Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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Parte I. Creando tu perfil
Al final del día, ponte en una posición muy cómoda, y si lo deseas, con papel y lápiz a la mano. Ponte en un estado de relajación, dispuesto a observar tus actividades del día (o de cualquier período de tiempo) desde un punto de vista neutro, lo que quiere decir sin involucrar ni tu crítica, ni tus emociones.

1. Disponte a observar con interés y curiosidad. Empieza por la mañana, observando tu cuerpo en el confort de tu cama. Sigue observando el comportamiento de tu cuerpo al entrar al baño, ¿te vestiste con una bata de casa o de una vez con un traje? Luego obsérvate yendo a desayunar, recuerda qué comiste, y así sucesivamente durante todo el día, observando hacia qué te moviste y de qué te alejaste.

2. Traza una línea en forma de onda, en una hoja de papel en blanco tal como se muestra en la figura 14.

3. Toma nota de tus movimientos de acercamiento en el lado derecho de la línea y en el lado izquierdo anotas tus alejamientos.

4. Has trazado la ruta de una serie de tus comportamientos en el tiempo y espacio. Tu perfil de energía de hoy revela la conducta que ha resultado de alguna combinación de tus tres cerebros durante una experiencia tuya en particular. El perfil ilustra dónde es que tú has concentrado tu energía y de qué comportamientos te has acercado o alejado repetidamente.

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Fig. 14. El perfil de energía.


*Para acceder a la figura, remitirse al original.*
Parte II. Lectura del perfil de energía
La aceptación. Comienza a leer tu perfil de energía aceptando completamente los datos que incluíste en él. Antes de permitir que tu neocorteza o tu cerebro límbico descarte, desvalorice, desacredite, o niegue alguna información, primero debes aceptar el texto como si fuera un documento sagrado. En este nivel básico eres lo que eres y la aceptación de ti mismo es extremadamente importante antes de intentar cambiar algo. Resulta crucial que aceptes toda la información acerca de ti de la manera más neutra posible.

Cuando consideramos este tipo de información, podemos sentirnos tentados a llamar a este cerebro básico "el inconsciente". Hemos comprobado una y otra vez que no deseamos reconocer toda la información referente a nosotros mismos. Preferimos negarla.

Creo que esto ocurre porque no hemos sido entrenados en la importancia y la práctica de la aceptación. En vez de reconocer todos los datos,

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ocultamos algunos en lo que llamamos "la autodefensa". Esta defensa se basa en la negación y ha dado lugar al fenómeno que ahora llamamos la «negación clínica». Pasamos la vida observando y analizando a los demás pero tenemos una gran dificultad para analizar algo de nosotros mismos que no sea considerado apropiado por la sociedad. Incluso podemos abandonar, negar o al menos disociarnos de nuestros hijos o seres queridos en momentos críticos cuando actúan contra la sociedad en maneras que nos avergüenzan. La aceptación de toda información es la clave del autoconocimiento, al igual que es la clave del conocimiento en general y de las invenciones en la ciencia y la filosofía.

Honrar lo que haces mejor. Lee el lado derecho de tu perfil, el que has marcado con «acercarse hacia». Lo que has apuntado en este lado es lo que haces con más frecuencia. Es de lo que puedes confiarte porque es lo que sabes hacer bien. Tu cuerpo sabe cómo desempeñarse en esta conducta. Estas son las acciones que te ayudan. Deben estar protegidas de la crítica y la duda. Puedes confiar que tu cuerpo seguirá haciendo bien aquello que ha hecho repetidamente con éxito. Cuídate de no interferir esa conducta o de tratar de mejorarla. Ten presente que puedes honrar aquello que sabes hacer bien.

Nota. También puedes haber notado en este lado cierta conducta repetitiva que ahora quieres cambiar. Esta es parte de la información que deseabas y con la que necesitas lidiar dinámica y cuidadosamente. Si no cambias la conducta conscientemente, puedes estar segura que ésta seguirá apareciendo sin la anuencia de tu conciencia.

Estrés. Lee el lado izquierdo del perfil, el marcado con «alejarse de». Aquí has enumerado aquello de lo que prefieres alejarte. Son las conductas que realizas pero que te causan estrés. Si las haces más de tres veces a la semana contra tu voluntad o mejor dicho, contra tu cuerpo, puedes estar seguro de que te están produciendo tensión y deberías tratar de cambiarlas.

El perfil de energía es una herramienta que nos permite reflexionar sobre todos los datos que se reúnen conformándose como nuestro comportamiento. La autoobservación es un proceso dinámico y continuo. El perfil de energía es un proceso estático. La combinación de ambos nos ayudará a volvernos conscientes, al reconocer las conductas como propias y al abordarlas de manera neutra antes de tratar de cambiarlas por medio de los procesos de las inteligencias de los patrones y de los parámetros, descritas en el próximo capítulo.

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EL MOMENTO ACTUAL
Tenemos acceso a la inteligencia básica no sólo para informarnos de nuestro pasado sino que también es una inteligencia activa para ser usada en el presente. Para utilizar esta inteligencia activamente necesitamos estar dispuestos a tratar la acción como un fenómeno en sí mismo, es decir, que no está forzosamente ligado con pensar o sentir. A un nivel sutil ocurren estímulos que nos hacen actuar, reaccionar y continuar repitiendo actuaciones pasadas. Necesitamos la capacidad para responder a los estímulos sin considerar que el sentimiento o el pensamiento son los que causan nuestra acción.

Estoy luchando para independizar a esta vibración básica de ese modo de pensar basado en la causa-efecto que hace que la acción dependa del pensamiento o del sentimiento: del proceso de decisión antes que del proceso de la acción. A veces ésa es una secuencia importante. Sin embargo, a menudo se hace necesario actuar para recibir una retroalimentación que nos permitirá tomar decisiones apropiadas.

Estoy buscando entender la acción en un nivel de experiencia en el cual la vibración misma de estímulo-respuesta podría ser honrada y observada. La vibración a un nivel estímulo-respuesta necesita estar libre, independiente y comprendida como acción en sí, para nosotros poder entrar o comprometernos con la vida, a un nivel celular, dentro de nosotros mismos. Es extremadamente importante captar que la acción es su propio fenómeno, para así estar en capacidad de imitar e inhibir con efectividad. Estas son las dos dinámicas de la inteligencia básica.
La imitación y la inhibición
La acción consciente implica un proceso de inhibición de aquello que es dañino para nuestra vida y un proceso de imitación de lo que es beneficioso para ella.

Para entrenarnos en la inteligencia básica debemos ser capaces de imitar e inhibir. Primero, a un nivel conceptual neocortical, debemos creer en la imitación y en la inhibición. A pesar de que la imitación fue tan descalificada por nuestra educación, podemos recordarnos de cuánto nos enriqueció en la primera infancia. Por imitación aprendimos a hablar y a caminar y ahora, como adultos, podemos comenzar a ver a cada persona como un recurso: todos y cada uno pueden enseñarnos algo. Sólo tendríamos que ser selectivos e imitar aquello que podría ser lo más nutritivo o protector para nuestra

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vida. Nos podemos acercar e imitar lo mejor de nuestro medio ambiente con el fin de desarrollarnos y a la vez llegar a convertirnos en un recurso útil para los demás.

Segundo, necesitamos dejar de definir a la inhibición como una palabra con las implicaciones psicológicas negativas de la represión inconsciente. También debemos liberar esta palabra de la implicación de que inhibir es «perder el beneficio de algo». El verbo «inhibir» necesita ser comprendido como un verbo de acción. Es una señal de interrupción, para parar de hacer algo, y vitalmente necesaria antes de poder cambiar de rumbo o comenzar el proceso de alejarnos de algo que pueda ocasionarnos daño.

También es posible ver la inhibición como un proceso temporal que nos lleva a separarnos de las vibraciones o acciones que aún no sabemos procesar en forma provechosa para nosotros. Aunque pudiéramos preferir retirarnos por algún tiempo de algunas áreas que actualmente no nos son útiles, algún día podríamos ser capaces de regresar hacia esas mismas vibraciones, la misma gente, o las mismas acciones. Por ejemplo, podemos inhibir nuestra expresión de rabia debido a que no es el momento ni el sitio conveniente para expresarla o porque todavía no hemos aprendido a hacerlo adecuadamente, pero cuando lo hayamos aprendido y además tengamos una idea más clara de lo que nos molestó, es muy posible que estemos en capacidad y deseemos expresar nuestra molestia al día siguiente. La inhibición puede ser útil para guiar nuestras acciones de una manera apropiada.
CONCIENCIA O CRISIS
La inteligencia básica se refiere a vivir en el presente. La bailarina Martha Graham captó lo que implica la conciencia del presente cuando dijo: «Lo que importa es el momento en el que estás en movimiento. Haz el momento vital y digno de ser vivido. No lo dejes escapar inobservado o inaprovechado... No es 'lo que yo haré' ni 'lo que he hecho' sino 'lo que estoy haciendo'. Lo que hagas debe ser hecho como si fuera por primera vez»3.

Desafortunadamente, casi nunca seguimos este consejo. Y peor aún, por lo general no actuamos conscientemente hasta que caemos en alguna crisis, alguna amenaza a nuestra identidad o a nuestra existencia. Entonces es que comprendemos o somos fuertemente capaces de saber cómo reorien-

3. De Mille, «Martha Graham», p. 22.

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tar nuestras elecciones a este nivel sensorial profundo. Por medio de las crisis somos capaces de dejar de lado nuestro comportamiento automatizado, nuestros patrones, rutinas, adicciones y, en casos en que nuestra vida esté seriamente amenazada, hasta nuestros valores.

Entonces, con una profunda oleada de energía, elegimos vivir de ciertas maneras que nunca «entendemos» cómo lo logramos: dejamos de fumar, dejamos las comidas pesadas, hacemos ejercicios, o hasta podemos tener experiencias de renacer, en las cuales podemos llegar a las experiencias de iluminación y aún a los milagros. Experimentamos la energía y comenzamos el proceso de guiarnos hacia nuevos hábitos. A través de las crisis somos propulsados hacia las acciones a niveles sutiles y no tan sutiles. Frecuentemente, aún sin estar dispuestos, nos movemos hacia lo que es nutritivo y nos alejamos de lo dañino.

Mi esperanza es que un día podamos desarrollar este poder para encontrar opciones que favorezcan la vida aunque la crisis no haya llegado ni la vida esté amenazada. La inteligencia básica existe para que dispongamos de un proceso con el cual podamos inhibir e imitar antes de que ocurra la crisis. La inteligencia básica existe para alertarnos de los ritmos visibles e invisibles y nos invita a vivir conscientemente esos ritmos en el presente.

Algunas veces pensamos que nuestros hábitos son dañinos o nos sentimos muy incómodos con ellos, pero no actuamos al respecto. Nos escondemos tras fórmulas estadísticas en vez de utilizar nuestra propia autoobservación dinámica. Respetamos el análisis de otros, pero ignoramos lo que claramente indica nuestro propio perfil de energía. Por estar apegados a las explicaciones racionales de causa-efecto, esperamos por las calamidades o buscamos saber más y más de sus causas. Nos quedamos atascados en el análisis en vez de llevar a cabo acciones de sentido común que podrían ayudarnos a evitar la crisis.

La inteligencia básica puede alertarnos de la necesidad continua de actuar sobre lo que queremos cambiar, así como la inteligencia racional nos alerta sobre la necesidad de analizar. Es inteligencia básica vibrar en resonancia y disonancia con la energía, sea cual sea la forma que ésta adopte, a fin de formarnos, reformarnos, deformarnos o transformarnos en el proceso continuo de la vida.


LA LIBERTAD DE SER
Para utilizar la inteligencia básica en su rango más fino de vibración, debemos ser «libre de ser». La inteligencia básica es la libertad de ser libre, no

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para oír, ver, recibir o integrar, sino libre para «ser», libre para mover este organismo-mente-cuerpo-estructura. ¿Es esto libre albedrío? No, esto es libertad sin albedrío. Esto es libertad para ser consciente de la resonancia o disonancia en cualquier nivel de vibración. Viviendo tan profundamente como sea posible, podemos conducir nuestra estructura en cualquier longitud de onda.

A un nivel celular, la inteligencia básica significa tener acceso a nuestra propia vida, estar a cargo de ella y vivir con nuestros billones de células. Esto requiere un desapego, una pasividad, un distanciamiento de nosotros mismos como también una aceptación de nosotros mismos. Requiere también neutralidad.

Esto también requiere comprender que la vida se está viviendo a sí misma en la configuración de un cuerpo que estamos llamando «nuestro». Utilizamos la inteligencia básica para observar el rastro que la vida deja en la acción que llamamos nuestra, pero que podría muy bien ser la influencia de cada uno y de todos, de generaciones pasadas y situaciones vividas antes de que nosotros viviéramos o fuéramos conscientes. La inteligencia básica está allí para proveer la libertad de actuar en relación a la integridad de la vida misma.

En la libertad de ser, la práctica de la autoobservación es clave porque nos permite coleccionar datos de todas las fuentes: de nosotros mismos y de nuestro cuerpo, de nuestro medio ambiente, de nuestro comportamiento y de nuestros sueños. La libertad de ser tan consciente como sea posible en cualquier rango de vibraciones también nos permite guiarnos sutilmente a favor de nuestra vida.

Yo creo que los que han experimentado sanaciones milagrosas han tenido acceso a esta libertad y la capacidad para guiar sus células, aunque ellos quizás ni siquiera estuvieran «conscientes» al hacerlo. No obstante, de una forma u otra, ya sea por fe, creencia o amor, ellos fueron capaces de recibir el contacto de la energía a este nivel celular. La inteligencia básica es un fenómeno espiritual cuando ocurre en estas longitudes de onda tan sutiles. El acceso a las ondas sutiles e invisibles no es explicable sino haciendo referencia a lo infinito. ¿Cómo podemos tratar de explicar las experiencias que nos relatan algunas personas consideradas «clínicamente muertas» y que han regresado a la vida? ¿Cómo podremos comprender estas ondas sutiles, o lo que estamos empezando a conocer como las experiencias de «salir del cuerpo»? Resulta difícil trazar un proceso secuencial en este caso, ya que lo que está involucrado es un asunto de saltos cuánticos. Pero, sin embargo, sí podemos observar que el primer cerebro sigue funcionando. En las experiencias de salir-del-cuerpo,

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la conciencia de la persona se mueve entre longitudes de onda sutiles o más finas, que permiten al individuo observar el funcionamiento de su cuerpo y lo que está ocurriendo a su alrededor.

A pesar de que estos eventos no pueden ser descritos por el proceso racional secuencial, podemos obtener un cuadro general de lo que ocurre al darnos cuenta de que cada una de las estructuras cerebrales está vibrando en dimensiones que van desde las más gruesas hasta las más finas, dependiendo de sobre qué estemos concentrándonos. El nombre que se le da a aquellos que alcanzan las dimensiones más finas de la neocorteza es el de místico y aquellos que orquestan las dimensiones más finas de los cerebros límbico y básico se llaman sanador o shamán. Sabemos que los místicos empiezan sus viajes espirituales en la neocorteza con revelaciones instantáneas, oración o meditación, y sabemos que la meditación tranquiliza las ondas más gruesas de la neocorteza. Los místicos continúan por las longitudes de onda de la inteligencia espacial hacia el rango intuitivo, donde reciben longitudes de onda aún más sutiles. Se presentan también distintas longitudes de ondas emocionales así como también longitudes de onda que todavía no sabemos describir pero que sí efectúan cambios físicos y emocionales en la persona. Los sanadores y los shamanes son capaces de involucrarse en las vibraciones más finas de las tres estructuras cerebrales.

Se pueden notar cambios en la expresión facial y la personalidad en aquéllos que viven experimentando conscientemente su vida interior. Estos cambios físicos indican que se ha involucrado del proceso profundo de este cerebro básico. No he querido llamar a este cerebro «reptil» porque el término no nos comunica adecuadamente los niveles de energía sutil e interior que encontramos en él.

A este nivel y en este cerebro, necesitamos ser libres para vivir en relación con lo infinito o con lo instintivo, con lo consciente o lo llamado inconsciente, con lo sensorial o lo básico de la naturaleza, en el rango de energía que sea. La libertad de ser es necesaria para nuestra capacidad de orquestar un rango completo de energía que va de la más gruesa a la más sutil, desde el estímulo-respuesta hasta el salto cuántico.

Los niños emplean su inteligencia básica con una mayor libertad que los adultos. Haríamos bien en aprender a leer sus comportamientos en búsqueda de su inteligencia básica. Francisco era un niño de cuatro años de edad que se dirigía todos los días a la misma área del aula a escuchar cuentos en el grabador. Este comportamiento continuaba día tras día. Francisco nunca quería dejar el área de los cuentos y la maestra comenzó a preocuparse.

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Cuando llamamos a su casa para investigar, supimos que el pequeño era el segundo niño adoptado en aquella familia y que su hermano mayor recientemente había sido devuelto a la agencia de adopción. Obviamente que él también tenía temor de que lo devolvieran. En la escuela exhibía este temor moviéndose todos los días hacia el mismo territorio. Lo que estaba haciendo en el colegio era asegurándose de tener un territorio, una roca, lo que era una reacción muy inteligente ante la situación que estaba atravesando. Esta era su inteligencia básica actuando. Afortunadamente estábamos preparados para observar su comportamiento y para tratar de comprender qué era lo que estaba detrás, en vez de tratar de forzarlo a que lo cambiara. Cuando la madre comprendió lo que estaba pasando por la mente del niño, pudo reasegurarle que siempre tendría un hogar con ella. Entonces su comportamiento cambió tanto en el hogar como en la escuela.

Mi cuento de adultos favorito en relación a la inteligencia básica se refiere a la habilidad de una mujer para alejarse de sus propios sentimientos y acercarse a las necesidades de su madre, en un momento crítico, cuando la vida de su madre estaba en peligro. Juanita nunca había tenido buenas relaciones con su madre, pero ella era el único familiar viviente y por lo tanto fue llamada para que acudiera al hospital cuando su madre sufrió un ataque al corazón. Juanita sintió empatía pero no podía imaginarse cómo iba a manejarse para cuidar de su madre por un período largo de tiempo.

Tal como lo cuenta ella misma, pidió tener un sueño que la guiara. Esa misma noche soñó: «Mi padre estaba en el cielo conversando con otro hombre que le había preguntado cómo había llegado allí. Mi padre le explicaba que se había puesto tan bravo con su hijo por haber obtenido malas calificaciones que había sufrido un ataque al corazón debido a su rabia y se había muerto».

Juanita caviló mucho sobre su sueño y llegó a creer que ésta era una señal de alerta ante la posibilidad de que ella reaccionara emocionalmente con su madre. Para evitar poner en peligro de muerte a su madre, tendría que tener mucho cuidado en no sacar sus emociones, no debía permitir la interferencia de su rabia y tristeza relacionadas con su madre desde mucho tiempo atrás. Sin embargo, ahí estaba ella, responsable de su madre, pero aún llena de resentimientos. ¿Cómo podía actuar normalmente y no revelar ningún indicio de su resentimiento? Juanita creía profundamente en los sentimientos y sabía que no podían camuflarse fácilmente. Afortunadamente había seguido varios cursos sobre el cerebro triuno y sabía que existe un nivel neutro de energía debajo de las emociones. ¿Cómo llegar a él? Se recordó

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que la inteligencia básica consistía en moverse hacia o alejarse de algo en beneficio de la vida y decidió practicar esto con su madre, alejándose de sus propias emociones y acercándose a su necesidad de ayudarla. Suena sencillo, pero Juanita estaba frente a retos posteriores. Su madre vivía primordialmente viendo y expresando en palabras lo malo en el mundo. Ella había perdido a su esposo muchos años antes, y su modus operandi para mantenerse viva era a base de lucha y oposición. Juanita, a menudo se había visto envuelta en tratar de calmarla y hacerle ver la belleza. Esta vez, mientras reflexionaba sobre su sueño y la inteligencia básica, obtuvo una comprensión más profunda de la energía del cerebro básico expresada en las siguientes frases:

La vida necesita ser reconocida (cerebro básico) Anhela ser amada (cerebro límbico) Y busca expresarse (neocorteza) ¡La vida es!

Durante el mes siguiente, en la convalecencia de su madre, Juanita se aferraba a las palabras «la vida necesita ser reconocida». Estas palabras le permitieron seguir adelante y llegar a comprender la necesidad que había tenido su madre de todas aquellas palabras y acciones que previamente habían aprisionado a Juanita en un torbellino emocional. Ahora vio que la lucha y oposición de su madre ante casi todo lo que tropezaba no era negativo para ella; era el patrón que usaba para mantenerse con vida. Enfocándose en la frase «la vida necesita ser reconocida» Juanita sobrevivió al igual que su madre, por muchos años más. La inteligencia básica consiste ciertamente en la libertad para acercarse y alejarse en beneficio de la vida, sin nociones preconcebidas, ni prejuicios, ni siquiera los aceptados socialmente sino solamente acercarse a aquello que mantiene con vida a la vida.

La inteligencia básica es fundamental para toda conciencia. Es el proceso que nos guía en nuestro diario actuar en continua resonancia-disonancia con los demás y con nuestro medio. Nos permite entrar en un proceso selectivo de ser y llegar a ser, dentro del cotidiano medio ambiente en que vivimos. El estar consciente de que cada cosa que nos rodea está viva y es capaz de impactarnos con sus vibraciones, nos permitirá captar el valor de la inteligencia básica como una forma de lidiar con este profundo nivel pulsante de la vida. Nos haríamos conscientes e inteligentes al «movernos hacia» y «alejarnos de» a través de todos los diferentes niveles de la existencia.

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CAPÍTULO 17


VIVIENDO TU HERENCIA
LA INTELIGENCIA DE LOS PATRONES
El comportamiento reptiliano del cerebro triuno es aquella dimensión más misteriosa, difícil e intratable de nuestro ser. Y aún más, comprenderla es perdonarnos, aceptarnos y amarnos (y entonces, perdonar, aceptar y amar a aquellos con los cuales entramos en contacto). La comprensión es básica. Comprender que la manera en que nosotros nos comportamos y reaccionamos hoy, está enraizada en cómo nosotros y nuestros padres y sus padres se comportaron y reaccionaron en el pasado. Comprender cuáles son los patrones que me benefician y cuáles me causan problemas y comprender cómo reemplazar patrones enraizados profundamente que no queremos dejar por patrones nuevos que deseamos incorporar.
DENISE D. DE NEY
Nosotros, los humanos, somos billones de células individuales conformadas en diferentes patrones que se organizan en estructuras físicas tales como manos, pies, corazón o sistemas cerebrales. Las células se conectan o se acomodan en diversas configuraciones o estructuras. Cada estructura tiene patrones que identifican su forma. Los patrones conforman las estructuras de nuestra existencia.

Nosotros no podemos describir o identificar las vibraciones que se suceden en el nivel del cerebro básico tan fácilmente como podemos identificar las de las emociones, pensamientos o imágenes. Las sensaciones refieren lo que sucede en este nivel más profundo, y nosotros usualmente las asociamos con los obvios sentidos al oler, oír, ver, saborear y tocar. El tacto y el instinto son relevantes para este nivel cerebral profundo, pero ni «sentido», ni «tacto», ni «instinto» son suficientes para describir adecuadamente las vibraciones asociadas con este cerebro.

Si ni siquiera tenemos una palabra para describir las vibraciones en este nivel adecuadamente, ¿cómo podremos comenzar a ser conscientes de él?

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Podemos comenzar con la vibración en sí misma. Sabemos que un daño en el tallo cerebral no impide que las vibraciones sigan penetrando a este primer cerebro. La experiencia más básica de la vida continúa. Por lo tanto, podemos suponer que lo que llamamos «la experiencia», como tal, resulta de algún tipo de organización de vibraciones que se dan a este nivel. Nuestra experiencia está compuesta de las respuestas que damos al estímulo que nos rodea, o también podríamos decir que el resultado de la interacción «estímulo-respuesta» constituye nuestra experiencia, a este nivel del cerebro básico. Lo que llamamos «patrón» es el producto del recuerdo de esta experiencia interactiva de estímulo-respuesta. Dicho de otra manera, la experiencia está recapitulada en el patrón.

Un patrón es entonces, la primera organización básica que podemos reconocer a este nivel profundo. Al igual que la emoción es la palabra que identifica la energía en el sistema límbico y las palabras pensamientos, imágenes e intuiciones identifican la energía en la neocorteza, así pues, la palabra que caracteriza a la organización de la energía en el primer cerebro es el patrón. Las emociones fluctúan, los pensamientos se diluyen, las imágenes se pueden enmarcar. ¿Cómo podemos observar los patrones? ¿Qué hacen los patrones? Quizás los patrones existan para estabilizar la energía y proveer un orden básico o la organización primera de la energía. ¿Será por ésta, su función estabilizadora de la energía, que somos tan resistentes al cambio?

Los patrones son energía organizada. Quizás estos existen por el acto simple de la existencia misma. Los patrones son el primer registro de la experiencia. Ellos graban nuestra experiencia. Aprendemos a caminar y esto está grabado. Le tenemos miedo a la oscuridad y eso también está grabado. Los patrones, entonces, están registrados en lo que llamamos nuestra memoria. La memoria existe para grabar las experiencias pasadas para que no se pierdan y también para que los nuevos aprendizajes puedan ser elaborados sobre los anteriores.

Los patrones son la primera forma de las experiencias. La memoria es la grabación de patrones para que sigan disponibles. Tenemos que tener patrones y memoria con el fin de acumular conocimiento. Sin memoria cada cosa tendría que ser aprendida de nuevo a cada instante y no habría posibilidad ni de conocimiento, ni de evolución, ni de «progreso humano».

Tenemos patrones de conducta así como también los tenemos emocionales y mentales, artísticos y espirituales. Estos patrones resumen cómo nuestras vibraciones han interactuado en respuesta a los estímulos tempranos tanto emocionales como mentales, artísticos o espirituales. También es importante reconocer todos los diversos estímulos que nos han impactado y que

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han producido otros tipos de patrones tales como los patrones sexuales, los patrones criminales, y los patrones de evasión. Es por esto que resulta valioso conocer toda nuestra historia familiar: todos los estímulos que produjeron nuestras respuestas, formando a su vez patrones que luego sirven para filtrar toda la información que nos llegará durante el resto de nuestras vidas.

Una hoja vegetal no puede crecer sino alrededor y en relación con la vena que se vé en ella. Los humanos crecen en relación con el ADN que establece nuestros patrones físicos y genes que luego continúan influyendo sobre estos patrones. Los humanos también crecen en relación con los patrones, que desarrollamos nosotros mismos en la interacción con nuestro medio ambiente. Los patrones que establecemos continúan entonces filtrando el ulterior crecimiento. Solamente al hacernos conscientes de aquellos patrones que dictan nuestra conducta podremos intervenir sobre esos patrones y comenzar el proceso de una interacción diferente con nuestro medio para entonces formar nuevos patrones. Este reconocimiento consciente de nuestros patrones así como de la intervención sobre los patrones viejos y la formación de nuevos patrones es lo que denomino inteligencia de los patrones.

Es lógico asumir que esta organización de experiencias en patrones, continúa en el humano como en toda la naturaleza, hasta que ésta es interferida de alguna manera. Cuando podamos un árbol, las ramas vuelven a crecer y cuando perdemos un dedo, experimentamos un efecto de sombra, como si aún tuviéramos ese dedo. Hacemos dieta e inhibimos nuestros patrones alimenticios, pero cuando abandonamos nuestras intervenciones o nuestras inhibiciones, los viejos patrones alimenticios regresan. A pesar de la gran cantidad de dinero que se gasta en programas dietéticos, se ha comprobado que un alto porcentaje de personas vuelven a su peso anterior. Solo los que intervienen sus viejos patrones y construyen nuevos patrones al comer y desarrollar un sistema de apoyo para su nueva forma de comer pueden comenzar a reacondicionarse y producir un cambio efectivo en su peso. La energía de un patrón ya existente tiene que ser recanalizada para producir algún cambio de conducta.

Los patrones, ¿son borrados? ¿son incorporados a patrones mayores? o ¿están sólo en receso en nuestra memoria, dispuestos a ser de nuevo estimulados?

Según mi experiencia personal, el patrón original continúa existiendo en la memoria aunque un nuevo patrón nos guíe hacia un nuevo comportamiento. Este es un punto importante porque aunque hayas logrado construir un nuevo patrón y estés disfrutando del nuevo comportamiento, yo

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creo que el viejo patrón todavía existe y puede ser estimulado sin esperarlo por diferentes circunstancias, especialmente por aquellas similares al medio ambiente en el que el patrón original se formó.

Una regresión al comportamiento viejo nos puede hacer pensar que no hemos logrado nada. Nos podemos desanimar y si tenemos un fuerte hemisferio derecho, podemos realmente perdernos en un “nunca puedo lograr nada, jamás voy a cambiar; todo es imposible”. Lo que necesitamos hacer es aceptar, ser gentiles con nosotros mismos y luego ser extremadamente firmes en concentrarnos en nuestro nuevo patrón y extremadamente cuidadosos al hacer uso de nuestro sistema de apoyo. Tengamos presente que ya hemos realizado el trabajo de iniciar y ensayar una nueva conducta. Sólo necesitamos recordar que el viejo patrón todavía existe. No pretendemos tolerar su intromisión; podemos poner empeño en afirmar y repetir nuestra nueva conducta.

No hay que perder de vista ni el nuevo logro verdadero, ni la posibilidad de que el viejo patrón pueda ser estimulado de nuevo. La memoria es experiencia almacenada en códigos disponibles para ser descifrados por estimulación. Cuando estoy consciente, yo estimulo mi cerebro con mi habilidad para enfocarme y todo va bien. No obstante, un estímulo también puede ocurrir inesperadamente sin mi conocimiento consciente o sin desearlo. Un ejemplo conocido de esto es lo que puede ocurrir cuando vas a una reunión familiar o a visitar a un pariente. Al principio te diviertes y te sientes bien pero después de un rato te surge inexplicablemente un deseo de irte. Algo puede haber estimulado viejos patrones, hasta entonces guardados en la memoria. Te sientes nervioso o te sientes incómodo; también puede ser que el patrón o los patrones no hayan sido tan directamente estimulados como para producir una respuesta consciente, sino sólo lo suficiente como para producir incomodidad.

Sólo por esta razón, vale la pena estar conscientes de nuestros patrones; así no tendremos que sorprendernos cuando nos sintamos incómodos sin tener una razón obvia. Ni tampoco tendremos la necesidad de culpar a aquellos que nos rodean en ese momento. Los que están allí con nosotros no serán capaces de entender o de ayudar. Solamente nosotros podemos entender, en ese momento o más tarde, que un viejo patrón ha sido estimulado y que tenemos que hacer lo mejor que podamos para vivir la situación sin culpar o hacerle daño a otros o, de otra forma, alejarnos de la circunstancia y movernos hacia otro ambiente en donde nos sintamos más cómodos.

La metáfora que mejor me ha servido cuando me siento en las garras de un viejo patrón es la de «agarrar el volante como si me hubiera salido del

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camino principal y hubiera caído en una zanja lateral de la carretera». No hay que perder el control. Tengo que agarrar el volante firmemente y dirigir de nuevo el vehículo al camino principal.

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