Las Pruebas por Declaración de Parte y la necesidad de superar los fósiles jurídicos



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1.4. Fuentes, medios y conclusiones de la prueba: aclarando el panorama


Al abordar la conceptualización de la prueba judicial, se hizo visible la dificultad que tal labor implicaba, dada la gran cantidad de sub-conceptos comprendidos en la institución. Hablar de prueba significa no sólo referiste a la actividad que específicamente hemos definido como tal (1.1), sino también de otras figuras que se relacionan e involucran en esta temática. Aun en el mundo jurídico, el término prueba no es unívoco.

Esta situación se justifica en que la prueba judicial se presenta como un iter42, en cuyo desenvolvimiento aparecen distintas modalidades: objeto, materia, fin, fuente, medio y conclusión de la prueba. A partir de allí, las confusiones entre dichos puntos se multiplican. Más aun, tales confusiones se intensifican en las Declaraciones de Parte, impidiendo un correcto desenvolvimiento del tema si antes el panorama no es aclarado.

Referirnos a esta clase de pruebas implica mencionar una variopinta gama de figuras jurídicas, consideradas erróneamente equivalentes unas de otras: declaraciones, testimonios, confesión, absolución de posiciones, interrogatorio, etc. En palabras de Alsina, “el testimonio de una de las partes se



385.3. También podrá efectuarse, previa citación específica para ese acto y con la prevención a que refiere el apartado siguiente, a iniciativa del Tribunal o a petición de parte que deberá formularse en la forma y oportunidad prescripta por el artículo 386.

385.4. La no comparecencia a la citación, sin causa justificada así como la negativa a contestar o las respuestas evasivas o inconducentes, harán presumir ciertos los hechos de la demanda o de la contestación, en su caso, susceptibles de ser probados por confesión.

41

Kielmanovich, op. cit., 485.



42

Falcón, op. cit., 374.



llama confesión”42, mientras que absolución de posiciones es “la confesión provocada en juicio bajo juramento”43. En igual dirección, y a pesar que en su doctrina sobre la prueba se observa la diferenciación de estas figuras, Falcón denomina absolución de posiciones “a la confesión, reconocimiento, o ambos a la vez, prestado bajo juramento, por disposición del juez o a pedido de la parte contraria”44, sin poder escapar en este punto de las confusiones imperantes. Couture dirá que “la confesión es un medio de prueba en su sustancia”45, exponiendo la amplia e histórica tradición procesal que ha considerado a la “confesional” como el medio probatorio por excelencia, el más completo y contundente, pero ¿es esto correcto? Para dar luz, nos enfocamos en la fuente, el medio y la conclusión o resultado de la prueba, que son los tres elementos básicos de este iter.

La fuente responde al interrogante acerca de dónde proviene la prueba. Se trata, por lo tanto, de cuerpos físicos (materia de la prueba de constatación o reconocimiento judicial) y exteriorizaciones del pensamiento; en palabras más sencillas, son aquellas cosas (v. gr. documentos, grabaciones, obras artísticas) o personas de las cuales se extrae el conocimiento que se requiere para lograr formar convicción en el espíritu del magistrado. Es dable inferir, que la fuente de prueba es anterior a ésta y se ubica, en principio, fuera del proceso. En el caso particular de las declaraciones, la fuente es el sujeto de la relación jurídico-procesal que recibió la impresión en sus sentidos sobre un hecho, es la misma parte que actúa como “vertiente” de la cual surgirá el dato de prueba.

No obstante, ese dato requiere ser acercado al tribunal, mientras ello no ocurra permanecerá recluido en la fuente y apartado de la posibilidad de conocimiento por el juez. Por tal motivo, es necesario un vehículo: se requiere de un medio probatorio. Nos apremia advertir que no debe confundirse la fuente con el medio a través del cual la misma se manifiesta; error en el que, incluso, se ven envueltos autores de alto prestigio, como Goldschmidt46, Carnelutti47 y entre nosotros Alsina. Para el jurista argentino “se entiende por medio de prueba el instrumento, cosa o circunstancia en los que el juez encuentra los motivos de su convicción”; y al clasificarlos, ratifica la equiparación al decir que los medios pueden ser preconstituidos, como los “instrumentos públicos y privados”, o circunstanciales, como los “testigos”48. En igual sentido, el citado autor italiano afirma que el testimonio es una de las fuentes típicas de la prueba, cuando en realidad se trata de un medio típico de ésta. Sin embargo, el mismo Carnelutti advierte con posterioridad el desacierto y lo enmienda al señalar que “es mejor llamar fuente al hecho del cual el juez obtiene (extrae) la conclusión, y medio a la actividad que le sirve para obtenerla”49.

Por ello, coincidimos en este punto con Palacio, quien define al medio probatorio como “los modos u operaciones que, referidos a las cosas o personas (fuentes), son susceptibles de proporcionar un dato demostrativo de la existencia o inexistencia de uno o más hechos”50. De este concepto, es dable concluir que se trata de un procedimiento o actividad procesal por la cual esa fuente (real o personal) presta el conocimiento sobre el hecho.

A partir de este posicionamiento en torno al sistema de pruebas judiciales, y específicamente de las pruebas por declaraciones de parte, podemos afirmar que en estos casos es la misma declaración el transporte o vehículo, es decir, la manifestación consiste en la operación o actividad requerida para conducir el dato probatorio que se encuentra en los sujetos del proceso. Continuando con este razonamiento, es menester recordar que de conformidad a los distintos regímenes normativos, la declaración de parte puede provocarse a través de dos procedimientos: uno de ellos, es la absolución de posiciones, el otro, es el interrogatorio libre e informal. En síntesis, estas vías legales son los modos, operaciones o maneras que permiten manifestar el conocimiento que se halla en la fuente, es decir, son medios probatorios.

Finalmente, el tercer elemento del iter es el resultado de la actividad. Desde una perspectiva mediata y genérica, se entiende por tal a la conclusión a que arriba el juez, en base a los distintos medios probatorios sustanciados, y que le sirve para la aplicación de las normas jurídicas, sustanciales o procesales, que regulan los hechos del proceso51. Podemos también contemplar un resultado inmediato, circunscripto al concreto medio probatorio. Por ello, cuando en las declaraciones de parte, ya sea practicada por absolución o interrogatorio, la manifestación consiste en el reconocimiento de la verdad de hechos personales o de su conocimiento personal, susceptible de producir efectos jurídicos desfavorables a su interés y favorables a la contraria, el resultado de esa declaración es la confesión. Esto significa que tendremos como resultado una confesión sólo en los casos en que la declaración presente ese particular contenido.

Aunque ha sido común denominar confesión a todo el desarrollo del sistema, únicamente es correcto hablar de ella en el ámbito del resultado de la declaración de parte ya que, sin perjuicio de la íntima relación con ésta, “no puede haber confesión en la fuente (percepción sobre la propia acción), ni en el medio (<), pues la declaración puede o no contener una confesión”53. Es necesario distinguir claramente entre la declaración de parte y la confesión, la primera es el género y la segunda sólo una especie de aquélla; de modo tal que, toda confesión es consecuencia de una declaración de parte, pero no toda declaración de parte es una confesión.

La necesaria dilucidación de estos aspectos ha implicado, finalmente, una correcta sistematización del régimen de pruebas por declaraciones, objetivo que durante largo tiempo no pudo concretarse como consecuencia de la marea de confusiones en la que se insertaban todas estas instituciones. Y por sobre todo, ha significado una destacable revalorización de los testimonios de las partes más allá del resultado “confesión”, entendiendo que los mismos pueden aportar elementos trascendentes para la causa aun cuando no encierren un cargo en contra de su autor.




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