Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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DESCUBRAMOS LOS PATRONES
Para hacerte consciente de tu comportamiento o para cambiarlo, antes que nada es necesario descubrir el patrón o los patrones involucrados en determinada conducta. Cuando respondiste el perfil de energía presentado en la inteligencia básica, puedes haber descubierto conductas que te producen estrés continuamente, así como también otras conductas que quisieras cambiar.

Cualquiera que sea la razón, el próximo paso en el cambio de tu comportamiento es descubrir el patrón involucrado. Tu puedes desear o necesitar interrumpir un hábito o una adicción. Tu puedes desear aprender de otros y comenzar tratando de observar el patrón que está detrás de sus logros. Cuando desees aprender una nueva actividad directamente, sin imitar a otro que ya sabe hacerlo, observa las diferentes funciones involucradas y comienza a buscar el patrón de reacciones que son necesarias para que tú puedas aprender esta actividad. Veremos ejemplos de esto más adelante.

Por supuesto que los patrones también están por detrás de tus grandes éxitos. Si deseas perpetuar o repetir tus éxitos es también sabio tomar conciencia de los patrones presentes en esos comportamientos exitosos. Puedes, entonces, reforzar los patrones que te agradan creando parámetros de tiempo, para tener posibilidades de realizarlos más a menudo. Puedes estar más consciente y sentirte más orgulloso de ellos y guiar tu vida o ganártela practicándolos. Si eres exitoso en el comercio por tu patrón de negociador hábil y concreto, sigue utilizándolo. El descubrimiento del patrón es esencial cualquiera que sea tu interés en tu conducta: ya sea para aprender, para interrumpir adicciones, para cambiar tus conductas indeseadas o para aumentar las exitosas. A lo largo de nuestra vida nuestros patrones se han entretejido con todas las variaciones de pensamientos, imágenes, intuiciones, sentimientos y acciones. Los tres cerebros están organizados en un múltiple y complicado esplendor, entrelazándose, filtrando, cubriendo y conectando con el patrón original de estímulo-respuesta, al azar, por causalidad, por vistazos, por capricho, por estado de ánimo, por necesidad o por obligación. Aunque resulta imposible conocer exactamente cómo es que este patrón se fue entretejiendo, ciertos hilos se hacen obvios en el nivel más grueso y visible de nuestro

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comportamiento. Se muestran una y otra vez cuando comenzamos a observar nuestro comportamiento buscando el patrón.

Para descubrir el patrón que estamos buscando, es necesario primero identificar los hilos obvios o los eslabones de los cuales está compuesta la cadena del patrón. Cuando estudiamos nuestra conducta para descubrir los eslabones, algunas veces encontraremos un sentimiento o un pensamiento. Debemos anotar todo lo que encontremos sin alterarlo o censurarlo.

Hay dos maneras importantes de descubrir nuestros patrones:

1. Observando nuestro comportamiento en el presente.

2. Descubriendo los patrones de nuestros antecesores y buscando cómo pudieron ellos haber marcado nuestra conducta.


En el presente
Primero, observa tu comportamiento en el presente. Para descubrir un patrón, comienza un proceso de autoobservación en el cual buscarás una forma de estudiar tu comportamiento en la situación que te está molestando. Estudiar tu comportamiento significa buscar y encontrar las diferentes reacciones que suceden dentro de ti cuando estás involucrado en una situación particular. La suma de tus diferentes reacciones es tu patrón. Aunque tus reacciones no son siempre las mismas, fíjate cuán similares son. Al observar varias veces tu comportamiento, encontrarás reacciones que repites una y otra vez.

Cuando las siguientes circunstancias se presentan, ¿cómo reaccionas? Estos ejemplos incluyen algunas de mis reacciones, ¿cuáles son las tuyas? Practica con tus propias situaciones también.

Cuando no tengo dinero en mi cartera:

Me asusto.

Me pregunto cuándo podré ir al banco.

dónde podré conseguir algo de dinero.

por qué no lo planifiqué mejor...
Cuando tengo hambre:

Busco algo de comer.

Luego pienso que he debido esperar.

Luego me quejo de que comí mucho

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Cuando es necesario escribir:

Busco algo de comer.

Llamo a un amigo.

Camino alrededor de mi escritorio.

Digo que debo sentarme Y, finalmente, me siento a escribir
Cuando voy a enseñar:

Me preparo.

Estoy abierta a conectarme con la gente.

Uso micrófono.

Enseño caminando.

Me emociono.


Cuando voy a cocinar:

Me frustro fácilmente.

Lo hago algunas veces en fin de semana.

Hago sólo lo que me gusta.

No disfruto mucho haciéndolo.
Cuando voy a vestirme:

No me gusta Nunca.

lo hago bien.

Podría estar mejor.


Observa en estos ejemplos cómo hay diferentes tipos de comportamientos involucrados en nuestros patrones: los que nos gustan y los que no. Algunos son pensamientos; algunos, sentimientos; algunos, acciones; algunos, críticas; y algunos, recordatorios de obligaciones. Actúa como un arqueólogo durante una excavación exploratoria. Incluye todo lo hallado y luego selecciona aquellas reacciones que parecen ocurrir una y otra vez. Esas reacciones tomadas todas juntas conforman tu patrón.
Ejercicio
Descubriendo tus patrones
1. Escoge un comportamiento que deseas hacer más consciente.

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2. Relájate y empieza a visualizar las situaciones en las que éste comportamiento aparece.

3. Como si estuvieras viendo una película, nota tus reacciones: «Primero ocurre ésto... y luego... y luego...»

4. Revisa otras situaciones similares y observa tus reacciones en ellas.

5. De esta situación anterior, extrae las reacciones que usualmente están más involucradas en el comportamiento. La suma total de tus reacciones es el patrón involucrado en ese determinado comportamiento.
Los patrones heredados
Una gran parte de nuestro comportamiento actual tiene su origen en el pasado y muy probablemente en los años de la infancia hasta la adolescencia, años en los que los padres eran el factor dominante en nuestro medio ambiente. Durante esos años, la necesidad de amor y atención de nuestros padres o sustitutos parentales nos hizo extremadamente vulnerables a las huellas impresas provenientes de ellos. También fueron muy importantes esos años preadolescentes, una época en que nuestra glándula pituitaria altera la química y energía de nuestro cerebro límbico y nos lleva a la búsqueda del amor de los otros.

En general, el comportamiento aprendido en la infancia es aquél que no hemos cambiado ni hemos aceptado en todos los sistemas cerebrales. ¿Cómo es ésto? Aunque nuestras huellas heredadas están almacenadas en nuestro cerebro básico, podemos no sentirnos bien con ellas en nuestro cerebro límbico y estar decididamente en contra de ellas en nuestra neocortéza. No obstante, no logramos cambiar nuestro comportamiento por no haber contactado al patrón que filtra y por lo tanto forma nuestra conducta. Aunque localizar estos patrones de nuestra edad temprana puede ser más fácil con la ayuda de un terapeuta, también podemos tener éxito en identificar los patrones heredados haciendo el siguiente ejercicio.


Ejercicio
En busca de patrones heredados
1. Busca las circunstancias de tu infancia que corresponden a ese determinado comportamiento que ya no te sirve más en el presente. Por ejemplo, si deseas dejar de fumar, busca si tus padres fumaban, o cómo

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ellos se desenvolvían durante un hábito oral como el de comer. No se trata de culpar a tus padres. La decisión está registrada en tu cerebro básico, como si fuera una foto tomada en tu infancia y congelada de esa forma hasta el presente. Para cambiar tu comportamiento, hay que revisar de nuevo el pasado, para obtener los datos y tomar una nueva decisión en el presente. Si tú no tienes acceso a tu cerebro básico y si tu decisión es solamente en la neocortéza y basada solamente en sus datos, las viejas decisiones permanecen registradas y se resisten a tu nuevo comportamiento.

2. Recuerda y re-visualiza a tus padres —primero a la madre y luego al padre- actuando el comportamiento que ahora no te gusta en ti. Obsérvalos, por ejemplo, en el acto de fumar o comer. ¿Cómo fue que mi madre hizo esto? ¿Cómo fue que mi padre lo hizo? ¿Hubo alguno de mis maestros favoritos o alguno de los héroes de mi infancia que lo hiciera?

3. Adéntrate en esta visualización sintiéndote presente cuando ellos estaban profundamente involucrados en el comportamiento (fumando o comiendo). Mírate en tu juventud en presencia de ellos. Observa la conducta de ellos en la forma más neutra que sea posible, entonces trata de comprender. Lo que viste era... y la explicación de su comportamiento era.... ¿Era útil para ellos? Si era útil, ¿cómo lo era? ¿De qué manera les servía? ¿Era doloroso en algún aspecto? ¿De qué manera el hacerlo afectaba sus vidas? ¿Qué mensajes probablemente recibió tu cerebro por estar cerca de ellos en estas conductas?

4. ¿Qué sería lo que probablemente decidiste tú? En aquella situación, siendo tú un niño, trata de recordar lo que habrás decidido o integrado como la manera de reaccionar ante esa determinada situación. No se puede saber con exactitud, pero sí se puede buscar entender tu decisión con las siguientes frases: «Lo que yo probablemente decidí en esa circunstancia fue...», «probablemente mi organismo reaccionó de tal o cuál forma...», «yo debo haber pensado, sentido o imaginado que...». Tendrás que adivinar, aunque seguramente podrás sentir cuál de tus respuestas es la más relevante.

5. Basado en lo que probablemente decidiste, completa la siguiente frase: «Dadas las circunstancias en mi vida infantil probablemente habré decidido que». Expresa tu descubrimiento con el menor número posible de palabras.

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Cuando veas lo que has aprendido de este ejercicio de exploración, tendrás claro al menos una parte de tu patrón de comportamiento o posiblemente el patrón total que está todavía activo y afectando a tu comportamiento del presente. Si estos patrones te son útiles, celébralos. Si no, puedes desear tomar una nueva decisión. Como parte del cambio de tu comportamiento en el cerebro básico, es importante no sólo saber lo que tienes ya grabado como reacción a tus padres, sino luchar por cambiar la decisión que hiciste en aquel momento.

En la actualidad, tu comportamiento ya nada tiene que ver con tus padres. Tiene que ver solamente con esa decisión que tienes congelada dentro de tu cerebro desde hace años. El siguiente ejercicio ha ayudado a mucha gente a elaborar una nueva decisión dentro de ellos en vez de seguir culpando a sus padres por las dificultades que han sufrido.


Ejercicio
Desatar las raíces
Coloca aquí la respuesta del ejercicio anterior, expresada de la manera más breve posible.

1. Lo que probablemente decidí fue .

2. Ahora, lo que quiero decidir es .

Toma el tiempo suficiente para explorar muchas respuestas. Dales vueltas en tu mente hasta que sientas la adecuada para el comportamiento que quieres lograr.

3. Lo que se requiere en este momento es una batalla de energía interna. Ve la cara del familiar que se relaciona más con tu vieja conducta y ve tu propia cara. Establece un diálogo interno activo cara a cara, cuerpo a cuerpo, mente a mente. El asunto es llegar a convencer por medio de este diálogo al familiar que has puesto frente a ti, de la importancia de tu nueva decisión. Para hacer esto debes permitir que en tu mente el otro se haga real, que discuta contigo, de manera que el diálogo tenga las dimensiones de un encuentro real; una batalla de energías internas. La diferencia entre lo actual y el pasado es que el viejo encuentro tomó lugar cuando tú eras muy joven y probablemente ni siquiera estabas consciente de que tomabas una decisión. Además, tu cuerpo pequeño no tenía poder frente a uno mayor y probablemente sentías miedo incluso de sufrir algún daño físico. Ahora, aunque tu pasado sigue

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incrustado en tu memoria, tú estás estableciendo un diálogo entre adultos en el cual tú tienes el control de la situación.

4. Sigue trabajando el diálogo hasta lograr convencer al otro de tu nueva decisión; hasta que sientas que esta decisión te pertenece y que puedes defenderla. No te rindas ni te retires, debilitándote o confundiéndote. Lo que estás haciendo es reprogramando tu propio cerebro. Así, si surge algo que estimule esa vieja forma de actuar, sabrás cómo luchar contra ella.

Desatar las raíces es básico para cualquier cambio. Es como poner nuestras raíces al día en vez de dejarlas enterradas, adheridas a lo viejo y resistentes a cualquier nueva acción. Con el tiempo haremos honor a nuestros padres y a nuestra familia, porque ningún familiar puede saber lo que nosotros tenemos registrado en nuestro cerebro. Nuestros padres no estaban conscientes de lo que estaba ocurriendo en nosotros, ni pueden haberlo estado. Sólo nosotros tenemos la capacidad de nuestra propia conciencia. Poner al día los patrones relacionados con el condicionamiento de la familia, para celebrarlos o actualizarlos, nos libera verdaderamente y nos da una oportunidad de cambiar lo que necesita ser cambiado en nuestro comportamiento diario de hoy día.


DESACTIVEMOS LOS VIEJOS PATRONES
Los patrones no están activos todo el tiempo. Por ejemplo, los patrones que nos permiten manejar un automóvil en forma automática, se desactivan cuando dormimos. Solamente cuando nos concentramos en el manejo es que se desatan los patrones-memoria del manejo de automóviles. Por lo tanto, debe existir una manera para desactivar los patrones o desenfocarnos de ellos. En este caso, claramente cambiamos nuestro foco desde el manejo de automóvil hacia el dormir. Al desplazarnos desactivamos el patrón anterior y es entonces que nos concentramos sobre uno nuevo.

¿Podrá alguien o algo influir de alguna manera para convencernos de que desactivemos nuestros patrones ya organizados?

Nuestros patrones organizan nuestra realidad. Ellos guían nuestra manera ya establecida de conectarnos con la vida y estos son los que nos inspiran confianza porque nos son familiares y significan seguridad para nosotros. ¿A quién o a qué le permitiremos que entre en nuestra vida para interferir en nuestros patrones?

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Cuando los hipnólogos o los sanadores interfieren en los patrones, ¿será que ellos «ven» el eslabón del patrón que necesita ser interferido, cambiado o reemplazado? ¿Será nuestra fé en ellos o en Dios lo que les permite desactivar nuestro patrón?

Sabemos que tanto las bacterias como los virus a un nivel físico de tu cuerpo pueden interferir en tus patrones pero no sabemos cómo sucede. El descubrimiento de la naturaleza de esa interferencia es trabajo de investigación médica. Sin embargo, también puede ser trabajo nuestro porque a este nivel profundo puede necesitarse nuestra concentración mental, emocional o espiritual para permitir que surjan nuevas formaciones. Cuando un individuo es sanado, lo que llamamos «fe» puede ser un asunto de concentración individual, anhelos profundos y amor espiritual. El individuo es el que debe abrir la puerta e invitar que entre la energía que está pasando a través del sanador para formar nuevos patrones. Somos nosotros los que debemos abrirnos al sanador, sea este espiritual, un doctor en medicina, un ser que nos ame o un amigo.

Antes de interesarnos o desear desactivar un viejo patrón, nosotros debemos encontrar una forma de abrirnos conscientemente a nuevas intervenciones. Antes que nada debemos preguntarnos: ¿quiero realmente abrirme? ¿Deseo realmente un nuevo patrón o un nuevo comportamiento? ¿Prefiero mantenerme con el mismo patrón hasta que enferme o surja una crisis?

Esta pregunta no es ni cínica ni superflua; sino que, de acuerdo a estadísticas, la mayoría de nosotros esperamos hasta que surgen las crisis. Los estudios sobre las culturas y las civilizaciones indican que, como grupos también esperamos las crisis. Las culturas alcanzan su momento más alto, continúan su camino en las mismas actuaciones y luego declinan o son confrontadas con una crisis, como una guerra, por ejemplo, que produce muerte. Las mismas estructuras o patrones que permitieron a las civilizaciones alcanzar su edad de oro en algún momento, se tornan rígidas en cierto momento, cesan de ser útiles, y ayudan a causar su derrumbamiento. Creo que en ambos niveles, el colectivo y el individual, rechazamos el cambio porque realmente no lo queremos y también porque no sabemos como fusionarnos con vida nueva.
DESARROLLEMOS NUEVOS PATRONES
Hay tres procesos que me han servido y han ayudado a otras personas para cambiar los patrones que gobiernan el comportamiento:

1. La intervención de un patrón.

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2. Los patrones alternos.

3. La fusión.


Primer proceso: la intervención de un patrón
Para practicar la intervención de un patrón empieza por seleccionar uno de tus hábitos y descubrir el patrón de este hábito utilizando el ejercicio ya expuesto en este capítulo («Descubramos tus Patrones»). Enumera los eslabones de la cadena de la reacción. Por ejemplo, mi patrón de frustración en la cocina incluye las siguientes reacciones:

Simplemente preparo algo rápido.

No tengo tiempo.

No pongo las cosas en su sitio.

Muchas cosas sobre el mesón.

Demasiado qué hacer, otras actividades.

Algo no se vé bien.

Frustración.

Luego, decide dónde deseas intervenir. ¿En qué lugar de la cadena de respuestas del estímulo necesitas o escojes intervenir? En mi ejemplo yo escojo intervenir en el primer paso: «Simplemente preparo algo rápido».

Ahora imagina dos o tres posibilidades con las que tú puedes sustituir ese paso. Siguiendo con mi ejemplo en la cocina, yo imaginé las siguientes posibilidades:

a. Yo voy a arreglar algo para mí en la cocina sólo porque quiero y tengo mucho tiempo.

b. La comida es una actividad creativa y un suceso sagrado y yo puedo dedicarle tiempo.

c. A mí me gusta comer y voy a hacer tiempo para preparar mi comida.

Decide cuál de éstos va a ser el sustituto de tu vieja reacción. Yo voy a sustituir «Simplemente preparo algo rápido» con el segundo renglón, «La comida es una actividad creativa y un suceso sagrado y yo puedo dedicarle tiempo».

Para intervenir realmente en el patrón tienes que ser capaz de reconocer la vieja reacción de «Simplemente preparo algo rápido». Por lo tanto, memoriza tu reacción, visualízala en una imagen exagerada, o escríbela y cuélgala en un sitio visible, con la siguiente instrucción: «¡PARA!».

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Saber pararte o inhibirte es esencial para cualquier cambio de comportamiento. Practica la palabra parar o la palabra inhibir incluso cuando estés caminando, soñando despierto, yendo en autobús o metro, o especialmente cuando estés pensando. Simplemente para en el medio de un pensamiento antes de llegar al punto final. Estamos tan entrenados en el pensamiento racional, en el pensamiento secuencial, que siempre nos va llevando al próximo, que estamos realmente programados para continuar con lo que sea que podemos estar pensando, sintiendo, o haciendo. Aprender a pararse es esencial.

Después de parar el pensamiento o acción, recuerda y practica la nueva reacción. Ahora, cuando voy a la cocina recuerdo que mi actividad allí es creativa y sagrada, y no una obligación. Siempre me concedo más tiempo. Si empiezo a apurarme, me paro y entonces continúo más despacio, pensando en cuán sagrada es la comida.

¿Qué sostendrá o le dará soporte a este nuevo comportamiento? ¿Qué le dará soporte a «la comida es un asunto creativo y sagrado y por lo tanto puedo asignarle un mayor tiempo»? Esta nueva reacción es un eslabón nuevo en el patrón y hay que apoyarlo hasta que funcione bien.

La sustitución no es tan mecánica como parece. Toma tiempo y repeticiones. Implica fallar, para que puedas aprender a apreciar la diferencia. Sobre todo, implica recordar la señal peligrosa y parar el viejo comportamiento. Después de parar, es cuestión de guiarte a ti mismo repetidamente hacia el nuevo comportamiento, hasta que te acostumbres a él. Sentirás como algo extraño y definitivamente incómodo hasta que estés reacondicionado. En el proceso del cambio de tu comportamiento, no puedes confiar en tus sentimientos hasta bastante después que estés acostumbrado a actuar de esa manera diferente. Cuando tu nueva acción es rítmica o alineada, entonces se sentirá bien. Tampoco puedes permitir que las dudas y cuestionamientos de tu proceso racional erosionen tus esfuerzos. Necesitas continuar apoyando al nuevo eslabón que estás insertando por medio de los nuevos parámetros.

Decide nuevos parámetros de tiempo y espacio que le den soporte al nuevo comportamiento. En mi ejemplo, estoy dándome nuevos parámetros de tiempo hasta que realmente esté actuando como si la preparación de la comida fuera sagrada. También es un arte consciente construir un sistema de apoyo para sostener cualquier nueva conducta: lo verás explicado en el próximo capítulo sobre la inteligencia de los parámetros.

Como lo ilustra bien mi ejemplo, cada patrón se compone de una cadena de reacciones. El estímulo produce una respuesta, que a su vez esti-

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mula otra respuesta. Esta agrupación forma un patrón. Para intervenir en cualquiera de nuestros patrones, es preciso:

1. Encontrar los eslabones de la cadena.

2. Intervenir en la cadena.

3. Reemplazar el eslabón por otro eslabón.

4. Apoyar el nuevo eslabón.

La intervención de un patrón es como una intervención quirúrgica. Descubrimos lo que no es útil, o lo que es dañino o lo que necesitamos reemplazar. Una vez que insertamos una nueva pieza, debemos proveerla de un soporte, tal como proveemos de un soporte con escayola a un brazo cuando un hueso se ha quebrado y lo reconstruimos.

Si deseamos usar la intervención de patrones para cambiar lo que ya ha crecido de cierta manera, necesitamos el proceso de observación, de intervención, inhibición, sustitución y refuerzo. El proceso es similar, ya sea que lo que queremos cambiar tenga que ver con creencias, con emociones o con acciones.


Segundo proceso: construyamos patrones alternos
En el proceso de desarrollar nuevos patrones, muchos de nosotros simplemente escogemos desarrollar patrones adicionales en vez de intervenir en nuestro comportamiento. Nos alejamos de lo que nos molesta y comenzamos de nuevo. Una buena parte de nuestro aprendizaje lo hacemos de esta manera sin analizar nuestro comportamiento, simplemente nos movemos hacia nuevos espacios y nuevas experiencias y la retroalimentación que recibimos produce un cambio en nuestro comportamiento.

Para construir patrones alternos es necesaria una nueva y real experiencia que te provea de una nueva retroalimentación. No basta tomar la decisión de cambiar si no nos ofrecemos a nosotros mismos una nueva experiencia. La nueva experiencia ofrece una nueva retroalimentación y al reaccionar ante esa nueva retroalimentación es que podemos formar patrones nuevos.

Desarrollar patrones alternos es una elección viable y bastante usual de abordar el cambio. Sin pensar sobre el tema conscientemente, buscamos una nueva ubicación física, un nuevo amor, nuevos amigos, un nuevo trabajo, un nuevo pasatiempo o nuevas formas de entretenimiento con el fin de que nuevas experiencias nos den un nuevo aprendizaje, retroalimentación y un nuevo comportamiento. La evolución de nuestro comportamiento resulta de

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movernos hacia nuevas experiencias, de recibir nuevas retroalimentaciones, y de estar dispuestos a integrarlas a nuevos patrones de conducta.

Sin embargo, el proceso presenta una dificultad que la mayoría de nosotros también ha experimentado. A pesar de que hemos aprendido y actuado nuevos comportamientos, los antiguos patrones parecen permanecer y estar disponibles para dispararse bajo circunstancias muy variadas. Cuando menos lo esperamos o cuando menos alerta estamos, se pueden estimular. El mismo estímulo relacionado con el patrón anterior aparece otra vez en nuestro entorno nuevo, o cuando estamos menos atentos, enfermos, molestos, cansados o descuidados respecto a nuestras acciones, el patrón antiguo, pero aún presente, aflora de nuevo.

Esto sucedería con menos frecuencia si practicáramos el primer proceso, el de la intervención de los patrones, descrito anteriormente. Por el hecho de haber trabajado tanto para cambiar nuestro comportamiento y para apoyar al nuevo, nos habremos hecho tan conscientes, que nos será más fácil darnos cuenta cuándo estamos estimulando el viejo patrón y nos permitirá recobrar el nuevo.

En ciertas situaciones difíciles tales como en las adicciones químicas, deberíamos usar la intervención de patrones en vez de este proceso de construcción de patrones alternos.

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