Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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Ejercicio
Construyendo significado
Practica este ejercicio en cualquier reunión social o de trabajo. Es especialmente importante practicarlo en cualquier momento que sientas que estás perdiendo el interés o en situaciones en las que te sientas aburrido.

a. Abre tu sistema de creencias a la idea de que todo está interconectado y, más precisamente, a la posibilidad de que cualquiera puede ser un recurso activo para ti y relevante para el bienestar de tu vida.

b. Limita la tendencia de escuchar para criticar, comparar, concluir, dudar o cuestionar.

c. Cuando otros hablen, intenta asociarte con lo que están diciendo. Deja pasar lo que no es de tu interés para poder seleccionar y enfocar en las conexiones que tienes con lo que ha sido dicho.

d. Integra lo que has seleccionado, dándole sentido para tu vida. Siéntete con libertad para otorgarle tu propio significado.

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Lo que esencialmente estás haciendo es darte cuenta de que puedes darle significado a cualquier cosa que los otros digan, así como a su presencia en tu vida.


Ejercicio
El pensamiento apreciativo
Practícalo con todas tus relaciones humanas.

a. Aclara tu sistema de creencias en relación a la complejidad del ser humano. Encuentra una manera de entender que los seres humanos son algo más que su forma visible, bien sea que te refieras al ser humano como un sistema de energía irradiando diferentes vibraciones o como un ser compuesto de innumerables células. Encuentra tu propia manera de interesarte en todo lo que puedes descubrir en el otro.

b. Mira y escucha activamente a la otra persona. Busca algo que puedas escuchar o ver que te guste del otro.

c. Cuando encuentres algo que te guste, disfrútalo dentro de ti y exprésaselo a la otra persona.

d. Recordando algo que aprecias puedes mejorar tu estado de ánimo en cualquier momento del día.

NOTAS
1. Edward de Bono, Lateral Thinking, New York, Harper y Row, 1973.
2. Jean Houston, «Concept louses up percept», The Possible Human, Los Ángeles, J.P. Tarcher Inc., 1982, P-33.
3. Citado en The Brain: Mystery of Matter and Muid, Washington, US News Books, 1981, p. 77.

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CAPÍTULO 4


SINTETIZAR LAS CONEXIONES
La inmensidad está dentro de nosotros. Está atada a una especie de expansión de ser que la vida modera y la cautela detiene, pero que comienza de nuevo cuando estamos solos.
GASTÓN BACHELARD, The Poetics of Space
LA INTELIGENCIA ESPACIAL VISUAL O AUDITIVA
La inteligencia espacial implica la existencia de unas ondas más profundas en el cerebro. Es como si la inteligencia racional y la asociativa estuvieran en un primer plano de percepción y la espacial estuviera en un segundo nivel, más interno. La neocorteza es una densa área espacial en la cual se hacen y extienden las conexiones mentales1. A la neocorteza entran estímulos de diferentes fuentes: desde lo que conocemos como los sentidos, como también desde los sistemas más profundos, el sistema límbico de los sentimientos y el cerebro básico de la acción. Estas conexiones están entrelazadas de una manera más profunda en forma de palabras, números, imágenes, sonidos, colores, formas, insights, sentimientos y acciones (o comportamiento). Existen esas ondas más profundas de energía en las que las imágenes, sean visuales o auditivas, se forman en una onda diferente de aquélla en la que se encuentra lo concreto o lo obvio, que puede ser analizado y observado con las inteligencias racional y asociativa. Como ya dije, es como si estas dos inteligencias estuvieran en un primer plano de percepción, la inteligencia espacial en un segundo nivel más interior, y la inteligencia intuitiva en longitudes de onda aún más profundas y que son procesadas por receptividad en lugar de por actividad.

Hasta ahora hemos distinguido las muchas conexiones involucradas en la inteligencia espacial de acuerdo a la entrada o input sensorial. Algunas conexiones le aparecen al pintor como visuales, o al músico como auditivas.

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También existen las conexiones táctiles, formadas por el tacto; las olfatorias, formadas por los olores y las sensaciones de sabor que aparecen cuando colocamos un nuevo alimento sobre la lengua. La lengua recibe una variedad de estímulos, pero sólo cuando esos estímulos llegan a la neocorteza es que podemos comunicarlos, lo cual podemos hacer por medio de la palabra, por un profundo sonido de placer, por alguna imagen visual que sirve para compararlos con la experiencia, o alargando nuestra mano para tomar otro pedazo de esa tarta de manzana.

Algunas personas reciben principalmente sonido, verbal o musical; otros, imágenes visuales; otros, fragancias. Algunos reciben una mezcla de todos los sentidos. La sinestesia es el fenómeno de esta mezcla, a menudo descrita por individuos altamente creativos2. Algunos perciben los colores de los sonidos, algunos los colores de las palabras, algunos imaginan con colores, algunos sienten los sonidos, y otros escuchan palabras asociadas con sonidos. ¿Será ésta una habilidad innata? o ¿será que la gente creativa trabaja más fuertemente para crear y al hacerlo estimula más a sus sentidos, que inundan los axones y dendritas y producen así nuevas conexiones? ¿Será que ellos son capaces de sintetizar las entradas de los diversos canales de los ojos, nariz, oído, boca y piel? ¿Serán ellos personas que han desarrollado ambos lados del cerebro como también grandes áreas del hemisferio derecho? o ¿será la sinestesia una versión más desarrollada de la inteligencia espacial?

Hemos descrito a la neocorteza como una vasta área de axones que envían energía y de dendritas que la reciben. A pesar de que los científicos han asociado las funciones con ciertas áreas, también hay vastas zonas que todavía permanecen sin asociar. Si nuestros billones de células son capaces de producir cuatrillones de conexiones, entonces éste sería el espacio al que debemos atender. Es aquí, en la neocorteza, que existe un espacio infinito dentro de nosotros.

Mi propia experiencia me sugiere que este infinito parece relacionarse con ambos espacios, tanto con el espacio externo como con el interno. Algunas veces con mis ojos, oídos u otros sentidos abiertos y dirigidos hacia afuera, en exploración del mundo; otras veces orientado hacia dentro con mis ojos y sentidos cerrados para así poder lograr una concentración y exploración más profunda dentro de mí. El espacio externo es aquel que recibimos por medio de los sentidos. El espacio interno está ubicado dentro del cerebro.

Cuando yo busco y veo, con mis ojos abiertos, estoy usando mi inteligencia visual en un nivel externo, y el resultado puede ser una interpretación

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artística de lo que veo o una acción basada en ello, o que por lo menos toma en cuenta lo que estoy viendo. Algunas personas procesan los datos visuales de una manera rápida y pueden aprehender variados aspectos de una situación compleja solamente estudiando la situación visualmente. Podríamos decir que son personas capaces de medir la situación fácilmente, o tomar todo en consideración. Sin embargo, la inteligencia visual también existe en el plano interno. Para algunos, la riqueza de imágenes visuales constituye un proceso de pensamiento; ellos llegan a conclusiones procesando series de imágenes internas. Un pensador visual interno entonces puede necesitar comunicar esos resultados a otros por medio de dibujos o trasladando las imágenes a palabras utilizando metáforas o descripciones verbales variadas.


INTELIGENCIA ESPACIAL-AUDITIVA
Todo lo que he escrito en este libro he tratado de experienciarlo antes. Propongo lo que es posible aprender en cada inteligencia. En este caso, como no soy una artista musical, no me siento capaz de elaborar mas profundamente este proceso de pensamiento. Aún así, estoy convencida que existe esa capacidad de oír internamente, en la que los músicos reciben imágenes de sonido con las que componen su música. Aquellos que oyen sonidos internamente, tienen una inteligencia espacial auditiva que es más profunda que la capacidad media de escuchar.

Quiero decir, que ambos espacios, el externo y el interno, también existen en el sentido auditivo. En el plano externo, algunos de nosotros somos unos escuchas muy alertas, conectando e interpretando una variedad de sonidos. Un oyente alerta no sólo escucha el sonido sino que lo conecta con un significado. Un escucha tanto alerta como activo es capaz de oír por un largo período de tiempo, captar las palabras y tonos de voz y llegar a significados comprensivos o muy sofisticados. En contraste, el oyente impaciente oye unas pocas frases y reacciona antes de haber tenido tiempo para encontrar ya sea el mensaje o el significado. El escuchar activamente —esperar hasta oír el mensaje que una persona está tratando de enviar-, forma parte de la mayoría de los cursos sobre la comunicación. Escuchar adecuadamente no sólo significa tener paciencia; también consiste en tener inteligencia auditiva, -conectar el significado interno a un sonido recibido del ambiente externo-. Los músicos tienen una habilidad con el sonido que refleja ambas dimensiones, la externa y la interna. Ellos oyen sonidos y música y son capaces de

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integrarlos a un nivel interno. También escuchan temas, variaciones, sonidos, y tonos musicales así como sus combinaciones, a un mero nivel interno sin ninguna referencia a sonidos externos. Ellos traducen esos sonidos internos a una notación musical y luego posteriormente ellos pueden tocar esa música para sí mismos o escuchar a otros tocarla.

Aquellos que escuchan sonidos internamente poseen una inteligencia auditiva más profunda que la capacidad media para escuchar. Por ejemplo, yo no escucho temas musicales, sin embargo, cuando me estoy concentrando profundamente sobre un tema o estoy a la búsqueda de respuestas, yo escucho sugerencias que parecen venir desde un nivel más profundo dentro de mí. Se habla de «escuchar nuestra voz interna», lo cual parece ser posible cuando buscamos hacerlo. También tenemos la experiencia de los clari-audientes o canales, quienes reportan escuchar voces de seres que aseguran haber vivido largo tiempo atrás. Independientemente de la incapacidad para verificar ese hecho, es obvio que la gente que realiza la «canalización» cae en una relajación profunda, escuchando y transmitiendo las voces que están «escuchando».

En estos ejemplos tenemos tres niveles de inteligencia espacial-auditiva, el primero relacionado con el espacio externo y el segundo y tercero relacionados con el espacio interno, pero con diferentes grados de relajación o profundidad. El primer nivel, el de oír de manera activa y alerta, depende del enfoque y la capacidad para enlazar diversos sonidos con su significado. Los otros dos dependen de la relajación y de la concentración que se tenga para escuchar.

Muchos de nosotros tenemos predisposición por la inteligencia auditiva o por la visual. Es decir, preferimos escuchar o preferimos ver para poder aprender. En la educación primaria todavía existe el debate sobre si los niños aprenden a leer más rápidamente por la vista o fonéticamente.

Ahora bien, tal como los pintores y los músicos, el atleta constituye un ejemplo de persona con niveles altos de inteligencia táctil o espacial. No estoy segura de hasta qué punto las sensaciones táctiles son integradas y más desarrolladas a un nivel interno. Lo que sí sé, sin embargo, es que los niños con preferencia por el hemisferio derecho rápidamente desarrollan habilidades atléticas en los deportes individuales tales como la natación, montar en patinetas, patinar y hacer ski. Yo lo atribuyo a su habilidad para sentirse cómodos con sus cuerpos en relación con el espacio que los rodea. Están libres de guiarse espacialmente más que para responder a reglas u otros jugadores como es necesario en los deportes de equipo. Por lo tanto, alguna forma de síntesis de las conexiones debe estar tomando lugar a un nivel interno, la cual sólo podemos reconocer al aplaudir sus habilidades kinestésicas. Ellos

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comunican este nivel interno por medio del movimiento de sus cuerpos, lo cual es considerado por muchos como una forma de arte, a pesar de que no es expresado a través del sonido ni de la vista.

Algunos de nosotros disfrutamos de los olores, tomando el aroma de las flores o los olores de la cocina o el perfume de un ser querido. ¿Cuán profundamente permitimos que los olores nos afecten? La aromaterapia afirma que nos podemos sanar a nosotros mismos integrando a un nivel más profundo las esencias de las flores. Sabemos que los bulbos olfatorios forman parte de nuestro sistema cerebral de las emociones, luego ciertamente las fragancias afectarán nuestro estado emocional. Aquellos que integren estas conexiones de una manera más exhaustiva dentro de sí mismos pueden también producir alguna forma de sanación.

Lo que está ocurriendo en los ejemplos anteriores es algo más que una conexión, ya sea que el origen esté en los sentidos o provenga de las otras estructuras cerebrales hacia la neocorteza. En el pensamiento racional utilizamos la palabra comprender para comunicar que a unnivel de pensamiento ha tenido lugar un tipo de conocimiento más incluyente, amplificado y sofisticado. Las experiencias de los atletas, músicos y pintores indican que necesitamos una palabra similar a la comprensión que tome en cuenta los procesos más profundos del hemisferio derecho así como lo que se recibe de los otros sistemas cerebrales. El término inteligencia espacial es el más apropiado para este fenómeno que integra o sintetiza las entradas de los sentidos o de los otros sistemas cerebrales de una forma que va más allá del pensamiento racional o asociativo.

Nuestra neocorteza es una red espacial en potencia esperando a ser activada. En el juego depinball uno trata de dirigir la pelota para que ésta le pegue al mayor número de estaciones como sea posible. De la misma manera, con la neocorteza, nosotros debemos enfocar nuestra atención para que se activen o enciendan tantas áreas como sea posible. La inteligencia mental habrá avanzado cuando veamos que nuestra labor consiste en hacer o establecer tantas conexiones como sean posibles, más que en tratar de determinar un cociente fijo o una capacidad fija. Nuestro cociente puede cambiar diariamente si ejercitamos la red mental, si permitimos que se establezcan conexiones desde todos los sentidos o si nosotros conscientemente dirigimos nuestra atención hacia la activación de unas áreas después de las otras. Podemos desarrollar más el sentido de la vista o de percibir sonidos, la habilidad de la palabra o la música, el sentido del olfato o del tacto, el sentido del gusto o la habilidad de sentir cualquier sentimiento, o lograr un sentido del esta-

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do de alerta del cuerpo propio. Sin embargo, tomando como imagen de la neocorteza un telar encantado o la máquina de pinball —la que prefieras— lo que importa es permitir todo tipo de entradas, de estímulos, que informen a nuestra neocorteza lo más a menudo posible. Lo que interesa es el hecho de enviar impulsos a los axones y dendritas de manera que una mayor cantidad de sinapsis se puedan formar y sintetizar. Lo importante es usar nuestra concentración sobre el plano interno de la realidad tanto como sobre el plano externo. «Los dos tipos de espacio, el espacio íntimo y el espacio exterior, siguen, en su desarrollo, animándose el uno al otro»3.

Una representación completa de la inteligencia espacial de por sí se llevaría un libro, que incluiría no solo la espacial-visual como aparece descrita a continuación, sino también las inteligencias espacial-auditiva, espacial-olfatoria, espacial-táctil y espacial-kinestésica, reuniendo así la experiencia de artistas, pintores, músicos y clari-audientes, como también la de aquellos que poseen un alto desarrollo de sus otros sentidos como el del olfato, gusto y tacto4.
LA INTELIGENCIA ESPACIAL-VISUAL
Después de ver en la televisión el noticiero de la noche, algunos recordamos las palabras y casi todos recordamos al menos algunas de las imágenes presentadas. Los espectáculos de la televisión y las películas están compuestos por imágenes y las palabras se añaden para detallar, describir y a veces hasta pienso que están allí sólo porque estamos acostumbrados a la voz humana. Generalmente los presentadores son escogidos por la buena impresión visual que ofrece su aspecto físico. Los relatores de noticias también son escogidos por su impacto visual, y en general son pocos los que ha habido que sean brillantes racionalmente y que no sean atractivos visualmente. Tanto los programas de televisión como las películas cinematográficas son presentaciones visuales en las cuales la comunicación del pensamiento se realiza a través de la imagen.

Mientras que las palabras y los números requieren una presentación lineal a través de la escritura o la voz, la imagen requiere de una presentación

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espacial a través de la pantalla del televisor, la pantalla del cine, o del arte bidimensional o tridimensional.

Cuando leemos novelas o poesía, las imágenes que tienen lugar dentro de nosotros son a menudo más poderosas que las imágenes que vemos proyectadas por la televisión o el cine. Cuando leemos una novela, somos directores de nuestro propio cine interior, visualizando imágenes para enriquecer el contenido de lo que estamos leyendo. No cabe duda que tenemos más tiempo para inventar imágenes leyendo en las páginas de un libro, que viendo un programa de televisión o una película.

Las imágenes fueron el medio de comunicación anterior a la escritura. Las pinturas de las cavernas de Lascaux en Francia o las pinturas sobre piedra descubiertas en Guri (en la Guayana venezolana), y en el mundo entero, revelan nuestras formas tempranas de inteligencia espacial-visual. Siglos después, con la invención de la imprenta, las palabras tomaron la delantera a las imágenes.

Fue el libro el que le confirió poder a la palabra y al pensamiento racional, restándole poder al arte y a la música que eran las tradicionales formas de pensamiento. Ahora la televisión y el cine han revertido esta tendencia. Así como los libros hicieron ampliamente accesibles a las palabras, ahora la televisión y el cine hacen que las imágenes estén más a la disposición de todos. Hoy en día las imágenes de la televisión parecen tener más poder que la palabra, o ¿será que pasamos más tiempo viendo la televisión que leyendo libros?

Nuestra educación y nuestra élite intelectual ha quedado rezagada en esta lucha entre libro y televisión. Valoramos y enseñamos la palabra por medio de la inteligencia racional mientras que fuera de la escuela, los estudiantes pasan mucho más tiempo frente al televisor, con unas imágenes que hacen poco por desarrollar las sutilezas de la inteligencia espacial-visual. ¿Cómo sería tener un país con una población visualmente inteligente? ¿Cómo sería la vida si aprendiéramos a discernir lo provechoso de la imagen de la televisión, del mismo modo como lo hemos aprendido a hacer con las palabras del periódico o de libros? ¿Pudiéramos visualizar tanto como razonar las soluciones los problemas del mundo? ¿Sería posible aprender a inventar a través de conexiones visuales continuas? ¿Se tornarían más estéticos nuestros hogares y ciudades si pudiésemos visualizarlos internamente antes de construirlos? Si valoráramos verdaderamente lo visual, en vez de utilizarlo casualmente, estaríamos educándonos visualmente y esto se reflejaría en nuestra manera de tratar los espacios de nuestro ambiente. La riqueza de lo visual no se limi-

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taría al artista y al museo; lo estético sería la norma. ¡Qué retroalimentación tan poderosa sería vivir en la belleza!

Debemos sobrepasar esta lucha de opuestos elevando el pensamiento visual a igual categoría que el pensamiento racional, educándonos o desarrollándonos en ambos, para sanar la separación existente entre la élite artística y la élite intelectual, entre el museo y la biblioteca, entre la televisión y el libro.

El intelecto y la imaginación están ubicados en partes diferentes del mismo cerebro humano. Ellos son dos procesos del mismo sistema cerebral, ambos contribuyen a nuestra inteligencia.

En el proceso visual vemos imágenes, ya sea externamente como ocurre cuando vemos un crepúsculo, una buena película o una obra de arte en un museo, o internamente, cuando imaginamos o meditamos. Podemos utilizar nuestra capacidad de visualizar, imaginar, pensar internamente sobre cómo será un proyecto, cómo lucirá un producto, un plan, o incluso considerar cómo será el día o el mes siguiente. La visualización es otra forma de planificación, y se puede utilizar sola o junto con el análisis. El análisis se enfoca sobre los datos evidentes en el presente, mientras que la inteligencia visual se enfoca en ver una imagen interna de cómo va a resultar algo en lo inmediato o en el futuro. Por ejemplo, una vez analizada la información que deseo presentar en un taller, entonces comienzo con un proceso de visualización en donde veo cómo voy a presentar los ejercicios, qué respuestas puedo recibir o los cambios que debo realizar y cómo se va a ver en el momento de la presentación final. El proceso de visualización me aporta una mayor seguridad, tal cual como si se hubiera llevado a cabo un ensayo de todo ello.

¿Qué son las imágenes? Las imágenes son configuraciones de energía así como los pensamientos y los sentimientos también lo son. En una imagen, la energía se forma como retrato en vez de como frase o sentimiento. Las imágenes no son necesariamente imaginarias. Algunas reflejan la verdad externa, mientras que las imaginarias son pura inventiva. Por ejemplo, puedes tener una imagen de una casa que refleja una casa que realmente existe o puedes tener una imagen imaginaria, que es la de una casa que no existe en la realidad externa sino que sólo existe en tu realidad interna. Tenemos el hábito de identificar el proceso total de la visualización con la imaginación, y tendemos a identificar las imágenes tanto con la imaginación como con el arte. Más aún, estamos acostumbrados a llamar a nuestras imágenes internas «fantasías» o alucinaciones, lo que lleva a negar el poder de nuestra inteligencia espacial-visual.

La fantasía y la alucinación pueden ser dañinas si nos quedamos atados a ellas o las identificamos como pertenecientes a la realidad externa. Si tengo

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la fantasía de ser Napoleón, y así lo creo, esto ciertamente puede llevarme a cometer acciones externas extrañas o dañinas. Pero sería tan dañino «pensar» que soy Napoleón, como «imaginarme» a mí mismo como Napoleón. El asunto está en darnos cuenta que ambos, el pensamiento y la imagen, son realidades internas que pueden corresponderse o no con realidades externas. Tanto el pensamiento como la imagen pueden ser imaginarios. Sólo podremos saber qué son si estamos dispuestos a verificar ambos, pensamiento e imagen, con los hechos externos.

Socialmente estamos acostumbrados a identificar al pensamiento con la realidad y a la imagen con lo imaginario o la fantasía. Por costumbre creemos que uno de esos elementos es real y el otro no lo es. Lo que debemos hacer, ahora que conocemos las dinámicas del hemisferio derecho, es reconocer a ambos como configuraciones mentales que deben ser verificadas cuidadosamente con la realidad externa. Si estamos interesados en nuestro desarrollo mental, sería importante despojarnos de los prejuicios racionales en contra de la visualización. Una imagen es una configuración mental tan clara como lo es un pensamiento. Una se expresa como retrato; lo otro, como frase. Ambos, pueden conformar o no la realidad.

Hasta la hipótesis, tan central en el pensamiento científico, es una proyección de la imagen de lo posible. La ciencia tiene el hábito y los procesos para verificar hipótesis hasta probarlas como ciertas. ¿Cuántas hipótesis o imágenes proyecta la mente antes de lograr una que sea verificable y útil? Este proceso de proyectar continuamente imágenes es la inteligencia espacial-visual.

La configuración de imágenes, lo imaginario, la fantasía y la hipótesis son todas funciones mentales de la inteligencia espacial-visual que puedes honrar, hacer realidad y hacer parte de tu habilidad mental. Formando imágenes en tu mente, no sólo puedes enriquecer tu vida y mejorar el poder de tu cerebro, sino que también puedes utilizar esas imágenes para que te guíen en tu vida diaria. Las imágenes son información, información real, utilizable en cualquier rango de la realidad que desees vivir: en lo imaginario, lo sutil o lo externamente real. La inteligencia espacial-visual es un proceso mental que activa la neocorteza a un nivel más profundo que la inteligencia asociativa. Utilízalo para tener acceso a una mayor información acerca de tí mismo.

¿Cómo podemos estimular el desarrollo de una población visualmente inteligente? No sólo a través de la «expresión creadora» en los primeros grados sino también incorporando el pensamiento visual a las matemáticas, a las clases de castellano y de literatura, de historia y de ciencias a todo lo largo

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del sistema educativo. Un ejemplo impresionante del uso del pensamiento visual en clase de matemáticas surge de una experiencia en la Escuela Mead. Carlos amaba el arte y los deportes. Aprendió a leer tardíamente y estaba interesado en las matemáticas, pero con poco éxito. Cuando estaba en el quinto grado, la maestra de matemáticas decidió enseñar la materia por medio de la visualización interna. Nadie podía tocar el lápiz hasta tener la respuesta del problema, lista para ser escrita. Ella le dijo a los estudiantes que algunos niños necesitan usar un lápiz para discernir todo en el papel, pero que otros eran tan inteligentes que podían solucionar los problemas a ojos cerrados y sin escribir. Carlos lo creyó así. Aparentemente liberado de la necesidad del procesamiento secuencial, él fue capaz de procesar numerosos y complicados problemas de multiplicación y división, llegando a las respuestas correctas.

Yo no sé exactamente qué tipo de planeamiento visual interno fue usado por Carlos, pero sí sé que en todas sus materias él tenía una preferencia por el hemisferio derecho. Sólo puedo suponer que cuando él trataba en forma escrita de desarrollar el proceso secuencial involucrado en las matemáticas, se sentía constreñido y forzado a utilizar el hemisferio izquierdo, donde él había desarrollado un número inferior de conexiones sinápticas que en el derecho. Resumiendo, él se veía forzado a utilizar su lado menos brillante. Una vez liberado para asociar y visualizar números dentro de su mente, él debe haber sentido la misma independencia, poder y conexiones en el hemisferio derecho que sentía cuando trabajaba en el Centro de Arte y en los deportes. Él era uno de los doce estudiantes que se habían escogido por sus pobres ejecuciones en matemáticas, quienes al darles la oportunidad de ejercitar sus procesos visuales internos, se hicieron exitosos estudiantes de matemáticas, tan exitosos que fueron presentados en el programa Today de la televisión norteamericana, en representación de la Escuela Mead en el año 1979.

La imaginación, o pensamiento visual interno, por sí misma es una forma de pensar. Sin embargo, podemos mejorar el desempeño en los salones de clase, al hacer que la imagen se convierta en la constante compañera de la palabra. «Pienso esto y veo esto». Existen por lo menos dos maneras de comprender cualquier información: una procesada racionalmente, secuencialmente, usualmente por medio del hemisferio izquierdo, y expresada por «yo pienso»; y una segunda manera procesada visual-espacialmente, lo que se hace usualmente por medio del hemisferio derecho, y es expresada por «yo veo». Ambos procesos están registrados en nuestra memoria. Algunas veces recordamos la imagen, otras veces la palabra. En relación con los resultados escolares, podemos decir que si enseñamos por medio de ambos procesos, los

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estudiantes tendrán dos maneras de lograr el acceso a su memoria, o por lo menos estarán en capacidad de usar su forma más desarrollada y por lo tanto la más fuerte. Para aquellos estudiantes con un hemisferio derecho dominante, esto resulta esencial y para los estudiantes con preferencia izquierda, lo menos que se logra es aumentar su capacidad cerebral.

Esta visión es una invitación a los gobiernos y la empresa privada, no sólo a ser patrocinantes del arte, sino a utilizar el pensamiento visual en las sesiones de planificación. ¿Puedes visualizar el resultado de este proyecto o plan que estás proponiendo, en cinco meses o un año? No se trata solamente de aquellas proyecciones financieras preparadas por artistas gráficos involucrados en el pensamiento visual original sino de la capacidad de visualizar internamente por parte de quienes están conectados íntegramente con el inicio y el mantenimiento de proyectos administrativos o empresariales.

«¿Cómo se verá?» es la pregunta vital involucrada en el pensamiento visual, tanto como «¿cuál es la causa y cuál será el efecto?» son las preguntas vitales del pensamiento racional.

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