Las tres caras de la mente El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz



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Las tres caras de la mente
El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento
Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz

1a edición: abril 2008

1a reimpresión: marzo 2009

© Editorial Alfa, 2008


Reservados todos los derechos. Queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del Copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, incluidos la reprografía y el tratamiento informático.
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e-mail: contacto@editorial-alfa.com

www.editorial-alfa.com


ISBN: 978-980-354-223-8

Depósito legal: lf5042008150345


Diseño de colección

Ulises Milla Lacurcia


Diagramación

Rocío Jaimes

Corrección

José Delpino


Impresión

Editorial Melvin C.A.


Prínted in Venezuela

EDITORIAL ALFA



Las tres caras de la mente
El desarrollo de las inteligencias mentales, emocionales y del comportamiento
Elaine de Beauport con Aura Sofía Díaz

LISTA DE ILUSTRACIONES
Fig. 1. Axón y dendrita 36

Fig. 2. Las dos fases del proceso del pensamiento racional 48

Fig. 3. El cerebro límbico 108

Fig. 4. La visión y el cerebro límbico 114

Fig. 5. Diagrama simplificado del sistema nervioso autónomo 118

Fig. 6. El territorio de las emociones 138

Fig. 7. Relación del sistema límbico con el sistema inmunológico, el sistema endocrino y el sistema nervioso autónomo 167

Fig. 8. Una escala emocional 171

Fig. 9. Cuando tu poder está bloqueado 173

Fig. 10. Sistema aferente y eferente. Circuito piel-cerebro-acción 242

Fig. 11. Sistema reticular activador 245

Fig. 12. El aprendizaje y el comportamiento como una onda repetitiva de movimiento…. 249

Fig. 13. La onda básica 277

Fig. 14. El perfil de energía 290

Fig. 15. El zodíaco humano 336

LISTA DE EJERCICIOS
Para la inteligencia racional

De los planes a la acción 54

La matemática personal o la autoestima continua 55
Para la inteligencia asociativa

Construyendo significado 71

El pensamiento apreciativo 72
Para la inteligencia espacial

Desarrollando tu inteligencia espacial-visual 84

Previsualizar 87
Para la inteligencia intuitiva

La práctica diaria 101

La preparación consciente para la inteligencia intuitiva 102
Para las emociones

La meditación del sentir 127


Para la inteligencia afectiva

¿Dónde dejé mi energía? 159

El portero 160

Cielo o infierno 161

Enfoque y desenfoque: herramientas mentales para la conciencia 161
Para la inteligencia de los estados de ánimo

Las escalas de energía emocional 171

¿Cuál es el mensaje? 181

Sentir la tristeza y salirse de ella 181

Pensamiento de pérdida versus sentimiento de amor 184

De la tristeza al deseo 185

De la tristeza al reconocimiento o el entierro en el corazón 185

La defensa contra la rabia de otro 187

Cómo salirte de la rabia 188

Cómo expresar la rabia en privado 189

Expresar con la intención de negociar 190

Sanar la rabia 192


Para la inteligencia motivacional

Los fósforos 212


Para el cerebro básico

Interpretación de los sueños 273

La autoobservación 274
Para la inteligencia básica

El perfil de energía 289


Para la inteligencia de los patrones

Descubriendo tus patrones 305

En busca de patrones heredados 306

Desatar las raíces 308

Desarrollemos nuevos patrones 310
Para la inteligencia de los parámetros

Cambio de un comportamiento 332

Honrar la vida 338

TABLA DE CONTENIDO
Lista de ilustraciones 4

Lista de ejercicios 5

Agradecimientos 11

Prefacio 15

Introducción 21
Primera parte. La inteligencia mental: pensar, imaginar, intuir y el cerebro neocortical

Capítulo 1. Red de posibilidades 33

Capítulo 2. El cuidadoso proceso de la comprensión 45

Capítulo 3. Dar significado a tu mundo 57

Capítulo 4. Sintetizar las conexiones 73

Capítulo 5. El viaje a vibraciones finas de realidades cuánticas 91


Segunda parte. La inteligencia emocional: el deseo y el cerebro límbico

Capítulo 6. La exploración del cerebro límbico 107

Capítulo 7. Una nueva mirada a las emociones 121

Capítulo 8. A través del territorio límbico 137

Capítulo 9. El amor: la inteligencia afectiva 147

Capítulo 10. Las ondas altas y las ondas bajas 163

Capítulo 11. Enciende tu propio fuego 199

Capítulo 12. La inteligencia emocional y las aberturas de tu cuerpo 217


Tercera parte. La inteligencia del comportamiento: la existencia y el cerebro básico

Capítulo 13. Traspasemos el umbral del inconsciente 239

Capítulo 14. Características del comportamiento reptil 253

Capítulo 15. Los lenguajes del cerebro básico 265

Capítulo 16. Vivir con la vida 277

Capítulo 17. Viviendo tu herencia 299

Capítulo 18. Dar sustento a lo que amamos 323

Capítulo 19. La inteligencia del comportamiento y sus aperturas 347

Conclusión. Hacia la conciencia plena 361

Resumen de las diez inteligencias 381

Bibliografía 391

Este libro está dedicado a la presencia de la energía en toda vida.

Con la esperanza de que la energía se convierta en el lenguaje común que nos una y permita a cada uno de nosotros apreciar y orquestar nuestras diversas inteligencias a favor de la vida.

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AGRADECIMIENTOS


Antes que nada, quiero agradecer a mis dos hijos Patrície y Pierre de Beauport su continua compañía. Sin ellos no me hubiera inspirado a buscar los múltiples caminos del desarrollo humano reflejados en este libro. Estoy en deuda con ellos por su paciencia y sentido del humor durante esta larga exploración. Han enriquecido mi vida con su presencia y junto con sus familias espero tener nuevas aventuras.

Estoy especialmente en deuda con Paul MacLean por sus largos años de investigaciones científicas que me hicieron posible entender los diferentes procesos humanos en relación con su investigación al elaborar una estructura triuna del cerebro.

Mary Schmitt fue quien atrajo mi atención a la investigación de MacLean y dio respuesta a mis interminables cuestionamientos. Su amor por la vida y su conocimiento de la neurociencia me inspiraron el interés en el estudio del cerebro.

Otros grandes maestros me permitieron experimentar las diferentes capacidades humanas involucradas en este modelo de múltiples inteligencias:

Jacinto Validado, filósofo español, quien me ayudó a creer en el poder de mi mente.

Ross Hainline, terapeuta junguiano, quien me ofreció una guía cuidadosa para mi vida y me abrió al mundo de los sueños.

John Lilly, gran explorador de estados de conciencia, quien abrió el mundo más pequeño de mí misma.

Jean Houston, filósofa y comadrona del ser humano en las múltiples presencias del espíritu, me brindó su energía mítica, que me permitió experiencias claves en el desarrollo de mi vida y en el concepto del ser humano como energía.

Michaeleen Kimmey, cuya dedicación a los rangos emocionales me abrió la capacidad de encontrar el camino de sentir cuidadosamente en esta tierra y distinguir entre las vibraciones de pensar y las de sentir.

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Sue Bender, terapeuta gestalt y de análisis transaccional, quien me condujo a darme cuenta de las transacciones de la energía involucradas en mi propio comportamiento.

Dorothy Smith y Carmen de Barraza, quienes con su presencia dieron testimonio del rango intuitivo y psíquico.

Quiero enviar mi agradecimiento a aquellos que participaron en la creación de la Escuela Mead para el Desarrollo Humano, experiencia que me permitió observar muy de cerca las diversas capacidades de los niños, lo que me motivó, a su vez, en la búsqueda de una explicación más completa del desarrollo humano.

Quiero agradecer a los que apoyan la existencia del Smith College, un sitio para el aprendizaje tan importante en mi vida y a quienes me ayudaron personalmente, en especial Alien Burr Overstreet, Gwendolyn Cárter, Mary Mensel, Allison Cook y Helen Kirkpatrick Millbank.

Quiero agradecer a Catherine Ogilvy su apoyo para mis estudios doctorales en los que inicié las investigaciones para este libro.

Muchos otros fueron colaboradores en el desarrollo de cursos basados en la información presentada en este libro:

Jane Prettyman ofreció sus habilidades extraordinarias para escribir e ilustrar, así como su iniciativa y su perspectiva de la condición humana.

Sylviane Sans brindó su sensible y continua asistencia en los primeros talleres de Múltiples Inteligencias y Self Care, y su capacidad artística en la creación de las banderas y el material de apoyo que ilustra los tres sistemas cerebrales.

Gail Weissman y Carol Nicol por su visión y soporte durante los tres años en el Centro Médico Mount Sinai de Nueva York, que hicieron posible desarrollar muchos de los ejercicios y conceptos involucrados en este libro. También aprecio la insistencia de Annette Vallano en la creación del primer curso de Self Care y su asistencia en la enseñanza de los cursos en ese Centro Médico.

Althea Whyte por sus muchos años de dedicación para hacer cualquier cosa necesaria, desde grabaciones y mecanografía sin fin, hasta una selección sofisticada de música para mis talleres de trabajo.

Manuel y Beatriz Kohn por la bondad y apoyo sin límites que me ofrecieron en Nueva York.

Y los últimos, que también son los primeros: todos los que han estado conmigo en el estudio y la exploración de la energía y nuestros tres sistemas cerebrales. Ha sido la presencia y el amor de ustedes, quienes por tantos

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años han estado cerca y entusiastas de este trabajo, lo que me ha motivado continuamente.


En la preparación directa de este libro queremos expresar nuestro agradecimiento a las siguientes personas del Instituto Mead de Venezuela, quienes con su efectividad, decidida actitud y múltiples inteligencias puestas a favor de este proyecto, hicieron posible la aparición de esta versión corregida y aumentada, traducida al español:

María Eugenia Yanes por su asistencia invalorable en la traducción de este y otro material.

Luis Camejo por su enorme paciencia, su creatividad y talento artístico en la creación de las ilustraciones, su diagramación y su amor por este trabajo.

Cecilia Vicentini por su lectura, traducción, corrección y claros aportes.

Nora Ovelar por su continuo interés, su revisión del texto y su apoyo para que este libro llegara a ser realidad.

Gisela Díaz por su traducción y exactitud con las palabras.

María Auxiliadora Torrealba, Yrmgard Cosson y Esther Kaswan por su apoyo y revisión del texto.

Agradecemos especialmente a Cristina González por su conocimiento e interés en el tema, su amor por la palabra y su voluntad para dedicar horas preciosas a la edición final de este libro.

Las palabras no definen adecuadamente la participación de Aura Sofía Díaz en la realización de este libro. Ella fue el motor que lo hizo nacer. Su perspectiva y sus ideas, basadas en sus sentimientos y en su experiencia en el trabajo con seres humanos, así como sus muchos años de estudio de terapia individual y de familia con Virginia Satir, hicieron sus contribuciones invalorables. Me ayudó a aclarar y elaborar muchos conceptos que de otra forma hubieran quedado en la oscuridad. Es gracias a su capacidad de captar la visión total tanto como los detalles, es gracias a su sensibilidad a mis rebeliones esporádicas y también gracias a su amor por la humanidad que existe este libro. Estoy eternamente agradecida por su presencia y su colaboración.
Caracas, abril 2008.

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PREFACIO


Este libro, uno entre la media docena realmente importantes que he leído en mis cortos setenta años, podría ser una destacada obra de vanguardia, en los crecientes intentos de nuestra especie para hacerse consciente de sí misma. Con una destacada simplicidad y claridad, de Beauport abre ante nosotros un cofre de tesoros, pleno de insights sobre el trabajo de la mente, tal como han sido revelados a través de las investigaciones actuales realizadas sobre el cerebro-mente. El libro contiene unos ejercicios sencillos para convertir esa información en conocimiento transformativo propio de cada quien. Por trabajos de esta naturaleza (y estatura), vislumbro la posibilidad de que emerja nuestra sombra y se proyecte, en un profundo proceso evolutivo, la esencia mítico-religiosa, con todas sus guerras y terrores, y nos ubique en la entrada hacia la luz, hacia una plena conciencia de nosotros mismos y de nuestro propio poder. El verdadero final de nuestra niñez y la entrada a la madurez.

De lograrse, gran parte del crédito por este cambio recaería en la ciencia, y en su ausencia, en interpretaciones de autores tales como de Beauport y Díaz. A pesar de que la ciencia como actividad nos ha provisto de amplios medios para nuestra destrucción individual o global (medios que parecemos ansiosos de emplear al máximo), también nos ha proporcionado un conocimiento de nosotros mismos nunca antes a la disposición y, ciertamente, no con el nivel de generalidad con que lo interpreta este libro (del cual debemos aprender y al cual debemos utilizar para sobrevivir).

Muchos de los descubrimientos científicos permanecen fuera del dominio común debido a su complejidad y a la generalizada indecisión de los científicos para hacer declaraciones u observaciones filosóficas o «metafísicas» sobre sus propios trabajos. De Beauport llena esta brecha comunicacional con una cascada de brillantes observaciones, síntesis, y pautas funcionales para aplicación personal. Ella presenta estos hallazgos de forma tan clara y lógica como para satisfacer cualquier crítica académica, mientras que a la

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vez nos conduce e ilumina sobre asuntos no científicos tales como el espíritu humano.

Entre las investigaciones que contribuyen a este cambio evolutivo está aquélla dirigida al cerebro-mente; así como aquéllas sobre la dinámica corazón-cerebro (el corazón surgiendo como una inteligencia muy importante en nuestra experiencia), el desarrollo del niño, la energía «no-local» de la física cuántica, y su corolario, el descubrimiento de los «campos de inteligencia» no localizados, sobre los cuales nuestro cerebro dibuja para configurar nuestra experiencia vital. De Beauport es versada en estas disciplinas, con la excepción del novísimo, ampliamente desconocido y más extraordinario de todos los descubrimientos hasta la fecha, la dinámica corazón-cerebro (tal como es sintetizada plenamente por el The Institute of HeartMath*). Lo que me intriga, sin embargo, es que la autora esté verdaderamente familiarizada con la inteligencia del corazón en sí, por medio de su propia comprensión intuitiva y experiencia, aunque ella no la denomina ni la describa en un lenguaje tan directo y formal como lo hace The Institute of HeartMath.

Entonces, Las tres caras de la mente dibuja y elabora desde aquellas áreas de la investigación sobre el cerebro que abren nuevos panoramas acerca del entendimiento y potencial humanos. Entre las áreas más importantes de dicha investigación, yo enumeraría la teoría de Karl Pribram de que el cerebro funciona traduciendo desde un «reino de frecuencias que no está en el tiempo-espacio», un reino desde el cual es descifrada nuestra experiencia de un mundo de tiempo-espacio. De Beauport, habilidosamente, incorpora este «aspecto de la frecuencia» de la función cerebral a sus propias presentaciones creativas, al igual que incorpora otro aspecto relacionado, el de las energías no locales de la física cuántica. Igualmente importante para el trabajo de interpretación del cerebro es la teoría del «campo neural» de Gerald Eddleman, la cual explica cómo los «mapas sensoriales» del cerebro se desarrollan (información crítica para nuestra comprensión del desarrollo del niño). Por último, pero no menos importante, tenemos la «naturaleza triuna» del cerebro y el comportamiento, como el neurocientífico Paul MacLean la presenta en su vida y obra, que arroja tanta luz sobre el desarrollo del niño y la naturaleza humana en general como ningún otro trabajo contemporáneo. A la luz de

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su profunda importancia, el trabajo de MacLean me parece lastimosamente ignorado, así que somos afortunados por partida doble de que aquí, en Las tres caras de la mente, de Beauport entreteja brillantemente la riqueza de investigación de MacLean en una asombrosa trama psicológica, filosófica y espiritual, que nos ofrece no sólo una senda simple y poderosa para la auto-transformación, sino una oportunidad para crear un sistema educativo que verdaderamente guíe al niño a «adentrarse en el conocimiento», un conocimiento que podría transformar la sociedad.

Expresado escuetamente, estas fuerzas creativas que siempre hemos proyectado fuera de nosotros hacia nubes-musas, dioses-diosas, demonios-ángeles, sinos-destinos, consideradas históricamente como más allá de nuestro control, que no sea bajo la forma de súplica, sacrificio o adoración, están ahora siendo reveladas como de carne y hueso, formando parte de nuestro sistema genético de cerebro-mente-cuerpo, generadas desde adentro y a través de las imponentes complejidades de nuestro sistema mente-cerebro-corazón-cuerpo. Son claras las indicaciones de que estos poderes anteriormente proyectados son «internos» más que externos, lo que nos hace finalmente responsables de ellos y por ellos.

Esto no implica que al descubrir tales fuerzas «dentro» (no-localizadas sería un término más preciso), lleguemos a justificarlas o a lograr el control sobre ellas como tecnología. Nada de eso. «Ser responsable por», no significa «poseer» o «ser el creador de». Porque, mientras más descubrimos acerca del sistema cerebro-mente, más asombroso y misterioso se hace, particularmente cuando nos encontramos la no-localidad y sus «reinos de la frecuencia» en los cuales nuestra mente-cerebro dibuja y en los cuales el corazón juega el rol central. No quiero decir que estamos ganando o, aún más, que deberíamos ganar el «control» sobre estos procesos creativos. Pero, tal como este libro demuestra claramente, podemos, y por nuestra supervivencia debemos, aprender y desarrollar respuestas bastante más cooperativas frente a esos procesos «autónomos» de las que hemos tenido en nuestro pasado de sonambulismo, cuando los proyectábamos como entes y poderes externos.

Plantear que tal comprensión y utilización pueda comenzar en cualquier período de la vida, y traer cambios profundos a nuestra conciencia y comportamiento, es uno de los atractivos de este libro. Nuestras primitivas proyecciones-aplicaciones y/o esfuerzos por «dominar» la naturaleza nos han fallado igualmente. Mientras tanto, los medios para ganar un verdadero «dominio sobre el mundo» (una propuesta con dos milenios de gestación) están listos para aparecer en nuestras vidas personales.

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Las implicaciones de las investigaciones sobre el cerebro, particularmente aquellas que se centran sobre las emociones y el corazón, son radicales; sin embargo, representan un verdadero salto cuántico desde nuestras imágenes convencionales sobre el yo y el mundo. Una nueva imagen se está formando, aunque captada borrosamente por algunos miembros dispersos de la comunidad científica, la academia, o el público en general. Tal vez la magnitud de la separación entre el viejo y el nuevo paradigma explica también el resurgimiento fundamentalista que tiene lugar hoy en día, con sus claras polarizaciones, su inhabilidad para soportar la ambigüedad, sus anhelos por preceptos antiguos y certezas bien fundamentadas que nos relevan de responsabilidad -en efecto, constituyen un regreso a la niñez, porque nosotros instintivamente retrocedemos ante las incertidumbres de lo desconocido que trata de surgir-. Aún dentro de las ciencias, la escisión entre los viejos y nuevos paradigmas es un asunto de debates apasionados, mientras que dentro de la mayoría de las disciplinas no hay debate, ya que hay aún muy poca conciencia de lo que está implícito o de lo que está sucediendo.

Todo esto hace destacar la importancia del trabajo que aquí se presenta. No tengo manera de resumir o sugerir la riqueza de las diez inteligencias que presenta de Beauport, salvo diciendo que un lector conocedor no haría bien en pensar que su trabajo es apenas una extensión de «las múltiples inteligencias» de Howard Gardner (las cuales han resultado tan populares y tan distorsionadas). Las inteligencias que de Beauport explora surgen de su comprensión de la estructura triuna de nuestro cerebro-mente y de sus múltiples formas de interacción. Si estamos dispuestos a mirar, ella sostiene ante nosotros un espejo extraordinariamente preciso de nosotros mismos. Más positivamente, ella muestra, por medio de sus ejercicios, cómo podemos traer a nuestra conciencia, y así aprender a hacerle un seguimiento, a esas hasta ahora automáticas reacciones que nos han llevado a nuestra pesadumbre crónica. Tal como The Book of Common Prayer ha lamentado por siglos: «...habiendo hecho esas cosas que no hemos debido hacer y dejando de hacer aquellas cosas que hemos debido hacer... no hay salud (o totalidad) en nosotros». Precisamente por la naturaleza triple de nuestro cerebro, hemos sido una casa dividida contra sí misma. Las próximas páginas pueden traer orden a nuestra casa.

La riqueza de este libro ha sido, para mí, una aventura y un reto para la mente y el espíritu. Sólo la sección sobre «la inteligencia asociativa» por sí misma hace que valga la pena este libro, pero ésta no es sino una de sus muchas revelaciones igualmente gratificantes. Este no es un libro para ser

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leído como hipótesis entretenida de «los potenciales humanos» ni sólo como información, sino para ser vivido, contemplado, trabajado, aún cuando, o particularmente porque invada los límites de la imagen de nosotros mismos y genere incomodidad.

Seguramente este libro tiene acompañantes con méritos semejantes, aunque desde diferentes escenarios mentales y diferentes disciplinas, cada cual complementa y fortalece al otro. Aquéllos que para mí son de mayor importancia y más cercanos en espíritu al de Elaine de Beauport son Journey of the Heart, de John Welwood; Finite and Infinite Gantes, de James P. Carse; y las publicaciones y los programas de entrenamiento del Institute of HeartMath. También tiene mucha resonancia para mí la historia fascinante de Chris Mercagliano Makinglt Up As We Go Along sobre el Albany Free School. Curiosamente, todos estos trabajos, tan ampliamente dispares en su aproximación, contenido y textura, apuntan, como lo hace Las tres caras de la mente, hacia un renacimiento singular de la mente y el espíritu, generándose por doquier. Por lo tanto, tenemos fácilmente disponible aquí, como lectores que anhelan crecer y expandirse en espíritu y conocimiento, una rica vena de oro, y yo los insto a sumergirse en la riqueza, a responder con verdadera intención a lo que se nos ofrece, y cosechar abundantes y ricas satisfacciones.
Joseph Chilton Pearce

Notas
* The Institute oh HeartMath. P.O. Box 1463, 147000 West Park Avenue. Boulder Creek, CA 95006. Teléfono 001-408-338-8700.

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INTRODUCCIÓN


Es que nuestra conciencia normal, la que tenemos cuando estamos despiertos, la que llamamos conciencia racional, es solamente un tipo especial de conciencia, mientras que a su alrededor, separadas de ésta por pantallas más transparentes, yacen formas potenciales de conciencia completamente diferentes... ningún cómputo del universo en su totalidad puede ser definitivo mientras deje de lado éstas otras formas de conciencia...
WILLIAM JAMES Las variedades de la experiencia religiosa
James estaba en lo correcto. Ya no podemos seguir desconociendo esas formas de conciencia diferentes de la conciencia normal que experimentamos cuando estamos despiertos. La etiqueta «inconsciente» oscurece nuestra visión, limita nuestras capacidades, nos separa de las profundas experiencias religiosas, e ignora el descubrimiento de que somos sistemas de energía guiados tanto por procesos artísticos y espirituales como por procesos racionales, y por dos sistemas cerebrales más profundos, aún poco comprendidos fuera del ámbito médico o científico.

En este libro yo he sondeado el velo del inconsciente y he examinado investigaciones recientes para ofrecer diez caminos de conciencia e inteligencia, sendas que creo cada ser humano necesita para explorar la inmensidad de nuestro universo así como la profundidad de nuestro ser individual y nuestra vida diaria. Esos diez caminos están basados en mis propias exploraciones, en mis 43 años de experiencia enseñando a personas de todas las edades el nuevo paradigma dilucidado por la nueva física y por las investigaciones sobre el cerebro, realizadas principalmente por Roger Sperry y Paul MacLean.

Hasta el año 1981 la inteligencia humana era considerada primordialmente una inteligencia racional y, desde la perspectiva de la investigación sobre el cerebro, esta inteligencia ocurría en el hemisferio izquierdo de la neocorteza. El investigador Roger Sperry ganó el Premio Nobel de Medicina en 1981 al descubrir que el hemisferio derecho de nuestro cerebro también contribuye a la inteligencia humana. Aun así, su trabajo se refería sólo a los dos hemisferios de la neocorteza sin mencionar las importantes estructuras cerebrales que yacen justo debajo de ella. Para abrir caminos hacia lo que ha sido llamado «el inconsciente», las investigaciones sobre el cerebro de Paul MacLean, han sido fundamentales.

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MacLean, recientemente fallecido, fue científico sénior del Instituto Nacional de Salud Mental en Bethesda, estado de Maryland, Estados Unidos; en 1972 era el jefe del Laboratorio de la Evolución del Cerebro y Comportamiento del mismo instituto. Según MacLean, el cerebro está conformado por tres estructuras diferentes que desempeñan tres funciones distintas: el sistema neocortical del pensamiento y la imagen; el sistema límbico, que se encuentra debajo de la neocorteza y el cual nos permite desear y sentir; y debajo de estos dos, una tercera estructura, el complejo-R, relacionado con el comportamiento.

MacLean escribe:

Radicalmente diferentes en química y en estructura, y en un sentido evolutivo separados por innumerables generaciones, los tres conjuntos neuronales constituyen una jerarquía de tres cerebros en uno, un cerebro triuno... Dicho en términos populares, las tres formaciones evolutivas pueden ser imaginadas como tres computadores biológicos interconectados, cada uno con su propia inteligencia especial, su propia subjetividad, su propio sentido de tiempo y espacio, su propia memoria, su propia función motora y otras funciones. Técnicas anatómicas, químicas y fisiológicas mejoradas han permitido una definición de las tres formaciones básicas, más clara de lo que había sido posible antes. También han probado que las tres formaciones son capaces de operar, de alguna forma, independientemente.

Además... la relación triuna implica que “El 'todo' es mayor que la suma de sus partes, porque el intercambio de información entre los tres tipos de cerebro significa que cada uno procesa una cantidad mayor de información que si estuviera operando por sí solo”1.

Yo vi la presentación de MacLean del cerebro triuno constituido por tres sistemas -física y químicamente tan diferentes y, sin embargo, interconectados en una totalidad- como el mapa que necesitábamos para guiarnos hacia la plenitud de la conciencia humana. Si existían dos sistemas cerebrales por debajo del nivel de conciencia, entonces la pregunta del ser humano es ¿cómo tener acceso a estos sistemas cerebrales más profundos y cómo guiar a otras personas en este proceso? Si cada sistema contribuía a la totalidad, entonces ¿cómo cada uno de ellos podría ser educado y traído a la concien-

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cia humana? Me sentí interesada tanto en el funcionamiento independiente de cada sistema como en el potencial impacto total de tres sistemas en una totalidad unificada.

Como resultado de los años empleados en la observación de los niños, yo supe que existía una inteligencia emocional al igual que una del comportamiento, que serían importantes de identificar y explorar si aspirábamos a mejorar la educación. En la escuela que fundé, vi niños que superaron los famosos veinte minutos de atención considerados la norma en muchos libros de texto. Cuando estaban enamorados de lo que hacían y no había timbres que sonaran, se podían concentrar hasta por treinta o cuarenta minutos seguidos. El amor y la emoción ciertamente tenían algo que ver con el aprendizaje. Vi cómo los niños, cuando aprendían a manejar su rabia, eran capaces de sentirse bien consigo mismos y'controlar su conducta. Cuando los ayudábamos con su comportamiento en vez de tener expectativas o hablar del buen comportamiento, vi cómo aprendían a actuar ayudando más que perjudicando. Yo supe que la conducta tenía mucho que ver con la capacidad de seguir aprendiendo y si lograrían hacer algo significativo con lo que estaban aprendiendo. Después de diez años de una observación minuciosa, me di cuenta de que las emociones y la conducta eran claves. La investigación de MacLean me permitió ir en busca de la inteligencia emocional y del comportamiento en relación con las investigaciones sobre el cerebro, así como las investigaciones de Sperry me permitieron ampliar el espectro de lo que era considerado la inteligencia mental.

Con esta perspectiva, comencé a desarrollar y enseñar las diez inteligencias presentadas en este libro a más de diez mil adultos en los Estados Unidos y Latinoamérica. Los adultos encontraron sumamente útil la posibilidad de separar su inteligencia emocional del comportamiento de las inteligencias mentales a las que estaban acostumbrados. Saber que existían diversas estructuras cerebrales debajo de lo que siempre habían considerado «el cerebro» los ayudaba a comprender mucho de su propio comportamiento y dificultades emocionales así como las dificultades de aquellos que trabajaban o vivían con ellos.

Tres enfermeras del Centro Médico Monte Sinaí de la ciudad de Nueva York reportaron que ellas habían podido mejorar su relación con pacientes sumamente disgustados que se habían convertido en inmanejables.

Después de aprender sobre el cerebro emocional y hacerse ellas más alertas de sus propias historias emocionales, fueron capaces de comprenderlos y de no considerar la rabia del paciente como algo personal contra ellas. Entraban y salían de la habitación sin engancharse con la ira del paciente y

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fueron capaces de tratarlo con amabilidad. Otro ejemplo fue el de la supervisora que, teniendo dificultades con el manejo de sus subalternos, fue finalmente capaz de elaborar una lista de todo lo que apreciaba en sus enfermeras. Sin perder la capacidad crítica de su inteligencia racional, se movió hacia la inteligencia asociativa para asociarse con aquello que la ayudaría a relacionarse con las personas que trabajaban con ella.

El cerebro es como una fiesta muy concurrida donde todos hablan a la vez. Tienes la idea de que todos están diciendo algo importante, pero no sabes exactamente qué es. Al tratar cada sistema cerebral de forma independiente más que como una totalidad integrada, estamos en mejor capacidad de escuchar la conversación de cada uno. Explorar las diferentes inteligencias nos enseña a enfocarnos sobre nuestras emociones y nuestro comportamiento y cuándo cambiar el foco para utilizar nuestras habilidades mentales reflexivas. Según la inteligencia en la que nos enfocamos, podemos tener acceso a las diferentes estructuras del cerebro de forma independiente. Cuando estoy con otra persona, puedo enfocarme sobre el pensamiento racional o desplazarme a la imaginación; puedo disminuir el ritmo y dejarme afectar por la persona, o actuar en cooperación con el otro sin tomar en cuenta lo que pienso o siento. Es importante el acceso independiente a cada sistema cerebral.

Mientras tanto, podemos recordar que cada sistema no solamente es independiente, sino también interactivo e interdependiente. Uno de ellos puede ser el dominante, pero los otros dos siempre están involucrados. Mi tratamiento de cada estructura cerebral de forma independiente no implica la negación de las interconexiones obvias. Lo que sentimos afecta aquello que estamos dispuestos a pensar o a hacer, y ciertamente lo que hacemos; afecta cómo nos sentimos y contribuye con nuestros procesos de pensamiento como humanos reflexivos que somos.

Aún cuando estaba entusiasmada con las investigaciones sobre el cerebro, aún me quedaba pendiente la espinosa cuestión de cómo tratar la predominante concepción mecanicista del cerebro que, para mí, obstaculizaba una comprensión más compleja del desarrollo humano y de la educación. Para trascender esta visión limitada del cerebro e involucrarme en una búsqueda de la plenitud de la conciencia humana, tuve que ir más allá de una descripción puramente fisiológica, hacia las investigaciones de la nueva física. Según la nueva física toda materia es energía y la energía no se mantiene en un estado fijo, sino mas bien en un estado de movimiento continuo. La materia del cerebro, entonces, es energía y consecuentemente también está en movimiento continuo. En vez de seguir investigando los detalles de

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una manera cada vez más fina, hasta descubrir algunas características fijas y específicas, tales como el cociente intelectual, el nuevo paradigma nos abre a la energía, permitiéndonos así trabajar con las inteligencias como diversos procesos de energía en continuo movimiento.

También tomé muy en serio la famosa fórmula de Einstein, E=M*C2, como una invitación a ver toda la materia como energía: una roca, una planta, una serpiente, un animal y los seres humanos. Hemos dividido el átomo y liberado su energía en forma de un fuego destructivo. La fórmula que amenaza con destruirnos, podría ahora también guiarnos hacia una visión mayor del aprendizaje humano. Ahora la energía nos ofrece una perspectiva unitaria de toda manifestación de vida y, desde esta perspectiva singular, podemos comenzar a apreciar las múltiples y diversas realidades. La fórmula de Einstein, que se aplica a toda materia es por lo tanto aplicable a tí y a mí. Yo soy igual a la materia multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. Tu energía es igual a tu materia multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. Tú eres energía en constante vibración.

Toda vida es energía. Yo soy energía y mi cerebro es energía y la energía es vibración. ¿Qué tipo de vibraciones gobiernan mis estructuras cerebrales? ¿Qué tipo de vibraciones me permitirán tener acceso a ellas? Resulta obvio que mi mano vibra a una velocidad mucho menor que la de mis ojos, mi corazón a una velocidad a la de mi pierna. Cada una de estas estructuras físicas es diferente y por lo tanto vibra a velocidades diferentes. Debido a que las tres estructuras cerebrales son físicamente diferentes, también deben vibrar a velocidades diferentes. La velocidad del proceso racional del hemisferio izquierdo de la neocorteza no podría darme acceso a las otras dos estructuras más profundas de las emociones y el comportamiento, que son subyacentes a la neocorteza. Así pues, la búsqueda se dirigió a cómo descubrir los procesos vibratorios que me darían acceso a las tres estructuras cerebrales diferentes, para hacerme más consciente y conducir mejor las diferentes realidades de mi vida. Más precisamente, considerando que el cerebro no es materia fija sino energía en continuo movimiento, comencé a enfocarme en las diferencias físicas y químicas existentes entre los sistemas cerebrales, para buscar cuáles serían los procesos que podrían darnos acceso a más capacidades dentro de nuestro cerebro.

Los diez procesos resultantes de esta búsqueda toman en cuenta tanto las principales características descritas por la investigación actual sobre el cerebro, como las capacidades humanas que, por muchos años, he estudiado en los otros y en mí misma. Las constantes investigaciones sobre el cerebro y su química sin lugar a dudas arrojarán una nueva luz sobre el funcionamiento

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del cerebro como totalidad de varios sistemas, o en referencia a cada uno de los tres sistemas. Ciertamente una mayor investigación mostrará la interrelación de cada una de estas estructuras, y espero que con ello se enriquezca cada inteligencia. Sin embargo, independientemente de las investigaciones sobre el cerebro, siempre han existido el pensamiento, el sentimiento y la actuación de los seres humanos. Las tres caras de la mente han estado presentes en todas las culturas a lo largo de la historia. Las investigaciones sobre el cerebro ahora nos aportan explicaciones, invitándonos a hacernos más conscientes de estos tres elementos de nuestro ser.

Este libro trata al cerebro como un sistema de energía en vez de verlo como un sistema de partes fijas. Percibido como energía, el cerebro nos abre a la propuesta de diferentes procesos que vibran desde las ondas gruesas de lo finito hasta las ondas más finas del infinito.

El reconocimiento del cerebro como un sistema de energía compuesto por trillones de células también nos permite abandonar la búsqueda de un cociente de inteligencia fijo para cada individuo. En la primera etapa del siglo pasado, nuestra creencia en un sistema cerebral de características fijas, más que en un sistema cerebral de energía, le dio soporte a todos esos años de mediciones que han hecho daño a los individuos y han atormentado los sistemas escolares, para ser finalmente rechazados por las autoridades más destacadas a medida que nos acercamos al final del siglo._2.

Hay estimaciones de que actualmente utilizamos sólo el diez por ciento de nuestro poder cerebral. Sin embargo, sólo hemos formalizado un único proceso para el acceso a nuestro cerebro y para aumentar nuestro poder cerebral: solamente la inteligencia racional ha sido entrenada y validada. No obstante, en individuos diferentes, podemos apreciar fácilmente las múltiples capacidades del ser humano -exquisitas aptitudes visuales y musicales, sensibilidad espiritual, profundidad emocional, la habilidad para actuar, moverse y sobrevivir—; todas ellas nos indican que en nuestras capacidades humanas está involucrado mucho más que la inteligencia racional.

Muchas inteligencias están disponibles, latentes dentro de todas las estructuras cerebrales, esperando por tu interés y poder de concentración. Cada una de ellas puede ser aprendida y practicada tal como una vez aprendiste y practicaste el proceso racional. Cada una puede abrirte a nuevos horizontes, a un aumento de la inteligencia y a una mayor conciencia.

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