Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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EL MOVIMIENTO ONDULATORIO EN OTRAS FORMAS DE VIDA
El movimiento básico de acercarse y alejarse no sólo se encuentra en el comportamiento humano sino en muchas otras áreas de la naturaleza. Las observamos en las olas del mar y en las ondas más solidificadas de las formaciones rocosas. El río también se mueve hacia y se aleja de su ribera. En la naturaleza, la onda del agua fluye acercándose hacia y alejándose de, en un movimiento constante contra los parámetros de las riberas de la tierra, las cuales también se forman a sí mismas en interacción con el agua.

El reptil claramente se acerca y se aleja con su piel deslizándose sobre la tierra. El pez sigue el mismo movimiento en el agua. Los pájaros vuelan en el aire usando el mismo movimiento de onda, esta vez subiendo y bajando. Vemos vida en el agua, sobre la tierra y en el aire, toda ella involucrada en este movimiento repetitivo de la onda básica.

Sería sorprendente que la vida humana no estuviera también sujeta a este movimiento constante en ondas. La configuración de onda que se acerca y aleja la vemos solidificada en la estructura física de la columna vertebral humana. Esa estructura básica, en forma de onda, es la que protege la médula espinal y la que lleva las vibraciones hasta el tallo cerebral del cerebro básico. Fue a partir de este movimiento ondulatorio característico que comencé a estudiar el uso activo consciente de la onda de la energía como una inteligencia y formulé la información descrita como la inteligencia básica.

Es difícil para mí describir la dulzura que hay dentro de esta energía. Yo pienso que proviene de una composición química diferente a la del cerebro emocional y diferente también al éxtasis meditativo del hemisferio derecho. Yo sé que su frecuencia vibracional es diferente. Es placentera, pero no es placer. La energía de este cerebro tiene una tranquilidad que pareciera que se pudiera prolongar por siempre. Es calma, facilidad de movimiento, gracia

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en el movimiento: ni es forma ni es gracia, es un vaivén, como si siempre o en cualquier orden el movimiento está bien.

Su energía es paz, es un alinearse; es como si uno fuera llevado. Así, tanto como yo amo la sensación de la pasión y la excitación y la felicidad de la meditación, veo que la energía de este cerebro tiene una cualidad adictiva. Contiene un elixir, tranquilidad y alineamiento. Yo logro estar en ella mientras estoy en movimiento, mientras me ocupo de las cosas cotidianas: fregando los platos, atendiendo el jardín, arreglando los muebles. Lo que noto es que mi cuerpo está confinado a un cierto espacio y me muevo fácilmente mientras hago una cosa o la otra, sin distracción de pensamientos o emociones. Yo no sé si mi mente está divagando. De lo único que estoy segura es que estoy atendiendo a esa determinada ocupación y esto usualmente sucede dentro de un espacio y un tiempo definidos. Yo quiero experimentar esto aún más. Quiero ésta energía en todas las áreas de mi vida: en mi trabajo, en mi hogar, en mi actividad diaria; en mi salud y si es posible, también con mis relaciones más cercanas.

Tal como lo he descrito hasta ahora, la energía de este cerebro es como ser transportado o llevado gentilmente. Pero también he experimentado otras energías que atribuyo a este cerebro que son más intensas. Presentan la misma cualidad de alineamiento, tal como es estar sincronizados mientras se baila, esa sensación de «ir con» y estar siendo llevado a la vez. Al mismo tiempo es como si mi energía no estuviera en correspondencia con la actividad que hago: siento compulsividad, como si algo manejara mi energía en vez de yo estar en control. En el momento que siento o pienso que estoy fuera de control, estoy en el cerebro de sentir o en el de pensar y no en éste cerebro del actuar.

Al mantenerme en el cerebro básico, siento que no estoy manejando mi cuerpo proporcionalmente con la acción que ejecuto, y las sensaciones que experimento por esta falta de control son diversas: el caos, la incomodidad, el miedo, la ansiedad y algunas veces el pánico. Es arrollador. Tengo la sensación de estar haciendo algo cuando no quiero, de sentirme controlado por ello. Esta sensación está presente en toda compulsión. Decimos que somos manejados en vez de decir que nos sentimos transportados. Creo que ocurre así porque este cerebro está controlándonos, pero nuestra concentración está en otra parte, no está en este sistema cerebral y tampoco está yendo con el ritmo de la energía. La esencia del control en este cerebro estaría en entrar en el ritmo, enfocarnos en él y a través de este enfoque ser capaces de bajar la velocidad de acuerdo con lo que se esté haciendo.



NOTAS
1. MacLean, Triune Brain, p. 23.
2. Eric R. Kandel y James H. Schwartz, Principies of Neurtil Science, 2a edición, Appleton y Lange, 1985.
3. Thomas Merton, monje Crapense, en la Conferencia Espiritual N. 1 del Templo del Entendimiento (Calcuta, India 1968).
4. Diagrama simplificado tomado de The Brain: Mystery of Matter and Mind, p. 123.
5. The Brain: Mystery of Matter and Mind, p. 123.
6. Restak, The Brain, p. 88.
7. Notar que tres de las características básicas de las investigaciones de MacLean -imitación, engaño y repetición- descritas en el capítulo XIV están incluidas en este diagrama del aprendizaje y el comportamiento.

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CAPÍTULO 14


CARACTERÍSTICAS DEL COMPORTAMIENTO REPTIL
En 1979, siendo Directora de la Escuela Mead, me afectó profundamente un artículo de Paul MacLean sobre la conducta del reptil. Como fundadora de la escuela, en 1969 yo había diseñado diferentes ambientes con el fin de poder observar continuamente el aprendizaje temprano de los niños. Interesada en las teorías de Piaget, Jung y Carl Rogers, difícilmente esperaba la intromisión de reptiles y de investigaciones sobre el cerebro. Pero allí estaban.

Por largo tiempo había estado trabajando para ayudar a los niños a ser generosos, preocupados por los demás, amorosos y gentiles. Muy a menudo lo que había visto en estos niños de corta edad eran las peleas entre ellos, el quitarse unos a otros los objetos, el morderse unos a otros y la lucha por el territorio. No había una explicación psicológica de estas conductas que realmente me satisficiera. Yo había diseñado el centro de aprendizajes para las edades entre dos y seis años basándome en los estudios de Piaget, pero posteriormente encontré que el trabajo de Carl Jung era más impresionante, especialmente lo relacionado con las cuatro tipologías descritas por él. Resultaba evidente cuándo un niño era un pensador y se enfrascaba en las tareas mentales. También era fácil distinguir a un niño orientado sensorialmente y a un niño emocional-relacional. Aún más obvio era distinguir al niño intuitivo que siempre se mantenía atrás y observaba desde la distancia. Sin embargo, nada parecía tan acertado como la presentación del cerebro reptiliano de MacLean con su explicación de la territorialidad, inseguridad, temor, posesión y posesividad. Con la excepción del apareamiento y la crianza, la siguiente lista nos presenta un recuento preciso de las principales actividades de los niños entre tres y cinco años de edad. Las conductas reptilianas estaban presentes, de manera sutil y no tan sutil, en los niños de edad preescolar. Yendo más lejos, las he encontrado en mis hijos adolescentes y en mi propia conducta de adulto.

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¿Desearías contrastar tu comportamiento con los siguientes comportamientos básicos de los reptiles? ¿Puedes reconocerte a ti mismo o reconocer a otros en tu hogar o en tu lugar de trabajo?
Formas especiales del comportamiento básico
Selección y preparación del habitat. Dominio.

Establecimiento del territorio.

Uso del sitio del hogar.

Señalamiento de preferencia de lugares.

Hacer rutas. Demarcar el territorio. Patrullar el territorio. Despliegue de ritual en defensa del territorio, comúnmente utilizando el uso de coloración y adornos.

Luchas intra-específicas formalizadas en defensa del territorio. Despliegue triunfal en defensas exitosas. Asumir posiciones distintivas y colores en señal de rendición.

Uso de sitios para defecar. Hacer correrías. La cacería. Regresar a casa.

El atesoramiento. La formación de grupos sociales. El establecimiento de la jerarquía social por medio del despliegue y de otras maneras. El saludo.

Acicalarse para aparearse. Cortejar con despliegue usando colores y adornos. Aparearse. Cruzarse y en casos aislados, atender a la cría.

Reunirse en bandas. Migrar. Paul MacLean1


*Para una mayor comprensión de la figura, consultar el original.*

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Para aquellos que tienen dificultad en comparar a los humanos con los reptiles o animales, MacLean dice: «En ningún caso la intención es de igualar animales y humanos. Más bien está visto como una suposición razonable que si cierto tejido cerebral de una variedad de especies es generalmente semejante en sus componentes, construcción y conexiones, podría tener funciones correspondientes»2. Es de hacer notar que no estamos igualando a humanos y reptiles, sino más bien utilizando información sobre reptiles para ver si nos ayuda a aclarar nuestras acciones humanas y nuestro cerebro básico. Después de estar lidiando con la oscuridad y el inconsciente por siglos a través de la mitología y la religión y ahora la psicología moderna, estamos en la búsqueda de todo aquello que pueda ayudar a hacernos conscientes en este cerebro. El hecho de que una de nuestras tres estructuras cerebrales esté conformada de manera similar a la estructura del cerebro reptil, implica que, por lo menos, deberíamos estar dispuestos a buscar semejanzas en algunas funciones que se correspondan. Y... después de haber descubierto y admitido estas asociaciones, ¿qué hacer entonces? Propongo utilizar la aceptación, el humor, el respeto, la curiosidad y la flexibilidad, todas importantes para permitirnos un acercamiento a estas otras formaciones de vida.

La aceptación es el opuesto de la negación. Es la disposición a ver lo que es, sin necesidad de defensa o explicación. El propósito o valor de la aceptación, como opuesto a la negación, radica en que nos permite tener información sobre nuestras acciones, en vez de esconderlas de nosotros mismos o permitir que los demás vayan descubriéndolas poco a poco. La aceptación es más fácil de describir que de realizar. La aceptación de mi territorialidad, o la de los otros incluyendo la de mis hijos, no es fácil. El próximo paso sería aprender a respetar el territorio ajeno en vez de invadirlo. «El escritorio de mi marido es de él, a pesar de todo lo desordenado que esté».

El sentido del humor es también vital en el manejo de estos comportamientos naturales y primordiales. Puede no ser divertido ver a tu hijo de dos años de edad arrebatar en vez de compartir el juguete al amiguito con el que quisieras que se llevara bien. El conocimiento de que esta conducta es el cerebro básico en acción territorial primordial, puede ayudarte a comprenderlo. En ningún momento esto es un indicio de que ese niño va a ser un adulto frío, calculador y egoísta. Cuando te encuentres a ti mismo siendo territorial y no queriendo compartir, puede que tengas aún mayor dificultad en tomarlo a la ligera. Toma tiempo desarrollar un sentido del humor contigo mismo, pero es vital para llevar a cabo la auto-observación, es la clave para vivir con el cerebro reptil propio.

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Además de la aceptación y el humor he encontrado la curiosidad extremadamente útil. Comprometiéndome activa y neocorticalmente en la búsqueda de las características de otro ser y luego compararlas con mis acciones se ha convertido en un pasatiempo interesante. Podría ser un pasatiempo vital que algún día podría jugar un papel clave en nuestro deseo de salvar la vida sobre este planeta. La respuesta ante la interrogante de cómo toda vida está realmente relacionada entre sí, podría permitir, por ejemplo, que los integrantes del movimiento ecológico tomaran una actitud más amable hacia los seres humanos. Más que castigar nuestros hábitos inconvenientes, los ambientalistas podrían estar en capacidad de desarrollar un tipo de educación, que simpatice con todas las formas de vida, basado en nuestros tres sistemas cerebrales diferentes, de los cuales sólo uno de ellos es más característico del ser humano.

Habiendo desarrollado esta curiosidad, encuentro lógico y más fácil respetar el comportamiento reptiliano de aquellos seres humanos cercanos a mí, así como también a las otras formas de vida. Para respetar las acciones y territorios de otros yo he necesitado la imagen guiadora de la flexibilidad. La flexibilidad, a quien llamo a menudo como la diosa o la mascota del cerebro básico, me ha ayudado más allá de lo creíble. Es tan maravillosa que la he desarrollado como la inteligencia básica. Soy capaz de respetar moviéndome hacia o alejándome de, siendo flexible cuando me topo con esas conductas que he sido condicionada a rechazar a lo largo de mi vida.


CARACTERÍSTICAS DE LOS COMPORTAMIENTOS REPTILIANOS Y HUMANOS
MacLean en su presentación del comportamiento reptiliano hace énfasis en las seis formas generales de la conducta: isopraxismo (imitación), tropismo (comportamiento innato), comportamiento engañoso, hacer rutinas, repetición y reconstrucción3. ¿Cómo corresponden estos comportamientos a conductas humanas?
Imitación
Los animales se involucran en el comportamiento imitativo para reconocerse unos a otros, para la autopreservación y procreación4. El ser humano

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también imita para auto-preservarse, agrupándose, formando así pueblos y naciones.

Imitar para el reconocimiento y la preservación puede sin duda explicar por qué cuando los humanos alcanzan la adolescencia buscan imitar las vestimentas, vocabularios, estilos de peinados, valores y acciones de una nueva tribu o pandilla de amigos. Los mejores esfuerzos de la escuela y la familia no pueden impedir este comportamiento primario de identificación y de reconocimiento. Tal vez la formación de pandillas es realmente el esfuerzo del adolescente buscando seguridad en un mundo más amplio que el de su familia. La imitación aparece como un fenómeno humano a toda edad y cultura. En nuestra vida hemos imitado los seres queridos y nos vestimos y actuamos de formas similares en nuestras organizaciones y en las naciones.

La imitación ha sido criticada severamente. No obstante, la imitación y su opuesto, la inhibición o el rechazo de seguir una acción, pueden convertirse en herramientas conscientes, tanto así que las he incluido a las dos en el proceso de la inteligencia básica. Por ejemplo al enfrentar la adicción, sólo la habilidad de inhibir cierto comportamiento e imitar otro, puede ser lo suficientemente fuerte para ayudar a alguien a cambiar. Razonar ayuda solamente un poco y más importante es el deseo, pero sólo la capacidad física para imitar e inhibir será lo suficientemente potente para redirigir mi acción física hacia un nuevo comportamiento.

En nuestras escuelas hemos buscado hacer énfasis en la razón y la creatividad y hemos pasado por alto la imitación como una experiencia con un potencial positivo en el aprendizaje. Por el empeño en impedir la copia y el plagio, hemos dejado de considerar la imitación como una gran manera de aprender. No obstante, en los primeros años de vida de los niños, le damos un completo apoyo a sus capacidades imitativas. Con rapidez increíble llegan a ejecutar con maestría tanto la complejidad del lenguaje a través de la imitación oral, como la sutileza de la coordinación física a través de la imitación visual. En los años escolares subsiguientes, rechazamos la imitación al considerarla como una falta de originalidad. De esta manera nos separamos de esta modalidad básica del aprendizaje.

Como adultos, a menudo nos olvidamos que solamente necesitamos mirar hacia afuera, al mundo, para descubrir la gente más avanzada que nosotros y comenzar a imitarlos. Todos los otros y las otras pueden ser nuestro recurso. El aprendizaje no tiene que ser limitado a los libros o depender de un profesor que tome la iniciativa. Los recursos siempre están disponibles. Imitar a alguien que lo sabe hacer mejor que yo, revela inteligencia. Las escuelas podrían restaurar el poder de la imitación al organizar y estimular a los estudiantes para

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que aprendan en equipos. Luego podrían utilizar exámenes individuales para asegurarse de que cada estudiante ha logrado la comprensión necesaria.
Comportamiento innato o tropismo
MacLean cita el tropismo o comportamiento innato como otra gran característica del comportamiento reptiliano. El comportamiento innato se refiere a una inexplicable respuesta, positiva o negativa, a un estímulo. En los animales, a veces el color, otras veces una manera diferente de moverse, desata una respuesta básica positiva o negativa. Según MacLean, este comportamiento innato es aún inexplicable. Este autor cita los patrones fijos de acción en peces refiriéndose al uso que hace Konrad Lorenz de la palabra impresión (imprinttng) como «...una forma especial de aprendizaje que ocurre solo en períodos críticos del desarrollo de un organismo». Lorenz describe cómo un pichón de pájaro, durante un período crítico, «se apega a la primera criatura que encuentra»5.

Este fenómeno de «apegarse en momentos críticos» es lo que yo creo que ocurre en los primeros años de los humanos durante períodos críticos. No sabemos de manera cierta qué hace que algo sea crítico o peligroso para una persona. Sin embargo, lo que es muy evidente es cómo nuestras mentes «se congelan» o «se adhieren» alrededor de ciertos eventos ocurridos en la niñez, que luego van a influir en nuestro comportamiento para toda la vida. Frecuentemente, al trabajar con individuos en circunstancias problemáticas de su vida adulta, he visto cómo a su dificultad se le puede seguir la pista hacia atrás hasta las imágenes que su cerebro grabó de sus padres o de situaciones ocurridas en un período crítico. Es como si la mente se atara a esa imagen, se congelara y se quedara agarrada a ella. Podemos denominar esto una huella o podemos decir que se ha establecido un patrón. Lo que resulta claro es que la causa del comportamiento ya no es aparente. El adulto ya no está más consciente de por qué piensa o reacciona de esta manera sino que piensa que es normal actuar de esa determinada forma o que es así como son las cosas, hasta que, con la ayuda de alguien, aparece en los recuerdos, la imagen temprana. En retrospectiva la persona es capaz de ver dónde se congeló y se ató alrededor de una imagen.

Por ejemplo, Mary es una mujer de cincuenta años, una bibliotecaria que estudiaba arte en sus horas libres con el deseo, pero sin el valor, de establecerse como artista profesional. Al yo instarla a que viajara mentalmente a su pasado, ella encontró en su memoria la desaprobación de su mamá por

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la carrera de artista de su papá. Mary grabó esa reacción como una huella que impidió que ella adoptara la carrera de artista a pesar de su gran talento. Aunque era capaz de comprender lo que motivaba la desaprobación de su madre -la necesidad de la madre de tener un ingreso seguro para la familia- ella no era capaz de sobrepasar una resistencia básica para convertirse en artista. Retornando mentalmente a sus recuerdos de la niñez, pudo ponerse en contacto con el amor por su padre (sistema límbico). Apoyada en este amor, pudo revisar su temprana decisión y el patrón, y tomar una nueva decisión (ver el capítulo sobre la inteligencia de los patrones). Estableció nuevos parámetros que le sirvieron de soporte a su cambio exitoso hacia la nueva carrera de arte (ver capítulo sobre la inteligencia de los parámetros). Su éxito en la nueva profesión refleja su inteligencia básica, que le ayudó a cambiar una decisión congelada en su mente desde la niñez.

Es relevante recordar que esto puede ser igualmente cierto cuando grabamos reacciones positivas a una edad temprana. Aunque quisiéramos atribuirnos la grandeza de nuestra vida adulta a nosotros mismos o a nuestros esfuerzos, es posible que la mayor influencia provenga de las grabaciones positivas recibidas de alguno de nuestros padres durante la niñez. En los humanos, estas huellas que hemos estado llamando innatas, inexplicables o inconscientes, son lo que yo creo puede aclararse por medio de la inteligencia de los patrones y cambiarse, si se desea, por medio de la inteligencia de los parámetros.
Decepción
MacLean hace énfasis en la decepción, el engaño, como una destreza necesaria de todos los reptiles para su supervivencia. Ellos utilizan el comportamiento engañoso para adquirir alimento, así como para cubrir otras necesidades tales como la morada o la pareja. También se usa el engaño para evitar la muerte6. En los humanos, mientras predicamos contra el engaño en nuestra religión y en charlas sobre los valores, enseñamos el engaño en todos los deportes. Practicamos el engaño en todos los grandes sucesos, bien sean diplomáticos o militares, financieros o amorosos. En la sociedad sofisticada frecuentemente reconocemos al engaño como una destreza.

Aquí de nuevo, podríamos avanzar a grandes pasos si reconociéramos conscientemente la existencia del engaño y lo admitiéramos abiertamente como una medida para preservar la vida. Si la palabra engaño está demasiado

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vinculada con el delito, deberíamos por lo menos reconocer al engaño como una manera de evasión.

Por ejemplo, ante la televisión los domingos por la tarde, toda una nación mira cautivada la táctica engañosa de un jugador de fútbol que le ayuda a salvar y evitar obstáculos para finalmente alcanzar la meta. Sin embargo, en el hogar nos dirigimos a nuestra esposa e hijos sin darnos cuenta de que evitar hábilmente o evadir un tema, puede ser necesario para lograr una cena tranquila, sin batallas o un programa de televisión sin interrupciones. Una crítica es lanzada por la esposa o el esposo, y el otro o la otra cae enseguida en una defensa racionalizada o bien se engancha en el orgullo y tropieza con un montón de quejas como «esta familia es imposible» o «las cenas familiares son siempre un tormento».

Efectivamente, necesitamos esta inteligencia reptiliana aunque fuese necesario darle otro nombre. He incluido «el evitar» dentro de la inteligencia básica, como la capacidad de acercarnos y de alejarnos de algo o alguien. ¡Es básico!
«Rutinización»
Según MacLean los animales no sólo tienen rutinas principales que ellos siguen sino una serie de subrutinas, que pueden llegar a ser estructuras rígidas en términos de patrones y tiempos en que ocurren. Por medio de estas rutinas, ellos escogen territorios y se ocupan reiteradamente en la misma función en las mismas temporadas7.

Todos conocemos a alguien que tiene rutinas establecidas o las tenemos nosotros mismos en relación a algún área de la vida. Si no es sentarse en el sillón de la televisión, podría ser tomar el aperitivo antes de comer, o nuestra taza de café o la lectura matutina del periódico.

MacLean evidencia que los animales son esclavos de sus rutinas y subrutinas. ¿Somos nosotros también esclavos de nuestras rutinas, sólo que somos renuentes a admitirlo? Aunque como humanos decimos que valoramos la creatividad y la razón, la manera más fácil de molestar a un ser humano es interrumpirle una rutina. Si me interrumpen el café de la mañana, aun con la más inocente de las preguntas, surge en mí la rabia o la evasión.

Encabezando la lista de las mayores causas de estrés están las interrupciones de las rutinas básicas, tales como un cambio de trabajo o de hogar o de pareja. Cualquier persona o grupo que ha sobrevivido un cambio importante

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de casa u oficina, jura que nunca más repetirá la experiencia. Es claro que valoramos las rutinas aunque no queramos reconocerlo así. Las rutinas son para este cerebro básico lo que la racionalidad es para el hemisferio izquierdo de la neocorteza: lo que sabe hacer mejor.

En este cerebro básico ordenamos, arreglamos y organizamos en rutinas las vibraciones en las que podemos confiar y con las que podemos contar. Este fenómeno, el de ordenar las vibraciones en este nivel, es algo tan importante que lo he considerado en sí mismo una inteligencia con derecho propio. La inteligencia de los parámetros es el proceso por el cual nos volvemos conscientes de nuestras rutinas y podemos ver cuáles son los parámetros espaciales y temporales apropiados para establecer rutinas para guiar la energía en las actividades básicas de la vida.

Tal vez deberíamos estudiar las siempre cuidadosas rutinas de muchos animales. Ellos no cuentan con una neocorteza para buscarle excusas a sus rutinas. La atención asidua de un pájaro haciendo un nido y la cooperación de las hormigas cargando alimento son sólo dos ejemplos. Todo el mundo reptil y animal ofrece elegantes ejemplos de parámetros y rutinas. Ojalá pudiéramos tratar las rutinas con el mismo respeto que los animales lo hacen o con el mismo amor y conciencia que nosotros concedemos a la creatividad. Las rutinas y la creatividad son muy diferentes entre sí, sin embargo, ambas son necesarias y apropiadas en las diversas circunstancias de la vida humana.

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