Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz


EL DESARROLLO DE TU INTELIGENCIA INTUITIVA



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EL DESARROLLO DE TU INTELIGENCIA INTUITIVA
El proceso intuitivo implica la recepción de información, pero una recepción diferente de aquella involucrada en el pensamiento racional o asociativo. Esta recepción tiene lugar más profundamente y a unas velocidades más altas que las de las imágenes. Podemos caracterizar al proceso intuitivo como el modo más profundo de acceso al cerebro o como la recepción de ondas recibidas por el cerebro. Estas señales vienen a menudo como saltos cuánticos, más que en cualquier otra forma de ondas continuas reconocibles.

El proceso intuitivo no puede ser dirigido pero sí se puede preparar a todas las personas para él y puede ser desarrollado. Hay tres principios altamente involucrados en el desarrollo de esta inteligencia intuitiva:

1. La creencia en la existencia de realidades más amplias que algunos de nosotros llamamos Dios.

2. La creencia en el principio y la práctica de la autoobservación.

3. El principio y la práctica de la sintonía.

1. Primer principio: la fe o una creencia conceptual en algo mas grande que tú mismo. Necesitas algo en lo que puedas confiar, ya sea Dios, el universo, la naturaleza o cualquier otra cosa. De cualquier manera que llegues a comprenderlo, visualizarlo, experimentarlo o sentirlo, esa grandeza debe ser confiable para ti. El proceso de dejar ir tus limitadas fronteras, tus dinámicas externas, tus realidades verificables y visibles, está inextricablemente conectado con el hecho de si eres o no capaz de dejarte ir hacia algo de mayor dimensión, confiando en que será más amoroso o gentil o seguro que tus propias fronteras inmediatas.

Vives en tu finitud, en tus limitadas definiciones de ti mismo, insistiendo en esos límites, a menos que te invites conscientemente a un reblandecimiento o disolución de esos límites para permitirte expandirlos hacia algo más grande y confiable. Mientras no te intereses conscientemente en

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el infinito, tu cerebro sólo se concentra en lo finito. Comienza enfocándote en un horizonte mayor y luego déjate mover hacia él. El meollo del asunto está en tu habilidad para confiar o pensar cómo entrar en ello, sentir o experimentar algo más grande, una omnipresencia, un amor tan exuberante que expande tus fronteras hasta perder el poder de descripción.

¿Cómo saber a quién recurrir o en qué confiar? se pregunta la mente racional. Debido a nuestra predisposición y a nuestra dependencia de esta inteligencia racional, nos hemos acostumbrado a la respuesta «debemos tener fe», con lo que a menudo se quiere decir que debemos contentarnos con no saber. Sin embargo, hay otros puntos de partida que no son el conocimiento específico. Hay procesos que no son los «quién, qué, dónde, cuándo y cómo» de la inteligencia racional.

Puedes comenzar con el concepto de lo infinito que nos ha sido dado por esta mente racional y años de investigación científica; o puedes comenzar por el concepto del yo y del otro, del ambiente y de todo lo que nos rodea, que nos ha sido dado por los científicos sociales; o puedes comenzar con Dios, que nos ha sido dado por los líderes religiosos. Puedes también empezar con los hemisferios cerebrales de la neocorteza, entrando primero por el hemisferio derecho que favorece las generalidades y «totalidades», en vez de empezar por el izquierdo, que prefiere las especificidades. Luego de tus «ojeadas» generales puedes continuar buscando vistazos aún mayores de tu universo.

Para poder iniciar este proceso de búsqueda, esta voluntad hacia la búsqueda, necesitas tener un sistema de creencias o de valores que te involucre en una vastedad más allá de tus fronteras finitas. En la mayoría de las culturas, este involucramiento en la inmensidad ha sido llamado Dios y nos ha sido brindado por medio de la herencia de las grandes religiones. Los que participan en religiones tienen un sistema de creencias en Dios. Muchos tienen un deseo de buscar o de moverse hacia la experiencia de esta inmensidad. Otros, sin embargo, aceptan esa inmensidad unas veces como seguridad, otras como amor, pero dudan entrar en el proceso activo de intuir, escuchar y recibir esa inmensidad.

2. Segundo principio: la autoobservación, tanto de tu vida externa como interna. La autoobservación es el desarrollo de la capacidad para estar atento y consciente por medio de una observación continua. Este proceso es continuo porque nunca se completa. Llegamos a la «nube de lo desconocido»4. Llegamos a la inmensidad, al vacío, al misterio sin fin, lle-

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gamos a visiones espectaculares, al color y a la luz, a vistazos de la llamada «totalidad».

Con cada una de estas experiencias reveladoras, tenemos una tendencia a parar, una tendencia a concluir que este vistazo es la última experiencia de Dios. De esta manera hemos tratado de cristalizar la experiencia religiosa en absolutos, proponiendo nuestra manera, nuestros insights como el camino definitivo. Aunque es comprensible que deseemos que otros participen en esta inmensidad, nuestra tendencia a considerar nuestros insights como absolutos es lo que ha logrado distanciar a las religiones hasta causar guerras religiosas.

Al tratar de establecer un camino fijo para seguir, muchos han sustituido la experiencia religiosa por una imitación de un camino o por una adoración hacia aquellos que ya han recorrido el camino. Creo que el territorio común sería el proceso intuitivo. El punto esencial está en amar todos nuestros vistazos de Dios y continuar nuestra búsqueda hacia el infinito.

El acceso a las vibraciones más finas y de velocidades más rápidas es posible por medio de la continua autoobservación, por medio del enfoque, cada vez más profundo, en estos niveles más sutiles del cerebro, recogiendo reflejos del propio ser y de otros seres en este rango terrenal, así como también recogiendo las vibraciones de rangos no identificados. El gran Maestro de la autoobservación, Ramana Maharsi invitaba a sus discípulos a que continuamente se preguntaran «¿Quién soy yo?», esperaran un momento y siguieran preguntándoselo una y otra vez5. Continuamente pregúntate y observa tus respuestas. Enfocando profundamente dentro de tu cerebro entras en niveles extraordinarios de vibración.

La autoobservación también se refiere a la observación de tus pensamientos, tus imágenes, tus emociones y tu comportamiento en las realidades externas cotidianas. A medida que logras aclarar las ondas más gruesas de tus bloqueos y tus heridas, te vuelves más capaz de sintonizar con las ondas más finas de tu ser interior. Lo contrario también es cierto: al enfocarte primero en tu vida interior, con la observación, oración y meditación, puedes recibir una orientación desde estos rangos más internos que te va a ayudar a sintonizar, armonizar y sanar tu cuerpo-mente para su funcionamiento en las realidades más gruesas.

3. Tercer principio: la sintonía. La sintonía es la voluntad y la capacidad de entonar o afinar tu instrumento, tu sistema cuerpo-cerebro-mente

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en relación a tu auto-observación y la observación de todo lo que te rodea. Sintonizar es cuidar de tu instrumento cuerpo-mente de la misma manera que los músicos cuidan sus instrumentos musicales. Ellos no sólo los protegen de daños externos, sino que antes de tocarlos deben entonarlos, afinando todos los aspectos del instrumento para poder tocar todo el rango de vibraciones. Tú debes hacer lo mismo con tu instrumento humano del cuerpo-mente.

Practicando la autoobservación continua, activas tus pensamientos, emociones y sentidos, sensibilizándote a toda vida a tu alrededor. Puedes entonces sintonizar con las otras personas, escuchar y recibir, intuir o conocer desde adentro. Puedes practicar la sintonía escuchando y respondiendo con mayor sensibilidad a las demás personas, animales, plantas o cualquier otra forma de vida en el planeta.

Eres tú quien sintoniza el programa con tu mente-radio: sea en Dios o en la realidad física gruesa, en lo infinito o lo finito. Ambas realidades existen siempre; eres tú el que escoge sintonizarse con lo celestial o lo terrenal, con las generalidades o las especificidades, con Dios o cualquiera que sea el nombre que le des a las tremendamente variadas vibraciones de energía en que vives. Lo haces con tu capacidad de seleccionar, enfocarte o concentrarte y sintonizarte con lo que esté a tu alrededor. Sintonizarse es «convertirse en uno con», con cualquier estación que se esté escuchando. Estar en armonía con... es una forma de expresión del estado profundo de conciencia que puede resultar de la sintonía y recepción. La sintonía es también la práctica de desplazarse a estados alternos de conciencia, estados mentales alternos o inteligencias alternas. Consciente de que eres tú quien afina a distintas ondas, puedes elegir la longitud de onda deseada y recibir lo que entra en ese rango de vibraciones.
CUIDANDO DEL CUERPO-MENTE INTUITIVO
La inteligencia intuitiva requiere de ciertos elementos protectores o de salvaguardia. Los intuitivos y los psíquicos, que son unos intuitivos avanzados, necesitan protegerse a sí mismos y especialmente proteger su salud. Necesitan ser cuidadosos con su instrumento cuerpo-mente una vez que éste ha sido tan finamente desarrollado. Con tal sensibilidad son fácilmente dañados o heridos y encuentran dificultad para protegerse. Un elemento de salvaguardia, es el amor que viene con la práctica de las profesiones religiosas; otro, es el amor que le tenemos a un maestro. El amor, por supuesto, no conoce

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límites. Está disponible donde sea que lo busquemos y nos permitamos ser afectados por él. Realmente, el elemento protector es el calor que viene con el amor, como también el sentido de seguridad que viene del hecho de estar rodeado por el ser amado.

Muchas personas, no protegidas por una religión, o no amadas por los maestros o amigos, andan por un camino delicado y caen en dificultades mentales cuando exploran o avanzan en la vía hacia volverse psíquicos. Capaces de disociarse fácilmente de la realidad visible, pueden perderse y ser clasificados como caóticos, alejados de la realidad o como enfermos mentales. O bien no han integrado el amor o no han aprendido el proceso, igualmente valioso, de ser capaces de asociarse con la realidad finita. Lanzados hacia una sola realidad, se han mantenido allí. Alguien que tiene la experiencia de identificarse con Jesucristo o Napoleón puede volverse incapaz de identificarse con su rol de la vida diaria.

Al llegar a los 19 años de edad, ya Teresa estaba teniendo visiones y premoniciones que sentía como cósmicas, tal como si fuera abrazada por el universo. Decía palabras de una gran sabiduría, lo cual hacía que pareciera de una madurez no cónsona con su edad. Sus padres estaban muy impresionados y convencidos de que de cierta manera ella era excepcional. Rechazó el ingreso a una de las mejores universidades del país y, en su lugar, decidió viajar.

Por su propia cuenta, y con la ayuda de drogas, sus experiencias continuaron. Teresa reportaba haber visto a Jesús y haber recibido sus instrucciones. Anunciaba sus premoniciones intuitivas a aquellos que estaban cercanos, los cuales se burlaban de ella y no tomaban en cuenta para nada sus anuncios. Cuando ya estaba muy cerca del daño físico, su familia la trajo de regreso a casa, perturbada y confundida. Las experiencias intuitivas de Teresa estaban mezcladas con su fuerte deseo emocional de exteriorizarlas en su medio cotidiano. Lucía agitada, caótica, y no deseaba ayuda, ya que estaba plenamente convencida de que estaba recibiendo y hablando la Palabra de Dios. Sus emociones y acciones quedaron finalmente bajo control por medio del uso de drogas fuertes, hasta que tuvo la capacidad de reflexionar de nuevo sobre su conducta.

Éste es un relato trágico del uso negativo de la inteligencia intuitiva, o más bien, del desarrollo insuficiente y poco claro de la inteligencia intuitiva. Desafortunadamente, las premoniciones intuitivas pueden fácilmente convertirse en absolutos y constituyen unos vistazos tan sobrecogedores, impactantes e involucrantes que ¿cómo puede dudarse de ellos? Se sienten profun-

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damente y como si fuesen correctos. Son los demás los que están errados o que no comprenden. Cuando los intuitivos se desarrollan sin alguna guía o protección, pueden fácilmente tornarse confusos acerca de la realidad. Un aspecto de la realidad los invade y domina. Cualquier persona puede experimentar un daño como el que sufrió Teresa, cuando su inteligencia intuitiva es liberada antes de lograr el desarrollo de la inteligencia de los parámetros o no es guiada cuidadosamente por la inteligencia espacial.

La mayoría de las personas tienen experiencias inusuales de recibir, de ver, de percepción directa en su temprana niñez. Las miradas de incredulidad y asombro de los padres son usualmente suficientes para que muchos de nosotros nos cerremos estos caminos de acceso. A los que tienen experiencias más fuertes en este lado derecho del cerebro, les es bien difícil mantener su equilibrio ante el rechazo o la negación de los padres. El amor se pierde, así como la calidez y la seguridad que lo acompañan. Las experiencias continúan pero sin el permiso y el conocimiento para integrarlas a su sistema de creencias y a la realidad finita de la vida diaria. ¿Cómo sería la inteligencia total si pudiésemos proteger este camino particular en la niñez temprana?

La capacidad de los intuitivos de «leer nuestras mentes», de intuir mucho de lo que estamos pensando o sintiendo, también ha ocasionado dificultades. ¿Qué padre podría soportar que su hijo le leyera la mente? Para la mayoría de nosotros, esa es una experiencia que atemoriza, que negamos y reprimimos. A través de los tiempos, algunos psíquicos también han empleado mal esta inteligencia. Si la capacidad intuitiva se desarrolla sin la inteligencia afectiva, sin amor, puede ser utilizada para interferir en otras vidas en vez de sintonizarse con ellas. Lo llamamos magia negra o maldad. Es el mal empleo del poder.

Es urgente que tengamos un enfoque múltiple hacia las inteligencias y más precisamente hacia la inteligencia intuitiva. Muchas personas se enferman por no entender ni saber cómo manejar sus capacidades mentales. Si esta inteligencia se desarrolla sin tomar en consideración a las demás inteligencias de la persona, específicamente a aquellas conectadas con el corazón y el amor, pueden resultar grandes desequilibrios. Uno se pregunta: ¿cuántas personas estarán en nuestras instituciones psiquiátricas con alguna combinación del superdesarrollo de las inteligencias espacial e intuitiva con un subdesarrollo de las inteligencias afectiva, motivacional y de los parámetros?

Mi esperanza es que, conociendo todos estos caminos de acceso al cerebro, tengamos una nueva manera de ver tanto a las enfermedades mentales

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como al desarrollo mental; y que muchos estudiosos de diferentes profesiones se enrolen en el proceso de volver a mirar, de revisar de nuevo...


Ejercicio_La_práctica_diaria'>Ejercicio
La práctica diaria
Las siguientes prácticas pueden prepararte para experimentar la inteligencia intuitiva. Realízalas cotidianamente o lo más frecuentemente posible.

1. Algo más allá de ti mismo. Tener un sistema de creencias que te permita buscar más allá. El puente hacia horizontes más lejanos puede ser la fe, la confianza en Dios, un sistema de creencias o una curiosidad que te invite a buscar más allá de ti mismo o más profundamente dentro de ti mismo. Relaciona tu amplio sistema de creencias sobre lo infinito con tu existencia finita cotidiana.

2. Maravillarse. Empieza por admirar, por tener la capacidad de sorprenderte y especialmente por maravillarte. Un dicho que me ha guiado y que he apreciado mucho es: «Al vagar por el mundo me maravillo de sus maravillas»6.

3. Todo es posible. Empieza a confiar en tus pálpitos y corazonadas. Permítete incluir tus pálpitos, corazonadas, suposiciones y conjeturas en las conversaciones diarias. No tienes que aferrarte a lo correcto todo el tiempo. Concédete la libertad de adivinar.

4. La observación. Observa tu mente cuando se están formando tus pensamientos y permite que éstos surjan aun sin estar completos.

5. La relajación. Aprende a relajarte en cualquier contexto o en las situaciones que sea posible.

6. La receptividad. Aprende a recibir. Es importante poder cambiar la energía de activa a receptiva, de yang a yin, y aceptar lo que recibes. No enjuicies; no digas que no es lo que buscabas. La inteligencia intuitiva no es para dirigir sino para recibir. Lo que recibes, valorízalo.

7. El silencio, concédete a tí mismo la experiencia del silencio tan a menudo como sea posible o apropiado.

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Ejercicio
La preparación consciente para la inteligencia intuitiva
Cada una de las siguientes etapas puede ser practicada separadamente. Pero cuando puedas concederte suficiente tiempo para entrenarte en la intuición o la receptividad, practícalas en el orden presentado. Hacerlas secuencialmente te preparará para ese punto de tranquilidad en el que comienza la inteligencia intuitiva. Así como tu entrenamiento en la sintaxis de la estructura de las oraciones te preparó para el pensamiento racional, estos ejercicios configuran la sintaxis necesaria para prepararte para la recepción intuitiva.

1. Cerrar el día. Aclara diariamente tus vibraciones mentales. El día te brinda momentos en los que tienes alegrías y estás lleno de energía o de momentos problemáticos en los que pierdes tu fuerza. Revisa esos puntos altos y bajos de cada día. Concéntrate en lo que puedes hacer mañana para lograr mejorar los bajos, pero cierra el día regresando a los puntos altos y disfrutándolos de nuevo.

2. La relajación muscular. Ponte cómodo, estírate, concentrándote en cada grupo de músculos desde la punta de los pies hasta tu cabeza, expande y contrae cada grupo muscular.

3. La respiración. Ponte cómodo. Experimenta tu respiración, observando pasivamente su ir y venir. Cuando desees, comienza a jugar con el elemento de tu respiración alterando tu concentración, experimentando el efecto a medida que te enfocas en diferentes áreas de tu cuerpo. Relájate, permite una respiración sin tu dirección consciente. Observa. Cuando así lo desees, enfoca tu respiración profunda en el área del abdomen. Enfócate en una imagen de belleza o de sentirte amado por alguien y observa las alteraciones de tu respiración.

4. La oración. Concéntrate en tu oración favorita. La palabra rezar tiene su origen en el latín recitare, que significa «dirigir súplicas», «pedir», «suplicar»7. Aunque rogar pareciera no estar a la moda, transmite la profunda experiencia límbica de estar realmente deseando algo. Por lo tanto, ruega profundamente y permítete sentir la petición.

5. La meditación. Encuentra una posición confortable en la que tu columna vertebral esté apoyada. Deja pasar palabras, pensamientos, imágenes

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y sonidos. Enfócate en un punto: el triángulo enfrente de tus ojos. Enfoca tu respiración en el abdomen, el pecho y el punto entre tus ojos. Deja pasar...

6. La recepción. A medida que la pantalla de tu mente se aclara, observa y recibe. Confía en que lo que recibes tiene valor y contiene algo para ti. Busca en tu vida lo que esto significa. Ése es el mensaje.

Practicando la quietud, adquieres la capacidad de sintonizar con las vibraciones más profundas de tu cerebro. El silencio y la inmovilidad te permiten dejar pasar ante la pantalla de tu mente, los hechos, los detalles, los matices, las complejidades, las emociones, despejando así la pantalla de tu mente hasta que llegas a un espacio mayor o más profundo. Estás entrando en las ondas más finas de tu cerebro. Dejando de lado los procedimientos lógicos, te relajas y te presentas como si todas las conexiones fuesen posibles. Permite que las asociaciones y las imágenes se presenten. Eventualmente entrarás en la zona de quietud en la cual no sientes,! ni imaginas, ni piensas. Es una receptividad sin palabras, sin sentimientos, sin imágenes. Estás en una zona de energía donde solamente puedes ser pasivo y recibir. La quietud y el silencio te ayudarán a llegar a esta etapa intuitiva.

NOTAS
1. Para un mayor entendimiento de la inteligencia intuitiva de los niños, ver a Joseph C. Pearce, The Magical Child, New York, Dutton, 1977.


2. Ver la entrada «intuition» en Webster's New World Dictionary.
3. Gary Zukav, The Dancing Wu Li Masters. An Overview of the New Physics, New York, William Morrow Y Co. Inc., 1979, pp. 313-323.
4. Meister Eckhart, The Cloud of Unknowing, Midlesex, England, Penguin Books, 1961.
5. Sri I.N. Venkataraman, Bhagavan Sri Ramana, Madras, Prasad Process, 1981.
6. «I wonder as I wander at the wonders of the world».
7. Ver «rezar» en María Moliner, Diccionario de uso del español, Madrid, Gredos, 1991.

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Segunda parte


La inteligencia emocional: el deseo y el cerebro límbico

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CAPÍTULO 6


LA EXPLORACIÓN DEL CEREBRO LÍMBICO
En realidad nuestras pasiones y nuestros deseos son una creación del cerebro, así como también lo son el intelecto y la razón. Ellos nacen en un pequeño anfiteatro de tejido, conocido como el sistema límbico. Dentro de un conjunto de partes que corresponden aproximadamente a un quinto del área cerebral, el frío mundo de la realidad es transformado en un calderón burbujeante de sentimientos humanos. Las fuerzas del miedo, de la alegría, del dolor, de la rabia y del deseo, emergen de esta región más primitiva del cerebro, que evolucionó mucho tiempo atrás.
THE BRAIN: MYSTERY OF MATTER AND MIND.

U.S. News and World Repon.


Justo debajo de la neocorteza y exactamente detrás de nuestra nariz, se encuentra un exquisito sistema cerebral compuesto por seis estructuras diferentes: el tálamo, la amígdala, el núcleo del hipotálamo, los bulbos olfatorios, la región septal y el hipocampo.

Denominado «sistema límbico» por Paul MacLean y sus precursores en la investigación del cerebro, también es conocido como el cerebro del sentir o el cerebro de las emociones humanas1. Algunas veces se refieren a él como el «cerebro mamífero» porque todos los mamíferos poseen una estructura similar. Así como el cerebro básico se asocia con el reptil, el cerebro límbico se asocia con el cerebro de los animales.

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Fig. 3. El cerebro límbico.
*Consultar el original para una mejor revisión de la figura.*
1. Tálamo

2. Región septal

3. Bulbos olfatorios

4. Amígdala

5. Hipotálamo

6. Hipocampo


La neocorteza se compone de células neuronales en forma de estructuras de axones y dendritas, mientras que el sistema límbico se compone de seis estructuras celulares, cada una con sus características diferentes e identificadas a su vez con diferentes funciones. Diariamente se llevan a cabo investigaciones cada vez más refinadas que brindan nuevos insights y nuevas comprensiones2. Este capítulo no pretende ofrecer una recapitulación completa de las investigaciones que se están haciendo sobre el cerebro límbico, sino sólo mostrar los puntos principales en los cuales me he apoyado para elaborar las inteligencias emocionales. Aquí describo las características asociadas en las investigaciones cerebrales con las seis estructuras celulares, de manera tal que puedas encontrar la relación entre la fisiología de tu cerebro límbico y las inteligencias emocionales descritas en capítulos posteriores.

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Cada área del cerebro límbico está asociada con al menos una característica específica:

El tálamo, con el afecto.

La región septal, con la sexualidad.

Los bulbos olfatorios, con el olfato y la respiración.

La amígdala, con la agresividad oral.

El hipotálamo o núcleo hipotalámico, con el placer y el dolor.

El hipocampo, con la memoria a largo plazo.


EL TÁLAMO Y EL AFECTO
La estructura más grande del cerebro límbico, el tálamo, está localizada en el tope del tallo cerebral del sistema-R o cerebro básico. «Es el centro retransmisor de impulsos sensoriales a la corteza cerebral»3. De acuerdo a MacLean, el tálamo es la primera evolución de la vida reptil a la vida mamífera, asociado con la comunicación madre-hijo y el instinto materno4. Sabemos que el mamífero difiere del reptil en su relación con la familia; mientras que la mayoría de los reptiles ponen huevos y se alejan, los mamíferos se quedan cerca del recién nacido, nutriéndolo hasta que éste es capaz de sobrevivir por sí mismo.

¿Es esta disposición de «quedarse con» el inicio de lo que en la vida humana llamamos familia? Esta podría ser la interrogante humana más importante, no sólo sobre el afecto familiar sino sobre todo afecto. ¿Estoy dispuesto a dejarme afectar por ti? ¿Cuán profundamente? ¿Cuánto tiempo? ¿En qué medida estás tú dispuesto a dejarte afectar por mí? En momentos difíciles, ¿me «alejo de» o «me quedo con»...? Quedándome contigo, cerca de ti, ¿continuaré dejándome afectar por ti?

Nuestra elección consciente de permitirnos «ser afectados por» es la que abre nuestra capacidad de sentir, nuestra capacidad de ser afectados por otra persona, por una flor, el cielo, una piedra o un animal, por el trabajo, ideas, música o arte, por el crimen o grandes logros humanos, por el sufrimiento o la alegría. El estar profundamente afectados nos lleva al querer, al deseo y luego al rango completo de los estados de ánimo, desde la tristeza y la rabia, hasta el éxtasis y el amor. En resumen, el afecto, que es el resul-

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tado de dejarnos afectar, puede guiarnos a alcanzar la totalidad de nuestros sentimientos. El «ser afectado por» es la puerta de entrada a nuestro sistema cerebral límbico.

Partiendo del tálamo, la primera y más grande estructura del cerebro límbico y de su característica de afectividad, yo propongo la existencia de un proceso de inteligencia afectiva que nosotros podemos aprender y practicar. Sin la capacidad de ser afectados, no podemos entrar en el sistema límbico. Nuestro sistema límbico seguirá vibrando pero no nos daremos cuenta de lo que estamos sintiendo. Con la inteligencia afectiva somos capaces de manejarnos en nuestra relación con los demás y con el medio ambiente, dándonos permiso continuamente de ser afectados, de sentir a nuestro modo, de recibir en nuestro rango emocional señales acerca del peligro o la seguridad, la belleza o el contenido emocional del medio que nos rodea. A medida que recibimos esta información emocional, aprendemos a modular y orquestar nuestros sentimientos y, según sea apropiado o no, a profundizar en un afecto mayor o retirarnos.




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