Las Pruebas por Declaración de Parte y la necesidad de superar los fósiles jurídicos


Interrogatorio libre e informal con fines probatorios



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1.5.2. Interrogatorio libre e informal con fines probatorios


El sistema del interrogatorio libre es revalorado en la actualidad procesal, presentándose como el instrumento capaz de superar en gran medida las deficiencias de la absolución de posiciones, señaladas anteriormente.

Ha quedado dicho, que la técnica interrogativa libre facilita la concreción de dos finalidades distintas pero, al mismo tiempo, complementarias y difíciles de separar. Por un lado, a través de este medio es posible indagar en el conocimiento de las partes como fuentes de prueba, obteniendo elementos que contribuyan a la formación del convencimiento del magistrado sobre la verdad de las proposiciones de las partes. Por el otro, la amplitud que proporciona la libertad del interrogatorio, permite al operador jurídico conseguir el esclarecimiento de las cuestiones generales que se ventilan (interrogatorio ad clarificandum).

Centrándonos en la primera de las finalidades, el acto de indagación libertado de la rigidez propia de la posición, permite profundizar las alegaciones iniciales de las partes vertidas en los escritos liminares, y acercarse aún más a la certeza sobre los hechos. Contribuye a ese objetivo, la mejor comunicación lograda por medio de simples preguntas, comprensibles para todos los litigantes; de modo que las diferencias culturales y educacionales dejan de ser una valla en el entendimiento del medio probatorio, aspecto que no podía sostenerse en torno a la absolución. Aquí, la naturalidad del diálogo permite lograr un acercamiento entre todos los sujetos del proceso, a través de expresiones claras y precisas, que el deponente no percibe de manera violenta o “fiscalizadora” en contra de su persona.

El despojo de los aspectos formales que tipifican a la absolución, facilita concretar un verdadero acto declarativo a través de verdaderas preguntas. Éstas no deben cumplir con un determinado estilo de redacción, de respuestas, ni aun menos versar exclusivamente sobre aspectos personales. Por ello, es el mismo declarante quien representa las circunstancias fácticas, quien introduce el hecho que se intenta probar, a medida que son respondidas las oraciones interrogativas, dirigidas a él por la parte contraria que propuso la medida y por el juez.

Al mismo tiempo, al indagar en la profundidad del hecho que se va narrando, en su extensión colateral71, nuevas y distintas aristas van surgiendo, lo cual permite buscar caminos alternativos para penetrar en las causas y en los sucesos tal cual ocurrieron. Para ello, resulta fundamental la inteligencia y astucia del magistrado y de las partes, a través de sus abogados, en la elaboración de un interrogatorio que permita, una vez concluido, unir cada una de las respuestas para obtener el hecho que se deseaba representar, como piezas de un rompecabezas cuyo resultado apreciará el magistrado. Con mayor acierto hablamos de una declaración judicial “provocada”, debiendo los intervinientes esmerarse para lograr tal fin.

El interrogatorio informal plantea un claro desafío, vinculado a superar anacrónicas estructuras del proceso civil; no obstante, son notables los beneficios a obtener, susceptibles de repercutir en todo el procedimiento jurisdiccional. En primera instancia, supone una modificación rotunda del ejercicio profesional del abogado. Aunque en referencia a la prueba testimonial, Couture plantea un supuesto hipotético perfectamente compatible con el interrogatorio informal de las partes, cuyo sistema se identifica en gran medida con el propio de las declaraciones de terceros:

Cuando un abogado inglés o norteamericano interroga a un abogado latino acerca de su actividad, lo primero que le consulta es sobre su técnica para interrogar testigos. La respuesta del abogado latino de que él no se ocupa de interrogar testigos y, en la mayoría de los casos, ni siquiera asiste a las audiencias, llena de estupor a su colega angloamericano. Lo menos que le pregunta en esas circunstancias es:

¿y si usted no interroga testigos qué hace como abogado?”72.

No podríamos describir mejor el panorama y el cambio que requiere.

En segundo lugar, debe ser replanteado el sistema dispositivo riguroso para el proceso civil73. Esto básicamente se manifiesta en el requerimiento de un rol activo en la figura del juez no sólo en la proposición de la medida sino, fundamentalmente, en la sustanciación de ella. La inmediación se presenta como un requisito innegociable, en tanto este medio consigue alcanzar datos probatorios no sólo del reconocimiento o de la confesión del declarante, sino también lo hace a partir de la observación de la conducta procesal de los sujetos y de la interrelación con las demás declaraciones vertidas por ellos en el expediente. Para lograr esto último, es condición fundamental la presencia del iudex en la audiencia que permita el contacto personal con las partes.

Pero aquéllos no son los únicos aspectos en los que la labor de la magistratura se ve enriquecida. El juez tiene libertad, bajo los parámetros de la sana crítica, para la valoración de la declaración concretada a través del interrogatorio informal, con lo cual se elimina la tarifa legal y se amplía el campo de acción del funcionario judicial. Significa que el testimonio de la parte será valorado y calificado de conformidad a su específico contenido. Por ello, sólo cuando el juez interprete que los dichos han consistido en un reconocimiento de hechos desfavorables, los valorará como una confesión. Pero además, esta clase de interrogatorio permite al juez la valoración y consideración de las declaraciones en general, incluso de las pro se declaratio, aquellas realizadas por el deponente a favor de sí mismo.

Al estudiar el sistema de la absolución de posiciones, dijimos que si el resultado confesorio no se alcanzaba nada había dejado en el proceso la sustanciación del medio, en tanto las partes sólo efectuaban una duplicación de los hechos ya mencionado en los escritos iniciales. Por ello, la doctrina ha sostenido que los hechos favorables vertidos en la absolución prueban únicamente cuando son respaldados por prueba de igual jerarquía procesal; lo que, para autores como Gorphe, equivale a decir que la declaración absolutoria favorable no prueba nada, sino que son los restantes medios los que lo hacen74. En el estado actual del sistema procesal civil nacional, y en la mayoría de las provincias inspiradas en él, la pro se declaratio no podría ser considerada prueba por el juego del principio nemo in propia causa testis ese debet, es decir, que nadie puede ser testigo en su propia causa75.

Por el contrario, frente al libre interrogatorio, el juez valorará con libertad tanto lo desfavorable como lo favorable; pues todo lo que por este medio se declara es verdadero dato de conocimiento. No debemos olvidar que las pruebas por declaración son históricas y tienen una teleología representativa, es decir, se dirigen a la reconstrucción en el presente de una realidad pasada, trayendo frente al juez aquello que ya no está en la actualidad. De modo tal que, una representación que se muestre lógica, coherente, realista, será valorada como tal por el magistrado, independientemente de si la misma es perniciosa o beneficiosa para quien declara. Su fuerza de convicción resulta entonces de una sana crítica, que puede asignarle a la declaración entidad de plena prueba, o bien, de indicios más o menos graves.

Consecuentemente, desde el momento en que es eliminada la tarifa legal de plena prueba para la confesión, se hace innecesario el juramento. Considerado inescindible de la absolución para lograr el resultado confesorio, pierde aquí toda significación e importancia pues, en última instancia, el valor que se le otorga al testimonio de la parte depende de la consideración del magistrado, cuyo único límite infranqueable es la sana crítica, y no de las fórmulas juratorias empleadas para obtenerlo. Sin embargo, no son pocas las legislaciones que, aun incorporando el interrogatorio libre, han conservado el juramento como elemento de admonición psicológica. Algún sector de la doctrina propone no sólo mantener la figura, sino además reforzarla con la sanción penal del perjurio, para darle mayor operatividad a los principios procesales de probidad y veracidad en las declaraciones76.

Lógicamente desaparece la figura de las “preguntas recíprocas”, también innecesaria, ya que se inserta con la absolución frente a las deficiencias que ésta presenta para lograr el cabal entendimiento de las posiciones y para garantizar la bilateralidad del medio probatorio. La reciprocidad forma parte de la esencia misma del interrogatorio libre, cuya amplitud nos debe conducir indefectiblemente a la recepción de la técnica de la cross examination o examinación cruzada.

Esta técnica se desenvuelve en un orden procedimental distinto, para lograr con ello desenmascarar la mentira de las primeras respuestas. El interrogatorio comienza realizándolo el representante de la parte que depone, a partir de suponer que ella brindará un testimonio favorable a sí misma. Luego prosigue la contraria, quien procura atacar la verdad de lo dicho con anterioridad, o bien apoyar con las nuevas respuestas sus propios argumentos y razones.

El sistema del cross examination se rige por la espontaneidad del interrogatorio que, lejos de estar absolutamente preparado, se desenvuelve a partir de las respuestas anteriores, indagando hasta llevarlas a los últimos puntos. Si el declarante ha prestado un testimonio verdadero, sus respuestas serán confirmadas en el cruce de interrogaciones; pero si ha mentido, quedará expuesta la falsedad de sus primeras contestaciones. Con los mismos fundamentos que se ubican tras la teoría de los actos propios, podemos decir que no está en la naturaleza humana desvirtuar las propias afirmaciones; y si ello ocurre, es bajo la presión interna de la verdad. Por esa razón, mucho más verídicas son las declaraciones que se obtienen por el fuego cruzado de las preguntas, resultando de una crítica profunda que hará surgir lo que es cierto y lo que es falso84.

Es menester señalar, que la examinación cruzada, a diferencia de las “preguntas recíprocas” de la absolución, es una técnica o forma en la que puede desarrollarse el interrogatorio informal. No se trata de anexar algo distinto, sino de un camino alternativo sobre el cual transitar la sustanciación del mismo medio probatorio, una particular manera de ejecutar el acto. Aquí no se agrega una figura a otra con el fin de corregirla y ampliarla. Por ello es dable sostener, que el interrogatorio libre consigue la satisfacción de sus finalidades por sí mismo, en total independencia o autonomía respecto de otras instituciones procesales, como el juramento o las preguntas recíprocas.

De lo hasta aquí reseñado, y en relación a lo estrictamente procedimental, puede deducirse fácilmente que el sistema del interrogatorio se inserta con mayor efectividad en las estructuras del proceso civil oral, cuyo principal beneficio radica en la oralidad del debate probatorio. No obstante, aun en los regímenes procesales escritos tiene perfecta inserción, para lo cual sólo es necesario dejar constancia en actas de la diligencia practicada.

A esta altura puede afirmarse, casi axiomáticamente, que tanto la resistencia doctrinaria a la incorporación del interrogatorio libre e informal en los códigos procesales modernos, como las limitaciones con las que se lo ha consagrado en algunos casos concretos, carecen de toda justificación lógica. Ni siquiera dentro de la concepción más privatista del proceso, debe aceptarse las restricciones al uso de medios probatorios lícitos, pues:

A nadie se le ocurrirá decir que sea ilícito interrogar al adversario sobre el conocimiento que tenga de los hechos que configuran el litigio. No puede existir un derecho a callar la verdad ni a ocultarla, cuando el Estado interviene en el ejercicio de su función jurisdiccional; en cambio, existe el deber de lealtad, veracidad y probidad para toda persona que concurra al proceso”77.



CAPÍTULO II

La contra se pronuntiatio en el mundo jurídico moderno



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