donald Davidson, “Psychology as Philosophy”, en su obra Essays on Actions and Interpretations (Oxford: Clarendon Press, 1980), 230.  
  61.- Jacqueline Rose, “Introduction II”, en Feminine Sexuality: Jacques Lacan and the Ecole Freudienne, ed. Juliet Mitchell y Jacqueline Rose (New York: Norton, 1982), 29,30.  
  62.- Ibid., p. 29.  
  63.- Debe darse al psicoanálisis el reconocimiento que merece por acometer la tarea de tratar la subjetividad en toda su complejidad. Con todo, pienso que resultaría equivocado concederle el papel hegemónico en esta cuestión, aunque sólo sea porque el psicoanálisis aún se basa esencialmente en hipótesis. Demos tiempo al tiempo.  
  65.- Teresa de Lauretis me sugirió esta idea en una charla informal que dio en el Centro Pembroke (1984-85). Para una explicación y una aplicación atinadas de este concepto, véase Elly Bulkin, Minnie Bruce Pratt y Barbara Smith, Yours in Struggle: Three Feminist Perspectives on Anti-Semitism and Racism (Brooklyn, N.Y.: Long Haul Press, 1984), 98-99. El trabajo de Martin y Mohanty (véase la nota 35) hace una lectura interesante del artículo de Minnie Bruce Pratt titulado “Identity: Skin Blood Heart”, incluido en la obra Yours in Struggle, y trata en profundidad cómo emplea ésta las políticas de identidad. Véase también “The Combahee River Collective” (nota 19).  
  66.- He meditado mucho sobre esta cuestión, puesto que yo misma soy mitad latina mitad blanca. También me ha incitado a la reflexión el hecho de que la situación se complica aún más en el caso de mis hijos, mitad míos y mitad de un padre judío.  
  67.- Por supuesto, sé que no todas las mujeres son libres para decidir su situación en la vida, pero creo que, de las múltiples formas que nos cortan los vuelos, los mecanismos de interiorización de la opresión desempeñan un papel decisivo, pero podemos lograr controlarlos. En este sentido, debo reconocer que he aprendido mucho del trabajo de Mary Daly, que admiro en gran manera, especialmente Gyn/Ecology (nota 6), que saca a la luz y describe estos mecanismos internos, a la vez que nos reta a librarnos de ellos.  
  68.- Véase Teresa de Lauretis, “Feminist Studies/Critical Studies: Issues, Terms, Contexts”, en Lauretis, ed. (nota 18), 8-9.  
  69.- Así lo expone Homi Bhabha en “Of Mimicry and Man: The Ambivalence of Colonial Discourse”, October 28 (1984): 125-33, y Abdur Rahman en Intellectual Colonisation (New Delhi: Vikas, 1983)

Publicado originalmente en la revista debats



http://www.creatividadfeminista.org/articulos/2004/fem04_estrucultur_02.htm



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