Las Pruebas por Declaración de Parte y la necesidad de superar los fósiles jurídicos



Descargar 0,55 Mb.
Página12/22
Fecha de conversión08.06.2017
Tamaño0,55 Mb.
1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   22

2.3. Naturaleza jurídica


Cuanto se ha dicho en relación a este aspecto de la confesión, por cierto ampliamente debatido aun en la actualidad, depende en gran parte de la exigencia o no del animus confitendi, y en caso afirmativo, del concepto que se tenga del mismo. Esto significa afirmar que, la naturaleza jurídica que se atribuya a la confesión es consecuencia de la exigencia de aquél requisito y de cuánto se entienda por él.

Dentro del grupo de autores que sostienen la presencia necesaria del elemento subjetivo, las hipótesis sobre la naturaleza jurídica de la confesión han sido las siguientes:

Para aquellos juristas que definen el animus confitendi como la voluntad de renuncia a un derecho sustancial, son dos las posibles naturalezas. La primera entiende que la confesión es una declaración bilateral de voluntad, de carácter sustancial y negocial, de derecho privado; la institución aparece como un contrato, un acuerdo entre confesante y adversario en el cual concurren ambas voluntades para su formación. Mas, si fuese esta la naturaleza de la confesión, necesaria sería la aceptación de ella por el litigante beneficiado; sin embargo, las legislaciones procesales no contemplan tal requerimiento, pues la prueba produce sus efectos por el sólo juego de los principios de unidad y comunidad probatoria. Además, no podría sostenerse que la confesión constituya, modifique o extinga derechos, efectos jurídicos típicos del contrato.

Dentro de esta comprensión del animus, la segunda posibilidad es atribuir la naturaleza jurídica de una declaración unilateral de voluntad, sustancial y negocial, de derecho privado. Puede observarse el abandono de la idea de confesión como contrato, por lo que la renuncia es un acto que produce sus efectos por la sola voluntad del confesante. No obstante, en lo que resta, mantiene las mismas notas características que la anterior tesis, circunstancia que las hace pasibles a ambas de idénticas críticas a las vertidas al animus confitendi así entendido. Asignarle el carácter de negocio jurídico requiere de una voluntad dirigida a producir determinados efectos jurídicos, la cual en la mayoría de los casos no aparece y es innecesaria para la existencia, validez y eficacia de la confesión.

Cuando la específica voluntad requerida al confesante se comprende como renuncia a la facultad de probar en contra del hecho reconocido, es decir, a la posibilidad de intentar prueba sobre los hechos confesados, la confesión mantiene la naturaleza jurídica de un acto de voluntad, de un negocio jurídico, pero ahora de tipo procesal. Se descarta esta tesis por las mismas razones que las invocadas para rechazar la exigencia del elemento subjetivo y su entendimiento en el sentido señalado.

Para quienes el animus confitendi consiste en la voluntad de proporcionar a la contraria la prueba del hecho, determinándolo como verdadero, la naturaleza jurídica de la confesión tiene el doble carácter de acto de voluntad o negocial y de medio de prueba. Se trataría de un negocio jurídico, en tanto es menester el elemento voluntario, del cual se desprenden efectos procesales que consisten en la fijación formal de la verdad por medio de la declaración.

Dentro de esta tesis, señala Couture que la confesión es “un medio de prueba en su sustancia y un negocio jurídico en sus efectos”94, lo que para el autor significaría colocar en el primer plano de la esencia de la institución al acto representativo y, en el segundo, al dispositivo. También Carnelutti, quien figurativamente explica estas ideas al decir que, aun cuando la confesión es un acto de ciencia y no de voluntad, se le asimila al negocio jurídico “porque es prácticamente la misma cosa que yo prometa a alguien mil lirias o que confiese haberlas recibido de él en préstamo”95.

Sin embargo, y pese a la valorización del aspecto procesal, la consideración de esta doble naturaleza es una contradicción notoria. El reconocimiento del carácter de medio de prueba, acertado por cierto, implica descartar el juego de la voluntad en la producción de efectos jurídicos, pues sólo de la ley o de la sana crítica del juez emana su valor probatorio. Por tanto, si atribuimos naturaleza jurídica de medio de prueba, debemos descartar que el efecto de la confesión emane de la voluntad y, en consecuencia, no podemos hablar de negocio jurídico.

Frente a las críticas que recibieron las posturas citadas ut supra, algunos juristas conservaron el requisito del animus confitendi, pero bajo un concepto amplio y flexible, que no se equiparaba en absoluto a la consecución de un fin específico y concreto, sino que consistía en la mera intención personal de declarar como cierto o verdadero un hecho. En efecto, para estos autores la confesión es una declaración de verdad, de tipo procesal y un medio de prueba. Como consecuencia de la amplitud del requisito volitivo, el acto pierde el carácter negocial, y al reconocerse la naturaleza procesal, la consideración de la confesión como medio de prueba no cae en la contradicción de la tesis anterior. La única función de la manifestación es acercarle al juez la verdad de los hechos conocidos por las partes, como acto puramente procesal, declarativo y no dispositivo, pues el declarante no se preocupa de los efectos que la declaración produce, de ello se ocupa exclusivamente la ley o la interpretación del juez.

Estas nociones superan gran parte de las críticas expuestas previamente; sin embargo, al calificar la confesión como declaración de verdad quedan en una laguna todas aquellas declaraciones que no son ciertas y que, no obstante ello, constituyen de todos modos una contra se pronuntiatio. Este motivo, y el efecto de presunción de verdad con el que aparecería la confesión para estos autores, nos llevan a descartar la tesis.

Como puede concluirse, las doctrinas que exigen un determinado animus confitendi como elemento necesario para la existencia de la confesión, no arriban a una tesis satisfactoria sobre la naturaleza jurídica de la institución. Si bien la última de ellas se acerca bastante a la esencia de la confesión, se le reprocha no abarcar algunos casos, razón que no permite consagrarla como principio general en esta materia.

Cabe entonces repasar las nociones que no se infieren a partir de la pretensión de un determinado animus en el confesante. Dentro de esta línea de pensamiento jurídico procesal, aparece en primer lugar la tesis que considera la confesión con una naturaleza sustancial pero no negocial, y que le niega el carácter de medio de prueba. Debemos decir que, a pesar de lo correcto de no estimar el acto como un negocio jurídico, en lo restante incurre en los mismos desaciertos que las dos primeras posturas.

Frente a esta tesis, surgen dos nuevas, cuyos seguidores intentan rectificarla en cuanto consideran erróneo en ella. La primera, progresa parcialmente al asignarle el carácter de medio de prueba, pero en lo demás continúa la línea de la anterior y, por lo tanto, es pasible de las invectivas ya dichas. La segunda, le reconoce a la confesión una naturaleza procesal y de derecho público, avance notable, pero al entender que la confesión directamente exonera a la contraria de la carga de la prueba, niega cuanto afirma la anterior, es decir, no se trataría para esta postura de un medio de prueba. En virtud de tal postulado, para esta tesis la declaración confesional parece adquirir la naturaleza propia de una presunción legal; error fundamental, originado al confundir la liberación probatoria con la circunstancia de que, para el juez, el hecho quede lo suficientemente probado con el conocimiento que le aporta el medio de prueba, es decir, la confesión. Por otro lado, son numerosas las ocasiones en que, a pesar de la existencia de confesión, la contraria tiene la necesidad de aportar material probatorio adicional, motivo que impide sostener la exoneración de prueba que pretende esta teoría y, mucho más, el carácter de presunción.

Pareciera, de acuerdo a lo dicho hasta aquí, que de este lado de la doctrina tampoco se logra una acertada construcción teórica acerca de la naturaleza jurídica de la confesión. Sin embargo, a partir de los avances de la doctrina que la considera como declaración de verdad, procesal y un medio de prueba, una nueva tesis se erige conservando estos dos últimos caracteres y, sencillamente, la rectifica al sostener que la confesión es una simple declaración de ciencia o conocimiento.

La parte se limita a declarar sobre el conocimiento que tiene de ciertos hechos que lo perjudican, y su declaración puede corresponder a la verdad, pero sin que esto constituya un requisito esencial para la existencia o validez del acto jurídico, y sin que importe el fin que esté persiguiendo con el acto, ni el desconocimiento que tenga de sus efectos jurídicos”96.

En tanto ese conocimiento manifestado concurre a formar la convicción del magistrado, se constituye como un medio de prueba y, por ello, es esencialmente procesal.

Sin lugar a dudas, esta es la teoría que nos permite fundamentar y sostener, lógica y coherentemente, la totalidad de la construcción doctrinaria hasta aquí elaborada. En primer lugar, tal entendimiento de la confesión comienza por ubicarla dentro del género de las declaraciones procesales, y más específicamente, en aquellas con teleología probatoria. Esto equivale a decir que estamos frente a una de las pruebas por declaraciones, cuyo objeto consiste en manifestar representativamente los hechos que interesan al proceso, y por medio de la reconstrucción de un pasado fáctico, generar convencimiento en el espíritu del juez.

Así las cosas, tratándose de especies de un mismo género, las declaraciones confesionales revisten igual naturaleza jurídica que aquellas realizadas por terceros ajenos al conflicto, es decir, por los testigos: ambas introducen al proceso un conocimiento sobre determinadas cuestiones fácticas. Sin embargo, y además de la fuente productora de la declaración, la diferencia cardinal entre ellas radica en el contenido específico que se exige en la confesión, en ese resultado concreto del acto declarativo; mientras la declaración testimonial puede recaer sobre hechos que sean indiferentes, favorables o perjudiciales para el autor, en la confessio tiene siempre por objeto hechos desfavorables a la parte que declara. Este es el elemento que tipifica, define y distingue a la confesión respecto de las demás declaraciones, en general, y de las probatorias, en particular.

En síntesis, hablar de confesión significa estar frente a una declaración de ciencia o conocimiento la cual, como acto jurídico, es también una declaración voluntaria o consciente, pero nunca una declaración de voluntad.

Su destino no está en la otra parte, sino en el espíritu del juez, cuyo convencimiento busca formarse y, en ese punto, decimos que se trata de un medio de prueba. Por último, es también una declaración personal, como la del testigo, que puede ser destruida por prueba en contrario, pues ya no tiene vigencia la máxima “confessus pro iuditio habetur”.




1   ...   8   9   10   11   12   13   14   15   ...   22


La base de datos está protegida por derechos de autor ©absta.info 2016
enviar mensaje

    Página principal