Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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QUINTO PASO: DESENFOCARTE DE LAS EMOCIONES
Salirse de un estado de ánimo o sentimiento es frecuentemente una gran dificultad. Mientras creamos que hay sólo una realidad, entonces fácilmente

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seremos capaces de caer en una trampa, nosotros y nuestra personalidad total, quedando a merced de un estado de ánimo y de una sola realidad. Estoy bravo y ésta es mi verdad. Sin embargo, es sólo una de mis verdades, una de mis realidades dentro de la que yo me he enfocado profundamente y de la cual me niego a salir. Nuestro disgusto o nuestra alegría se siente como si fuéramos NOSOTROS MISMOS. Nos llena hasta que se siente como nuestra integridad y NUESTRA VERDAD. Al convertirse en nuestro ORGULLO, por supuesto que nos quedamos atascados en el sentimiento.

No podemos llegar a ser emocionalmente inteligentes a menos que tengamos ambas habilidades, la habilidad para enfocarnos en una emoción y la igualmente importante habilidad para desenfocarnos o desplazarnos de ella. Por la naturaleza misma de las emociones, ellas se esparcen dentro de nosotros y nos colman. Las emociones pueden llegar a ser intensas. No tienen límites y por ello fácilmente podemos quedar atrapados dentro de ellas. Es difícil recordar la posibilidad del desenfoque de las emociones, porque nos involucramos de tal forma que sentimos como si nuestra emoción fuera la única realidad. Es más fácil desplazarse fuera del pensar, imaginar o intuir porque no nos llenan ni nos permean como lo hacen las emociones.

La naturaleza del sentir implica involucrarse y dejarse envolver, y por lo tanto hay una tendencia a que nuestro orgullo se enganche fácilmente al insistir en una sola realidad, aquélla que estamos sintiendo en ese momento. Necesitamos creer anticipadamente en la existencia de múltiples realidades para ayudarnos a desenfocar de una emoción. La práctica del desenfoque de las emociones y del enfoque sobre otro sistema cerebral se vuelve más fácil y más real, cuando nuestro sistema de creencias incluye la existencia de realidades múltiples.

No hay necesidad de ser víctimas de nuestras emociones. Podemos aprender a enfocarnos en ellas y a desenfocarnos cuando sea apropiado. Podemos gobernar conscientemente nuestro cerebro límbico.

NOTAS
1. Candace Pert, entrevistada por Bill Moyers, Healing and the Mind, New York, Doubleday, 1993, pp. 186-187.
2. Stanley Keleman, Emotional Anatomy, Berkeley, Center Press, 1985, p. XI.

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CAPÍTULO 8


A TRAVÉS DEL TERRITORIO LÍMBICO
LA DIAGRAMACIÓN DEL PROCESO EMOCIONAL
Nuestro cerebro límbico ha funcionado dentro de nosotros toda nuestra vida. A medida que nos vamos haciendo conscientes de nuestros sentimientos, también experimentamos una gran incertidumbre ante el dilema de cómo vivir con ellos y ser aceptados socialmente. Viviendo y explorando el territorio de las emociones, la mayoría de nosotros ha tenido experiencias dolorosas que nos hicieron tomar la decisión de limitar nuestra vida emocional. «No voy a amar nunca más; es demasiado doloroso». «Él nunca me amó realmente». «No vale la pena ponerse bravo». «Aun cuando me siento feliz, la gente se pone celosa». «La vida es deprimente; parece inevitable sufrir mucho».

Creo que lo que nos ha confundido a todos es el hecho de no disponer de una orientación, así como la inseguridad que acompaña la exploración de lo desconocido, especialmente de un territorio tan marcado por conflictos, sexualidad, tabúes y heridas familiares.

¿Qué es el proceso emocional? ¿Podemos saber de antemano cómo llegamos a involucrarnos? ¿Somos siempre vulnerables? ¿Somos sensibles a todo? ¿Qué nos hace sentirnos felices, tristes o disgustados? ¿Son todavía las emociones un misterio por resolver?

Está claro que las emociones son nuestras vibraciones internas y como tales, son únicas para cada individuo. Pero igual ocurre con el proceso del pensamiento, el proceso visual y todos los otros procesos que vibran dentro de los confines de nuestros sistemas cerebrales. Nuestra unicidad está en cómo manejamos los procesos, sin impedirnos identificar elementos del proceso. Ciertamente, al elaborar procesos mentales, emocionales y comportamentales, los hacemos más fácilmente accesibles, y creo que estimulamos y apresuramos la evolución de la humanidad. La elaboración del proceso racional ha contribuído a los avances científicos. Esperemos que la elaboración de nuestro proceso emocional contribuya a nuestro avance humanístico.

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Este mapa es un intento para trazar una ruta a través del territorio límbico; puedes usarlo para volver a terreno seguro cuando te sientas en peligro o experimentes algún daño. Hay una vía principal y claras indicaciones de los caminos adyacentes para ayudarte a saber por dónde estás viajando y, a la vez, tener alguna indicación de lo que encontrarás más adelante si continúas en la misma dirección.
Fig. 6. El territorio de las emociones.
*Remitirse al original para acceder a la figura.*
INVOLUCRÁNDOSE: LA ACEPTACIÓN
Las emociones fuertes parecen sorprendernos. ¿Cómo puedo estar tan bravo? ¿Por qué estoy tan entusiasmado? ¿Cómo llegué a involucrarme tanto? Existe un proceso por medio del cual podemos representar gráficamente nuestro involucramiento emocional. Nos involucramos primeramente al aceptar la existencia de algo: la presencia de una persona, el sonido de la música, el ocaso del sol, un requerimiento de la pareja o la tristeza de nuestro hijo. Muy a menudo pasamos por encima de estos eventos diarios y de las personas en nuestras vidas, con la esperanza de que no nos molesten. Si continuamos haciendo esto, podemos evitar involucrarnos de una manera consciente. Sin embargo, aunque neguemos la existencia de personas y eventos significativos,

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éstos tendrán algún efecto sobre nosotros. Más particularmente, absorberán nuestra energía sin estar nosotros conscientes de ello; diremos que estamos fastidiados o cansados.

Si deseamos hacernos conscientes de nuestro proceso emocional, debemos comenzar aceptando la existencia de otras personas, objetos o situaciones. Luego nos permitiremos conscientemente ser afectados, quizás poco a poco, o quizás todo de un golpe. Podemos seleccionar un sólo aspecto de la situación, o podemos dejar que toda ella nos bombardee. Para dejarnos afectar, necesitamos ir más despacio, parar nuestro proceso rápido de pensamiento, y prepararnos a ser afectados. Necesitamos cambiar nuestra energía de activa a receptiva. Si deseo dejarme afectar por mi familia cuando llego al hogar en la noche, debo ir bajando el ritmo durante el camino a casa. Cuando ponga mi mano en la manilla de la puerta de entrada, debo conscientemente invitarme a ser afectado y desplazarme a un rango más lento de vibración de mi energía, que me permitirá sentir.
El enganche: querer y desear
Una vez que estamos afectados, queremos más de la persona, objeto o situación o queremos solucionar, resolver o escaparnos de la persona, objeto o situación. La cuestión es que al aparecer el deseo, ya estamos involucrados. Al querer hacer algo con aquello por lo que nos hemos dejado afectar, ya nuestro cerebro límbico está enganchado. Querer y desear constituyen la vibración de este sistema cerebral. Una vez estimulado, solamente alcanzando por lo menos algo de lo que deseamos, nos traerá satisfacción.

El hecho de que tengamos el poder de satisfacer nuestros deseos, producirá o coloreará la resultante gama de emociones. Por lo tanto, yo identifico las emociones en términos de poder personal: si podemos o no obtener lo que queremos. Por supuesto que las emociones varían en tono, en profundidad y en intensidad de vibraciones y cada emoción comunica una información extremadamente sutil. Cuando describo el proceso emocional en términos de poder personal, no pretendo disminuir la gran variedad de emociones; por el contrario, deseo que captes la importancia de las emociones en tu vida y te permitas sentirte seguro de sacar las emociones de envolturas engañosas y experimentarlas en todas sus variaciones. Quizás desees seguir el diagrama del mapa a medida que continuamos desenmarañando el proceso emocional.

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La satisfacción del deseo: calidez y expansión
Digamos que queremos ganar un juego, solucionar un problema, escuchar a nuestro hijo, o acercarnos a alguien que amamos. Mientras más capaces seamos de satisfacer nuestro deseo, más experimentaremos en nuestro cuerpo una reacción física de calidez y expansión. Nos sentimos bien, y ese sentimiento nos da calor y nos expande, proporcionándonos un sentido de bienestar.
De la expansión a la motivación
Mientras más deseemos y mientras más expandidos lleguemos a estar al satisfacer nuestro deseo, lograremos estar más motivados. Queremos hacerlo más, mejor, de una manera más profunda, hacerlo de nuevo. Ciertamente nos motivamos a ganar otros juegos, solucionar más problemas, escuchar con mayor cuidado a nuestro hijo, acercarnos más aún a la persona querida. Queremos, nos satisfacemos, nos expandimos, y esta expansión conduce el proceso emocional hacia la motivación. La inteligencia afectiva comenzó el proceso; ahora nos movemos hacia la inteligencia motivacional.
De la motivación al «yo puedo»
Mientras más nos motivamos, más nos movemos a tener logros una y otra vez hasta que sintamos cada vez más hondamente, el YO PUEDO. Mi querer y mi poder se funden en uno.
Del «yo puedo» a la fortaleza, la satisfacción y el orgullo
Al darme cuenta de que yo puedo, de que estoy satisfaciendo mi deseo, me siento fuerte en ese campo y emerge en mí un sentimiento de satisfacción. Ser capaces nos hace sentir satisfechos y bien con nosotros mismos. También podemos sentirnos orgullosos porque fuimos capaces: queríamos algo, nos movimos para satisfacer ese deseo, nos hicimos fuertes, y nos sentimos orgullosos. Muchos de nosotros hemos experimentado esto en nuestro trabajo, con nuestras familias o con nuestros seres queridos; es un sentimiento tremendamente saludable de bienestar. Algunas veces lo consideramos como «un trabajo bien hecho» otras, simplemente nos sentimos bien. El orgullo ha tenido a menudo una connotación negativa, porque a veces en vez de simplemente sentirnos orgullosos dentro de nosotros mismos, lo que hacemos

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es buscar compararnos con otros, concluyendo que somos los únicos que pueden y que otros no pueden.


Hacia el gozo, la felicidad y la alegría
Los sentimientos de fortaleza, orgullo y satisfacción llevan hacia unos sentimientos más expansivos, los de estar contento y sentirse feliz. La felicidad es una emoción que todos deseamos sentir, pero es importante destacar que no cae del cielo. La felicidad está relacionada con el sentimiento de satisfacción, y la satisfacción está relacionada con algo que deseamos. La alegría es la expansión de la felicidad hacia un sentimiento más extático, una vibración delicada relacionada con la felicidad y el gozo. La escala de las emociones se amplifica y diversifica. Dependerá de nosotros concentrarnos en el sentimiento, permitirnos dejarnos afectar más profundamente por la felicidad o la alegría, y estar dispuestos a proteger la forma como seremos afectados, al rechazar conscientemente la entrada de la duda y la distracción. Mantener la nota musical y dejar que se expanda a través de nuestro cuerpo-ser es ciertamente apreciar a la emoción en su mejor forma.
Hacia el amor
Cuando estamos contentos, felices y alegres, estamos preparados para sentir amor. Es como si estuviésemos utilizando lentes de color rosa. No solo yo puedo, sino que tú puedes, ellos pueden, y todos podemos. Éste es el estado inicial del amor. A pesar de nuestros intentos de bombardear con nuestras dudas y dificultades a unos nuevos amantes, ellos están seguros de poder satisfacer sus deseos, y continúan estando motivados, fuertes y alegres. Ellos expresan alegría, y todo su ser comunica alegría. Es fácil detectar cuando alguien está sintiendo amor y es amado. Es fácil comprender por qué todas las grandes filosofías y religiones predican el amor. Es importante, sin embargo, darse cuenta de que el amor no surge de la nada.

Estás de buen humor, sintiendo cierta satisfacción contigo mismo cuando «miras a través del salón repleto de personas» y encuentras al otro. Estás dispuesto a desear, querer y moverte para acercarte aún más. Percibes un trabajo o idea que te atrae, y estás dispuesto a desear y querer. Te acercas hasta que te enamoras del trabajo, idea o persona. El amor es un sentimiento y ciertamente el más expansivo y poderoso de todos los sentimientos. Yo puedo; tú puedes; todos podemos. El amor es importante

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para nosotros como individuos, es importante para el mundo. ¿Podremos aprender el proceso?

Hasta ahora hemos seguido la vía principal desde la aceptación hasta el amor. Es importante conocer esta vía y practicar quedarse en ella. Cuando te desvíes del camino, recuerda que hay señales que te indican cómo regresar. Concéntrate en lo posible, satisface un deseo, muévete, busca algún «yo puedo», y estarás tomando el camino de regreso a la vía principal. Enfócate en algo de tu vida que te haga sentir orgulloso o por lo menos contento y amplifica estos sentimientos; todos te llevarán al más expansivo de los sentimientos, el del amor.


LAS VÍAS ALTERNAS
Pero espera un momento: todos alguna vez nos hemos desviado del camino, nos han sacado, o hemos sido incapaces de encontrar la vía de retorno hacia la felicidad y el amor. Las emociones constituyen todos los sonidos de la orquesta. Ninguno de nosotros ha sido capaz de mantenerse perpetuamente satisfecho, feliz y enamorado. La mayoría hemos tratado de limitar nuestros deseos para no sentirnos tan insatisfechos. Algunos hemos eludido todos los deseos o por lo menos hemos evitado admitir que los tenemos, buscando refugio en el cerebro neocortical del pensamiento y la espiritualidad o en el cerebro básico del trabajo y la acción. ¿Qué proceso ocurre cuando no podemos encontrar ninguna vía para satisfacer nuestro deseo? ¿Qué sucede cuando nuestro deseo está siendo obstruido por los deseos de otros o por los eventos de nuestra vida cotidiana?

Cuando somos incapaces de satisfacer nuestros deseos, cuando queremos fuertemente pero nuestro poder para lograr lo que queremos está bloqueado, respondemos por medio de un proceso de pérdida o por un proceso de lucha. Abandonamos nuestro poder o luchamos por recuperarlo. Ambos procesos son difíciles de manejar.


El proceso de pérdida
Perdemos energía cuando creemos o sentimos que no podemos o hemos intentado y fallado en satisfacer nuestro deseo. La energía expandida del deseo se contrae, y comenzamos a sentirnos bajos de energía, fastidiados, cansados o tristes.

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Fastidiado. A medida que te haces consciente de sentirte fastidiado, pregúntate ¿qué fue lo último en lo cual estuviste interesado? o ¿en qué estás realmente interesado? En algún momento abandonaste esa búsqueda.

Cansado. Cuando te sientas cansado, date cuenta de aquéllo en lo que estabas activamente involucrado. ¿Cuándo comenzaste a sentirte cansado? ¿Qué estaba ocurriendo que no quisiste entrar en la situación o mantenerte en ella? ¿En qué momento decidiste o sentiste que no podías?

Triste y deprimido. El sentimiento de tristeza es el nivel más profundo del sentimiento de pérdida. Ten presente que puede haber una pérdida real y genuina. Si has llegado al nivel de menor energía, el de la depresión, date cuenta de que has estado triste mucho tiempo y has tenido reiteradas pérdidas. Acepta tu respuesta emocional y comienza a identificar las pérdidas, conoce el territorio. Date cuenta de que tu proceso emocional involucra una respuesta inteligente ante las personas o eventos de tu mundo. No culpes al mundo o concluyas que no podrás sentirte bien de nuevo. Busca la información y utilízala para responder a tu vida y para recuperar energía y estamina, dirígete de nuevo hacia la ruta principal cuando te sea posible. Lee el capítulo sobre la inteligencia de los estados de ánimo para responder a la tristeza y sanarla.


El proceso de lucha
Podemos tener una respuesta activa cuando nuestro poder está siendo bloqueado; podemos luchar. Primero surgen los sentimientos de frustración: estamos conscientes de lo que queremos y al mismo tiempo, de que no podemos alcanzarlo. Muy a menudo, dirigimos nuestros sentimientos de frustración a culpar a los demás. Estamos tratando, pero ellos no nos lo permiten; estamos haciendo lo mejor posible y ellos no cooperan, o peor aún, están contra nosotros porque están dedicados a impedir que lo logremos. Si esto continúa, podemos desplazarnos desde enfocarnos en que el otro es el causante de nuestra circunstancia hasta llegar a una paranoia claramente desarrollada.

Rabia. A medida que la frustración se intensifica se convierte en rabia. Ahora estamos comprometidos en la lucha. La rabia es las dos cosas: «yo puedo» y «yo no puedo». Es la angustia, la mezcla de pensar y sentir de que sí podemos y, a medida que experimentamos rechazo, pensar y sentir a la vez que no podemos. Si hubiéramos decidido que no podíamos, habríamos caído en la tristeza. Esta lucha positiva por la vida es la que nos da el fenómeno de la rabia. La rabia es realmente una señal de vida porque por lo

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menos estamos luchando por alcanzar lo que queremos, en vez de rendirnos. Sin embargo, mientras más obstruidos nos encontremos, más rabiosos nos ponemos. La dinámica entre el yo puedo y el yo no puedo continúa hasta resolver algo. Necesitamos entrenarnos en no descargar nuestra rabia sobre otros, sino a aprender a ser dueños de nuestra rabia como una expresión de nuestro deseo y aprender cómo manejarla de forma pacífica para no dañar a los demás. No niegues la rabia; aprende a manejarla con la inteligencia de los estados de ánimo.

Los celos. Si no puedes manejar o sanar tu rabia, ésta puede extenderse hacia los celos y la envidia, dos sentimientos que realmente son iguales que la rabia, sólo que se enfocan directamente sobre una persona. Yo puedo tener lo que ella tiene, o es que realmente no puedo, pero quizás si puedo... Así continúa la lucha.

El odio. La rabia constituye la base del odio. El odio es fundamentalmente «yo puedo, pero no puedo lidiar contigo, y por lo tanto te voy a aislar. Voy a ir a mi neocorteza a buscar las razones que hacen que no valga la pena asociarse contigo». De esa forma yo disfrazo mi «yo no puedo» y me satisfago al rechazarte. Mi conclusión es que te odio y por lo tanto no necesito relacionarme contigo. Detrás de todo odio, no importa cuántas razones o justificaciones se ofrezcan, existe un viejo sentimiento de rabia que la persona o grupo o país no desea manejar o no sabe cómo hacerlo.

La violencia. «Yo puedo, y no puedo lidiar contigo, así que me aseguraré de que tú tampoco puedas». De nuevo es la misma rabia que la persona, grupo o país ha sido incapaz o no estaba dispuesto a manejar. Esta vez la rabia se dirige hacia el cerebro básico de la acción y explota en una expresión física de violencia. Puede estar acompañada por las ya pensadas y elaboradas justificaciones denominadas odio, o puede ser una expresión directa e inmediata de rabia-convertida-en-violencia.

Lo más importante de reconocer acerca de estas vías alternas, es que ellas comienzan con un deseo, que puede haber inclusive alcanzado el nivel del amor. Si estamos afectados por algo, aún en sus primeras etapas, lo deseamos y lo queremos. Pero si el amor es bloqueado, el proceso emocional nos puede llevar directamente hacia la tristeza y la depresión o hacia la frustración, rabia, celos, odio y violencia. Una implicación práctica del hecho de reconocer que el amor y el deseo están ocultos bajo la violencia, es la necesidad que existe no sólo de proveer un refugio temporal a una mujer abusada, sino también de proveer a ambos, mujeres y hombres, de una educación sobre el amor y la rabia que están determinando su violencia. Lo que se necesita no es

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precisamente un castigo, sino más bien una educación sobre la rabia. En los Estados Unidos, casi por un año se enfocó la atención sobre O.J. Simpson, aguantando la respiración mientras se esperaba el dictamen final de culpabilidad o inocencia; algunos esperaban el castigo; otros, se alegraron por su absolución. ¿No se nos habrá escapado el meollo del asunto que está en que el amor puede convertirse en abuso físico y puede ciertamente terminar, de forma extrema, en el asesinato? ¿Podríamos tomar esa experiencia larga y prolongada y traducirla en una acción nacional en favor de una educación emocional? ¿En vez de clamar por justicia y castigo, no sería mejor clamar por la educación de una inteligencia emocional?

Si vamos a ser emocionalmente inteligentes, debemos hacernos conscientes del proceso emocional que lleva hasta el amor, o la pérdida de amor que cae en tristeza y depresión, o el amor bloqueado que se convierte en rabia, odio y violencia. Todas éstas son variaciones de la sinfonía emocional que están conectadas, y podemos aprender a escogerlas y hacerlas sonar de manera consciente, entrando en ellas y saliendo de ellas. Estoy segura de que existen descripciones de otros procesos emocionales y territorios emocionales. Bienvenidos sean todos ellos a medida que buscamos penetrar dentro de nuestro mundo interior emocional.

He descrito el proceso emocional solamente en relación con las respuestas más importantes al deseo: la respuesta de satisfacción que lleva al amor, la respuesta de pérdida que lleva a la tristeza, y la respuesta de lucha que lleva a la rabia. El amor es tratado de una manera más extensa en los capítulos sobre las tres inteligencias emocionales. La tristeza y la rabia están elaboradas en el capítulo de la inteligencia de los estados de ánimo. Existen muchas otras emociones que no están diagramadas en este territorio y que se describen en las escalas emocionales de la inteligencia de los estados de ánimo.

Faltan tres grandes emociones en este diagrama: la preocupación, el miedo y la culpa, que son consideradas usualmente como emociones, y ciertamente existe un sentimiento fácilmente distinguible de preocupación, otro de miedo y otro de culpa. Sin embargo, la preocupación, el miedo y la culpa parecen estar más relacionados con el proceso de la acción o más precisamente con nuestra inhabilidad para actuar. Forman parte de un proceso de ansiedad que ciertamente puede sentirse, pero que puede ser sanado principalmente yendo al proceso de la acción y a las inteligencias comportamentales del cerebro básico. Pasa al último capítulo e incluye el proceso de la ansiedad para lograr una mayor comprensión de su relación con las emociones y el comportamiento.

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CAPÍTULO 9


EL AMOR: LA INTELIGENCIA AFECTIVA
Quizás Madame de Stael estaba bien consciente de esta inteligencia afectiva al presentar a un grupo de amigos, en su villa al borde del Lago Leman, a su último joven amor. Al oír decir a uno de sus invitados que el joven parecía no tener mucha facilidad de palabra social, respondió enseguida: «Ah, la palabra no es su idioma».
Recuerdo los momentos apasionados de mi vida con gran emoción. Yo digo que amo la pasión. Pero, ¿cuánta pasión me atreveré a vivenciar? ¿Dónde puedo conseguirla? ¿La reservo para enamorarme o puedo apasionarme también frente a un plato de pasta? ¿Necesito tener un problema, un pleito o una discusión para provocarme y estimular la pasión en mí? o ¿puedo decidir conscientemente cuándo apasionarme? ¿Siento pasión con la gente, con ideas o solamente con mis tradiciones y mis valores? ¿Es bueno ser apasionado? o ¿es que las personas muy apasionadas son demasiado emocionales, demasiado desordenadas o inestables?

La inteligencia afectiva es la capacidad de dejarse afectar por una persona, idea, objeto, el arte, la música o cualquier otra situación. El proceso se extiende desde la atracción hasta la pasión e incluye la capacidad de iniciar y de terminar el involucramiento. Nosotros gobernamos la extensión, la intensidad y la duración del proceso afectivo. La inteligencia afectiva es el proceso de amar: permitirnos ser atraídos, afectados y luego profundamente afectados. Cuando dejamos de estar afectados por la grandeza del otro, dejamos de amar. Dejarse afectar por algo o alguien es sentir: sentir profundamente, sentirse conmovido, sentirse conectado, o simplemente «sentir» sin ninguna descripción. Sentimos, nos conmovemos profundamente, sin caracterizarlo más.

La gente se hace afectivamente inteligente por la manera de manejar su proceso de sentir, así como se hace inteligente racionalmente por la manera de manejar su proceso de pensamiento racional. En la inteligencia afectiva está implícita la capacidad para seleccionar aquello por lo que la persona se va a dejar afectar y hasta qué grado. Esta inteligencia implica el poder empezar conscientemente el proceso de sentir y conscientemente salirse de él. A pesar de que las personas afectivamente inteligentes pueden ser atraídas y enganchadas en una reacción inmediata de sentir, se dan cuenta que ésta es sólo una de sus muchas realidades, y son capaces de desplazar su enfoque y

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concentración hacia otra alternativa atractiva. Esta inteligencia ayuda a no ser víctimas de lo que, en la red externa de circunstancias llamamos la providencia, el destino, en el mundo occidental y maya o karma en el oriental.

La inteligencia afectiva es clave para la vida interna consciente en relación con el resto del mundo. Así como actuamos y pensamos en relación con el mundo, así también sentimos con respecto a él. Nacemos en un medio ambiente determinado y aprendemos a actuar en relación a él. Vamos a la escuela para aprender a pensar en relación con nuestro medio ambiente. Vamos a las iglesias y templos para aprender a relacionarnos con las ondas más finas de ese medio ambiente. Pero no hay un aprendizaje consciente sobre cómo sentir en relación a nuestro medio ambiente. Simplemente nos dejamos afectar por él y tratamos de controlar nuestras reacciones emocionales por medio de aquello que sabemos hacer muy bien: pensar, imaginar, e intuir en nuestra neocorteza o actuar con nuestro cerebro básico.

Pero, a pesar de todo, las vibraciones siguen sucediéndose en nuestro cerebro límbico, estemos o no conscientes de ellas. Desafortunadamente no nos hacemos conscientes hasta que ocurren eventos realmente perjudiciales que demandan nuestra atención: un divorcio, la pérdida de trabajo, un ataque cardíaco, o una enfermedad seria de uno de nuestros órganos digestivos internos. Si no estamos conscientes de nuestros sentimientos, las vibraciones de la contracción continuarán hacia la constricción hasta que esto provoque una reacción física de enfermedad o una reacción psicológica de crisis. Debido a nuestra falta de educación emocional desde nuestro nacimiento, terminamos buscando ayuda en la práctica privada de psicólogos o médicos. Ciertamente necesitamos solucionar las crisis y sanar las enfermedades cuando aparecen. Sin embargo, con el conocimiento sobre el cerebro límbico, ahora sabemos que una educación emocional formal desde nuestros primeros años, podría prevenir una gran parte de las crisis y enfermedades.

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