Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



Descargar 1,45 Mb.
Página19/27
Fecha de conversión08.06.2017
Tamaño1,45 Mb.
1   ...   15   16   17   18   19   20   21   22   ...   27

Repetición
Los animales a menudo utilizan el despliegue o el señalamiento de forma repetitiva. La persistente repetición de la ostentación frecuentemente gana la hembra deseada8. Quizás la diferencia en el cortejar humano es que la hembra puede manifestar una persistencia igual o mayor que la del hombre.

MacLean también hace referencia a que las repeticiones son utilizadas como desplazamiento, es decir, cuando el comportamiento no es apropiado a la situación. El pájaro empolla aunque el peligro esté cerca9. Ocurre de forma similar en nuestras vidas. El ejemplo más famoso de la historia es el de María Antonieta, que continuaba sus rituales evitando así darse cuenta de la inminente Revolución Francesa. Todos tenemos la tendencia a la eva-

262
sión, ocupándonos frecuentemente de hacer lo mismo una y otra vez, en vez de involucrarnos directamente con energía que nos puede causar dificultad. Algunas veces somos conscientes de nuestra evasión, otras no lo somos. Necesitamos el conocimiento de nuestros patrones, tanto como la práctica de la autoobservación para hacernos conscientes de un comportamiento tan básico como el de la evasión.
Reconstrucción (repetir actuaciones pasadas)
Tal como la repetición, el realizar de nuevo comportamientos ya exhibidos es un fenómeno básico involucrado en el establecimiento de rutinas. El reptil es capaz de hazañas de actuación repetida. MacLean menciona que entre 10.000 a 30.000 tortugas Ridley retornan a los viejos sitios de anidación a lo largo de las costas del océano Pacífico, y habla de las innumerables hembras de las tortugas verdes del Brasil que emigran a una isla a 1.400 millas de distancia repitiendo esta acción regularmente cada 2 a 3 años10.

¿Será tenacidad o una huella en la memoria lo que gobierna a las tortugas? ¿Es que tenemos una memoria llena de huellas impresas? y, si es así, ¿quién o qué nos la está imprimiendo? Ahora sabemos que las acciones de nuestros padres y las influencias de todo aquello que nos circunda ciertamente nos imprimen unas huellas al entrar por nuestros poros y ser procesadas por medio de nuestro sistema nervioso aferente-eferente hasta nuestras estructuras cerebrales. ¿Estaría esta memoria sensorial, sobre la cual teorizamos en el capítulo anterior, localizada en los ganglios basales y deberíamos entonces estar conscientes de que poseemos una memoria para reconstruir acciones en este cerebro básico?

Cualesquiera sean los descubrimientos fisiológicos que nos depara el futuro, al menos no necesitamos sorprendernos al descubrir nuestra capacidad humana para perseverar o repetir los mismos hábitos una y otra y otra vez. Consideramos estos patrones como inconscientes porque ¿estamos tan poco alerta, tan desacostumbrados a observar nuestro comportamiento repetitivo... ¿o es solo que estamos reacios a admitirlos? Nuestra neocorteza nos critica por actuar de la misma manera una y otra vez. No estamos dispuestos a admitir nuestras adicciones y quizás quisiéramos cambiar, pero de alguna forma el patrón vuelve a suceder.

263
LA REPETICIÓN, LA RECONSTRUCCIÓN DE ACCIONES PASADAS, LAS RUTINAS


El mismo fenómeno de la repetición está involucrado ya sea que estemos enfatizando acciones, rutinas, valores o adicciones. Frecuentemente esta propensión a repetir la misma cosa una y otra vez es la fuente de un gran desaliento. Nos extrañamos de por qué es tan difícil cambiar el comportamiento humano. Después de miles de años de erudición, comprensión, leyes, ciencia y tantos otros logros humanos, ¿por qué aún hay áreas en las cuales pareciera no haber avance alguno? Prisiones, hambre, crimen, pobreza y guerras que repetimos una y otra vez sin cambiar nada. ¿Por qué fallamos una y otra vez en cambiar estos aspectos tan esenciales del comportamiento humano? Yo creo que es porque no hemos tomado en cuenta seriamente este fenómeno de la repetición.

Actuamos una y otra vez como lo hicimos anteriormente. Nos habituamos, nos volvemos adictos, no sólo al alcohol y las drogas, sino también a nuestra manera de vivir, a nuestra manera de ser. Justificamos, explicamos nuestras acciones al considerarlas como nuestros valores y de verdad que las valoramos. Sin embargo, debajo de esta expresión de los valores, nosotros nos hemos condicionado a aquello que nos hace sentir seguros, y este condicionamiento nos parece correcto. Nos parece correcto aunque sus resultados tales como el hambre, la pobreza, la prisión u otras formas sutiles de sufrimiento, sean dolorosos.

Todos los esfuerzos para hacernos cambiar son procesados por nuestra neocorteza o cerebro límbico. Pensamos en cambiar, o decimos que queremos cambiar. Efectivamente tratamos y tenemos éxito tal vez una o dos veces. Entonces, sin que lo notemos, retornamos al mismo comportamiento. Los numerosos reincidentes que retornan a la cárcel, o que retornan a las dietas, ¿serán capaces de reconocer la relación entre la repetición y la reconstrucción del comportamiento?

Lo que estábamos acostumbrados a hacer se repite de nuevo, o si no, ¿de qué otra forma describir lo que ocurre? ¿Cómo podremos permitirnos hacernos conscientes de nuestros comportamientos? ¿Cómo podremos, conscientemente, buscar la naturaleza y calidad de la repetición y de la adicción en las áreas básicas de nuestra vida, más que pretender que éstas no existen?

Creo que necesitamos tomar en cuenta que en este nivel más profundo del cerebro somos todos adictos a algo o alguien y a ciertas formas de actuar o ser. Nuestras adicciones son nuestras rutinas. Existen en todos nosotros a causa de la repetición. La repetición existe en todos nosotros debido a nuestra necesidad de seguridad. Nos sentimos seguros al repetir un comportamiento

264
una y otra vez. Lo que nos da seguridad continúa dándonos esta seguridad ya sea que lo llamemos rutinas, actuación repetida, adicciones o valores. Creo que tendremos éxito en el cambio de la conducta humana sólo cuando reconozcamos la necesidad de hacernos inteligentes en este cerebro básico.


UNA VISIÓN FRESCA DEL COMPORTAMIENTO BÁSICO
Estoy segura de que tú no tienes dificultad en identificarte a ti mismo y a los otros con muchos de estos comportamientos reptilianos. Como probablemente te has dado cuenta muchos de estos comportamientos no son muy bien considerados socialmente. El mundo visto a través de la neocorteza o a través de un título universitario difícilmente puede apreciar ningún rasgo de inteligencia en la repetición, en volver a actuar las mismas conductas o en el establecimiento de rutinas. El fenómeno central de la repetición involucrado en hacer las cosas una y otra vez o hacer cosas de forma rutinaria es considerado aburrido, poco sofisticado y poco creativo. La imitación es un signo claro de falta de originalidad. Reconocemos al engaño sólo cuando se revela en la conducta inadecuada o criminal y relegamos las huellas impresas o el comportamiento innato al inconsciente.

Sin embargo, la maestría en cualquier asunto requiere repetición. Debemos continuar actuando una y otra vez si deseamos tener éxito. Una vida ordenada o pacífica requiere de rutinas, y la influencia de las grabaciones tempranas o huellas en el comportamiento a lo largo de la vida es todavía un área compleja de la psicología. El fenómeno de la repetición, involucrado en las rutinas y en la reconstrucción de actuaciones es el fenómeno básico involucrado en las adicciones.

Te invito a mirar la vida con otros ojos, esta vez manteniendo siempre en perspectiva los tres sistemas cerebrales que están filtrando nuestras percepciones. Por supuesto que debemos continuar viendo la vida a través de nuestra neocorteza y valorar los matices del intelecto, originalidad y creatividad. Sin embargo, ahora que sabemos que también tenemos un cerebro básico que está filtrando nuestras percepciones e influyendo en nuestra habilidad para organizar la vida, debemos ver con otros ojos la importancia de la imitación, la conducta innata, el engaño o la evasión, y la repetición tal como aparecen en nuestras acciones, rutinas, valores y adicciones. Estas características son básicas en nuestra búsqueda de inteligencia de esta estructura cerebral y de la valiosa contribución que este cerebro puede hacerle a nuestra conciencia, nuestro bienestar social y nuestra salud.

NOTAS
1. MacLean, Triune Brain, p. 100.
2. Ibid., p. 228.
3. Ibid., p. 142.
4. Ibid., p. 143.
5. Ibid., p. 146.
6. Ibid., p. 148.
7. Ibid., p. 142.
8. Ibid., p. 147.
9. Ibid.
10. Ibid., p.148.

265
CAPÍTULO 15


LOS LENGUAJES DEL CEREBRO BÁSICO
La columna vertebral es tu árbol de la vida. Respétala. Ponte de pie. Mantén tu espalda recta. Recuerda que es allí donde crecen las alas.
MARTHA GRAHAM
La neocorteza se comunica a través de pensamientos, imágenes, sonidos e intuiciones. El cerebro límbico nos habla por medio de emociones. ¿Cómo se comunica el cerebro básico con nosotros? Nos habla por medio de nuestro cuerpo físico, de nuestro comportamiento, de nuestro contexto y de nuestros sueños. Estos son los cuatro lenguajes que nos permitirán decodificar y escuchar las señales de aquello que hemos estado llamando el inconsciente.

Como niño aprendiste a hablar con palabras; posteriormente aprendiste a leer esas palabras ya conocidas. Tu cerebro básico te ha estado hablando toda tu vida:

1. Tu cerebro más profundo te habló, por medio de la médula espinal y el tallo cerebral, los cuales guiaron la primera formación de TU CUERPO.

2. Este cerebro registró los estímulos y creó las respuestas que conforman los patrones que continúan filtrando y creando TU COMPORTAMIENTO.

3. Este cerebro, en combinación con tu comportamiento, continúa reaccionando y conformando EL CONTEXTO en el que vives.

4. De noche, cuando debes interrumpir tu actividad neocortical y emocional, entras en las ondas cerebrales delta, asociadas con este cerebro básico, que dejan salir la información allí almacenada que conoces como TUS SUEÑOS.

Ahora es cuestión de aprender a leer esos lenguajes más que dejarlos en suspenso, en la oscuridad, produciendo efectos sin nuestra conciencia.

266
El método de lectura utilizado y cuya efectividad ha sido comprobada por sabios a lo largo de los siglos, es llamado la autoobservación. Si deseamos hacernos plenamente conscientes de nuestra vida en este bello planeta, debemos todos comenzar ahora este programa de lectura de los cuatro lenguajes.


LA FORMACIÓN FÍSICA DEL CUERPO
El cerebro más profundo nos habla a través de la formación de la estructura física que llamamos cuerpo. Por lo tanto es importante tener en cuenta que nuestro ser físico es el instrumento que utilizamos para vivir en el mundo y para expresarnos. Para comprender la vida a un nivel celular, necesitamos respetar esos billones de células que se conforman en la estructura física que llamamos «nuestro ser».

Para ser capaces de valorar el instrumento, necesitamos identificarnos con la pureza de esta formación. Si no, aunque hagamos un gran esfuerzo, estaremos expresando la vida con un instrumento imperfecto y difícilmente lo haremos con éxito. Un músico no tomaría una guitarra para tocar una música bella y calificaría la guitarra de defectuosa, fea o incapaz. No haríamos eso con un instrumento musical y debemos aprender a no hacerlo con nuestro instrumento de vida. Como dijo la bailarina Martha Graham: «Nuestro cuerpo es nuestra gloria, nuestro riesgo y lo que tenemos para cuidar»1. A este nivel tan sutil necesitamos la gracia que se le concede al recién nacido. Necesitamos considerar nuestro cuerpo como formando parte de la creación y en consecuencia puro y sagrado. Si no, tenemos que pasar la vida volviéndonos puros y sagrados a través de un largo proceso de búsqueda de la Ley, o del Señor, o de Dios, o de los eventos que nos harán puros.

Nuestra incertidumbre sobre la pureza de la vida humana nos está resultando sumamente costosa. Debemos escuchar que nacimos a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26) y creer en ello, y debemos razonar con nosotros mismos que la vida humana es parte de la creación, de toda vida. Si perdiste el concepto de creación en aras de la evolución y todavía estás a la búsqueda del eslabón perdido, yo te instaría a percibir la vida a través de

267
ambos hemisferios, el izquierdo y el derecho. Primero capta la unicidad de toda creación por medio de la perspectiva de tu hemisferio derecho y luego diferencia el desarrollo de la vida o la evolución a través de la perspectiva de tu izquierdo.

Si nos permitimos el lujo de dudar de nosotros mismos, de culpabilizarnos, de criticar nuestra esencia en vez de amarnos a nosotros mismos, dañamos y encarcelamos la creación esencial de nuestro cuerpo-mente. No es un problema trivial de autoestima el de reconocer finalmente los aspectos buenos de nuestros pensamientos, sentimientos o acciones, es más bien un asunto fundamental de la identificación de nuestro cuerpo físico con el resto de la creación de Dios. Es el hecho de incluirnos a nosotros mismos en la vida a partir de la apariencia inicial de nuestra forma física.

Nuestro estar-contra-nosotros-mismos es un engaño de nuestra propia mente, más específicamente de nuestra neocorteza. Creamos la existencia de la oscuridad dentro de nosotros mismos, y la llamamos el diablo. Con nuestras mentes preparadas así, divagamos por muchos años oscuros, entrampados en nuestra propia red mental, comprometidos en un largo viaje para descubrir la luz y la pureza. Todo esto es una percepción de la vida tejida por la neocorteza y muy bien descrita por Dante en La divina comedia. No obstante, el considerarnos malvados en nuestra esencia y perdidos en un mundo humano lleno de maldad, viviendo en un cuerpo que en primer lugar está descrito como separado de Dios, sí es el infierno.

Esta percepción del ser humano como malo, quizás es comprensible desde el punto de vista neocortical porque la función de la neocorteza es hacer distinciones y resulta imposible no ver los comportamientos dañinos y negativos de los seres humanos. Así, «la maldad» es una conclusión válida a nivel neocortical. No obstante, si percibimos la vida sólo a través del cerebro neocortical de distinciones, siempre estaremos atrapados en las inevitables dualidades del bien y el mal. El dualismo o la elaboración en polaridades y opuestos resulta ser una de las maneras maestras de la neocorteza para hacer que las distinciones sean claras, fáciles de comprender y populares. Por lo tanto, el dualismo continuará existiendo y tanto tú como yo, a nivel de neocorteza, nunca podremos escapar de este dualismo, así como tampoco podremos perder nuestra percepción crítica del mundo y de la naturaleza humana al considerarla como buena y mala.

Sin embargo, cuando queremos comprender la naturaleza del cuerpo humano debemos recurrir a los dos sistemas cerebrales que gobiernan ese cuerpo humano, es decir, al cerebro límbico que gobierna nuestros órganos,

268
el sistema endocrino y el inmunológico; y al cerebro básico que gobierna o filtra al mundo por medio de nuestro sistema nervioso.

Aquellos que no consideran al cerebro básico como un instrumento lleno de pureza, estarán filtrando la vida a este nivel básico a través de un instrumento considerado por ellos como impuro, y por ende todas sus vidas reflejarán esta impureza. Debemos dar una nueva mirada a la creación física para poder establecer la pureza de los cerebros límbico y básico. La creación es energía vibrando en forma de átomos, partículas, neutrones, protones, células que se forman en agrupaciones que llamamos patrones, patrones que forman las estructuras del cuerpo-cerebro-ser humano. Así pues, la primera aparición, la existencia misma del ser humano, es la creación, pero una creación no contaminada por algún interés o intención de hacer daño, lo cual posteriormente sí podremos aprender o podrá ser impreso en nosotros por nuestra cultura. La existencia, tal como se revela en el instrumento del cuerpo-cerebro-mente, es pura como la creación.

Para tener acceso a este cerebro necesitamos primero aceptarnos a nosotros como creación: amarnos a nosotros mismos, a nuestros propios cuerpos como creación, es nuestra primera tarea. El carácter sagrado de nuestro cuerpo como creación es la clave para abrir la puerta a este cerebro.
EL COMPORTAMIENTO
Nuestro comportamiento es el segundo lenguaje del cerebro básico y se puede leer solamente por medio de una auto-observación neutra de nuestro cuerpo-en-acción. Los patrones, ritmos y rutinas en los que está comprometido nuestro cuerpo son los signos exteriores de la acción. Debemos, por lo tanto, observar nuestras acciones para ver cómo nuestro cerebro básico se está revelando continuamente.

¿Qué es lo que en mí está consciente de la acción? Yo veo en mí patrones como evitar poner al día mi chequera, luego me siento mal o culpable por no haber pagado mis cuentas pendientes, luego me retiro aún más de esa actividad y llego a la evasión pensando en otra cosa. Todas estas acciones tienen lugar, menos la acción de pagar mis cuentas a tiempo. Pienso que voy a cambiar, pero el patrón se repite. ¿Qué sucede dentro de mí? Yo puedo intentar saberlo. Puedo analizar, imaginar y sentir todo lo que está ocurriendo, pero frecuentemente yo prefiero defenderme negando que la acción ocurrió tal como se desarrolló. Nosotros, los seres humanos, sentimos la necesidad

269
de dar explicaciones en vez de aceptar nuestro comportamiento tal cual es. Desde el punto de vista del cerebro básico, leer nuestro comportamiento es la manera de saber lo que está pasando dentro de nosotros. En consecuencia, necesitamos aceptar nuestra acción sin recurrir a la negación. Necesitamos valorar la acción como un factor igual al pensamiento, la imaginación y el sentimiento si queremos hacernos plenamente conscientes en este cerebro.
EL YO-EN-CONTEXTO
La conciencia involucra observar no solamente nuestras acciones sino también al medio-ambiente o contexto que hemos creado alrededor nuestro. ¿Por qué hay que incluir el contexto y no solamente nuestras acciones? El cerebro básico está expuesto al mundo por medio del tallo cerebral, del sistema aferente-eferente y de las aperturas de la piel. Esto implica que el contexto en que vivimos revela tanto de nosotros como nuestras acciones.

Por contexto quiero decir los pequeños medio ambientes o territorios en los que vivimos, tales como: nuestro hogar, sitio de trabajo, relaciones, religión, salud o disfrute. Estos son los territorios en los que usualmente pasamos la mayor parte de nuestra vida. Son las áreas en las cuales hemos tejido todo lo que nos rodea. Aveces este tejido de energía es más sutil que el nivel de la acción.

Podemos aceptar que los contextos en que vivimos —a niveles conscientes o inconscientes— son los que hemos estado creando, es lo que nuestro «yo» ha estado produciendo. Podemos estudiar el contexto de nuestro medio ambiente como si fuera un libro de texto. No podemos conocer la acción en este nivel por medio de lo que pensamos, sentimos o sabemos que hemos hecho. Más bien logramos conocerla poniéndonos de lado, apartándonos un poco, y observando de manera neutra qué es lo que estamos haciendo en el día de hoy.

No necesitamos seguir llamando «inconsciente» a este nivel. Los escenarios en los que vivimos son los textos a estudiar para llegar a ser conscientes. ¡Lo que ves es lo que hay! Nuestro hogar nos revela, nuestro trabajo, nuestra salud, nuestra religión, nuestras distracciones, nuestras familias y todo nuestro alrededor nos revela. No se puede juzgar un libro por su portada, pero sí podemos conocer nuestro cerebro básico observando los contextos en que vivimos.

El hecho de que siempre hemos estado expuestos a nuestro medio ambiente explica el profundo impacto que nuestros padres han tenido en nosotros. En nuestra infancia los padres fueron las principales influencias de

270
nuestro medio ambiente. Nuestros cuerpos pequeños estaban no solamente ante la presencia continua de sus cuerpos grandes sino estaban ligados a ellos por nuestra necesidad de afecto. De esta manera estábamos abiertos a recibir de ellos mensajes continuos que se convirtieron en nuestro condicionamiento. Este cerebro básico ha filtrado, generación tras generación, el comportamiento de nuestros padres, así pues, sin estar conscientes de nuestras raíces nunca podremos hacernos plenamente conscientes en este cerebro. Aquellos a quienes les agrada viajar, pueden buscar sus raíces en Europa o África, pero el viaje real hacia nuestras raíces comienza por observar nuestro propio contexto actual. De este modo podemos descubrir nuestra herencia y lo que personalmente hemos elegido de esa herencia.

Estos contextos revelan entonces las huellas de generaciones, transmitidas a través de madre y padre en una continua lucha secuencial por la vida. Ellos revelan valores que nos han sido pasados a través de nuestra religión, patria, escuela y de aquellos maestros especiales que han influido sobre nosotros. Ellos revelan el contexto histórico del tiempo y el contexto cultural nacional-económico en el cual vivimos. Ellos nos revelan cómo hemos vivido los más amplios contextos de la familia, la educación, la religión, el arte y la cultura. Sin embargo, el punto importante es que estos contextos realmente nos revelan cosas, y que podemos conocernos a este nivel de las raíces sólo aceptando el yo-en-contexto. Si nos situamos fuera de nuestro contexto, cortamos nuestras raíces de su terreno. Nos apartamos y culpamos a otros por la calidad del terreno-contexto. Siempre «el otro» será el culpable —nuestros parientes, la época, la economía, la presente crisis—. Por medio de una batalla dualística perpetua entre «yo» y «el otro», no sólo evadimos toda responsabilidad sino que nos sumergimos en continuos conflictos y dramas. Podemos sobreponernos a este dualismo considerándonos no como un individuo separado de su medio ambiente sino más bien como un «yo-en-contexto». La habilidad para responder entonces reemplazará a la culpa, la negación y la pasividad que a menudo se enmascaran tras la palabra responsabilidad. Entonces estaremos listos para escuchar y responder de manera interactiva con todo aquello que nos rodea como nuestra herencia. Es a través de nuestro yo-en-el-contexto-de-hoy que la vida se nos presenta.
LOS SUEÑOS
Los sueños son información procesada a través de los tres sistemas cerebrales, incluyendo este cerebro profundo. Cuando dormimos, pasamos de una

271
actividad cerebral en la que pensamos, llamada de ondas beta, a un ritmo más relajado llamado de ondas alfa, característico del hemisferio derecho. Luego pasamos a un estado aún más relajado, identificado como ondas theta, característico del sistema límbico antes de entrar al estado del sueño propiamente dicho, que es el de las ondas cerebrales delta del cerebro básico.

Las investigaciones sobre los sueños muestran que la información se autolibera cuando las ondas cerebrales están en delta. Los investigadores han podido determinar que la persona está soñando cuando se observa un movimiento rápido de los ojos (MOR, movimiento ocular rápido), que señala que la información ha pasado al campo visual produciendo así la actividad ocular. Nos despertamos con las imágenes, los mensajes y las emociones de una experiencia que llamamos el sueño.

Cuando entramos en el rango delta, estamos lo suficientemente relajados para liberar información acerca de nosotros mismos que no hemos sentido o pensado y menos imaginado o incorporado a la realidad de la acción cuando estamos en vigilia. La información proveniente de los impulsos que han llegado hasta el tallo cerebral, pero que aun no ha sido integrada en patrones conscientes, rutinas o valores, y aún no ha sido liberada dentro de nuestro comportamiento corporal, es finalmente liberada a nuestra conciencia neocortical a través de imágenes, palabras o emociones que conocemos como los sueños.

El campo de la psicología nació de los análisis de los sueños y de nuestro profundo deseo de conocer lo que sucedía en este rango más profundo de vibraciones. Yo creo que la rivalidad entre Freud y Jung puede ser interpretada como el énfasis que le daba cada uno de ellos a los diferentes sistemas cerebrales. Freud estaba profundamente involucrado en comprender el sistema límbico, mientras que la insistencia de Jung sobre el pasado cultural y la articulación de un inconsciente colectivo, evoca más el cerebro básico. Ahora sabemos que estamos constantemente expuestos al inconsciente colectivo, incluyendo nuestro medio ambiente particular, tanto como al resto del universo.

Para llegar a ser conscientes a este nivel más profundo de vida, necesitaremos ver que el cerebro básico tiene su inteligencia propia. Parte de esa inteligencia se nos hace disponible solamente cuando dejamos de lado nuestros otros dos sistemas cerebrales y nos permitimos seguir funcionando de manera automática en esas vibraciones delta profundas del sueño. Los sueños contienen información que está siendo procesada y haciéndose disponible para ser integrada o descartada por nuestros cerebros límbico y neocortical. Los sueños sirven como comunicación entre nuestro ser consciente y nuestro ser inconsciente o entre nuestros dos cerebros profundos. En términos cerebrales

272
los sueños son comunicación desde nuestro cerebro básico, pasando a través de nuestro cerebro límbico y llegando a nuestra neocorteza. ¿Podemos escuchar inteligentemente para oír lo que nuestros sueños están tratando de decir para interpretar los impulsos que están surgiendo de nuestra profundidad y que están presentándose como un lenguaje para ser leído por cada uno?

Durante siglos las personas han encontrado diversas maneras de interpretar los sueños. Todas las culturas han valorado esta interpretación, pero en general el arte del análisis de los sueños ha sido reservado a unos pocos: sacerdotes y hombres sabios en los tiempos antiguos; psiquiatras y terapeutas en los tiempos modernos. Para mí todas las maneras de interpretar los sueños son válidas. No obstante, quiero ofrecer una manera que se originó con este trabajo de ver los tres cerebros como energía, y que me ha servido a mí y a otros a lo largo de mis años dictando talleres.

Es importante tomar en cuenta que la interpretación que un especialista puede hacer de un sueño nunca puede ser tan clara o relevante como tu propio análisis. El sueño es tu lenguaje. Tú recibiste esta comunicación desde tu cerebro básico y puedes aprender a descifrarla al igual que aprendiste una vez a leer libros. Comienza por comprender que tú eres el libro y que todo tu sueño es tuyo. Al concebir toda vida como energía, puedes mirar a tus sueños como «el noticiero nocturno» transmitido desde tu inconsciente (cerebros límbico y reptil) y finalmente presentado en forma de imagen o de palabra a través de tu neocorteza. Con esta aproximación puedes considerar cada frase o imagen de un sueño tan llena de contenido como el cuento en sí y evitar el prejuicio o el análisis de la totalidad. Pregúntate a ti mismo: ¿cuál es la energía dentro de mí que escoge presentarse como las personas, sitios y actos que están expresados en mi sueño?

Por ejemplo, si en el sueño aparece una tía en una casa con tu hermano y tu hijo nadando en un lago cercano, debes preguntarte: ¿cuál es la energía dentro de mí que se ha mostrado como mi tía, la casa, mi hermano, mi hijo, nadar y el lago? Tratando cada imagen, sustantivo y verbo en tu sueño con esta pregunta, busca entender el mensaje que puede estar archivado en tu cerebro básico. Más bien trata de comprender lo que tu ser más sutil quiere decirte. Puedes reflexionar acerca de tus sueños utilizando estas guías generales, yendo camino a la oficina, en el descanso del almuerzo o a cualquier hora del día. El siguiente ejercicio está más estructurado y requiere una mayor disposición de tiempo. Lo recomiendo altamente para todos aquellos sueños que tú sabes intuitivamente que contienen mensajes importantes para ti y por lo tanto se merecen un mayor tiempo y dedicación.

273
Ejercicio
Interpretación de los sueños
1. ¿Qué te están diciendo las imágenes de tu sueño? Para lograr entender mejor, escribe tu sueño en una libreta, dejando un espacio después de cada línea para luego poner en ese espacio la interpretación.

2. Encima de cada imagen anota sus mayores características. Sé simple y práctico. Si te ayuda, imagínate que estás explicándole a un extraterreste que acaba de llegar de Marte y no tiene experiencia, lo que es una tía o una casa, etc. Por ejemplo, las características de tu tía son que ella es una persona dulce y muy católica. Explica en pocas palabras lo esencial de cada imagen.

3. Añade las palabras «dentro de mí» en momentos significativos para acordarte de que todo lo que está sucediendo en tu sueño te pertenece y viene de tu interior. --,

4. Lee tu sueño en el lenguaje de la energía. Por ejemplo, si tu tía era una persona dulce y muy católica, se lee «la energía de dulzura y catolicismo dentro de mí». La energía reemplaza el nombre de la persona, cosa o lugar que se presentó en tu sueño.

5. Reflexiona acerca de la energía dentro de ti que quiere comunicarse contigo por medio de esas imágenes específicas.

Raquel utilizó este ejercicio para interpretar uno de sus sueños.

El sueño. Estoy dentro de un velero con todos mis mejores amigos, uno de los cuales es Ruth, que está activamente rediseñando el interior del velero de forma tal que pueda ser dirigido desde dentro mientras está navegando a mar abierto.

Las características de las imágenes. «Velero» es una forma delicada, elaborada para un desplazamiento suave en el mar. «Interior del velero» es la cabina debajo de la borda. El diseño de su espacio pequeño es crucial para el comfort y la sobrevivencia. Para mí, estar «dentro de un velero» es algo inusual; me siento desamparada por no poder estar en cubierta donde puedo otear lejos, pensar y controlar la nave mientras navega.

«Mis mejores amigos» son aquellos que me quieren, que me ayudan, que desean lo mejor para mí. «Ruth» es la energía dentro de mí que hace de director de mi vida interior. En el mundo externo yo la asocio con un

274
diseño eficiente en muchos niveles, todo lo cual afecta la vida interior. Para ella, solucionar cómo navegar un velero desde la cabina interna parece ser lo máximo como proeza del diseño.

«El mar abierto» es para mí la más sobrecogedora de todas las imágenes de energía. «Navegar» es enfrentarse a las olas de forma tal que te mueves con ellas y no eres golpeada por ellas.

La traducción del sueño en lenguaje de energía. Estoy dentro de la energía de la delicada forma de mí misma con todas esas energías dentro de mí que me quieren, que me ayudan, que desean lo mejor para mí. De éstas, la energía del diseñador eficiente de mi vida interior está arreglando el espacio debajo de mi vida pensante, de forma tal que mi delicada forma pueda ser navegada suavemente por las olas de la energía más sobrecogedora, dentro de mí, que yo pueda imaginar, sin ser golpeada. Me siento nerviosa y desamparada por no poder utilizar mis ojos conscientes para mirar a dónde me dirijo, pero también me siento confiada en ser ayudada por la energía del diseñador eficiente dentro de mí, que sabe cómo dirigir la energía de mi delicada forma desde abajo.


LA AUTOOBSERVACIÓN
Nuestros cuatro lenguajes: nuestro cuerpo, nuestros comportamientos, nuestro yo-en-contexto y nuestros sueños proveen, cada uno, un texto para ayudarnos a volvernos conscientes. Para lograr acceso a estos textos debemos entrenarnos en la autoobservación, que es un proceso de desprendimiento característico del hemisferio derecho. Bellamente practicado nos permite evitar la negación y la culpa. Nos permite incluir todos los datos. Para entrar en el proceso de la autoobservación, necesitamos mantener presentes los puntos del siguiente ejercicio.
Ejercicio
La autoobservación
1. Evita los juicios y las ataduras emocionales.

2. Con curiosidad estudia las estructuras, los hábitos, los patrones y el más mínimo movimiento de esta interesante criatura viviente que por casualidad eres tú mismo. No te perteneces. Eres una expresión de la vida que está viviendo en un instrumento que llamas «tú mismo».

275
3. Observa de manera neutra, sólo con el propósito de conocer, sin intentar actuar.

4. Hazte testigo imparcial de todo lo que aparezca.

5. Hazlo mirando cómo estos billones de células se presentan hoy en día. Cómo luces hoy en día. Debes estar tan curioso, tan fascinado como si estuvieras observando las estrellas en el cielo.

Recuerda que ciertamente «Hay más células en un cuerpo humano que estrellas en la galaxia»2. Así como miras a veces con asombro al cielo, comienza ahora a mirarte a ti mismo, a esos billones de células, algunas están brillando en todo su esplendor. Algunas están titilando; otras están bloqueadas. Para otras necesitarás un telescopio para ubicarlas. Por encima de todo, disfrútalas. A medida que vayas descubriendo cada vez más de ti mismo, recuerda ser gentil y apreciativo. Muy importante es la compañía del sentido del humor en cualquier práctica completa de la autoobservación.

Cuando estemos dispuestos a observar nuestro propio proceso de vida en el continuum, sin ataduras o posesión, entonces tendremos acceso a la información en este profundo nivel celular y una apertura hacia una mayor conciencia de la vida misma.

La autoobservación es una práctica, un hábito, un arte que podemos desarrollar. Lo podemos practicar caminando o trabajando o jugando. También podemos anotar nuestras observaciones en un diario, como lo haríamos si estuviéramos haciendo un viaje interesante. La vida es un viaje. Según Thomas Berry, nos ha tomado 40 millones de años de desarrollo para llegar aquí, hoy, ahora3. Si entramos en la práctica de la observación, grabación y diálogo con nosotros mismos, el viaje puede ser mucho más seguro y saludable o tan bello como queramos hacerlo.

La autoobservación es una característica reconocible en muchos de los sistemas de conocimiento y meditación orientales. En el mundo occidental ha formado parte del entrenamiento religioso, pero usualmente ha sido reservado para los sacerdotes, monjas, monjes, rabinos u otros profesionales del crecimiento interior. Es necesario que se torne un proceso común en todas las enseñanzas si realmente queremos llegar a ser conscientes y responsables de nuestro propio comportamiento.

276
Necesitamos estar continuamente observando nuestro cuerpo, nuestros sueños, nuestros contextos y nuestras acciones, en vez de dejarlos funcionando de una manera automática y luego criticarnos más tarde. Podemos respetar normas morales, tener un corazón lleno de amor y establecer parámetros para nuestra acción: todo ayuda, pero nada de esto puede sustituir a la continua autoobservación de nuestra propia vida.

NOTAS
1. Citada en Agnes de Mille, «Martha Graham: The Steps of a Giant», New York Times, 7 de abril 1991» sec-H. Dance, p. 22.
2. Philip Morrison et al, Powers of Ten: About the Relative Size of Things in the Universe, New York, Scientific American Books, 1982.
3. Thomas Berry, The Dream of the Earth, San Francisco, Sierra Club Books, 1988.

277
CAPÍTULO 16


VIVIR CON LA VIDA
LA INTELIGENCIA BÁSICA
Oh tú que hablas tan bien

Creo que no sabes del tortuoso silencio.

Un relámpago fluido enroscando la cola.

Esta serpiente no duerme,

aunque sus ojos estén cerrados, ella sabe

qué se mueve. Alerta para responder,

amigo o comida son uno.

Ella despierta, criatura de vibraciones

Ella recibe, siente

Siente todo y nada dice.

Ella es el camino de evolución para

volver al paraíso

La serpiente se mueve y silba

Alertando a los que andan sin amor

Camuflajeada y enroscada en la alfombra

oscura de lo primitivo

Rodeando las raíces de la vida, ella vive.

Axis mundi en el suelo de la selva

levanta ella su cabeza en alto

la espina flexible y aún nutrida por el universo.

Ella es el agente energético del cambio

Cetro sagrado del mundo

Ella forma espirales en el Templo del Hombre.
MARTYE KENT
Fig. 13. La onda básica1
*Para revisar la figura, consultar el original.*

1. Martye Kent es una terapeuta que vive en Martin County, California. Ella escribió este poema en 1983 y lo compartió conmigo al año siguiente.

278
La inteligencia básica es estar consciente de, es identificarse con, es utilizar o participar en la onda del movimiento básico de la vida que está siempre sucediéndose. Inteligencia básica es entrar dentro del ritmo, seguir el ritmo, expandirse con él y contraerse con él. Cuando nos separamos o nos salimos del ritmo, lo esencial es guiarnos a entrar de nuevo en él. Es inteligencia básica guiarnos a nosotros mismos acercándonos o alejándonos de las circunstancias, según lo apropiado para nuestra vida. Es inteligencia básica ser capaz de guiarnos a favor de la vida.

La onda básica de la energía de la vida se acopla a distintos niveles de energía, hasta que se vuelve obvia ante nuestra percepción como ritmo. Esos ritmos pueden ser en el tiempo o en el espacio. Algunas veces el ser humano lleva el ritmo al espacio donde se desenvuelve, logrando acoplar las rutinas básicas de la vida, tales como los ritmos que ocurren en el trabajo o en el hogar, etc. Otras veces el ritmo se incorpora a través del tiempo y por ejemplo, encontramos el ritmo de comer a ciertas horas predeterminadas, tengamos hambre o no. También a lo largo del tiempo, generación tras generación, este ritmo entra en la experiencia colectiva que va conformando nuestros valores. En algunas ocasiones el ritmo se va metiendo dentro de nosotros químicamente y se convierte en nuestras adicciones químicas, como por ejemplo el alcohol, las drogas o la comida. Otras veces el ritmo se acopla en las acciones repetitivas, y a través de nuestra interacción con los otros, conformamos nuestras profesiones y nuestro trabajo en el mundo. Algunas otras el ritmo puede ser acoplado al reconocer los aspectos superiores de grandes maestros, bellos espacios, música, creación, palabras y prácticas particulares hasta llegar a las vibraciones más finas de las manifestaciones artísticas y religiosas.


QUEDARSE EN LA ACCIÓN
El movimiento ondular de la vida está presente como ritmo básico de toda acción. Si engranamos nuestros cuerpos en los ritmos del baile y del deporte, ¿podremos engranarlos con los ritmos de las áreas más ordinarias de nuestra vida tales como el trabajo y el hogar? Tenemos el hábito de cargar estas áreas en nuestras espaldas doblegándonos y cargándonos de responsabilidad como un peso. ¿Sería posible entrar en los ritmos de la casa y el trabajo disfrutándolos? Al tomar conciencia de este fenómeno del ritmo básico podemos entrar directamente en cualquier ritmo y extenderlo conscientemente hacia una manera orgánica de moverme con la vida.

279
Algunas personas viven rítmicamente. Ellas se guían entrando directamente en cualquier ritmo que suceda en sus vidas en este momento. Por ejemplo, algunas personas son especialmente capaces de responder ante la inacabable presión producida por el constante ir y venir de gente en su oficina. Los mejores ejecutivos son capaces de expandirse y contraerse ante cada problema, y se entusiasman en ese proceso de expansión-contracción. Una vez que se liberan de ese ritmo, pueden sentirse exhaustos, y este cansancio se mantiene hasta que entran en un nuevo ritmo ya sea en su hogar, o al día siguiente al mismo ritmo en su oficina. Algunas veces nos sentimos aliviados al regresar a nuestro ritmo para seguir siendo llevados por la rutina que hemos creado con ese ritmo repetido día tras día.

Es básico respetar el ritmo tal como se presenta. Tenemos que comprender que en toda acción hay ritmos. Es nuestra elección seguir el ritmo de la acción en vez de interrumpirlo con pensamientos y sentimientos a intervalos erráticos. A veces pensamos que la solución a determinada acción está en pensar más profundamente o en imaginar alternativas. Esa es una manera, pero otras veces es sólo una desviación del asunto principal. Es preferible profundizar más directamente en la acción buscando atrapar el ritmo y quedarse en él. Por ejemplo, en lugar de dudar y preguntarse continuamente si una tarea vale la pena o si es mejor continuar o detenerse, puedes simplemente proceder de manera neutra. Vive los ritmos como se presentan en lugar de salirte de ellos por medio de dudas, los sentimientos o imágenes alternativas.

Ciertas áreas de la vida siempre requieren atención: el trabajo, el hogar, la salud, la diversión y las relaciones. Yo solía someter estas áreas no sólo a continuas dudas y cuestionamientos, sino también a mis diversos estados de ánimo. Cuando me disgustaba en mi trabajo de inmediato quería irme por ese día o dejar el trabajo definitivamente. También fantaseaba que podía hacer desaparecer el trabajo o pasaba horas pensando las maneras de cambiarlo. Hacía todas estas actividades neocorticales en vez de simplemente quedarme en el ritmo, atendiendo a lo que había que hacer, moviéndome hacia lo que me gustaba hacer y alejándome de lo que no me agradaba. Sé que habría terminado cada tarea más rápido y sin tanta queja si hubiera seguido el camino de la menor resistencia, balanceándome a la intensidad del ritmo del trabajo, con sus expansiones y contracciones.

El cerebro básico requiere de nosotros la aceptación de la existencia. Esto no significa una aceptación mental, ni emocional, sino la aceptación física que se lleva a cabo atendiendo físicamente, haciendo, siendo activo,

280
interactuando, adentrándose y manteniéndose con y a través del fenómeno de la acción o de las acciones de los otros. Lo que es importante es nuestro comportamiento, nuestra acción, nuestro hacer.

Hoy en día, a pesar de que aún pienso, deseo, sueño y me disgusto, también regreso mi cuerpo gentilmente al trabajo y entro en una energía neutra hasta que algo me atraiga y me acoplo a algún aspecto del trabajo. Así empieza la interacción.

Los conceptos impersonales de «retornar mi cuerpo a» una determinada acción o lugar definidos y «guiarme hacia» han sido claves para ayudarme a mantenerme en la acción. Necesito ser gentil. No ha sido la fuerza, ni la voluntad, ni la disciplina las que me han ayudado a mantenerme o a retornar a la acción, más bien es como si yo alzara a una niña y la llevara al lugar donde pertenece, respetuosa de sus ideas, de sus deseos, berrinches y rabia. Con frecuencia he tenido que consentirme, seducirme, o premiarme. No me estoy aferrando a algo, ni me estoy obligando a hacerlo. Yo estoy simplemente regresándome al sitio de trabajo, al momento apropiado y colocándome en el espacio con gran proximidad a la tarea que voy a ejecutar, sensorialmente alerta y dispuesta, esperando ser enganchada o atraída hacia dicha tarea. Actúo "como si" fuera a comenzar y en la mayoría de los días, mi energía se deja llevar por los ritmos del trabajo.

La imagen de la serpiente me ayuda cuando estoy lidiando con un proyecto de larga duración ¡como la redacción de este libro! Algunas veces es como si yo tuviera que ser mi propio encantador de serpientes, haciendo sonar música suave para darme fuerza, para deslizarme fuera de la canasta, de mover mi cuerpo, de sentir y ondear la superficie de ese camino, de deslizarme hacia adentro y hacia afuera, siguiendo la sensación de hacia donde moverme. Esto no es un acto de voluntad. Es más bien una conciencia sensorial y cuanto más profundamente tengo la sensación del movimiento, más dulce o más natural resulta la experiencia de la energía.

Cuando me digo a mí misma que debo hacer algo, en vez de guiarme dentro del ritmo de esta manera sensorial, se siente diferente y los resultados son diferentes, nunca tan exactos nunca tan efectivos. Realmente resulta como si sólo una parte de mi ser estuviera involucrada. Mi neocorteza sale, pero mi cuerpo se queda. No es de extrañar que digamos de muchos grandes intelectuales que «sólo están aquí a medias» o llamamos a otros «trabajadores a medio corazón». La clave más importante para este cerebro, que funciona para mí, es la de guiarme gentilmente o la de seducirme.

281
RITMO Y RELACIONES
El ritmo me ayuda a relacionarme. Por ejemplo, al entrar en un nuevo trabajo o en cualquier otro medio ambiente nuevo para mí, en lugar de tratar de entender y preguntar con mi inteligencia racional acerca de todos los detalles, puedo entrar con mi inteligencia básica y buscar identificarme con este nuevo lugar o con los ritmos que se suceden a mi alrededor. Hay que hacerse «uno con» tan rápidamente como sea posible.

También es gratificante identificarse con los ritmos de otra cultura, lo que es necesario sobre todo si deseamos participar en ceremonias de otras religiones o participar plenamente en la cultura de otras naciones. Para sentirse libre de identificarse con la gente o sus acciones por medio de nuestra inteligencia básica, necesitamos liberarnos de nuestra inteligencia racional que prefiere dudar y también de nuestro cerebro límbico que pudiera rechazar a los otros o sentirse incómodo en su presencia. Necesitamos esta inteligencia básica para tener la capacidad de seguir los ritmos de lo que ocurre, acercándonos e identificándonos con ello.

De la misma manera podemos identificarnos con los ritmos de otra persona. Cada ser está hecho de ritmos repetitivos. A un nivel más grueso de vibraciones denominamos esos ritmos como valores, profesiones, hábitos o personalidades. Para respetar a otras personas necesitamos descubrir por lo menos sus ritmos más obvios para tener la capacidad de identificarnos con ellas. Me muevo «en tándem» con ellas, observándolas, imitándolas, aprendiendo y buscando apreciar algo de ellas. Algunas veces expreso verbalmente mi aprecio, pero eso no es siempre la clave. Lo que se guarda es mi habilidad de identificarme con ellas, de mantener su ritmo y de viajar con ellas o acompañarlas respetuosamente. Si todos supiéramos relacionarnos con nuestra inteligencia básica, tranquilizando nuestro cerebro emocional y nuestra neocorteza, sería mucho más fácil conectarnos los unos con los otros. Relacionarse por medio de la identificación con el ritmo del otro, debe volverse una opción conocida y practicada en este mundo que se vuelve cada día más pequeño.

Los ritmos se forman también a un nivel más sutil, que probablemente sólo se pueden describir como la integridad misma de la persona. Los sanadores pueden notar los ritmos en este nivel, los amantes también pueden. Es aquí que ambos, sanadores y amantes, pueden extender la vida de la persona o reducirla severamente. Debemos ser sabios para seleccionar a nuestros sanadores, terapeutas y amantes, y debemos ser sabios para apartarnos de ellos si los resultados no son positivos.

282
En este nivel también necesitamos encontrar el modo de proteger la vida cuando nos entregamos al fenómeno del amor. Más exactamente, tenemos que saber que los patrones o ritmos de la otra persona van a surgir tarde o temprano, entrometiéndose en nuestro amor sin pedir permiso.

En este nivel del cerebro profundo, el amor nos involucra con la aceptación de la integridad del otro. Más precisamente, amar en este nivel, es aceptar los diferentes patrones y ritmos del otro aunque sean distintos de los nuestros. En momentos de desacuerdo, en vez de movernos dentro y expandirnos con los ritmos del otro, podemos contraernos y retirarnos, permitiéndole a la otra persona su propio espacio. O podemos desplazar nuestro enfoque hacia algo que realmente apreciamos en ella.

Al saber que la expansión y la contracción son dos aspectos de la misma onda, podemos concientizar que nuestras contracciones son parte del proceso del amor. Podemos retirarnos, esperar, observar, respetar, acompañar y regresar de nuevo al proceso de entrar en el ritmo del otro y hacer contacto.

Entrar en el ritmo

Expandirse con el ritmo

Contraerse con el ritmo

Desvanecerse en las ondas bajas

y de nuevo,

retomar el ritmo

expandirse o contraerse con el ritmo.

Expandiendo y contrayendo orgánicamente,

a medida que la función, el tiempo,

el espacio y la necesidad lo ameriten.

Esto es y podría ser la paz duradera:

expandirse y contraerse,

agarrando la vida como la vida se presenta.

Aceptación y movimiento en un evento sin fin.

Esto suena como un paraíso y podría serlo. Por lo menos es uno de sus ingredientes: ser capaces de enfocarnos en los ritmos de la vida a medida que la vida se presenta, a través de personas o lugares, tiempo o función. Ser capaces de entrar dentro del proceso rítmico de la vida es inteligencia básica.

283
EL RITMO VISIBLE E INVISIBLE
Desde el momento en que despertamos en la mañana y aun mientras dormimos, estamos acercándonos o alejándonos de personas, sitios, ideas, colores, sonidos, proyectos y circunstancias. Literalmente todo aquello con lo que nos encontramos es energía visible e invisible, lo que nos involucra en un continuo proceso selectivo de atracción o de rechazo. Estemos o no conscientes de lo que está sucediendo en nuestro cuerpo, siempre respondemos a los estímulos a nuestro alrededor. La interacción del estímulo y respuesta nunca cesa sino con la muerte.

Algunas veces nos identificamos como pensando en lo que deberíamos escoger (nivel neocortical) y otras veces nos sentimos respondiendo emocionalmente (nivel límbico). Sin embargo, a este nivel básico, con frecuencia sólo podemos decir que no nos dimos cuenta, que solamente lo hicimos «no sé por qué»; «me pareció bien»; «no hay una razón»; «así es que debió haber sido»; «instinto, puro instinto». Un batallón de respuestas verbales tratan de describir este nivel primario básico de estímulo-respuesta. De lo que sí estamos seguros es de que este proceso selectivo de estímulo-respuesta ocurre constantemente, estemos o no conscientes de ello. Sabemos que ninguna acción, ni reacción, ni ningún movimiento físico puede ser llevado a cabo sin la participación de este cerebro básico. Un daño ocasionado al tallo cerebral nos deja en coma e incapacitados para actuar o reaccionar.

Lo que probablemente guía nuestro proceso de selección de la respuesta al estímulo, es nuestra sensación de seguridad o supervivencia, sea éste de la forma que lo comprendamos, imaginemos, sintamos o hayamos sido condicionados por medio de nuestra interacción con el medio ambiente.

Sin embargo, no está tan claro a qué nivel sutil de energía opera este componente de la acción física. Es aquí, en este profundo sistema cerebral, que debemos tratar de tomar en cuenta la energía que podría ser fácilmente identificable como sensorial o instintiva. A un nivel aún más sutil tenemos el fenómeno reportado como «Kundalini», que es una experiencia en la cual la energía se levanta, creando impulsos y sensaciones a lo largo de la médula espinal, entrando y subiendo hasta dentro del tallo cerebral y del cortex visual produciendo una luz blanca y otros estímulos visuales. Según las experiencias de Gopi Krishna descritas en el libro de Gene Kieffer, el fenómeno «Kundalini» es capaz de producir cambios de largo alcance en nuestra capacidad

284
mental2. Ambos niveles, el sensorial y el instintivo, así como también esta experiencia con la energía sutil del «Kundalini» son ritmos invisibles que, en efecto, nos afectan sin que aparentemente nos demos cuenta.

Así como surge este ritmo básico a un nivel sutil en una experiencia espiritual, también surge a un nivel físico denso, como una respuesta reactiva que nos guía en momentos de peligro. Por lo tanto, la sensación o la energía en este cerebro necesita ser entendida como existente en un rango o continuum que abarca desde lo denso hasta lo fino y a diversas velocidades de vibración que van desde lo más rápido hasta lo más lento.

Estamos acostumbrados a este rango variado de vibraciones de energía que pasan a través de nuestra neocorteza mientras pensamos, imaginamos o intuimos. A veces pensamos más lentamente; y otras, los pensamientos ocurren a velocidad casi eléctrica. Con nuestros ojos abiertos tenemos imágenes de eventos externos que ocurren a velocidades lentas y pueden ser retenidos en nuestra memoria. Con nuestros ojos cerrados podemos experimentar una variedad de velocidades e intensidades: aquellas imágenes que podemos fácilmente recordar y aquellas que pasan por la pantalla de nuestra mente a velocidades muy altas. Una vez que estamos conscientes de que los pensamientos e imágenes están vibrando a velocidades e intensidades diversas, podemos más fácilmente imaginarnos que este mismo rango de velocidades diferentes existe dentro de nuestro cerebro básico, y que también existe alrededor nuestro y continuamente impactan nuestras acciones y reacciones a velocidades e intensidades distintas.
DE LA ANSIEDAD A LA ENFERMEDAD
Conocer que las vibraciones van de las más gruesas hasta las más finas dentro y alrededor del cerebro básico, puede ayudarnos a observar y quizás entender mejor las enfermedades del sistema nervioso, que abarcan, desde nuestra común y cotidiana dosis de nerviosismo y ansiedad hasta las enfermedades más serias como el mal de Parkinson, Alzheimer, o la distrofia muscular. Ya sea que estemos tratando de aliviar nuestra ansiedad o estemos involucrados en la sanación de una enfermedad más seria, necesitamos tomar en cuenta las cargas eléctricas que entran en nuestro cerebro básico debido

2. Gene Kieffer, (ed.) Kundalini for the New Age, Selected Writings of Gopi Krishna, New York, Bantam Books, 1988.

285
a la interacción con nuestro entorno. Es de vital importancia cambiar, de considerarse como un individuo separado, a conceptualizarse como un yo-en-contexto (tratado en el capítulo anterior). Al hacer este cambio habremos captado la importancia de los impulsos externos que continuamente nos bombardean, penetrando a través de nuestra piel hasta la médula espinal y el sistema nervioso aferente-eferente antes de llegar a nuestro tallo cerebral, donde pueden ser bloqueados o estar a disponibilidad, ya sea para afectar nuestro cerebro límbico —a su vez conectado con nuestros sistemas internos autónomo, endocrino e inmunológico—, o para afectar nuestra neocorteza con sus conexiones con los sistemas motor y muscular.

Si nuestros impulsos son excesivamente intensos o son bloqueados en algún momento en su viaje a través de los tres sistemas cerebrales, ¿podrán ellos ocasionar contracciones y constricciones extremas e irregulares que, a su vez, podrían dañar las células y alterar seriamente su funcionamiento? Puede darnos una nueva perspectiva considerar el cerebro básico como un sistema energético de vibraciones, más que como un sistema compuesto de partes físicas. Comprender que nuestro cerebro básico está continuamente expuesto y en interacción con niveles sutiles e invisibles, puede darnos una nueva perspectiva sobre la importancia del autocuidado.

Con respecto a las enfermedades del sistema nervioso, también necesitamos estar conscientes de las huellas que han dejado en nosotros las personas y las condiciones del medio ambiente en el cual hemos crecido. Necesitamos poner al día nuestras ideas sobre lo que se debe incluir en la historia familiar. Si vamos a hacernos conscientes de las huellas tempranas que pueden estar causándonos daños severos en este nivel del cerebro básico, los padres deben compartir con los hijos también aquellas influencias oscuras y difíciles. El orgullo familiar debe ser reemplazado por la revelación de todos los datos, si deseamos volvernos saludables en los niveles sutiles de nuestro sistema nervioso.

Tanto para aliviar las tensiones como para crear un medio ambiente en el que la sutil expansión-contracción de nuestro sistema nervioso pueda ser nutrida en vez de constreñida o ignorada, debemos enfocarnos en las condiciones e historia de nuestra vida. La ofrenda de este cerebro es un llamado a observarnos a nosotros mismos como un yo-en-contexto.

El secreto está en abrir nuestra conciencia para incluir el rango completo de energía, desde el más lento hasta el más sutil. Podemos observarnos a nosotros mismos de una manera neutra sin prejuicio o culpa, como observadores neutrales de nuestro comportamiento diario. La práctica de la

286
inteligencia básica nos invita a movernos hacia unas condiciones que nos nutran y alejarnos de aquellas que puedan dañarnos, sea cual sea la intensidad o velocidad de las vibraciones de la energía.


EL CAMBIO DEL COMPORTAMIENTO
¿Cómo cambiar la conducta humana? Éste ha sido un tema tratado por todas las religiones, filosofías, grandes dramas y novelas, y más recientemente por las psicologías y ciencias del comportamiento humano. Para todas ha sido un tema complejo. Cada una ha contribuido con sabiduría, conocimiento y una nueva perspectiva sobre la condición humana, pero aun así, los cambios básicos en la condición humana misma han eludido nuestros mejores esfuerzos por entenderla. A pesar de todas las contribuciones y el progreso indiscutible, nos vemos todavía como humanos enfrentados con el caos innegable, la pobreza, los crímenes, las guerras y los sufrimientos personales de proporciones angustiosas. Cada grupo profesional ofrece su solución, pero ninguna ha sido suficiente.

Recordemos que la acción o el comportamiento pueden ser estimulados por vibraciones visibles o invisibles. Pudiéramos no darnos cuenta de lo que nos estimula o provoca. Quizás el estímulo proviene de nuestro medio ambiente presente o pasado, quizás de un sueño, o de una información almacenada muy profundamente en el cerebro, todavía no disponible para nosotros ni como sueño, ni como pensamiento o sentimiento, o quizás provenga de un patrón aprendido de nuestros padres o de un valor heredado de generaciones pasadas y nunca examinado por la mente que lo contiene. ¡Son tantas las posibilidades! El estímulo que impacta nuestro comportamiento puede no ser evidente; puede ser demasiado sutil para que podamos verlo u observarlo y menos aún apartarnos de él.

A nivel de nuestro tallo cerebral, en cualquiera y en todo momento, estamos sujetos a una cantidad indeterminada bien sea de información o de impulsos que buscan ser convertidos en información. Quizás sea este bombardeo el que explica la dificultad que hemos tenido en desarrollar una ciencia del comportamiento humano. Si estamos en un flujo continuo, expuestos constantemente a nueva información que penetra al menos hasta nuestro tallo cerebral, entonces, ¿cómo podremos establecer o cuantificar los datos en un período de tiempo suficientemente extenso para poder predecir resultados o desempeños? La existencia de este centro cerebral más profundo, enlazado

287
por medio del sistema nervioso aferente a nuestra piel que está cubierta de aperturas al mundo, hace literalmente imposible encerrar los datos humanos dentro de una probeta de laboratorio o ni siquiera dentro de un laboratorio con un ambiente controlado y predecible.

Las recientes investigaciones sobre el cerebro nos dan una perspectiva más profunda sobre lo difícil que es cambiar para un ser humano. Hay tres sistemas involucrados y cada uno está en movimiento o vibración continua. Por lo tanto, es muy difícil enfocarnos en un cambio definitivo y lograr tener éxito.

El cambio debe radicar en saber manejar nuestra propia dinámica. Por esta razón, el nuevo paradigma de que todo es movimiento, es de una tremenda importancia. Cada vez que deseemos cambiar algún aspecto de nuestro comportamiento necesitaremos realmente acumular datos e información, pero el hecho de llegar a una conclusión no producirá el cambio. Las implicaciones del nuevo paradigma son que nosotros podemos cambiar nuestra conducta sólo manejando las dinámicas involucradas. Cambiamos cambiando, y no por conocer del cambio. Esto es similar al desear y querer del cerebro emocional: sólo queremos al vivir el proceso de querer. Quizás, finalmente, podremos convencernos de la necesidad de un enfoque sobre la dinámica del organismo humano en vez de intentar un acercamiento definitivo, descriptivo y fijo sobre el comportamiento humano.

Me siento impulsada a repetir los puntos más importantes que dan soporte a un enfoque dinámico más que al enfoque estático del cambio. Sabiendo que la estructura humana está compuesta de billones de células, conociendo que toda estructura celular es realmente energía en constante vibración y, finalmente, sabiendo que cada estructura está constantemente expuesta a información de otras estructuras a través del cerebro profundo y de la piel, podemos dejar de lado la expectativa de lograr una fórmula fija para el cambio, y dirigir nuestra atención hacia los procesos dinámicos. Podemos dirigir nuestra atención hacia una constante vigilancia, un cuidado constante, y un estado de alerta ante las continuas y nuevas interpretaciones de nuestra vida individual en su contexto cotidiano. Por ejemplo, podríamos aprender todo sobre las dietas, o hacer el ejercicio que está a continuación de esta sección, llamado «El perfil de energía», para reunir información relevante a nuestra conducta relacionada con la comida. Sin embargo, tendremos que vivir el proceso de hacer dieta, que es dinámicamente diferente cada día y en las diferentes horas del día. O sea, que aprendemos, reunimos información y actuamos.

No se trata de cambiar nuestra mente. Se trata de mantenerla en constante sintonía con el comportamiento que deseamos cambiar. Necesitamos

288
vivir nuestra vida como una entidad dinámica en vez de como una personalidad fija.

Lo que está implícito es que necesitamos estar continuamente involucrados en el cuidado de nosotros mismos. Tú y yo necesitamos autocuidarnos porque tanto tú como yo somos los que estamos permanentemente al control de nuestras vidas y cada uno es el único capaz de manejar el proceso dinámico de una manera suficientemente sutil. Ni la salud, ni una buena calidad de vida pueden ser logradas sin nuestra participación continua y consciente. Otros podrán ayudar en los niveles más obvios y gruesos de energía, pero en el rango de las ondas finas depende de nuestra capacidad para poder entrar en las vibraciones más sutiles.

Se puede entender también que el dolor en el cuerpo es una señal a nivel grueso, de que algo requiere nuestra atención a nivel más sutil. Podemos volvernos conscientes de esta señal antes de que la salud empeore y requiera la ayuda de un especialista. No pretendo excluir la necesidad de especialistas, sólo quiero decir que desde el punto de vista de este cerebro básico siempre expuesto al mundo, no hay salud sin la participación activa y consciente del individuo.
EL PERFIL DE ENERGÍA: UN INSTRUMENTO DE CAMBIO
Voy a describir ahora un proceso que ha sido útil en los niveles más gruesos de vibración, en el rango obvio y visible en el que podemos percibir nuestras acciones de todos los días y coleccionar información acerca de nuestro comportamiento. Lo he llamado el perfil de energía porque involucra elaborar un perfil de nuestra energía visible a medida que nos hemos acercado o nos hemos alejado de algo o alguien en las diferentes áreas de nuestra vida, tanto recientemente como a lo largo del tiempo.

El perfil nos permite conocer nuestros instintos básicos, nuestras acciones sensoriales o nuestro más profundo «yo», al observar nuestro comportamiento como se ha ido presentando a través del tiempo, en una determinada situación o en un área que nos pueda preocupar frecuentemente, tal como la salud, el hogar, el aprendizaje, la religión, el trabajo, la diversión o las relaciones. Esa conducta revela no solamente nuestra energía más obvia sino también los patrones sutiles desarrollados a través de nuestra experiencia. Hacer un perfil de energía constituye el primer paso para considerar cualquier cambio en nuestra vida.

Los perfiles pueden ser tan detallados o tan generales como queramos. Pueden ser de nuestra vida entera hasta este momento o de un día en

289
particular. Pueden ser de una relación de amor o de todas nuestras relaciones de amor. Pueden ser en relación a un miembro de nuestra familia o de toda la familia. Pueden ser de nuestra alimentación, de nuestra salud, de nuestro trabajo, o de cualquier cosa que consideremos como un problema que queramos comprender, mejorar o cambiar.

Un perfil nos muestra claramente, de manera gráfica, el bosquejo del comportamiento que viene sucediéndose desde tiempos pasados y nos puede ayudar a reconocer qué comportamientos similares seguirán ocurriendo, si no escogemos intervenir conscientemente (ver Capítulo 14, del comportamiento humano y reptiliano sobre la repetición, el actuar de nuevo y las rutinas).
Ejercicio
El perfil de energía

1   ...   15   16   17   18   19   20   21   22   ...   27


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal