Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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PRIMER PASO: LA BASE FISIOLÓGICA DE LOS ESTADOS DE ÁNIMO
CANDACE PERT (investigadora de la química cerebral y las emociones): Para decir «Estoy sintiendo esto» y para analizarlo, por supuesto que tu cerebro entra en acción. Pero hay muchos mensajes emocionales que no se cuelan hasta un nivel que te permita conocerlos. Aun así, ellos están acostumbrados a manejar todo dentro de tu cuerpo.

BILL MOYERS (entrevistador): ...¿Usted está diciendo que mis emociones están almacenadas en mi cuerpo?

PERT: Absolutamente...

(...)


MOYERS: Entonces, ¿usted está diciendo que es la reacción del cuerpo la que crea las emociones?

PERT: Sí, las reacciones del cuerpo y del cerebro. Las funciones fisiológicas cotidianas del cuerpo, tanto las normales como las patológicas, están (continuamente) creando emociones1.


Esta nueva mirada sobre cómo llegar a nuestras emociones debe centrarse en el cerebro humano y debe reconocer la base fisiológica de todas las emociones. Todos los órganos de nuestro cuerpo están controlados por nuestro cerebro límbico. Nuevas investigaciones indican que los órganos,

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considerados como un todo, forman parte de nuestro sistema nervioso autónomo o involuntario, que a su vez está controlado por nuestro cerebro límbico. Entonces, la realidad fisiológica es que, las emociones, los estados de ánimo, los sentimientos -o como sea que queramos llamar a esas dinámicas que ocurren en el cerebro límbico— son lo que regula la condición de expansión-contracción de cada uno de los órganos del cuerpo. Lo que hemos estado llamando emociones son en realidad las vibraciones tremendamente importantes que gobiernan la salud de todos los órganos. Nuestro cerebro emocional es también nuestro cerebro de la salud.

Por lo tanto, son nuestros estados de ánimo, nuestras emociones más que nuestros pensamientos, los que gobiernan directamente la salud de los órganos de nuestro cuerpo. Indirectamente nuestros pensamientos afectan a nuestros estados de ánimo, así como nuestros estados de ánimo afectan a nuestros pensamientos. Sin embargo, muchos otros elementos tales como nuestras acciones, imágenes, intuiciones, nutrición, patrones de comportamiento, historia pasada y medio ambiente, también afectan nuestros estados de ánimo. Estos elementos no son filtrados primero por medio del pensamiento y luego por los estados de ánimo, sino que impactan directamente a nuestras emociones. Ciertamente el propósito de las emociones puede ser darnos información que no asimilamos a través del pensamiento. Las emociones son retroalimentaciones informativas provenientes de diferentes sistemas, que llegan directamente a nuestro cuerpo. La emoción es un fenómeno cerebral muy diferente del pensamiento y que amerita su propio estudio y enfoque. Por lo tanto, en vez de pensar que podemos controlar la emoción a través del pensamiento, necesitamos tener un acercamiento directo a las emociones, si deseamos tener acceso a la información que ellas contienen.

El primer paso para vivir inteligentemente con nuestros estados de ánimo es reconocer que tienen una base fisiológica dentro de nuestro propio cerebro; ellos son el lenguaje de nuestro cerebro emocional. Los estados de ánimo no son caprichos, ni egoísmo, ni estados molestos de mala conducta, ni son externos a nuestra esencia real. Los estados de ánimo constituyen la información que proviene de nuestro cerebro límbico, así como los pensamientos son la información proveniente de nuestra neocorteza.

Las emociones no van a cesar cuando vayamos al terapeuta, ni cuando descubramos el impacto emocional de la influencia de nuestra madre y nuestro padre en nuestra niñez, ni van a terminar cuando nuestros hijos hayan crecido, ni cuando tengamos suficiente dinero para ser felices, ni cuando nos retiremos, ni cuando nos adentremos en la espiritualidad. Las emociones no

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cesan sino hasta que morimos. Así pues, debemos identificarlas con nuestra propia existencia y aceptar la base fisiológica que tienen todas nuestras emociones -buenas y malas, positivas y negativas- de manera que podamos tratarlas como señales de la vida misma y ser capaces de buscar conscientemente una manera inteligente de procesarlas.

Una vez que hayamos identificado nuestras emociones con nuestra existencia física, podremos relacionar las emociones con nuestra seguridad, salud, poder, e incluso con nuestra creatividad y energía. Revisar el cerebro límbico como el segundo cerebro, con sus propias funciones vitales -proveer información bajo la forma de emociones y suministrar energía a los órganos de nuestro cuerpo- nos dará un acercamiento nuevo basado en la fisiología.
SEGUNDO PASO: IGUAL ESTATUS PARA EL PENSAMIENTO Y LA ACCIÓN
El segundo paso para vivir inteligentemente con nuestras emociones, consiste en darles el mismo estatus que a las otras vibraciones del cerebro. Las emociones son vibraciones al igual que los pensamientos, las imágenes y las intuiciones. Necesitamos incluirlas en esa familia de primera clase que son el pensamiento y la creatividad. Manteniéndolas de lado, como ciudadanas de segunda categoría, capaces de hacer daño y violencia, no estaríamos honrándolas, enseñándolas o usándolas en beneficio de la vida.

La gente me pregunta frecuentemente por qué yo no continúo usando las palabras «sentimientos» y «emociones» y por qué llamo a estas funciones del cerebro «inteligencia afectiva» e «inteligencia de los estados de ánimo». La respuesta es que los términos que yo utilizo tienen como objetivo recordarnos que varias formas de vibraciones energéticas ocurren dentro de nuestro cráneo. La vibración es el denominador común, es el lenguaje común de la mente. La energía vibra de forma diferente en nuestras tres estructuras cerebrales. Los pensamientos, imágenes, intuiciones, emociones y acciones son todas formas vibracionales de la vida que contienen información. Son procesos diferentes pero todos son ondas de energía que ocurren dentro en una determinada área de nuestro sistema cerebral. Todas las vibraciones están a nuestra disposición, tan sólo hace falta que nos enfoquemos en ellas.

A veces, enfocarnos en nuestros sentimientos puede salvarnos la vida, como es el caso de la alegría y el placer, que son muy importantes para la sanación. Otras veces enfocarnos en nuestros pensamientos podría darnos

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vitalidad y promover nuestra sanación. Cuando llamamos a todos los procesos cerebrales «vibración-formas de inteligencia», estamos recordándonos a nosotros mismos que podemos desprendernos de la excesiva confianza en el pensamiento racional y superar nuestro prejuicio moderno contra las emociones.


TERCER PASO: LAS EMOCIONES COMO CLAVES DE LA VIDA INTERIOR
El tercer paso hacia un enfoque inteligente de las emociones involucra el proceso de lograr el acceso a nuestras vibraciones emocionales y quedarnos con ellas. Así como a lo largo de muchos años aprendimos y practicamos el pensar, ahora necesitamos aprender y practicar los procesos emocionales. Aunque más adelante expongo de una manera más amplia los procesos necesarios de cada una de las inteligencias emocionales, me gustaría destacar aquí dos puntos que considero esenciales para tener una nueva visión de las emociones.

Primero, para poder entrar en el rango vibracional del sentir, tan diferente al de pensar o el de actuar, necesitamos ser capaces de ir más despacio. Sentir es un proceso lento. A menudo no puede lograrse cuando estamos hablando rápidamente, concentrándonos en el contenido o tratando de comunicarnos con los otros. Podemos, por supuesto, decir disparates, rabiar con las palabras y sentir el calor en nuestro cuerpo. Sin embargo no podemos, a la misma vez, tener acceso al verdadero deseo que subyace debajo de nuestra rabia.

Podemos tener el hábito de hablar en un rango beta de vibración, asociado con el hemisferio izquierdo, o a un rango alfa, más lento, asociado con el hemisferio derecho. Sin embargo, el sentir está asociado con un rango aún más lento, llamado en las investigaciones del cerebro, vibraciones alfa o theta. Tener acceso a este rango más profundo del sentir puede requerir una nueva práctica. Yo la he llamado «la meditación del sentir». Pero esta no es la meditación usual neocortical en la que dejamos pasar todo, continuamente aclarando la pantalla de nuestra mente, separándonos de las vibraciones para ir a las ondas más finas. En el cerebro límbico, en esta meditación emocional del sentir, dejamos pasar pensamientos e imágenes, pero sólo con la finalidad de mantenernos con las ondas más gruesas del sentir, hasta que estemos afectados y podamos recibir la información involucrada en nuestro sentimiento.

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Ejercicio


La meditación del sentir
Concédete por lo menos veinte minutos para practicar la meditación siguiente:

1. Selecciona una música para relajarte, ponte cómodo y escúchala. Es mejor escoger música de vibración lenta para que no te lleve a las ondas rápidas de la meditación intuitiva.

2. Visualiza la situación que te está afectando.

3. Permítete sentir la primera reacción emocional que surja.

4. Esta primera reacción o este primer sentimiento te hace sentir...

5. Si te llegan pensamientos, enfoca tu conciencia en cómo ellos te hacen sentir.

6. Utilizando la respiración abdominal, continúa más profundamente, permitiendo que un sentimiento te lleve a otro, hasta que descubras la información que sientas importante. Tú podrás sentir cuando hayas alcanzado un mensaje valioso. Se siente diferente al pensamiento; no querrás continuar; sentirás satisfacción. Independientemente de que más tarde juzgues ese mensaje como agradable o desagradable, estarás contento de haberlo encontrado, ya que lo sentirás profundo y real.

El sentir es una práctica que puede darte acceso a tu vida interior y, consecuentemente, proporcionarte una nueva visión de las emociones. Una vez que hayas practicado esta meditación del sentir, podrás con mayor facilidad ser capaz de sentir cualquier sentimiento a medida que realizas tus actividades cotidianas.

Para lograr profundizar en el sentir, tenemos que estar dispuestos a rechazar la interferencia de las vibraciones provenientes del cerebro neocortical y del básico. Si queremos mantenernos en un sentimiento el tiempo suficiente como para recibir la información que él nos brinda, o para ir más profundamente dentro de nuestra vida interior, tenemos que liberarnos de cualquier necesidad de llegar a conclusiones o tomar acciones basadas en emociones. Claro que es posible sentir y actuar como resultado de una emoción, pero frecuentemente no es aconsejable. Si tratamos un estado de ánimo como una realidad única que nos lleva a una conclusión o a la acción, podemos cometer muchos errores. Por ejemplo, si nos sentimos tristes, podemos quedarnos quietos e involucrarnos profundamente en sollozos o llanto. Sin

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embargo, no es este estado de quietud o de llanto el que nos puede causar dificultad. Lo que causa problemas es la conclusión o la acción que sigue a continuación. «Estoy triste porque el jefe no me aumentó el salario. Él probablemente no me aprecia o no piensa que yo soy competente. Por lo tanto (conclusión), no voy a hacer más esfuerzos. Realmente, ahora sí que voy a cambiar de empleo (acción)».

La neocorteza continúa rumiando, imaginándose la crítica del jefe, y luego defendiéndose de lo que tú imaginas; así, cada pensamiento te va alejando cada vez más de tu propia emoción triste y tranquila. Sientes la necesidad de pensar o de actuar y no tienes experiencia en la práctica de sentir la tristeza hasta que ella te revele algo importante. También es posible que sientas rabia, pero en vez de permitirte sentirla para ver lo que te dice desde un nivel interior más profundo, reaccionas solamente ante los estímulos externos y decides cambiarte de empleo.

En el amor, las reacciones inmediatas pueden ser igualmente desastrosas. Yo me siento mal porque un amigo muy especial no me telefoneó. Yo concluyo, «él realmente no me ama», o todavía peor, «nadie me va a amar... nunca seré feliz otra vez»; hago juicios y creo absolutos. De esta forma, lo que hacemos es usar los pensamientos racionales o los no tan racionales en contra de nosotros mismos.

Nos precipitamos a concluir o a actuar porque no tenemos experiencia con nuestras emociones. O nos hacen sentir incómodos o no nos tomamos el tiempo para sentir la emoción profundamente, para obtener su mensaje, lo que nos permitiría comprender qué es aquello que trata de decirnos y que puede afectar de manera profunda nuestra vida. Estamos condicionados para pensar o actuar, pero no para sentir. No tiene por qué ser así. Nuestros sentimientos, nuestros estados de ánimo, son estados de conciencia. Ellos pertenecen a nuestro mundo interno y privado. Podemos aprender a quedarnos en nuestro mundo interno emocional sin interferencias. Aprender a sentir es aprender a viajar en nuestro mundo interno.
CUARTO PASO: SENTIR Y EXPRESAR LAS EMOCIONES
¿Cómo podemos expresar lo que sentimos? La manera como manifestamos nuestras emociones depende de nuestro entrenamiento y de lo que está permitido en nuestra cultura. También depende del aspecto más desarrollado de nuestro cerebro y de la experiencia de vida que tengamos. Algunas per-

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sonas tienen más habilidad para hablar, otras ven imágenes y utilizan metáforas para expresar sus sentimientos. El arte es, muy a menudo, la expresión tangible de sentimientos profundos. Estos sentimientos se expresan a través del cuerpo del bailarín, a través del cuerpo y del habla del actor, a través de los ojos y las manos del escultor, a través de los sonidos del músico y a través de las palabras del escritor y del poeta.

Algunas veces liberamos nuestros sentimientos por medio del habla, otras veces por acciones, por sueños, por medio del tacto y por el lenguaje del cuerpo. Nuestro cuerpo es la cara de nuestras emociones. El lenguaje de las emociones está escrito no sólo en el movimiento y gestos del cuerpo, sino también en la formación misma de ese cuerpo tal como se ha desarrollado en su interacción con la vida a través de los años. El cuerpo revela nuestra experiencia emocional y demuestra la forma como nos hemos estado expresando. «La vida hace formas... Si pudiéramos fotografiar nuestras vidas y mostrarlas cuadro a cuadro, veríamos que somos secuencias en movimiento de diferentes formas emocionales»2. Podemos descubrir nuestra historia emocional por medio del estudio de las fotografías de nuestro cuerpo, nuestra cara, nuestra figura, en distintos períodos de nuestra vida. Podemos entender nuestra historia emocional no por edad cronológica sino por las diferentes formas que las fotografías ponen en evidencia.

¿Cómo podemos aumentar la libertad de expresión de nuestro cuerpo? Podemos volvernos conscientes de los gestos y formas de nuestro cuerpo y darles significado. También podemos interesarnos en el sentir y permitirle al sentimiento moverse conscientemente dentro de todas las áreas de nuestro cuerpo, e incluso llegar a expresarse por el movimiento de nuestro cuerpo. Finalmente, podemos darnos cuenta de que nuestro cuerpo expresa nuestros sentimientos tal como el lenguaje y la voz expresan nuestras palabras.

Hemos estudiado el cuerpo en la medicina como herencia genética, como objeto de salud e indispensable para el movimiento. Ahora también necesitamos estudiar el cuerpo como la expresión de los sentimientos. Cómo nos vemos afecta cómo nos sentimos; cómo nos sentimos afecta cómo nos vemos a nosotros mismos; cómo nos sentimos afecta a cómo nos damos forma y también a cómo nos expresamos. Esto puede incluir la vestimenta como expresión externa del cuerpo, pero el lenguaje de lo somático es verdaderamente más sutil. El desarrollo de los músculos, la forma, los gestos, la piel, las configuraciones que rodean la estructura de los huesos, cada parte de tu

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figura, revelan cómo el lenguaje de tu cuerpo se ha formado y configurado a lo largo del tiempo.


LA EXPRESIÓN CON LOS DEMÁS
Sea cual fuere la modalidad que utilicemos para expresar nuestros sentimientos —el cuerpo, la voz, las palabras, las intuiciones o señales de cualquier tipo-, cualquiera sea la forma en 'que nuestra energía profunda emerja, esta energía se conectará con otros seres humanos. Cuando estamos enamorados, revelamos al otro nuestros sentimientos más profundos y esto evoca los sentimientos más profundos de la otra persona. Nos sentimos en la intimidad con el otro. Sentir hondamente y revelar nuestros sentimientos es lo que llamamos el proceso de la intimidad. Este proceso de amar y de emocionarse sólo se detiene cuando dejamos de profundizar dentro de nosotros, y eso sucede cuando estamos heridos o asustados, o cuando por alguna razón dejamos de revelar y expresar nuestro sentir profundo. Empezamos entonces a encubrir, a esconder y las conexiones de energía desaparecen, reaparecen y poco a poco van desapareciendo. Todos hemos estado en esa tierra de nadie del aburrimiento y de la desconexión, donde somos incapaces de sentir profundamente y tenemos miedo de revelarnos a los demás. Muy a menudo necesitamos una discusión acalorada para regresar a nuestra energía profunda y reconectarnos con un ser amado.

En vez de sólo experimentar una reacción emocional como respuesta inmediata al medio ambiente, podemos desarrollar la habilidad consciente de penetrar dentro de nosotros mismos por medio del sentir, y practicar las muchas maneras de expresarnos, a través de palabras, imágenes, sueños, y a través del tacto, del cuerpo y del movimiento.

Necesitamos también darnos cuenta de que no podemos realmente esconder nuestros sentimientos, sino que siempre se están mostrando de alguna forma. La profundidad de nuestro ser se muestra siempre, sea en forma visible o en movimiento sutil. Ya es hora de dejar de pensar que podemos escondernos unos de los otros. La privacidad es buena como una noción política, es útil para proteger nuestro voto, para obtener igualdad de derechos; sin embargo, la privacidad realmente no existe en el dominio humano. Estamos interconectados el uno con el otro a través de vibraciones a un nivel celular muy profundo dentro del sistema mente-cuerpo y más precisamente por medio de la exposición de nuestro cerebro básico al medio ambiente.

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Quizás no hay necesidad de dejar de lado las sutiles artes del subterfugio, tan intrincadamente involucradas en nuestra seducción y nuestros juegos. Sin embargo, ciertamente existe la necesidad de darnos cuenta que esconderse es solamente un juego, mantenido por años de pensar en nosotros mismos como cuerpos separados en un sistema mecanicista de partes diferentes, en lugar de creer que formamos parte de un sistema de energía vibratoria interconectado. Los sentimientos y su expresión son la base para una intimidad continua y pueden añadir honestidad y profundidad a nuestra vida juntos. Para manejar y expresar mejor las emociones sin causar daño a los demás, veremos en el capítulo diez la inteligencia de los estados de ánimo.


EXPRESIÓN VERSUS REPRESIÓN
Actualmente los psicólogos mantienen un gran debate sobre si es saludable o dañino expresar verbalmente nuestros sentimientos.

Si suprimimos los sentimientos negativos, ¿no dañarán ellos nuestro cuerpo y causarán enfermedad? Y si los expresamos, ¿no quedaremos atrapados en ellos? La energía de las emociones o se expresa externamente o nos afecta internamente. Si no expresamos nuestros sentimientos, ¿no causará ésto represión y enfermedad en nuestro cuerpo? O tal vez una represión momentánea podría hacernos explotar en una repentina violencia hacia alguien más débil que nosotros, cuando menos lo esperamos. Por otro lado, si expresamos nuestra tristeza o rabia, ¿no entristeceremos o pondremos bravos a los demás? Y, ¿sería posible desarrollar el hábito de ser rabioso o triste? Podemos contestar afirmativamente a todas estas interrogantes. El tema de las emociones ciertamente nos compromete a todos en este gran debate sobre cómo manejar nuestra energía: si ésta debería ser expresada a los demás o si puede ser manejada internamente sin que nos ocasione una enfermedad.

¿Cómo podemos expresar las caóticas vibraciones de la rabia sin dañar, insultar, provocar o aún atacar a otros? Si expresamos demasiada alegría, demasiada felicidad, ¿no se pondrán los otros celosos? Y si expresamos orgullo o celos, ¿qué pensarán los demás de nosotros? Parecemos estar atrapados entre reprimir las emociones y hacernos daño, o expresarlas y hacerle daño a los demás.

Sin embargo, existe una salida a esta trampa. Tenemos una nueva información proveniente de las investigaciones sobre el cerebro, que ciertamente nos ayuda a crear nuevas posibilidades. La nueva luz es que tanto nuestras emocio-

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nes de dolor como de placer, están registradas en la memoria a largo plazo de este cerebro límbico y, más específicamente, en el área conocida como el hipocampo. Esto significa que nuestra historia emocional está registrada dentro de nuestro cerebro, a nuestra disposición, para un acceso inmediato o para cuando la queramos expresar. Ya no necesitamos seguir siendo víctimas de la expresión inmediata o víctimas de la represión y sus subsecuentes enfermedades. Podemos tener acceso a cualquier situación emocional y expresar nuestros sentimientos cuando decidamos que sea apropiado. La expresión instantánea no es necesaria. Ya no se trata de la expresión versus la represión: se trata de expresar cuando lo consideremos apropiado o de acceder a emociones para el conocimiento personal. Si reprimimos nuestras emociones en un determinado momento por no saber expresarlas sin hacer daño, podemos ahora tomar el tiempo de sentir nuestros sentimientos dentro de la situación y encontrar la manera bien sea de lidiar con ellos internamente o de expresarlos si es apropiado.

Hasta ahora las posibilidades que teníamos eran: o expresar y causar problemas externos, o reprimir y causar problemas internos. Desde que sabemos que la información es almacenada en nuestro cerebro, la expresión puede ocurrir en el momento que nosotros elijamos. De esta manera, podemos ahorrarnos a nosotros y a nuestros seres queridos, las terribles cosas que podemos decir cuando ventilamos nuestros sentimientos como una inmediata reacción a una situación. La amenaza de la represión y la trampa de la expresión inmediata han sido ambas superadas con el conocimiento de la existencia de la memoria a largo plazo, ubicada en nuestro cerebro límbico de las emociones. Ahora es posible un nuevo enfoque.

Hagamos una distinción entre sentir y expresar los sentimientos. Para hacernos conscientes de lo que sentimos, necesitamos darnos permiso de sentir nuestras emociones: estar dentro de ellas, sentirnos libres para explorarlas, intensificarlas, dejarlas correr y salirse o mantenerse en su vibración hasta que disminuya su significancia o inteligencia. Así, la libertad de sentir requiere primero la libertad de sentir sin la obligación de una expresión inmediata.

Yo pienso que nuestro énfasis en expresar los sentimientos ha inhibido nuestra libertad para sentir. Supongamos que nos sintiéramos obligados a expresar todos nuestros pensamientos, ¿qué clase de mundo sería éste? Nosotros pensamos continuamente y sólo expresamos algunos de nuestros pensamientos. Entonces, ¿por qué sentirnos obligados a expresar todos nuestros sentimientos? Comencemos a tener acceso a este cerebro de una manera más profunda, enfocándonos primero sobre el sentir, sin añadir la carga de la expresión consciente.

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GUÍAS PARA UNA EXPRESIÓN SEGURA
Yo no le puedo aconsejar a alguien que exprese todas sus emociones libremente. Puedo sugerir unas cuantas orientaciones que podrían darte la suficiente seguridad para comenzar la práctica de la expresión consciente de tus emociones, cuando lo consideres apropiado o cuando elijas hacerlo. Mientras aprendes, puedes comenzar a practicar en privado, en grupos pequeños y en familia. Éstas son orientaciones para la expresión sin riesgo, ya sea en privado o con alguien dispuesto a practicar contigo.

1. Busca un lugar en tu hogar en donde puedas expresar tus emociones en privado. Si realmente quieres proteger tu sistema nervioso, tu casa ha de volverse un templo en el cual tu vida sea sagrada -toda tu vida, incluyendo tus emociones-. Si no quieres violentar al mundo con expresiones inapropiadas, ni violentar tu cuerpo y causarle daño a tus órganos internos por medio de la represión-de las emociones, entonces necesitas un área protegida en donde puedas practicar la expresión de tus sentimientos en privado, sin consecuencias.

2. Podrías informarle a tu familia o a las personas que conviven contigo que las emociones son importantes para tu salud y tu sistema nervioso, ya que no son los pensamientos sino los sentimientos los que expanden y contraen, relajan o tensan los órganos de tu cuerpo. Para la salud de tu cuerpo, necesitas permiso para expresar tus sentimientos sin que los otros crean ser el blanco o la causa de lo que sientes.

3. Los sentimientos permean, querámoslo o no. Lo que sea que tú estés sintiendo —tristeza, rabia o alegría—, esos sentimientos impregnarán la atmósfera. Sólo tú eres responsable por ellos y puedes comprender su origen. Por lo tanto, puedes expresamente pedirle a los otros que se desconecten de verse a sí mismos como la causa. Tus sentimientos son una parte de tu historia emocional que se encuentra almacenada en la memoria a largo plazo de tu cerebro límbico. El último disgusto que tuviste es sólo el último de una larga historia de enojos ante la misma situación. Solamente tú puedes encontrar la basurita en tu ojo y sacarla. La familia, los amigos y los colegas podrían darte esta libertad de expresar tus sentimientos, como también podrían no dártela. En caso negativo, necesitarías retirarte a la privacidad de tu habitación para expresarte, o si no, puedes recordarles cada vez, explícitamente, que ellos no son la causa de tu emoción.

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4. Si explotas, siempre puedes pedir excusas.

5. Cuando expreses tus sentimientos, siempre debes usar el «yo» y nunca el «tú». El hábito de usar el «tú» refuerza la vieja idea de que la otra persona es la causa. Siempre provoca conflictos y mantiene viva la discusión. Al identificar los sentimientos con el «yo», estás reconociendo que son tuyos, lo que hace más fácil pedirle al otro que te permita tu libertad de sentir, sin que ellos se consideren a sí mismos como el objetivo o la causa de ellos. «Yo estoy bravo» es siempre mejor que «tú me haces poner bravo». Es la manera como tú has almacenado la experiencia en tu propio cerebro lo que te hace rabiar, o te pone triste o alegre.

6. Siempre puedes expresar tus sentimientos en la ducha, en tu habitación o en cualquier otro territorio privado. Puedes darle puñetazos a la almohada o hacer muecas en el espejo en vez de hacerlo a tus familiares o amigos.

7. Pon cuidado de no usar la comida, la bebida o el sexo como reemplazo, en lugar de sentir las emociones y tener acceso a su significado.

En resumen, puedes:

• Sentir continuamente y estar consciente de tu sentir.

• Sentir sin la necesidad de expresarte verbalmente.

• Expresar los sentimientos a través de diferentes modalidades como palabras, arte, expresiones faciales, movimientos corporales o sonidos. Todo medio expresa el mensaje.

• Expresarlos cuando lo consideres apropiado. Por favor, primero estudia y practica las guías anteriores y los ejercicios sobre la tristeza y la rabia en el capítulo sobre la inteligencia de los estados de ánimo

• Escuchar y recibir la expresión de los demás. Recuerda no asumir responsabilidad por lo que ellos están sintiendo.

• Vivir en un proceso de sentir, de recibir y responder en una resonancia cada vez más íntima y más expansiva.

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