Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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DE LA RUTINA AL RITUAL EN NUESTRA VIDA DIARIA
Creo que la práctica continua de la inteligencia de los parámetros es la que nos permitirá tener paz en nuestra vida diaria. Al practicarla podemos establecer rutinas que respondan a las necesidades de nuestra vida diaria. Las rutinas bien manejadas y practicadas se vuelven rituales, por ejemplo, para algunas personas la rutina de la salud se elabora y se practica con la misma atención y cuidado que se pone en un acto religioso. Otros practican la rutina del trabajo ordenando los papeles o los proyectos como si estuvieran involucrados en un ritual de iglesia.

Todo lo dicho acerca de los ritmos y rutinas se aplica a los rituales. El ritual es una rutina avanzada, practicada con cuidado, con atención, con fe y con belleza. Es una manera de elaborar más exquisitamente los ritmos repetitivos hasta que se vuelven un ritual.

Hemos aprendido en nuestros templos y catedrales las implicaciones de lo sagrado: implicaciones de orden, de atención, de música, de arte, de consenso, de estar de acuerdo, de la unión y la pertenencia, de estar rítmicos dentro de nosotros y con el otro. Éstas son cualidades que anhelamos en nuestra vida diaria y no podemos seguir esperando por el sábado o el domingo. La esencia de nuestro ser clama este tipo de atención que ahora encontramos sólo en nuestros sitios sagrados.

Nos hace falta enriquecer nuestra vida diaria. El trabajo se ha vuelto una obsesión u obligación en vez de ser una interacción con la existencia. Tratamos de ordenar las relaciones por medio del razonamiento o por la última teoría analítica, en lugar de verlas como la esencia de ser entre una vida y otra vida. Vemos la salud como algo que tenemos que proteger en lugar de ser el ritual de cuidar la vida misma. Las áreas de la vida diaria nos ruegan y nos invitan a darles la misma calidad de sagradas y la misma atención que ahora damos a las imágenes religiosas.

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EL ZODÍACO HUMANO
Fig. 15. El zodíaco humano1.
*Para revisar la figura, consultar el original.*
El zodíaco humano indica las áreas de la vida a través de las cuales y en las cuales estamos siempre viviendo y desarrollándonos. Cada área puede convertirse en un templo y nuestras actividades pueden convertirse en los rituales que vivimos. Lo admitimos, es una tarea ardua. Sin embargo, es urgente que nos aboquemos a mejorar la vida en esta tierra y tenemos a los profetas de cada religión y los profetas de la ciencia moderna instándonos a hacerlo. Ahora tenemos la posibilidad de ver la vida como energía que se extiende desde el finito visible que nos circunda hasta el infinito invisible que también nos rodea.

He seleccionado un símbolo muy antiguo proveniente de nuestros antecesores que miraban al cielo buscando guía e información. Zodíaco, es un término cuyo significado tomamos del Diccionario de María Moliner (Editorial Gredos, Madrid, 1991) que dice así: «Zona celeste ... (que) se divide en doce partes correspondientes a las doce constelaciones que se toman como punto de referencia para fijar la situación del Sol en su curso anual aparente...».

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El zodíaco humano presentado antes describe un cinturón imaginario sobre la tierra que se va extendiendo como un camino aparente sobre el cual cada ser humano se mueve a lo largo de su vida. Está dividido en ocho partes iguales, cada una con un signo de los diferentes campos de energía a los cuales el ser humano se involucra. Este zodíaco se puede leer ya sea secuencial o espacial-mente. Podemos vernos llegando a la existencia en el área llamada salud. La salud es acerca de nuestra existencia. Luego somos llevados a un espacio físico llamado hogar, diseñado para nuestra protección y nutrición. Allí conocemos a nuestra familia y tarde o temprano el hogar nos abre a otras relaciones. Comenzamos a aprender y trabajar. La necesidad de diversión se hace aparente y el campo de la espiritualidad continuamente nos recuerda nuestra vida interior, el espíritu o la energía que está siempre presente en las dimensiones finitas e infinitas. Estos caminos de la vida son representados en círculo o forma zodiacal más que en forma lineal para que así podamos darnos cuenta de que estos campos de la vida existen todos de forma simultánea y están continuamente disponibles. La vida se refiere a la danza que constantemente tejemos en estas diferentes áreas. El cuido y la atención que existen ahora en nuestras catedrales o templos pueden existir en los asuntos de nuestro diario vivir. Si seleccionamos conscientemente cuales áreas de nuestra vida nos importan más o en cuáles terrenos de nuestra vida pasamos más tiempo, podríamos comenzar el proceso de honrar nuestra vida. Cada uno puede convertir al menos uno de estos campos en un terreno sagrado.

Usualmente pensamos que son las mujeres las capaces de crear los grandes rituales del hogar. Paúl, sin embargo, es un hombre extraordinario que se ha dedicado al arte de la creación de los diferentes hogares de sus hijos, sus amigos y de él mismo. No es un arquitecto pero sí es un maestro de lo que crea belleza en su hogar. Vienen arquitectos a su casa para estudiar cómo lo ha logrado: su cocina, por ejemplo, honra todas las funciones de la preparación del alimento. El refrigerador está enmarcado con piedras y madera, y el área encima de la estufa está decorado con utensilios enmarcados como lo eran los escudos antiguos que antes se colocaban encima de las chimeneas. Hasta el sitio para eliminar la basura está cubierto por una bella pieza de madera. Cada función ha sido respetada y construida cuidadosamente sobre una base de piedra, invitando a la persona no sólo a una rutina sino a un acto ritualista. Otras áreas de la casa igualmente honran las necesidades cotidianas de la vida sin ningún toque de lujo o de exceso. Con una gran simplicidad, todo en su casa invita como a un templo.

A medida que buscamos desarrollar nuestras rutinas hacia rituales, deberíamos primero seleccionar las áreas donde deseamos concentrarnos.

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Esta transformación de una rutina en un ritual toma tiempo, conocimiento, práctica, amor, sofisticación, belleza y acción. Tómate tu tiempo, ve despacio. En la gran obra de honrar la creación en estas dimensiones más gruesas de la tierra, todo esfuerzo es bienvenido. Utilicemos todo conocimiento pasado y presente. Con ternura y amor podemos comenzar a honrar la vida, una por una. El siguiente ejercicio puede ser de utilidad.


Ejercicio
Honrar la vida
Yo te insto a seleccionar tus áreas de juego. El zodíaco humano te ofrece una selección: elige tú. ¿En cual campo deseas concentrar tu atención? Selecciona un área para practicar:

1. Primero decide cuáles son las funciones involucradas. Por ejemplo, en el área de trabajo podrían estar las funciones de: dar o recibir, ganar dinero, tener una destreza, producir o mejorar algo, recibir reconocimiento, relacionarse con personas, relacionarse con información.

2. Haz el ejercicio del perfil de energía. Observa a lo que realmente te has acercado o de lo que te has alejado a lo largo de tu vida, y no lo que has debido hacer, que quizás puedes haber anotado como una función, sino lo que realmente has experienciado.

3. Luego acepta y honra los dos lados: aquello a lo que te acercas y aquello de lo que te alejas. Hónrate por saber y respetar ambos como algo natural.

4. A lo que te acercas tenle fe como rutinas ya establecidas. Tal vez podrías desear continuar y desarrollar aún más alguna parte de ellas hasta llevarlas al nivel de ritual.

5. Si deseas cambiar aquello de lo que te alejas, entonces:

• Busca ayuda para realizar dicha tarea.

• Puedes salirte de ella por medio de delegar o renunciar.

• Darte más tiempo para hacerla.

6. Si esto no es suficiente y deseas cambiar más profundamente, concéntrate entonces en la inteligencia de los patrones y establece nuevos parámetros tal como se describió previamente.

Aclarando cuáles campos son realmente importantes para ti y trabajando conscientemente con ellos, serás capaz de concentrarte más profun-

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damente y de usar mejor el tiempo disponible. También sabrás lo que estás cultivando y de lo que te sientes orgulloso en tu vida.

Enfoca toda tu atención en la siembra y el crecimiento. Disponte a escuchar intrusos tales como la preocupación, el miedo o la culpa, a escuchar lo que ellos quieren decirte y luego pídeles que se vayan. Esta es tu vida. Aquello que tú siembres eso cosecharás. Si siembras preocupación, eso cosecharás. Observa lo que está creciendo bien, la rutina que te está dando buen fruto. Observa lo que no crece y la hierba mala que está impidiendo el crecimiento. Siempre listo a podar: es tu vida.

Asegúrate de que tú, el jardinero, estés orgulloso de ti mismo. No seas para ti mismo un padre crítico o insatisfecho. Ten cuidado con el perfeccionismo porque causa tensión, produce miedo e invita a la retirada. Mejorar es un concepto más relacionado con el cuidado gradual y a largo plazo, necesarios para producir resultados duraderos y belleza. Observa de manera neutra y te darás cuenta de que a este nivel de la acción, que incorpora todos los niveles del inconsciente, es un gran logro ser capaz de atender con cuidado y hacer crecer una pequeña área de tu vida, que te nutra. Si eres capaz de nutrir a alguien cercano a ti, esto será motivo de celebración.

Recuerda que tú eres la esencia de ser que necesita ser cuidada, si el campo más amplio, el contexto en el que vives, se espera que produzca fruta que sea de valor para ti y el planeta. No accedas en debilitar al jardinero. Busca apreciarte y conocer por qué te estimas, te cuidas, haces que te sientas seguro y te nutres, hasta que seas capaz de amarte a ti mismo como parte de la creación. Entonces el jardinero estará sembrando con amor y el amor aparecerá a tu alrededor. Recuerda que en este nivel eres un yo-en-contexto, inseparable de lo que surge en tu vida.

Ten presente el deseo de actuar como si tu vida fuese un templo al cual puedes ir todos los días para experimentar comprensión, profundidad de la vida, lo finito y lo infinito. A medida que entres en los ritmos, y vives tus rutinas en los campos básicos de la vida, podrás seguramente enriquecer tus acciones con tanta belleza, que tus rutinas se convertirán en tus rituales. Esto es lo que promete la inteligencia de los parámetros.


LAS DIFICULTADES DE LA INTELIGENCIA DE LOS PARÁMETROS
Quizás la mayor dificultad está en nuestra tendencia a creer que los parámetros durarán para siempre. Nosotros nos dejamos llevar por ellos, nos

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ponen en trance y nos volvemos adictos a ellos. La adicción entonces se convierte en nuestra realidad, y la realidad en nuestra «eterna» verdad. Nosotros perdemos nuestra propia conciencia del movimiento y la necesidad de cambiar parámetros. Nos volvemos persistentes en nuestra realidad: la que una vez construimos, por la que nos hemos dejado seducir y que ahora defendemos contra fuerzas «externas». Nosotros podemos convertirnos fácilmente en víctimas de nosotros mismos y de nuestros parámetros. Ellos se convierten en nuestra primera línea de defensa y nuestra primera línea de resistencia. Podemos olvidar que para tener seguridad debemos vivir en una moción continua y ser capaces de entrar en el ritmo de lo que está pasando en el momento. Ese ritmo es siempre cambiante (el capítulo sobre la inteligencia básica examina cómo vivir dentro del ritmo cambiante de la vida). Podemos contener temporalmente el ritmo dentro de ciertos parámetros y de esa forma ellos nos pueden servir para estabilizar y aún para aumentar nuestra energía. Sin embargo, si perdemos energía en cualquier campo de la vida, es necesario cambiar los parámetros. Los hábitos ayudan pero también los hábitos nos hacen daño.

Gladys es un ejemplo de alguien incapaz de cambiar sus hábitos mentales, emocionales o comportamentales aún cuando su vida está en peligro. Mujer brillante, con un hemisferio derecho de gran alcance y un hemisferio izquierdo específico, era el tipo de persona que se extenuaba a sí misma, primero viendo la grandeza del mundo y luego haciéndose a sí misma miserable al ir al hemisferio izquierdo para criticar, analizar y dudar de todo. En vez de actuar ante sus dudas, se desplazaba de nuevo a las generalidades del hemisferio derecho y de esta manera, sistemáticamente, se agotaba.

Gladys había sido alcohólica por muchos años y hablaba con gran admiración y de una forma racional del tiempo en que había pertenecido a los Alcohólicos Anónimos. No obstante, era incapaz de seguir los parámetros de los Doce Pasos. Su brillante neocorteza, que no descansaba, no estaba dispuesta a seguir una explicación organizacional sobre Dios. Ella volvió a depender de los parámetros de su propia neocorteza, buscando sus propias explicaciones y comprensión de Dios. Debido a su inflexibilidad e incapacidad para identificarse plenamente con los parámetros de los AA, perdió los grandes beneficios del sistema de apoyo comportamental, emocional y afectivo de la asociación. El abuso físico temprano le había dejado el mensaje «no creas en nadie, depende sólo de ti». Aunque vino a verme y llegó a sentirse cercana a mí, tenía que cuestionarlo todo. Había recurrido a muchos especialistas en su afán de curarse del cáncer pero era incapaz de depender

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de ningún consejo. Es un excelente ejemplo de cómo algunos no pueden cambiar los mensajes recibidos tempranamente, ni los parámetros que de ellos surgen, principalmente parámetros como «depende sólo de ti misma». La inteligencia de los parámetros requiere de la necesidad de ser flexibles y asumir la disposición para cambiar los parámetros.

Las rutinas, hábitos, adicciones, valores, rituales e instituciones pueden ser sistemas inteligentes automatizados cuando se crean, pero, con el pasar del tiempo y las circunstancias, se vuelven poco inteligentes. Hoy en día esto se pone en evidencia cuando mantenemos la confianza en las viejas instituciones de los gobiernos para que mejoren las ciudades; en viejos valores para mantener las familias unidas o en los antiguos parámetros religiosos para que nos guíen a través de un mundo expuesto a la ciencia y la tecnología. Los viejos valores ni se mueren ni desaparecen, sólo se vuelven inefectivos. Lo más frecuente es que esperamos una crisis para cambiar. En su lugar podríamos estar alerta y revisar valores, rutinas y hábitos, trasladándolos activamente desde el pasado hasta el presente. Necesitamos realizar, continuamente, actualizaciones de los patrones y parámetros de nuestra vida.

Pero, existen muchas razones para no hacerlo. Es útil funcionar en automático, es eficiente y además disfrutamos y nos extasiamos en el trance que nos brindan nuestros parámetros. Actuamos e interactuamos inteligentemente en el mundo con ellos, por ejemplo, los parámetros o rutinas de ser un educador me sirven, me hacen sentir bien, me siento segura con ellos y sé defenderme como educadora. Mi razón de ser, mi procedimiento normal de operar, el sentirme bien y los buenos resultados que obtengo, están todos entretejidos en la rutina de ser una educadora. ¿Llegará un momento o circunstancia en que no me servirán? Sí, quizás en mi rol de madre cuando estaba siempre dando consejos, actuando como educadora y no como madre. O tal vez en otros momentos, como ahora, podría ser necesario establecer parámetros que puedan guiarme como escritora en lugar de seguir siendo educadora. No solamente por la calidad de este libro, por la forma en que esté escrito, sino también porque mi vida futura dependa de hacer un cambio.

¿Por qué en este nivel profundo inhibimos impulsos que vienen de fuera de nosotros, en lugar de integrarlos? ¿Qué es lo que hace la diferencia entre la inhibición de un impulso nuevo o la invitación y el entusiasmo con el impulso nuevo? ¿Cómo podríamos reconocer una nueva oportunidad como algo amistoso que nos puede entusiasmar, en vez de considerarla como algo tenebroso contra lo que tenemos que defendernos? ¿Podremos nosotros

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invitarnos a abrir nuevos parámetros que, a la larga, nos van a cubrir y servir como un nuevo sistema de defensa? Puede ser necesario primero ver cuán fácil nos vemos envueltos en las vibraciones más finas de todo rol.

Son roles todo lo que adoptamos como consecuencia de vivir dentro de parámetros. Decimos que vivimos diferentes roles, el rol de educador, de hombre de negocios, de madre, padre, hijo. ¿Qué rol desempeñas al entrar en tu oficina o en tu hogar, en una fiesta, reunión de negocios o reunión familiar? Hemos adquirido vibraciones sutiles y no tan sutiles, a causa de vivir dentro de los diferentes parámetros de trabajo y hogar. Hemos adquirido unas ciertas maneras de actuar dentro de cada marco de referencia y nos movemos hacia cada rol de la misma manera que lo hace un actor en sus diferentes roles en las obras teatrales.

Estos roles son como trajes que nos ponemos, a los cuales nos acostumbramos o nos hemos condicionado o hemos heredado. A veces nos han sido impuestos cuando no estábamos atentos o pretendíamos estar inconscientes. Estos roles/vestimentas son similares a todo aquello que ya se ha dicho acerca de los hábitos, valores, rutinas y adicciones: mientras más tiempo los usamos más nos acostumbramos a ellos y los sentimos naturales para nuestro ser. Nos identificamos con ellos, lo que tiene su belleza y su peligro. ¿Cuál sería el peligro? Adormecerse, entrar en trance y no reconocer la necesidad de cambio. El trance es un término generalmente reservado para la psicología, pero es muy valioso para nosotros en este nivel del cerebro básico. Es «un estado alterado de conciencia, que se parece al sueño, durante el cual el movimiento voluntario se pierde, como en la hipnosis»2. El peligro está en perder el movimiento voluntario, en acostumbrarse a parámetros y roles de tal manera que creamos que son la vida misma cuando son sólo la pequeña porción de la vida en la cual estamos involucrados.

¿Cómo podremos conceptualizar ésto de forma que podamos recordar? He escogido identificar la palabra rol con trajes para ayudarme a recordar. Me puedo quitar mi traje o vestimenta, me puedo quitar mis roles. Me puedo cambiar de traje, ponerme uno más grueso si hace frío para protegerme de esas vibraciones más gruesas, pero puedo cambiarme a trajes más ligeros. Puedo usar mis roles de forma liviana. Esta metáfora de usar mis roles/trajes de forma liviana es la que más me ha ayudado para «bailar» las dinámicas cotidianas en vez de afianzarme a ellas como si fueran realidades que yo controlo. Me cambio de ropa; me cambio de roles/trajes, me los pongo y me los

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quito. Esa liviandad también me capacita para ser más abierta al cambio de los parámetros dentro de los cuales fueron creados estos roles. La liviandad sería el puente que debo atravesar desde el antiguo paradigma de la «defensa a través del control» hacia el nuevo paradigma de la «defensa a través de la dinámica».
PELIGRO
La pérdida repentina de parámetros sucede por lo menos en tres situaciones importantes de la vida, conocidas por ser las mayores causas de estrés y enfermedad, y todas ellas involucradas en cambios de rutinas e interrupciones de límites bien establecidos.

La pérdida de un ser querido por muerte o divorcio. Para bien o para mal, llegamos a estar profundamente entrenados para funcionar con nuestros seres queridos y somos profundamente adictos a ellos. La energía que fue absorbida y enganchada en actividades que hicimos juntos, se libera ahora como un caos buscando nuevas fronteras.

La jubilación o el final de una carrera. La energía que se ocupaba dentro de límites bien establecidos por períodos de seis a diez horas al día durante treinta o cuarenta años, ahora se encuentra libre. Aunque nos sentimos jubilosos, al fin libres o contentos de ser liberados de una obligación, también es cierto que ahora tenemos que inventar una nueva manera de quemar o guiar esta energía. Como dije antes, estoy convencida de que una de las razones de las enfermedades e infartos cuando alguien se jubila es la falta de conciencia de cómo guiar la energía que corre libre dentro de nuestro sistema nervioso. Necesitamos desplazarnos hacia nuestra inteligencia básica para orientar nuestra vida hasta que establezcamos parámetros nuevos.

Rafael tenía setenta y dos años de edad y había sido un dedicado administrador de una compañía durante treinta y cinco años. Su principal orgullo en la vida era su fantástico apetito, su habilidad para comer cualquier cosa y su continua salud. Toda su vida había sido puntual, abriendo la oficina regularmente cada día y cerrándola por la noche. Cuando la compañía se mudó a otra ciudad, su jefe mantuvo ésta oficina abierta a pesar de que había poco trabajo, pero fue entonces cuando Rafael empezó a quejarse de problemas circulatorios y sentirse cansado frecuentemente. El momento fatal llegó cuando el director finalmente tuvo que cerrar la oficina y dirigir su atención hacia un gran contrato que tenía en la nueva localidad. Incapaz

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de cambiar su hábito de trabajo, Rafael perdió el interés en la vida, pasaba largos períodos de tiempo en cama, y a los dos meses murió de un ataque cardíaco.

Imaginamos frecuentemente la liberación del trabajo como la tierra prometida. Pero para llegar a esa tierra tan deseada, necesitamos establecer parámetros de nuevo, esta vez referentes a actividades posiblemente más placenteras o por lo menos algunas que nos guíen y sustenten nuestra libertad y creatividad.

El cambio de vivienda. Todo aquel espacio al que nuestro sistema nervioso estaba acostumbrado de forma tal que no tenía necesidad de reflexionar para manejarse en él, ya no está disponible. Se necesita tiempo para acondicionarnos a un espacio nuevo. Sabiendo esto no nos debemos sorprender de nuestro nerviosismo o de sentir una vaga sensación de pérdida ante nuestra mudanza.

Generalmente no identificamos estos sucesos como pérdidas, a menos que nos entristezcan. Con la excepción de la pérdida de un ser amado, usual-mente miramos hacia el futuro esperando obtener la felicidad en cualquier cambio, al menos con nuestra neocorteza o con nuestro sistema límbico. Mientras tanto, nuestro cerebro más profundo está esperando una nueva rutina, alguna nueva manera de contener el influjo de energía que entra continuamente. Durante estos largos períodos de transición, cuando nuestros parámetros habituales ya no están disponibles, necesitamos recordar vivir con nuestra inteligencia básica, acercarnos a y alejarnos de, ir en tándem con, estar en ritmo con, en resonancia sensorial o instintiva con algo o alguien. Por encima de todo, cuando hay pérdida, peligro o inestabilidad, necesitamos movernos desde el viejo sistema de supervivencia y autodefensa por el control, hacia un nuevo sistema de supervivencia por medio de la defensa dinámica.


EL NUEVO SISTEMA: LA DEFENSA DINÁMICA
La nueva defensa no se refiere a una «danza con los lobos» sino a una danza con nuestra propia tendencia a dormirnos, seducidos por aquello que nos hacía sentir bien en el pasado. Abrirnos nosotros mismos a una nueva información es básico, así como también es básico ser capaces de observar las acciones de nuestra vida con cierto grado de neutralidad e imparcialidad, casi como si uno observara a otro ser humano. Debemos ser testigos justos de lo

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que está ocurriendo en nuestras vidas, en vez de estar en continua identificación con nosotros mismos y resistirnos a toda novedad como si fuera una intrusión o un ataque.

¿Qué es la nueva defensa dinámica? Consiste en lo siguiente:

1. Comprender, sentir y actuar la vida como un proceso dinámico en vez de un proceso estático. La información está continuamente disponible, bombardeándote. Vives en una red de información. Decimos que vivimos en un mundo cambiante, pero todo ser humano ha vivido siempre en un mundo cambiante. Lo nuevo se refiere a que nos veamos como una entidad dinámica que vive en ese mundo siempre cambiante. Debemos modificar el sistema de creencias que se basa en mantener la vida en una estabilidad permanente, hacia vivir la vida como un proceso dinámico. En lenguaje popular, eso quiere decir que tu no puedes parar al mundo; tu sólo puedes danzar con él.

2. Recordemos evaluar los efectos de los parámetros existentes. ¿Te son útiles? ¿Dan frutos? Si es así, no los toques; si no, mira de nuevo.

3. La flexibilidad es esencial. Es la capacidad de «aflojar la cuerda», de tratar una y otra vez, de entregarse, de la capacidad de fallar, de volver a probar, de expandirse, de retroceder, siempre acercándose y alejándose, teniendo siempre la capacidad de desplazarte, de mirar de nuevo y enfocarte en otra parte.

4. Cambiar parámetros y crear nuevos parámetros. Necesitas estar siempre alerta ante la presencia o la ausencia de energía en tu vida. Cuando pierdes energía es el momento de cambiar algún parámetro y crear nuevos. Para hacer esto debes haber captado bien la idea de la energía universal —es decir que el universo entero está hecho de energía. Tú personalmente, o tu respuesta frente a tu entorno está haciendo algo que bloquea esa energía: ese es el momento de creer en la energía y de hacer cualquier cosa para tener acceso a una mayor cantidad de energía en vez de rendirte ante la vida o ante ti mismo. Muévete rápidamente hacia aquello que más disfrutas y establece unos nuevos parámetros para mantener ese goce en tu vida. La energía es como un termómetro. Lee tu temperatura corporal y cuando baje mucho, haz algo, cambia algo, crea algo nuevo.

5. Usa tus trajes en forma liviana. Aquello que tú has creado, sea lo que sea, sea viejo o nuevo, parámetros o valores o sistemas de creencias, hábitos o roles, úsalo livianamente. No permitas que ninguna realidad

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se te haga demasiado pesada. Como energía dinámica que somos, el asunto está en mantenerte en movimiento.

6. Actúa tu inteligencia básica. Mantente moviéndote hacia o alejándote de alguien o algo a favor de tu vida.


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