Las Pruebas por Declaración de Parte y la necesidad de superar los fósiles jurídicos



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2.4. Confesión, admisión y reconocimiento: diferencias


De modo generalizado, los autores acuerdan que la admisión consiste en la aceptación o reconocimiento que efectúa una de las partes, respecto de uno o más hechos alegados por la contraria. Comúnmente esta declaración acaece en oportunidad de contestar la demanda o las excepciones, aunque también puede producirse en los alegatos o en otro memorial posterior; pero, en todos los casos, se presenta en el marco de la sustanciación de un proceso, en un expediente en trámite, mientras la confesión puede válidamente ocurrir fuera del ámbito judicial.

Un sector no menor de la doctrina, ha sostenido que la admisión es un acto procesal que sólo puede provenir del demandado, mientras que la declaración confesional puede ser efectuada por ambos litigante97. En primera instancia creemos que, más preciso que afirmar una equivalencia entre admitente–demandado, es señalar que comúnmente admite hechos todo aquel contra quien se ejercen pretensiones, con lo cual incluimos la figura del reconvenido. Y en segundo lugar, dado que no limitamos la ocurrencia de la admisión a los escritos liminares, entendemos que el litigante que interpone acciones puede también admitir los hechos que, en cualquier escrito de contestación, hayan sido invocados como fundamento de la defensa realizada por la contraria.

En lo que respecta a la naturaleza jurídica, la diferencia entre ambas instituciones no es mínima ya que, como quedo dicho en el punto anterior, la confesión es un medio de prueba, mientras que la admisión constituye un acto de alegación procesal. Como resultado de la distinción, esta última es siempre espontánea, en la medida en que los litigantes no pueden ser compelidos, por el juez o la parte contraria, a ejercer su derecho de defensa o a la elección de un determinado contenido del mismo. A la inversa, la confesión puede ser provocada, por interrogatorio, y así se constata en la mayoría de los casos.

Del análisis de lo dicho, se deduce como premisa elemental la presencia de partes contrapuestas en un litigio, circunstancia que nos permite afirmar que la admisión, a diferencia de la confesión, tiene lugar exclusivamente en los procesos contenciosos. Resulta imposible en los voluntarios, donde no sería dable la verificación del presupuesto fundamental del instituto: la introducción previa, por el adversario, de los hechos admitidos.

Al desarrollar los requisitos de la confesión, señalamos que la alegación de los hechos era exigencia para garantizar únicamente la eficacia de la declaración, es decir, para asegurar que el magistrado la considere entre los fundamentos de su decisión al tiempo de sentenciar. Mas, la existencia y la validez no quedaban afectadas por faltar tal condición; la que incluso sólo era requerida, en virtud del principio de congruencia, respecto de los hechos principales y no de los secundarios. Muy por el contrario, no puede sostenerse que exista admisión en un proceso si previamente no han sido alegados, afirmativa o negativamente, los hechos sobre los cuales recae.

Es menester, entonces, que las circunstancias fácticas admitidas formen parte de los fundamentos de la pretensión o excepción de la contraria. Ahora bien, cabe preguntarnos sobre qué tipo de hechos recae la admisión. En relación a ello, Palacio enseña que esta institución puede referirse a cualquier clase de hechos; a diferencia de la confesión, que sólo versa sobre los personales o de conocimiento personal del confesante98.

Por su parte, para que la declaración consista en una confesión es indispensable el carácter desfavorable para su autor o favorable a la contraria; mientras que la admisión, si bien en la generalidad de los casos observará esta nota característica, no la tiene como requisito de existencia. Ello implica la posibilidad de admisiones que sean favorables al sujeto que las efectúa y desfavorables para quien admitió primeramente el hecho, cuando éste resulta adverso a sus pretensiones o excepciones. El supuesto puede darse en los casos en que el admitente también alega los hechos como fundamento de su acción o defensa, pero éste no es requerimiento general de la figura.

Finalmente, junto con la admisión expresa encontramos también la tácita o implícita, la cual se efectiviza al faltar referencia a las afirmaciones efectuadas en la demanda, es decir, el silencio o falta de discusión frente a los hechos alegados por la contraria (art. 356 CPCCN). Pero junto con el silencio, la admisión tácita se extiende a otras actitudes del litigante ante la carga legal de expedirse sobre algún asunto: vaguedad, ambigüedad, evasión, generalización. El problema radica en que, mientras en el silencio se deduce claramente la consecuencia de la admisión, en estos supuestos deberán relacionarse las expresiones incompletas, parciales o erróneas, con las alegaciones de la demanda, para concluir el resultado de la admisión y su alcance99.

También ha podido observarse en la doctrina la confusión, o cuanto menos asimilación, de la confesión con el reconocimiento; instituto jurídico regulado por el derecho sustancial, cuya definición legal está contenida en el art. 718 del CC.: “es la declaración por la cual una persona reconoce que está sometida a una obligación respecto de otra persona”. Vemos entonces, que la nota tipificante del reconocimiento radica en la presencia de una voluntad concreta de asumir un específico efecto jurídico frente a otro sujeto, es decir, la exigibilidad de una determinada prestación. Ello supone, directa o indirectamente, la aceptación de los hechos que sirven de causa a la obligación reconocida, es decir, de los hechos que han producido ese efecto. Por lo tanto, dentro del género de la confesión, y aun cuando dicha voluntad no sea un requisito de ésta, el reconocimiento aparece como una especie de la misma, con lo cual “puede existir confesión sin reconocimiento, pero no reconocimiento sin confesión”100.

En igual sentido, Alsina concluye que el reconocimiento pertenece a la categoría de las declaraciones confesionales, ya que el legislador no lo considera como la fuente del derecho, sino como prueba del mismo. Para el autor, se trata de una forma de confesión que se produce fuera del proceso y que debe probarse en el expediente como cualquier otro hecho101. En concordancia, la jurisprudencia ha sentenciado que “la voluntad de reconocer una obligación no es un hecho susceptible de ser afirmado como posición, sino que se configura mediante una declaración sujeta a todas las condiciones y formalidades de los actos jurídicos, según el art. 719 del Código Civil”102. De acuerdo a este orden de ideas, en todos los casos, se trataría de una confesión necesariamente extrajudicial.

Por último, cabe mencionar que el CPCCN emplea el vocablo reconocimiento en distintas normas, asignándole también variados significados. El art. 232, con la expresión “reconocimiento judicial de un derecho”, hace referencia al fallo; entre las Diligencias Preliminares del art. 323, el inc. 10 incluye el reconocimiento de obligaciones en los términos del art. 718 del CC; y el art. 479 vincula la expresión a aquella actividad probatoria del juez conocida como inspección ocular o constatación directa del magistrado. Pero sólo en los arts. 356 inc. 1 y 411, al hablar en ambas normas de “reconocimiento de hechos”, el CPCCN emplea el término como sinónimo de confesión.

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