Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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Tercer proceso: la fusión
El tercer proceso es abrirnos para fusionar nuestro patrón con un campo más amplio. Este puede ser un proceso obvio o sumamente sutil. Involucra la decisión de pertenecer, de hacerse miembro de, de ser uno con, de comprometerse, de asociarse, de unirse —lo que sea que se relacione con pertenecer a.

La fusión es un proceso extremadamente importante para el aprendizaje de nuevos comportamientos y proporciona la experiencia de pertenecer, que a su vez nos brinda parámetros y seguridad para lograr alterar lo ya aprendido en favor de nuevas posibilidades. La fusión es la experiencia que la mayoría de las religiones trata de aportar. Es también la experiencia de un club, de una pandilla de la adolescencia. La fusión se ha logrado a través del arte, la música y las grandes obras literarias de nuestra civilización. También se realiza en las buenas relaciones maestro-estudiante o en las grandes relaciones amorosas. La fusión es el proceso de participación con algo o alguien que posee una experiencia diferente y a menudo más amplia, que nos abre a nuevas fronteras.

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Desafortunadamente la fusión también se ha llevado a cabo en ciertos cultos y experiencias de lavado cerebral, en los cuales la capacidad y la identidad del individuo han sido distorsionadas, produciendo resultados asombrosos pero negativos. A lo largo de la historia hemos visto numerosos ejemplos de individuos dispuestos a abandonar su propia identidad para asumir la identidad del grupo. Este proceso esclaviza al comportamiento más que permitirle el cambio por medio de un proceso de pertenencia y adaptación. Tal como yo lo he practicado, la fusión no implica la pérdida de mi independencia. Por fusión quiero decir que está implícita la voluntad de unirme con, y a la vez la capacidad de mantener mi propia integridad.

Ciertamente que abrirme a patrones más amplios ha sido una dificultad para mí. Lo que más me ha ayudado a lograrlo ha sido ver la vida a través de este sistema del cerebro básico. Mientras mi neocorteza pensaba y soñaba acerca de la vida, y mi cerebro límbico vivía sus distintos estados de ánimo, que a veces me hacían sentir maravillosamente y otras veces disgustada con la vida, me di cuenta de que mi cerebro más profundo estaba solamente viviendo día a día. Me gustara o no, aprobara o no la vida, mi cerebro más profundo seguía viviendo. Yo ya pertenecía a la vida, independientemente de cuánto protestaran u opinaran mis otros dos cerebros.

Aunque suene simplista, para mí fue algo impactante caer en cuenta, al fin, de que la vida sigue conmigo o sin mí. En ese momento cesé de seguir esperando. Caí en cuenta de que la existencia «existe» y que si quiero ser miembro de ella, puedo hacerlo, pero no hay una invitación especial que «La Diosa Existencia» me va a enviar. La vida sigue su curso, con o sin mí. Fue necesario para mí reconocer a la existencia en continuum y luego decidir y sentir en dónde quería involucrarme. Tengo que invitarme a mí misma. El creerme y sentirme como miembro de la existencia me permitió abrir la puerta para incorporarme a ella más fácilmente y sentirme un miembro cuando así lo quisiera.

No siempre nos incorporamos abiertamente preguntando los requerimientos y uniéndonos a los grupos formalmente. Nosotros podemos simplemente «asociarnos con», «sentirnos parte de», acompañar y saber dentro de nosotros que pertenecemos. Es una cuestión de participación -con o sin ritual e invitación-. Es una cuestión de pertenecer a la vida ya, de acercarse y de «actuar con», cuando lo necesitemos, lo deseemos o nos parezca apropiado. He encontrado la fusión informal extremadamente importante cuando deseo participar en ceremonias religiosas. Me invito a pertenecer y a participar en la ceremonia que se está llevando a cabo como si ya perteneciera. No soy una

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espectadora; ni tampoco me estoy sintiendo enamorada de la religión. Me ayuda a distinguir entre el amor de mi cerebro límbico y la pertenencia de mi cerebro básico. Yo puedo conscientemente invitarme a participar y a pertenecer. Capto que no soy una budista practicante ni una judía practicante, pero tampoco tengo que ser extraña a esas creencias. Puedo amar a mi propia religión tanto como participar en la espiritualidad de otras. Durante la ceremonia me puedo fusionar con ella. Mantengo mis patrones religiosos como también me abro a la existencia de otros patrones religiosos. Esta apertura me provee de un nuevo aprendizaje y de patrones más amplios. Como resultado de ser una participante, puedo llegar a sentir un respeto o aún un amor a la religión judía o la budista.

También he usado la fusión como una manera de identificarme y de sentirme cómoda en otros países. Yo no he perdido mi amor por los Estados Unidos ni mi identidad de americana, pero soy capaz de añadirme una identidad con Venezuela y los venezolanos cuando estoy viviendo y enseñando allí. Es un asunto de «volverse uno con», de añadir diferentes partes del planeta a mi herencia.

Ciertamente, que la fusión y la participación temporal en otras religiones y en otros países puede llegar a ser la estrategia más importante que tenemos disponible a medida que las fronteras de nuestro mundo se hacen cada vez más cercanas. Ya no es un asunto de una identidad singular, sino más bien un asunto de agregar identidades a nuestra experiencia. La fusión requiere conocer que ya somos uno y luego experimentar gradualmente la verdad de nuestra existencia mutua. La fusión informal se refiere a una transformación en mi propia mente. Es declararme miembro de... en vez de esperar que me sea ofrecida una afiliación formal.

La fusión se refiere también a unirse formal y abiertamente a un grupo o persona. El ingrediente clave es darse cuenta de que ambos son independientes e interdependientes. La importancia de nuestra independencia está en que seamos capaces de proteger la vida de la cual estamos encargados. Esto podría significar que nos retiremos del grupo o de la persona en beneficio de nuestra propia vida, tal como lo hemos planteado en el capítulo sobre la inteligencia básica. La importancia de la interdependencia está en que nos capacita para dejar ir nuestro antiguo patrón a medida que aprendemos a depender de otro patrón.

Hay tres etapas realmente importantes para abrirnos a la fusión:

• Dejar de apoyarse en los viejos patrones.

• Pasar de la energía activa a la receptiva.

• Integrar la energía activa de otra persona o grupo.

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Primera Etapa: dejar de apoyarse en viejos patrones. Debemos desplazarnos conscientemente, dejar de lado nuestro apoyo a un patrón destructivo o que no nos es de utilidad. Primeramente, debemos descubrir al patrón involucrado en nuestra conducta, como vimos anteriormente en este capítulo. Si no pensamos interrumpir activamente este patrón por medio de la intervención de los patrones, entonces necesitamos hacernos tremendamente conscientes de él. Necesitamos conocer cómo está relacionado con nuestro comportamiento y necesitamos tener nuestras razones para querer alejarnos de él y desactivarlo. Si, por ejemplo, a una edad temprana alguien desarrolló el patrón de esconder su frustración a fin de sobrevivir, ahora, como adulto, debe tener muy claro que la represión de su rabia puede causarle una enfermedad o una explosión en el momento más inconveniente, dañando así una relación.

Necesitamos darnos cuenta de la potencialidad dañina de nuestro viejo patrón antes de estar dispuestos a abrirnos a una fusión con algún grupo o personas que pueden expresar su rabia de manera saludable. Para desactivar un viejo patrón y movernos hacia una fusión debemos ver el daño que nos está ocasionando nuestro patrón y dejar de apoyarnos en él. Esto es lo opuesto a la negación y significa la admisión clara, por lo menos para nosotros mismos, de que no nos agrada y que estamos a la búsqueda de un nuevo patrón. Por ejemplo, para poder cortar con esa dependencia en mi patrón de reprimir la rabia, puede que me sea necesario expresarlo en voz alta en la privacidad de mi habitación. En resumen, el primer paso hacia una fusión sería hacerse verdaderamente consciente del patrón y dejar de apoyarse en él.

Edgar, un abogado, había descubierto que su patrón de siempre discutir todo y de siempre tener que ganar le estaba causando dificultades en sus relaciones. Él no había aplicado la intervención de los patrones específicamente como lo hemos descrito anteriormente, pero sí había tratado de construir un patrón alternativo, el de ser empático con la gente al tomar cursos de meditación y autoayuda. A pesar de todos sus esfuerzos para relacionarse mejor con los otros, todavía no era capaz de afrontar su condicionamiento de muchos años. En cualquier discusión tenía que ganar y cuando era confrontado por alguna autoridad, la necesidad de ganar se hacía intensa y persistente: no sabía perder o dejar pasar. En un curso, después de varios días de ser aceptado por sus observaciones cuidadosas y por sus esfuerzos para relacionarse, ocurrió una situación en la cual la actuación del grupo fue en contra de sus actos y argumentos. Cuando esto sucedió por segunda vez, él

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decidió ganar y continuó vociferando en un esfuerzo para ganar adeptos a su punto de vista. Eventualmente lo interrumpí: era tarde en la noche y era hora de retirarse. Esta restricción impuesta por una autoridad junto con la pérdida del apoyo del grupo pudo haberlo registrado en su cerebro como una pérdida total, como un rechazo inaceptable del patrón de ganar, el cual estaba dictando su supervivencia.

Era triste ver cómo Edgar perdía el apoyo de los que estaba tratando de querer, sólo porque este viejo patrón estaba en acecho de todos sus nuevos esfuerzos. Se fue creyendo que resultaba incómoda su presencia porque el grupo lo había rechazado y la figura de autoridad no le había permitido un debate continuo hasta ganar. Culpando a los demás, se impidió ver dentro de su propio comportamiento para descubrir su patrón destructivo. Por supuesto que esto no es fácil de hacer, debido a que con frecuencia nuestros patrones destructivos son también los más poderosos. En el caso de Edgar la necesidad de ganar le había sido muy conveniente y útil en su carrera como abogado. Quizás más profundamente, este patrón dominante le había permitido sobrevivir frente a un padre exageradamente autoritario. En un momento dado, dentro de sí, debe haberse construido su autoestima alrededor de la decisión «yo también puedo ganar».

El ejemplo ilustra la necesidad de verificar aún en nuestros más exitosos patrones cuando estamos buscando nuestros patrones destructivos. A menudo, se originaron en nuestra niñez, como un medio de supervivencia, pero a medida que transitamos por la vida estos pueden estar impidiéndonos abrir nuestras vidas a nuevas experiencias. Podemos morirnos con las botas puestas -morir con nuestros patrones originales- a menos que nos interesemos en un vivir continuo y nos dispongamos a afrontar conscientemente las viejas maneras de hacer las cosas.

Segunda Etapa: pasar de la energía activa a la receptiva. Antes de desplazarnos hacia una energía receptiva, se hace necesaria la elección activa y cuidadosa de la persona o grupo con quién deseamos asociarnos más profundamente, saber si nos sentimos o nó cómodos con la persona o grupo y si encontramos fácil acercarnos a ellos (observe la participación de los tres sistemas cerebrales: asociarnos, sentirnos y acercarnos).

Pasar de una energía activa a una receptiva es algo que, sin duda, realizamos en nuestra vida diaria aunque no nos demos cuenta. Por ejemplo: cuando le hablamos a alguien estamos en energía activa pero cuando estamos realmente escuchando, nos hemos desplazado a la energía receptiva. Esto es, estamos verdaderamente interesados en entender y captar lo que el otro

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nos está diciendo. El énfasis está en escuchar verdaderamente y en tener un interés real.

En la mayoría de los deportes existe la ofensiva, que son los que juegan en energía activa, y la defensa, que son los que reciben el ataque de otros jugadores. En las artes marciales chinas del Tai Chi y Akido, este desplazamiento de la activa a la receptiva está continuamente entrelazado, mucho más que en otros deportes de juego en equipo. En el proceso de aprendizaje de la fusión nos mantenemos alerta del salto a la energía receptiva, para permitir que nos impacte profundamente el nuevo patrón.

Aunque podemos volvernos conscientes y desplacemos nuestra energía en un instante, parece existir un puente o proceso intermedio antes de lograr hacerse verdaderamente receptivo. Este puente sería un proceso de «depender de...», Ayuda conocer, sentir y tener experiencia activa en «confiar en». La familia es un ejemplo de una estructura interactiva que debía habernos enseñado a «confiar en». Desafortunadamente no muchos hemos tenido experiencias de sucesos confiables en la familia. También la religión nos hace una invitación a confiar a través de la fe y la verdad, ofreciéndonos una figura amada y muchas experiencias religiosas interactivas. Pero muchos en nuestra cultura racional, científica, también han tenido dificultad para desarrollar la experiencia de «confiar» el contexto de la religión. Algunos terapeutas proveen una estructura a través de la cual uno puede desarrollar la experiencia de «confiar en». Al practicar las relaciones humanas encontramos una invitación a confiar en determinado amigo. En efecto, la participación genuina en cualquier contexto más amplio te provee de una oportunidad continua para ganar la experiencia de «la confianza en». Ciertamente que la vida misma podría ser considerada como una larga lista de experiencias para aprender «a confiar en». Poder «confiar» parece ser una clave para abrirnos a nuevas experiencias de vida.

Una vez seleccionada activamente una asociación, y haber entrado en un proceso de «confiar en», necesitamos desplazarnos a un estado receptivo. Esto significa que necesitamos dejar que la otra persona influya en nosotros, nos enseñe, nos muestre y que nos dé a nosotros. Nuestra tarea consiste en recibir. Si no hacemos o logramos este desplazamiento, sino que nos mantenemos en energía activa, entonces estaremos propensos a ser resistentes en algún nivel, por medio de una duda neocorticai, un resentimiento límbico o una negación del cerebro básico. Si deseamos una unión para adquirir un nuevo aprendizaje, una nueva retroalimentación y nuevos patrones, entonces estará en nuestras manos el desplazarnos de la energía activa a la receptiva.

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Tercera Etapa: integrar la energía activa de otra persona o grupo. Para integrar la energía que proviene del otro necesitamos entrar plenamente en el proceso de fusión, es decir, por medio de alguna acción sutil o clara, «adherirnos a», «hacernos partícipes de», «identificarnos con», «abrirnos a», «confiar en» o «ser leal a». Entonces estaremos en la presencia de los patrones del otro, y estaremos capacitados activamente para imitarlos y aprender de ellos.

Mientras más seamos capaces de sentirnos «uno con» el aprendizaje será más natural. El proceso de pertenencia provee los parámetros. Cuando estamos en Roma es natural hacer lo que los romanos hacen. Ciertamente que esto es previsible, y si somos capaces de identificarnos con ellos no habrá duda de que podremos comenzar a tomar sus maneras de actuar. Partiremos de allí no sólo con sus libros de recetas de cocina, sino con sus patrones de comer pasta que nos guiarán por el resto de nuestras vidas.

Este proceso de fusión, puede ser la manera más seductora de cambiar tus patrones. Provee de parámetros para nuestra seguridad, de nuevas experiencias para nuevas retroalimentaciones, y de individuos y grupos que conscientemente hemos elegido para asociarnos con ellos. La fusión es una forma de educación de adultos sin una edificación para estudiar o tener clases formales. Podemos elegir a la persona o grupo que posee los patrones que necesitamos aprender y acercarnos a, asociarnos con, pertenecer a, practicar con y aprender de ella. Cuando nos alejemos, ya nos habremos enriquecido con nuestra experiencia. El aprendizaje profundo requiere asociación y fusión. Cuando ya hemos integrado los patrones de otros, experimentaremos un aprecio profundo por ellos, ya que, en cierto sentido, han pasado a formar parte de nosotros.

Si los patrones destructivos pueden esconderse dentro de nuestros patrones exitosos, ¿cómo podemos descubrirlos? Una forma es verificar la historia emocional de nuestras familias y revisar especialmente las enfermedades para buscar descubrir patrones familiares dominantes que pueden haber estado involucrados. La historia del comportamiento de una familia se puede distinguir o estar marcada por el coraje, ¿pero qué nos dice nuestra historia emocional? Se me ocurrió a mí afrontar mi propio y fuerte patrón de independencia solamente después de reflexionar profundamente sobre la muerte por cáncer de mis hermanos. Ambos eran fieramente independientes, uno de ellos dejó una gran compañía para establecer su propio negocio, el otro abandonó la ciudad para deambular por Alaska escribiendo poesía. Ambos eran libres, independientes, ambos exageradamente estresados, y ambos muer-

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tos por cáncer antes de llegar a la edad mediana. Otras generaciones previas incluyeron a destacados empresarios e inventores pero también más casos de cáncer. El patrón de la independencia fue una herencia que mis hermanos siguieron sin cuestionárselo. Eran sus fuerzas y sus glorias. También son las mías. Yo fui a la India y al Medio Oriente antes de llegar a la edad de diecinueve años, creé dos organizaciones en mis años universitarios, una escuela para niños antes de mis cuarenta, y un instituto para adultos antes de mis cincuenta. Todavía estoy creando: programas sobre múltiples inteligencias, sobre diálogo y cursos de ocho días de duración cada uno. La mayoría de las personas estarían impresionadas. Yo no lo estoy tanto. Yo me entusiasmo sobremanera cuando estoy creando y estoy contenta de haber podido hacer tanto, pero finalmente llego a reconocer que todas estas creaciones hubieran perecido de muerte temprana si no hubiera sido por el trabajo de muchos otros. También he llegado a reconocer todas las cosas, las personas e instituciones que he dejado atrás debido a mi independencia. He llegado a enfrentar este patrón de independencia y en los últimos años he trabajado conscientemente para desarrollar patrones de dependencia.

El primer paso fue el de ver el potencial de destrucción de mi patrón de independencia, reconocer cómo gradualmente éste les fue robando la vida a mis hermanos y cómo potencialmente me podría hacer lo mismo a mí. Al afrontar el patrón, comencé a ver la necesidad de agregar un patrón de dependencia. No era que yo iba a abandonar mi independencia sino que la iba a limitar a mi trabajo creativo y a no dejarla interferir con mis relaciones con la gente. Comencé a pensar conscientemente acerca de la importancia de la dependencia y su valor no sólo en las relaciones, sino también en honrar todo lo que los demás han hecho para mantener vivos la Escuela Mead y los programas del Instituto Mead.

Una cuestión diferente era entrar en la segunda etapa: aprender la acción de depender de otros. Me sentía incómoda y no era buena haciéndolo. Tampoco me sentía bien. Me gustaba y era adicta al golpe de adrenalina que da hacer las cosas uno mismo. Todavía prefiero huir, como hicieron mis hermanos. Sin embargo, ahora utilizo conscientemente reuniones y eventos para experimentar la dependencia, para experimentar la retroalimentación y para sentir los sentimientos.

He desarrollado buena parte de este trabajo en una nueva cultura, practicando la tercera etapa de la fusión, de acercarse y «hacerse miembro de» mientras que daba cursos en Venezuela. Ésta ha sido una experiencia nueva y emocionante al desplazarme de mi propia energía activa para reci-

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bir la energía activa de los latinoamericanos. Yo me he declarado a mí misma como «miembro de» y lentamente he desarrollado un nuevo patrón de dependencia en muchas de las pequeñas cosas de la vida. A menudo pierdo la paciencia, a menudo recurro a mi independencia, pero de una manera profunda siento una nueva integración de mi ser con la vida misma y con todo lo cotidiano que me rodea.

Usualmente hablamos de que todos somos interdependientes, y para algunos este relato puede parecerles irrelevante. Cognitiva o neocorticalmen-te, sé que toda vida es interdependiente. Sin embargo, solamente afrontando mi más profundo patrón de independencia y gradualmente cultivando la dependencia es que he llegado a sentirme interdependiente con otras vidas. En cualquier caso, pretendo que mi relato los invite a retar aún sus más apreciados patrones, no para perderlos sino para agregarnos nueva vida.

Cuando nacimos fuimos invitados a la vida. No esperemos o revoloteemos seductoramente buscando invitaciones adicionales. Sepamos que podemos ir más allá de nuestros propios límites cuando realmente lo queramos, al comprometernos en una experiencia más amplia. Emergeremos con una grabación nueva y nuevos recuerdos que formarán la base para nuestro nuevo patrón que nos servirán como diseño para nuevas acciones.

Es posible describirnos a nosotros mismos como una acumulación o integración de patrones. ¿De dónde vienen todos los patrones que conforman al ser humano? Al menos podemos hacernos conscientes de aquellos que vienen por herencia, de nuestras interacciones tempranas, de interacciones conscientes a lo largo de la vida, de nuestras intervenciones sobre los patrones que no nos agradan y reforzamientos de los que sí nos agradan, de nuestra construcción de patrones alternativos y de nuestras fusiones conscientes. Volvámonos inteligentes en los patrones que nos conforman y tan curiosos de nuestros propios patrones como hemos estado de las hojas de los árboles o de las nubes en el cielo. Todos somos formas de vida.

La inteligencia de los patrones consiste en reconocer nuestros patrones ya sean formados por nosotros mismos o heredados del pasado. La inteligencia de los patrones trata de reforzar y expandir nuestros patrones exitosos y la capacidad de cambiar aquéllos que no nos sean útiles. La inteligencia de los patrones implica profundizar en la creación de la vida, respetando las estructuras que se han desarrollado y añadiendo nuestra participación consciente en la creación de nueva vida dentro de nosotros mismos.

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CAPÍTULO 18


DAR SUSTENTO A LO QUE AMAMOS
LA INTELIGENCIA DE LOS PARÁMETROS
Imagínate la energía entrando constantemente en tu cuerpo. Imagínate los cien millones de impulsos por segundo entrando a través de cada vértebra de nuestra médula espinal. Aunque al entrar en el sueño apaguemos los pensamientos, hay áreas de nuestro cerebro que están siempre despiertas. En este cerebro básico somos un sistema celular en trabajo continuo, siempre expuesto a la energía. ¿Cómo manejar entonces este flujo continuo de energía?

En la naturaleza, las riberas de un río sirven como parámetros naturales para guiar el flujo del agua. En el cuerpo humano, los pulmones nos sirven de parámetros para contener el oxígeno que entra en nuestros cuerpos, así como las venas son parámetros que guían el flujo de la sangre. Cada parámetro sirve como margen, como límite, como frontera que guía la energía de una manera determinada y por medios específicos.

Para describir esta inteligencia escogí usar la palabra parámetro, en vez del término límite, para evitar la connotación de represión. Escojo parámetro como palabra neutra que enfatiza nuestra habilidad creativa para establecer nuestras propias fronteras, para guiar nuestra energía de la misma forma que un artista pone líneas y colores en el papel para guiar a nuestros ojos a ver lo que él o ella desea que veamos.

De una manera u otra necesitamos manejar ese flujo constante de energía entrando en nuestro cerebro más profundo. La naturaleza ya nos ha provisto del sistema reticular activador que sirve para canalizar la energía que va hacia el cerebro límbico y la neocorteza. No obstante ¿cómo tratar con la energía que entra continuamente a nuestro tallo cerebral desde nuestro medio exterior? Nosotros guiamos la energía que va entrando con los parámetros que hemos establecido conscientemente o heredado inconscientemente. Los parámetros sociales son las múltiples maneras que todos hemos creado para canalizar y limitar nuestra energía.

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