Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



Descargar 1,45 Mb.
Página11/27
Fecha de conversión08.06.2017
Tamaño1,45 Mb.
1   ...   7   8   9   10   11   12   13   14   ...   27

LA NEOCORTEZA Y EL CEREBRO LÍMBICO: UNA ASOCIACIÓN CONSCIENTE
Tu neocorteza es el portero de tu cerebro límbico. Dependiendo de lo que piensas que va a ocurrir si te dejas afectar por diferentes emociones, te darás o no permiso para sentirlas. Puedes descubrir cuáles emociones que te estás permitiendo sentir haciendo el ejercicio del portero que se encuentra hacia el final de este capítulo.

149
Si tu expectativa cuando estás triste es que nunca vas a parar de llorar y que tu mundo se va a poner aún peor, entonces esa expectativa no te ayuda a darte permiso para sentir tristeza. Si esperas llorar cuando estás triste y crees que el llanto te ayudará a relajarte, entonces tendrás permiso para sentir tu tristeza.

Sin embargo, si como Roberto has asociado el llanto con la debilidad femenina, no vas a permitirte sentir la tristeza. Roberto insistía en vivir dentro de los muy estrechos parámetros de su negocio, rehusando dejarse afectar por las otras personas o eventos de su vida. Sus actividades de trabajo lo consumían. Solamente sabía cómo analizar continuamente y trataba de aplicar su enfoque racional a todo, incluyendo sus hijos. Sin embargo, lo que funcionaba para los negocios no funcionaba muy bien con su familia: sus hijos estaban siempre buscando afecto, mientras que él les ofrecía sugerencias para mejorar. No importa si les ofrecía consejos sobre relaciones, matemáticas, lenguaje, o sobre cómo ser un mejor hijo o un negociante astuto. Estaba seguro de amar a sus hijos, pero le faltaba dejarse afectar por ellos, ya que consideraba el afecto como una señal de debilidad. Nunca se le ocurrió que el afecto era una forma de inteligencia que podría mejorar sustancialmente la capacidad de su propia mente y la de sus hijos.

Desafortunadamente, esta historia puede tener resonancia en muchos hombres porque nuestra cultura se ha dedicado a clasificar el afecto y el amor como un asunto femenino. Los hombres pueden ser afectuosos, pero principalmente en el contexto de la actividad sexual. Sin embargo, tanto hombres como mujeres pueden ahora elegir lo que sea necesario o apropiado sentir para mejorar sus vidas. No tenemos que seguir reprimiendo los sentimientos o escondernos del sentir, si conocemos el secreto de seleccionar conscientemente y enfocarnos en aquello que hará que nuestra vida sea mejor cada día. Seleccionar implica que podemos evitar sentir o escoger no sentir mucho de lo que está pasando durante el día. Significa darse cuenta de que no podemos dejar que todo lo que pasa a nuestro alrededor nos afecte demasiado. Si vamos a evitar crisis continuas y ser genuinos en nuestro sentir, debemos elegir por qué nos vamos a dejar afectar. También podemos seleccionar el momento en el que vamos a dejarnos afectar por emociones difíciles pues se necesita disponer del tiempo suficiente para profundizar en nuestros sentimientos y descubrir su información o mensaje.

Cada día creamos nuestro propio paraíso o nuestro propio infierno, dependiendo de lo que decidimos permitir que nos afecte. Nuestra capacidad neocortical para seleccionar sabiamente es crucial. Son la neocorteza y el cerebro límbico funcionando juntos, los que pueden liberarnos de simples reacciones en cadena

150
y permitirnos gobernar conscientemente nuestras vidas. Si permitimos que los peores eventos de nuestras vidas nos afecten profundamente, estaremos ciertamente viviendo un infierno sobre esta tierra hasta que, finalmente, nos enfermemos o cesemos de sentir. Por otra parte, si nos permitimos seleccionar la belleza y dejarnos afectar por ella, así como por los eventos especiales de nuestro contexto, podremos vivir el paraíso aquí en la tierra. Experimenta esto realizando el ejercicio llamado «cielo o infierno», que se encuentra al final de este capítulo.


LA SALUD Y LA VITALIDAD
El problema relacionado con la inteligencia afectiva es que puede resultar algo semejante a abrir la compuerta de una represa sin saber luego cómo cerrarla. Si decidimos dejarnos afectar, ciertamente podemos entonces ser tocados por todas las emociones. Usualmente cerramos esa compuerta del afecto, del amor y de la pasión, porque hemos tenido experiencias amargas al sentirnos en peligro e incapaces de nadar en aguas tan turbulentas. Usualmente nos salimos de los sentimientos con decisiones neocorticales tales como: «más nunca», «la vida es muy corta», «no vale la pena», «no hay necesidad de eso». Estamos aprendiendo que, en efecto, todos podemos necesitar la experiencia de las emociones. Es posible que necesitemos aprender cómo dejarnos afectar, cómo amar con todo lo que ello implica, si no por otras razones, al menos sí por razones de salud.

La mayor causa de muerte de seres humanos en Norteamérica es el corazón. El ejercicio entrena el sistema muscular y estimula la circulación de la sangre. Sin embargo, ¡los sentimientos son un ejercicio interno! Son nuestros sentimientos o estados de ánimo los que están continuamente expandiendo o contrayendo nuestro corazón, y es nuestro corazón el que bombea la sangre a través del cuerpo y hasta dentro de nuestro cerebro. De esta forma, la prevención de derrames cerebrales, ataques cardíacos y otras enfermedades relacionadas con nuestros órganos internos puede depender de nuestra capacidad de sentir nuestras emociones, guiándolas a través de un proceso continuo de expansión y contracción.

A menudo nos enamoramos, entramos en un proceso hermoso de expansión y contracción, hasta que algo sale mal y entonces renunciamos.

Nos expandemos y luego entramos en un proceso de retiro y contracción que, si no cambiamos, puede convertirse en constricción, entropía, parálisis e incluso hasta en muerte. ¿Qué más podemos hacer? Podemos dejarnos afec-

151
tar, aunque sea por cortos períodos de tiempo, y luego desenfocar antes de ir más profundamente. También podemos aprender a seguir avanzando hacia una afectividad más profunda e inclusive hacia profundos estados de amor, si sabemos vivir a través de los estados de ánimo involucrados y cómo cambiar o salirnos de ellos cuando sea necesario. Sabiendo que sentirse afectado es sólo una de nuestras realidades, podemos aprender a cambiar hacia otras realidades que involucren el pensamiento, la imaginación o la acción, pero de poca emotividad. Tenemos la posibilidad de escoger entre profundizar más dentro de la emoción o salirnos de la emoción hacia otro sistema cerebral.

Saber que podemos enfocarnos y desenfocarnos conscientemente es, sin duda, una de las principales razones para mantenernos conscientes de que poseemos tres sistemas cerebrales, cada uno accesible de forma independiente. Sentir es una elección, una libertad, una decisión de entrar en el campo de los sentimientos, tan clara como cuando escogemos leer un libro (neocorteza) o decidimos hacer un viaje (básico).


LA ENERGÍA BLOQUEADA Y LA ENTROPÍA
¿Por qué es importante dejarse afectar por algo o alguien? ¿Por qué no escapar? ¿Por qué no vivir en nuestra cabeza? La salud es sólo una razón; otra razón es la calidad de vida y la plenitud de energía en nuestra vida diaria. Cuando la vida nos presenta gente, ideas o situaciones que nos atemorizan o que no sabemos manejar, las evitamos y como resultado, bloqueamos nuestra energía. Podríamos estar bloqueando nuestra energía o rehusándonos a ser llenados por ese flujo constante de energía que hay en el universo, o más específicamente de la que está a nuestro alrededor, muy cerca de nosotros, como en personas, ideas o sucesos de nuestra vida diaria.

Primero, tan pronto como reconozcamos qué fue lo que nos atemorizó o bloqueó, la energía o la vida misma regresará a nuestro cuerpo y nos sentiremos más plenos. Después podremos llegar a alguna decisión interna sobre lo que vamos a hacer. Si en el momento de la primera experiencia, escogimos escapar o evitar, ahora podemos mirar de nuevo y revivirla, concediéndonos esta vez el permiso y el lujo de sentirla plenamente. No hay apuro ni amenaza externa: sólo nuestro ser interno anhelando ser conocido.

Nuestro cerebro emocional sirve para detectar y registrar información a este nivel profundo y bloqueará la energía o estorbará nuestro afecto hasta que pueda obtener la atención de nuestra neocorteza o de nuestro cerebro básico.

152
El cerebro emocional registra las heridas del pasado en nuestra memoria a largo plazo. Así, nuestra memoria emocional nos previene para que no repitamos los mismos dolorosos errores, pero desafortunadamente no posee un lenguaje verbal y nos habla a través del miedo, la evasión o simple bloqueo de la energía. Nos enlentece, nos fatiga, o nos roba la energía. El cerebro emocional busca ser escuchado. Así como nuestra neocorteza nos provee de un constante parloteo de pensamientos e imágenes, nuestro cerebro emocional nos provee de constantes señales. Si no las escuchamos o atendemos, aumentarán su efecto en nuestro cuerpo para captar nuestra atención. Si seguimos sin reconocer el obstáculo del bloqueo de energía, las señales aumentarán hasta hacernos sentir realmente agotados, y si seguimos ignorándolas, aumentarán hasta un nivel de dolor -lo que sea necesario para conseguir nuestra atención-.

La segunda razón para quedarnos en nuestro sentir es que si entramos profundo nos dan ganancia. Los sentimientos dan calidez y energía a nuestro cuerpo y también brindan información: dan conocimiento, revelaciones-insights, pensamientos y datos claves de nuestro comportamiento, patrones y rutinas. Si podemos mantenernos en nuestros sentimientos y elegimos ser afectados por ellos, estaremos en capacidad de notar los momentos, conductas, ideas, sentimientos y personas que evitamos. Nuestros patrones más profundos de comportamiento empiezan entonces a emerger y en lugar de temerle a la información, podemos hacernos receptivos, aprender de ella, y abrirnos a aspectos más amplios de nuestro ser.

Tercero, si nos quedamos sintiendo y vamos aún más dentro de nosotros, desarrollamos empatía por nosotros mismos y por los demás. Nos sentimos en el pathos de la vida misma. Experimentamos nuevos pensamientos, vistazos, insights y posibilidades, así como otras decisiones o acciones que podremos tomar en el futuro para quedarnos en la energía de la situación, persona o idea que encontremos. Aprendemos una forma de acercamiento más profunda y más empática para guiarnos. Nos haremos más conscientes de honrarnos por haber superado tanta dificultad y haber sido perseverantes hasta ahora.

Cuando tenemos nuestra energía bloqueada, ¿cómo podemos recuperarla? Encontrando la situación que evadimos, reviviéndola en nuestra mente y descubriendo qué es lo que necesitamos para poder afrontarla. Cuando experimentes una pérdida de energía, mira hacia atrás y revisa el día, la semana o aún más, tu vida pasada y pregúntate: ¿Dónde dejé mi energía? A un cierto punto no quisiste dejar entrar la energía; no estuviste dispuesto a dejarte afectar por una persona, por cierta idea o algo que pasó en tu medio ambiente. Quizás ni siquiera te diste cuenta del bloqueo, pero tu cerebro

153
emocional registró una desaprobación o una falta de conexión y el resultado fue una pérdida de energía. No es que la otra persona o evento se haya adueñado de tu energía, como muchos de nosotros inconscientemente sentimos cuando culpamos a otros de nuestras heridas. Lo que ocurre es que consumimos una gran cantidad de nuestra energía para mantenernos no conscientes, para evitar sentir o ser afectados, para rehusar darle la cara a una persona, idea o situación determinada o lo que quiera que «eso» sea. Puedes recobrar tu energía enfrentando ahora las cosas y dándote cuenta de qué es aquello por lo que rehusas dejarte afectar.

La inteligencia afectiva nos invita a recuperar conscientemente ese momento en el que perdemos la energía y a tomarnos el tiempo necesario para dilucidar qué es lo que necesitamos para ayudarnos a manejar conscientemente la situación. Aprende a recobrar la energía perdida por medio de la práctica del ejercicio «¿Donde dejé mi energía?», ubicado hacia el final de este capítulo.

Aunque el propósito de la inteligencia afectiva es poder entrar en las emociones, también hay momentos o circunstancias en las que no soportamos sentir. Hemos aprendido a tomar pastillas para tranquilizarnos o para entusiasmarnos. Tenemos el hábito social del uso del alcohol o de las drogas para cambiar nuestros estados de ánimo. Es crucial adquirir la destreza natural de desenfocar de nuestro cerebro límbico para enfocar en nuestros otros dos cerebros, el neocortical y el básico. Podemos evadirnos hablando demasiado o distanciándonos a través de las imágenes o deseos. O podemos escapar por medio de nuestro cerebro básico, simplemente moviendo nuestro cuerpo hacia otras circunstancias que nos afecten de una manera más agradable. Practica el ejercicio de enfoque y desenfoque incluido al final de este capítulo.

María estaba participando en un taller de tres días y gradualmente se estaba sintiendo frustrada conmigo. No lo expresaba, pero se mantenía distanciada hasta que finalmente me dijo que estaba muy afectada porque yo le estaba prestando mucha atención a Pedro. Le parecía que yo no estaba siendo imparcial y que Pedro era mi favorito. Por tres días se sintió muy frustrada ante mis atenciones con él. Se permitió dejarse afectar hasta que finalmente se dio cuenta de cómo un patrón de su pasado estaba influyendo en su percepción: había crecido en un orfanato y había llegado a pensar que todos, menos ella, habían recibido afecto. Como adulta, esta idea continuaba afectándola negativamente. Cuando aprendió sobre la inteligencia afectiva descubrió que podía conscientemente enfocarse en sentirse querida, que podía permitirse ser afectada por el amor que la rodeaba y que podía

154
pedir amor así como también amarse a sí misma en lugar de esperar que el amor se dirigiera hacia ella.

Es posible estar afectado demasiado profundamente. Ana era tan sensible al medio ambiente interno y externo, que sentía el dolor del mundo y sentía que realmente no quería vivir. Sus mensajes parentales fueron extremadamente contradictorios: la madre trataba de llevar una vida social superficial y el padre, un tosco y hosco chofer de camión, trataba de adaptarse a la sedentaria vida de su retiro. Él deseaba que su hija fuera tan dura y fuerte como él, pero la innata habilidad musical de ella la hacía más bien extremadamente sensible. Todo a su alrededor la afectaba y la llevaba cada vez más dentro de su ser interior. Claramente se dejaba afectar tanto que ponía en peligro su vida. Lo que finalmente la ayudó fue el reconocimiento y el aprecio de su propia sensibilidad y poder relacionar ésta con su habilidad y capacidad para ser afectada. Aprendió que sus emociones eran como su música, plenas de tonalidades y resonancias, así como también de disonancias, y que todo eso era normal. Más específicamente, aprendió a manejar la tristeza y la rabia (expuestas en el capítulo sobre la inteligencia de los estados de ánimo). Ahora es capaz de modular su inteligencia afectiva, disfrutando del mundo más que padeciéndolo.
LA PRÁCTICA DEL PROCESO DE SENTIR
En el proceso de sentir están involucradas varias etapas, no necesariamente en secuencia. Pueden ser descritas con más precisión como variaciones del proceso de sentir y pueden ser presentadas para tu orquestación, tal como se presenta un texto musical. Sin embargo, describir el proceso de sentir en un libro requiere presentarlo en un esquema línea por línea. Por favor incluye estas etapas en el desarrollo de tu proceso de sentir, de la manera que sea más apropiado para ti.

1. Concéntrate en tu abdomen y no en tu cabeza. El abdomen es el área en la que puedes expandir al máximo el cuerpo por medio del diafragma. Aprende a respirar profundamente, expandiendo y contrayendo. Inhalas y se expande; exhalas y se contrae. Esto relaja tu cuerpo y te permite bajar de las vibraciones rápidas tipo beta de tu neocorteza.

2. Para de hablar. Cuando quieras dejarte afectar profundamente tienes que dejar de hablar. Hablar te mantiene enfocado en la neocorteza. Para evitarlo, enfócate en tu reacción emocional ante cualquier cosa

155
que tengas cerca. Si sigues analizando, pensando o imaginando, no te permitirás el acceso a las vibraciones de tu cerebro límbico.

3. Para comenzar a sentir tienes que dejarte afectar por algo y ese algo puede venir de tu medio ambiente interno o externo. Pueden ser pensamientos, imágenes o intuiciones de tu neocorteza, sensaciones de tu cuerpo, o vibraciones emocionales que están teniendo lugar en ti, o puede proceder del medio que te rodea -personas, objetos o ideas que veas u oigas.

4. Enfócate en lo que quieres sentir. Selecciona de tu medio ambiente interno o externo aquello por lo que quieres dejarte afectar. Si tratas de dejarte afectar por todo, sin seleccionar, no te volverás más consciente sino solamente más fatigado. Es realmente difícil darse cuenta de todo aquello a lo que tu sistema mente-cuerpo está expuesto, o imaginar todo lo que está continuamente impactándote, hasta que conscientemente comienzas a permitirte sentirlo. Si no lo haces, producirá una reacción obvia como fatiga, estrés generalizado o una señal específica de dolor. Trata de ser sensible a tu sistema y selecciona aquello por lo que quieres dejarte afectar: haz de tu mundo un cielo, no un infierno.

5. Cambia de una energía activa a una energía receptiva. Este cambio de activo a receptivo, se ilustra muy bien en los movimientos de las artes marciales. No es un cambio obvio, sino muy sutil. Una prueba del logro de este cambio de activo a receptivo está en cuán relajado te sientas, ya que para relajarse usualmente uno tiene que dejar de hacer lo que haya estado haciendo. Para cambiar de tu energía activa a sentir, tienes que aflojar: no te enfoques en nada, sólo ábrete a recibir. El proceso es similar al de una conversación telefónica: hablas activamente, luego haces una pausa para escuchar y recibir lo que el otro te dice. De esta misma manera te desplazas de la energía activa a la receptiva: primero te enfocas activamente y luego esperas para recibir.

6. Recibe y déjate «afectar por». Siente lo que está pasando dentro de ti. Siente tu estado de ánimo. Evita las etiquetas. Sigue recibiendo hasta que vislumbres algo, o surja una información, o continúa recibiendo sólo para disfrutar el estado de ánimo. Esto significa quedarse con el movimiento de las emociones.

7. Para mantenerte dentro de la emoción, concéntrate en tu abdomen y respira profundamente.

8. Para profundizar más o extender la emoción, usa un segundo proceso. Al encontrarte con tu primer sentir pregúntate: este sentimiento ¿cómo me hace sentir acerca de mí mismo? Por ejemplo, me sentía triste y

156
ahora ésta tristeza me está haciendo sentir... Así puedes continuar en un proceso de sentir aún más profundo y te darás cuenta de que hay nueva información, que no estaba suficientemente clara como para poder ser alcanzada la primera vez que viviste la experiencia.

9. Cuando la experiencia sea de sentimientos agradables como la relajación, el placer o el amor, utiliza tu poder de enfocar para amplificar ese sentir por todo el cuerpo. Quédate en el sentimiento y luego mueve tu foco muy suavemente hacia cada una de las partes de tu cuerpo, esparciendo y disfrutando el sentimiento.

10. Si el sentir es desagradable, como la venganza, los celos, la rabia, la tristeza, la depresión, la culpa, la preocupación o el miedo, mantente suficientemente consciente para sacar la información que ellos te aportan, pero ten cuidado de no llegar a conclusiones con tu neocorteza o de actuar basándote en estas conclusiones. Confía en que hay muchas realidades en tu vida, y si un sentimiento desagradable te sorprende y no quieres explorarlo o manejarlo en ese momento, salte de él hasta que dispongas de tiempo para manejar esa información desagradable. Recuerda, la forma de salir consiste en enfocarte en cualquier realidad agradable de tu vida, ya sea por medio de sentir otra cosa, o de pensar, imaginar o actuar en algo diferente.

Puedes comenzar la práctica del sentir, ya sea enfocándote en tu vida presente o también recordando situaciones del pasado. Cuando estás pensando o actuando y desees ir más lentamente hacia las emociones, resulta más fácil comenzar sintiendo las sensaciones de tu cuerpo. ¿Dónde siento algo: en mi rodilla, en mi brazo? Concéntrate en diferentes áreas de tu cuerpo para recibir todas las sensaciones que están sucediéndose. Si hay señales de dolor, tómate el tiempo de detenerte y relajarte, y respirar por el abdomen. A medida que vas sintiendo, sé delicado y apreciativo contigo mismo. Después, muy lentamente, cubre y masajea el área dolorosa con el calor de tus manos. También es posible comenzar a sentir preguntándote qué sientes frente a tus pensamientos o frente a situaciones en las cuales estás involucrado en el presente. Pregúntate:

¿Qué estoy sintiendo?

Esta situación en que me encuentro me hace sentir. Estoy sintiendo.

Y este sentimiento me hace sentir.

157
Disfruta las imágenes, vistazos o presentimientos que recibes. Disfruta quedarte en lo que estás sintiendo.

Cuando quieras recordar una situación del pasado para poder revivirla emocionalmente, visualiza la situación, engrandécela en la pantalla de tu mente, permítele que te rodee y déjala que te afecte. Puedes regresar también a situaciones desagradables cuando desees nueva información o quieras tomar una decisión nueva y mejor. También puedes reciclar todos los momentos de amor o éxito que están registrados en tu memoria a largo plazo. Como pudiste observar en la inteligencia visual, tienes en tu mente una pantalla de cine o de televisión siempre a tu disposición. Simplemente visualiza de nuevo la situación y pasa a través de las etapas o variaciones del proceso afectivo descritas arriba.
LAS LÁGRIMAS COMO UN LENGUAJE DEL CEREBRO LÍMBICO
A menudo lloramos cuando estamos profundamente afectados sea por la tristeza o por la belleza. En la medida que estemos profundamente afectados, todos nuestros órganos se afectan y nuestras glándulas lagrimales también, produciendo la señal visible que conocemos como lágrimas. Las lágrimas muestran que estamos muy conmovidos. Recibimos, dejamos entrar y somos sensibles. A medida que esto se registra en nuestro cerebro límbico a través de nuestro sistema nervioso autónomo, nuestros órganos se relajan, nuestras glándulas lagrimales se relajan y expanden, y sale agua de nuestros ojos.

Las lágrimas son un lenguaje del cerebro límbico. No deben ser coartadas. Llegaremos algún día a honrarlas en público como una señal de sensibilidad humana. Al menos necesitamos revisar nuestro concepto del llanto, desde considerarlo como señal de debilidad hasta considerarlo como señal de sensibilidad o de inteligencia emocional. Hemos identificado las lágrimas con tristeza y heridas, funerales y debilidades. No siempre es así; una sinfonía, un atardecer, un acto de compasión también pueden conmovernos hasta las lágrimas.

Cuando aprendemos a no llorar, nos estamos enseñando a constreñirnos. Estamos manteniendo tensos los órganos de nuestro cuerpo y enseñándolos a no relajarse ni expandirse. A los hombres se les enseña que el llanto es señal de debilidad. Tal vez sea ésta una razón por la que más hombres que mujeres sufren infartos. Todos hemos tenido la experiencia de darle paso a las lágrimas y sentir que todo nuestro cuerpo se relaja después de un buen llanto. ¿Por qué entonces no aceptamos el llanto? Quizás porque no aceptamos la sensibilidad

158
o la afectividad. Ciertamente no hemos tenido un proceso afectivo que incluya las lágrimas como una señal de sensibilidad. Tal vez pensamos que algunas personas nacen sensibles en vez de creer que así como necesitamos un proceso para volvernos racionales, también necesitamos un proceso para volvernos sensibles. Las lágrimas forman parte del proceso de dejarse afectar. No puede haber una inteligencia afectiva que no permita la relajación a través de las lágrimas.


LA SEGURIDAD
Sin el cerebro emocional no habría protección para la neocorteza ni para el cerebro básico: los dos corren rampantes, pensando activamente, imaginando y actuando, prestándole poca o ninguna atención a nuestros sentimientos. Esta es una descripción general de nuestro mundo actual: pensamos grandes ideas, tenemos visiones, hacemos presupuestos y construimos ciudades para un mundo que nunca ha vivido el cerebro emocional. Seguimos adelante con nuestras ideas y acciones; tratando desesperadamente de verificar y controlar nuestros pensamientos y acciones, tratando de relacionarlos con estándares o límites pero sin darnos cuenta de que estamos ignorando nuestro recurso más profundo: la capacidad humanizadora, sensitiva y cálida de nuestro cerebro límbico. El cerebro del corazón y de las entrañas, nos hace internalizar y reflejar las dimensiones humanas de la vida. Sin sentir, no podemos tener acceso a esta información y sin esta información, no podemos estar a salvo.

La frase «que la paz empiece conmigo» sólo será posible si podemos aprender a acercarnos a la vida con los sentimientos. A menos que yo sea capaz de ver cómo me hago daño y cómo uso la violencia conmigo mismo, ¿cómo voy a ser capaz de moverme en una forma pacífica con los demás? Si no detecto cómo me ignoro y me hago daño, ¿seré capaz de detectar cómo ignoro, hago daño o hasta soy violento con los demás? Es obvio que puedo ser violento con un arma en la mano pero, ¿cuáles fueron los pasos que me llevaron hasta la violencia? ¿Me fui apartando de ti primero con mis pensamientos? ¿Te fui categorizando, juzgándote equivocadamente, imaginándote poco a poco diferente a mí? ¿En qué momento rehusé dejarme afectar por ti? Tenemos que recuperar nuestra facultad de sentir, nuestra capacidad para dejarnos afectar por la cotidianidad. El cerebro límbico es tan necesario para nuestra salud personal como lo es para mejorar la calidad de vida.

Usualmente, antes de que el mundo nos aniquile, somos muy efectivos matándonos a nosotros mismos. Los constantes bloqueos de nuestros

159
sentimientos a lo largo del tiempo se convierten en adormecimiento, aburrimiento, acusaciones y finalmente abandonos. Con la decisión consciente de permitirnos ser afectados, podemos empezar a detectar ese proceso de entropía y darnos la libertad y el tiempo de sentir y de aprender a leer nuestros sentimientos tal como nos concedemos tiempo para leer un libro.

Podemos comenzar a tomar decisiones que nos van a permitir movernos con mayor seguridad, poder y sensibilidad en el mundo. A medida que nos dejamos afectar y desarrollamos empatía por nuestra propia vida, el pathos de toda vida, se vuelve evidente y más aceptable. Puesto que ya no necesitaremos seguir evitándonos a nosotros mismos, podemos permitirnos ser afectados por los caminos y elecciones de los demás. Podemos acompañarlos, algunas veces con empatía, otras con compasión. La empatía y la compasión son los frutos de la inteligencia afectiva. La conclusión es la finalidad del proceso racional, mientras que la empatía es la finalidad de este proceso afectivo. Sin embargo, la empatía no se logra secuencialmente como el pensamiento racional, sino más bien a través de este proceso siempre abierto, profundo y cuidadosamente modulado de dejarse afectar, integrando la información del sentimiento y entrando una vez más en el proceso de ser afectado.

Al desarrollar los procesos de «dejarnos afectar» y «quedarnos con», seremos capaces de energizar nuestro cuerpo, motivarnos, desarrollar empatía y compasión, profundizar el amor por nosotros mismos y por los demás. Si has permitido que la vida se vuelva aburrida e impersonal o si te has cerrado al amor, podrás recobrarte y recuperarte, incrementando el uso de la inteligencia afectiva. Dejarnos afectar por una sinfonía, por un gesto; dejarnos rodear y afectar por una flor; sentir dolor cuando un amigo está herido; sentirnos afectados por un problema nacional; todo esto implica estar asidos, energizados y conectados con el resto de la vida.

1   ...   7   8   9   10   11   12   13   14   ...   27


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal