Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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¿QUÉ SON LOS PARÁMETROS?
Los parámetros ya canalizan nuestra energía sea que estemos conscientes de ellos, resistiéndonos o cooperando con ellos, o que estemos comprometidos en cambiarlos. Los parámetros constituyen nuestra manera de intervenir en nuestra vida y de crearla y organizarla conscientemente. Nosotros heredamos o creamos parámetros de tiempo, de espacio y de otras innumerables funciones de la vida. Hemos heredado del pasado muchos de los parámetros que han estado afectando nuestra vida y por lo tanto pueden ser difíciles de reconocer.

Por ejemplo, los valores son parámetros establecidos alrededor de las creencias que han sido honradas generación tras generación, en nuestra familia y cultura. Los valores que tenemos nos proveen constantemente de un punto de referencia. La profesión y los amigos que escogemos comparten nuestros valores. No tuvimos que comprobar con cada amigo sus creencias, pero cuando reflexionamos sobre ello nos damos cuenta de las similitudes. Los valores son las fronteras de nuestras creencias. Ellos influyen o canalizan nuestras acciones sin que nosotros necesitemos tomar decisiones nuevas continuamente.

Al no actuar de acuerdo con nuestros valores o nuestros parámetros, experimentamos dolor de conciencia, culpa o vergüenza. Por ejemplo, si valoras la acción de ir a visitar a tus padres los domingos y un día domingo no lo haces, sentirás tensión o culpa por no haber seguido los parámetros de tu sistema de valores.

Las religiones también son parámetros. Sirven para delimitar nuestra energía, no sólo dentro de un sistema de creencias, sino como maneras formales de devoción y formas «correctas» de acción. La religión también ofrece parámetros para guiar nuestra energía en ondas más sutiles tales como las revelaciones, las imágenes y los vistazos al infinito. Los parámetros religiosos se han puesto para preservar las enseñanzas de figuras principales como las de Jesús o Buda, y permiten que sean compartidas con el público de una manera formal por medio de la ceremonia religiosa.

Las rutinas son parámetros. Por ejemplo, por tu rutina de sentarte siempre en la misma silla tu cuerpo y sobretodo tu columna vertebral puede contar con condiciones similares cada vez que te sientes allí. Has formado una rutina espacial, al dirigirte repetitivamente hacia la misma silla en la que te sientes muy relajado, y cuando encuentras que la silla está ocupada, puedes sentirte frustrado. Alguien ha intervenido en tu espacio y te impide la acción repetitiva de sentarte allí.

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En toda rutina están involucrados parámetros. Por ejemplo, si siempre te gusta tomar una taza de café después de la cena, estás delimitando tu acción a parámetros químicos y temporales. Al jugar béisbol cada fin de semana, te involucras en parámetros físicos y temporales.

Por medio de parámetros, entramos en un conjunto de limitaciones y contamos con ellas para ciertos efectos de estabilidad y seguridad en nuestra vida. Al perder estos efectos, experimentamos un desbalance, lo que a su vez puede provocar cualquier emoción que puede ser del rango de la tristeza, si estamos acostumbrados a perder, o bien frustración, si nos acostumbramos a combatir. El desequilibro puede provocar también estrés, tensión y hasta miedo.

Las adicciones son, por supuesto, rutinas a las cuales nos hemos habituado. La palabra habituarse simplemente hace énfasis en la intensidad o repetitividad de nuestro hábito o rutina. Generalmente se aplica la palabra adicción en vez de rutina cuando se trata de parámetros químicos. Cuando alguien interrumpe una rutina o adicción química, su cuerpo también reaccionará con desequilibrio y emociones inquietantes porque todo lo que quiere es volver a sus parámetros, o sea a sus químicos, para salir de su estado de inseguridad, tensión y vibraciones caóticas.

Cuando entendamos que todos los alimentos son sustancias químicas, nos daremos cuenta del por qué de la dificultad para introducir cambios en nuestra dieta. Comer es un proceso adictivo en el que están entrelazados muchos patrones, y los parámetros de comer se repiten todo el día y todos los días. Cuando interrumpimos una adicción, posiblemente sea la tristeza o la frustración la que nos conduzca sutilmente de nuevo a comer aún más que antes de la dieta. O podría ser el desbalance, la ansiedad y el desequilibrio de las vibraciones caóticas que tratamos de calmar colocando de nuevo comida en nuestras bocas.

Las profesiones son parámetros de trabajo que nos permiten guiar una gran parte de nuestra energía durante el día. Estoy convencida de que privarnos repentinamente de los parámetros de trabajo con la jubilación, puede explicar por qué ocurren tantas enfermedades, sobre todo ataques al corazón, después del retiro. La energía sigue entrando por el cerebro básico, pero no es canalizada como antes; abandonar una rutina de cincuenta años sin ser reemplazada por otros parámetros, deja la energía libre o suelta en un estado de caos que puede, a su vez, afectar adversamente el cuerpo.

Los cuentos y los libros son parámetros. Los mitos son los parámetros de los cuentos, la sabiduría contada una y otra vez y contenida en metáforas.

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El mismo mito acarrea una sabiduría diferente en distintas épocas. Leemos el mismo cuento dentro de los mismos parámetros, pero hacemos cada vez asociaciones nuevas y percibimos diferentes significados. Los libros sirven como parámetros que contienen cuentos y ciertos tipos de conocimiento a los cuales deseamos ir una y otra vez.

Los rituales son parámetros. Los rituales que hemos establecido los hemos repetido a través de los siglos. Construimos lugares exquisitos para honrar estas rutinas: algunas veces, catedrales; otras, templos o mezquitas; otras veces pequeñas capillas a la orilla del camino; otras, es la tierra en sí nuestro lugar sagrado. Nos agrada retornar a nuestros lugares sagrados. Sentimos allí un descanso profundo, tanto conexión con la tierra como por medio de una elevación, plenitud, riqueza, satisfacción del alma. Resulta difícil encontrar suficientes adjetivos para describirnos cuando practicamos un ritual que sabemos es nuestro. Nos sentimos en lo nuestro.

En todas las áreas del mundo, la gente ha creado rituales que nos transmiten su comprensión de la vida. Cada cultura ha desarrollado su religión como su interpretación de la vida. El ritual es la representación de esa comprensión de la vida. El ritual ha servido como sitio de reunión, como un terreno común donde llegamos a niveles de comprensión, de sentimientos y de acciones en los tres sistemas cerebrales: la música, el arte, las palabras y la razón son invocadas; el amor y los estados de ánimo están involucrados; la acción, el ritmo y la repetición están siempre presentes, y por medio de estos diferentes lenguajes de los tres sistemas cerebrales, captamos la inteligencia de la vida.


EL CONTROL CREATIVO DE TU VIDA
Buscamos controlar el flujo de energía que nos llega estableciendo parámetros. Buscamos saber lo que nos espera. Los parámetros se sienten como establecedores de orden y nos parecen naturales porque nos hemos habituado a ellos. Estar habituados a los parámetros nos provee estabilidad y seguridad. Los parámetros sirven para guiar la energía con el fin de que no tengamos necesidad de sentirla constantemente, pensar acerca de ella o imaginar qué debemos hacer con ella. Los parámetros nos permiten funcionar en automático en la vida. Podemos examinar nuestra vida entera en términos de los parámetros o límites que hemos establecido para nosotros mismos y dentro de los cuales funcionamos y también podemos escoger crear una nueva vida al establecer nuevos parámetros dentro de los cuales funcionaremos.

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Parámetros de tiempo


Podemos establecer parámetros para delimitar la vida dentro del espectro ¿el tiempo. «Un tiempo para reír... un tiempo para morir... un tiempo para sembrar... un tiempo para cosechar... Hay una época para cada cosa, un tiempo para cada ocupación bajo el cielo» (Eclesiastés 3:1-2). Reconocemos esta vieja sabiduría ¿el Eclesiastés porque resuena en nuestros huesos, en nuestra profundidad. Yo lo entiendo como sabiduría que me llama a actuar. Como un acto de inventiva, creativo, puedo proporcionarme tiempo en mi vida para sembrar, tiempo para inventar, tiempo para jugar, y tiempo para trabajar. Establecer parámetros es una acción creativa. Pienso que es una clave fundamental para esta energía más profunda. Necesitamos establecer parámetros al menos para lo siguiente:

un tiempo para el trabajo

un tiempo para el descanso

un tiempo para jugar vt-

un tiempo para las relaciones

un tiempo para la salud

un tiempo para el hogar

un tiempo para la reflexión y el aprendizaje

un tiempo para la inspiración

La muy conocida excusa «es que no tengo tiempo» viene de no aceptar el tiempo de que dispones, viene de no querer aceptar que hay parámetros sociales de 24 horas al día y de 7 días a la semana. En vez de aceptar este orden social, imponemos nuestro poder personal con la frase «Yo haré tiempo para eso». Actuamos con el deseo de nuestro cerebro límbico en vez de actuar con la aceptación y comprensión del cerebro básico. El resultado es el estrés.

Me costó muchos años darme cuenta de que para comer bien hay que cocinar y que para cocinar hay que dedicarle un tiempo todos los días. El punto clave era dejar de engañarme con la idea de que podía preparar algo rápidamente que estaría dispuesta a comer. Al apartar tiempo para este quehacer, mi improvisación y mi creatividad ahora tienen la oportunidad para funcionar y yo siento paz y seguridad cuando preparo el alimento. Estoy convencida de que yo puedo, y de que todos podemos, lograr esta paz si conscientemente proporcionamos tiempo a cada una de las áreas básicas de nuestra vida. Por supuesto, no se puede hacer todo cada día, pero sí dentro del espectro de una semana, un mes, o un año. «Nunca» también es una escogencia importante.

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Parámetros de espacio


Al igual que podemos establecer parámetros en el tiempo, también lo podemos hacer en el espacio. El acto más primitivo del reptil y del animal, la demarcación de su territorio, es evidente en nuestra vida humana. El animal repetitivamente deja su olor y su excremento en el mismo lugar para marcar su territorio; nosotros dejamos mensajes en los árboles o en los muros de la ciudad. Los reptiles son guiados por sus sensaciones hacia una roca o un rincón; el ser humano se mueve una y otra vez hacia su sillón favorito. Si tropiezas o caminas cerca de la roca de un reptil, dentro de su territorio, él te atacará; si alguien toma mi silla favorita, tarde o temprano lo atacaré. Esta territorialidad resulta de nuestros intentos por establecer parámetros, por delimitar el espacio, por definir la seguridad.

Los límites me ayudan a entrar más profundamente dentro de la experiencia. Si yo delimito mi jardín, dispongo de más tiempo para sembrar, de más intensidad, de más efectividad en un espacio reducido que en uno mayor. Lo mismo sucede en mi hogar o en mi oficina. Seguir construyendo casas y espacios públicos grandes cuando ya no hay personas ni dinero para mantenerlas, es un hábito del pasado que necesita ser reconsiderado en relación con las condiciones de la actualidad. Claro, la grandiosidad de generaciones pasadas está grabada en la memoria de nuestro cerebro básico y seguimos actuando siguiendo viejos patrones. Sin embargo, necesitamos reflexionar sobre lo que cuesta hoy en día mantener tales construcciones y si nos reducimos a familias más pequeñas, todavía las necesitamos. Quizás lo que necesitamos es movernos hacia el nuevo patrón representado por la frase de E.E. Schumacher que dice: «lo pequeño es bello».

Los parámetros de espacio nos ayudan a sentir o tener la sensación de seguridad. Nuestra piel, nuestro sistema nervioso, y nuestros sentidos están acostumbrados, habituados, adaptados, adictos. Nos sentimos seguros a medida que regresamos una y otra vez al mismo espacio. Nuestro cuerpo vive en la tierra, en un territorio espacial. Conocer nuestros parámetros y regresar a ellos puede estabilizar nuestra energía. Nuestro cuerpo regresa a casa como las palomas mensajeras regresan a su hogar.

Algunas veces vamos a la oficina de esa misma manera habitual, pero sin la guía del pensamiento o del sentimiento. Otros días quizás agradecemos que exista un hábito, un mecanismo automático que nos conduzca hasta allí. En vez de criticarnos por no sentir o no pensar, podemos agradecer nuestra capacidad para operar en automático.

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Regresar una y otra vez al mismo pasatiempo puede darle a nuestro cuerpo y a nuestro sistema nervioso un descanso muy profundo. Los pasatiempos son formas repetitivas de disfrutar: vamos con la misma caña a pescar o con el mismo bate y el mismo guante a jugar béisbol, y casi siempre vestidos igual. Lo mismo ocurre con cualquier pasatiempo, sea éste un deporte como caminar, jugar golf, tenis o cualquier juego como el ajedrez, etc. Aunque no excluimos, ni nos dejamos dominar por, ni consideramos necesaria la creatividad, el descanso proviene de regresar una y otra vez al mismo pasatiempo.

También puede brindarte una cierta relajación al establecer parámetros en los espacios del hogar o del trabajo. Generalmente olvidamos la importancia de establecer parámetros espaciales en el hogar, por ejemplo, una pareja de recién casados está llena de amor y buena fe y, por lo tanto, los cónyuges pueden no ver la necesidad de dividir los espacios dentro de su nuevo hogar. Pudiera parecer incluso egoísmo o separatismo, porque todo pertenece a los dos según la neocorteza y el cerebro límbico. No obstante, no tarda mucho en surgir la primera discusión y frecuentemente tiene algo que ver con límites. Una batalla territorial inconsciente eventualmente estalla y la calidez de la relación se ve disminuida a menos que los sentimientos sean expresados y sea reconocido el problema de la territorialidad.

A menudo olvidamos que los niños tienen la misma necesidad de territorio y entramos en sus espacios imponiendo continuamente reglas de orden o limpieza. Del mismo modo, si alguien limpia y ordena a su manera nuestros escritorios, lo consideramos como la invasión de un enemigo. Podemos proporcionar un mayor sentido de seguridad al niño si le cedemos el territorio de su habitación o al menos su cama con sus alrededores. Nos costaría solo negociar con ellos para que alguien ocasionalmente entre a limpiarlo. Enseñarles a negociar puede resultar una mejor experiencia que enseñarles cómo sabotear las reglas y odiar la limpieza. Arreglar el espacio es una característica innata: es un rasgo que poseen los animales así como también lo tiene el cerebro básico de todo ser humano —tanto niños como adultos—.
LA SEGURIDAD
Los parámetros que establecemos en nuestros espacios, ya sea en el hogar o la oficina, pueden proveernos no sólo de un descanso profundo sino también de un sentido de seguridad que, a mi parecer, no podemos lograr

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con ningún otro fenómeno. Esta necesidad de asirnos al territorio es prioritaria, comparable con el chupón de un bebé. A medida que reconozcamos la importancia que tiene para nuestra seguridad individual, podremos comprender mejor su impacto en el comportamiento de los grupos, de las tribus y de las naciones. Yo creo que nuestros comportamientos sociales son sólo una extensión de nuestros esfuerzos individuales por encontrar un sitio seguro para nuestro sistema nervioso dentro del constante movimiento de la vida. Como muestran los recuentos de las guerras, podemos hablar, pensar o imaginar que vamos a perder territorio; incluso podemos querer abandonarlo o compartirlo. Sin embargo, la energía de este cerebro eventualmente insiste en regresarnos a ese territorio y si no es así nuestro equilibrio queda afectado adversamente.

Nos sentimos inseguros, tenemos la sensación de inseguridad o decidimos que estamos inseguros cuando no podemos regresar una y otra vez al mismo sitio. En términos del cerebro básico, somos criaturas de hábitos, adictos a espacios, a tiempo, a químicos, a drogas y a comida, aún hasta a la manera similar de vestirnos, a ideas similares o acciones similares, a las mismas personas. Tomándolo colectivamente lo llamamos hábito, pasatiempo, valor, profesión o adicción, dependiendo de la opinión que tengamos sobre su valor o aceptación en la sociedad. Sea cual fuere el nombre que usemos, estoy persuadida de que la repetición nos da seguridad y siempre buscaremos seguridad a través de alguna forma de repetición.

Cuando aceptemos el hecho de que la energía a este nivel profundo debe encontrar su camino hacia algunos parámetros, estaremos atentos y conscientes de lo que elegimos, sabremos que todos somos adictos a algo y entonces buscaremos conscientemente la rutina a la cual deseamos volvernos adictos: profesiones, jardines, deportes, trabajos, hogar, amor, alcohol, químicos, naciones, cultura, mundo.

¡Atención! Debemos estar especialmente alerta ante aquello que entra por cualquiera de las tres aperturas del cerebro límbico: la nariz, la boca y los genitales. Cuando estas aperturas límbicas están combinadas con el ritmo repetitivo de este cerebro más profundo, las adicciones resultantes son realmente difíciles de canalizar de nuevo y en consecuencia resulta vital escoger hábitos que nutran y protejan más bien que aquellos que puedan hacernos daño.

La adicción y la compulsión son seguridad para este cerebro que no vá a ser disuadido de estos ritmos repetitivos ni siquiera con todos los razonamientos posibles de nuestra neocorteza, ni por todo el amor de nuestro cerebro límbico. Solamente se podrá gobernar este sistema cerebral a través del cono-

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cimiento y la aceptación de la existencia de ritmos repetitivos y estar dispuestos a canalizarlos cuidadosamente hacia una nueva acción. Como individuos y naciones necesitamos conocer nuestras adicciones y escogerlas sabiamente: ellas son básicas para nuestra salud, nuestro desarrollo y nuestra seguridad.
Cambiar nuestro comportamiento
Los múltiples programas existentes en el mercado para hacer dieta funcionan sólo por un corto tiempo debido a que ellos proveen solamente de soluciones de comportamiento de corta duración acerca de la alimentación. Tan pronto como la persona se siente satisfecha con los resultados de su nuevo peso, el subyacente patrón de comer que estaba presente desde su nacimiento, desarrollado a lo largo de la primera infancia, exagerado en la adolescencia y mantenido en la adultez, vuelve a tomar el mando. El programa de dieta da nuevos parámetros para un corto período de tiempo, pero lo que la gente necesita es aprender a interferir con su anterior patrón de comer así como necesita establecer y mantener nuevos parámetros de alimentación. Tiene que ser un programa de acción y poco tiene que ver con el pensamiento y el sentimiento.

Aquí resulta relevante relatar mi propia experiencia con las dietas. Antes de la menopausia, no tenía idea de que no podría mantenerme comiendo igual que como lo había hecho toda mi vida. Tampoco sabía que debía volverme de nuevo aquella persona deportista que había dejado atrás en la universidad. Creía que hacer dieta era para las personas gordas u obesas y como yo era delgada, nunca me preocupé en asociarme con el mundo de las dietas y el ejercicio. Años después, estoy consciente de que la menopausia alteró el equilibrio químico que existía en mi cerebro límbico, lo que ha debido ser una indicación para mí de que debía cambiar mis parámetros de alimentación. A medida que me fui dando cuenta de lo que ocurría, elegí un enfoque dietético mantenido por controles semanales en un hospital. Ciertamente que rebajé el peso que quería, pero, como sucede a muchos otros, lo volví a ganar en los siguientes dos años. En ese momento no caí en cuenta de cuán profundamente necesitaba cambiar mis patrones de alimentación y preparación de comida. Después de aprender sobre los alimentos, puse mi confianza en nuevos hábitos de alimentación. Me tomó dos años más de resistencia y tozudez antes de que estuviera dispuesta a admitir que mi hábito de no hacer ejercicios también estaba involucrado en el asunto. Para ese momento ya había oído bastante sobre los ejercicios, pero como nunca me habían gustado, ni siquiera en mis años de gimnasia escolar, pensaba que podía salirme con la mía

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y no hacerlos. Más precisamente, no quería mirar mis patrones de resistencia al ejercicio y prefería mantenerme dentro de mis ocupados y satisfactorios patrones de trabajo. Tenía que regresar y encontrar mis patrones de resistencia al ejercicio así como también encontrar mi patrón exitoso y positivo de la práctica deportiva, reenmarcando el ejercicio dentro del deporte, reviviendo de nuevo a aquella atleta que había dejado atrás en la universidad.

La combinación de los nuevos parámetros de alimentación y de deporte me permitió entonces mantener mi peso dentro de ciertos límites. Ya no me engaño más pensando que es un asunto sencillo. Se trata de mantener estos nuevos parámetros cada día y planificar ciertos períodos de tiempo durante el año en los cuales conscientemente me establezco los parámetros para hacer dieta. Todas las personas mayores han vivido algo similar a esta experiencia, y cuento la mía para mostrar que se necesita algo más que el pensamiento y el deseo para cambiar. Es necesaria la intervención en patrones que tienen de existencia la misma edad que nosotros y en hábitos de toda nuestra vida, que sutilmente han afectado la química de nuestro propio sistema cerebral. Hay que establecer nuevos parámetros para proteger nuestros cambios.

Cuando no estamos satisfechos con nuestro comportamiento, nuestras adicciones, nuestros valores o cualquiera de los ritmos repetitivos de nuestra vida, ¿qué podemos hacer? La inteligencia de los parámetros comprende no sólo el establecimiento consciente de parámetros, sino el cambio de todos aquellos que ya no nos sirven más.
Ejercicio
Cambio de un comportamiento
1. Ten presente que el viejo comportamiento permanecerá y que regresarás a él a menos que tomes la acción física de construir nuevos parámetros. A menos que establezcas nuevas riberas para guiar el flujo de la energía, la energía continuará fluyendo por donde siempre lo ha hecho. Las expresiones como «seguir la corriente» o «dejar que fluya», no se pueden aplicar aquí. A este nivel más profundo «seguir la corriente» significa que nada va a cambiar, debido a que los patrones y los ritmos repetitivos están registrados en tu memoria y la memoria actúa como un imán para atraer y retornar tu energía a sus viejos hábitos.

2. Necesitas comprometerte a construir un sistema positivo de apoyo para la nueva energía. El «no», las prohibiciones y la disciplina no son

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suficientes. Sólo el hecho de añadirle un «sí» a los parámetros nuevos para guiar tu energía puede darte la esperanza de mantener un cambio de comportamiento.

3. Determina cuál es el nuevo comportamiento que quieres lograr.

4. Piensa y decide cuáles son las razones para ese cambio. Imagina y consigue una imagen de cómo se verá el nuevo comportamiento cuando esté firmemente enraizado como una parte tuya.

5. Busca la inteligencia de los patrones para ver cómo cambiar el patrón involucrado en tu viejo comportamiento. Descubre el patrón involucrado en éste y practica una de las tres maneras de cambiar los parámetros (intervenir, alternativa o fusión). Cuando ya tengas el patrón deseado para tu nuevo comportamiento, pasa al próximo paso.

6. Planifica los parámetros o límites que te darán el nuevo canal o soporte explorando lo siguiente:

• ¿Qué va a ayudarte a sostener este nuevo comportamiento? ¿Qué piensas y qué imaginas que podría ayudar? "'

• ¿Quién quieres que te ayude? ¿Quién piensas o imaginas que te ayudará? Observa que frecuentemente es aquí cuando un profesional puede ser de especial importancia. Los amigos y la familia están acostumbrados o condicionados a tu comportamiento tal como es. Es posible que consciente o inconscientemente ellos no deseen tu cambio. Toma nota de que tendrás que ser específico con un profesional, porque él podría estar más interesado en otra área de tu desarrollo a menos que tú estés claro con lo que quieres o que expreses tu compromiso o pidas específicamente su ayuda en este asunto en particular.

• ¿Cuándo comenzarás? Debes estar alerta hasta que el cambio esté firmemente arraigado en el nuevo terreno, ya que tú mismo podrías sabotear el inicio del proceso debido a que tendrás la costumbre o la adicción en tu propia manera de ser hasta que el cambio tenga raíces en tierra nueva. Aun cuando comencemos, a menudo nos sentimos incómodos con lo nuevo, y encontramos fácil sabotearnos a nosotros mismos para volver a nuestras viejas rutinas.

• ¿Dónde vas a construir estos parámetros? ¿En tu hogar, en tu oficina? ¿En tu habitación, estudio o cocina? Escoge cómo protegerte. Comienza en el terreno donde tengas más seguridad, esto es, donde tengas más protección, familiaridad o neutralidad.

• ¿Qué aceptarás tú como evidencia de un logro? Sé exacto. La vaguedad puede impedir que te sientas satisfecho con tus logros. Establece

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pequeñas metas o, si el cambio es realmente grande, fija metas pequeñas por un largo periodo de tiempo. No olvides que se necesitan nueve meses para hacer una vida: puede tomarte más tiempo cambiarla.

7. Vuelve a verificar los parámetros que has planificado con tu sistema del cerebro límbico. ¿Es esto lo que realmente deseas? Si respondes «no», abandona el proceso y no gastes mas energía o empieza de nuevo de manera diferente. Si es «sí», toma el próximo paso.

8. ¡La acción! Asegúrate de que tu sistema de apoyo exista en el tiempo y en el espacio. Llama a quien quieras que te ayude. Llévate a tí mismo a conseguir lo que necesitas para ser ayudado. Prepara el medio ambiente y muévete gradual y sensorialmente dentro de él.

9. Ten conciencia de la seriedad con que debes guiar tus ritmos viejos y repetitivos hacia nuevas rutas. Casi siempre nos vamos a encontrar con lo que llamo «la crisis en medio del río». Un caballo puede fácilmente brincar dentro de un río y vadearlo pero al llegar al sitio de corriente más fuerte, quiere dar marcha atrás para regresar al terreno conocido. Es en este momento que muchas personas pueden perder todo lo que han invertido en el cambio, pero, al estar consciente de la posibilidad de que esto ocurra, puedes pararte, proporcionarte mucho amor y descanso, pero sin entretener el pensamiento de dar marcha atrás. Toma las riendas de tu vida firmemente en tus manos y procede con calma, proporciónate amor y continúa hasta llegar. Te irás acostumbrando poco a poco, día a día.

Si por alguna circunstancia regresas a tu viejo comportamiento, no te pierdas en la crítica, en la culpa o el resentimiento contigo mismo, con otra persona o con el mundo. Vuelve a los pasos 3 y 4 antes descritos, para reafirmarte en tu deseo, busca tu imagen y tus razones para lograr el cambio. Y sigue adelante. No has perdido nada, no has vuelto al punto de partida, este no es un juego de Monopolio. En tu vida, esto es una experiencia de regresión y no una pérdida. Todo lo contrario, es una ganancia porque ahora estás más consciente del terreno que hay que recorrer. La única pérdida sería abandonar tu capacidad de lograr cambios para tu vida.

10. Felicítate. Debes estar consciente de la importancia y de la grandeza del hecho de ser capaz de guiar viejos ritmos repetitivos hacia nuevos caminos, nuevas riberas. Esto es transformación en su forma más difícil. Llevarte desde un comportamiento que ya no te sirve, a través de un área de tensión e inseguridad, a un comportamiento nuevo que has creado

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conscientemente, es un proceso de gran valentía. Esto es realmente crear nueva vida y merece nuestro más profundo respeto y atención.

Con nuestra capacidad de establecer parámetros en el tiempo y en el espacio, de cambiar fronteras y establecer nuevas, estamos incubando, sosteniendo y creando nueva vida. Con esta capacidad podemos construir lo que más deseamos ser, o podemos realizar lo que pensamos o imaginamos es posible en esta vida: con esta capacidad podemos sustentar lo que más queremos de la vida.

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