Las Pruebas por Declaración de Parte y la necesidad de superar los fósiles jurídicos


Requisitos para la eficacia de la confesión



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2.2.3. Requisitos para la eficacia de la confesión


Aun cumpliendo todos los requisitos indicados hasta aquí, es posible encontrarnos con confesiones que, no obstante ser válidas, carecen de mérito probatorio para ese proceso o para el específico hecho sobre el cual recae. Decimos entonces, que esa confesión adolece de ineficacia probatoria.

Para evitar esa descalificación, esta confessio deberá cumplir con los siguientes requisitos:



  1. Disponibilidad objetiva del derecho o la obligación que se deduce del hecho confesado: esto implica que, por su naturaleza y por la inexistencia de impedimento legal, puede disponerse de aquéllos por medio de un acto de voluntad realizado por una persona capaz. Este requisito de eficacia ha conducido a cierto sector de la doctrina procesalista, a entender a la confesión como un acto de disposición, atribuyéndole erróneamente la naturaleza de negocio jurídico.

Como es sabido, existen derechos indisponibles e irrenunciables cuyo nacimiento y extinción exceden la voluntad individual de las personas, por tener raigambre en el orden público o el interés general, por ser considerados por la ley como actos solemnes (ej. matrimonio), o por tratarse de simples hechos jurídicos (ej. el nacimiento). Una declaración de tipo confesional que recaiga sobre hechos de los cuales deriven este tipo de derechos u obligaciones carecerá de eficacia para probarlos; así ocurre con el matrimonio, pues no será suficiente la declaración de los presuntos esposos para probar el vínculo conyugal, pues el mismo no surge de la simple voluntad de asumir esa condición jurídica, sino de la celebración de un acto solemne que da origen a dicho estado civil de las personas.

El art. 423 inc. 1 del CPCCN se refiere expresamente al requisito, al señalar que la confesión constituye plena prueba, salvo cuando “incidiere sobre derechos que el confesante no puede renunciar o transigir válidamente”.



  1. Legitimación para el acto realizado por representante o apoderado: el requisito implica que los sujetos que ejercen la representación deben poseer facultades para imponerle al representado o poderdante la obligación, o para disponer del derecho que del hecho confesado se infiere. No obstante, la declaración que resulte ineficaz como confesión podrá alcanzar valor como testimonio o indicio, libremente apreciable y valorable por el juez, en contra del representado; como mencionamos oportunamente, la conducta de las partes en el proceso es fuente de prueba y en ello se apoya el magistrado para considerar a la confesión ineficaz del modo señalado.

  2. Idoneidad como medio de prueba del hecho confesado: prevista expresamente por la primera parte del inc. 1, art. 423 CPCCN, consiste en la aptitud legal de la confesión para probar el hecho que tiene por objeto. Esta conducencia implica dos condiciones; por un lado, que la ley no prohíba o excluya expresamente la confesión respecto de los hechos que constituyen la plataforma fáctica del litigio; y, por otro, que no se exija otro específico medio de prueba para acreditar hecho.

Entre algunos casos concretos, cabe mencionar la Ley de Acción de Amparo N° 16.986, en cuyo art. 6 in fine se excluye la confesión cuando la acción se dirija contra actos del poder público. Tampoco es admitida en el juicio de demencia ya que, de conformidad al art. 627 CPCCN, el presunto insano sólo puede rendir pruebas que hagan a la defensa de su capacidad, razón por la cual debe descartarse el valor probatorio de toda contra se pronuntiatio.

Con anterioridad a la Ley 23.515, la Ley de Matrimonio Civil N° 2.393 no permitía la confesión en los juicios de divorcio. En la actualidad si bien se admite, no tiene peso decisorio para el magistrado. El art. 232 CC dispone: “En los juicios de separación personal o divorcio vincular no será suficiente la prueba confesional ni el reconocimiento de los hechos, a excepción de lo dispuesto en los artículos 204 y 214, inciso 2°”. La norma excepciona los casos de separación de hecho sin voluntad de unirse, por periodos de dos o tres años, necesarios para obtener la separación personal o el divorcio vincular respectivamente, pues justamente la confesión por los cónyuges del trascurso de dichos lapsos, habilita esa instancia.



  1. El hecho confesado debe ser pertinente y alegado por las partes: aquí el requisito ya no se refiere al medio probatorio, como lo hacía la condición anterior, sino directamente a las circunstancias fácticas contenidas en la confesión. El hecho deberá ser pertinente al litigio o a la materia del proceso voluntario, es decir, al thema decidendum; y esto surgirá del valor que le asigna la ley o del mérito que le atribuya el magistrado.

La alegación de los hechos es exigida por imperativo del principio de congruencia. De conformidad al mismo, debemos concluir que de nada servirá la confesión si los hechos sobre los cuales recae no pueden tenerse como fundamento de la decisión judicial, a raíz de la falta de exposición de ellos en los escritos liminares del proceso. No obstante, debemos indicar que el requisito se impone respecto de los hechos principales y no en cuanto a los secundarios o accesorios.

En este punto se aprecia la importancia de las dos categorías de requisitos estudiados ut supra, pues la existencia de confesión válida, pero ineficaz por impertinente para la causa o por tratarse de hechos no alegados, la privará de valor probatorio en ese proceso, aunque podrá ser útil para otro posterior con la misma parte confesante.



  1. Debe tener causa y objeto lícitos, y no ser producto de fraude o dolo: la confesión es una declaración, y como tal debe cumplir con todos los requisitos que la ley sustancial exige a este tipo de actos jurídicos; entre ellos, se encuentran los ahora analizados.

En primer lugar, y de modo general, debemos decir que hay objeto o causa ilícitos en todo acto prohibido por la ley, contrario al orden público, a la moral o a las buenas costumbres. Así, cuando la confesión recaiga sobre un acto de esta naturaleza, dejará probada la existencia del mismo pero éste carecerá de efectos jurídicos por la nulidad de la que adolece. Como puede deducirse, la nulidad no existe en la confesión sino en el hecho confesado; en consecuencia, el medio de prueba no se afecta en la validez, sino en su eficacia: de la confesión no se deducirán los efectos desfavorables que hubiese generado el hecho de no haber sido ilícito en el objeto o la causa.

Existe causa ilícita en la confesión, cuando el hecho confesado, aun siendo lícito, es inexistente; esto es, que aquella se formula con consciencia de que el hecho no es cierto. Se trata de una confesión realizada con dolo o fraude que, sin necesidad de connivencia con la parte contraria beneficiada, se dirige a la obtención de un pronunciamiento judicial que declare como verdadero un hecho que no lo es. Hay una finalidad ilícita que se refleja en el engaño al juez, en la falta al deber de veracidad y lealtad que pesa sobre las partes, pero, fundamentalmente, se muestra en la defraudación a terceros que en alguna forma ven afectados sus intereses. Por ello, cuando el juez devele la existencia de fraude o dolo, privará de efectos probatorios a esa confesión; y para esto, debe habilitarse la prueba sobre la ilicitud de la confesión.



  1. No debe haber dolo o error de hecho: cuando estos vicios hayan afectado la voluntad del confesante, induciéndolo a error, podrá revocarse la confesión. Pero mientras ello no haya sido probado, la confesión conserva su eficacia probatoria.

El dolo al que nos referimos consiste en toda acción tendiente a “conseguir la ejecución de un acto, es toda aserción de lo que es falso o disimulación de lo verdadero, cualquier artificio, astucia o maquinación que se emplee con ese fin” (art. 931 CC).

  1. Que la ley no prohíba investigar el hecho: expresamente contemplado en el art. 423 inc. 2 del CPCCN, implica la imposibilidad para el juez de considerar como elemento de convicción a la confesión que recae sobre este tipo de hechos; motivo que la hace jurídicamente ineficaz para producir efectos probatorios.

  2. Que se pruebe oportunamente el hecho de la confesión extrajudicial: a diferencia de la confesión judicial, que se prueba por sí misma, aquella que nace fuera del proceso debe ser probada en debida forma para que sirva de prueba en el expediente, para que pueda ser considerada como tal por el juez. Esa “prueba de la prueba” podrá consistir en documentos que contengan la confesión, en declaraciones testimoniales de personas que la hayan oído, o en la confesión judicial en la que reconozca haber declarado de aquella manera. El grado de convicción alcanzado dependerá de la eficacia probatoria del medio utilizado para acreditar la confesión extrajudicial.

El art. 425 CPCCN excluye la prueba por testigos en los casos en los que no hubiera principio de prueba por escrito.

  1. Condiciones generales a todo hecho probatorio: por último, cabe señalar algunas exigencias comunes a todo hecho objeto de la actividad probatoria; se trata de requisitos objetivos que la confesión debe reunir para gozar de la eficacia probatoria que habilita al juez a tomarla en consideración para formar su convicción.

  • Que sea física y jurídicamente posible; en el primer caso, el hecho no deberá oponerse a las leyes constantes de la naturaleza; en el segundo, para que la confesión no pierda eficacia el hecho no puede estar en contradicción a otro que por ley se presuma de derecho o que sea objeto de cosa juzgada.

  • Que no se oponga a otro hecho que goce de notoriedad; éste, queda exento de prueba ya que se considera cierto. Por consiguiente, el hecho confesado que se opone a uno notorio debe ser rechazado por el juez.

  • Que no esté en contradicción con las máximas generales de la experiencia; es decir, con aquellos conocimientos que pertenecen a la cultura de un determinado círculo social, en una época determinada, y que el juez no debe ignorar porque sirven de base imprescindible de su criterio para la valoración de la prueba. A diferencia de la notoriedad, que se refiere a los hechos singulares, las máximas de la experiencia están vinculadas a juicios críticos abstractos y generales sobre la posibilidad y verosimilitud de ciertos hechos; por ello, no forman parte de la plataforma fáctica de la demanda o la defensa, sino de la cultura de juez como normas de criterio o verdades generales obvias para la valoración de los hechos.



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