Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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QUERER Y SATISFACER: LOS GEMELOS DINÁMICOS
El querer nunca termina. Es un proceso clave que dura tanto como dura la vida de cada cual. Querer es para siempre; las satisfacciones son temporales. Querer es el nombre dado al proceso emocional de expansión que funciona continuamente en el cerebro límbico. El término «satisfacción» se usa cuando temporalmente se logra un cierre exitoso. Conseguimos algo que queríamos y sentimos satisfacción, una sensación de bienestar. La satisfacción es el proceso gemelo que necesita acompañar al deseo. En vez de despreciar tu deseo, dale la bienvenida y busca cómo puede ser satisfecho. La satisfacción es un momento de reposo en el proceso de desear.

Por supuesto, existe el problema de nunca estar satisfecho. Esperas estarlo cuando consigas un fin: querías un traje nuevo y fuiste a comprarlo. Quizás te criticas por no estar satisfecho con el traje o por querer más. ¿Nunca estaré satisfecho? ¿Nunca tendré suficiente? Es normal e importante seguir queriendo, ya sea un nuevo par de zapatos, un nuevo peinado, una nueva chaqueta, etc. Aunque se considere normal querer, se ha demostrado difícil el manejo de la insatisfacción. ¿Qué hacer entonces con este fenómeno de la insatisfacción?

• Darte cuenta que cada vez que satisfaces un deseo, puedes tomar una pausa y celebrar, en vez de criticarte a ti mismo por querer más.

• Utiliza tu neocorteza para seleccionar los deseos que están dentro de tu presupuesto o tus posibilidades. También usa tu neocorteza para establecer tus prioridades, siempre haciendo referencia a tu cerebro límbico para verificar qué es lo que realmente quieres.

• Utiliza tu cerebro básico para descansar o actuar sobre un aspecto diferente.

• Recuerda que la dinámica querer-satisfacer dura para siempre e indica que tu ser emocional está bien y bien vivo, dinámico, en moción. De hecho, ¡está saludable!

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El querer es continuo; la satisfacción depende de las posibilidades. Así como aprendimos a llevar nuestros pensamientos hasta sus conclusiones, también podemos aprender a mantener nuestros deseos hasta alcanzar alguna forma de satisfacción. La satisfacción es con respecto al deseo lo que la conclusión es con el pensamiento: una forma de cierre temporal.

Además, a pesar de que muchos de nuestros pensamientos nunca se acaban, no nos criticamos por pensar continuamente. De la misma manera, muchos deseos pueden ser sentidos y aún expresados sin ser satisfechos, y no tenemos que criticarnos por sentirlos.

Lo que podemos saber claramente es que no necesitamos actuar en respuesta a cada deseo o correr a satisfacerlos todos. Un deseo es sólo un indicio emocional. El querer o desear indican que nos hemos involucrado en la vida y muestran por lo que nos hemos dejado afectar. Como señales emocionales que son, nos dicen lo que queremos o lo que amamos. Cuando nuestro querer no es placentero ni dador de vida, o cuando resulta muy costoso, no tenemos que continuar sintiéndolo.

A menos que estemos atrapados en una adicción (que puede requerir una atención especial como expusimos en el capítulo sobre la inteligencia de los patrones), podemos retirarnos de cualquier deseo, bajando el volumen como hacemos con la música. En este proceso emocional del querer, necesitas disminuir las vibraciones al enfocarnos, cada vez menos, sobre el objeto del deseo que no puedes o que ya no quieres satisfacer. Necesitamos usar nuestra neocorteza para que aporte unas razones que disminuyan nuestro interés y necesitamos de nuestro cerebro básico de la acción para que nos lleve a una retirada del objeto del deseo. Antes de retirarnos del deseo, sin embargo, debemos verificar si no hay algo que pudiera darnos satisfacción o si, en realidad, todavía realmente lo deseas, a nivel del corazón o de las entrañas.

Además, podemos poner la inteligencia racional al servicio de nuestro cerebro emocional. Por ejemplo, si yo sé que algo no me conviene o me doy cuenta que no me siento bien haciéndolo, yo puedo entonces decidir no ir más lejos o no seguir adelante. Nosotros gobernamos el proceso de dejarnos afectar, de entrar en algo, de ir más adentro, de satisfacer nuestro deseo o de retirarnos.
LA PRÁCTICA DE LA INTELIGENCIA MOTIVACIONAL
Existen cuatro procesos claves involucrados en la inteligencia motivacional.

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Primer proceso


Empéñate en sentir lo que quieres, en querer lograr ese querer y en dejar que ese querer te mueva. Ten cuidado de no perder el proceso de sentir por seguir un plan preestablecido. A veces intercambiamos el sentir por el plan. Se puede perder el sentir, imaginando o enfocando una meta eventual. La motivación se convierte entonces en estrés porque pasamos por encima de nuestros sentimientos y le damos prioridad a las nuevas visiones mentales.

Los sentimientos pueden ayudarte a ser eficiente porque dan una retro-información real e inmediata. En vez de usar sólo tu neocorteza para desarrollar un plan y proseguir directo hacia la meta, es importante a menudo interrumpir en la mitad de un proyecto y preguntarse qué es lo que realmente se está sintiendo. ¿Cuál es el mensaje ofeedback que estás recibiendo y cómo te hace sentir éste? En este preciso momento del desarrollo del proyecto ¿qué es lo que realmente estás deseando? En ese momento, para reajustar los planes puedes aclarar los sentimientos, ya que ignorarlos pueden llevarte a perder el esfuerzo, quedar herido o entrar en un sabotaje sutil del proyecto mismo. Sabiendo lo que realmente quieres, ahorras tiempo, dinero e inútiles sinsabores. A medida que el proyecto continúa y tienes claro qué es lo que deseas, puedes invitar a tu neocorteza a elaborar planes más exactos, más eficientes y menos ilusorios. Si no puedes sentir las sutilezas de lo que está ocurriendo, procederás sin la información que el sentimiento puede brindar. En cambio, sintiendo los bloqueos, y las interferencias, podrás moverte alrededor de ellos o a través de ellos. Dentro de esos bloqueos puedes encontrar el poder necesario así como importante información para el logro exitoso de tu proyecto.

La clave de este proceso de la inteligencia motivacional está en sentir lo que quieres, experimentar el deseo, y vivir lo que anhelas. Algunas veces piensas que algo es doloroso. Otras veces sientes el dolor e inmediatamente te desvías a pensar en lo que estás haciendo o piensas en lo que estás queriendo, pero no experimentas ese querer a un nivel visceral. El querer entonces se intelectualiza o se pospone o se encuadra en el establecimiento de metas.

En todo caso, la verdad de la experiencia es la misma aquí que en cualquier otra circunstancia: yo sé cómo querer sólo experimentando lo que es querer. Necesitamos experimentar el querer para ser capaz de motivarnos a nosotros mismos.

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Segundo proceso
El segundo proceso implica observar lo que nos entusiasma y, más específicamente, observar lo que nos excita. Para motivarnos conscientemente necesitamos mantenernos en un estado de ánimo alto. Tenemos que saber deliberadamente cómo adentrarnos en experiencias que nos excitan. Motivarse conscientemente es excitarse conscientemente. Por lo tanto, necesitamos saber si nos excitamos por medio de situaciones, personas, comidas, bebidas, ideas, música, sexualidad, retos, artes, deportes, hobbies, climas, reconocimientos, coqueteos, alabanzas o premios. ¿Qué es exactamente lo que nos entusiasma? ¿Qué nos excita? Tenemos que observar nuestras propias reacciones frente a la vida para conocer esto conscientemente: de otro modo seremos víctimas del ensayo y el error o de la experiencia inconsciente que a lo largo de la vida eventualmente nos agotará.

El deseo es un sentimiento profundo, apasionado e impreciso. La observación es una habilidad aguda y sutil. Dos habilidades muy distintas: sentir y observar. Necesitas mirar con atención y observar tu cuerpo para ver qué lo mueve a actuar. ¿Qué te hace levantar el teléfono, tomar un avión, escribir un libro, ver algún cliente? ¿Qué te hace hacer alguna acción una y otra vez? Es como si la mente neocortical revoloteara sobre el fuego y viera lo que lo hace encenderse. Sólo observando muy de cerca nuestro cuerpo notaremos lo que lo estimula a moverse: una buena compañía, alguien con una necesidad, el dinero, un buen piropo, Dios, la posición social, hacer el amor, los sueños de juventud. A medida que consigamos los indicios de lo que nos motiva, y querramos continuar estando excitados-motivados, utilizaremos esos indicios como fósforos para encender una y otra vez nuestro fuego.

Por ejemplo, si yo respondo bien a los cumplidos, yo puedo pedirlos. Me los doy a mí mismo o consigo a alguien que pueda decirme que soy una maravilla. Yo no recurro a mi neocorteza para dudar de su veracidad o para decidir si lo que estoy pidiendo es objetivamente la verdad. Sólo me lo doy a mí misma. Alimento las llamas para seguir adelante, para continuar viviendo.

Yo creo que este es el secreto de la motivación consciente: tener la voluntad y ser capaz de saber cuáles son los fósforos que funcionan y luego, seguir utilizándolos para seguir avivando la llama. Para poder quedarse en el querer, en el anhelo, en el deseo, a través de los caprichos, de las dificultades y también de las intensidades de la vida, necesitamos avivar las llamas del

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fuego para que no se extinga. Primero, necesitamos los fósforos, que son el conocimiento de lo que exactamente nos motiva. Luego, necesitamos utilizarlos para quedarnos en el calor, el deseo y la pasión.
Ejercicio
Los fósforos
Para conseguir tus propios fósforos debes valerte de la observación. Ponte en un estado de relajación en el que te sientas libre para observarte desde lejos. Prepárate para detener todo tipo de juicio o prejuicio contra lo observado y para fijarte en los detalles de aquello que te entusiasma o te excita.

1. Si alguien quiere hacerte feliz, ¿cómo lo hace? Actúa de una manera específica, dice algo o te enseña algo... Visualízate en la presencia primero de un ser querido, después de un amigo y luego de tus hijos. Visualízate de mal humor y entonces observa cómo cada uno sabe entusiasmarte con algo. ¿Qué métodos utilizan?

2. Cuando estás de mal humor, ¿cómo te recuperas? ¿Qué sabes hacer por ti mismo para motivarte de nuevo? Lo que me hace sentir bien es...

3. Revisa lo ocurrido durante las dos últimas semanas. Fíjate detenidamente en los momentos felices. ¿Qué es exactamente lo que te emocionó de tus actividades en el hogar, en el trabajo, en el tiempo libre? ¿Qué fue lo que más te gustó durante este período?

4. Realiza un recorrido de tu vida buscando observar los momentos de oro: lo que hiciste estupendamente bien o lo que más te excitó en las diferentes etapas de tu infancia, en tu escuela primaria, secundaria, en tu familia, en tu adolescencia, en tu universidad. En tu primer trabajo, en el segundo trabajo, en tus mejores vacaciones, en tus relaciones, en tus amores, en tu trabajo actual y en tu vacación más reciente. Anótalo.

5. Revisa todo lo que has escrito. Acompañado de música, date el tiempo de sentir cada anotación disfrutando de lo mejor de tu vida.

6. Selecciona 5 cosas que tú puedes darte a ti mismo para entusiasmarte es decir que puedes iniciar sin la ayuda de otra persona. Ésos son tus fósforos. Si el día va mal, puedes utilizar uno de tus fósforos para motivarte y asegurarte de que siempre puedes terminar teniendo un buen día.

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7. Escribe tus fósforos en lenguaje sencillo para poder recordarlos y memorízalos en asociación con cada dedo de tu mano izquierda. También puedes escribirlos en pequeños papelitos y ponerlos en una verdadera caja de fósforos. Pon la caja en un sitio determinado para recordarte que nunca jamás tienes que ser víctima de un día, una semana o un año sin recursos. Se trata de prender las llamas de tu propia vida y que cada día sea guiado por lo que te motiva.

Otras personas pueden hacer grandes esfuerzos para motivarte logrando muy pocos resultados. Solamente tú puedes saber lo que verdaderamente te excita. Realmente siempre eres tú mismo el que más sabe cómo motivarte.
Tercer proceso
El tercer proceso de la motivación es encontrar alguna manera de identificar nuestra vida con toda otra vida.

¿Cuál es ese fuego que estamos tratando de mantener vivo? Es la vida misma. Es la energía o cualquier concepto que uses para definir la energía: Dios, el trabajo, el amor... Vida es energía en la forma que sea. Necesitamos ver esto más profundamente, porque es exactamente la vida misma la que estamos cuestionando cuando no estamos motivados. Cuando cuestionamos la vida, lo que experimentamos es una pérdida de energía. «No hay razón para hacer nada hoy: no hay razón para moverse o para actuar. Además, no me siento como para eso y no quiero hacer nada». Con nuestra neocorteza dudamos y cuestionamos cualquier aspecto de la vida que tengamos frente a nosotros. Con nuestro cerebro básico profundo podemos envolver la vida en un paquete de obligaciones. Nuestra energía queda enterrada bajo un sin fin de tareas y obligaciones que debemos llevar a cabo. La neocorteza duda la vida, el cerebro básico construye paredes a su alrededor y el límbico simplemente se agota.

¿Cómo puede ayudarnos el cerebro límbico? Una manera es liberándolo de sus «primos» neocorticales y reptilianos que lo están persiguiendo insistentemente con dudas y obligaciones. Pero, ¿liberar al límbico con cuál propósito? Para que cumpla su rol en relación con la energía o con la vida misma, es decir: animarnos a sentir tanto como ser, sentir tanto como hacer, sentirse bien o mal o indiferente o bravo o amoroso, cuando y donde sea, hasta que se pueda penetrar en estas emociones y descubrir lo que realmente se desea, lo que se está queriendo realmente.

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Sentir es una dimensión sagrada de la vida. Cuando no sentimos deseos, cuando no hay más querer, estamos en peligro de perder la vida misma. Sin el deseo, nos entregamos a la entropía, a cerrar la energía en sí misma. Cuando no queremos usar más nuestros fósforos, rehusamos motivarnos y permitimos que se extinga o se apague el fuego de la vida.

Por eso es que este tercer aspecto de la motivación consiste en conocer la naturaleza de la vida: la vida es la energía misma. Cuando nos rehusamos a movernos, nos rehusamos a participar en la vida misma. Muchas veces eso es exactamente lo que sentimos que queremos hacer: estamos molestos con la vida, rezongamos, nos retiramos y de una manera sutil hacemos un sabotaje. En esto yace la importancia de la inteligencia de los estados de ánimo: desarrollar la capacidad de viajar dentro de nuestras emociones y de salirnos de ellas. Sabiendo que las emociones son nuestras reacciones inteligentes hacia la vida, podemos viajar dentro de ellas y recoger su información, para luego utilizarla para colocarnos de nuevo en función de insertarnos en la línea central de la energía.

Por ello es que necesitamos saber que somos energía y es preciso encontrar alguna manera de identificarnos con esa línea central. El secreto consiste en saber que soy uno con el río de la vida, que soy uno con la vida y uno con la energía.

Yo soy energía. Yo soy vida. Cada vez que niego la vida, pierdo energía, pierdo vibración, pierdo calor. Para estar vivo necesito sentir el calor dentro de mí y ser el horno de la vida consumidor de oxígeno que realmente soy. Mientras más nos alejamos del fuego, más fríos nos volvemos. Si nos identificamos a nosotros mismos con el río de la vida, podemos movernos con él, podemos vivir nuestros estados de ánimo y utilizar nuestros fósforos para mantenernos en movimiento: cálidos, apasionados, excitados, verdadera y vibrantemente vivos.

¿Qué pequeño detalle hará la diferencia en la vida? Yo creo que es cuando logramos identificar nuestra vida con toda vida existente y no es declararse aparte, o pensar o sentirse separados. Si nos identificamos con la energía, sentiremos que pertenecemos, nos sentiremos «miembros de» y aceptaremos y recibiremos energía continuamente.


Cuarto proceso
El último proceso de la motivación es estar dispuesto a enamorarse de cualquier aspecto de la vida.

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Es suficiente estar enamorado de algo o alguien, de lo que sea. Lo que yo amo es lo que me mueve más y más profundamente. Cualquier aventura amorosa sirve. Cualquier aventura amorosa quiere decir amar una persona, un lugar, una cosa, animal, idea, objeto, trabajo, placer. Te repito, cualquiera sirve. Es nuestra manera de decirle que sí a la vida ya existente; es nuestra manera de honrar lo que está presente, acercándonos a ello, penetrándolo, rodeándolo e integrándonos nosotros mismos con ello. Cuando hacemos ésto, nace nueva vida de diversas formas y esas formas permanecen en la corriente de la energía vital. Haciendo el amor con la vida damos a luz nueva vida. La vida es moción y a medida que el movimiento continúa, nosotros continuamos, existimos de forma diferente en maneras siempre renovables, penetrando-rodeando, continuamente haciendo el amor con la vida. Hacer el amor diariamente es el secreto de la motivación. Y para esto es válido hacer el amor con cualquier aspecto de la vida.

Conocimos por primera vez a Elizabeth como la persona que pasó los ocho días de nuestro curso recostada en una hamaca, a la orilla de un grupo en el cual todos estaban sentados correctamente sobre sillas. Ella impidió que invadieran su territorio. Nos percatábamos de su presencia solamente cuando levantaba la mano de vez en cuando para hacer alguna pregunta. Lucía como una persona sensible, inteligente y feliz. Yo había llegado a la conclusión que debía ser una persona tranquila y pasiva. Cuál no sería mi sorpresa cuando me entero que es como un motor en su vida diaria, continuamente en movimiento, ayudando a las otras personas, y creando nuevas ideas para la escuela que ha dirigido por muchos años. Adonde ella va irradia su entusiasmo por los cambios y actualmente contribuye con su aporte a esos cambios. Para ella todo es posible ya. Se desempeña con entusiasmo, pero dentro de sí lo que lleva es un gran amor a la vida. No solamente está enamorada de la vida de su colegio y alumnos sino que también lo está de nuevas ideas, de su país, de los viajes, playas, fiestas, risa y teatro. No está pensando conscientemente en la forma de motivar a alguien, sino que ella es motivación. Siempre está encendiendo uno de sus fósforos y abogando por la vida. Si yo pudiera me gustaría poderla exportar a diferentes países.

El propósito de la inteligencia motivacional es sostener la vida. Es la aventura amorosa más sagrada. Amar la vida es amar nuestra conexión más profunda con la creación, y entender que nuestro cuerpo es la forma sagrada como nos ha sido confiada la vida para vivirla: esto proporciona una dimensión sagrada a la motivación que mueve nuestro cuerpo. La inteligencia motivacional consiste en guiarnos y sostenernos en este río profundo que es la vida misma.



NOTAS
1. Rollo May, Love and Will, New York, Norton y Co., 1969.
2. Teilhard de Chardin, Toward the Future, trans. Rene Hague, New York, Harcourt Brace Jovanovich, 1975, pp. 86-87.

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CAPÍTULO 12


LA INTELIGENCIA EMOCIONAL Y LAS ABERTURAS DE TU CUERPO
Con tus ojos, dejas entrar la luz

Con tus oídos, el sonido

Con tu nariz, el oxígeno

Con tu boca, la vida vegetal y animal

Con tus genitales, la vida humana

Con tu piel, todo lo que te rodea.


Con cada abertura estamos expuestos a las otras vidas. Estamos en resonancia, disonancia, contacto y conexión, ya sea con las velocidades más altas y vibraciones sutiles de la luz, o con las cada vez más densas vibraciones con forma de vida humana y nuestro medio ambiente.

Todas estas variaciones de vida interactúan con nosotros. Nos afectan, nos mueven hacia estados de ánimo diferentes, y nos motivan. Estas aberturas límbicas permiten la entrada de todo aquello que impacta a nuestra inteligencia emocional. ¿Cuán sensitiva o inteligentemente manejamos nosotros aquello que vemos, oímos, olemos, respiramos, ingerimos, así como aquello con lo que hacemos el amor o de lo que nos rodeamos? ¿Podremos nosotros modular, moderar, administrar, u orquestar la forma como todos estos input nos afectan? ¿Es que nuestros estados de ánimo dependen de todo aquello que vemos, escuchamos, o comemos, de cuán profundamente respiramos, de con quién estamos haciendo el amor, o del medio ambiente en que nos encontramos? ¿Es que nosotros podremos motivarnos a nosotros mismos por medio de nuestro enamoramiento con la luz, con el sonido, con las plantas y animales, con los humanos, con todo aquello que nos rodea así como también con el aire que respiramos? Nuestra inteligencia emocional viene siendo algo así como un compuesto de todas nuestras respuestas a estas preguntas. La inteligencia emocional consiste en cuán profundamente nos permitiremos a nosotros mismos ser afectados, cuán ricas, diversas y apropiadas serán nuestras respuestas anímicas y cuán exitosamente podremos nosotros movernos a través de la vida motivados por esa vida que nos llega a través de estas aperturas. Las inteligencias afectiva, motivacional y de los estados de ánimo pueden ahora ser aplicadas de acuerdo con cada una de estas aberturas físicas que nos conectan con el mundo.

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Por miles de años hemos venido estudiando los ojos y los oídos. Se han escrito por lo menos un millón de libros sobre la percepción. Hemos estado pensando y sacando conclusiones sobre el mundo y la realidad basándonos en cómo lo VEMOS o lo OÍMOS. Pero, ¿qué pasa con las otras aberturas? ¿Qué pasa con lo que sentimos y cómo lo SENTIMOS? Podemos relacionarnos a nosotros mismos con la inteligencia visual y con la auditiva, pero ¿qué pasa con las inteligencias oral, nasal o sexual?

La nariz, la boca y los genitales se relacionan estrechamente con el cerebro límbico. Pero lo que ocurre en este cerebro lo llamamos «sentir» en vez de «percepción». De allí surge una diferenciación muy importante: honramos la percepción como algo intelectual y negamos el sentir, rechazando así estas tres aberturas que están continuamente percibiendo al mundo y dándonos una retroalimentación emocional.

La nariz está conectada con el cerebro límbico a través de los bulbos olfatorios, la boca a través de la amígdala y los genitales a través de la región septal. Nuestra escasa habilidad para manejar estas tres aberturas de una manera sensitiva está ocasionando al menos tres de los problemas mayores en nuestra sociedad: la cocaína inhalada a través de la nariz; el alcohol y el tabaco tomados a través de la boca; y los genitales responsables del gran número de niños nacidos de madres solteras, así como también del número creciente de personas con SIDA, un virus transmitido primordialmente a través del contacto sexual.

Ya ha llegado el momento de ver más allá de nuestros ojos y nuestros oídos y empezar a enfocar nuestra atención en el desarrollo de nuestras inteligencias conectadas con la nariz, la boca y los genitales. Las inteligencias emocionales: la afectiva, la de los estados de ánimo y la motivacional, constituyen un comienzo, pero necesitamos prestarle una mayor atención a estas tres aberturas físicas. Estas aberturas, cuando se combinan con el factor repetitivo del cerebro básico, constituyen la base que está detrás de los problemas de adicción, ya sean éstos las adicciones a drogas, al alcohol, al sexo o también los crímenes que se cometen para poder mantener estas adicciones.

Lo que hacemos con estas tres aberturas expande nuestros niveles de excitación o los baja hasta la quietud o la tranquilidad y afecta a la química de nuestro cerebro. Estemos conscientes o nó de nuestras emociones, de todas formas somos afectados por ellas. Para determinar cómo eres afectado en relación con cada una de estas aberturas de tu cuerpo responde a las preguntas del siguiente diagrama y lograrás una mayor conciencia.

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*Para acceder al contenido del diagrama, consultar el original.*


La finalidad de las preguntas en este diagrama no es la de obtener un puntaje de tu sensibilidad emocional o de tu inteligencia. Es más bien una invitación a hacerte más consciente de cuán sensible eres. Muchos de los desórdenes y aun de las adicciones relacionadas con estas aberturas son indicadores de la sensibilidad de la persona. ¿Qué significa ésto y qué podemos hacer al respecto? Podemos estar mucho más conscientes y aun alertas ante lo que

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estamos haciendo con estas aberturas, ya sea para producirnos felicidad o para causarnos sufrimiento. Más aún, quizás podríamos hasta lograr sanar ciertas dolencias que todavía los médicos no pueden lograr. Por ejemplo, yo ahora considero que cualquier irritación de mis senos nasales es un indicador de que estoy emocionalmente sobresensitiva o de que estoy bloqueando algo relacionado con mis emociones. Busco determinar qué es lo que está ocurriendo dentro de mí -rabia, tristeza, pérdida de energía- y trato de atenderlo como lo he indicado en el capítulo de la inteligencia de los estados de ánimo. O me pregunto a mí misma ¿qué será lo que estoy dejando que me afecte tan profundamente en forma tal que estoy bloqueando mi sistema emocional?, o también me pregunto ¿qué será lo que estoy queriendo de verdad y que no me lo estoy dando a mí misma? Durante casi un año le achaqué el problema de mis sinusitis a mis frecuentes viajes por avión y, por consiguiente, a los cambios de clima. Ahora comprendo que aunque éstos pueden ser elementos influyentes en el problema, las pastillas no me lo van a poder prevenir. Con esta información emocional me he hecho más consciente y alerta ante mi sensibilidad y más gentil conmigo misma mientras me movilizo a hacer algo al respecto.

Como podrás ver a través de las preguntas del diagrama anterior, cada una de las inteligencias emocionales (afectiva, motivacional y de los estados de ánimo) puede servir para hacerte más consciente de lo que está ocurriendo dentro de tí en relación con estas aberturas. Cada una de estas inteligencias también indican qué hacer al respecto. Por ejemplo, podrías estar demasiado afectado por la contaminación de la atmósfera o por algo que está sucediendo en tu vida amorosa, o por algo que estás ingiriendo, viendo, escuchando, haciendo o no haciendo. Cualquier aspecto, el que sea que te está afectando tan fuertemente que está causando una sobrecarga sobre tu sistema, necesita ser modificado. Quizás es que te has hecho demasiado intenso en lo referente a tu situación amorosa o quizás no lo suficientemente. ¿Cómo te está afectando tu vida amorosa? ¿Necesita modificarse? Esto podría implicar el uso de tu neocorteza para seleccionar lo dañino o quizás lo que no es necesario amar en tu persona amada. También podría significar la necesidad de permitirse amar más profundamente.

La inteligencia afectiva abarca una escala que vá desde el afecto inicial, cubriendo todos los rangos hasta el afecto profundo. Si somos inteligentes afectivamente, estaremos conscientes de aquello que nos está afectando y deseosos de modificarlo antes de que se convierta en algo dañino.

La inteligencia de los estados de ánimo implica no sólo estar consciente y alerta de nuestros estados de ánimo sino también saber qué hacer por

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lo menos con los estados extremos de la tristeza y la rabia. No es inteligente emocionalmente el permitirnos caer continuamente en la tristeza en forma tal que nos hacemos adictos a la depresión o de estar continuamente rabiosos hasta convertirnos en personas celosas, plenas de odio o violentas. Un grado mínimo de esta inteligencia emocional requiere conocer los secretos para sanar la tristeza y la rabia antes de que éstas jueguen un papel demasiado serio en nuestras vidas o en la vida de aquellos alrededor nuestro.

La inteligencia motivacional implica estar conscientes de lo que queremos y, a la vez, desear y estar motivado para satisfacer por lo menos en algún nivel aquello que estamos queriendo. Si nos preguntamos a nosotros mismos qué es lo que estamos queriendo, probablemente no lo sabremos o lo estaremos negando inconscientemente. Hay tantas cosas que todos nosotros queremos y hemos aprendido a no admitirlas, porque creemos que no podemos tenerlas. También podemos haber intentado conseguirlas una o dos veces y después no hemos continuado intentándolo, nos hemos rendido. Hemos podido haber llegado a una conclusión lógica, la de que el esfuerzo de tratar no vale la pena realizarlo. No debemos estar sorprendidos u ofendidos por la palabra negación o por nuestro propio estado de inconciencia. Todo esto necesita ser respetado. Sin embargo, el problema estriba en que el deseo puede continuar existiendo dentro de nosotros porque es biológico (sexual o nutricional) o psicológico (un anhelo profundo por amor o por reconocimiento). Esto último tampoco es algo de lo cual estar avergonzado o arrepentido por sentirlo. Ciertamente, algunas personas pueden tener patrones marcados por generaciones pasadas que los impulsan a seguir en busca de reconocimiento. Otras todavía anhelan ser amadas, no sólo porque ésta es una necesidad biológica-psicológica, sino porque ellas han sido heridas muchas veces en su búsqueda para satisfacer esta necesidad. Si realmente escuchamos nuestro anhelo, éste nos llevará a sanar nuestras heridas del pasado y aún más puede motivarnos a tratar de encontrar de nuevo a alguien para amar. Nuestros anhelos continuos constituyen nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia emocional. Al hacer algo respecto a nuestros anhelos, podemos mejorar nuestra salud y hasta salvar nuestras vidas.

Si tú consideras que cualquiera de tus aberturas está causándote dificultades o alguna enfermedad, hazte consciente de que tu sistema emocional está trabado, sobrecargado o de alguna manera no está funcionando adecuadamente. Acude a las tres inteligencias emocionales para verificar tu estado de alerta o de conciencia, y entonces úsalas para descubrir lo que puedes hacer al respecto. Puedes necesitar consultar con un terapeuta o doctor en medicina

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para que te ayuden, pero antes que nada debes estar dispuesto a utilizar tu propia inteligencia emocional para ayudarte a ti mismo. Utiliza la inteligencia antes de llegar a la enfermedad. Tu estado de alerta continuo y disposición a ser inteligente emocionalmente resulta el mejor método de prevención. Una vez que la señal se transforma en enfermedad, disponte a buscar ayuda.

Vamos a dedicarle una mirada más específica a cada una de estas aberturas para así poder ver cómo podemos ser más inteligentes emocionalmente con respecto a ellas. Aunque estoy comentando cada una de ellas en forma separada, no hay que olvidar que ellas juntas constituyen un sistema emocional interconectado. Por ejemplo, una dificultad con la nariz o la respiración podría indicar que existe una sobrecarga sexual o en la alimentación; una dificultad con la boca podría indicar un asunto relacionado con la respiración o lo sexual, y una dificultad con los genitales podría indicar un problema con la comida o la respiración. Podemos ver a nuestro sistema emocional como una totalidad, o podemos ver más específicamente a cada apertura como un indicativo de lo que está ocurriendo dentro del sistema total.

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