Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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Fig. 8. Una escala emocional.
*Remitirse al original para hacer la revisión de la figura.*
Toma el tiempo para sentir las siguientes emociones y ubícalas en tu escala personal según sea la energía que experimentas, como vibraciones lentas, medias o altas. Las siguientes emociones están agrupadas para ayudarte a comenzar. Los reto a encontrar un mayor número de escalas de emociones agradables.

1. Deprimido, soñoliento, triste, herido, ofendido, rechazado.

2. Incómodo, nervioso, tenso.

3. Vacío, puntilloso, fastidiado, molesto, bravo, celoso, furioso, violento, silencioso.

4. Bien, confiado, feliz, fuerte, sexual, estupendo, orgulloso, excitado, en éxtasis.

5. Gentil, amoroso, cálido, tierno, pleno, vulnerable, dichoso.

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O como otra persona agrupó sus emociones:

1. Confundido, inseguro, tenso, ansioso, asustado, violento.

2. Perdido, confuso, amenazado, incómodo, distante, petrificado.

3. Incierto, inconforme, nervioso, temeroso.

4. Deprimido, triste, fastidiado, molesto, bravo, ofendido, furioso, fuera de sí.

5. Herido, frustrado, bravo, rebelde, descontrolado.

6. Desalentado, infeliz, mal, agitado, dolido, quejoso.

7. Afectado, estimulado, unido a, orgulloso, amoroso, erótico.

8. Satisfecho, confiado, feliz, muy bien, unido.

9. Cálido, cercano, tierno, sexual, fuerte, extasiado.

Ahora que has visto cómo dos personas agruparon sus emociones, por favor trata de crear tu propia escala. Toma nota de que las ondas más gruesas, lentas y bajas fueron agrupadas al comienzo de cada categoría numerada, pero el orden entre ellas es muy variable, único y personal.

Estas escalas son respecto a la inteligencia de los estados de ánimo, como son el A-B-C y las razones respecto a la inteligencia racional. Elaborar tu propia escala de los estados de ánimo es el primer paso para reconocer la multiplicidad, riqueza y variabilidad de tus emociones. También las escalas te pueden servir como guías para que te des cuenta cuándo estás alcanzando extremos emocionales. Si quieres una vida tranquila concéntrate en la parte de la escala descrita como de velocidad lenta; si necesitas más excitación en tu vida, fija tu atención en la velocidad rápida.

Relacionar la energía con las emociones es fundamental para el desarrollo de la inteligencia de los estados de ánimo. Debemos concedernos tiempo para practicar privadamente las emociones, antes de descargarlas sobre la familia o el mundo como una reacción primaria frente a las situaciones inesperadas. Descubrir que se puede entrar y salir de ellas a voluntad es básico para hacernos plenamente conscientes de nuestro poder. Si no se practican y permitimos solamente que nuestros estados de ánimo nos sacudan, entonces estaremos dependiendo de esa falta de aprendizaje o de aquel aprendizaje básico no procesado recibido en las calles, en la familia, en el trabajo o con los seres queridos, y eso puede, sin darnos cuenta, dañar nuestra vida o la vida de otras personas. Al sentir cómo se siente cada emoción, se puede empezar a orquestar el cuerpo y a reconocer cuándo sería apropiado calmarse y cuándo aumentar nuestra excitación.

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LA PÉRDIDA DEL PODER


Tú tratas de gobernar tu vida lo mejor posible: percibes, sientes, deseas, actúas. ¿Qué podría salir mal? Las emociones son tu cuerpo. Las emociones eres tú, son tu poder, son tus deseos. Algunas veces consigues lo que quieres, otras veces simplemente lo que deseas no es posible lograrlo, por la razón o el obstáculo que sea. Tu energía está bloqueada, tu poder ha sido detenido.

Cuando no conseguimos lo que queremos, podemos reaccionar pasivamente, lo que puede llevarnos a la tristeza, o activamente, lo que puede llevarnos a la frustración y la rabia. Algunos tenemos permiso y nos sentimos cómodos estando tristes, otros sienten la rabia más fácilmente. Algunos tenemos una preferencia que se repite casi como un patrón: estamos frecuentemente tristes o casi siempre rabiosos. Culturalmente la mujer tiene más permiso para reaccionar con tristeza ante el bloqueo de sus deseos y el hombre más permiso a sentir la rabia. También heredamos de nuestras familias una preferencia por la reacción pasiva (tristeza) o por la activa (rabia).

La figura siguiente muestra la reacción emocional cuando el deseo está bloqueado. Podemos reaccionar activamente y sentir molestia, frustración o rabia. En ese estado podemos ir fácilmente al extremo del odio, que es un estado combinado, mental-emocional, o a la violencia, que es un estado físico-emocional. Cuando los deseos están obstruidos también se puede reaccionar pasivamente y así sentirse triste y llegar en algunos casos al estado extremo de la depresión.
Fig. 9. Cuando tu poder está bloqueado.
*Consultar el original para acceder a la figura.*
Los extremos opuestos de contracción y expansión llevan diferentes nombres según la orientación profesional del que está tratando con este fenómeno emocional: tristeza-rabia; depresión-excitación; maníaco-depresivo; pasivo-agresivo; yin-yang y, finalmente, quietud-excitación. Estoy seleccionando las palabras quietud-excitación que proceden de las investigaciones químicas, porque me parecen menos parcializadas, menos afectadas por prejuicios culturales y profesionales que los otros términos.

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Si te atascas en un extremo, ya sea el de la excitación y la rabia por un lado o el de la tristeza y la depresión por el otro, puede significar que no tienes el químico natural que te ayuda al desplazamiento o no tienes la experiencia de cómo salir de estados extremos, o no sabes valorar la información que las emociones te brindan. En resumen, te puede faltar el equilibrio químico o te falta experiencia con tus emociones. En la práctica médica actual usualmente se tratan los estados extremos involucrados en la manía-depresión con diferentes tipos de drogas. Sin embargo, si no tienes una deficiencia química crítica, puedes aún aprender a experimentar tus emociones para lograr manejar tu propio equilibrio y aumentar tu química natural. Por lo tanto, si eventualmente necesitas recurrir a la ayuda de un médico y de drogas artificiales para ayudarte a evitar extremos emocionales peligrosos, hazlo, pero al mismo tiempo aprende a manejar las emociones, especialmente aquéllas relacionadas con el bloqueo de tu poder, es decir, la rabia y la tristeza.

Cuando nos sentimos atascados generalmente nos preocupamos. Al quedarnos atascados en la rabia o en la tristeza, pensamos en que perdemos energía y nos vamos a quedar allí. Hay millones de norteamericanos atrapados en la depresión clínica y no sabemos cuántos más están atascados en la rabia y la excitación. Por ejemplo, la depresión es la enfermedad conocida que resulta de quedarse en la contracción. Sin embargo, quizás hay otras enfermedades relacionadas con la contracción, como el síndrome de cansancio crónico en el que la persona se siente continuamente agotada.

¿Cuáles son las enfermedades relacionadas con permanecer largo tiempo en el extremo de la excitación? Sabemos que el cáncer es una condición en la que las células no pueden parar de multiplicarse: ¿estará relacionado con permanecer en la excitación? ¿Será, por ejemplo, que el cáncer de los pulmones está relacionado con un estado continuo de excitación producido por fumar? ¿Será que las células de las mamas están en estado de excitación y no pueden relajarse? Ya se sabe por ejemplo, que las investigaciones de Redford Williams y otros en la Universidad Duke, en Carolina del Norte en los Estados Unidos, indican que la excitación que conocemos como rabia es una causa importante de enfermedades cardiológicas y ataques al corazón6.

Es innegable que la condición emocional interna de una persona es un factor de salud. Los estados de energía, que llamamos emociones, son factores internos que intervienen en el desarrollo físico de enfermedades. Dada la relación del cerebro límbico con los sistemas inmunológico y endocrino,

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debemos tomar en cuenta la condición emocional del paciente cuando estamos estudiando las enfermedades. Gastamos millones en la búsqueda de los virus causantes de muchas enfermedades inexplicables. El resfriado común es un virus y sabemos que nos saca de nuestra vida de excitación imponiendo el descanso y la quietud. Puede ser que otros virus sirvan para sacarnos de nuestros estados de ánimo excitados. Pudiera ser que el cuerpo no tolerara la misma condición interna de atascamiento en excitación sin fin o en tranquilidad sin fin, y produjera las condiciones ideales para que un virus se desarrolle.

Para citar de nuevo a Bill Moyers y Candace Pert:

MOYERS: ...Como hombre occidental que soy, pienso en la enfermedad como algo causado por una bacteria o un virus. Si me contagio con una bacteria, probablemente me voy a enfermar.

PERT: Bueno, por supuesto que tu sistema inmunológico responde, pero nada más que para tomar un ejemplo, los virus usan estos mismos receptores para penetrar una célula y dependiendo de la cantidad del jugo natural o del péptido natural disponible para ese receptor, el virus tendrá una mayor o menor dificultad en penetrar la célula. Luego, ante una misma carga viral, nuestro estado emocional afectará el hecho de que enfermemos o nó. Tú conoces la información sobre la alta frecuencia de ataques cardíacos de los lunes por la mañana, cómo sube la tasa de mortalidad entre los cristianos el día después de Navidad y entre los chinos al día siguiente del Año Nuevo Chino. Yo nunca me resfrío cuando voy a esquiar. Otro ejemplo: el virus del SIDA utiliza un receptor que es usualmente usado por un neuropéptido. Luego, el virus del SIDA podrá penetrar o no en la célula dependiendo de la cantidad disponible de este péptido natural, el cual, según esta teoría, estaría en función del estado de expresión emocional en que esté el organismo. Las fluctuaciones emocionales y el estatus emocional influyen directamente en la probabilidad de que el organismo se enferme o esté bien7.

Cuando nos sentimos bien o excitados por la vida o por lo que está sucediendo, las endorfinas u otros péptidos llenan a los receptores y les dejan así pocas posibilidades a los virus para entrar a las células receptoras. Si no

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podemos salir a esquiar todos los días para prevenir los resfriados, sí podemos estar profundamente conscientes de la importancia de nuestros estados emocionales. Esto significa, o bien, vivir en la vía principal, en la línea del amor-a-la-vida del mapa del territorio emocional, o bien, aprender qué hacer cuando caemos en las emociones de la tristeza o la rabia.

Cuando estamos atascados ya sea en quietud o en excitación, nuestro estado de ánimo se convierte en nuestra realidad. La gente nos aconseja estar más animados o más equilibrados, pero esto es difícil de conseguir. Muchos cursos de manejo de estrés nos enseñan a relajarnos, lo cual es muy importante para aquellos que tienen una adicción a la excitación. Pero a los que son adictos a la tristeza y la contracción, les recomiendan los medicamentos como antidepresivos u otras drogas que mejoran el ánimo.

Sugiero que necesitamos enseñarnos, a nosotros mismos, cómo fluctuar, cómo movernos en un rango continuo de expansión a contracción y luego de regreso a la expansión. Necesitamos las dos respuestas, la de la relajación y la de la excitación. Es la experiencia del rango completo la que nos liberará de permanecer en un sólo estado de ánimo y abrirá el sentir a muchas realidades emocionales diferentes.
LA ORQUESTACIÓN DEL RANGO DE QUIETUD-EXCITACIÓN
La inteligencia de los estados de ánimo implica tener la experiencia de todos nuestros estados de ánimo. A veces entramos en la emoción para sentir lo que quiere decirnos (ver más adelante, en este mismo capítulo, el ejercicio llamado «¿Cuál es el Mensaje?»). Otras veces necesitamos o deseamos salirnos de otro estado de ánimo (ver el ejercicio «Enfocar y Desenfocar» en el capítulo sobre la inteligencia afectiva). La inteligencia de los estados de ánimo implica tanto entrar como desplazarse, pero también se refiere a una orquestación más sutil y continua de nuestra energía emocional. Utilizando el rango quietud-excitación como referencia y guía, podemos orquestar nuestros estados de ánimo al escoger conscientemente aquello que va a producir, ya sea un sentimiento de calma o uno de excitación.

Hay muchas maneras de influir sobre la experiencia de las emociones. Existen muchas formas de desplazarse de una emoción a otra. La nutrición, la respiración, la sexualidad, los deseos, los pensamientos, las acciones, el arte y la música, además de cualquier químico artificial o droga que usemos, todo esto influye en nuestro estado emocional.

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El alimento. Es imposible disfrutar un buen plato de pasta sin sentirse calmado y es imposible comer chocolate o una buena carne sin sentirse al menos animado. Judith Wurtman, investigadora del Instituto de la Universidad MIT en Boston, nos informa acerca de las conexiones sutiles entre los distintos alimentos y nuestra química8. El investigador japonés Michio Kushi, experto en comida macrobiótica, ha clasificado los distintos alimentos como «yin» y «yang» según correspondan a la energía pasiva/calmante o a la energía activa/excitante9.

La respiración. La respiración también afecta las emociones. Podemos calmarnos con la respiración abdominal o excitarnos con la respiración rápida.

Las relaciones. La atracción por la otra persona nos excita y nos invita al amor y a la sexualidad. El amor abarca tanto una gran excitación como una profunda serenidad. Amar a alguien o algo a veces te excita, a veces te calma, y a veces ambas cosas. Si logramos ambos, que el amor nos calme y nos excite, no necesitaremos comer de más para calmarnos, ni tomar drogas para excitarnos. Ni tampoco necesitaremos agarrar un resfriado para darnos un descanso, como tampoco convertirnos en la víctima de una enfermedad como consecuencia de demasiada excitación. Amar es estar en estado de excitación por alguien o algo, así como también implica un estado de tranquilidad. Podemos entrar en un proceso expansivo-contractivo que incluye a ambos: la excitación del orgasmo y la quietud del descanso.

Podemos amar conscientemente a otra persona o a nosotros mismos, a una criatura o una idea, a un evento o un objeto, guiándonos a través del rango de quietud-excitación. Amar es estar dispuesto a contraerse cuando se está expandido y expandirse cuando se está contraído.

Los pensamientos. Hemos visto en el capítulo sobre la inteligencia afectiva que el enfoque en un pensamiento agradable nos hará sentir expandidos y el enfoque en lo desagradable nos hará sentir contraídos. El uso de la neocorteza para dudar o criticarnos continuamente nos hará perder energía.

El perfeccionismo puede ser realmente terrible, porque inhibe de sentirse plenamente expandido aún cuando se haga algo bien. Es la insistencia en hacerlo cada vez mejor y mejor, lo que roba la satisfacción a los perfeccionistas y les inhibe de sentirse bien antes de intentar el próximo objetivo.

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Siguen y siguen, pero de todas formas siempre hay que hacer más -una fórmula comprobada para producir una continua contracción y estrés-.

Las acciones. Las acciones también producen reacciones emocionales. Algunas acciones nos hacen sentir bien, otras mal. Generalmente lo que sabemos hacer nos hace sentir bien mientras que lo que no sabemos hacer nos hace sentir mal y a menudo confusos y temerosos. Cuando quieres ayudarte a ti mismo a sentirte bien, ¿qué acciones te podrían ayudar? Considera el deporte, los pasatiempos, la limpieza o el mantenimiento de la casa, todas las artes, la jardinería, el medio ambiente. Conoce aquellas acciones que, en tu comportamiento diario, te ponen de buen humor. Programa tus acciones y disfruta más cada actividad, permitiéndote conscientemente dejarte afectar por ellas. Ten presente que, cuando ya estás demasiado calmado o aburrido es hora de intentar algo más difícil. Así como también que, cuando estás demasiado frustrado, es el momento de la pausa y de buscar algo en lo que puedas sentirte calmado.

Incluso la felicidad que decimos que valoramos tanto consiste en variaciones de contracción y expansión, tranquilidad y entusiasmo. La felicidad es una palabra y un concepto que tratamos de congelar con nuestra neocorteza: debemos recordar que, como emoción, la felicidad es un movimiento que incorpora los dos puntos de la escala: la quietud y la excitación.

Cuando conocemos el rango de las emociones podemos programar mejor nuestras actividades. Podemos ayudarnos por medio de la orquestación consciente del día, concediéndole tiempo y espacio a las actividades que nos calman y a las que nos excitan. En vez de sentirse víctima de cualquier cosa que ocurra en nuestro medio ambiente, podemos orquestar la jornada con actividades que nos ayuden a sentirnos contentos.

El arte y la música. La forma más rápida de cambiar nuestro estado de ánimo es la de desplazar la atención hacia alguien o algo bello del medio ambiente, o poner música y permitirse ser afectado por los sonidos.

Todo lo que trata de acción, pensamiento, sexualidad, respiración, nutrición, arte, música o drogas artificiales produce un registro emocional en nuestro cerebro límbico, afecta nuestra química natural y en consecuencia, nuestros estados de ánimo. Los estados de ánimo son como un termómetro que permite seguir los altos y bajos de nuestra química interna. Podemos leer nuestra temperatura emocional y guiar nuestras acciones, pensamientos, imágenes, arte, música, relaciones, sexualidad, respiración y nutrición diarios, para guiar mejor nuestros estados de ánimo y así sentirnos mejor. Finalmente recordemos que este termómetro registra los dos extremos de los estados de ánimo: la quietud y la excitación.

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LA PRÁCTICA DE LOS DOS EXTREMOS: LA TRISTEZA Y LA RABIA
La inteligencia de los estados de ánimo requiere familiaridad, práctica y maestría de las dos reacciones emocionales extremas frente a la pérdida del poder: la reacción pasiva representada por la tristeza y la reacción activa representada por la rabia. No creo que podamos manejar nuestra propia salud hasta que hayamos aprendido a manejar con maestría la tristeza y la rabia. No creo que pueda finalizar la violencia hasta que hayamos aprendido a manejar con maestría la tristeza y la rabia. Podemos hablar sobre la salud y la paz, pero éstas son palabras sin significado a menos que podamos alcanzar la salud y la paz dentro de nosotros.

Si somos genuinos con nuestros sentimientos, todos nos vamos a desviar en un momento dado de la línea del amor, del sentirse bien, del estar motivados y felices, hacia las rutas secundarias de la tristeza y la rabia. Así como existen las ondas altas del amor y la felicidad, también existen las ondas bajas de la tristeza y las caóticas de la rabia. Al aceptar que somos sistemas de energía, también debemos darnos cuenta que no podemos congelar la energía en un estado perpetuo de ondas altas. Aquello que sube en excitación, debe relajarse en quietud. No podemos prevenir la energía, pero sí cabalgar sobre las olas y evitar quedarnos atascados y ahogarnos al aprender los secretos de esas olas. Suspender las etiquetas que le damos a la tristeza y la rabia, clasificándolas como «negativas» nos puede servir de ayuda para comenzar un nuevo enfoque hacia estos estados internos de conciencia que se dan como una reacción de sentir auténtica, cada vez que nuestro deseo y nuestro poder están obstaculizados por eventos externos.

Vivir esta energía emocional de ondas bajas y aprender que ellas también pueden informar y enriquecer nuestra vida, esa sí es la llamada de la inteligencia de los estados de ánimo. ¿Podemos nosotros hacernos más inteligentes como resultado de vivir nuestra tristeza y rabia sin hacerle daño a los demás? ¡Ése es el reto!

Esta sección incluye muchos ejercicios diseñados para que practiques la tristeza y la rabia para así darte una experiencia consciente con estos dos estados de ánimo extremos de energía pasiva y de energía activa. Puedes hacerlo sólo, en grupo o con alguien de tu confianza. Por favor, siente la libertad de leer solamente los textos que se encuentran antes y después de los ejercicios, y regresa a practicarlos cuando tengas más tiempo.

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La tristeza: el reto de las ondas bajas
La tristeza siempre representa algún tipo de pérdida. La pérdida puede ser de poder o de potencial, de alguna persona, lugar, objeto, idea, satisfacción o estatus. La tristeza implica que hemos amado profundamente. También implica que hemos pensado que alguien o algo nos pertenecía y que la situación se iba a mantener de la misma manera para siempre. Puedes también imaginar, a veces, que posees algo o a alguien y entonces sentir tristeza por una pérdida imaginaria.

Muchas veces no reconocemos la tristeza o la expresamos con otras palabras tales como: «me siento desilusionado», «me siento desanimado hoy», «estoy aburrido», «no quiero», «no sé lo que me pasa pero...», o simplemente «me siento tan sin energía que no sé lo que me pasa...». Éstos son pasos hacia la tristeza o están siendo utilizados para encubrir la tristeza.

La base de la tristeza es la pérdida de alguna clase de poder: «yo no puedo», «no puede ser», «no puedo tenerlo», «no puedo quererlo», «no puedo amarlo», «no puedo hacerlo», en relación a algo específico o general. «No puedo» implica que quería algo y lo he perdido. Ahora ya no puedo más y me siento triste. O sea que darse cuenta de que la tristeza se relaciona con una pérdida puede ayudarnos bastante a manejar esta emoción, así como con su más profunda variación: la depresión.

Kathy era la madre de dos hijos y esposa de un alcohólico. Decidió dedicarse a la enfermería en contra de los deseos de su padre, que era un doctor en medicina pero que no aprobaba su entrada en la misma profesión de él. Todavía creía que el sitio de una mujer era el hogar. No obstante, Kathy estudió enfermería, se graduó y luchó por lograr una buena posición en un hospital importante. Fue exitosa por un tiempo, hasta que se vio forzada a renunciar debido a la oposición que mantuvo su familia. Después de la pérdida de su estatus profesional, ella trató de adaptarse de nuevo a su rol de esposa y madre. Para el momento que yo la conocí estaba bajo medicación para la depresión. Había tratado de dejar los medicamentos varias veces, pero finalmente había aceptado que no había otra forma de salir de su depresión.

Le expliqué que tanto la tristeza como la depresión son emociones normales causadas por un estado de pérdida y que era posible tanto caer como salirse de ellas, tal como uno hace con las otras emociones. Considerar y tratar la depresión como una emoción, más que como una categoría fija de enfermedad, abrió una nueva perspectiva en la vida de Kathy. Ella comprendió que debido a la pérdida de esa profesión que siempre había deseado, era

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normal que estuviera triste y deprimida. Tendría que haber sido una persona fría e insensible para no haber tenido esta reacción. Considerar a la depresión como una enfermedad le atemorizaba, así como también le parecía lógica la necesidad de tomar medicinas antidepresivas. Al verse a sí misma como una persona normal más que como una persona enferma, comenzó a experimentar sus sentimientos y gradualmente fue dejando los medicamentos.

Puede ser que este tipo de éxito no ocurra en todos los casos. No estoy tratando de negar la categoría de la depresión clínica, pero sí estoy tratando de indicar que la depresión es una tristeza intensificada y que necesitamos darle a la gente la oportunidad de manejar la tristeza real antes de recurrir a la medicación.
Ejercicio
¿Cuál es el mensaje?
La importancia de quedarse con cualquier emoción buscando la información o el mensaje que te brinda es especialmente valedera con la tristeza. Concédete permiso para entrar en la tristeza conscientemente por medio de la práctica de este ejercicio.

1. Toma tu tiempo, concéntrate en tu abdomen y respira profundamente.

2. Siente las dificultades de la pérdida, lo que significa para tí. Siente el «no puedo»; siente tu incapacidad para actuar. Siente la tristeza, siente la pérdida.

3. ¿Qué es lo que quiere transmitirte este sentimiento? Siéntelo y espera. No analices; nada más quédate en él.

4. Mantente con la tristeza hasta que te relajes o hasta que broten las lágrimas. Mantente con el llanto y con la tristeza hasta que surja la información. Permítete que las lágrimas te relajen.
Ejercicio
Sentir la tristeza y salirse de ella
Es importante saber también cómo salir de la tristeza. Cuando estés ya dentro de ella, recuerda que estás en el «no puedo»; no estás en tu poder. Por eso es que tienes que condicionarte de antemano a cómo reaccionar. Escoje alguna de las siguientes estrategias, o una combinación de ellas, para

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utilizarlas cuando desees salir de la tristeza. Programa estas estrategias en tu memoria para poder utilizarlas cuando sea apropiado. También podrías pegar esta lista de estrategias en la puerta del refrigerador o en alguna parte de tu casa para que te sirva como recordatorio de lo que puedes hacer cuando te estés sintiendo triste.

1. Date a ti mismo algo que te haga sentir mejor. Ámate a ti mismo. Sé gentil y preocúpate por ti mismo. Date algo específico que te dé fuerza, coraje.

2. Recibe de los demás y del ambiente. Permítete ser afectado por los demás, permite que te inspiren; nota lo que tienen de bueno e identifícate con ellos. Permítete ser afectado por algo bello en tu medio ambiente, sea la música, el arte, algo de la creación humana o de la belleza de la naturaleza que te rodea.

3. Acércate. Pide amor, un abrazo o cualquier tipo de atención. Expresa tu dificultad y solicita afecto en forma deliberada a un amigo, un profesional o alguna persona que sea capaz y que quiera proporcionarte amor y atención. No te quedes esperando con la expectativa inconsciente de que los demás te ayudarán. Esto ocasiona resentimiento y la mayoría de las veces los demás no tienen forma de conocer tus deseos o expectativas.

4. Pospón. Organiza tu tiempo para que puedas realmente asimilar la pérdida y la tristeza. Haz el ejercicio para sanar la tristeza.

5. Haz una rutina o un ritual. Selecciona uno que te guste y que no te cause estrés.

6. Recuerda momentos de amor, de fortaleza y de plenitud guardados en tu propio almacén de recuerdos.

7. Espera por los «yo puedo». Si cambias demasiado rápido a un «yo puedo», la tristeza quedará reprimida cada vez más y puede causarte tensión. Sigue tus estrategias poco a poco hasta que algo te parezca atractivo o posible.

A menudo las personas son renuentes a creer que es importante concederse tiempo para sentir la tristeza. Por supuesto que la tristeza no se siente de una forma agradable. Se siente de forma triste y esto no nos gusta, por lo tanto su evasión es comprensible. Sin embargo, cuando existe una pérdida real, tanto el cuerpo como todos sus sistemas orgánicos requieren tiempo para recuperarse.

Carol era una mujer que no había alcanzado los cuarenta años de edad cuando enviudó. El esposo había estado enfermo por largo tiempo y real-

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mente todos se sintieron aliviados cuando finalmente murió. Carol realizó lo que muchos tratan de hacer, volver a una vida activa «normal». Ella no deseaba seguir ninguna de las estrategias para sentir y desplazarse apropiadamente de la tristeza, especialmente aquella sugerencia de esperar por un «yo puedo». Estaba inclinada a insistir de una manera forzada. Esperar por un «yo puedo» significa darte permiso para sentir la tristeza y la pérdida de poder más que decidir que puedes ser poderoso bajo cualquier circunstancia. La tristeza es realmente una respuesta inteligente ante la pérdida. Pretender que no estás triste es una estupidez emocional.

Carol decidió apresuradamente que ya había sufrido por demasiado tiempo e inmediatamente se inscribió en algunos cursos que eran mental y físicamente exigentes. Adoptó una actitud optimista de pensamiento positivo, pero lo que estaba escondido debajo de la superficie era un viejo patrón de «yo puedo manejar cualquier situación». Todos alabaron su optimismo, incluyendo su nueva boda acaecida seis meses más tarde, pero sus habilidades de manejo emocional fueron sometidas a una prueba severa cuando no encontró felicidad en ese matrimonio. En los seis meses posteriores ella enfermó con cáncer, y ahora ya no había tiempo para que ella le diera descanso a su sistema inmunológico, ni para intervenir de manera efectiva sobre su patrón de toda la vida de «yo puedo manejar cualquier situación». Yo no puedo aseverar que Carol no hubiera desarrollado cáncer si ella hubiera tomado en cuenta sus sentimientos y se hubiera dado tiempo para sentir su tristeza. Pero puedo decir que su patrón y su esfuerzo para ser positiva sí estresaron su sistema, al igual como lo habían hecho en otros momentos tristes y serios de su vida, tales como la pérdida de su madre y luego de su padre, así como también la severa enfermedad de su hermano. A través de todo esto ella desempeñó el papel de «la persona que todo lo puede». Desafortunadamente, el concepto de ser inteligente emocionalmente vino demasiado tarde para ayudarla.

Todos podemos beneficiarnos de la idea de enfocar la tristeza de una manera más gentil cuando nos ocurren cosas desagradables a nosotros o a nuestras familias. A veces, cuando se logran evitar las consecuencias graves, nuestra reacción inmediata es la de sentirnos contentos o por lo menos aliviados. Sin embargo, primero necesitamos experimentar la tristeza y la pérdida. Tal fue el caso de Mirna. Unos ladrones habían atracado a mano armada a su hija y le habían quitado su automóvil. Por supuesto que Mirna estaba contenta, porque la vida de su hija había sido respetada y consideró que su tarea consistía en convencer a su hija de que ella estaba bien. Sin embargo, lo que se nece-

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sitaba era que la ayudara con sus sentimientos de tristeza por la pérdida del vehículo, así como también con el temor y la impresión que el cerebro emocional de su hija había registrado. Ella también necesitaba tomarse un tiempo para experimentar sus propios sentimientos en relación con el infortunio de su hija. Luego, tanto Mirna como su hija hubieran podido beneficiarse de las sugerencias del ejercicio para sentir y desplazarse de la tristeza. Para sanar tu tristeza tienes varias opciones:

• Puedes enfocarte en el pensamiento de la pérdida y dejarlo prolongarse hacia un sentimiento de tristeza, o puedes enfocarte en el sentimiento de amor por la persona o la situación perdida hasta que produzca un cálido sentimiento de amor

• Puedes enfocarte en el deseo de aquello que perdiste, hasta que se te produzca el deseo y el impulso para moverte a la acción para conseguir aquello o algo parecido.

• Puedes concentrarte en el sentimiento y el reconocimiento del amor, hasta que produzca una inspiración hacia más vida.

Explora las diferentes opciones para sanar la tristeza a través de los siguientes ejercicios.
Ejercicio
Pensamiento de pérdida versus sentimiento de amor
1. Visualiza la situación en la que sufriste una pérdida muy importante.

2. Concéntrate en la pérdida. Permítete volver a ver toda la situación de nuevo. Siente esa pérdida.

3. Visualiza la persona o el aspecto de la situación donde hubo amor. Siente ese amor.

4. Experimenta la diferencia, es decir, vuelve al sentimiento de la pérdida y siente cómo se siente la pérdida. Luego siente de nuevo el amor y prueba cómo te hace sentir.

5. Valórate por ser capaz de amar. Revive todos los beneficios que recibiste de ese amor. Siente el amor cada vez que quieras. Siéntete afectado y continúa afectado por tu amor. Sigue amando lo que ya amas. La escogencia es tuya: ¿quieres enfocarte en la pérdida o en el amor?

6. Cuando caigas en la pérdida, ahora ten presente que es posible desplazarse para enfocarte en el amor.

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Ejercicio
De la tristeza al deseo
1. ¿Qué era lo que querías y que ahora piensas que no puedes obtener? Lo que perdí fue... y lo que quería era...

2. Permítete ver el «yo no puedo» y también busca encontrar el «yo puedo» o varios «yo puedo».

3. Siente la lucha entre el «yo puedo» y el «yo no puedo».

4. Siente el deseo por lo que quieres.

5. Quédate con tu deseo hasta tener nuevos vistazos o pensamientos que puedan ayudarte a lograr lo que quieres.

6. Siente el deseo hasta que te lleve a la acción.


Ejercicio
De la tristeza al reconocimiento o el entierro en el corazón
Puedes querer lo que has perdido con un sentimiento tan profundo que quieres seguir batallando hasta obtenerlo. El amar, el desear, te llevan a luchar por más vida como en el ejercicio anterior. Sin embargo, algunas veces has perdido una persona. El proceso es entonces más sutil e implica más bien el reconocimiento de tu gran amor y tu deseo de no perder lo mejor de esa persona. El siguiente ejercicio es, entonces, más apropiado en esa situación. Es un ritual que involucra un proceso de aceptación y reflexión, reconociendo y honrando los aspectos importantes de la vida.

Cuando se trata de la pérdida de una persona amada, me gusta llamarlo el entierro en el corazón.

Concédete tiempo suficiente, en soledad y acompañado de una bella música.

1. Visualiza la situación o la persona perdida.

2. Vuelve a sentir la pérdida.

3. Cambia para enfocarte en el amor que tenías por esa persona. Siente ese amor.

4. Dentro de tus sentimientos de amor, recuerda las mejores características de tu ser querido a partir de tu experiencia personal.

5. Encuentra una manera de simbolizar esas características y coloca esos símbolos a tu alrededor para recordarte del amor y para inspirarte a

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más vida. Puedes terminar el reconocimiento con los símbolos o puedes continuar al siguiente punto.

6. Coloca una o más de estas características de la otra persona en tu memoria y corazón.

7. Si así lo deseas, disponte a cultivar estos aspectos destacados en tu propia vida y así te aseguras que lo mejor del otro continuará viviendo sobre esta tierra a través de tu amor y apreciación consciente.
La rabia: la lucha entre el «yo puedo» y el «yo no puedo»
La rabia es nuestra reacción activa cuando el deseo o el poder están bloqueados. No podemos conseguir lo que queremos y estamos frustrados. Este sentimiento se puede internalizar hasta ponernos enfermos o puede externalizarse en gritos, acciones moderadas contra los demás o en una clara violencia.

No siempre es fácil reconocer ni nuestra propia rabia ni la de las otras personas. Debido a las distintas tendencias cerebrales expresamos la rabia de diferentes maneras. La siguiente lista puede ayudarte a reconocer mejor tu propia rabia y la de la gente que está cerca de ti. Es importante la capacidad para reconocer las facetas más sutiles de la rabia, tanto para sanarte a ti mismo como para responder más adecuadamente a los demás.

• La persona con tendencia por el hemisferio izquierdo expresa o esconde la rabia por medio de desacuerdos, conclusiones rápidas, racionalizaciones, justificaciones y desaprobaciones respaldadas por una larga lista de razones.

• La persona con tendencia por el hemisferio derecho se vuelve desorientada y caótica, usa los absolutos, pensamientos incompletos, generalizaciones y evasiones.

• La persona con tendencia por el cerebro límbico a menudo esconde la rabia tras explosiones internas, enfermedades, hermetismo, silencio, tristeza, depresión, síntomas físicos, susceptibilidad, resentimiento y aislamiento de los demás.

• La persona con tendencia por el cerebro básico puede experimentar desequilibrio físico, se tropieza con cosas, tiene accidentes, camina de un lado a otro, se mete en rutinas compulsivas, o hábitos de desplazamiento como fumar, comer, beber, tomar drogas o hablar repetitivamente. Pueden aún requerir la presencia de otros, ya sea participando en grupos o bandas o tomar el sentido contrario hacia el aislamiento.

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Una vez que hemos aprendido a reconocer las variaciones de la rabia, quizás la destreza más necesaria a ser aprendida es la de cómo defenderse de la rabia de otros sin aumentarla por nuestra propia reacción hostil. Cuando explota la rabia, todos tenemos el hábito de defendernos: lo llamamos sobrevivencia, y es sin duda primordial. Pero, como táctica de sobrevivencia ello se traduce en echar más leña al fuego. «Yo no lo hice y además, es tu culpa, porque tú...». ¡Así no se para una pelea! Con siglos de experiencia en éste método ya debíamos haber averiguado que no funciona ni para calmar a la otra persona, ni para delimitar el campo de batalla. Todo lo contrario. Cuando se responde a una agresión con otra agresión, sea verbal, emocional, física o de cualquier forma, se aumenta la guerra.

El descubrimiento de la memoria a largo plazo en el cerebro límbico te permite entender que cada frustración de tu vida está registrada en tu propio cerebro. Cada nueva frustración, la sumas a las que ya tenías registradas. La frustración del momento es la última de una larga historia. Cada uno de nosotros tiene una historia de rabia. No es necesario seguir negándola, ya que un cirujano puede poner electrodos en el cerebro de cualquiera y descubrirla. Primero lo que tenemos que hacer es aprender a reconocerla a través de sus diferentes expresiones descritas anteriormente o reconociendo el tono molesto de una voz, y luego defendernos de esta normalidad humana.

Practica el siguiente ejercicio para aprender a defenderte de la rabia de otros. Practícalo tan a menudo como lo harías con las artes marciales. Es un arte emocional y se merece tu práctica repetida si deseas ser capaz de elevarte por encima de tu reacción condicionada de supervivencia frente a la rabia.
Ejercicio
La defensa contra la rabia de otro
1. Reconoce cuándo viene la tormenta. Recuerda, decirte a ti mismo: «yo he superado situaciones similares y lo haré de nuevo. No puedo impedir la rabia o cambiar a esta persona».

2. Desplázate de tu atención hacia el otro y céntrate en ti y repite internamente de manera constante la siguiente frase: «Yo estoy bien, estoy bien, no soy el verdadero blanco». El propósito de repetirlo es que tú necesitas fortalecerte para resistir el ataque del otro. Necesitas ESTAR BIEN para aguantar la rabia. Si empiezas con miedo o te pones bravo, el ataque o la rabia del otro aumentará. El punto es

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prepararte y recordar que tú eres solamente el detonante más reciente de esa historia de rabia de la otra persona. La verdadera causa estaría enterrada debajo de las innumerables veces que el otro se sintió frustrado en una situación semejante y que están grabadas en su memoria a largo plazo. Es ese recuerdo el que aumenta la presión: lo puedes captar en ese tono de voz rabioso tan distinto al tono usual de voz.

3. Desplaza tu observación al otro pero manteniéndote centrado en ti. Repite, internamente, «está herido y quiere algo». No lo digas en voz alta: la otra persona no te puede oír en este momento. Recuerda que la definición de la rabia es no conseguir lo que quieres. Puedes expresar una explicación, excusarte u ofrecer ayuda.

4. Desplázate de nuevo hacia ti mismo. Busca activamente lo que puedes hacer y lo que no puedes hacer.

5. Desplázate hacia el otro. Exprésale de manera específica lo que puedes o no puedes hacer. Por ejemplo: «puedo lavar los platos mañana en la noche, porque hoy tengo una práctica de canto a las 7:30». Haz énfasis en lo que puedes hacer, y continúa repitiendo el proceso hasta lograr suavizar la situación con el ofrecimiento de lo que puedes hacer.


Ejercicio
Cómo salirte de la rabia
Cuando estás bravo y no deseas expresar o sentir la rabia en ese momento, aprende a desplazarte. Sabiendo que esta rabia está totalmente registrada en tu memoria a largo plazo, puedes aprender a fijar una cita posterior contigo mismo para un momento cuando puedas sentirla de una manera segura, explorarla y sanarla. Cuando deseas desplazarte, elige cualquiera de las estrategias siguientes, pero mucho antes de llegar a una situación real es necesario que escojas uno de los métodos y lo practiques hasta que lo puedas usar de forma automática cuando estés bravo.

1. Busca un «yo puedo» y cambia a él. No es la solución total, pero cualquier «yo puedo» te ayudará a concentrar tu atención de manera diferente. Cuando te sientas demasiado bravo para manejarte bien, busca lentamente y desplázate a cualquier «yo puedo» sencillo, pequeño o fácil. Esto es especialmente conveniente para los retardos de tráfico y de vuelos aéreos.

2. Cambia a una rutina o un ritual. Busca, cuando estás frustrado, una actividad que encamine tu energía como por ejemplo un pasatiempo,

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un deporte o la meditación. También sirve lavar platos u ordenar los armarios. No hagas deportes fuertes.

3. Busca una habitación silenciosa para sentir y expresarte a las paredes o a ti mismo; para quedarte en tu rabia, o para sanarla si tienes tiempo.

4. Usa expresiones no verbales. Evita expresar el contenido de tu rabia para evitar engancharte más profundamente. Utiliza sonidos sin contenido, gruñidos, refunfuños, murmullos y rezongos de insatisfacción para descargar tu tensión.

5. Solicita una tregua o tiempo para reconsiderar. Probablemente necesitas conseguir qué es lo que realmente te molesta y lo que realmente quieres.

6. Expresa tu confusión. «No estoy seguro de lo que me sucede», «no me siento bien» y «no sé lo que me pasa».

7. Expresa tu rabia disculpando al otro. «No es tu culpa». «Siempre tengo dificultad con...». «Esto me ha pasado antes y yo me pongo...».

Yo creo que los seguros de «no culpabilidad» de los vehículos son una de las grandes ideas de nuestro tiempo y fueron inventados por la industria automovilística para ahorrar el costo de constantes litigios sobre los accidentes. Me pregunto cuánto tiempo nos tomará hacer algo semejante en la industria humana para descubrir cuánto nos ahorrará en sentimientos heridos y desintegración de relaciones. Ahora que sé que mi rabia es causada por mi propio historial de rabia, y es sólo «estimulada» por los otros cuando me chocan o me sacan de quicio. Yo estoy lista para sacar los seguros de «no culpabilidad» para todas mis relaciones humanas. Tu rabia no es mi culpa, mi rabia no es tu culpa: es sólo nuestra rabia almacenada en la memoria que sale cuando es estimulada por acciones de nuestro mundo exterior.


Ejercicio
Cómo expresar la rabia en privado
Mencioné antes la importancia de expresar la rabia en privado en vez de derramarla sobre la otra persona. Cada uno de los cerebros te ayuda a expresar la rabia. Tu hemisferio izquierdo con su exactitud sobre los detalles puede construir todo un pleito legal en tu mente o puede simplemente escribir una carta sin tener que necesariamente enviarla. Tu hemisferio derecho puede ayudarte a encontrar lo que te molesta visualizando todos los absolutos contra la otra

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persona: «Ella siempre...», «nunca más te volveré a hablar», «jamás lo volveré a ver». Tu cerebro límbico te ayuda a sentir lo sucedido más profundamente permitiendo las lágrimas, los lamentos y gruñidos. Tu cerebro básico te lleva a actos como golpear almohadas, gritar y caminar repetitivamente.

¿Por qué toda esta actividad? ¿Con qué fin? Para aliviar tu energía constreñida y para sacar los efectos corrosivos de la rabia fuera de tu cuerpo tan pronto como sea posible. La catarsis, como es llamada comúnmente. Pero además, hay cuatro objetivos que yo considero los más importantes, si no los únicos valederos, para expresar la rabia en privado:

1. Encontrar cómo tu rabia puede estar tapando o encubriendo lo que realmente quieres. Buscar lo que quieres verdaderamente.

2. Descubrir los patrones de tu rabia involucrados en ese momento. Aprender sobre los patrones de tu rabia.

3. Ver, oír, sentir cualquier cosa positiva que tú puedas hacer; saber que la rabia es la lucha entre «yo puedo» y «no puedo» y buscar con cuidado hasta encontrar un «yo puedo» que te va a ayudar a salir del conflicto con una acción positiva a tu favor.

4. Permitirte agotarte hasta que desees quedarte quieto para poder ir dentro de tu rabia y sanarla (ver próximo ejercicio).

Para mí estos cuatro puntos son tan preciosos como el oro. Creo que es realmente lastimoso gastar mi energía gritando y golpeando cojines sólo para descargar la energía, cuando al mismo tiempo puedo conseguir conscientemente lo que realmente deseo y ver lo que puedo hacer al respecto.

Cuando ya tenga claro qué es lo que realmente quiero, más que saber qué fue lo que hizo que mi rabia se desencadenara de esa manera, entonces ya podré estar listo para expresarle mi frustración a la otra persona. Cuando ya sé de algo que puedo hacer con respecto a mi rabia, ya no soy más una víctima; ya no dependo de las acciones del otro. Ahora soy capaz no sólo de expresar sino también de entablar y estar presente durante todo un proceso de negociación.
Ejercicio
Expresar con la intención de negociar
• Asegúrate de que deseas expresar la rabia. Puede que sea o no sea de tu conveniencia. Así como tú no expresas todos tus pensamientos, no tienes que expresar todos tus sentimientos. Asegúrate de que deseas

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quedarte para negociar con la otra persona. Si no es así, más bien puedes expresarte en privado. Nadie desea escuchar tu insatisfacción a menos que por lo menos estés dispuesto a buscar alternativas.

• Comienza la frase con un «yo» y no con un «tú». La aseveración «yo» demuestra que yo soy el dueño de mi rabia y que la otra persona no es la causa de ella. Una aseveración con un «tú» enciende el fuego, pone al otro a la defensiva, mantiene la guerra y trae como resultado el argumento y la desconexión. Conoce cómo te gustaría iniciar. Entrénate en el uso del «yo». Existen varias posibilidades: yo lo siento, o yo no quería gritarte así a tí, o yo estoy molesto... estoy teniendo dificultades..., o no es tu culpa... yo no puedo soportar cuando...

• Para expresar tus sentimientos:


Ten el deseo de negociar (recuerda el ganar-ganar)
*Para acceder a la figura que se presenta como parte de este ejercicio, consultar el original.*
Hay algunas rabias que cargamos como heridas por muchos años. Siguen causándonos daño y molestando nuestras relaciones. Liza se negó a ver a su padre por cinco años, y cuando yo la conocí no se planteaba verlo de nuevo. No cabe duda de que su rabia con él tenía una larga historia, pero el evento que más la enfureció y estaba más presente en su memoria había sido la vez que él había tomado posición por su hermano y la había echado a ella de la casa, considerándola a ella y no a su hermano como la causante del pleito. Liza había decidido no perdonárselo jamás. A pesar de que con-

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tinuó relaciones con el hermano, decidió que las acciones de su padre eran imperdonables. El llamado de su hermano para que entrara en razón y comprensión cayó en oídos sordos.

A cierto nivel, Liza se dio cuenta que esta herida era muy profunda y que había cargado con esa rabia por demasiados años. Cuando ella asistía a mi curso sobre auto-cuidado (Self-Care), sintió que podría experimentar con el ejercicio sobre la sanación de la rabia. Después de la experiencia encontró que ya no estaba interesada en una acción contra su hermano, sino que lo que deseaba profundamente era que su padre le reconociera sus esfuerzos en la escuela. Cuando descubrió que la disyuntiva estaba entre continuar odiando a su padre o estar dispuesta a darse ella misma el reconocimiento por sus esfuerzos, entonces se decidió por esto último.

A lo largo del mes siguiente ella practicó el darse a sí misma el reconocimiento y se fue convenciendo de que sí era posible la sanación de esa vieja herida. Entonces se sintió diferente. Le envió una tarjeta postal a su padre, quien contestó con otra tarjeta postal. Ella tomó el próximo paso al invitarlo a cenar: la comunicación se ha mantenido abierta desde entonces. Podría añadir que ella debe haber logrado una reprogramación excelente en la segunda parte del ejercicio, ya que ahora ha tomado la iniciativa de reconocerse sus capacidades y hasta ha seguido un curso para el Doctorado en Psicología, lo cual me reasegura de cierta manera que ahora sabrá cómo proteger su poder en el futuro (ver la tercera parte del siguiente ejercicio).

Si quieres sanar alguna rabia de existencia prolongada, toma el tiempo de hacer el siguiente ejercicio. Es más como una meditación, y se puede realizar mejor cuando se hace en tres partes, con descanso entre cada una de ellas, y acompañándote con una bella música. Después de haberlo practicado a menudo y haber memorizado la secuencia, podrás aplicarlo fácilmente en tu diario vivir.
Ejercicio
Sanar la rabia Parte I. Lograr el regalo
1. Haz un cambio conceptual de «tú eres la causa de mi rabia» a, «yo soy la causa de mi rabia». Esta situación desencadena algo en mí, en mi historia emocional. Me recuerda otras situaciones vividas en las que me sentí herido porque no pude obtener lo que deseaba.

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2. Pregúntate «cuándo» y no «por qué». En vez de preguntarte «¿por qué estás bravo?», te preguntas «¿cuándo me ha ocurrido algo semejante en el pasado?»... O te dices, «Esto me recuerda...». Retrocede esas cintas grabadas en tu memoria y puedes parar en cualquier situación que te parezca apropiada, pero a menudo las escenas más tempranas con los padres son las más destacadas. Debido a nuestra necesidad de amor, estos recuerdos tempranos de frustración por no obtener lo que queríamos suelen contener la mayor cantidad de rabia. Cualquiera sea la situación elegida, asegúrate de que sea similar a aquella que en el presente te pone rabioso.

3. Visualiza y siente de nuevo la situación. Visualízala, adéntrate en ella y déjate afectar por ella hasta lograr empatía contigo mismo, hasta encontrarte con el pathos de esta situación y sentir que es este ser humano —tú mismo— quien está herido. Siéntelo hasta que puedas sentir empatía por tu propio organismo.

4. ¿Qué era lo que realmente querías? Sintiéndote en aquella situación busca descubrir lo que realmente querías.

5. ¿Quieres proporcionártelo a ti mismo ahora? ¿Estarás en capacidad de regalártelo ahora o seguirás insistiendo en que la otra persona te lo dé? Estás contra la pared ahora: o continúas estando bravo con el otro por no habértelo dado o decides dártelo a ti mismo. En los casos en que aquello que tú deseabas no puede ser ya posible en la actualidad, puede ser sustituido por algo similar en lugar del objeto exacto. Puede ser algo tan general como un reconocimiento. ¿Estarías tú dispuesto a darte algún reconocimiento a ti mismo en tu futuro próximo y en cuál aspecto de tu vida? Este es el punto clave: si no te lo das, la otra persona quedará como el culpable dentro de tu mente por no habértelo proporcionado en su momento. La neocorteza sigue pensándolo así y el límbico sigue sintiendo rabia. O terminas la venganza proporcionándote lo que el otro no pudo darte o no hizo, o sigues el rencor y la rabia en vez de sanarte.
6. Si estás dispuesto a proporcionarte lo que el otro no te dio o no hizo por ti, pregúntate cómo, cuándo y dónde vas a hacerlo para ti en los siguientes días o semanas. Planifica cuidadosamente y honra tus promesas.

7. Hasta que puedas realizar lo prometido, cierra esta parte del ejercicio visualizando y sintiendo el momento de dártelo a ti mismo.

8. Mientras más te des cuenta que es tu rabia con el otro lo que te guió a descubrir algo que faltaba en tu vida, mejor te sentirás con él o ella.

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Si tienes éxito en poder darte ahora aquello que tú querías, entonces te sentirás bien. El propósito de la parte I es la de sanar tu cerebro límbico. Por favor continúa a la parte II para la reprogramación de la decisión que has tomado en tu neocorteza.


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