Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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LA REGIÓN SEPTAL Y LA SEXUALIDAD
Según MacLean, la región septal está asociada con la excitación sexual5. La sexualidad, la cual se registra primeramente en nuestro sistema límbico, sucede como un fenómeno mental, actuemos o no físicamente en respuesta a estas vibraciones. Podríamos pensar que no somos sexuales si no nos involucramos en un acto sexual. Podríamos incluso impedirnos estar conscientes de la excitación sexual. Sin embargo, si damos una mirada al diagrama anterior del cerebro límbico, veremos la proximidad de la región septal o sexual con el tálamo. Las vibraciones de nuestro tálamo se mezclan fácilmente con las vibraciones de nuestra región septal y juntas, establecen la conexión entre lo que nos afecta y aquello que nos hace sentir sexuales. La conexión vibratoria entre el afecto y la sexualidad es evidente aunque nos desenfoquemos hacia pensamientos o nos ocupemos en la acción.

El enlace entre emoción y sexualidad puede ciertamente producir suficiente temor como para mantenernos fuera de este cerebro emocional, o al menos puede inhibirnos lo suficiente como para hacernos negar nuestra vida emocional. Sin embargo, la existencia de la región septal dentro de nuestro

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sistema cerebral, es una indicación de que no podemos fácilmente enterrar o inhibir nuestra sexualidad sin también limitar o inhibir nuestra capacidad de sentir.

Para hacer las cosas más complicadas, si tomamos la decisión de limitar nuestra capacidad de sentir, y de inhibir nuestra capacidad de ser sexuales, tendremos que enfrentar las consecuencias de la restricción, la inhibición y la contracción, que afectan no sólo los órganos sexuales sino que también afectan todos los otros órganos de nuestro cuerpo. La sexualidad está literalmente en nuestro cerebro e imposible de desenredar no sólo de todas nuestras emociones, sino que, por medio del sistema nervioso autónomo, la sexualidad está relacionada con todos los órganos de nuestro cuerpo.

La existencia de la región septal dentro de nuestro cerebro es, por lo tanto, una indicación de que la sexualidad puede influir en las llamadas decisiones puramente mentales, así como en nuestras acciones. La sexualidad no es sólo un acto biológico, sino un fenómeno emocional y físico que desencadena una enorme energía, la cual a veces, es capaz de dominar los tres sistemas cerebrales.
LOS BULBOS OLFATORIOS: OLER Y RESPIRAR
Los bulbos olfatorios están asociados con las características funcionales obvias de oler y respirar. Los olores que influyen en nuestras emociones nos atraen y nos afectan, especialmente los perfumes, las comidas, sitios familiares y seres amados. Según MacLean, los bulbos olfatorios también conectan información olfativa con el hipocampo, asociado con la memoria a largo plazo6.

A pesar de que los olores pueden ser estimulantes, probablemente nos hemos acostumbrado más a juzgar nuestro medio ambiente por medio de nuestros ojos y oídos. Los animales aún usan el olfato para guiarse, pero muchos humanos hemos perdido la capacidad de percibir los olores de lo que nos rodea. ¿Puede ser esta pérdida de capacidad de nuestros bulbos olfatorios otro indicio de nuestros intentos de bloquear nuestras emociones?

Reconocemos que la respiración es una función de la vida: es la primera y la última señal de vida. Durante el sueño continuamos respirando debido a que la respiración está conectada a los procesos automáticos que nos man-

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tienen con vida. Sin embargo, durante el día la mayoría de nosotros continúa relegando la respiración a los procesos automáticos, rara vez dándonos cuenta de cómo estamos respirando en un momento dado o interesándonos en aprender a respirar conscientemente o efectivamente.

Cuando estamos inmersos en estados emocionales intensos, respiramos profundamente o tenemos dificultad para respirar. Ante el miedo, tensión o ansiedad, restringimos e inhibimos nuestra respiración; en las emociones placenteras de amor y alegría, nos relajamos y expandemos nuestra respiración. Si deseamos vivir todo el rango de las emociones, necesitamos una inteligencia respiratoria: la capacidad de usar nuestras fosas nasales, pulmones y diafragma para orquestar nuestras vibraciones emocionales.
LA AMÍGDALA Y LA AGRESIÓN ORAL
La amígdala está asociada con la agresión oral. MacLean afirma:

Los descubrimientos de que los loci (las localizaciones cerebrales) para masticar, tragar y otras funciones similares, están entremezclados con aquellos de la búsqueda, la lucha y la defensa propia, indican que los mecanismos alimentarios se engranan íntimamente con aquellos requeridos para obtener alimento. En una palabra, la división amigdálica del sistema límbico pareciera estar «principalmente conectada con la autopreservación en tanto a su relación con alimentar y con el comportamiento involucrado en la lucha por la obtención de alimento». Varios descubrimientos neuro-endocrinológicos también son indicativos de que la división amigdálica juega un papel importante en la lucha por la supervivencia7.

Las investigaciones realizadas por Joseph LeDoux hacen énfasis en la asociación de la amígdala con el miedo8. El miedo es nuestra respuesta constrictiva cuando la supervivencia está amenazada, ya sea por falta de alimento, por un ataque físico o aún por lo desconocido. Creo que ya no podemos

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negar más la conexión inherente entre nuestro cerebro, nuestra supervivencia, nuestro miedo y nuestra agresividad. A pesar de todos nuestros esfuerzos de tipo intelectual, artístico y espiritual realizados para civilizarnos por medio de la educación de la neocorteza, no hemos logrado obtener éxito. Ni el análisis neocortical, ni la discusión, ni siquiera la comprensión, han encarado directamente a nuestras emociones de rabia, violencia y agresividad. Aunque disfrutamos pensando que somos superiores a los animales, esto ha tenido para nosotros, un costo no solo muy alto, sino también mortal. Nuestra falta de educación emocional límbica es aparente por doquier: en nuestras ciudades, nuestros hospitales, nuestras prisiones y aún en nuestra inherente inestabilidad interna.

Si deseamos hacernos plenamente conscientes, es crucial tener presente que la boca está ligada al cerebro emocional. Lo que decimos siempre está coloreado por nuestras emociones, o más precisamente, lo que decimos es siempre emocional o subjetivo. Lo que decimos nunca podrá ser objetivo a menos que estemos dictando a una grabadora datos que ya han sido verificados. No poseemos una boca localizada en nuestra frente que sea utilizada sólo para el habla de la neocorteza. En cambio, tenemos sólo una boca y todas nuestras palabras tienen que pasar por nuestro cerebro límbico de las emociones. Por lo tanto, todo lo que decimos está siendo afectado por nuestras emociones en el mismo momento en que lo estamos diciendo. No sólo las palabras que pronunciamos, sino también los tonos y las vibraciones de nuestra voz, llevan el verdadero mensaje emocional. La emoción está mezclada con el mensaje mental, algunas veces de manera sutil, otras veces de manera abierta y otras, agresivamente.
LA VISIÓN Y EL CEREBRO LÍMBICO
También es importante darse cuenta de que nunca vemos objetivamente. Sólo vemos cuando los impulsos llegan a la región occipital de la neocorteza. Antes de llegar, los impulsos tienen que pasar a través del núcleo lateral geniculado del tálamo, en el sistema límbico, como se muestra en el siguiente dibujo y como ha sido discutido por los doctores Eric R. Kandel y James H. Schwartz9.

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Fig. 4. La visión y el cerebro límbico10.


*Consultar el original en caso de requerir acceso a la figura.*
Así pues, la visión es también emocional o subjetiva. Sólo la verificación puede hacerla objetiva.
EL NÚCLEO HIPOTALÁMICO: PLACER, DOLOR Y QUÍMICA
Por muchos años el hipotálamo ha sido conocido como la región del cerebro anterior relacionado con la regulación de los órganos internos. En efecto, ha sido llamado el ganglio jefe del sistema nervioso autónomo... El hipotálamo ha sido un blanco importante de las investigaciones que relacionan el cerebro con las actividades endocrinas11.

Los núcleos hipotalámicos sirven para activar, controlar e integrar los mecanismos autónomos periféricos, las actividades endocrinas y muchas funciones somáticas12.

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Los núcleos hipotalámicos son conocidos popularmente como el centro del placer y del dolor del cerebro límbico. Los sentimientos son estados de ánimo que se extienden sobre un rango vibracional muy amplio incluyendo tanto el dolor como el placer. En un momento podemos estar deprimidos y al siguiente instante sentirnos felices o bravos. Según MacLean, continuamente se están descubriendo en este cerebro, químicos naturales demasiado numerosos y complejos para enumerar aquí, relacionados con el placer y el dolor13. Lo que es evidente del estudio de estos químicos, como las endorfinas y la serotonina, es que los químicos naturales se extienden en un rango que va desde la quietud hasta la excitación. Es muy importante notar que los químicos artificiales o drogas también se extienden en este mismo rango.

¿Cómo podemos tener acceso a nuestros químicos naturales del cerebro? Primero, al aceptar que el cerebro es un sistema de energía, podemos aproximarnos a las emociones como estados vibratorios en flujo continuo, en vez de considerarlas como una descripción de una realidad fija. Seguidamente, podemos darnos cuenta de que las emociones son vibraciones' que se extienden sobre el mismo rango energético que los químicos naturales del cerebro. Cuando estamos deprimidos, tenemos muy poca energía. Cuando estamos tristes tenemos un poco más de energía; cuando nos enojamos, mucho más. La felicidad es una vibración fuerte; la excitación lo es aún más. Puede ser que hayamos inventado el enojo para experimentar esta excitación: cualquier cosa es buena para sacarnos del fastidio o de la entropía continua. Podríamos haber inventado la depresión para experimentar la quietud auténtica: finalmente una oportunidad para cortar con el mundo y todas sus exigentes vibraciones. ¿Tenemos necesidad de ambos extremos? ¿Cuál emoción necesitamos más? ¿Qué estado de ánimo nos daría la mayor satisfacción: la quietud o la excitación?

El estado de ánimo es el desafío de este cerebro emocional. ¿Podemos ser emocionalmente inteligentes, lo que significa usar consciente y hábilmente nuestros estados de ánimo para hacerle frente a la vida? Las emociones contienen información al igual que un pensamiento, una imagen o una acción. Podemos leer la información que tienen nuestros sentimientos en vez de sólo tolerarlos o tratar de escapar de ellos. La inteligencia de los estados de ánimo es el proceso que yo propongo para aprender a entrar en los sentimientos, aprender de ellos, expresarlos cuando sea apropiado y salir de ellos.

Sin esta inteligencia de los estados de ánimo, tendríamos que seguir dependiendo fuertemente de las drogas artificiales para regular este cerebro.

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Las culturas siempre han creado drogas. En nuestra cultura, los psiquiatras están ahora regulando conscientemente los estados extremos de este cerebro con drogas. Tanto la gente común como las personas más sofisticadas de nuestra sociedad están teniendo acceso a los estados de quietud y de excitación por medio de las drogas. Aprender a orquestar los estados de ánimo, en vez de regularlos a través de las drogas, podría darnos a todos una nueva libertad mental así como también un sentido de control consciente sobre nuestras vidas.
EL HIPOCAMPO Y LA MEMORIA
Dos estructuras curvas conforman el hipocampo y rodean los otros órganos del sistema límbico. Ellas están asociadas primordialmente con la memoria a largo plazo. MacLean encontró en sus investigaciones que el mal funcionamiento del hipocampo está relacionado con la falta de memoria. Él también señala que desde hace mucho tiempo ya otros investigadores han venido asociando al hipocampo con la memoria a largo plazo14.

En diferentes partes del cerebro se localizan distintos tipos de memoria. Todos hemos tenido experiencia con la memoria a largo plazo y con la memoria a corto plazo. La experiencia común más obvia es cuando estudiamos para un examen en la escuela. Recuerdas lo aprendido el tiempo suficiente para aprobar el examen (memoria a corto plazo) pero aún recuerdas hoy lo que realmente quisiste aprender (memoria a largo plazo). Incluso ahora leyendo este libro, recordarás sólo lo que realmente quieras recordar.

Con la inteligencia visual podemos tener acceso a los momentos buenos y placenteros que hemos vivido. Saber que están archivados en nuestra memoria puede añadir una nueva dimensión a nuestra vida. No obstante, las experiencias de dolor también están registradas en nuestra memoria, a pesar de que la mayoría de nosotros preferiríamos olvidarlas. Ciertamente, podemos recordar ciertas experiencias dolorosas de nuestra niñez o experiencias adultas traumáticas, sólo cuando un terapeuta nos convence de que quizás quisiéramos recordar lo que ocurrió en el pasado para darle sentido al presente. El querer es la llave de acceso a nuestra memoria a largo plazo. El saber que nuestras experiencias están grabadas y siempre disponibles si queremos tener acceso a ellas, puede darnos una nueva libertad tanto para experimentar nuestras emociones como para expresarlas. Ya no necesitamos escoger entre ser una bomba de tiempo o un ser humano repri-

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mido. Ya no necesitamos expresar las emociones mientras están sucediendo; no necesitamos tener miedo de que si las reprimimos, las vamos a perder.

También podemos revivirlas si nos tomamos el tiempo para lograr el acceso a nuestra memoria, visualizar la situación y permitirnos sentirla. Podemos utilizar nuestros recuerdos como textos internos, como bibliotecas llenas de volúmenes de experiencias esperando ser abiertos de nuevo y revividos. En el momento que elijamos, podemos revivenciar cualquier situación, sentir las emociones de nuevo y descubrir nueva información.

Cuando experimentamos una situación por primera vez, puede ser que no podamos sentirla plenamente. Tratamos de pensar, de reaccionar, algunas veces de imaginar, pero generalmente lo hacemos como buenamente podemos. Cuando las decisiones, especialmente las de la niñez y de los primeros amores, te ocasionan posteriormente dolor en la vida, resulta apropiado mirar de nuevo para interferir con nuestras primeras conclusiones y cambiar esas decisiones tempranas que se han vuelto limitantes o dañinas en nuestra vida presente. De esta forma, nuestra memoria a largo-plazo nos garantiza la posibilidad de mirar de nuevo, de cambiar nuestras decisiones de vida hasta que eventualmente desarrollemos la calidad de vida que deseamos.

¿Puede haber un descubrimiento más importante que saber que tanto los químicos naturales del cerebro como la memoria a largo plazo están localizados dentro de nuestro cerebro emocional? Sí. Saber que este cerebro emocional gobierna todos los órganos de nuestro cuerpo.

Este sistema autónomo también es llamado el sistema nervioso involuntario, porque no gobernamos nuestros órganos voluntariamente. Nosotros podemos decidir en nuestra neocorteza que vamos a abrir el puño y nuestros músculos responden a nuestro deseo, pero no podemos hacer que los músculos de tu colon o tu corazón se relajen, a través de un pensamiento o de una decisión. Nuestros órganos internos están gobernados de forma involuntaria, por nuestro sistema autónomo o sistema nervioso involuntario, es decir, que los músculos de nuestros órganos no responden a nuestros procesos de pensamiento. Los estados de ánimo, las emociones y los sentimientos -o como querramos llamar las dinámicas que tienen lugar en el sistema del cerebro límbico- son los que regulan la condición de expansión-relajación o contracción-restricción de todos los órganos de nuestro cuerpo. A pesar de que nuestros pensamientos pueden afectar nuestro estado de ánimo, es nuestro estado de ánimo y no nuestro pensamiento el que directamente gobierna a nuestro corazón y nuestro colon.

Mucha gente hoy en día sufre ataques al corazón y úlceras, por no mencionar otras enfermedades que se relacionan con los demás órganos.

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No obstante, seguimos hablando de mujeres inestables o de hombres débiles; nos burlamos de los que abrazan demasiado, lloran muy fácilmente o son muy emocionales. No nos quejamos de los que piensan demasiado. ¿Será que conocemos la importancia del pensamiento, pero hasta ahora no hemos aprendido la importancia de las emociones? Sabemos que las emociones son molestas: explotan, interrumpen serias conversaciones, echan a perder noches placenteras, nos hacen avergonzar en restaurantes enfrente de nuestros amigos. Ellas hacen que nuestros hijos parezcan inmanejables. ¿Podría haber alguna razón importante que justifique su existencia? ¿Podría ser nuestra salud?


Fig. 5. Diagrama simplificado del sistema nervioso autónomo15.
*Para acceder a la figura, consultar el original.*

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Por muchos años los médicos han sabido que el cerebro límbico gobierna las emociones. Algunas veces incluso se han referido a él como el cerebro intermedio y a veces como el «cerebro visceral», indicando su relación con los órganos viscerales. Cualquier persona sabe que la emoción se relaciona con las vísceras. A menudo experimentamos contracción en los intestinos, en el plexo-solar o inclusive en el área del corazón. Desafortunadamente nos referimos a estas contracciones como tensión o estrés en vez de entender que son emociones. Hemos armado toda una campaña médica contra el estrés como si estuviéramos luchando contra un nuevo adversario, cuando en realidad estamos tratando con algo muy viejo llamado emociones.

¿Cuándo vamos a tomar las emociones en serio? ¿Por qué todavía las evitamos, prefiriendo así la etiqueta común del estrés, sugiriendo relajación, pero nunca manejando el poder total de las emociones? La relajación no va a lograr que desaparezca la rabia, aunque sí ayuda a evitarla. No nos ayuda con la tristeza y tampoco nos permite alcanzar la excitación. Estos son aspectos fundamentales de las emociones que tanto la medicina como la psicología deben tomar en cuenta muy seriamente.

Eso que gobierna todos los órganos de nuestro cuerpo merece un mejor trato. Las emociones son las vibraciones del cerebro límbico, así como el pensamiento y la imaginación son las vibraciones de la neocorteza. Los estados de ánimo son a la salud lo que el pensamiento es a la planificación: ¡son necesarios! Si éste se llamara el cerebro de la salud, en vez del cerebro emocional, quizás nos podría ayudar a romper las barreras de nuestra resistencia a las emociones.



NOTAS
1. MacLean, Triune Brain. Ver también MacLean, P.D., «Psychosomatic Disease and the 'Visceral brain'. Recent development Bearing on the Paper Theory of Emotion», Psychosom. Med. 2 (1949): 338-53.
2. Ver Daniel Goleman, Emotional Intelligence, New York, Bantam, 1995; Joseph E. LeDoux, «Emotional Memory Systems in the Brain», Behavioral Brain Research 58 (1993): 69-79; y A Compendium of IHM Research Papers and Abstracts, vols. 2-3, Boulder Creek, Institute of Hearth Math.
3. Ver «thalamus» en Diccionario Médico de Bolsillo Dorland, Philadelphia, W.B. Saunders Company, 1982.
4. Op cit, MacLean, p. 380.
5. Ibid., p. 345.
6. Ibid., p. 291.
7. Ibid., p. 341.
8. Joseph E. LeDoux, «Emotion and the Amygdala» en The Amigdala: Neurobiological Aspects of Emotion, Memory and Mental Dysfunction, John P. Aggleton (ed.), New York, Wiley-Liss, 1992, 339-51. Ver también a LeDoux «Emotional Memory Systems», 69-79; Goleman, Emotional Intelligence, and LeDoux, Compendium, vols. 2-3.
9. Eric R. Kandel y James H. Schwartz, Principies of Neural Science, 2nd ed., East Norwalk, Appleton y Lange, 1985.
10. Un diagrama simplificado de Luis Camejo de John G. Nicholls, et al, From Neuron to Brain, 3rd ed, Sunderland, Sinauer Associates, Inc., 1992, p. 18.
11. Robert L. Isaacson, The Limbic System, New York, Plenum Press, 1982, p. 10.
12. Ver «hypothalamus» en Diccionario Médico de Bolsillo Dorland.
13. MacLean, Triune Brain, p. 41.
14. Ibid.,pp. 503-506.
15. Ibid., p. 25.

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CAPÍTULO 7


UNA NUEVA MIRADA A LAS EMOCIONES
Los estados de ánimo no son como los pensamientos: no comienzan con una mayúscula ni terminan con un punto.

Ni son como el arte: no se pueden enmarcar como un cuadro, ni son delimitados como una escultura.

Los estados de ánimo permean como la neblina: es difícil decir cuando comienzan, cuándo se levantarán, cuán densos llegarán a ser.

Es claro que no podemos aproximarnos a este cerebro como lo hicimos con la neocorteza. Algunas veces los estados de ánimo son como relámpagos, otras veces como truenos: golpean y retumban.

Si estamos en el sitio equivocado nos golpean; parece que lloviera antes, durante y después.

Frecuentemente nos dejan indefensos y empapados.


Ante cualquier escena emocional, buscamos las razones para tratar de entender lo sucedido. ¿Qué ha ocasionado todo esto? ¿Quién va a detenerlo y cuándo? Tratamos de lidiar con los estados de ánimo con nuestro análisis usual de causa y efecto. Es un esfuerzo racional para ayudar, pero empeora la situación: «Yo comprendo que tú estás bravo conmigo porque tú eres...» «¡Yo no soy!» y el mal humor aumenta. Es como si sumergiéramos una daga al rojo vivo dentro del agua: chirrea y echa vapor. En el caso de emociones hostiles, estos esfuerzos racionales de comprensión no apagan el fuego. Incluso cuando tratamos de calmar a alguien que está bravo, puede suceder que la rabia de esa persona se vuelva en contra de nosotros.

¡Qué triste escena! Resulta claro por qué hemos tratado de suprimir nuestras emociones; por qué hemos clasificado algunas de ellas como positivas, otras como negativas; por qué no somos capaces de expresarlas o no deseamos hacerlo. Todos hemos experimentado, de una forma u otra, la angustia de las emociones, el recorrido mental a través de los sufrimientos del pasado y lo inadecuado del presente, el sarcasmo verbal y los ataques, las crecientes tensiones y allá en el fondo, siempre al acecho, la posibilidad de la violencia física: golpes, pérdida del autocontrol y heridas a amigos o seres amados.

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En nuestra sociedad, las emociones también han sido consideradas como secundarias en comparación al pensamiento y la acción. Vemos las emociones como una molestia, como un fenómeno indomable que aparece en la difícil edad de los dos años y que luego debemos enfrentar durante la adolescencia. Las emociones fragmentan las familias y causan divorcios. Se manifiestan por medio de conductas extrañas y por eso internamos a la gente en instituciones mentales. Se manifiestan por medio de la violencia e internamos a la gente en las prisiones. No nos agradan las emociones. Nos hacen sentir débiles y fuera de control.

Quiero confesar que desearía evitar la rabia, la hostilidad y la violencia potencial asociada con el cerebro límbico. Yo no soy sádica, yo también siento y me duele cuando las personas están tristes y molestas. Frecuentemente me quejo de que Dios no hizo bien las cosas. Sin embargo, nosotros estamos confrontados con una gran realidad física: este cerebro límbico ha sido descubierto, está en cada uno de nosotros, y es química y físicamente diferente de la neocorteza. No podemos acceder a nuestras emociones de la misma manera que accedemos a nuestros pensamientos e imágenes.

Hemos tratado de suprimir, de evitar, de ignorar nuestros sentimientos en favor de una aproximación racional. Esta aproximación es útil, pero es racional, lo que quiere decir que ha sido procesada en la neocorteza y no en el cerebro límbico. Todos conocemos la diferencia entre un pensamiento y una emoción, pero seguimos esperando que nuestro intelecto nos saque adelante. También hemos tratado de contener nuestros sentimientos enfocándonos en la enseñanza de valores y de una conducta correcta. Sin embargo nuestra rabia no ha mejorado con este intento: ha explotado en violencia en la calle y violencia contra nosotros mismos, en ataques cardíacos y otras enfermedades. Nuestras emociones yacen en un sitio profundo y escondido dentro de nuestros cerebros. Al ignorarlas nos hemos perdido en la caverna de nuestra propia oscuridad. No obstante, con los aportes de la investigación sobre el cerebro límbico y sus químicos naturales, día a día va entrando una luz dentro de esa oscuridad.

El cerebro límbico es un sistema interior profundo al cual podemos aprender a acceder. Las emociones pueden ser entendidas como las vibraciones del cerebro límbico, la energía que gobierna la salud de todos los órganos de nuestro cuerpo incluyendo el corazón y las entrañas. El conocimiento de su importancia central nos permite concederle a las emociones un estatus que anteriormente le otorgábamos solamente a los pensamientos y las acciones. Nuestra nueva comprensión del cerebro límbico nos puede ayudar a descubrir

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la información que aporta cada una de nuestras emociones, tal como hacemos con nuestros pensamientos. Pero debemos recordar que las emociones no son pensamientos. Las emociones son un fenómeno cerebral; y de la misma manera como una vez nosotros aprendimos y elaboramos el proceso del pensamiento, ahora podemos aprender y elaborar un proceso emocional completo.

Es necesario encontrar una nueva perspectiva que nos dé la libertad de sentir, así como tenemos la libertad de pensar. Este nuevo acercamiento nos daría la posibilidad de celebrar todas las emociones como positivas, como fuerzas constructivas en nuestras vidas. Nos puede guiar a sentir nuestras emociones sin la necesidad de expresarlas, dándonos el mismo espacio interior para entrenar nuestra habilidad de sentir, así como lo hemos tenido para entrenar nuestra habilidad de pensar.




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