Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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A pesar de toda la riqueza de esta lista, decidí basarme en mi propia experiencia con estudiantes, para seleccionar las siguientes características que considero básicas y suficientes para ilustrar las diferencias entre los dos hemisferios:




IZQUIERDO

DERECHO

Secuencial

Simultáneo

Lineal

Espacial

Lógico

Asociativo

de las partes al todo

del todo a las partes

Temporal

Atemporal

Lo que me interesa no es tanto la localización física de las características en un hemisferio u otro, como la existencia de las múltiples características que nos permiten el acceso a la totalidad de la neocorteza sin preocuparnos que sea izquierda o derecha. Antes de describir las cuatro inteligencias aso-

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ciadas con este cerebro, primero quiero describir las características de cada hemisferio para mostrar cómo éstas se relacionan con las inteligencias.
SECUENCIALIDAD Y SIMULTANEIDAD
Lo secuencial es la característica más obvia del pensamiento racional asociado con el hemisferio izquierdo. Hablamos secuencialmente, una palabra tras la otra. También intentamos el cómputo en forma secuencial, primero un número y luego el próximo. La secuencia es paso a paso. Es una sucesión donde cada operación precede a una y sigue a otra. En el pensamiento racional procesamos en una continuidad secuencial ligada por razones, causas y efectos. Intentamos concluir o cerrar un proceso antes de iniciar una nueva actividad: «Déjame terminar lo que estoy haciendo antes de pasar a lo que me pides».

Por contraste, la habilidad para procesar simultáneamente, abarcar la totalidad de un vistazo, captar en un abrir y cerrar de ojos, se asocia con el hemisferio derecho. La persona que tiene tendencia a procesar en este hemisferio, recibe vistazos de la realidad, percibe campos más y más amplios, reconoce instantáneamente, experimenta momentos de «¡ajá!», percibe el todo a la vez. En vez de preferir la exactitud, tiene una preferencia por la generalidad, por ir suavemente y tener vistazos; una preferencia por dejar el proceso abierto en vez de llegar a conclusiones y poner límites.


LINEALIDAD Y ESPACIALIDAD
Una persona que piensa secuencialmente, ve la realidad en forma lineal; en cambio, una persona que tiene tendencia a procesar en el hemisferio derecho, la ve en forma espacial. Nosotros usualmente escribimos linealmente mientras que los vistazos de pintores, escultores, poetas, músicos y artistas usualmente se presentan en el espacio interior. Las imágenes pueden estar elaboradas en el espacio exterior en pinturas o texturas o en las múltiples dimensiones del espacio conocidas como arte. También las imágenes son elaboradas en el espacio interior de la mente humana y esto sería el arte interior del soñar despierto, imaginar, visualizar, intuir, o las revelaciones que se nos dan en experiencias religiosas.

A veces nos sentimos más cómodos en el mundo del espacio, en vistazos interminables y otras, en la más estricta secuencia lineal, explorando con exactitud hasta llegar a un cierre o una conclusión.

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LÓGICA Y ASOCIACIÓN
La lógica, el enlace exacto de causa y efecto en el pensamiento racional, es la base fundamental de la civilización occidental. Es esencial a toda investigación y es la fundamentación de la ciencia y la academia. La lógica está en la semilla de nuestras instituciones. El pensamiento lógico es básico para la libertad política. Nos permite criticar y dudar de las generalidades de los conceptos y programas prometidos por nuestros políticos en su lucha por el poder.

La mayoría de nosotros tratamos de ser lógicos aunque ésta no sea nuestra tendencia, porque es el proceso mental dominante en nuestro entrenamiento intelectual y social. Utilizamos la lógica para defendernos en situaciones difíciles ya sean éstas profesionales, comerciales, familiares, sociales o políticas.

Por su parte, asociación es característica del hemisferio derecho. Asociar es la habilidad de hacer conexiones no de tipo secuencial sino de tipo fortuito: vuelos libres, saltos, relaciones hechas por gusto o tendencia, por preferencias, formas y matices. Asociar es relacionar con el propósito de que podamos permanecer abiertos a nuevas conexiones; o descubrir casualmente, deteniéndose a lo largo del camino, saltando obstáculos, yendo alrededor o más allá de cualquier cosa que parezca ser un procedimiento fijo. El lector puede identificar fácilmente estos procesos creativos, evocando la imagen de un artista o de un inventor. Sin embargo, bien podemos preguntarnos si este proceso creativo es exclusivo de los artistas o necesita estar a la disposición de todo ser pensante.

DE LAS PARTES AL TODO Y DEL TODO A LAS PARTES
El hemisferio izquierdo procesa parte por parte, seguro de que así llegará a la «totalidad». El hemisferio derecho quiere abarcar la totalidad, antes de entrar en las partes. Si consideramos lo infinito de la energía, es cuestionable que alguien pueda verdaderamente ver la totalidad: por esto la coloco entre comillas. Más bien, percibimos o vislumbramos totalidades más amplias que las partes más pequeñas, a las que estamos acostumbrados a percibir. Algunos percibimos primero una parte; otros primero una totalidad.

Por ejemplo, algunos leemos un libro capítulo por capítulo, confiados en que sólo así podremos llegar a captar su significado y lograr una conclusión. Pero hay quienes abren el libro en cualquier página o leen la conclusión

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antes de siquiera empezar el libro. Algunos podemos hablar pacientemente por frases hasta llegar a las conclusiones, otros nos aceleramos y tartamudeamos a medida que vemos vistazos y tratamos de pintar imágenes con nuestras palabras.

Algunos vemos el bosque, otros vemos los árboles. Algunos vemos el fondo, otros el primer plano. Algunos entramos en un salón y vamos mirando a las personas una por una; otros ven de un solo vistazo todo el salón y esto les es suficiente.

Una persona con predominio de su hemisferio izquierdo ve las partes primero y va construyendo una totalidad que para ella se llama «conclusión», «plan» o «sistema». Llega a la totalidad por medio de las partes, las cuales son denominadas «razones».

Una persona con predominio del hemisferio derecho percibe de un vistazo lo que para ella parece una totalidad y lo llamará una imagen, una panorámica, una revelación o también un sistema. El hemisferio derecho llega a las partes luego de haber enmarcado el todo penetrando o descubriendo las partes en un proceso aleatorio de descubrimiento y asociación.

Dentro de una misma familia, en una misma oficina, algunos prefieren el conjunto, el todo; y otros, las partes. Los conflictos surgen a menudo no por el contenido del problema, sino por la dificultad para lograr un acuerdo sobre cómo comenzar a tratar el problema. Algunos prefieren empezar enseguida con un detalle o una parte del problema, confiados de llegar poco a poco al final. Otros necesitan obtener una visión general antes de empezar a actuar.

Se pueden también generar conflictos cuando se pretende definir cuál de las partes es más importante para empezar a resolver un problema. De esta manera, una persona de hemisferio izquierdo podría perderse en definiciones y posponer la acción. Una persona de hemisferio derecho también puede generar un conflicto, cuando ve un todo y no quiere que el otro actúe hasta tanto vea la situación tal como él la ve: «Si ni siquiera ves el problema como yo, entonces, ¿cómo podemos empezar a solucionarlo...?».

Yo veo una parte que necesita atención inmediata; tú ves otras partes o ves «la totalidad» y no deseas que yo actúe hasta que perciba la situación como tú lo haces. ¿Qué viene primero, las partes o el todo? Si estás en desacuerdo, ¿tienes que seguir en un conflicto sin fin o sería posible que apreciaras el lente que el otro está usando?, ¿podrías aprender del otro o ser capaz de usar ambos lentes tú mismo? Mientras tanto, ¿podremos nosotros apreciar y utilizar la tendencia más arraigada del otro, ya sea ésta una preferencia por las partes o una preferencia por las totalidades?

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TEMPORALIDAD Y ATEMPORALIDAD


Algunos tenemos una visión cronológica de la vida separando la realidad en partes que llamamos: pasado, presente y futuro. Otros vemos todo como eternamente presente rehusando hacer distinciones de tiempo.

En el hemisferio izquierdo, la medida del tiempo es otro aspecto de lo secuencial. Imponemos secuencia a la realidad en forma de tiempo. Decidimos que hubo un ayer, hay un hoy y habrá un mañana. Mientras que el hemisferio derecho percibe en vistazos y establece su orden por medio del arte o las revelaciones de las religiones, el izquierdo quiere establecer el orden por medio del tiempo.

Aun dentro de la secuencia de un día, numeramos la hora: «Cierto, son las 4.20 pm». Primero esto, después aquello; ahora son las 6.00 pm, luego las 7.00, después las 8:00. En la semana, ciertamente es necesario saber que hoy es jueves para ver a alguien, para poder cumplir con nuestros compromisos sociales o para sentirnos seguros. El tiempo es una construcción social que nos ayuda ante las convenciones sociales. Fue, sin duda, inventado por el hemisferio izquierdo. En todo caso, el tiempo sólo existe en un proceso racional y secuencial. Para una persona con tendencias del hemisferio izquierdo, el tiempo es una realidad. Para una persona con tendencias del hemisferio derecho, la eternidad es la realidad.

Aquí nuevamente la preferencia o la indiferencia por el tiempo, puede ocasionar divisiones en una oficina o una familia. «Hay tiempo para todo» dice el hemisferio derecho de la esposa mientras se maquilla, cuando el izquierdo del marido sabe que faltan sólo diez minutos para que empiece la película para la cual compraron boletos. Algunos padres condenan a sus hijos por no actuar «a tiempo» cuando en realidad, un niño que viva predominantemente en su hemisferio derecho, percibirá como una tontería la solicitud del padre o más probablemente, ni siquiera captará la orden. Niños, e incluso algunos adultos de tendencia derecha, toman como inteligente su «soñar despiertos», porque dentro de su cerebro hay una plenitud y una riqueza de imágenes que los hacen sentir inteligentes. Hay para ellos un lugar donde el transcurso del tiempo no interrumpe ni puede intervenir en su procesamiento mental.

Incluso como intelectuales y religiosos discutimos sobre el origen del universo: evolución versus creación. El hemisferio izquierdo viendo la realidad a través de una secuencia de pasado, presente y futuro percibe al universo a través del lente evolutivo, mientras que el hemisferio derecho percibe la realidad como Un hecho de creación eternamente presente, la vida sucediendo toda-a-la-vez.

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¿Será que la existencia de dos hemisferios diferentes, es la causa real de la guerra mental entre los científicos y los religiosos? Ahora sabemos que el mismo cerebro puede percibir el cosmos a través de dos lentes diferentes. ¿Será posible crear la paz entre la religión y la ciencia con la aceptación tanto de la totalidad de la creación, como es propuesta por el hemisferio derecho, como de la secuencia de la evolución, como es percibida a través del hemisferio izquierdo?

Con todas estas características, tan opuestas como «las 12.00 en punto» y lo eterno, las partes y el todo, la lógica y la asociación, la línea y el espacio, la secuencia y la simultaneidad, ¿cómo es que todavía podemos vivir juntos y, además, manejar este dualismo dentro de nosotros mismos?

Hasta ahora, la comunidad humana ha existido más o menos en una guerra perpetua entremezclada con algunos períodos intermitentes de paz. Lo que parece verdad para una persona o una cultura no lo es para la otra. El individuo, solamente en circunstancias excepcionales, ha logrado una integración que refleje el gran potencial de la neocorteza.

La existencia de dos lentes tan diferentes a través de los cuales percibimos el mundo, ayuda a explicar nuestra oposición del uno contra el otro, tanto individual como socialmente.

Roger Sperry, sus colegas y los que los precedieron en las investigaciones cerebrales, nos han llevado a la posibilidad de una revolución del cerebro, en la que podríamos ampliar el territorio de la inteligencia al reconocer e integrar las diversas características de ambos hemisferios. Está en nosotros, los que pertenecemos al campo de las humanidades y el cambio social, de la educación y la salud, aceptar esta información como el reto de nuestro siglo.

Lo que propongo en este libro es que esas características opuestas de los dos hemisferios conformen las bases de cuatro tipos de inteligencia que tenemos en la neocorteza, que podemos aprender y enseñar del mismo modo como aprendimos la inteligencia racional. La secuencia, la línea, la lógica, las partes y el tiempo son características primarias de la inteligencia racional. La simultaneidad, el espacio, la asociación, el todo y lo eterno, son características primarias de tres inteligencias que he llamado: la inteligencia asociativa, la inteligencia espacial-visual o auditiva y la inteligencia intuitiva.

La práctica de cada una de estas inteligencias o procesos, como quieras llamarlos, te proveerá de una mayor cantidad de conexiones del tipo que buscas desarrollar dentro de tu propio cerebro y te dará una manera de comenzar a apreciar a quienes piensan de una forma diferente.



NOTAS
1. Ver Richard M. Restak, M.D, The Brain, Toronto, Bantam Books, 1984, p. 41; y The Human Body: The brain: Mystery of Matter and Mirtd, U.S. News y World Repon, Washington, 1981, p. 37.
2. Restak, The Brain, p. 247.
3. J.E. Bogen, M.D, «Some Educational Aspects of Hemispheric Specialization», Revista Dromenon, vol. 1. Nº 56, febrero, 1979.

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CAPÍTULO 2


EL CUIDADOSO PROCESO DE LA COMPRENSIÓN
LA INTELIGENCIA RACIONAL
La inteligencia racional ha sido aceptada no sólo como base de la civilización occidental sino también como sinónimo de la palabra inteligencia. En años recientes ha surgido una gran inquietud por la falta de pensamiento preciso en nuestra cultura y una potencial decadencia de la inteligencia racional. Muy a menudo fallamos al fundamentar nuestro pensamiento en razonamientos seleccionados. Yo creo que esta declinación de la racionalidad puede ser explicada por nuestro deseo de ser aceptados socialmente, de ser bien educados y amables, lo que podemos a menudo lograr utilizando frases un poco ambiguas, mezclando imágenes y sentimientos junto con pensamientos y evitando la exactitud requerida por el pensamiento racional.

Por lo tanto, creo que el pensamiento racional confronta grandes dificultades para expandirse en la sociedad moderna. La respuesta no está en volver al pasado en el que valorábamos sólo el pensamiento racional clásico. Es el pensamiento racional científico el que ha producido la información nueva acerca del cerebro, disponible hoy en la neurociencia. El descubrimiento de las diferentes características mentales involucradas en los hemisferios derecho e izquierdo de la neocorteza puede permitirnos distinguir más precisamente las características esenciales de la inteligencia racional. A medida que identifiquemos y entendamos los rasgos involucrados en los otros procesos -asociativo, visual e intuitivo— seremos capaces de ser más precisos con el proceso racional.


EL PROCESO
El proceso racional nos invita a hacer conexiones de tipo secuencial, lógicas y precisas, en contraste con el proceso asociativo que nos estimula a hacer conexiones más generales, de relación y aleatorias.

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La inteligencia racional es denominada de diferentes maneras: pensamiento racional, por su insistencia en proveer razones; pensamiento lógico, porque está basado en la conexión entre causa y efecto; y pensamiento crítico, por su énfasis en descubrir la diferencia crítica, lo que falta, por medio de un continuo cuestionamiento.

La inteligencia racional es la capacidad de ser exactos, de hacer conexiones detalladas, ordenándolas en un proceso secuencial en el que las razones substancian cada aspecto del procedimiento. Desarrollamos nuestro pensamiento razonamiento tras razonamiento, explicando paso por paso hasta llegar a una conclusión. Con el pensamiento racional observamos el efecto de cualquier situación, analizando las causas, buscándolas cada vez más profundas y específicas.

Relacionando la causa con su efecto inmediato, los pensadores racionales hacen conexiones de tipo secuencial hasta que cierran por medio de una conclusión y verifican el proceso, sometiendo los resultados a más pruebas de causa-efecto. De manera cuidadosa, secuencial, lógica, construyen su proceso de pensamiento hasta que alcanzan el entendimiento o la comprensión. Cada conclusión es entonces una invitación a abrir el proceso de nuevo, sometiendo la conclusión a nuevas dudas y cuestionamientos en una búsqueda insistente y continua de «la verdad». Para el pensamiento racional es necesario que cualquier conclusión se ponga en duda, en busca de la diferencia crítica que va a proveer el próximo paso lógico para proseguir la investigación. Por medio de la duda y el cuestionamiento, el pensamiento racional se vuelve un proceso dinámico y abierto que lleva a un descubrimiento continuo.

Cuando algo falta, los pensadores racionales están habituados a las famosas preguntas «quién, qué, cuándo, cómo, dónde, y por qué». Las respuestas que obtienen les ofrecen un análisis de la situación y les ayudan a una mayor comprensión de lo que están confrontando. Así comprenden los distintos aspectos del problema y desarrollan la habilidad para empezar a resolver la situación desde diversos puntos de vista.

La inteligencia racional permite que las personas se separen de la acción inmediata o de una reacción emocional ante un problema. Logran esa distancia por medio del ritual intelectual del análisis previo de todos los aspectos de una situación. El análisis les permite sentirse más cómodos con el problema y, a la vez, satisfechos de que están percibiendo y tomando en cuenta la complejidad de la situación.

El pensador racional se satisface por medio del análisis y la comprensión; con el análisis une todos los datos relevantes y los ordena de tal manera que logra un nuevo entendimiento del problema, una nueva comprensión.

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TRAS LA BÚSQUEDA DE LA CAUSA


El pensamiento racional asume que para cada situación existente hay una, varias o muchas causas. Si te sientes triste hoy, como pensador racional, empezarás a buscar la causa de tu infelicidad. ¿Será porque comiste mucho? o ¿será que tu amigo no te llamó anoche? o ¿porque tienes muchos días trasnochándote? o ¿porque no tienes un buen programa para este fin de semana?... Ante la misma situación, una persona con predominio del hemisferio derecho respondería rápidamente: «¡todas ellas!» o ni siquiera se daría cuenta o no se interesaría en las causas. Una persona más racional continuaría revisando una causa tras otra en busca de la causa principal.

Una causa es «aquello que produce un efecto o un resultado»1, de esta manera se entretejen causa y efecto. Si observas el efecto que está teniendo la malaria en la salud de la población infantil, procederás seguidamente a estudiar las causas de la malaria. Cada vez que observamos un efecto comenzamos a buscar la causa. La causa y el efecto son los gemelos lógicos. La lógica requiere que expliquemos ambos: «estoy haciendo esto porque...» y «el efecto de esto es...» o, «este efecto fue causado por...».

Una larga búsqueda de causas más exactas puede llevarnos a aislar un factor que consideramos hará «la diferencia crítica» en la resolución del problema. Por ejemplo, el factor crítico en la propagación de la malaria puede ser las aguas estancadas cerca de las viviendas. Aislar la diferencia o el factor crítico es crucial para iniciar la resolución del problema. También la diferencia crítica puede permitirnos potenciar un proceso de pensamiento y hacerlo todavía mejor.

A menudo, en nuestra vida personal, hemos utilizado el proceso racional para analizar y criticar y hemos olvidado el importante fenómeno de la acción. Continuamos criticándonos o criticando nuestra situación, desmenuzando el problema en pedazos cada vez más y más pequeños, cayendo en un análisis sin fin.

¿Qué puedes hacer después de que has analizado la conducta de tus hijos, cuando has desarmado tu habitación o desmontado el reloj y te encuentras contemplando las partes? ¿Qué harás para mejorar tu comportamiento o el de tus hijos? A menudo terminamos exhaustos, botamos el reloj, rodamos nuevamente los muebles hacia donde estaban, o terminamos rezando por nuestros hijos. A veces damos un pequeño paso adelante para ayudarnos a

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nosotros mismos o vamos donde el terapeuta con la esperanza de que otra persona vuelva a poner todas las piezas juntas.

Es triste que este proceso racional, que ha sido el origen y nacimiento de grandes filosofías y descubrimientos científicos, pueda dejar al individuo, aun a aquel que está preparado académicamente, en estado de desorden o conducirlo a un orden rígido, encasillante, carente de toda flexibilidad. ¿Qué será lo que estamos haciendo mal o no estamos haciendo? ¿Qué falta?
EL PROCESO RACIONAL COMPLETO
Lo que nos está faltando es la segunda fase: poner nuevamente todas las piezas juntas para obtener un nuevo resultado, una nueva solución.

Los científicos sí incluyen esta segunda fase en su ritual de exploración continua. Observan primero la situación, separándola en todas sus partes. Minuciosamente observan todos los datos, tal como lo presenta la Figura 2 en la primera fase. Entonces prosiguen a desarrollar nuevas soluciones o inventos, tal como lo ilustra la segunda fase.


Fig. 2. Las dos fases del proceso del pensamiento racional.
*Dirigirse al original para la revisión de la figura.*
Los intelectuales o aquellos que no están en el campo científico, frecuentemente se satisfacen con el análisis y la comprensión del problema; para ellos concluir es comprender. Ser crítico, saber lo que falta, es estar alerta, estar informado y ser capaz de comentar acerca de lo que se necesita.

Muy a menudo la comprensión involucra una falta de aprecio por la acción, sea consciente o inconscientemente. El intelectual suele creer que el análisis en sí y por sí solo es esclarecedor, y que entender el problema es suficiente. Sin embargo, captar una situación y ser capaz de verbalizar lo que falta puede ser una forma de esnobismo intelectual que nos limita a hablar de lo que falta, con poco interés por desarrollar soluciones o acciones alternativas. Parecemos estar satisfechos sólo con esta parte del proceso. Estamos

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contentos, e incluso somos arrogantes con nuestra capacidad analítica y crítica, la utilizamos con nosotros mismos, con nuestros hijos, nuestro gobierno, nuestras casas, nuestras vidas.

En contraste, un filósofo continúa y crea una nueva teoría, un nuevo todo a partir de las partes. Un científico continúa e inventa. En las empresas se ofrecen cursos de entrenamiento en la solución de problemas -en cómo encontrar una solución- poniendo las piezas juntas otra vez para lograr un nuevo todo, una nueva perspectiva. En la vida cotidiana, sin embargo, vivimos frecuentemente sólo con las piezas. Si continuamos criticándonos a nosotros mismos o a nuestra situación, nuestros fracasos o errores, fraccionamos nuestro mundo en piezas aún más pequeñas y tristes. Nos enredamos en una trama de análisis con la cual no llegamos a ninguna conclusión útil.

¿Habría tenido el científico tanto éxito o tantos logros sin esta segunda fase de invención incorporada a su entrenamiento? El proceso científico nos ha dado múltiples soluciones científicas y tecnológicas. Comparados con los científicos, los humanistas parecen estar en desventaja. Aún aquellos que desarrollan programas de intervención social son considerados como menos intelectuales y se da preferencia a la investigación y el análisis como representativos de ciencia pura. Se le da preferencia a la investigación pura por encima de la aplicada. ¿Será que los científicos saben que están de viaje por el camino del descubrimiento y que los intelectuales creen que su jornada es sólo de análisis? Soluciones, invenciones y acciones son tan necesarias para el humanista como para el científico.

Mi crítica al pensamiento racional -tal como es practicado en las humanidades- es que frecuentemente la segunda fase, la fase de solución, no se incluye en el entrenamiento académico. Desde el pre-escolar somos entrenados en la primera fase de la inteligencia racional, la del pensamiento crítico. Recordemos los cuadernos de actividades: ¿qué falta en este dibujo?, ¿qué objeto no pertenece a esta categoría?, ¿dónde está el error? Somos consistentemente enseñados a observar, a mirar las partes y ver lo que falta. A lo largo de 12 o 16 años de escolaridad, escribimos ensayos para analizar situaciones difíciles, encontrar lo que falta y concluimos con cuestionamientos sofisticados. No me opongo a esta mitad del proceso: es esencial. Me opongo a no estar expuestos, durante esos dieciséis años, a esa segunda mitad del proceso: a la solución, la invención y la construcción de alternativas.

El pensamiento crítico sin construcción de alternativas es destrucción sin creación. El pensamiento crítico es necesario pero no suficiente. Cuando encontramos la diferencia crítica —lo faltante— necesitamos proseguir hacia la

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creación de alternativas, buscarlas y probarlas en nuestras vidas humanas, y no cejar hasta que alcanzamos o inventamos una solución. Si vamos a separar en partes necesitamos ponerlas juntas nuevamente. Si vamos a destruir lo que existe, necesitamos crear algo nuevo. El proceso racional completo incluye las dos fases, las cuales involucran las mismas características. Dudamos sistemática y secuencialmente, uniendo la causa y el efecto a medida que fraccionamos el problema en diversos aspectos o en partes más pequeñas. Inventamos o construimos una nueva solución enlazando causa y efecto y construyendo secuencialmente en camino al logro de un nuevo resultado. Especificidad, exactitud, causa y efecto, secuencia, búsqueda, conclusión, duda e interrogantes, son todos elementos continuamente en uso tanto en la fase analítica como en la fase de invención del proceso racional.

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