Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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DEL ANÁLISIS A LA ACTUACIÓN
¿Cómo podemos usar el proceso científico racional en beneficio propio? Nuestras dudas y críticas pueden servir para el desarrollo del nuevo ser humano al hacernos conscientes de lo que necesitamos para mejorar. En la actualidad sólo somos hábiles utilizando la racionalidad para destruirnos. Al quejarnos, dudar y criticar, nos debilitamos y nos hacemos permanentemente dependientes de otros. Así como hemos evolucionado a partir de la crítica sobre las condiciones del medio ambiente en que vivimos hasta lograr mejorarlas a través del método científico, ahora necesitamos la totalidad de este proceso mental para el desarrollo de nosotros mismos. Puedes usar la inteligencia racional en tu vida personal para tu propio desarrollo, si recuerdas usar el proceso completo, es decir, tanto la creatividad como la crítica.

¿Cómo puedes expandir la inteligencia racional de manera que conserves su exactitud y no termines criticándote a ti mismo o a los demás?

Primero, continúa con el proceso en vez de quedarte a mitad de camino. Cuando te sientas descorazonado por haber llegado al punto crítico en el cual reconoces lo que ha estado faltando, sigue, como hacen los científicos, proponiendo una hipótesis que te pueda ayudar. Prosigue hacia lo positivo: identifica varias posibilidades. Si eres infeliz en tu trabajo, ¿qué otras alternativas están abiertas para ti? Puedes buscar otra oficina donde podrías ser más feliz, un jefe que pueda ser más paciente, o tomar un curso en el que podrías aprender a comunicarte mejor con tus colegas. Puedes retornar a los estudios para aprender una nueva carrera o cambiar de carrera sin necesidad

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de entrenamiento adicional. ¿Cuál parece ser la mejor alternativa? ¿Cuál de las hipótesis tendrías más interés en ensayar?

Procede entonces a comprobar tu hipótesis lógicamente, en forma precisa, paso a paso, hasta verificarla y ver que funciona en la vida real. Si es así, ¡bien! Si no funciona, comienza de nuevo con otra hipótesis. No te desanimes, busca alternativas. Los mismos «quién, qué, cómo, cuándo, dónde y por qué» que utilizaste en el análisis, te sirven ahora en la búsqueda de una solución. Sigue buscando hasta llegar a una solución que no sólo te sirva para resolver la situación sino que te capacite para actuar.

Para aplicar la inteligencia racional a ti mismo, hazlo de manera específica. Por ejemplo: «yo no sé manejar el computador, a veces suenan alarmas o el teclado no hace que las cosas sucedan de manera correcta». Si lo que falta es entrenamiento, si ése es el factor crítico, entonces, «puedo llamar a un técnico para que el lunes próximo venga entre 4 y 6 de la tarde a enseñarme lo que necesito saber». Busca lo que falta, busca la persona que puede ayudarte y el tiempo para estar en contacto con ella. Debes tener como objetivo final no sólo la comprensión de tu dificultad sino la solución y la acción correspondiente. Las dudas y las críticas, cuando se combinan con soluciones, pueden ser útiles en nuestro desarrollo social así como en el personal. Tal como hemos evolucionado desde la mera crítica de las condiciones del medio ambiente en que vivimos hasta lograr efectivamente mejorar esas condiciones a través de un método científico, así mismo podemos ahora evolucionar hacia un proceso racional más completo para desarrollar acciones en la sociedad humana. Lo que funciona en el ambiente físico externo también lo hará en el ambiente físico interno ya que todos somos vibraciones físicas. Este proceso racional, en el que todos estamos parcialmente entrenados, podemos ahora ampliarlo para utilizarlo a favor de nuestras vidas. El análisis, la comprensión y el entendimiento logrados en la primera fase del proceso racional pueden ser extendidos a la segunda fase del proceso. Podemos guiarnos conscientemente hacia nuevas soluciones, inventos y acciones tanto en nuestra vida personal como social, tal como lo ilustra el siguiente ejemplo.

Marta era la gerente exitosa de una oficina importante de importaciones y exportaciones en Miami; era su propio jefe y estaba en capacidad de viajar con cierta frecuencia. Tenía un sueldo excelente y un apartamento sofisticado. A pesar de todo esto, ella no estaba contenta, no se sentía feliz. ¿Qué estaba faltando? Ella deseaba trabajar en forma más directa con el público y menos con documentos de oficina. Capaz de aislar esta situación como el factor crítico, ella nunca perdió de vista las múltiples ventajas que su trabajo le ofrecía,

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sino que más bien continuó en su búsqueda e inventó varias posibilidades para ella. ¿Qué tal si se entrenara en psicología o terapia, o volviera a la escuela de medicina? Entre muchas alternativas eligió ensayar la posibilidad de que ejercer como masajista terapéutica podría hacerla feliz. Después de un año de estudio ya estaba convencida que tenía la base de una nueva carrera y que podía arriesgarse a dejar su trabajo y su apartamento. Ella pasó dos años aprendiendo y disfrutando. Ahora no solamente trabaja como terapeuta de masaje, sino que también encontró un segundo esposo y está viviendo en una bella casa nueva. Este es un ejemplo maravilloso de cómo llevar el pensamiento racional de la fase analítica hasta el planeamiento cuidadoso de una acción.


EL PENSAMIENTO RACIONAL Y LAS RELACIONES INTERPERSONALES
¿Es el proceso lógico, racional, secuencial, cuestionador, un proceso mental adecuado en todas las situaciones humanas? Actualmente tratamos de usar el pensamiento racional para todo, para todas las personas y para cada situación. La lógica es nuestra respuesta máxima, nuestra «vaca sagrada». El racionalismo es un absoluto al cual hemos decidido tratar como «sagrado» por el hecho de que ha sido de gran utilidad para nosotros. Nos permite conocer las partes de un todo y los detalles, es útil para dudar, criticar y cuestionar cualquier «totalidad» y así determinar lo que está faltando. Sin embargo, debemos preguntarnos si el pensamiento racional es un proceso mental apropiado para los asuntos interpersonales. La condición humana puede ciertamente requerir una inteligencia diferente si queremos relacionarnos adecuadamente unos con otros. Si la realidad es energía que se presenta de múltiples formas, ¿puede una sola forma de pensamiento ser adecuada y servirnos de diferentes maneras y en múltiples realidades? Si la realidad es multifacética, un proceso mental único no puede servirnos de manera absoluta en todas las situaciones.

Somos, cada uno, billones de células, capaces de cuatrillones de conexiones y, sin embargo, nos contemplamos unos a otros y hacemos juicios, siempre tratando de identificar las partes, de concretar la causa y el efecto, llegar a conclusiones y terminar en la crítica, la duda y el cuestionamiento. Es verdad, un pensador racional debe concluir dudando y cuestionando, ciertamente, esto es lo que permite que el pensamiento racional sea un proceso abierto y dinámico.

Sin embargo, recordemos que nos han enseñado a cuestionar y a dudar desde que teníamos cinco años de edad, y hemos practicado el pensamiento

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crítico al menos durante doce años, y más probablemente a lo largo de los dieciséis años de todos los estudios escolares. Tengamos presente que este entrenamiento actúa como un filtro, como un lente a través del cual miramos, esencial para tratar la política, las ciencias y el descubrimiento, pero demasiado agudo para mirar a los seres humanos. Cuando conocemos a una persona o cuando nos relacionamos con seres humanos dondequiera que sea, en el seno de la familia, en la oficina, o en las calles, estamos mirando a través de ese mismo lente, producto de un intenso entrenamiento. Primero descubrimos las partes o características importantes y luego llegamos a una conclusión. Aunque la conclusión sea favorable, aunque la persona nos agrade, vamos a tener una predisposición automática a criticar o a dudar. «Serán buenos, pero no tanto...» o «ella es buena en esta destreza, pero me pregunto si sabrá hacer...». «Él es muy interesante o logró hacer bien tal cosa, pero, ¿no crees que ha debido tomar en cuenta también a...?». Es exactamente aquí, en nuestra incapacidad o poca habilidad para creer en nosotros o en los demás, donde podríamos encontrar la causa de una buena parte del sufrimiento humano. ¿Estamos haciéndonos pedazos unos a otros tan fría y específicamente como lo haríamos con un motor o con un concepto político?

Si continuamos cuestionándonos, ¿terminaremos desmembrados en un millón de piezas, sin un proceso mental esencial capaz de guiar y relacionar esos millones de piezas? ¿Será que nuestra lógica aplicada al ser humano contribuye a nuestra muerte por entropía, un proceso de deterioro causado por la práctica de la duda, que va erosionando nuestra autoestima hasta llevarnos a una rendición y preferir la insensibilidad o un mundo impersonal? Al no saber cómo vivir bien con las otras personas, puede parecernos preferible ignorarlas y controlar nuestras vidas por medio de objetos o problemas.

Éste era el caso de Juan. Él se sentía cómodo con el dinero pero no así con la gente y aún menos cómodo cuando alguna calamidad ocurría a algún miembro de su familia. Lo vi sobreponerse a una debacle financiera con una lógica cuidadosa y persistente. Cuando la economía lo golpeó fuertemente, fue capaz de retirarse, analizar las causas, seleccionar los asuntos principales y desarrollar una visión completa de su situación. Más importante aún, no se rindió. Fue capaz de comprometerse sistemáticamente en acciones osadas y conducirse a sí mismo hacia el éxito a través de la crisis. Él sabía cómo relacionarse con las finanzas.

Sin embargo, cuando su familia fue afectada por la adversidad, aún cuando Juan podía aplicar sus capacidades analíticas a la situación, fue incapaz de tomar una acción personal. Podía manejar las dificultades financieras pero

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no así la posibilidad de que su hija estuviera embarazada sin estar casada. Se atascó en la fase analítica del pensamiento racional, siendo incapaz de continuar hacia la fase de la acción porque se trataba de acciones dirigidas a cambiar su propia conducta, así como la de su hija y su familia. Se molestó mucho con su hija, con su esposa, y buscó explicaciones racionales. Dudó de todos excepto de sí mismo. Fue incapaz de aceptar que había algo que estaba faltando en su familia y de tomar una acción, tal como la de ver a un terapeuta de familia. Dos meses de inactividad le restaron a su familia y a él una gran cantidad de energía, así como también demoraron una efectiva ayuda emocional para su hija. En vez de darle esa ayuda, se refugió en el patrón del «orgullo familiar»: «Esto no puede estar pasándome a mí». Transcurrieron dos años en los que la familia evadió la situación hasta que el padre le tuvo que prestar atención a la hija debido a un severo accidente automovilístico que implicó daños a la propiedad pública, y por lo tanto se había visto ella involucrada con la autoridad. Esta situación derrumbó los muros del orgullo familiar, y Juan, eventualmente, pudo relacionarse de nuevo con su hija y el bebé.

El proceso racional, que le había servido tan bien a Juan cuando estaba manejando dinero, le falló cuando tenía que «manejar» a su hija. Aunque el relato ilustra su poca habilidad para moverse hacia la fase de la acción desde el pensamiento racional, también puede ilustrar bien su incapacidad para desplazarse a algún otro proceso mental. El mundo occidental se enamoró del proceso racional porque dio buenos resultados al aplicarlo sobre el medio ambiente físico. Pero, ¿es seguro, es apropiado depender solamente de este proceso para el desarrollo de nuestro medio ambiente humano? Existen otros procesos, otras maneras útiles de hacer conexiones en la neocorteza, tal como veremos en el próximo capítulo.
Ejercicio
De los planes a la acción
La exactitud, la especificidad y el cuestionamiento propios del pensamiento racional pueden ayudarte a llevar a cabo tus planes. ¿Qué es más importante? ¿Cuándo y dónde vas a empezar? ¿Quién te va a ayudar y cómo lo vas a hacer? Si eres una persona con preferencia del hemisferio derecho, es muy posible que dejes tus proyectos en el aire, creyendo que sólo con pensarlos ya son realidades. Si tienes tendencia por el hemisferio izquierdo, es posible que te contentes con entender tus planes y seas reacio a llevarlos a la acción.

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Intenta practicar lo siguiente:

1. Relájate y ponte en contacto con un plan o un deseo. Elige uno entre muchos que te vengan a la mente.

2. ¿Cómo te sientes con ese proyecto? ¿Realmente quieres llevarlo a la realidad? ¿Te motiva? Si realmente quieres, sigue adelante.

3. Cámbiate a una postura más activa y busca en tu mente las fuentes que pueden ayudarte. Intenta contestar a las siguientes preguntas:
• ¿Quién y qué puede ayudarte?

• ¿Cuándo quieres empezar?

• ¿Dónde, en qué lugar vas a intentar ese proyecto?

• ¿Cómo se llevará a cabo?

• ¿Cuáles son los pasos necesarios para poder llevar ese proyecto a la acción?

• ¿Qué evidencia aceptarás como prueba de que estás teniendo éxito? (Autoevaluación).

4. De todo lo que has descubierto sobre tu plan o proyecto, decide cuál es el próximo paso. ¿Qué harás mañana? ¿Qué harás la próxima semana? Sé específico.
Ejercicio
La matemática personal o la autoestima continua
Aprendimos las matemáticas de una forma tan impersonal que el título de este ejercicio puede resultar extraño. La matemática fue tratada como algo tan objetivo que parece casi profano utilizarla para uno mismo. No obstante, muchas personas han encontrado útil el siguiente ejercicio. Este resulta especialmente útil cuando necesitas hacerte feliz a ti mismo.

1. Suma lo positivo. Suma lo que te hace a ti una persona feliz, inteligente, linda, poderosa. Añade tu forma particular de ser exitoso o humano. Sé preciso y haz una lista como si fueras tu propio abogado.

2. Resta lo negativo. Haz una lista de todo lo que no sabes, no has sido capaz de hacer, no has querido hacer o que no haces muy bien. Conserva esta lista para el punto siguiente.

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3. Divide lo negativo que quieres mejorar. Algunos puntos tratarás de lograrlos en este primer trimestre; otros, en seis meses; otros, nunca. Puedes también dividir lo negativo delegando, compartiendo o negociando con otros más capaces o con más conocimiento en estas áreas. Así como divides las actividades en el tiempo para reducir el estrés, busca dividir el peso o carga con otros más capaces que tú.

4. Multiplica los cumplidos. Haz una lista de por lo menos siete elogios que hayas recibido. Sé preciso. Entonces léelos en voz alta, escucha bien sin dudar o criticar el juicio de la persona que te lo hizo. Visualízalos, repítelos de memoria, siéntelos y si quieres actúa en consecuencia.

Toma este ejercicio en serio y practícalo. El proceso matemático puede mejorar tu estado de ánimo y aumentar tu autoestima.



NOTAS
1. Ver la entrada «cause» en Webster's NewWorld Dictionary. Second College Edition, New York, Simón y Schuster, 1982.

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CAPÍTULO 3


DAR SIGNIFICADO A TU MUNDO
LA INTELIGENCIA ASOCIATIVA
La inteligencia asociativa no es lo opuesto a la inteligencia racional ni el sustituto del pensamiento racional. Son procesos gemelos de pensamiento. La inteligencia racional hace conexiones de manera secuencial y la inteligencia asociativa las hace sin tomar en cuenta la secuencia. En ciertos casos, razonar es apropiado, en otros casos asociar es lo apropiado. Ambas inteligencias son esenciales para la mente pensante. Una persona puede necesitar ser extremadamente racional al seguir instrucciones en el computador, manejar dinero o en los asuntos personales que requieran exactitud y conclusión. La misma persona puede necesitar ser extremadamente asociativa al encontrarse por primera vez con una persona, y esto requiere encontrar de un solo vistazo algo que le agrade, expresarlo y así comenzar a relacionarse.

Cuando utilizamos el pensamiento asociativo, establecemos conexiones con personas, lugares, ideas, objetos, colores, conceptos. Al estar libres para dar ojeadas rápidas sin estar restringidos por la causa y el efecto, no tenemos necesidad de calcular o medir, juzgar o llegar a conclusiones. Estamos libres para iniciar un viaje de descubrimiento.

Edward de Bono pasó a través de las barreras del pensamiento racional con su revolucionario libro titulado El pensamiento lateral1. Él describió el pensamiento racional, lógico, como pensamiento vertical ofreciendo una imagen apropiada para los procesos secuenciales y lineales implícitos en dicho pensamiento. De Bono denominó «pensamiento lateral» al proceso de asociar, inventar y crear. El pensamiento lateral se convirtió en la base de los entrenamientos en creatividad y expansión mental enseñados en las áreas de negocios y de educación en todo el mundo. El proceso más popular que surgió de allí fue el de la «tormenta o lluvia de ideas»: la reunión de todas las ideas

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sin permitir interrupciones por crítica, oposición o explicaciones. Cuando la gente trabaja con «lluvia de ideas» no discute ni considera la causa de sus ideas o posibles efectos de las mismas, simplemente ofrece sus opiniones y pensamientos sin explicaciones. Los que escuchan no argumentan con ideas, sino que continúan ofreciendo más ideas. Las investigaciones recientes sobre el cerebro escindido apoyan la propuesta hecha por de Bono acerca del pensamiento lateral, de la misma manera que las inteligencias asociativa, espacial e intuitiva propuestas en este libro complementan su trabajo.


LAS CONEXIONES LIBRES Y LA PERCEPCIÓN DIRECTA
Mientras el pensamiento racional procede paso a paso hacia la meta, el pensamiento asociativo da un salto a lo desconocido, con la esperanza de un descubrimiento, pero sin un procedimiento fijo en mente. Como decía una amiga, Mary Marcellus, el pensamiento asociativo es como «un planeo» en total despreocupación.

Sin límites o definiciones, es difícil comunicar o asegurar la utilidad de este proceso. ¿Es posible hacer este proceso eficiente? ¿Es posible fijar las alas de una mariposa? No, pero puedes ver el contorno de su vuelo. Tú puedes dejarte ir libremente hasta que descubras que tu mente está saltando de una conexión a otra, de una idea a una forma, a un color. Podrías llamar a este proceso como de «pensamientos incompletos», ¿o son ojeadas, vistazos que eliges no completar por miedo a perder lo dinámico y original de tu perspectiva?

La creatividad y el descubrimiento dependen de la libertad para hacer conexiones al azar, y las requerimos para asistirnos en un proceso de creación. En el pensamiento asociativo, construimos significados uniendo vistazos, yuxtaponiéndolos, hasta que en su riqueza, sus matices y sutilezas, éstos adoptan un nuevo significado. La yuxtaposición, la sutileza, el matiz y el azar son las herramientas del artista, del poeta, tal como se ve en los cuadros de Chagall o de Picasso, en poemas o en cualquier otra forma reconocida como arte. Ahora podemos reconocer estas características como básicas en la inteligencia asociativa; ellas están a la disposición de cualquier persona y no sólo del artista.

La percepción directa, otro elemento de la inteligencia asociativa, es la habilidad para presentar cualquier concepto, nombre o imagen desligado de su asociación con la realidad que está frente a nosotros. Su propósito explícito

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es el de frustrar la percepción ordinaria. Nos ofrece la libertad para eliminar cualquier etiqueta preestablecida. ¿Cuál es el beneficio de esta capacidad? Sin etiquetas, somos capaces de mirar a las cosas y percibirlas directamente, dándonos cuenta o asociándolas con cualquier aspecto de su realidad. Nuestra creatividad y deseo quedan al mando, y no las etiquetas ni las suposiciones o convencionalismos previos. Estamos libres para asociarnos continuamente con aspectos de la realidad en relación con nuestra percepción, nuestro deseo y creatividad.

Por ejemplo, una tP es una w antes de ser una man-za-na. También percibimos directamente el «uno» de algo antes de poder sustituirlo por el símbolo matemático «1». Toda palabra o número es un símbolo que indica algo con existencia propia. La experiencia de los símbolos reemplaza a la experiencia de la percepción directa. La inteligencia racional trata principalmente con los símbolos verbales y matemáticos los cuales son siempre secundarios o derivados de la experiencia directa. La inteligencia asociativa nos permite relacionar los símbolos o asociarnos directamente con el objeto o la persona.

La percepción directa abre la puerta a todos los procesos del hemisferio derecho, porque percibir directamente significa estar libre de etiquetas, conclusiones y conceptos que resultan del proceso analítico del hemisferio izquierdo. En palabras de la psicóloga norteamericana Jean Houston: «El concepto daña la percepción»2. Cuando no estamos atados al concepto, estamos libres para entrar en la percepción directa; podemos desligar a la forma de su etiqueta, permitiéndonos así la riqueza de asociarnos con la forma desde perspectivas diferentes.

En la inteligencia asociativa nada es irrelevante; nada depende de la secuencia, del orden, de la forma o del concepto. No estamos atados por causas y efectos. No entramos en comparaciones, en opuestos, en dualismos o en pensamientos críticos. Vemos la complejidad de lo existente antes de relacionarnos con el símbolo aceptado y decidimos dónde enfocar dependiendo de la dinámica de nuestra conexión.

Los aspectos claves de esta inteligencia son la percepción directa, la dinámica, las conexiones múltiples y el descubrimiento. Así como la habilidad de preguntar «quién, qué, dónde, cuándo y cómo» es esencial en la inteligencia racional, hay tres destrezas esenciales en la inteligencia asociativa:

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1. La habilidad para inhibir conceptos, etiquetas y conclusiones, y así poder entrar en la percepción directa.

2. La habilidad de procesar libremente, haciendo conexiones sin referencia a causa, efecto u orden preestablecido; la habilidad de buscar al azar entre los pensamientos e imágenes por medio de una continua libertad mental.

3. La habilidad de ligar y yuxtaponer asociaciones, conectar, asociar y relacionar de diferentes maneras y caminos, con el fin de arreglar las formas en varias composiciones.

Lo importante de la inteligencia asociativa en relación con las realidades que percibimos es que podemos hacer tantas asociaciones y tantos descubrimientos como deseemos.
DARLE SIGNIFICADO A LO QUE TE RODEA
En un proceso de percepción directa, nuestro medio ambiente continúa abriéndose ante nosotros. Enfocamos o nos asociamos con aquello que consideramos más significativo. Le damos o no le damos significado a lo que nos rodea. Podemos otorgarle significado a los objetos, a las personas, los animales, las plantas, los árboles, a toda cosa viviente o no viviente. Depende de nosotros usar este proceso de asociación para crear un medio ambiente amigable alrededor de nosotros.

Esto no significa que nacemos en un medio ambiente hostil, sino que nacemos en un medio ambiente impersonal en el cual, el significado de lo que nos rodea es asignado por nuestra cultura, por otras personas que estaban allí antes que nosotros o que ahora conviven con nosotros tal como lo es nuestra familia. La asignación de significados y etiquetas al medio ambiente les fue sin duda útil a ellos. Ahora nosotros debemos descubrir el significado para nuestras vidas o encontrar nuevos significados que sean amigables o beneficiosos para nosotros personalmente. Tenemos que convertir nuestra herencia de un medio ambiente impersonal en un contexto personal que vibre de significado e interés para nosotros. Y es a través del proceso asociativo que vamos gradualmente dándole significado a todas las diferentes áreas de nuestra vida.

El área de la naturaleza. Puedes asignarle significado a todo el mundo natural —y en efecto debemos hacerlo si pretendemos desarrollar una relación amistosa y participativa con la naturaleza—. Aunque el árbol de tu jardín pertenece a una clasificación denominada árbol, para ti puede ser el gigante

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enorme que le da sombra a tu casa y que al verlo te recuerda que «estás llegando a casa». Este significado puede acompañarte toda tu vida.

Las conversaciones. Si en conversaciones en la casa o en reuniones de oficina tiendes a aburrirte, puede ser que estés esperando por la conclusión de lo que los otros están diciendo, en lugar de asociar lo que dicen con tu propia vida. El proceso asociativo te concede libertad para acercarte a lo que te interesa y buscar el significado que ello tiene en tu vida. Entonces, si lo deseas, haz asociaciones con todo lo que te rodea, para que el ambiente se convierta en una fuente de recursos activos para tu vida.

La religión. También puedes utilizar la inteligencia asociativa para darle significado a tu religión. La iglesia o el templo no están hechos sólo de piedra sino de todos los sucesos que tú has vivenciado allí y valoras lo suficiente como para recordarlos. La estatua de la Virgen María no está hecha sólo de yeso y pintada de azul y blanco, sino que está allí, de pie ante ti, para inspirarte con tus asociaciones acerca de la feminidad, y la bondad. A medida que te asocias con su bondad u otras de sus características, ella se vuelve más cercana a ti y su significado se profundiza en ti. Por lo tanto, una estatua de piedra puede convertirse en una guía para tu vida por medio de tu inteligencia asociativa activa. Es tu cerebro, tu enfoque en las asociaciones, el que la convierte en algo significativo para ti.

La oficina. El computador en tu oficina puede ser un frío cajón gris frente al que estás obligado a sentarte. O puedes convertirlo, con tu proceso asociativo, en un mago que aparece al toque de la punta de tus dedos. Repentinamente aparece frente a ti ese lenguaje que, segundos antes, estaba escondido profundamente en tu cerebro. Era difícilmente visible para ti mismo, sin hablar del público que lo verá tan pronto como el mago lo deje pasar a través de las manos de su asistente favorita, la impresora.

El cuerpo. Este proceso de asociación no tiene fin, es un proceso de convertir algo aparentemente impersonal en algo nuevo y rico en significado para tu vida personal. Considera tu cuerpo, ese contexto personal en el cual vive tu poder de concentración. Puedes darle nuevos significados a las partes de tu cuerpo, aun cuando ya han sido previamente definidas y clasificadas. Tu mano derecha puede ser, por ejemplo, una mano de carne y hueso o puede tomar un significado más amplio si la asocias con tu actuar en el mundo consciente. Tus pies pueden ser pies o pueden «estar de pie» en el mundo. Michaeleen Kimmey, terapeuta y sanadora de Hartford en el estado de Connecticut, Estados Unidos, y cuyo libro sobre el mapa del cuerpo está en proceso, ha dibujado asociaciones para cada una de las partes del cuerpo. Tú puedes hacer tu propio

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mapa corporal relacionando las partes de tu cuerpo, bien sea a sus funciones físicas naturales o a cómo dichas partes interaccionan con el mundo.

Sólo necesitas entender que esas asociaciones constituyen tu propio lenguaje, el lenguaje que tu cerebro ha decidido utilizar en relación a tu cuerpo. Esto no es nada misterioso. Es tu cerebro, y no el de otro, el que está estableciendo las etiquetas y esto puede permitirte estar más alerta a las señales de dolor o de emoción. Este proceso de asociación e interpretación no excluye el proceso convencional de etiquetar y de interpretar del médico. Es más bien un proceso adicional que puede ponerte alerta al lenguaje de tu cuerpo antes de que te sea necesaria la ayuda profesional de un médico. Haciendo asociaciones con tu cuerpo, estimulas y enriqueces la relación mente-cuerpo.

El planeta. Este mismo proceso de asociación activa es el que nos inspira a mirar hacia la luna y las estrellas en busca de orientación y guía para nuestro diario vivir. Las partículas de luz y la gran esfera blanca que ilumina nuestra tierra por la noche, han iluminado por siglos la mente de hombres y mujeres. A lo largo de la historia y en todas las culturas, el sol y la luna, el cielo y la tierra, lo finito y lo infinito, han inspirado asociaciones humanas registradas en diversas formas de arte y religión. Ahora la imagen de un planeta azul-verdoso suspendido en el espacio nos llama a establecer nuevas asociaciones, así como a la unión de asociaciones provenientes de diversas culturas.

Existen muchos tipos de historia: la historia de las naciones, de las culturas, de las guerras, del arte y de la ciencia. Los arquetipos son historia registrada por medio de las personas más que a través de los eventos. La conexión con los arquetipos por medio de la inteligencia asociativa nos permitirá llegar más allá de nuestra cultura particular para lograr un mayor aprecio por la vida en este planeta. Los arquetipos son historia humana, una historia grabada a través de la forma humana y, por lo tanto, disponible a nosotros como un recurso humano.

Los arquetipos son configuraciones de energía derivadas de la experiencia de grandes culturas que capturaron la esencia de la energía vivida a lo largo de la historia humana. Son patrones permanentes de asociaciones registrados y mantenidos a lo largo del tiempo que ahora están a nuestro alcance para guiarnos. En las obras de Joseph Campbell y Jean Houston, filósofos y psicólogos líderes en el campo de la mitología y la historia, encontramos registrados los arquetipos o figuras sabias más importantes extraídas de las culturas orientales y occidentales de Grecia, Egipto, India, China, Indonesia y de los pueblos indígenas del mundo. Depende de nosotros seleccionar arquetipos para nuestra información y enriquecimiento. ¿Con cuáles nos identificamos? ¿Vamos a aprender de Isis de Egipto, de Perséfone de Grecia o del Coyote de

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los Indios Americanos? Podemos permitirnos asociarnos y ser enriquecidos por arquetipos femeninos tan diversos como Deméter, Gaia, y la Mujer Búfalo Blanca; por las energías masculinas de Zeus y Job, Merlin y Parsifal, el amor compasivo de Kwan Yin y Buda, el amor seductor de Afrodita y Krishna o el intenso amor humano de Jesús.

Como representantes históricos de la energía de nuestro planeta, los arquetipos pueden servirnos como guías para alumbrar nuestro camino hacia el futuro y ayudarnos a evitar errores ya cometidos a lo largo de la historia humana. Eventualmente tendremos una historia de los arquetipos de todos los continentes. Las grandes historias y las figuras sabias del mundo estarán entonces a nuestro alcance, para asociarse con ellas sin importar el lugar del planeta en el que nacimos. No reemplazarán a la riqueza de la propia herencia, sino que nos ofrecerán la posibilidad adicional de asociarnos con las vibraciones más finas de toda la historia. Ambas, la historia local y la planetaria, estarán a nuestra disposición para enriquecer nuestra perspectiva.

La ciencia. ¿Puede ser útil la inteligencia asociativa para la ciencia? ¿Por qué dejar a un lado conceptos, conclusiones y definiciones a favor de percepciones directas? ¿Por qué desmembrar una realidad tal como ha sido convenida y construida a lo largo de siglos? La respuesta es la siguiente: para penetrar de nuevo, para entrar en la novedad con el fin de lograr mayor comprensión y nuevos descubrimientos. La invención viene de una nueva hipótesis, de una nueva manera de ver las cosas. El matemático francés Jules Henry Poincaré nos ofrece un excelente ejemplo:

Durante quince días me esforcé para probar que no podían existir ningunas funciones como las que más tarde llamé funciones fuchsianas. En aquél entonces yo era muy ignorante; cada día me sentaba a mi mesa de trabajo, permanecía allí por una hora o dos, ensayaba un gran número de combinaciones y no lograba ningún resultado. Una noche, contrariamente a mi costumbre, me tomé un café negro y no podía dormir. Las ideas surgieron por multitudes; las sentí chocar hasta que los pares se entrelazaron, por así decirlo, formando una combinación estable. Al llegar la mañana siguiente, ya yo había establecido la existencia de una clase de funciones fuchsianas..., sólo me quedaba escribir los resultados, lo que me tomó tan sólo unas pocas horas3.

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Al sentarse en su mesa de trabajo todos los días, Poincaré se mantenía en su vieja o habitual manera de ver las cosas. Al cambiar su rutina, entró en una nueva forma de ver en la que «las ideas surgieron por multitudes» y las sintió «chocar» -una descripción excelente de la inteligencia asociativa-.

El científico muy a menudo llega a una hipótesis por medio de la exploración de múltiples conexiones, conexiones libres o saltos cuánticos, más que por medio de secuencias cuidadosamente construidas. La hipótesis es una conjetura hasta que es verificada posteriormente. El científico debe buscar en lo desconocido, atrapar vistazos, arreglar y yuxtaponer esos vistazos tal como lo hace el artista. El viaje hacia la hipótesis es la asociación libre. Desde luego, los científicos sólo reportan hipótesis que ellos son capaces de verificar. Raramente oímos acerca de las teorías científicas que no han sido comprobadas. El pensamiento asociativo es terreno común para el artista y para el científico. Es verdaderamente útil para todo pensamiento creativo, sin importar la profesión.

La educación. Deploro la ausencia de la enseñanza de la inteligencia asociativa tanto en las escuelas como en las universidades. Recuerdo a un joven estudiante que acudió a mí después de que la universidad le pidió que no regresara a cursar su segundo año. Roberto, el estudiante, no era ni artista ni poeta, deseaba ser ingeniero. Si bien un ingeniero necesita la capacidad de visualizar espacialmente, la universidad requería además un amplio conocimiento de la Matemática, y un fuerte dominio del pensamiento racional. Roberto tartamudeaba: tenía mucho más que decir de lo que podía expresar secuencialmente en palabras. Indagando un poco más, descubrí que Roberto tenía otras características, propias del hemisferio derecho: la capacidad de dar amplios vistazos, un sentido de atemporalidad, el amor por la religión, el deseo de ver el todo antes de inclinarse a estudiar las partes. Elaboré, para trabajar con él, una serie de técnicas de estudio para el hemisferio derecho, bien diferentes a las técnicas de estudio enseñadas a Roberto o a cualquier otro estudiante hasta ese momento. Después de haber obtenido la autorización para regresar a la universidad condicionalmente, en período de prueba, Roberto terminó el año ganándose un puesto en la lista de sobresalientes del Decano. Creo que muchos de los fracasos en las escuelas y universidades podrían revertirse, si existiera una comprensión clara de esta inteligencia en las mentes de los estudiantes, de los maestros y profesores.

¿Cuáles son esas destrezas de estudio para el hemisferio derecho?

1. Mira o «lee» cualquier gráfico, ilustración, dibujo o foto, antes de comenzar a leer las palabras.

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2. Lee y aprende cualquier material que aparezca en recuadros o cualquier cita impactante.

3. Establece tus propias conexiones entre la ilustración y el texto.

4. Comienza por el final, no por el principio. Apréndete el resumen visualizándolo en la pantalla de tu mente. Entonces actívalo y dale vida relacionándolo con tu propia experiencia para poder recordarlo luego.

5. Después de leer el texto de una página o columna, visualízalo antes de continuar y descubre cómo asociarlo con algo que ya sabes o conoces.

6. Haz conexiones entre tú mismo y lo que ves u oyes en la clase. Recuerda que las instrucciones pueden ser dichas sólo secuencialmente y depende de ti visualizar lo que te están diciendo. Ayuda mucho verificar posteriormente si comprendiste lo expuesto en clase.

7. Siéntete cómodo al hacer asociaciones libres. Por ejemplo, comienza tu acción de estudiar donde te plazca, salta alrededor y dentro del texto, en vez de obligarte a proceder secuencialmente.

8. Participa en clase tomando la iniciativa de intervenir antes de ser interrogado. Así puedes disponer de tiempo para preparar tu propia respuesta haciendo conexiones en tu mente, en lugar de ser obligado a responder sin el beneficio de un tiempo para reflexionar.

Ofrezco estas sugerencias como explicación del éxito de Roberto y no como un listado completo de destrezas de estudio para las personas con tendencia del hemisferio derecho. Lo que se necesita es un curso completo sobre técnicas de estudio aplicables por el hemisferio derecho en todas las escuelas y universidades para que los estudiantes puedan sentirse más libres de guiar sus mentes en la forma como les sea más natural y fácil para trabajar.

Podemos igualmente aprender que no es cuestión de utilizar uno solo de estos procesos, sino más bien la posibilidad de contar con procesos mentales gemelos, la inteligencia racional y la inteligencia asociativa socios equivalentes en el proceso de pensar y aprender.

Esto es crucial para aquellos niños etiquetados como «discapacitados para aprender». Mi experiencia con estudiantes de edades entre seis y doce años indica que muchos estudiantes ingresan a primer grado con grandes capacidades en el hemisferio derecho y débiles capacidades en el pensamiento secuencial. Tienen dificultades para clasificar en categorías y con muchos otros procesos requeridos para el aprendizaje de la lectura y la matemática.

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Por otra parte, en su arte y sus acciones, sus mentes están llenas de ricas imágenes, quizás demasiado ricas para ser colocadas en un orden secuencial. ¿Son incapaces? o ¿son meramente más fuertes en las capacidades del hemisferio derecho las cuales no están incluidas ni en el curriculum ni en la enseñanza de la escuela básica? Yo creo que hemos creado «la enfermedad» de la dislexia y de las dificultades de aprendizaje por la estrechez del curriculum y la exclusión de capacidades del hemisferio derecho desde los primeros años escolares. ¿Será el estudiante el incapaz, o será que la escuela es incapaz de ponerse al día con las investigaciones recientes acerca del cerebro?

En la Escuela Experimental Mead para el Desarrollo Humano que fundé con la ayuda de muchos otros en Greenwich, Connecticut, Estados Unidos, se les ofrecía a los estudiantes arte, música y otras materias, para su elección, desde el primero hasta el sexto grado. Aunque se les recordaban «sus obligaciones» de lectura y matemática, se les permitía pasar más tiempo en deportes y arte, si ellos escogían hacerlo así. Al final del quinto grado, todos los alumnos estaban nivelados y algunos llegaban hasta estar tres años por encima del nivel del grado. Basada en esta experiencia, pienso que podemos eliminar la etiqueta «dificultad de aprendizaje», ofreciendo a los estudiantes la oportunidad de escoger materias que favorezcan el hemisferio derecho, mientras que al mismo tiempo, mantenemos ante ellos la necesidad de completar tareas en el izquierdo. Al obligarlos a ir directamente al hemisferio izquierdo cuando es su lado más débil, estamos creándoles la dificultad de aprendizaje. Durante los primeros años, deberíamos reforzar la tendencia mental más fuerte en todos los estudiantes, ofreciéndoles tareas y materias para ambos procesos, el del hemisferio izquierdo y el del derecho.

¿Puedes imaginar cómo serían nuestra educación y nuestra sociedad si el desarrollo del hemisferio derecho fuese igualmente exigido en nuestras escuelas? Imaginemos que fuera tan importante escribir poesía como escribir párrafos; tan esencial observar y experimentar con los seres vivos de la naturaleza como la capacidad de leer textos de ciencias; tan importante el arte como la matemática; tan importante hacer trabajos espaciales en geometría básica como trabajar en computación; tan importante tomar fotografías y dibujar, como leer libros; tan necesario hacer asociaciones libres no secuenciales como hacer conexiones de tipo secuencial. ¿Cuánto hemos perdido, como cultura, por no enfatizar el desarrollo de ambos hemisferios?

Las relaciones humanas. Finalmente, la inteligencia asociativa es la forma de inteligencia que yo creo necesitamos si vamos a relacionarnos mejor unos con otros como seres humanos, si es que alguna vez vamos realmente a

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lograr una sociedad más humana más que una simple sociedad compuesta por humanos. Nuestro pensamiento racional con su énfasis en las conclusiones y su requerimiento de una duda y cuestionamiento continuos está inhibiendo el desarrollo de una sociedad más humana.

Cuando alguien que te es presentado por vez primera trata de comprenderte añadiendo esto y lo otro o peor aún, resume lo que es aparente en ti y concluye que ya te conoce, tú, ¿cómo te sientes? ¿No sientes profundamente dentro de ti que eres mucho más complejo que cualquier resumen que alguien pueda hacer de ti? ¡Solamente tú puedes conocer tu propia complejidad! Cuando intentamos compartir nuestras conclusiones acerca de cada uno de nosotros, las fallas en la comunicación se vuelven inevitables. ¿Quién puede sumar, restar, analizar las partes de un campo en constante movimiento como es el ser humano, un campo de energía constituido por billones de células? Con el pensamiento racional hemos aprendido a identificar algunas partes de la persona, hemos aprendido a resumir esas partes, y luego a proceder a criticar y dudar. «¿Será verdad que ella es así.,.? Aunque ella sabe esto, probablemente no será capaz de hacer esto otro...».

Con el pensamiento racional, tenemos la tendencia a creer cada vez que conocemos a alguien que la experiencia es completa: «Sí, conocí a una persona que es así, que hace tal cosa..., creo que podría... o debería...». Creemos conocer a esa persona, cuando lo que conocemos realmente son solamente sus características más obvias. Más aún, nuestro entrenamiento mental racional nos predispone a criticar, dudar y concluir. La conclusión es un juicio y una trampa mental que limita severamente nuestro viaje de exploración y descubrimiento del otro ser humano.

Considera esta alternativa: el uso de la inteligencia asociativa con los otros seres humanos. ¿Cómo comenzar? A medida que te encuentres mirando a otro ser humano, registras una vasta área de movimiento, una posibilidad sin fin de descubrimiento, billones de células. Alguna energía del otro es evidente, otra está oculta, disponible sólo por vistazos. Pregúntate a ti mismo, qué puedes encontrar allí que te agrade. ¿Qué te gusta? ¿Qué puedes intuir? ¿Con qué puedes relacionarte? ¿Qué es lo que te afecta, te conmueve, te emociona, te interesa y enciende la chispa de tu curiosidad? Miras a la otra persona buscando lo que te intriga de ella. No puedes conocer al otro, medirlo, comprenderlo de verdad, pero sí puedes captar una ráfaga de él. ¿Qué hay allí? ¿Qué está pasando? Tus ojos, tus oídos, tus sentimientos, tus hemisferios cerebrales están todos despiertos en este viaje de descubrimiento, el cual comienza con una conexión, con un eslabón. Comienza

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con algo que te guste, como una blusa bonita, unos ojos oscuros, una idea expresada, algo bien hecho, la amabilidad o la sensibilidad de la otra persona. El proceso continúa mientras tú expresas lo que está pasando dentro de ti y entonces le das tiempo a la otra persona para responderte. Los dos van y vienen como en un relevo, relacionándose primero uno, luego el otro, en continua conexión.

Cuando concluyes o cierras tu mente a lo que está sucediendo, pierdes este proceso de conexión. Puedes continuar una relación cuando encuentras nuevos aspectos que te interesan, que te emocionan o que aprecias en el otro. Solamente tienes que expresarlos y esperar una respuesta, para continuar explorando la relación.

El asunto no está en qué tipo de persona es alguien, sino cómo será tu relación con ella. El punto tampoco es si la otra persona es tediosa o interesante, sino en cómo están juntos. ¿Cómo es la energía o la comunicación que emerge entre ustedes? ¿Será la comunicación entre ustedes una comunión agradable o bloqueada, plena o mínima, de alta calidad o con interferencias? Comiencen el contacto con un proceso de asociación y sigan su comunicación buscando asociaciones, buscando maneras de relacionarse el uno con el otro.

Tú y yo queremos ser percibidos directamente, con una percepción fresca; no queremos ser categorizados, comparados, resumidos. Lo que nos encantaría es que la otra persona se enlazara con algún aspecto que le agrade, que disfrute, que le interese o le despierte la curiosidad. Queremos unas conexiones precisas a medida que nos exploramos el uno al otro.

Lo que me entusiasma y lo que estoy tratando de promover es lo conectivo de la vida. Lo que estoy proponiendo con la inteligencia asociativa es que la comunicación se vuelva exploración y descubrimiento. Lo que yo deseo es alcanzar, acercarme y asociarme con cualquier aspecto que me interese de otro ser humano. Lo que me emociona es que al entrar en el pensamiento asociativo, tengo a mi disposición un proceso para explorar, descubrir, hallar algún aspecto que pueda apreciar de cada ser humano. Cuando estoy con otra persona, ando buscando algo que pueda disfrutar de él. De este modo el contacto con todo ser humano se torna exploración y descubrimiento. Asociar —nótese el contenido social en la palabra misma— es un proceso mental necesario para incrementar nuestras conexiones humanas dentro de la sociedad. Con esta herramienta, puedo apreciar algo de todo ser, de toda cosa. Yo no viviría más en este mundo sin ella. Con ella, me siento a salvo y capaz de encontrarme con cualquier persona, de ir a cualquier sitio.

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En términos de poder personal, nada me ha calmado más, ni me ha hecho sentir tan segura, ni ha sido tan gratificante en mi vida como saber que estoy en un continuo viaje de descubrimiento, no sólo de mares y montañas, sino de personas. ¡Cada persona es un viaje! Cuando mi pensamiento racional va directo al ataque, directo a juzgar qué le falta a la otra persona, no tengo que llegar a ninguna conclusión, ni separarme de ella ni destruirla. Sólo tengo que desplazarme de mi pensamiento crítico racional hacia un proceso asociativo, buscando lo que me gusta, lo que aprecio de esa persona. Una ojeada bastará. Enfoco en la persona, elaboro, expreso y comienzo a conectarme en un proceso de asociación que es agradable. Esto fue expresado sucintamente, en un taller realizado en Venezuela, cuando alguien repentinamente exclamó: «¡Quieres decir que no tengo que comprar todo el paquete!». En efecto, puedo amar los destellos del otro que realmente me gustan y dejar el resto. Los primeros pasos hacia el amor se toman con la inteligencia asociativa.

Como ya debe parecer evidente, siento que es de urgente necesidad entrenarnos en el pensamiento asociativo. Cuando sólo atendemos al pensamiento racional, el pensamiento asociativo se vuelve el don de los superdotados, el privilegio del artista, en vez de estar al alcance de todos.

Podríamos concederle libertad a todas las mentes al legitimar este libre proceso de asociar. Necesitamos legitimarlo y practicarlo durante nuestros años de formación, tan temprano y tan a menudo como practicamos nuestras estructuras secuenciales de frases y cómputos.

Pensar asociativamente es asociarme, unirme, relacionarme, conectarme, con cualquier cosa o persona con la que desee hacerlo. La libertad exquisita es la característica primaria de este proceso de pensamiento, tanto como precisión y orden son las características más resaltantes del pensamiento racional. La mayor aplicación del pensamiento asociativo creo que radica en su uso práctico para las relaciones humanas además de la creación científica y artística.

La inteligencia asociativa puede liberarnos para construir una cantidad increíblemente grande de puentes sinápticos, trayendo a la vida otras áreas no utilizadas de nuestra red neocortical. Estas nuevas conexiones incrementan nuestra inteligencia y nos proporcionan el primer paso al acceso del otro noventa por ciento de nuestro poder cerebral.

Ningún caso fue tan evidente como el caso de Andrés, un niño que comenzó el kindergarden en la Escuela Mead y que no aprendió a leer bien hasta llegar al cuarto grado. En sus primeros años, se destacó por su excelencia

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en arte, haciendo dibujos y composiciones complicadas en las cuales continuamente yuxtaponía formas y colores y creaba nuevas formas por medio de inventar asociaciones. También le gustaba estar en uno de los centros de la escuela, el centro del medio ambiente, donde se involucró en exploraciones y experimentos. Él amaba asociarse con cualquier cosa nueva. Cuando trabajaba espacialmente sea en el arte o en la ciencia, demostraba paciencia y creatividad. Cuando llegaba el momento de la lectura, tenía el deseo de hacerlo porque otros lo hacían, pero no tenía tolerancia. Aún cuando se le recordaba que la lectura era una necesidad, él se sintió protegido por su extraordinario desempeño en arte y ciencia. Ciertamente, en los primeros tres años, él se las arregló para enfermarse cuando llegaba el momento de presentar los exámenes finales.

Sin embargo, el cuento tuvo un final feliz. Andrés se las arregló para estar preparado adecuadamente, al nivel de su grado, cuando finalmente tomó los exámenes en el cuarto grado. Más tarde, a nivel de noveno grado, en una evaluación nacional efectuada por una oficina especializada en exámenes, Andrés calificó en el percentil 97 en comprensión de lectura a nivel de todo el país. Creo que su gran éxito se debió al desarrollo temprano de su inteligencia asociativa. Él asociaba todo espacialmente, lo cual debe haber aumentado vastamente el número de conexiones sinápticas. Más aún, debido a su éxito en arte y ciencia, nunca se consideró a sí mismo como estúpido. Con su alta autoestima, eventualmente se interesó en la lectura, y creo que para ese momento su altamente desarrollada inteligencia asociativa le permitió asociar fácilmente las palabras con los dibujos y luego las palabras en las frases y párrafos.

La clave del éxito de Andrés fue mantener alta su autoestima en sus primeros años por medio de la inteligencia asociativa, la cual le permitió obtener un éxito genuino a través del ejercicio mental de su hemisferio derecho. Sólo quisiera que este cuento pudiera repetirse en los tres primeros años de todas las escuelas nacionales. No hay razón para abusar de los niños al insistir que ellos demuestren la inteligencia secuencial del hemisferio izquierdo, en vez de la inteligencia asociativa espacial del derecho. Al dirigir la enseñanza a sus fortalezas, nosotros los estimulamos a que desarrollen su habilidad mental; al insistir sobre sus debilidades, les enseñamos debilidad. Desarrollan un temor a la lectura y las matemáticas y una autoestima baja, lo cual les impide tratar de lograr el aprendizaje.

Conocí a Luisa cuando ella tenía cuarenta años de edad, era la gerente de una oficina en la que trabajaban aproximadamente dieciocho personas,

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a quienes ella dirigía, y con quienes trataba de relacionarse todos los días. Estaba confundida con las acusaciones que ellos le hacían de ser demasiado fuerte y manipuladora. Se veía a sí misma como inteligente, interesada en el bienestar de su equipo, y razonablemente diplomática al hacer sugerencias. Cuando llegué a conocerla descubrí que había desarrollado su inteligencia racional como un medio de sobrevivencia en su niñez. Su madre había fallecido a muy temprana edad, el padre faltaba desde su nacimiento y sus hermanos vivían con familiares. No era sorprendente que ella tratara de controlar su medio circundante y todos los que estaban en él con sus habilidades racionales. Era una solucionadora de problemas y una gerente. Las posibilidades de establecer asociaciones amistosas, de usar la inteligencia asociativa, no formaba parte de su educación.

Cuando Luisa comenzó a darle tanta importancia a las asociaciones como le daba a la razón, comenzó a mirar a la gente de su oficina de una manera diferente. Conscientemente escribió lo que apreciaba de cada uno y comenzó a sentirse más cómoda con la gente, a su alrededor, le encontró significado a cada uno y el ambiente cambió. Personalmente, Luisa pasó de ser una persona tímida con una recia apariencia fuerte, a ser una persona que ahora se relaciona con facilidad.

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